No hay gozo, ni esperanza, ni tristeza,
ni hay dolor ni alegría que no aliente
este ser en la vida trozo ardiente
del hombre que camina en la pobreza.
Cada grito o susurro despereza
un viento que aletea entre la gente;
que ese mar, esa rosa, esa corriente
hablando están de Dios, de su pureza.
Y mi miedo a vivir por el camino
y mi pequeña historia y sus empeños
y este pueblo que muere en la cuneta
son sus rastros de amor, su ser divino,
¿por qué la Iglesia escapa de sus sueños?
¿por qué olvida que Cristo fue un poeta?
En el gozo de la Pascua, desde la fe con la que nada es imposible: un abrazo a todos.
ni hay dolor ni alegría que no aliente
este ser en la vida trozo ardiente
del hombre que camina en la pobreza.
Cada grito o susurro despereza
un viento que aletea entre la gente;
que ese mar, esa rosa, esa corriente
hablando están de Dios, de su pureza.
Y mi miedo a vivir por el camino
y mi pequeña historia y sus empeños
y este pueblo que muere en la cuneta
son sus rastros de amor, su ser divino,
¿por qué la Iglesia escapa de sus sueños?
¿por qué olvida que Cristo fue un poeta?
En el gozo de la Pascua, desde la fe con la que nada es imposible: un abrazo a todos.
Pedro Miguel Lamet
El alegre cansancio
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