Sunday, February 02, 2014

Un papa tan frágil como tú y como yo por Pedro Miguel lamet S.J.


La sacralización de los hombres de Iglesia ha sido siempre más perjudicial que beneficiosa. Recuerdo que de niño jugando al fútbol en el patio del colegio a uno de los hermanos de La Salle que participaba en el juego se le levantó la sotana y se le vieron los pantalones. Un  chaval gritó: “¡Ay va, mira, si lleva un hombre debajo!”

Aquella frase me hizo reflexionar porque entonces casi creíamos que por debajo los curas eran sólidos como las figuras del belén. Con la proliferación de noticias sobre debilidades de hombres y mujeres de Iglesia no creo que esa sacralización tenga hoy mucho éxito. Aunque hay colectivos que parecen querer resucitarla con una absurda vuelta al cura segregado, protegido por su rol, el oro de los ornamentos y su sotana, más cercano al gurú de la tribu que a un hermano, un miembro de la comunidad que los congrega ante el Señor.

Ciertamente no es esta la actitud del papa Francisco. Desde el primer momento se ha esforzado en hablar el lenguaje de la calle, evitar exceso de capisayos y protecciones de todo tipo y aparecer como un hombre normal que ríe, se cansa, se emociona.

 Por ejemplo el papa Francisco acaba de afirmar tener “sufrimientos” como un “hombre cualquiera”, con una vida con “tantas cosas buenas como malas”.

Lo dijo  durante un encuentro privado mantenido este fin de semana en Roma con cien refugiados en la parroquia salesiana del Sagrado Corazón de Jesús en Roma, afirmación  que ha transcendido a los medios de comunicación italianos.

“Cada uno de nosotros tiene su propia historia. Cuando yo pienso en la mía, veo muchas cosas buenas y muchas cosas malas”, comentó el domingo, Día Internacional del Migrante. El papa Bergoglio confesó a cinco personas en la iglesia, entre ellas a un refugiado y a un mendigo de entre los más de cien con los que mantuvo un encuentro privado en una sala de oración contigua a la basílica. Francisco instó a estas personas a “compartir las cosas buenas” cuando se encuentren “en familia” y a contar además cómo han “salido de las cosas malas”. “Compartid también la fe que habéis recibido de vuestros padres, que siempre os ayudará a seguir adelante. Los que son cristianos, con la Biblia, y los que son musulmanes, con el Corán”, dijo. Francisco finalizó la visita a los refugiados agradeciéndoles la acogida, tras afirmar que entre ellos se sintió “como en casa”. “Puedo hacer visitas educadas y de protocolo, pero no hay este calor”, dijo a los refugiados.

¡Qué maravilla oír de los labios de un papa que sufre, que en su vida, como en la de cualquier hombre de la calle, hay de todo, bueno, malo y regular!
Supongo que los que quieren engañarse a sí mismo parapetándose en la mitificación pensará que eso devalúa la figura del papa, como si lo externo fuera más importante que la actitud interior. Hay incluso a los que aparecer como un ser humano les resulta “cutre”, que resta magnificencia y dignidad al pontífice de Roma- Como si la parafernalia estuviera más cerca del evangelio que la humildad. En el fondo seguirían prefiriendo al papa-rey al que se parece al Jesús de Nazaret que pisa el polvo del camino y se identifica con los pobres y pequeños de las bienaventuranzas.

Pedro Miguel Lamet S.J.
El alegre cansancio
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Fe sencilla por José antonio Pagola


