Wednesday, March 19, 2008

FUNERAL DE CHIARA LUBIC: MENSAJE DEL PAPA


Dirigido al cardenal Bertone, que presidía sus exequias en San Pablo Extramuros de Roma
Tomo parte espiritualmente en la solemne liturgia con la que la comunidad cristiana acompañar a Chiara Lubich en su partida de esta tierra para entrar en el seno del Padre Celestial.
Renuevo con afecto los sentimientos de mi viva condolencia los responsables y a la entera Obra de María– Movimiento de los Focolarares, como también a cuantos han colaborado con esta generosa testigo de Cristo, que se ha dado a sí misma sin reserva en pro de la difusión del mensaje evangélico en todos los ámbitos de la sociedad contemporánea, siempre atenta a los signos de los tiempos.

Son tantos los motivos para dar gracias al Señor por el don hecho a su Iglesia en esta mujer de fe intrépida, apacible mensajera de esperanza y de paz, fundadora de una vasta familia espiritual que abraza campos múltiples de evangelización. Querría, sobre todo, dar gracias a Dios por el servicio que Chiara ha prestado a la Iglesia: un servicio silencioso e incisivo, en sintonía siempre con el magisterio de la Iglesia: "Los Papas – decía – siempre nos han comprendido". Es por lo que esto por lo que Chiara y la Obra de María han intentado responder siempre con dócil fidelidad a todas sus llamadas y deseos. El ininterrumpido nexo de unión con mis veneradores predecesores, desde el Siervo de Díos Pío XII al Beato Juan XXIII, a los Siervos de Dios Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II así lo testimonia. Para ella, el pensamiento del Papa era una guía segura. Asimismo, contemplando las iniciativas que ha suscitado, se podría añadir que tenía casi la profética capacidad de intuirlo y de ponerlo por obra con anticipación. Su heredad pasa ahora a su familia espiritual. Que la Virgen María, modelo constante de referencia para Chiara, ayude a todos los focolarinos a proseguir sobre este mismo camino, contribuyendo a hacer realidad que, como bien escribía el amado Juan Pablo II al finalizar el Gran Jubileo del Año 2000, la Iglesia sea siempre y cada vez más casa y escuela de comunión.

El Dios de la esperanza acoja el de esta nuestra hermana, conforte y sostenga el empeño de cuantos recogen ahora su testamento espiritual. Aseguro para esta intención mi particular recuerdo en la oración, mientras envío a todos los presentes en el sacro rito de sus exequias la Bendición Apostólica.

Vaticano, 18 Marzo 2008

BENEDICTO XVI

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