Monday, July 28, 2014

Dime una Palabra por Luis Fernando Crespo SM. Tesoro II


28 de julio
Lunes XVII

Mt 13, 31-35 Se parece a un grano de mostaza

Tú has puesto en mi ser tu grano de mostaza, tu pizca de levadura, la simiente de tu Palabra. Hazme crecer en ti, Señor, abandonado, olvidando que soy arbusto donde anidan los pájaros, masa fermentada de pan tierno, campo que acoge tu don. Haz que viva solo en ti, solo para ti, entregado a mis hermanos.

Luis Fernando crespo SM
Dime una Palabra

Algo para pensar y orar en esta semana



Algo para Pensar y Orar esta Semana

Ignacio pensaba que un tipo particular de ignorancia se encontaba en la raíz del pecado. El pecado mortal, decía él, es la ingratitud. Es “la causa, el principio y el origen de todos los males y pecados”; si se preguntara a unas cien personas cuál es el pecado que es el origen de todos los males, Ignacio apostaba que ninguna persona diría que es la ingratitud. Dirían que es el orgullo, la desobediencia, la avaricia o la ira. La idea de que pecamos porque no estamos de veras conscientes de la bondad de Dios, probablemente no se les ocurriría a muchas personas.

La gratitud tenía otro significado en los tiempos de Ignacio, del que tiene en la actualidad. Ella nos significa enviar mensajes de gratitud por los regalos de Nevidad, o agradecer a nuestros vecinos cuando nos ayudan en algo. Para nosotros, la ingratitud es algo como tener malos modales.

La gratitud era una actitud muy seria en la sociedad post medieval de Ignacio, la que estaba organizada bajo un conjunto de obligaciones mutuas, entre los que estaban en altos niveles jerárquicos o políticos. Cada uno debía estar atento a las contribuciones de todos los demás. La gratitud era la que unía firmemente a las personas entre ellas.
Pero las diferencias culturales son sólo parte de la historia. Al enfatizar la gratitud, Ignacio decía algo de la naturaleza de Dios. Dios es el donante generoso, el que nos derrama sus bendiciones como los rayos de sol brillan sobre la tierra. Si entendiéramos bien todo esto, correspondríamos con nuestro amor el amor de Dios. No pecaríamos. La gratitud es una buena palabra para esta calidad fundamental de nuestra relación con Dios. La ingratitud, nuestra ceguera de quién es Dios en realidad, es pues la raíz de todo pecado.

Jim Manney
Espacio Sagrado

Sunday, July 27, 2014

Aporte Ecológico a la homilía del domingo por Alejandro Londoño Posada, S.J.



En el libro I de los Reyes nos narra como Salomón en lugar de pedir vida larga o riquezas o la muerte de los enemigos, pidió discernimiento para saber escuchar y decidir y como Dios le concedió sabiduría y discernimiento (I Rey, 3, 11-12)

En la exhortación Africae Munus Benedicto XVI recogió sabiamente las conclusiones del II Sínodo Africano y denunció “La opulencia de ciertos grupos, que en un shock para la conciencia, sobre todo si se tiene en cuenta la pobreza crónica de los pueblos de África, que sufren los efectos de la explotación y la apropiación indebida de sus recursos" (AM, n. 79)

De igual modo el Papa Benedicto XVI condenó los daños ecológicos irreversibles que algunos grupos financieros están causando en los ecosistemas africanos. En este sentido expresó claramente que "la iglesia debe denunciar el orden injusto que impide que los pueblos de África puedan consolidar sus economías".


Añadamos ahora las frases de la Carta a los Romanos, donde Pablo dice: "Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo amamos, es decir, de los que él ha llamado conforme a su designio" (Rom 8,26)


Entonces no es raro que se exiga a nuestros pastores (incluso a los no católicos) más firmeza en
condenar hechos parecidos a aquellos, que están sucediendo en nuestros países. Máxime cuando vemos que sacerdotes y laicos lo están haciendo, incluso dando su vida.

Jaime H. Díaz, cita en el libro de Amerindia “Pueblo de Dios: Miradas y Caminos”, 4 testimonios relacionados con esta problemática: El P. Álvaro Ulcué Chocué, sacerdote indígena de la etnianasa, quien murió el 1984 asesinado por sicarios de terratenientes. El P. Tiberio Fernández Mafla, párroco de Trujillo, quien organizó comunidades campesinas y fue asesinado por traficantes de coca con la connivencia de las fuerzas armadas en 1990.. El P.Alcides Jiménez (1949-1998), hijo de humildes campesinos, quien denunció los daños ecológicos que hacía la FARC con la siembra de coca y el reclutamiento de jóvenes. Y el de una laica Yolanda Cerón (1958-2001), quien murió a manos de paramilitares en el atrio de la iglesia de N. Sra. de la Merced en Tumaco.
El evangelio de hoy nos habla de la suerte de estos tipos diferentes de personas cuando la justicia de Dios separe a los buenos de los malos: el gozo y el rechazo eterno.
Entre los malos habría que incluir a dueños irresponsables de las empresas transnacionales como hace el Sínodo Africano. Son culpables de los desastres ecológicos que estamos viviendo y que cada día crecen con mayores daños, incluso para la supervivencia del mundo entero.

Jesuitas de Colombia

La decisión más importante por José Antonio Pagola


El evangelio recoge dos breves parábolas de Jesús con un mismo mensaje. En ambos relatos, el protagonista descubre un tesoro enormemente valioso o una perla de valor incalculable. Y los dos reaccionan del mismo modo: venden con alegría y decisión lo que tienen, y se hacen con el tesoro o la perla. Según Jesús, así reaccionan los que descubren el reino de Dios.
Al parecer, Jesús teme que la gente le siga por intereses diversos, sin descubrir lo más atractivo e importante: ese proyecto apasionante del Padre, que consiste en conducir a la humanidad hacia un mundo más justo, fraterno y dichoso, encaminándolo así hacia su salvación definitiva en Dios.
¿Qué podemos decir hoy después de veinte siglos de cristianismo? ¿Por qué tantos cristianos buenos viven encerrados en su práctica religiosa con la sensación de no haber descubierto en ella ningún “tesoro”? ¿Dónde está la raíz última de esa falta de entusiasmo y alegría en no pocos ámbitos de nuestra Iglesia, incapaz de atraer hacia el núcleo del Evangelio a tantos hombres y mujeres que se van alejando de ella, sin renunciar por eso a Dios ni a Jesús?
Después del Concilio, Pablo VI hizo esta afirmación rotunda: ”Solo el reino de Dios es absoluto. Todo lo demás es relativo”. Años más tarde, Juan Pablo II lo reafirmó diciendo: “La Iglesia no es ella su propio fin, pues está orientada al reino de Dios del cual es germen, signo e instrumento”. El Papa Francisco nos viene repitiendo: “El proyecto de Jesús es instaurar el reino de Dios”.
Si ésta es la fe de la Iglesia, ¿por qué hay cristianos que ni siquiera han oído hablar de ese proyecto que Jesús llamaba “reino de Dios”? ¿Por qué no saben que la pasión que animó toda la vida de Jesús, la razón de ser y el objetivo de toda su actuación, fue anunciar y promover ese proyecto humanizador del Padre: buscar el reino de Dios y su justicia?
La Iglesia no puede renovarse desde su raíz si no descubre el “tesoro” del reino de Dios. No es lo mismo llamar a los cristianos a colaborar con Dios en su gran proyecto de hacer un mundo más humano, que vivir distraídos en prácticas y costumbres que nos hacen olvidar el verdadero núcleo del Evangelio.
El Papa Francisco nos está diciendo que “el reino de Dios nos reclama”. Este grito nos llega desde el corazón mismo del Evangelio. Lo hemos de escuchar. Seguramente, la decisión más importante que hemos de tomar hoy en la Iglesia y en nuestras comunidades cristianas es la de recuperar el proyecto del reino de Dios con alegría y entusiasmo.
José Antonio Pagola
27 de julio de 2014
17 tiempo ordinario (A)
Mateo 13, 44-52
Buenas Noticias
RD

