Thursday, November 12, 2009

UN ICEBERG EN LA COCINA

UN ICEBERG EN LA COCINA


A la vuelta del puente una sorpresa nos esperaba en el corazón de casa: había un iceberg en la cocina. El congelador se había quedado medio abierto y no creo que haga falta explicar lo que sucedió. Quien más y quien menos habrá tenido alguna experiencia similar.


Había que tomar medidas de urgencia para deshacer el entuerto. No valía con apagar el congelador y dejar que lentamente se fuera deshaciendo el hielo; así hubiera desaparecido el iceberg pero habríamos tenido inundación.


Con el “armamento” que en un principio me pareció que podría ser útil –el sacador de pelo- me puse manos a la obra. El bloque de hielo prácticamente ni se inmutaba. Necesitaba más “artillería”: me fui a buscar un calefactor. Volví segura de que aquello sería efectivo y rápido. Comenzó una suave lluvia de gotitas de agua, del tipo estalactitas en cueva milenaria pero la formación glacial de mi congelador permanecía casi intacta.


En esto, vinieron refuerzos: mi marido, que conoce bien lo que es el deshielo del congelador porque lo ha practicado muchas veces, se solidarizó rápidamente. El diagnóstico fue: “Será necesario un armamento más potente: la pistola de calor”. No hay nada como un buen “bricoleador” desplegando sus variadas herramientas para uso de la comunidad. La rendición fue total y muy rápida: el hielo fue desapareciendo y los tesoros que encerraba (croquetas de jamón, judías verdes, helado de limón, tarta de puerros, etc.) fueron apareciendo.


Como la operación ante el congelador duró hora y media, me dio tiempo suficiente para reflexionar sobre lo que produce el hielo en el interior de las personas.


Muchas veces nos encontramos personas con las que es no sólo difícil, casi imposible, establecer una mínima comunicación. Nos damos cuenta de que son buena gente pero que actúan como fortalezas inexpugnables a las que no se puede acceder.


Nosotros mismos, cada uno, puede ver los hielos que congelan en el interior, en el núcleo de la persona: nudos psicológicos, complejos, educación errónea, heridas, desamores… y que en tantas ocasiones dificultan la comunicación con los otros y nos llevan a la práctica de una superficialidad que deja el corazón helado.


El calor fue el medio para deshacer el hielo de mi congelador. Sólo el amor puede provocar el mismo efecto en el interior de cada uno.


El amor es la herramienta del deshielo: calienta y deja ver los tesoros escondidos que son puesto al servicio de los demás.


Nosotros acabamos cenando tarta de puerros, croquetas de jamón y un riquísimo helado de limón.


Mari Paz López Santos
¿Hay alguién ahí?
21

No comments:

Post a Comment