Monday, November 10, 2008

TB

Tuve la oportunidad esta semana de viajar a São Paulo y participar de un encuentro con profesionales de salud y representantes de la sociedad civil que trabajan buscando disminuir los índices de tuberculosis en el país. La tuberculosis es una enfermedad que tiene cura y que sin embargo parece perpetuarse e incluso aumentar en el mundo. Todo hay que decirlo, el tratamiento es difícil y largo, seis comprimidos diarios durante por lo menos seis meses lo que provoca muchos abandonos y fortalece al microbio, que con una adaptación sensacional comienza a resistir a los medicamentos. Los efectos colaterales de la medicación, la incompatibilidad con el alcohol y otras drogas y la disciplina que hay que tener, desaniman en poco tiempo a sus víctimas; personas que viven en la calle, prisioneros, pobres que viven en condiciones indignas, sin contar con los cuantiosos pacientes de Sida que mueren por este motivo en Brasil. Pero lo que más me sorprendió no es en sí las estadísticas o las dificultades levantadas para enfrentar el problema, sino el enorme prejuicio que hay en relación a esta enfermedad. Me preguntaba que haría yo si tuviese tuberculosis. ¿Me escondería de amigos y conocidos?


En un intervalo para un “cafeziño” brasileño, una pequeña mujer se me acerca y me da un panfleto sobre salud y lepra. Pequeña, muy pequeña y delgadita. Debe tener cincuenta años. El pelo largo y la apariencia de esas mujeres evangélicas a las que se les prohíbe usar pantalones. Unas gafas totalmente fuera de moda, a través de las cuales me mira afectuosamente. Está interesada en mi palestra y en explicarme la lucha increíble que tiene. “Lo peor, lo peor es el prejuicio”. Me declara muy tranquila que ha tenido lepra y tuberculosis. Por falta de apoyo intentó el suicidio dos veces. Lo peor de las enfermedades es la soledad, el rechazo. Enfermar, enfermamos todos. Somos humanos, mortales, pero a ver quien aguanta, además de la exclusión socio-económica, ser desterrado del afecto. Mejor uno se mata que eso no lo aguanta ni dios.



Esta pequeña mujer le ha dado la vuelta a su mundo marginal cuando decide declararse públicamente enferma, cuando comienza a pensar en los que podrían estar sufriendo igual que ella. Opta entonces por reivindicar sus derechos. Comenzó a participar de foros donde se discutía esta problemática e incluso se adentró en el mundo virtual abriendo un grupo de TB (tuberculosis) en una de esas comunidades de Internet (orkut) que ya cuenta con más de 350 inscritos. Parece ser que a la esperanza hay que buscarla y a veces sólo depende de arriesgarse a mirar lo mismo desde otro ángulo. Haya Picassos para enseñarnos. Haya mujeres como ésta. Muertos que resucitan.


Lola Campos
Del blog "trns-"
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