Un tesoro escondido por Lorenzo Amigo, Marianista



En tiempos de devaluación y de pérdida de valor del dinero, los ricos suelen comprar oro y obras de arte. Por algún cuadro se han pagado sumas astronómicas. Sin duda cuando uno se encapricha con una cosa y se hace de ella el absoluto, uno está dispuesto a dar por ella lo que sea necesario. Jesús se dio cuenta que el Reino de Dios era el único valor absoluto y que para conseguirlo era necesario dejar todo lo que se tenía y dedicarse totalmente al Reino.
El Reino fue su gran pasión, lo que dio sentido a su vida, lo que le movió a abrazar un tipo de vida tan poco razonable según la cultura de su tiempo. En vez de fundar una familia y ejercer una profesión se dedicó a ser predicador ambulante del Reino de Dios. Era eso lo que le llenaba, lo que le hacía feliz, la única cosa necesaria. Y supo contagiar su entusiasmo a sus discípulos, que, como Él, dejaron la familia y la profesión y le acompañaron durante su vida y muerte continuaron su misión de anunciar el Reino. Podemos decir que Jesús y sus discípulos eran personas centradas, que sabían lo que querían y que encontraron en lo que hacían la verdadera felicidad.
El Reino de Dios es el gran tesoro, la perla de gran valor, pero no se puede adquirir a precio de saldo (Mt 13,44-52). Exige la renuncia total a todo lo que la gente considera tesoro o cosas de valor. En comparación con el Reino, todo lo demás es relativo. Todas las cosas e instituciones humanas tienen su valor, pero un valor relativo que les viene de su relación con el Reino. El peligro de las cosas y realidades humanas está en su absolutización, en el peligro de convertirse en ídolos o pequeños dioses que nos roban el corazón y la libertad.
Durante muchos siglos la fe cristiana ha sido el gran tesoro que hemos heredado de nuestros mayores. Hoy día esa fe es vista por muchos como una realidad anticuada que no tiene valor en nuestra cultura. Son otros valores los que se han apoderado de la escena social. Probablemente son los valores vitales, más que los económicos, los que hoy tienen la primacía. Las personas buscan realizarse, aunque ya no existan los ideales de otros tiempos. Probablemente se trata de ideales a más corto alcance, que tienen que ver con la satisfacción inmediata de nuestros deseos. La utopía del Reino, que todavía movilizaba hace cincuenta años, parece ir perdiendo terreno ante la realidad del estado del bienestar, un bienestar que experimentamos cada día como más precario. Hoy día es necesario tener un corazón dócil, que sepa escuchar a la tradición y una sabiduría que nos lleve a descubrir siempre los verdaderos valores humanos (1Reyes 3,5.7-12).
La crisis que estamos viviendo es una crisis de vida cristiana, que no sólo está despoblando las Iglesias sino que al mismo tiempo está corroyendo la esencia de la fe cristiana. La pérdida de valor del cristianismo a los ojos de nuestros contemporáneos no viene de la devaluación del evangelio en sí, sino de la manera como los cristianos lo estamos viviendo. Esa desaparición de los valores evangélicos, no sólo de la vida pública, sino también de la acción personal era ya perceptible hace dos siglos. Los valores cristianos fueron siendo desplazados por los valores materiales y los valores vitales, que son los que predominan hoy, incluso en los cristianos practicantes. Pidamos que la celebración de la eucaristía nos haga descubrir el gran tesoro de la fe cristiana.

Pistas para la homilía por Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.



¡Que el Señor nos conceda la sabiduría de corazón!
• Lecturas:
- I Libro de los Reyes 3, 5. 7-12
- Carta de san Pablo a los Romanos 8, 28-30
- Mateo 13, 44-52
• Nuestra meditación dominical estará centrada en la primera lectura, en la que tema inspirador es la petición que Salomón le hace a Dios para que le conceda el don de la sabiduría, con el fin de gobernar al pueblo que le ha sido confiado.
Salomón es un personaje fascinante que ha cautivado la imaginación de millones de personas a lo largo de los siglos. Sus enormes riquezas, su sabiduría para gobernar y su éxito en las conquistas amorosas han inspirado muchas leyendas. Es ampliamente conocida su aventura con la reina de Saba; lo que comenzó siendo un encuentro diplomático para fortalecer las relaciones políticas y los intercambios  comerciales, terminó en un apasionado romance. 
Los invito a dejar a un lado la figura del rey Salomón y las leyendas que se han tejido alrededor de él, y nos concentremos en la hermosa petición que hace a Dios: "Te pido que me concedas sabiduría de corazón, para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal". Su petición es clara: pide la sabiduría, a la cual entiende como la capacidad para discernir entre el bien el mal; y el objetivo es noble: cumplir la misión que el Señor le ha confiado, gobernar.
• ¿Cómo podríamos expresar, con palabras más cercanas a nosotros, esta petición? Podríamos expresar lo mismo con expresiones como madurez, formación de la conciencia, discernimiento.
- La palabra madurez proviene de la Psicología y describe a la persona que es ponderada en sus juicios, establece relaciones de respeto y solidaridad, y no se deja llevar por sus instintos y sentimientos.
- La expresión formación de la conciencia proviene de la Ética y expresa la capacidad de tomar decisiones después de explorar los valores que están en juego, las consecuencias que tal decisión pueden tener en el proyecto personal de vida y su impacto sobre los demás.
- La palabra discernimiento es originaria de la Teología Espiritual, y se ha extendido a otras disciplinas y quehaceres. Originalmente, el discernimiento hace referencia a la sensibilidad interior que detecta la acción del Espíritu Santo en nuestro interior quien, a través de mociones, va sugiriendo el camino para avanzar por el camino del Señor. El discernimiento es fruto de la oración; en ella, nuestros sentidos interiores se van afinando para percibir la acción de Dios en nuestras vidas.
• Esta petición del rey Salomón, que hemos resignificado en términos de madurez, formación de la conciencia y discernimiento, se enriquece en el Salmo 118, que hace parte de la liturgia de este domingo. El salmista manifiesta cuáles son las herramientas que el Señor nos ofrece para poder distinguir entre el bien y el mal; se trata de las enseñanzas y preceptos del Señor, los cuales nos son transmitidos a través de su Palabra:
- “Para mí valen más tus enseñanzas que miles de monedas de oro y plata”
- “Amo, Señor, tus mandamientos más que el oro purísimo; por eso tus preceptos son mi guía y odio toda mentira”.
- “La explicación de tu Palabra da luz y entendimiento a los sencillos”.

