Benedicto XVI subrayó cómo el divorcio y el aborto son decisiones que se toman en circunstancias difíciles y dramáticas, que comportan a menudo traumas y son fuente de profundo sufrimiento. Impresionan las víctimas inocentes: el hijo recién concebido no nacido, los hijos implicados en la ruptura de los lazos familiares… En todos dejan heridas que marcan la vida indeleblemente.
El Papa ha invitado apremiantemente a las mujeres a que no aborten y a los agentes pastorales a que se esfuercen por aliviar el sufrimiento de los hijos de los padres separados. Para todos, ha dicho, la Iglesia tiene que ser misericordiosa y los aparentes “noes” que pronuncia tienen que ser vistos como “síes” a la vida y al respeto y a la dignidad de las personas.
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