Monday, March 10, 2008

Al iniciar el día, un momento para la oración


Juan 8


Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».



¿Qué me estás diciendo, Señor?



Reflexiones sobre la lectura de hoy



Estas palabras de Jesús se escuchan muchas veces: "Yo no te condeno". En oración, a menudo sentimos que algo en nuestro pasado nos condena, o que algo de nosotros nos avergüenza. Nos condenamos por maldades pasadas, o por haber usado a otros en nuestro provecho. También podemos condenarnos por sentimientos o aspectos de nuestra personalidad que nos avergüenzan. No podemos hacer nada mejor que presentarnos ante el Señor declarando nuestra culpa, y esperar que las palabras de misericordia "Yo no te condeno", cubran la culpa que ha hecho tan vacíos nuestros corazones y nuestras almas.
Espacio Sagrado

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