
El obispo Fernando Armindo Lugo está sancionado por el Vaticano por cambiar el púlpito por la política. Candidato de Alianza Patriótica para el Cambio (APC), una coalición variopinta donde conviven «extrema derecha y extrema izquierda», se declara «de centro». Favorito para los comicios del próximo domingo, según todos los sondeos, tacha de «calumnias» las voces que le vinculan con grupos violentos y hasta con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC): «Acusaciones falsas», asegura.
Tiene 56 años, «una tranquilidad enorme» y el sueño de volver a «mi Iglesia, la amo, la respeto y quisiera poder fortalecerla», después de ejercer la Presidencia de Paraguay, «pero la decisión depende del Vaticano», confiesa. En su casa de Asunción, con una olla de callos hirviendo en la cocina, el hombre que tiene al alcance de su mano romper con más de sesenta años de poder del Partido Colorado, entiende su salto a la política como un paréntesis obligado por «la corrupción, la pobreza y la inequidad» que asola Paraguay.
Lo entrevista Carmen de Carlos en Abc.
-El presidente del Gobierno y la ex mujer de Raúl Cubas -cuya hija fue secuestrada y asesinada en Paraguay- le acusan de complicidad con «grupos de agitadores» y hasta con las FARC.
-Esto forma parte de una campaña para generar miedo a la ciudadanía. Posiblemente el presidente también tiene intención de declarar un estado de excepción. Lo cierto es que por primera vez el partido del Gobierno, después de sesenta años, se siente amenazado. Por eso ha reaccionado de esta manera pero son acusaciones falsas, denuncias sin fundamento y calumnias. Las personas que me querían involucrar con secuestros, violencias y otros hechos delictivos me han favorecido. Se han convertido en mi mejor jefe de campaña.
-¿Cómo se define ideológicamente?
-Hay mucha confusión. La gente me identificaba con la izquierda, pero yo siempre he afirmado que no me siento una persona de izquierdas, soy una persona equilibrada, de centro. Nuestra opción se ubica en el centro, como un eje alrededor del cual se pudo conformar la Alianza donde están personas de extrema izquierda y de extrema derecha.
-¿Cuál es el nexo entre posiciones tan diferentes?
-Hemos dejado de lado nuestras ideologías no nuestras identidades, para poner delante, en primer lugar, el país. No fue fácil pero logramos un consenso con el programa sobre seis ejes que han firmado nueve partidos políticos y las veinte organizaciones campesinas, barriales, sociales, indígenas y sindicales. Esa es la prenda de unión de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC).
-Denuncia que están fraguando un fraude y al mismo tiempo dice que está a punto de alcanzar el poder. ¿Está dispuesto a sacar a la gente a la calle para evitar que se consume el «pucherazo»?
-Creo que la gente saldrá por sus propios medios. No habrá necesidad de llamarlos.
-¿La pérdida de estas elecciones del Partido Colorado significaría su sentencia muerte?
-Es muy difícil predecir. Yo, que tengo 56 años, nunca he visto al Partido Colorado en la oposición.
-¿Cómo vive el tener que presentarse a estas elecciones sin haber conseguido la dispensa papal?
-He recibido una sanción canónica de suspensión «a divinis» del ejercicio pastoral. Significa que es temporal, es una suspensión que no cierra todas las puertas. Están abiertas, inclusive para volver pero solamente el Vaticano puede decidir cuándo.
-¿Si hubiera dependido de usted habría obrado de igual manera?
-Sí, me la esperaba. Me parece bien porque es un caso inédito. Yo habría obrado igual, de acuerdo a las normas del Vaticano. Ahora, la decisión futura (para rehabilitarle), depende de ellos, de su análisis posterior a estas elecciones.
-¿A usted le gustaría volver a ejercer el sacerdocio?
-Yo no reniego ni de mi fe, ni de mi iglesia. Me gustaría después del 16 de agosto de 2013 (fin del mandato del próximo presidente).
-¿La corrupción es el principal problema de Paraguay?
-Es uno de los grandes cánceres. Por algo estamos en tercer lugar en América Latina en la lista de países más corruptos y tercero en el mundo. Creo que nosotros podremos no digo hacerla desaparecer pero sí menguarla en gran medida. La corrupción, finalmente, se traduce en pobreza, inequidad social y marginación. Este Gobierno deja una gran deuda social y la ciudadanía lo ha percibido.
Religión Digital
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