El relato del nacimiento de Jesús es desconcertante. Según Lucas, Jesús nace en un pueblo en el que no hay sitio para acogerlo. Los pastores lo han tenido que buscar por todo Belén hasta que lo han encontrado en un lugar apartado, recostado en un pesebre, sin más testigos que sus padres. Al parecer, Lucas siente necesidad de construir un segundo relato en el que el niño sea rescatado del anonimato para ser presentado públicamente. ¿Qué lugar más apropiado que el Templo de Jerusalén para que Jesús sea acogido solemnemente como el Mesías enviado por Dios a su pueblo?
Pero, de nuevo, el relato de Lucas va a ser desconcertante. Cuando los padres se acercan al Templo con el niño, no salen a su encuentro los sumos sacerdotes ni los demás dirigentes religiosos. Dentro de unos años, ellos serán quienes lo entregarán para ser crucificado.Jesús no encuentra acogida en esa religión segura de sí misma y olvidada del sufrimiento de los pobres.
Tampoco vienen a recibirlo los maestros de la Ley que predican sus “tradiciones humanas” en los atrios de aquel Templo. Años más tarde, rechazarán a Jesús por curar enfermos rompiendo la ley del sábado. Jesús no encuentra acogida en doctrinas y tradiciones religiosas que no ayudan a vivir una vida más digna y más sana.
Quienes acogen a Jesús y lo reconocen como Enviado de Dios son dos ancianos de fe sencilla y corazón abierto que han vivido su larga vida esperando la salvación de Dios. Sus nombres parecen sugerir que son personajes simbólicos. El anciano se llama Simeón (“El Señor ha escuchado”), la anciana se llama Ana (“Regalo”). Ellos representan a tanta gente de fe sencilla que, en todos los pueblos de todas los tiempos, viven con su confianza puesta en Dios.
Los dos pertenecen a los ambientes más sanos de Israel. Son conocidos como el “Grupo de los Pobres de Yahvé”. Son gentes que no tienen nada, solo su fe en Dios. No piensan en su fortuna ni en su bienestar. Solo esperan de Dios la “consolación” que necesita su pueblo, la “liberación” que llevan buscando generación tras generación, la “luz” que ilumine las tinieblas en que viven los pueblos de la tierra. Ahora sienten que sus esperanzas se cumplen en Jesús.
Esta fe sencilla que espera de Dios la salvación definitiva es la fe de la mayoría. Una fe poco cultivada, que se concreta casi siempre en oraciones torpes y distraídas, que se formula en expresiones poco ortodoxas, que se despierta sobre todo en momentos difíciles de apuro. Una fe que Dios no tiene ningún problema en entender y acoger.
José Antonio Pagola
2 de febrero de 2014
Presentación del Señor (A)
Lucas 2, 22-40
Buenas Noticias
RD

Encuentros con la Palabra por Hermann Rodríguez S.J. “(...) él tomó la palabra y comenzó a enseñarles”



Leí alguna vez esta historia que me parece que puede ayudarnos a entender las Bienaventuranzas que nos presenta hoy san Mateo en su Evangelio. “El dueño de una tienda estaba clavando un letrero sobre la puerta que decía 'Cachorros para la venta'. Letreros como ese atraen a los niños, y tan es así que un niñito apareció bajo el letrero. –¿Cuánto cuestan los cachorros? – preguntó. – Entre quince y veinte mil pesos – replicó el dueño. El niño buscó en sus bolsillos y sacó unas monedas. Tengo ocho mil pesos – dijo – ¿Puedo verlos, por favor? El dueño sonrió y dio un silbido, y de la perrera salió Laika, corriendo por el pasillo de la tienda seguida de cinco diminutas bolas plateadas de pelaje. Uno de los cachorros se retrasaba considerablemente detrás de los demás.
– ¿Qué pasa con ese perrito? – dijo el niño señalando al cachorro que cojeaba rezagado. El dueño de la tienda le explicó que el veterinario lo había examinado, y había descubierto que no tenía la cavidad del hueso de la cadera. Siempre sería cojo. El niño se emocionó. Ese es el cachorro que quiero comprar. No tienes que comprar ese perrito – le dijo el dueño de la tienda –. Si realmente lo quieres te lo daré. El niño se molestó un poco. Miró directamente a los ojos del dueño de la tienda, y señalándolo con el dedo dijo: – No quiero que me lo regale. Ese perrito vale tanto como los demás, y pagaré todo su valor. En efecto, le daré ocho mil pesos ahora, y mil pesos mensuales hasta que lo haya pagado completamente. No creo que quieras comprar ese perrito – replicó el dueño –. Nunca va a poder correr ni jugar ni saltar contigo como los demás cachorros. En ese momento, el pequeño se agachó y arremangó su pantalón para mostrar una pierna malamente lisiada, retorcida y sujeta por una gran abrazadera de metal. ¡Bien – replicó suavemente el niño mirando al dueño de la tienda – yo tampoco corro muy bien, y el cachorrito necesitará a alguien que lo entienda!
Sólo una persona que tenga espíritu de pobre, podrá entender a los que tienen espíritu de pobres. Sólo alguien que haya sufrido, entenderá a los que sufren. Sólo entenderá a los humildes, quien sea verdaderamente humilde. Sólo quien ha tenido hambre y sed de justicia, entenderá a quienes tienen hambre y sed de justicia. Sólo una persona compasiva, podrá entender a quienes son compasivos. Sólo aquel que tienen un corazón limpio, podrá entender a los que tienen un corazón limpio. Sólo el que ha trabajado por la paz, entenderán a quienes trabajan por la paz. Sólo aquel que ha sufrido persecuciones por causa de la justicia, entenderá a quienes son perseguidos por causa de la justicia. Sólo quien han recibido insultos y maltratos, y haya sido atacado con toda clase de mentiras, podrá entender a quienes son insultados, maltratados y atacados con toda clase de mentiras...
Tal vez por eso es por lo que estas expresiones muchas veces nos rechinan interiormente cuando las escuchamos. Porque nuestro corazón ha estado alejado de los valores que nos presenta aquí el Señor. Valores que sólo podremos entender cuando los hayamos hecho nuestros. No es fácil predicar esto hoy en una sociedad hedonista que huye del dolor y se le esconde al sacrificio. Pero tampoco podemos dejar de pensar que Jesús vivió esto mismo y por eso pudo entender estas realidades como fuentes de salvación.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Encuentros con la Palabra
RD

