entre las manosa media voz.
Ya verás, cuando la tarde
la sientas lejos.
Cuando calle el amigo,
cuando lo hayas perdido
(justo en pleno desierto).
Sin entrañas para sostener,
para respirar la injusticia.
Ya verás, entonces… Dios,
sin más, y por sorpresa,
esta vez sin desearlo.
(Isidro Cuervo, sj)

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