Sunday, February 03, 2008

Un faro de esperanza


Recién he leido lo escrito por Felipe Berríos en la revista de El Sábado de El Mercurio del 26 de enero y quisiera compartirla con aquellos que no la han leido e invitarlos a una reflexión sobre lo planteado por Felipe


"El veinte de enero se dio a conocer la noticia de que por primera vez un Presidente de la República visitaba el faro cabo de Hornos. Entre otros asuntos, la presidenta llegó hasta allí para visitar a esta familia chilena que hace patria en el último rincón del continente.


Según cuentan los corresponsales, el lugar donde está ubicado el faro es una isla alta y rocosa. Su entorno está amurallado con acantilados azotados continuamente por las incansables olas de un furioso mar. El viento puede llegar a los docientos kilómetros y según cuentan quienes habitan el faro, es más inhospito que la misma soledad. Su soplo incesante no permite que en lugar crezcan los árboles. La baja hierba cubre el islote y en una parte elevada de él se alza el faro que es mantenido por un cabo segundo de la Armada, su esposa y una hija.


Allí, esta familia se acompaña en la compleja tarea de mantener día y noche el faro en funcionamiento y así brinde apoyo esencial para la navegación en una de las zonas más inhospitas del planeta. Los seres humanos muestran toda su nobleza y son capaces de los gestos más heroicos cuando son conscientes de que sus sacrificios pueden iluminarles el camino a otros.


Tal vez por esto, al enterarme de esta noticia no he dejado de relacionarla con Patricia Troncoso. Mujer que mientras estudiaba teología se fue acercando solidariamente a las comunidades mapuches. Experimentó la vida diaria de este pueblo sumido en la pobreza y abandono. descubrió la riqueza de su alma y la fuerza de voluntad de un pueblo luchador que como las rocas de un faro resiste al constante asedio de una cultura ajena, que como viento y olas no deja de golpearlos. se aferran a su idioma y tradiciones hundiendo sus raices en la tierra de sus ancestros. ella hizo suya la causa del pueblo mapuch. Patricia comparte la vocación de diálogo del pueblo mapuche. Pero a veces la humillación pica como la sarna que tienen muchos niños mapuches y se transforma en irritación y lucha.


Hay que alimentarse de una causa muy noble para poder llevar más de tres meses sin comer. Su hambre es también alimento para un pueblo hambriento de justicia.


Cuando por diversas circunstancias, la sociedad en ciertos temas se encuentre perdida, no viendo con claridad la ruta a seguir y sacudida por los vaivenes de los diversos intereses, no hay vocación más noble para un ser humano que la oportunidad de hacer de su vida un faro que ilumine a otros. Todo sacrificio será aceptable si se tiene esa misión. De alguna manera, Patricia se ha eregido como un faro cuyo destello despierta la indiferencia y las conciencias dormidas de muchos e ilumina el camino a otros.


Como sociedad, repudiamos los hechos de violencia que han ocurrido en la zona mapuche. Con la misma fuerza debemos también repudiar la violencia constante que significan la pobreza, el atropello y la falta de oportunidades que por siglos ha vivido el pueblo mapuche. Usar la ley antiterrorista en este caso, puede ser tan violento como la violencia que todos rechazamos.


Nadie desea que se apague el faro del Cabo de Hornos y todo sacrificio para mantenerlo encendido vale la pena. Menos aún queremos que se extinga la vida de Patricia y deseamos que su sacrificio de frutos. Como sociedad alimentemos un diálogo verdadero que permita a Patricia volver a alimentarse, y así la esperanza y la justicia sean un nuevo faro que ilumine al publo mapuche.

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