Homilía Domcal por Lorenzo Amigo, marianista: Luz para alumbrar a las naciones



La Presentación del Señor
Poco a poco el pueblo judío va reconociendo a Jesús como a uno de los suyos. No lo consideran desde luego el Mesías ni uno de los profetas, pero van abandonando su hostilidad contra él, en la medida en que también los cristianos vamos tratando de superar nuestro antisemitismo. Jesús fue sin duda causa de división entre sus conciudadanos (Lc 2,22-40). Vivió sin duda como un judío más, aunque no respetara las minucias de algunos grupos judíos. Tampoco todos los judíos de su tiempo, sobre todo los que vivían en Galilea, las respetaban.
Toda vida es un don de Dios. La de Jesús lo es de manera especial y María es consciente de ello. Cuando lo presenta en el templo, reconoce que ese niño le ha sido dado por Dios y hay que ofrecerlo a Dios. En esa ofrenda, María presenta a toda la humanidad, con la que Jesús se ha hecho solidario. Liberados del miedo de la muerte, podemos responder libremente al amor de Dios en Cristo Jesús (Heb 2,14-18).
La importancia de ese momento, que cambiaba la forma del culto a Dios, al que no se le ofrecerán ya más palomas sino el único sacrificio de Cristo, fue percibida claramente por Simeón  Durante su larga vida había esperado la realización de las promesas de salvación y ahora las ve cumplidas. En Jesús Dios ha dado su “sí” amoroso incondicional a la humanidad y Simeón se siente en los brazos de Dios precisamente cuando toma al niño en sus brazos. Simeón intuye con claridad el destino de ese niño que es el Salvador de todos los pueblos. Su vida y su muerte van a ser signos de contradicción. Ante Él nadie puede quedarse indiferente sino que tiene que tomar una decisión. En ella nos va la vida o la ruina.
La misión de Jesús desborda los límites de su pueblo y se abre a todas las naciones. Jesús es un hombre universal, patrimonio de toda la humanidad, uno de los mejores frutos de su pueblo, Israel, al que la humanidad debe tanto. Jesús es la luz de los pueblos, de todas y cada una de las personas que se encuentran con él, como Simeón y Ana. “Quien cree en él no camina en las tinieblas sino que tiene la luz de la vida”. Nosotros somos portadores de esa luz. No somos un sol capaces de disipar toda la oscuridad existente, pero al menos somos una pequeña lámpara que puede mostrar el camino a seguir.
En Jesús se realiza la profecía del mensajero de Dios que viene a preparar su venida (Mal 3,1-4). Jesús es el enviado de Dios, el profeta definitivo, el mensajero de la alianza con Dios. En Cristo Dios se ha dado totalmente al hombre y éste ha dado la respuesta de amor que Dios esperaba de él.
La misión del mensajero es presentada como una purificación de los ministros del culto en el que el hombre se une a Dios. Jesús será el sumo y eterno sacerdote que presentará al Padre la ofrenda de su vida, que Dios aceptará complacido, perdonando a los hombres. Hagamos nuestra la petición de Adela de Trenquelléon, fundadora de las Hijas de María Inmaculada y con el Beato Chaminade de toda la Familia Marianista: “Presenta, oh Madre, a tus hijos, junto con tu primogénito”.