• La Palabra de Dios, consignada en la Biblia y transmitida por la Iglesia, revela el plan de salvación y ofrece los criterios inspiradores para tomar las decisiones correctas. Ahora bien, no podemos pensar que la Biblia es un libro de preguntas y respuestas para la solución de los complejos problemas del mundo contemporáneo. La Teología Católica utiliza las herramientas de la exégesis y la hermenéutica para comprender el sentido de la Palabra de Dios; no hacemos la interpretación literal e ingenua que es común en otros grupos religiosos.

• Esta petición que hace el rey Salomón, “te pido que me concedas la sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal”, conserva toda su vigencia hoy. Es válida para los padres de familia, los educadores, los líderes espirituales, los dirigentes políticos:
- Muchos padres de familia se sienten abrumados por las presiones del ambiente que rodea a sus hijos; no saben qué permisos conceder, cuándo decir NO y qué límites establecer. En este día, pidamos que los padres de familia tengan la sabiduría de corazón para que sepan educar a sus hijos y distinguir entre el bien y el mal.
- Muchos educadores han renunciado a ejercer una parte fundamental de su vocación como es ser formadores de los niños y jóvenes; se contentan con ser instructores que transmiten unos conocimientos y ayudan a desarrollar unas destrezas. En este día, pidamos que el Señor conceda la sabiduría de corazón a los maestros para que sean capaces, no solo de instruir sino también de formar, a sus alumnos en los valores éticos y ciudadanos.
- En este día, pidamos que el Señor conceda el don de la sabiduría al Papa Francisco para que pueda gobernar a la Iglesia e introducir los profundos cambios que se necesitan para ser fieles anunciadores del Evangelio.
- Finalmente, pidamos la sabiduría de corazón para que nuestros dirigentes puedan conducir al país por los tortuosos caminos del progreso y avancemos hacia la paz y la convivencia civilizada. Muchos dirigentes confunden sus intereses individuales con el bien común; su visión del país no va más allá de los periodos electorales. Necesitamos líderes que sean auténticos estadistas, que tengan una visión amplia e incluyente.
• Es hora de terminar nuestra meditación dominical, la cual ha estado centrada en la inspiradora petición que el rey Salomón hace al Señor, la cual sigue siendo válida en nuestro tiempo.
Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.Rector de la Pontificia Universidad Javeriana
Jesuitas de Colombia

BUSCA Y ENCONTRARÁS por Javier Leoz


BUSCA Y ENCONTRARÁS

Por Javier Leoz

“No es grande el hombre por lo que tiene sino, mucho más grande puede ser, por lo que le queda por alcanzar” S. Laven

1.- La fe es una llave que nos proporciona el conocer y abrirnos a los tesoros de Dios. Sin ella es imposible vender otros campos (lo material, lo aparente o lo superficial) para quedarnos con lo esencial y verdaderamente valioso: el amor de Dios. Desde lo más hondo de nuestras almas sentimos la presencia de Dios, pero son tantos los obstáculos que salen a nuestro encuentro que, en muchas ocasiones, ese sentimiento de lo divino queda en segundo o en tercer lugar. Siempre, y lo tenemos que reconocer, es más fácil marcharnos o escaparnos en busca de lo que reluce (aunque sea simple hojalata) y dejar de lado aquello que no es tan alucinante pero que resulta ser oro.

Hoy, más que nunca, vemos que el tesoro de la fe es joya escondida en el inmenso campo de nuestra sociedad. Resulta arduo dar con él; nos quedamos en las cosas y olvidamos las personas. Apostamos por las ideas y relegamos el lado humano de los que las defienden. Nos asombramos por la grandeza del mundo y desertamos de Aquel que lo creó para la perfección, disfrute y supervivencia humana: a Dios.

¿Dónde hemos dejado a Cristo? ¿En qué risco lo hemos olvidado? ¿Es la familia un huerto en el que cultivamos la perla de la fe? ¿Es la política una tierra en la que los católicos, cuando acceden a ella desde distintas opciones, respetan e incluso valoran el tesoro de la fe? ¿Es el corazón y nuestra vida misma un rincón en el que cuidamos con esmero nuestra pasión por Cristo?


2.- Hay que comenzar desde abajo. Si hay cosecha es porque, previamente, ha existido siembra, riega, poda, abono y esfuerzo. La fe, aun siendo una fortuna, nos exige un trabajo de conocimiento y de transmisión. ¿Sirven de algo cruces o imágenes en los montes o en las plazas si, luego, la vida de sus ciudadanos van en dirección contraria a lo que esos símbolos significan? Desde luego, la simbología cristiana, ha de ser más que pura estética. Mucho más que un decoro histórico o cultural.

El tesoro de la fe no podemos sustentarlo exclusivamente en las formas o en las tradiciones seculares heredadas. En cuántos momentos, sin percatarnos de ello o incluso sabiéndolo, podemos caer en un paralelismo entre fe celebrada y fe vivida: celebro festivamente a María, a los santos….en mil expresiones populares pero, a continuación, la fe no cambia mi forma de pensar, vivir o actuar. Es cuando vemos que, la fe, lejos de ser un tesoro, es moneda irrelevante y sin valor. Se queda en la superficie, su manifestación, pero no ha llegado a calar en nuestro comportamiento personal o comunitario.

¿Qué hacer para que, la fe, llegue a ser un tesoro apetitoso y recuperarla de nuevo?

-No poner a las cosas, lo efímero, por encima de Dios. Volver a la lectura de su Palabra.

-Vivir como cristianos implica no mirar hacia atrás (quemar o vender lo que puede convertirse en huida)

-No vivir apegados (como el erizo en un acantilado marino) a nuestros caprichos o religión a la carta

-Considerar el ser católico o cristiano, como una ganancia, un orgullo, una oportunidad para ser diferentes y distanciarnos de muchos dictados de la sociedad.

Ojala que, al meditar el evangelio de este domingo, nos preguntemos ¿qué tengo que vender para salvaguardar el tesoro de Cristo? Cosas tan sencillas como el egoísmo, la timidez como cristiano, el testimonio silenciado ante las gentes, la vanidad, el mal carácter, la tacañería, las malas palabras, la falta de oración o de comunión con la Iglesia… pueden servir para seguir cultivando el campo del gran tesoro de nuestra fe en Jesús.


