
“Lo descolgó, lo envolvió en una sábana y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca…” (Lc 23,53)
El espacio del silencio y de la espera.
En el que parece que nada ocurre, (pero algo está germinando).
El lugar del cansancio y cierta rendición.
De una quietud callada.
Hay muchos espacios en nuestro mundo que se asemejan a este.
Muchos lugares donde parece que se palpa la derrota…
Pues bien, ese sepulcro en el que yace la Vida a punto de estallar, en el que la Palabra espera para volver a ser proclamada con estruendo, es hoy icono de esperanza para todas esas realidades vencidas y atravesadas, que siguen esperando que se haga la luz.
Señor, enséñame a esperar.
A creer en las promesas,
en tus promesas.
Enséñame a sentir que,
aunque no lo vea,
la losa que cubre tantas realidades
está a punto de romperse.
Dame fe, Señor
Espacio Sagrado
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