Friday, March 07, 2008

ANHELOS



“Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo. Mi alma está sedienta de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua”.
Hay veces en que la sed -de vida- es cotidiana.
Una apetencia normal, que se atiende naturalmente, casi con rutina.
Pero otras veces es atroz.
Y no encuentro respuesta ni nada que la colme.
Entonces me siento peregrino en el desierto.
Me pesan los silencios, y anhelo amor.
Me vencen las heridas,
y quiero humanidad.
Me asusta la soledad,
y espero encuentro.
Me agobia el vacío,
y ambiciono sentido.
Me atrapa el vértigo de la actividad incesante,
y añoro un poco de paz.
Me abruma el mundo,
y ansío hogar.
Me asalta Tu distancia,
y llamo: “¡Dios!”.
Jesuitas de Castilla

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