Friday, March 07, 2008

La revolución femenina



Estamos preparando unos hermosos lazos para el día de la mujer. Mañana viernes miles de niños llevarán el lazo violeta y el sábado féminas reivindicativas de la igualdad de derechos y deberes entre hombre y mujer, saldrán a la calle. Nuestros niños en las escuelas recibirán el mensaje de esta celebración. Se trata de explicarles que muchas mujeres trabajan fuera del hogar, como la mayoría de sus madres. Y que todos debemos colaborar en las tareas de casa.



Algunas abanderadas del famoso “nosotras decidimos, nosotras parimos”, aprovecharán esta efeméride para reivindicar el aborto libre. Una propuesta que choca directamente con otras mujeres que también defendemos la igualdad, pero que no deseamos una despenalización del aborto para favorecer un genocidio abierto en la sociedad, sin más criterio que el de la opción personal. Como si la cuestión residiese en un simple me lo quedo o no me interesa y lo suprimo.





También es un buen momento para rememorar el penoso tránsito de la mujer a lo largo de la historia, como ciudadana de segundo orden. Tratamiento que afectaba tanto a su vida social como familiar. Por no hablar de algunas consideraciones de famosos y reputados miembros de la Iglesia, que al igual que no tuvieron claro determinados avances de la ciencia y tardaron en aceptarlos, tampoco entendían que la mujer pudiera tener capacidad para el estudio o que más tarde con las jóvenes democracias pudiese aspirar al derecho al voto.




El caso es que no vamos a discutir que la sociedad ha ido formándose a lo largo de millones de años. Periodos durante los cuáles hombres y mujeres se asociaban no sólo para reproducirse sino también para sobrevivir, de manera que algunos roles fueron adoptados por los varones y otros correspondieron a la mujer.




Todo ello está muy documentado, por verdaderas estudiosas del ya no tan reciente fenómeno del feminismo, que ha dado lugar a una serie de corrientes dentro del mismo. De manera que aunque doctos varones consideran que no es un movimiento cristiano. Son muchas las mujeres cristianas que se consideran feministas, en sentido femenino, para que podamos distinguirlo de esa supuesta bestia negra que se califica como “lucha de género”.




Yo aprovecho para considerar un logro social de primer orden la incorporación de la mujer a toda suerte de profesiones en las mismas condiciones que el varón. A nadie se le escapa que somos dos sexos diferentes que se complementan, pero también han tenido unos papeles concretos a lo largo de muchos siglos, que están ahora en cuestión. Hemos conseguido unos hombres que no se avergüencen de atender las tareas del hogar, ni de mostrar sus gustos estéticos para la decoración, la moda y el aseo personal.




Tenemos también un gran avance en la incorporación de la mujer al mundo de las Universidades tanto de ciencias como de letras, donde van siendo mayoría en muchas de ellas y en otras, destacan por su audacia e inteligencia. Pero sigue existiendo la sensación general de que la mujer con la incorporación al mundo laboral, deja abandonado ese papel primordial de guardiana de su casa y educadora de la prole.




No me cabe duda que la relación familiar ha sufrido notables cambios, en esta lenta transformación social. Y como cualquier cambio produce desajustes que son necesarios equilibrar. De manera que se crean otras necesidades: guarderías, ludotecas, actividades alternativas, canguros, etc. Pero sobre todo una demanda social hacia la familia y la conciliación de la vida laboral y familiar. De manera que se flexibilicen horarios y se tengan en cuenta periodos de excedencia con derecho a reingreso en el mismo puesto de trabajo y con las mismas condiciones que en el momento que se dejó.




Con ello quiero decir, que ciertamente los niños de la actualidad están menos tiempo con sus padres, concretamente con la madre, de no ser que ésta opte voluntariamente por permanecer en el hogar. También es cierto que la edad para llegar a la maternidad va en aumento, problema que debe estudiarse, facilitando el acceso a la vivienda y el empleo digno, no haciendo demagogias sobre el pasado remoto y acusando a la mujer de querer renunciar a su papel de madre.




Creo que esas ideas son erróneas y no se corresponden con la realidad. Hay verdaderas madres y amas de casa vocacionales. Y es cierto, que en otros casos, priman otros intereses. Pero el cambio de paradigma está ya dado. Y lo sensato es mejorar lo que tenemos y ver el lado positivo, porque no todo va a ser una sucesión de catástrofes.




La juventud ha cambiado como la sociedad, con el vértigo de esos nuevos inventos de apenas hace ciento y pico de años, cuando el cine, la fotografía y la ciencia, comenzaron a la revolución tecnológica que, más tarde, permitiría la transformación social.




Debemos aprender a hacer propuestas coherentes en nuestra sociedad. Porque para eso estamos preparados como seres inteligentes y libres. Si en ello ponemos nuestro empeño, seguro que seguiremos avanzando en una afectividad mejor donde hombre y mujer se reencuentren en aquello que les complementa y se ayuden mutuamente.




Pues desde aquí mis felicitaciones adelantadas para el día de mañana, tanto para mujeres como para hombres, porque sin la voluntad de estos últimos, tampoco se hubiera llevado a cabo esta transformación





Carmen Bellver
Del Blog Diálogo sin fronteras
El periodista Digital


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