Monday, March 24, 2008

San Óscar Romero (24 III 1980).


Hoy, día 24 de marzo, en el año 1980, en el Hospital de la Divina Providencia de la ciudad de San Salvador, fue asesinado el Obispo Romero, uno de los mayores de la fe cristiana y de la esperanza humana del siglo XX. Fui a verle el año pasado en su tumba, en la cripta de la catedral. Allí está tumbado, como en los sepulcros medievales.
Una mujer de pueblo, trabajadora muy pobre, me dijo: No, eso no es Monseñor Romero. Le han hecho muy mal. Él no está muerto ahí, sino que está vivo, de pie, nos está recibiendo ¿No le ve Usted? Hoy, lunes de resurrección, quiero recordarle con Cristo resucitado. Creo que no volveré a su tumba. Él está vivo en el pueblo de El Salvador, él está vivo en todos los que, de un modo o de otro, seamos cristianos o no, recordamos su memoria. Yo la quiero recordar, uniéndole al Cristo resucitado, su amigo y modelo. Gracias, Óscar Romero por haber vivido. Para recordar trayectoria retomo y rehago unas palabras de D. G. Groody, un amigo tuyo de USA, que también allí tienes muchos amigos (Globalization, Spirituality and Justice, Orbis New York 2007).

Sumario y trasfondo histórico.

El Arzobispo Oscar Arnulfo Romero (1917-1880) fue un sacerdote católico, un defensor decidido de los derechos humanos y un icono de la liberación humana, que sufrió martirio a manos de los escuadrones de la muerte de El Salvador el año 1980. En un país donde la riqueza y el poder se encuentran en manos de un puñado de familias y de élites comerciales dominantes, Romero puso su vida al servicio de la reforma social y de la esperanza de crear una sociedad en la que pudiera reflejarse el Reino de Dios en la historia . Al denunciar los abusos contra los derechos humanos y al anunciar el Reino de Dios, él desarrolló un tipo de espiritualidad y expuso una visión de la Iglesia que debía estar comprometida en la dimensión histórica de la liberación, ofreciendo al mismo tiempo el testimonio de la dimensión trascendente de la fe, por encima del desorden de la sociedad.

Experiencia fundante.

Ciertamente, Romero se había preocupado por los pobres a lo largo de toda su vida, pero la Conferencia de Obispos de Medellín, su experiencia del sufrimiento del pueblo en su propio país y su sensibilidad ante las injusticias que ese pueblo sufría, hicieron que se robusteciera su conversión a Cristo y a los pobres. Unas semanas después de haber sido nombrado arzobispo, el 22 de febrero de 1977, uno de sus buenos amigos, que trabajaba mano a mano con los pobres, Rutilio Grande SJ, fue brutalmente asesinado por los escuadrones de la muerte de El Salvador . El asesinato de Grande marcó un impacto significativo en la vida de Romero, aunque Grande no fue el primero de los asesinados. De todas formas, como observa Jon Sobrino, tras este acontecimiento, cayeron las escamas de los ojos de Romero, de manera que pudo ver más claramente las estructuras de imperio, que conducían al sufrimiento injusto de la gente de su país (Sobrino, Jon, Arzobispo Romero. Un Obispo con su Pueblo, Sal Terrae, Santander 1981).
En los meses y años que siguieron a la muerte de Grande, fueron asesinados muchos otros sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral. Entre ellos había religiosas como Dorothy Kazel, Ida Ford, Maura Clarke, y trabajadores laicos como Jean Donovan, que fueron asesinados el 2 de diciembre del 1980. Estas muertes tuvieron una gran repercusión pública, pero hubo también muchos catequistas, organizadores de asambleas de trabajo, periodistas, estudiantes, personas vinculadas al servicio médico y más de tres mil campesinos, que eran asesinados cada mes. Ellos deben ser añadidos a la lista de los iconos de justicia, aunque sus muertes hayan sido en gran parte desconocidas, no reconocidas y no publicadas. A través de estos injustamente asesinados, Romero se encontró en el centro de una guerra dirigida en contra de los pobres .
Metáfora central.

La metáfora central que configuró la visión espiritual de Romero y de su sacerdocio fue Cristo crucificado y el pueblo crucificado de El Salvador. Él afirmaba lo siguiente:

Cada vez que miramos a los pobres…descubrimos el rostro de Cristo… El rostro de Cristo se encuentra entre los sacos y cestas de los trabajadores del campo; el rostro de Cristo se encuentra en aquellos que son torturados y maltratados en las prisiones; el rostro de Cristo está muriendo de hambre en los niños que no tienen nada que comer; el rostro de Cristo está en los pobres que piden a la Iglesia, con el deseo de que su voz sea escuchada

El Cristo crucificado iluminó la visión de Romero hasta que exhaló su último aliento. El 24 de Marzo de 1980, dentro de la iglesia del Hospital de la Divina Providencia, dispararon sobre Oscar Romero y le mataron mientras celebraba la misa. Imitando a la de Cristo, la misma vida y muerte de Romero fue una expresión sacramental del amor crucificado de Dios hacia el mundo, a favor del pueblo sufriente de El Salvador y de otros muchos, más allá de ese pueblo. Su brutal asesinato seguirá sembrando semillas de esperanza y de vida para todos aquellos que luchan por una mayor justicia social y que profesan la fe en un Dios liberador, cuyo amor no puede ser extinguido ni siquiera por la muerte.
Ver crónica completa aparecida en el blog de Xabier Pikaza Ibarrondo, aquí

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