Wednesday, April 09, 2008

Arbitrar en nombre de Dios


RD/El Progreso).- Cuenta Ana Conde que un joven seminarista aprovecha su faceta de árbitro de fútbol para "enseñar valores" a pie de campo. En breve podría tener que dejar el silbato por la sotana al ser ordenado sacerdote. Manuel Fernández repite cada fin de semana el mismo ritual antes de los partidos, ya que es habitual que los árbitros invoquen a la buena suerte persignándose nada más entrar al campo tras tocar el césped con la mano.

Pero la fe de este joven compostelano de 27 años va más allá del manual de supersticiones de sus compañeros, como demuestra el hecho de que suele rezar durante los encuentros deportivos. "Cuando la pelota escapa lejos, entre que la rescatan y vuelven a sacar de portería pasa un buen rato y da tiempo para todo", explica divertido.

Y es que, a un mes de licenciarse en Teología, este futuro sacerdote franciscano admite que cuando se encuentra con algún jugador "que amenaza con partirme la cara" o cuando el público "se calienta" demasiado pide a Dios "salir airoso" de tales contiendas, tan habituales en las categorías más bajas (arbitra en segunda autonómica) del deporte rey en la comunidad.
Por lo demás, el seminarista asegura que el fútbol le permite "enseñar valores a los chavales", a los que inculca que lo importante es hacer deporte, pasar un buen rato y llevarse bien.
Y para ello es preciso fomentar el compañerismo y la honradez, algo si cabe más complicado entre los futbolistas por conllevar "que no se deben fingir agresiones ni tirarse para provocar un penalti", explica el peculiar árbitro, que encuentra en los campos de fútbol un lugar idóneo para predicar la palabra del Señor.

'No entienden que no me gusten las chicas'

Su condición de futuro sacerdote no pasa desapercibida entre sus compañeros de profesión, que suelen meterse con él "sobre todo por que no entienden cómo es posible que no me gusten las chicas". Sin embargo, esto no le impide estar totalmente integrado en el grupo, a cuyos colegiados ha regalado "una estampa de Santa Lucía, por aquello de que no les falle la vista en el campo", afirma con simpatía.

El caso de Manuel confirma que fútbol y religión son dos pasiones totalmente compatibles, también desde dentro, algo que espera poder seguir conjugando en el futuro.
Así, aspira a convertirse en sacerdote franciscano itinerante, algo que le permitiría enseñar en las diferentes parroquias gallegas "lo que aprendí de la Teología y cómo vivo mi fe", a la vez que no le obligaría a colgar el silbato y las tarjetas, ya que partidos y misas suelen coincidir en fines de semana. Eso sí, el joven tiene claro que, de tener que elegir, "lo primero es el sacerdocio".
Pero mientras la disyuntiva no llega, Manuel se vuelca en su tesina y en colaborar con diversos centros sociales, a los que se desplaza, al igual que a los campos de fútbol y a la cita con esta periodista, en su inseparable bicicleta. "Ya decepcioné a más de un jugador al descubrir que no podía rayarme el coche", cuenta entre risas el futuro franciscano.
Religión Digital

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