3.- ¿DÓNDE ESTÁS, SEÑOR?

Que me dicen que, hace un tiempo,
te sembraron en mi corazón…y no te encuentro
Que pregonan que, en el cielo te hayas,
y cuando levanto la vista no te alcanzo
Me repiten que, en los destrozos del mundo,
es donde especialmente sales a su lado
y… no llego a percibir tu presencia.
¡Dónde estás, Señor!
¿Qué tengo que vender para poder comprarte?
¿Qué tengo que dejar para poder conseguirte?
¿Qué parte de mi hacienda he de regalar
para que, Tú, seas la definitiva riqueza y valor a mi vida?
¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!
Mis ojos no te ven porque andan distraídos
Porque prefieren verse seducidos
por el gran capital que el mundo oferta
Mis manos disfrutan mucho más
cuando acarician los lingotes del oro del bienestar
de lo que cuenta y vale en la sociedad
del prestigio o del dinero
del buen nombre y buena vida…sin mínimo esfuerzo
¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!
¡Demasiado bien sé dónde se encuentra tu tesoro!
En el silencio,
que tanto hiere porque tanto me dice
En la humildad,
donde la pequeñez tanto me asusta
En la sinceridad,
que me convierte en diana de tantos dardos
Ayúdame, oh Cristo, a no perder el campo de tu tesoro:
La fe que es llave para poder amarte y descubrirte
El amor que es bono seguro que cotiza en el cielo
Mi perfección, para no convertirme en algo vulgar y solitario
¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!
Soy yo, quien hoy más que nunca,
necesito buscarte por mí mismo
y ponerte en el lugar que te corresponde:
¡EN EL CENTRO DE MI TODO!
Amén

Betania

El mensaje del domingo por Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.



En aquel tiempo,dijo Jesús a sus discípulos: "El reino de os cielos es como un tesoro escondido en un terreno. Un hombre encuentra el tesoro, y lo vuelve a esconder allí mismo; lleno de alegría va y vende todo lo que tiene, y compra ese terreno. - Sucede también con el reino de los cielos como con un comerciante que andaba buscando perlas finas; cuando encontró una de mucho valor, fue y vendió todo lo que tenía, y compró esa perla.
Y ocurre asimismo con el reino de los cielos como con la red que se echa al mar y recoge toda clase de pescados. Cuando la red se llena, los pescadores la sacan a la playa, donde se sientan a escoger el pescado; guardan el bueno en canastas y tiran el malo. Así también sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles a separar a los malos de los buenos, y echarán a los malos en el horno de fuego. Entonces vendrán el llanto y la desesperación”. - Jesús preguntó: “¿Entienden ustedes todo esto?” “Sí”, contestaron ellos. Entonces Jesús les dijo: “Cuando un maestro de la ley se instruye acerca del reino de los cielos, se parece al dueño de una casa, que de los que tiene guardado sabe sacar cosas nuevas y cosas viejas” (Mateo 13, 44-52).
Desde el domingo antepasado el Evangelio nos ha venido presentando las “Parábolas del Reino”, con las que Jesús nos enseña cómo actúa el poder liberador de Dios. Hoy nos trae cuatro muy significativas. Veamos cómo podemos aplicarlas a nuestra vida, teniendo en cuenta también las otras lecturas (1 Reyes 3, 5.7-12 y Romanos 8, 28-30)

1.- Las parábolas del tesoro escondido y de la perla fina
El tesoro y la perla son imágenes del valor del Reino de los Cielos -o Reino de Dios-, es decir, del poder liberador, transformador y constructivo de su amor, cuya cercanía ha proclamado Jesús mismo desde el inicio de su predicación. Podemos resumir el sentido de ambas parábolas en dos palabras: prioridad y oportunidad.
Amar a Dios sobre todas las cosas -como se suele enunciar el primer mandamiento- implica reconocer la prioridad del fin sobre los medios. San Ignacio de Loyola, cuya fiesta se celebra el 31 de julio, dice al comienzo de sus Ejercicios Espirituales [No. 23] que el fin para el cual somos creados es amar y servir a Dios y así “salvar el alma”-es decir, ser plenamente felices-, de modo que las cosas -los bienes materiales, culturales o espirituales- son medios que podemos usar tanto cuanto nos ayudan para ello, solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce a este fin. ¿Estamos nosotros reconociendo esta prioridad con todo lo que supone y exige?
El Reino de Dios se nos ofrece además como una oportunidad. De cada quien depende aprovecharla y para ello tenemos esta vida. San Ignacio dice que es un insensato quien quiere encontrar a Dios y “no pone los medios hasta la hora de la muerte” [EE, No. 153].
El labrador que descubre el tesoro escondido y el comerciante que encuentra la perla fina, simbolizan a las personas sabias que establecen las prioridades y aprovechan las oportunidades. Para obrar nosotros de igual modo, necesitamos disponernos a que Dios nos conceda el don que le pidió Salomón, según nos cuenta la primera lectura: la sabiduría para decidir entre lo bueno y lo malo, que nos hace posible, como dice el Salmo 119 (118), caminar según la Ley del Señor.

2.- La parábola de la red repleta de pescados, unos buenos y otros malos
El escenario de las “Parábolas del Reino” es el lago de Galilea, donde Jesús predicaba desde una de las barcas que se encontraban junto a la orilla. Allí podían verse las redes de los pescadores de entre los cuales escogió a sus apóstoles. En este contexto cobra un significado especial la imagen del pescador que selecciona los peces recogidos en la red. Esta imagen es empleada por Jesús para referirse a la acción de Dios que comienza con un llamado a muchos y termina con pocos escogidos, siendo estos últimos los que no sólo escuchan su palabra, sino además la acogen y la ponen en práctica.
El mensaje de la parábola de la red llena de pescados, unos buenos y otros que no sirven, es similar al de la parábola de la buena semilla y la cizaña que leímos el domingo pasado. La acción de Dios, pacientemente misericordiosa al ofrecer a todos en el tiempo presente la oportunidad de convertirse y de acoger su Reino, es también justa y esa justicia divina se manifestará “al final de los tiempos”, es decir, cuando al terminar esta vida le corresponda a cada cual rendir cuentas ante el Señor.
A ello se refiere Jesús con la imagen, común entre sus contemporáneos, del “horno encendido donde habrá llanto y desesperación”, es decir, “el infierno”, que no es un lugar físico, sino la figuración simbólica de un estado eterno de infelicidad que padecerán quienes se hayan encerrado en su egoísmo y hayan preferido el reino del odio al del amor, el reino de la injusticia social al del reconocimiento efectivo de la dignidad de las personas y los derechos humanos, el reino de la violencia al de la convivencia pacífica.

