Saturday, May 16, 2009

«Para un católico es más difícil defender sus ideales en un ámbito político»


Cuenta Aurora Flórez en ABC que el simposio, organizado por la por la Academia de Historia Eclesiástica, será inaugurado a las diez de la mañana de este lunes por el cardenal Amigo en el Real Alcázar y cuenta con destacados especialistas. García de Lomas Mier desgrana detalles de la jornada y entra de lleno en el diagnóstico de la interrelación de la sociedad actual con la Iglesia.

-¿Qué balance puede extraerse de estos veinte años que cumple el Simposio?

-En primer lugar es un motivo de acción de gracias a Dios que podamos celebrar la vigésima edición de un Simposio de estas características. Desde sus comienzos, y gracias al constante impulso del cardenal, hemos pretendido que sea una ocasión para promover el estudio de la historia de la Iglesia y cooperar al desarrollo cultural no sólo de Sevilla sino también de buena parte de Andalucía. Desde luego el prestigio de estos Simposios ha hecho posible que estuvieran presentes en nuestra ciudad personalidades de reconocida valía. Son muchas las autoridades eclesiásticas y civiles, políticas y académicas, que han intervenido en estos Simposios. Pero quiero recordar dos personalidades especialmente, por un lado la presencia de Adolfo Suárez en 1996; y por otro (además al cardenal le gusta recordarlo), el cardenal Ratzinger había aceptado la invitación para intervenir en nuestro Simposio cuando la anuló porque debía entrar en el Cónclave del que saldría como Benedicto XVI. Por otra parte, la publicación de las Actas de estos Simposios hace imprescindible su consulta a cualquier especialista de historia de los siglos XVI-XX.
-¿Cuáles son los objetivos?

-Hablar de la Iglesia en la Europa actual, en estos momentos en que se entrecruzan cada vez más las diferentes culturas. Es necesario insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar la libertad religiosa de los ciudadanos y la responsabilidad del Estado hacia ellos. Asimismo el papel insustituible de la religión tanto para la formación de las conciencias como para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad, reclama un análisis antropológico, social y teológico de esta realidad. Para ello, en este Simposio contamos con especialistas en cuestiones de antropología, ética y teología además de historiadores.
-Identidad, pluralismo, libertad... son palabras que forman parte del lema del simposio ¿es realmente el panorama que presenta la Iglesia en Europa?

-Al plantear los temas concretos de disertación veíamos que la identidad era una cuestión ineludible. Que el papa Benedicto XVI hable de la castidad como única solución para frenar la pandemia de Sida que hay en África, y en algunas comunidades de Occidente, no debe sorprender más que a aquéllos que no respetan la identidad de los demás ni la libertad de expresión. La iglesia no es ajena a los problemas del mundo actual pero no debe claudicar en sus postulados, que son los que Jesucristo enseñó, para diluirse en un pensamiento políticamente correcto escaso de certezas materiales y desde luego ajeno a cualquier aspiración espiritual. Precisamente el Papa señala que la Iglesia puede aportar caridad y esperanza a un mundo como el que encontramos hoy en Europa. Quizá sea lo que más necesite Europa. Porque es evidente que Europa necesita encontrarse a sí misma para aportar al mundo los valores que hicieron posible que fuese centro de cultura y difusora de civilización a otros lugares.
-¿Cree que está garantizada la libertad religiosa de los católicos?
-Por ahora no veo peligrar la libertad religiosa de los católicos. Pero quizá para un católico sea más difícil que para otra persona, teniendo los mismos derechos, defender sus ideales en un ámbito público. Decía Benedicto XVI ante las Naciones Unidas que es inconcebible que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos -su fe- para ser ciudadanos activos. Y que nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos. Dentro de esos derechos está la libre actuación pública así como el libre ejercicio de culto, promover la dimensión pública de la Iglesia, garantizar la educación en las propias convicciones de todos los creyentes. Creo que aún podemos crecer en libertad religiosa para garantizar sus derechos a todos los creyentes, teniendo en cuenta la realidad histórica y social de España y Europa.
-¿Cómo se enfrenta un cristiano a las agresiones hacia sus creeencias en un mundo cada vez más material y más ajeno a las directrices de la Iglesia?
-Por supuesto siempre en primer lugar con el perdón. El Papa Benedicto XVI nos da ejemplo maravilloso, en ese sentido, con su ejemplo de caridad y rectitud. Y con una noble confianza en la razón. Y como siempre con oración. Yo creo que es un buen ejemplo a seguir. Además yo animaría a todos los cristianaos a no ser conformistas sino buscar la propia forma de ejercer los derechos e influir positivamente en el mundo para que la libertad no sea un estandarte de aquéllos que menos creen en ella y sea consecuencia de la verdad sobre el hombre.
-¿Cuál cree, como sacerdote, que debe ser el papel de la Iglesia frente a los vertiginosos cambios sociales y a la convivencia de razas, culturas y religiones?
-El Estado por sí mismo no puede ser único garante ni tener la responsabilidad última de conjugar las aspiraciones de personas, comunidades y pueblos enteros. En cambio el reconocimiento del valor trascendente de la persona humana, propio del ámbito religioso, lleva al compromiso de resistir la injusticia y la violencia y de promover la justicia y la paz. Y es el contexto apropiado, separado de la esfera política, para un diálogo interreligioso cuyo cometido es proponer una visión de la fe, no en términos de intolerancia, discriminación y conflicto, sino de total respeto de la verdad, la coexistencia, los derechos y la reconciliación. La iglesia enseña a convivir con todos y a servir a todos, particularmente a los más necesitados y marginados.
RD

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