Sunday, April 20, 2008

El Papa insta a los jóvenes a evitar las "trampas" de las drogas y el materialismo


El entusiasmo de cerca 20.000 jóvenes durante el encuentro en el seminario de San José en Nueva York marcó la quinta jornada de la visita del Papa Benedicto XI a Estados Unidos, junto con el llamamiento a la 'purificación' de la Iglesia estadounidense tras el escándalo de la pederastia. La ceremonia en la explanada ante el seminario, en la localidad de Yonkers, a las afueras de Nueva York, estuvo caracterizada por la espontaneidad y el entusiasmo de los jóvenes, que no dejaron de cantar y gritar vivas al Papa, y 'Te queremos' durante todo el acto.
El entusiasmo de los jóvenes contagió a Benedicto XVI, quien asistió divertido a los cánticos y coros, y que incluso rompió el férreo protocolo de este tipo de ceremonias para levantarse a besar a cada uno de los chicos que intervinieron.
En su discurso, el Papa confió a los jóvenes que su adolescencia fue "arruinada por un régimen funesto": el nazismo. "Su influjo creció, filtrándose en las escuelas y en los organismos civiles, así como en la política e incluso en la religión, antes de que pudiera percibirse que era un monstruo", dijo. También advirtió de que "el poder destructor permanece". "Decir lo contrario sería engañarse a sí mismo", sostuvo, aunque añadió que "éste jamás triunfará". Alusión a los problemas de la juventud

Benedicto XVI habló igualmente de los problemas de la juventud, "como el abuso de la droga, la falta de casa o la pobreza, el racismo, y la violencia o la degradación, que sufren sobre todo muchas mujeres". Explicó que todas estas son producto de "una actitud mental envenenada, que se manifiesta en tratar a las personas como meros objetos".
Asimismo, les advirtió de que la tierra soporta el peso "de la avidez consumista y de la explotación irresponsable", y les invitó a rechazar toda tentación de ostentación o de vanidad y a vivir con "caridad, castidad y humildad".
El clima de espontaneidad que dominó todo el acto hizo incluso que el Papa olvidase el mensaje que tenía que dirigir en español a los seminaristas de San José. "Se me olvidaba mi español", exclamó Benedicto XVI, después de que su secretario, Georg Gänswein, se lo recordara.

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