3.- La parábola del padre de familia que saca del baúl cosas nuevas y viejas
Jesús quería que sus discípulos fueran continuadores de sus enseñanzas. Tal es el sentido de la pregunta que les hace al final: “¿Han entendido ustedes todas estas cosas?”. Y también el de la comparación que les propone cuando ellos responden que sí: en esta misión de continuar el magisterio de Jesús, deberán ser fieles a una tradición que se remonta a los orígenes de la Iglesia fundada por Él, pero también deberán saber encontrar nuevas formas de presentar su mensaje en las circunstancias actuales, respetando lo valioso de la tradición y asimismo asumiendo sin miedo lo nuevo.
Por último, tengamos en cuenta lo que dice san Pablo en la segunda lectura: “Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman”. En medio de este mundo aquejado por la presencia del mal en sus distintas formas, nuestra fe en Dios nos anima a la esperanza en el triunfo definitivo del bien, que puede empezar desde ahora mismo para nosotros si nos ponemos en la onda de su Reino, es decir, en la del poder de su amor, que sabe sacar bienes de los males y hacer maravillas en nosotros si confiamos en Él a pesar de las dificultades que se nos presenten, y si nos disponemos a asumir los retos que implica el presente en la construcción de un mundo cada día mejor para todos.-
Jesuitas de Colombia

EL ORDEN DE LOS VALORES, Y DE LOS AMORES, SÍ ALTERAN EL PRODUCTO por Gabriel González del Estal



1.- El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. Hay muchas cosas buenas e importantes en nuestra vida, pero siempre hay algo que es lo más importante y, por amor de esto más importante, necesitamos saber prescindir de otras cosas secundarias. La familia cristiana, por ejemplo, se construye sobre el amor cristiano; también son importantes otros valores, como pueden ser la economía familiar, o saber respetar los distintos gustos de cada miembro de la familia, pero estos otros valores siempre deben estar subordinados al valor primero, que es el amor. Cada uno de nosotros debe saber discernir, en cada caso, qué es lo más importante en nuestra vida y subordinar todo lo demás a lo más importante. Este discernimiento puede resultar a veces difícil de hacer, pero merece la pena que lo busquemos con insistencia y humildad, mediante el diálogo y la oración, y que actuemos siempre con generosidad y sinceridad. En la primera lectura se nos habla del rey Salomón, a quien el Señor le prometió darle lo que le pidiera; el rey pidió al Señor “un corazón dócil para gobernar a su pueblo, para discernir el mal del bien”. Esto era lo más importante para el rey Salomón, en aquel momento, y a esto subordinó una vida larga para él y las riquezas, tal como se nos dice en este texto del libro de los Reyes. “Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido aquello” y por eso le concedió una gran sabiduría para gobernar a su pueblo, dándole “un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni después de él”. Vamos a pedirle también nosotros al Señor que nos dé un corazón sabio e inteligente, para saber discernir en cada momento qué es lo que más nos conviene y actuar en consecuencia. Porque si, en nuestra vida, nos equivocamos en la elección de valores y de amores, nos equivocamos en lo más importante de la vida.


2.- Un letrado que entiende del Reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. Parece evidente que, en este texto del evangelio según san Mateo, Jesús compara el Reino de los Cielos con el tesoro escondido, y con la perla preciosa, y con los peces buenos. Jesús nunca definió con palabras concretas y directas qué es lo que entendía él por Reino de los Cielos; prefería hablar de él en parábolas. Pero está claro que el Reino de los Cielos era, esencialmente, él mismo y su evangelio. El discípulo de Cristo es, automáticamente, discípulo del Reino de los Cielos; el que tiene a Cristo tiene ya el Reino de los Cielos, por eso, Jesús pudo decir a sus discípulos que el Reino de los Cielos ya estaba entre ellos (Lc 17, 21). Es cierto que el Reino de los Cielos no se hará realidad definitiva y última mientras vivamos en este mundo, pero si vivimos en comunión con Cristo ya vivimos, de alguna manera, en el Reino de los Cielos. Busquemos el Reino de Dios con sinceridad y amor y todo lo demás se nos dará por añadidura.


3.- Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien. Todos conocemos a personas optimistas y vitales, que siempre encuentran alguna razón para la alegría y el entusiasmo. Yo creo firmemente que para muchas personas su fe en Dios y su amor a Dios son motivo suficiente para aceptar las contrariedades de la vida, sin perder el ánimo y la sonrisa. Como nos dice hoy san Pablo, en su carta a los Romanos, a estas personas que aman de verdad a Dios realmente todo les sirve para el bien. Por supuesto, que tienen momentos mejores y momentos peores, pero aun ante las mayores dificultades consiguen mantener firme su fuerza y su entusiasmo. También Cristo en el Huerto de los Olivos sufrió un momento de tristeza y desasosiego, pero su amor al Padre le dio inmediatamente fuerza para subir al monte calvario y ofrecer su vida amando y perdonando, hasta a sus enemigos. Amemos a Dios de tal manera que las dificultades de la vida nunca consigan romper nuestra fe y nuestra esperanza, para que así todo termine siempre sirviendo para nuestro bien.

Betania

Comentario al Evangelio por Julio César Rioja, cmf



Queridos hermanos:

Muchos suelen ser los esfuerzos que hacemos para encontrar lo que nos falta, lo que suponemos que nos dará felicidad: un buen trabajo, dinero, cultura, placer, vacaciones, coche, casa… Las parábolas de hoy, nos preguntan sobre si hacemos el mismo esfuerzo para encontrar el Reino, la visión verdadera de la vida, el tesoro de una relación con Dios.
El Reino no es una cosa, es algo valioso, un valor fundamental, más importante que los demás, por el que el hombre debe arriesgar todo por conseguirlo. Como insinúa la primera lectura de hoy, pertenece más bien al nivel de la sabiduría, al saber vivir con dignidad, con sentido, al saber por qué se vive y para qué se vive. El Reino es lo esencial, se encuentra, está escondido, cuando lo has descubierto es cuando te haces sabio y sabes distinguir entre lo que vale y no vale. Todo se relativiza cuando uno encuentra un tesoro, lo demás queda en segundo plano, (lo mismo pasa con el amor, o cuando tenemos a una persona querida enferma…), por eso: “va a vender todo lo que tiene y compra el campo”.
La búsqueda del Reino, supone una actitud de cambio en cada uno de nosotros, esta relación con Dios modifica nuestro estilo de vida. Si no lo modificara, no sería el Reino de Dios, sino solamente fruto de nuestra imaginación, una autojustificación de nuestras propias conductas. Este es el cambio de valores que trae consigo el seguimiento de Jesús, es peligroso, puede explotarte en las manos y cambiarte la cara, de modo que ya no te reconozcan ni los más cercanos, plantearte conflictos allí donde la gente de nuestro mundo no se preocupa. “Más que los actos de los malos, me horroriza la indiferencia de los buenos” (Gandhi), el Reino no te dejará indiferente, te hará no ser neutral, tomar partido, (por ejemplo ante la guerra en Palestina y otras causas), puede que te manches, pero con la alegría de “no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento” (primera lectura, Reyes 3,5).
¿Pero dónde hay que buscarlo, fuera de la vida ordinaria, en una forma de vida especial? El evangelio habla de discernimiento, de la red en que se mezclan peces comestibles con otros que no, de un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo viejo, según necesidad. La sinceridad nos debe llevar a encontrarlo allí donde está: en lo cotidiano. Dios se nos puede cruzar en cualquier camino, allí donde menos lo imaginamos, lo cual nos exige mirar hacia donde nunca miramos. El Reino puede pasar por ciertos acontecimientos de nuestra vida, por un amigo, por un trabajo, el prójimo, los pobres, los excluidos… Este cambio de corazón y de mirada nos deberían enseñar a encontrarlo en los acontecimientos de cada día, pequeños y grandes, aunque él se manifiesta allí donde menos lo esperamos. Sigamos arriesgando, no en vano dice el mismo Mateo: “Allí donde está tu tesoro, allí está tu corazón” (Mt. 6,21). 
Julio César Rojas cmf
Ciudad Redonda

