Cuenta Mariahe Pabón en cadenaglobal.com que, basado en la Sábana Santa, el médico español Miguel Lorente afirma en un polémico estudio que Jesús no murió en la cruz. "No resucitó, despertó de un shock traumático".Partiendo de las marcas de la sábana santa y los testimonios históricos de la crucifixión de Jesús, Miguel Lorente se atreve con uno de los mayores desafíos que se haya planteado la medicina legal: reconstruir con ojos de forense aquellas horas cruciales. En su pesquisa, aporta un dato que ha traído cola, protestas y hasta insultos para el autor, quien asegura que Jesús no murió en la cruz.
Miguel Lorente nació en Almería en 1962. Doctor en Medicina y Cirugía, es médico forense. Desde la infancia se sintió atraído por los milagros y los hechos extraordinarios recogidos en las Sagradas Escrituras. Como médico forense le asaltó la idea y el interés por investigar sobre la muerte y la resurrección de Jesús. El resultado es el libro "42 días. Análisis forense de la crucifixión y la resurrección de Jesucristo", publicado por Ediciones Aguilar.
Reiteradamente Miguel Lorente destaca lo excepcional del proceso seguido contra Jesús. Todo fue atípico: el juicio, la condena y la misma ejecución. Incluso la circunstancia de la recuperación del cuerpo para darle sepultura, ya que a los reos se les dejaba pudrir o devorar por los animales, asunto que es rebatido por algunos especialistas judíos.
LA SÁBANA SANTA ES EL ÚNICO TESTIGO
Lorente afirma que ciertos hechos de los Evangelios podían tener una explicación más razonable que el milagro. Trabajando en el FBI por temas del ADN, recopiló información sobre la sábana santa, que es un objeto fascinante para un forense. De allí partió su curiosidad científica.
"La sábana santa es el único documento que estuvo presente en el lugar de los hechos. Nunca estaremos del todo seguros, pero hay pruebas científicas que confirman que es verdadera. Se dice que es 82 millones de veces más probable que la sábana sea real que lo contrario. Me remito a esas pruebas para darla por auténtica", revela el forense español, quien agrega que Jesús bajó vivo de la cruz, porque en la sábana hay signos de vitalidad y no de mortalidad.
UN SHOCK TRAUMÁTICO
En términos forenses, según revela el médico en su libro, Jesús sufrió un shock traumático, con un componente hipovolémico por la pérdida de sangre y posiblemente por un edema pulmonar. Para Lorente, "el evangelio de San Juan dice que del costado le fluían sangre y agua. Era líquido pleural y le salía por la herida que le causó la lanza que le clavaron para saber si estaba muerto, pero la forma de esa lanzada, en bisel desde abajo, no lo mató. Sufrió un coma superficial, aunque le dieron por muerto. Por eso no le partieron las piernas, lo que se solía hacer. Tras bajar de la cruz, al recobrar la horizontalidad le devolvió oxígeno al cerebro".
Y Lorente prosigue en su libro: "En el sepulcro lo lavaron, algo que es evidente, porque sólo así se pudo obtener la imagen tan nítida y limpia que ofrecía la sábana. En las escrituras se afirma que Nicodemo llevó 50 libras de mirra y alóe para lavar el cuerpo, sustancias con poder curativo y analgésico. En ese momento se dieron cuenta de que estaba vivo y lo rescataron. Para los creyentes hubo resurrección, pero científicamente pudo darse una resucitación, que es un fenómeno habitual. Hay manuales de resucitación para accidentes de tráfico".
APARECIÓ EL DÍA 42
De acuerdo con el investigador, tras aparecer ese domingo, el cuerpo no fue visto hasta el día 42, cuando se produce la ascensión. No sabemos si el relato de esa ascensión se refiere a la verdadera muerte de Jesús, o a partir de ahí desapareció de la vida pública. Lo cierto es que el cuerpo que estuvo en contacto con la sábana santa estaba vivo. Pudo morir a los 42 días por las heridas de la cruz, pero no murió en la cruz. Es la conclusión forense de quien se ha pasado metido de lleno en el estudio de este fenómeno que no comparte la Iglesia, pero él defiende como científico: "Ni la religión puede utilizar lo que no explica la ciencia para decir que es milagro, ni la ciencia puede dedicarse a tirar por tierra los sentimientos religiosos con demostraciones. Nadie dejará de creer en lo que crea por leer este libro".
Fuente: El periodista Digital
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