Wednesday, March 19, 2008

Junto al Evangelio del día de hoy, los invitamos a tener un encuentro con el Señor

Mateo 26, 14-25
En aquel tiempo, uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: "¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?" Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?" El contesto: "Id a casa de tal hombre, y decidle: "El Maestro dice: mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos"". Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los doce. Mientras comían, dijo: "Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar". Ellos consternados se pusieron a preguntarle uno tras otro: "¿Soy yo acaso, Señor?" El respondió: "El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo el Hombre se va como está escrito de él; pero: ¡ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!, más le valdría no haber nacido". Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: "¿Soy yo acaso, Maestro?" El respondió: "Así es".


¿Qué me estás diciendo, Señor?
Reflexiones sobre la lectura de hoy

"Vean cómo la divinidad se oculta" es una sugerencia de San Ignacio para rezar durante la Pasión de Jesús.
Vemos dignidad en la Última Cena; pero poca divinidad.
La debilidad de su cuerpo humano será el foco de las próximas horas de la vida de Jesús.
Dolor, tortura, indignidad y muerte lo esperan.
Las oraciones de estos días entran en el sufrimiento de Jesús, y con Jesús entran en el sufrimiento presente de su pueblo, especialmente en el dolor, la tortura, la indignidad y la muerte causadas por otros.
Espacio Sagrado

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