PARÁBOLAS PARA TIEMPO DE CRISIS (FINAL) por José Luís Sicre



En los dos domingos anteriores, el discurso en parábolas ha respondido a tres preguntas que se hace la antigua comunidad cristiana y que nos seguimos planteando nosotros:

1) ¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús? (parábola del sembrador).
2) ¿Qué hacer con quienes no lo aceptan? (el trigo y la cizaña).
3) ¿Tiene futuro esta comunidad tan pequeña? (el grano de mostaza y la levadura)
Quedan todavía otras dos preguntas por plantear y responder.

¿Vale la pena?
La pregunta que puede seguir rondando en la cabeza de los seguidores de Jesús es si todo esto vale la pena. A la pregunta responden dos parábolas muy breves, aparentemente idénticas en el desarrollo y con gran parecido en las imágenes. Por eso se las conoce como las parábolas del tesoro y la perla. 
Lo que ocurre en ambos casos es lo siguiente:
a) El protagonista descubre algo de enorme valor.
b) Con tal de conseguirlo, vende todo lo que tiene.
c) Compra el objeto deseado.
Sin embargo hay curiosas diferencias entre las dos parábolas, empezando por los protagonistas.

El suertudo y el concienzudo
El protagonista de la primera es un hombre con suerte. Mientras camina por el campo, encuentra un tesoro. Su primera reacción no es llevarlo a la oficina de objetos perdidos (que entonces no existe) ni poner un anuncio en el periódico (que tampoco existen). Ante todo, lo esconde. Repuesto de la sorpresa, se llena de alegría y decide apropiarse del tesoro, pero legalmente. La única solución es comprar el campo. Es grande y caro. No importa. Vende todo lo que tiene y lo compra.
El protagonista de la segunda parábola es muy distinto. No pierde el tiempo paseando por el campo. Es un comerciante concienzudo que va en busca de perlas de gran valor. Por desgracia, la traducción litúrgica ignora este aspecto: en vez de "El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas", debería decir "a un comerciante en busca de perlas finas". No la encuentra por casualidad, va tras ella con ahínco. Como buen comerciante, calculador y frío, no salta de alegría cuando la encuentra, igual que el protagonista de la primera parábola. Pero hace lo mismo: vende todo lo que tiene para comprarla.


La perla y el comerciante
Otra diferencia curiosa es que la primera parábola compara el Reino de los Cielos con un tesoro, pero la segunda no lo compara con una perla preciosa, sino con un comerciante. Este detalle ofrece una pista para interpretar las dos parábolas.

Ni bonos basura ni timo de la estampita
No olvidemos que estas parábolas se dirigen a un comunidad que sufre una crisis profunda y se pregunta si ser cristiano tiene valor. En términos modernos: ¿me han vendido bonos basura o me han dado el timo de la estampita?
La respuesta pretende revivir la experiencia primitiva, cuando cada cual decidió seguir a Jesús. Unos entraron en contacto con la comunidad de forma puramente casual, y descubrieron en ella un tesoro por el que merecía la pena renunciar a todo. Otros descubrieron la comunidad no casualmente, sino tras años de inquietud religiosa y búsqueda intensa, como ocurrió a numerosos paganos en contacto previo con el judaísmo; también éstos debieron renunciar y vender para adquirir.
Las parábolas, aparte de infundir ilusión, animan también a un examen de conciencia. ¿Sigue siendo para mí la fe en Jesús y la comunidad cristiana un tesoro inapreciable o se ha convertido en un objeto inútil y polvoriento que conservo sólo por rutina?
Al mismo tiempo, nos enseñan algo muy importante: es el cristiano, con su actitud, quien revela a los demás el valor supremo del Reino. Si no se llena de alegría al descubrirlo, si no renuncia a todo por conseguirlo, no hará perceptible su valor. Estas parábolas parecen decir: «Cuando te pregunten si ser cristiano vale la pena, no sueltes un discurso; demuestra con tu actitud que vale la pena».


¿Qué ocurrirá a quienes aceptan el Reino, pero no viven de acuerdo con sus ideales?
A esta última pregunta responde la parábola de la red lanzada al mar. Difícil de interpretar, porque no queda claro si habla de toda la humanidad, donde hay buenos y malos, o de la comunidad cristiana, donde puede ocurrir lo mismo. Ya que el tema del juicio universal se ha tratado a propósito del trigo y la cizaña, parece más probable que se refiera al problema interno de la comunidad cristiana. Interpretada de este modo, empalmaría muy bien con las dos anteriores.
Hay gente dentro de la comunidad que no vive de acuerdo con los valores del evangelio, que no mantiene esa experiencia de haber descubierto un tesoro o una perla. ¿Qué ocurrirá con ellos? La respuesta es muy dura («a los malos los echarán al horno encendido») pero conviene completarla con la última parábola del evangelio de Mateo, la del Juicio final (Mt 25,31-46), donde queda claro cuáles son los peces buenos y cuáles los malos. Los buenos son quienes, sabiéndolo o no, dan de comer al hambriento, de beber al sediento, visten al desnudo, hospedan al que no tiene techo... Los que ayudan al necesitado, aunque ni siquiera intuyan que dentro de ellos está el mismo Jesús.


Conclusión
Mateo termina las siete parábolas con una nueva enseñanza, expuesta también mediante una imagen: «Un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo». Parece un nuevo enigma, esta vez sin explicación.
En sentido inmediato, el escriba que entiende del reinado de Dios es Jesús. Para exponer su mensaje se ha dedicado a sacar cosas nuevas y viejas. Diríamos que del baúl de sus recuerdos ha sacado cosas antiguas: alguna alusión al Antiguo Testamento, la técnica parabólica y el lenguaje imaginati¬vo de los profetas. Pero la mayor parte es de enorme novedad, fruto de la experiencia de Jesús y de su capacidad de observación.
La vida del campesino, del ama de casa, del pescador, del comerciante, de la gente que lo rodea, le sirve para exponer con interés su mensaje. Por eso, la comparación final es también una invitación a los discípulos y a los predicadores del evangelio a ser creativos, a renovar su lenguaje, a no repetir meramente lo aprendido.
Esta sabiduría es la que deberíamos pedir a Dios, igual que Salomón la pidió para gobernar a su pueblo (1ª lectura).

José Luís Sicre
Fe Adulta

PAPA FRANCISCO, hoy en Roma. Videos, audio. Texto completo alocución de Francisco

El Evangelio te hace conocer a Jesús verdadero y vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. La Primera Guerra fue una “inútil masacre”, Francisco en el Ángelus


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El descubrimiento del Reino de Dios puede venir de improviso, como en la parábola del campesino que encuentra un tesoro, o después de una larga búsqueda, como el mercader de perlas finas que encuentra la perla preciosa tanto tiempo soñada, explicó el Obispo de Roma en su reflexión previa a la oración mariana del Ángelus, en la Plaza de san Pedro repleta de peregrinos, en el caluroso mediodía romano.

“Tanto el tesoro como la perla valen más que todos los otros bienes” –dijo Francisco–, por eso el campesino y el mercader se dan cuenta inmediatamente del valor incomparable de lo que han encontrado y están dispuestos a perder todo con tal de tenerlos.

Así es el Reino de Dios –afirmó el Papa–, “quien encuentra personalmente a Jesús queda fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo con gran humildad y simplicidad. San Francisco de Asís que ya era un cristiano, pero de “agua de rosas”, cuando lee el Evangelio todos sus sueños de gloria terrena se desvanecen”. “El Evangelio te hace conocer a Jesús verdadero y vivo; te habla al corazón y te cambia la vida, eres otro, has renacido. Has encontrado lo que da sentido, sabor y luz a todo, también a las fatigas, los sufrimientos, también a la muerte”. Todo adquiere sentido cuando encuentras este tesoro que Jesús llama el Reino de Dios, esto es, Dios que reina en tu vida, en nuestra vida. Francisco aseveró: “Esto es lo que Dios quiere y es por esto que Jesús se entregó a sí mismo hasta la muerte en cruz, para liberarnos del poder de las tinieblas y transferirnos al reino de la vida”.

Y concluyó exhortando: la alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios se transparenta se ve, recemos por intercesión de la Virgen María, para que venga a nosotros y en el mundo entero su Reino de amor de justicia, de paz.

“Inútil masacre”

Después de la oración y bendición, haciendo referencia al centésimo aniversario de la Primera Guerra Mundial, Francisco Papa dijo que se trató de una “Inútil masacre”, que causó millones de víctimas con inmensas destrucciones, y pidió “que no se repitan los errores del pasado, sino que se tengan presentes las lecciones de la historia, haciendo siempre prevalecer las razones de la paz mediante un dialogo paciente y valiente”.

El Sucesor de Pedro manifestó que “en particular mi pensamiento va a tres áreas de crisis: aquella medio oriental, la de Irak y aquella de Ucrania. Les pido que continúen uniéndose a mi oración para que el Señor conceda a las poblaciones y a las Autoridades de aquellas zonas la sabiduría y la fuerza necesarias para llevar adelante con determinación el camino de la paz, afrontando toda diatriba con la tenacidad del diálogo y de la negociación y con la fuerza de la reconciliación. Que al centro de cada decisión nos se pongan los intereses particulares, sino el bien común y el respeto a toda persona.

(jesuita Guillermo Ortiz – RV).

Texto completo de la alocución del Papa antes de rezar el Ángelus:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Las breves semejanzas propuestas por la liturgia del día son la conclusión del capítulo del Evangelio de Mateo dedicado a las parábolas del Reino de Dios (13, 44-52). Entre éstas hay dos pequeñas obras de arte: las parábolas del tesoro escondido en el campo y la de la perla de gran valor. Ellas nos dicen que el descubrimiento del Reino de Dios puede producirse improvisamente como para el campesino que, arando, encuentra el tesoro inesperado; o después de una larga búsqueda, como para el mercante de perlas que, finalmente, encuentra la perla preciosísima soñada desde hacía tanto tiempo. Pero en ambos casos, permanece el dato primario que el tesoro y la perla valen más que todos los otros bienes y, por tanto, el campesino y el mercante, cuando los encuentran, renuncian a todo lo demás para poder comprarlos. No tienen necesidad de hacer razonamientos, o de pensar, o de reflexionar: se dan cuenta inmediatamente del valor incomparable de lo que han encontrado, y están dispuestos a perder todo con tal de tenerlo.

Así es para el Reino de Dios: quien lo encuentra no tiene dudas, siente que es lo que buscaba, lo que esperaba y que responde a sus aspiraciones más auténticas. Y es verdaderamente así: quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, permanece fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez.

Buscar a Jesús, encontrar a Jesús, éste es el gran tesoro. Cuántas personas, cuántos santos y santas, leyendo con corazón abierto el Evangelio, se han sentido tan conmovidos por Jesús, que se han convertido a Él. Pensemos en san Francisco de Asís: él ya era cristiano, pero un cristiano “al agua de rosas”. Cuando leyó el Evangelio, en un momento decisivo de su juventud, encontró a Jesús y descubrió el Reino de Dios, y entonces todos sus sueños de gloria terrena se desvanecieron. El Evangelio te hace conocer a Jesús verdadero, te hace conocer a Jesús vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Y entonces sí, dejas todo. Puedes cambiar efectivamente el tipo de vida, o seguir haciendo lo que hacías antes, pero tú eres otro, has renacido: has encontrado lo que da sentido, lo que sabor, que da luz a todo, también a las fatigas, también a los sufrimientos y también a la muerte. Leer el Evangelio, leer el Evangelio. Hemos hablado de esto. ¿Se acuerdan? Cada día leer un pasaje del Evangelio, y también llevar un pequeño Evangelio con nosotros, en el bolsillo, en la cartera. En cualquier caso tenerlo a mano. Y allí, leyendo un pasaje encontraremos a Jesús. 

Todo adquiere sentido cuando allí, en el Evangelio, encuentras este tesoro, que Jesús llama “el Reino de Dios”, es decir Dios, que reina en tu vida, en nuestra vida; Dios que es amor, paz y alegría en cada hombre y en todos los hombres. Esto es lo que Dios quiere, es aquello por lo cual Jesús se ha dado a sí mismo hasta morir en una cruz, para liberarnos del poder de las tinieblas y trasladarnos al reino de la vida, de la belleza, de la bondad, de la alegría. Leer el Evangelio es encontrar a Jesús, es tener esta alegría cristiana, que es un don del Espíritu Santo. 

Queridos hermanos y hermanas, la alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios se transparenta, se ve. El cristiano no puede tener escondida su fe, porque transluce en cada palabra, en cada gesto, incluso en los más simples y cotidianos: transluce el amor que Dios nos ha dado mediante Jesús. Oremos, por intercesión de la Virgen María, para que venga a nosotros y al mundo entero su Reino de amor, de justicia y de paz.

(Traducción de María Fernanda Bernasconi – RV).



Jornada de luto ¡deténganse por favor! Nuevo apremiante llamamiento del Papa por la paz

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Aprendamos la trágica lección de la Primera Guerra Mundial, pidió el Papa Francisco renovando un apremiante llamamiento por la paz en Oriente Medio, Iraq y Ucrania. Recordando en particular el sufrimiento de los niños víctimas inocentes e indefensas de la violencia de los conflictos, el Obispo de Roma rogó con todo su corazón que se detengan esas tragedias. 

El Papa Francisco renovó su exhortación a seguir rezando con él y expresó el anhelo de que el Señor conceda a las poblaciones y a las autoridades de esas áreas la sabiduría y la fuerza necesarias para llevar adelante con determinación el camino de la paz, afrontando toda contienda con la tenacidad del diálogo y de la negociación y con la fuerza de la reconciliación. Éste fue su llamamiento, este domingo, en la cita para el rezo a la Madre de Dios, con la participación de miles de fieles romanos y peregrinos de tantas partes del mundo:

Queridos hermanos y hermanas: 

Mañana se cumple el centésimo aniversario del estallido de la Primera Guerra Mundial, que causó millones de víctimas e inmensas destrucciones. Este conflicto, que el Papa Benedicto XV calificó como ‘inútil masacre’, desembocó, después de cuatro largos años, en una paz que resultó más frágil. Mañana será una jornada de luto en recuerdo de este drama. Al tiempo que recordamos este trágico suceso, expreso el anhelo de que no se repitan los errores del pasado, sino que se recuerden las lecciones de la historia, haciendo que prevalezcan siempre las razones de la paz, mediante un diálogo paciente y valiente. 


En particular, hoy mi pensamiento se dirige hacia tres áreas de crisis: la de Oriente Medio, la iraquí y la ucraniana. Les pido que sigan uniéndose a mi oración para que el Señor conceda a las poblaciones y a las autoridades de esas áreas la sabiduría y la fuerza necesarias para llevar adelante con determinación el camino de la paz, afrontando toda contienda con la tenacidad del diálogo y de la negociación y con la fuerza de la reconciliación. Que no se pongan en el centro de cada decisión los intereses particulares, sino el bien común y el respeto de cada persona. 

¡Recordemos que todo se pierde con la guerra y nada se pierde con la paz!

Hermanos y hermanas ¡nunca la guerra! ¡nunca la guerra!. Pienso sobre todo en los niños a los que se les arrebata la esperanza de una vida digna, de un futuro: niños muertos, niños heridos, niños mutilados, niños huérfanos, niños que tienen como juguetes residuos bélicos, niños que no saben sonreír ¡Deténgase por favor! ¡Se lo pido con todo el corazón! ¡Es hora de detenerse! ¡Deténgase por favor!
(CdM - RV)

Papa Francisco a la hora del Ángelus: todo se pierde con la...



El cristiano no puede tener escondida su fe porque se transparenta en cada palabra y en cada gesto, puesto que el cristiano verdadero cambia en profundidad su vida. Lo dijo el Papa Francisco antes de rezar el Ángelus del último domingo de julio al comentar las parábolas del Evangelio del día, la del tesoro escondido en el campo y la de la perla preciosa. Después pidió por el fin de los conflictos en curso en el mundo; en Oriente Medio, Irak y Ucrania y recordó que hace cien años comenzaba la Primera Guerra Mundial.

Queridos hermanos y hermanas: Mañana se cumple el centésimo aniversario del estallido de la Primera Guerra Mundial, que causó millones de víctimas e inmensas destrucciones. Este conflic ...



El Papa en el ángelus: "Parad la guerra, os lo pido con todo el corazón. Paradla, por favor"


"Que no se repitan los errores del pasado, aprender de las lecciones de la Historia"


"Niños muertos, heridos, mutilados, huérfanos, niños que no saben sonreír"


(José M Vidal).- Ángelus del Papa Franciscotras su visita de ayer a Caserta, el corazón de la mafia napolitana. Pero su mente y su corazón están en las guerras del Oriente Medio, sobre todo en Gaza. Y, por eso, clama, con voz quebrada y potente a los israelís:"Parad la guerra, os lo pido con todo el corazón. Paradla, por favor". Y dice que piensa, sobre todo, en los niños "muertos, heridos, mutilados, huérfanos..."

Algunas frases del Papa
"Las parábolas del Reino de Dios"
"El descubrimiento del Reino puede suceder de improviso o tras uan larga búsqueda"
"Valor incomparable de lo que encontraron"
"El que encuentra el Reino siente que es lo que buscaba y esperaba"
"El gran tesoro es buscar a Jesús, encontrar a Jesús"
"Como hizo San Francisco de Asís"
"El Evangelio habla al corazón y cambia la vida"
"Cristo da luz incluso a los sufrimientos y a la muerte"
"Leed el Evangelio. Leer todos los días un pasaje del Evangelio. Llevad un pequeño evangelio en el bolsillo o en el bolso, al alcance de la mano"
"Dios es amor, paz y alegría"
"Leer el Evangelio es enocntrar a Jesús y la alegría cristiana, que es un don del Espíritu Santo"
"El cristiano no puede esconder su fe, porque se transparente en su vida cotidiana"
Palabras del Papa tras el ángelus
Recuerda el aniversario de la Primera Guerra Mundial.
"Mañana será una jornada de luto, en recuerdo de este drama"
"Que no se repitan los errores del pasado, que se tengan presentesn las lecciones de la Historia. Que prevalazca la razón de la paz, mediante el diálogo"
"Mi pensamiento a tres áres de crisis: mediooriental, iraquí y ucraniana. Os pido que os sigáis uniendo ami oración, para que el Señor conceda a las poblaciones y a las autoridades la sabiduría para llevar adelante con determinación el camino de la paz, afrontando la situación con el diálogo y con la fuerza de la reconciliación"
"No se pongan en el centro los intereses particulares"
"Todo se pierde con la guerra y nada se pierde con la paz"
"Nunca más la guerra. Nunca la guerra. Pienso sobre todo en los niños, a los que se les quita el futuro y una vida digna. Niños muertos, heridos, mutilados, huérfanos, que juegan con resíduos bélicos, niños que no saben sonreír. Detenéos, os lo pido con todo el corazón. Detenéos, por favor"
Saluda a los peregrinos. Entre otros, a los de Cartagena y a los jóvenes de Madrid y de Jérez.

Angelus Domini - 2014.07.27