Comentario al Evangelio por José María Vegas, cmf. Presentación del Señor


Presentación del Señor

La solemnidad de la Presentación del Señor en el Templo (y la Purificación de María) completa y cierra el ciclo de la Navidad. Aunque ya estamos en pleno tiempo ordinario, esta fiesta es como un eco de las fiestas navideñas, una breve mirada atrás, que echa una última mirada a Jesús niño, pero ilumina también, y mucho, el sentido de lo que ya está haciendo y diciendo el maestro de Nazaret.
Las lecturas de hoy están dotadas de una peculiar dinámica progresiva. La profecía de Malaquías anuncia la entrada en el templo de un Mesías que infunde temor, que limpia y purifica, como lo hacen el fuego y la lejía. Ante una presencia así, ¿quién puede resistir o permanecer en pie? La carta a los Hebreos y el Evangelio de Lucas dan fe del cumplimiento de las antiguas promesas, pero Dios, que no se deja atrapar por nuestros esquemas, cumple sus promesas sorprendiéndonos. La entrada en el templo del Mesías prometido no se hace con un séquito de poder que infunden temor, sino en la pequeñez de nuestra carne y sangre, y en actitud compasiva, que llama a la confianza. Es decir, esta fiesta nos ayuda a profundizar en el sentido de la venida del Verbo de Dios.
El nacimiento de Jesús, su hacerse carne, su encarnación, implica adoptar toda la concreción de una época, una cultura, una religión. María y José introducen a Jesús en su mundo cultural sometiéndose a los dictados de la ley de Moisés. Esta mandaba consagrar a los primogénitos varones a Dios; literalmente, esto significaba en el mundo antiguo, sacrificarlos; pero Israel se opuso siempre a esas prácticas antiguas y mandaba rescatar siempre a los primogénitos de hombre por medio del sacrificio de un animal (cf. Ex 13, 13). Esto, que ya queda patente en el sacrificio de Isaac por Abraham, adquiere un significado nuevo tras la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, cuando Dios salvó a todos los primogénitos de Israel de la muerte que sufrieron todos los primogénitos de los egipcios. Pero este trasfondo religioso y cultural adquiere ahora un nuevo sentido, exclusivo de Cristo, pues Jesús no es sólo el primogénito de María y de José, sino el Hijo Unigénito del eterno Padre. Por ello, María y José, que así veían al niño, se lo devuelven a Dios en esta consagración, reconociendo y confesando de este modo quién es realmente Jesús.
La ley mandaba también que las mujeres que habían dado a luz se sometieran a un rito de purificación (como si hubieran quedado impuras por el parto). En el caso de María, más que de una purificación se trata también una consagración, una confirmación de su total entrega a la voluntad del Padre, unida a la consagración de Jesús. 
Los testigos de este acontecimiento, Simeón y Ana, iluminan el sentido del mismo. 
Simeón es una imagen perfecta del Antiguo Testamento, que viene a rematar ese último aliento suyo que Lucas ha presentado ya en Zacarías. Es un justo, y su justicia consiste ante todo en su actitud abierta, en su capacidad de acogida, en su esperanza. Se trata de una esperanza viva, no de una inercia, de un horizonte cultural o de una cosmovisión. Simeón creía que Dios iba a cumplir sus promesas y, lo que es más importante, no condicionaba ese cumplimiento a sus esquemas preconcebidos, sino que estaba abierto a las sorpresas de Dios. Eso es lo que significa que el Espíritu Santo moraba en él: así como era capaz de escuchar los oráculos del Espíritu, tenía ojos para ver cumplidas las grandes promesas de los profetas en el recién nacido que María y José presentan en el templo. Al verlas realizadas, cede ante los nuevos tiempos: “puedes dejar a tu siervo irse en paz”.
Simeón bendice a Dios, y también al niño y a sus padres, pero profetiza su difícil futuro. Jesús es una bendición para su pueblo, pero por ser el cumplimiento de las antiguas promesas, el pueblo deberá tomar ante él una decisión, que no será una decisión fácil, pues no todos van a estar dispuestos, como él, a “marchar en paz”, a abrirse a los nuevos tiempos, a acoger el sorprendente mesianismo de Jesús. La vida, que es una bendición, también está hecha de decisiones difíciles, de conflictos y de riesgos. Simeón profetiza el futuro difícil de Jesús, su futura pasión, y la participación de María en ese destino dramático. Anticipa así que María no es sólo madre, sino también discípula de este niño enviado por Dios.
En cuanto a Ana, es también expresión de lo mejor del AT: una persona que habiendo padecido la desgracia de la viudez en su juventud, no ha hecho de su pena una ocasión de quejas amargas, sino de servicio al Señor. En verdad, la esperanza y el servicio son las actitudes necesarias para poder acoger al Dios que viene en una apariencia tan humilde, tan poco visible.

En realidad, según la misma profecía de Simeón, su presencia se hará bien visible, y se cumplirá también la profecía de la lejía de lavandero que inspira temor, pero no porque Jesús ejerza un mesianismo de fuerza y destrucción, sino porque asume sobre sí las consecuencias del pecado. En la cruz de Cristo, que se preanuncia hoy, y en la que Jesús se entrega y consagra por completo al Padre y entra en el verdadero Templo de Dios, se hacen aúnan el fuego purificador y la compasión que Dios derrama sobre la humanidad. 
La sabiduría que nos da ojos, como a Simeón, para descubrir en el niño, hijo de María, al Mesías prometido, debe darnos también los ojos de fe para descubrir en el Crucificado al Hijo de Dios, y el coraje para confesarlo, como Ana, con palabras, hablando a todos, y con obras, en la actitud de servicio.
José María Vegas
Ciudad Redonda

HOY… LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR por JAVIER LEOZ


Distanciados 40 días, desde el Nacimiento de Cristo, la fiesta de la Presentación del Señor vuelve a colocar en el centro de nuestras miradas a la Sagrada Familia: José, María y el Niño. ¿Para qué y por qué?

Guiados por la tradición llevan al Niño Jesús al templo de Jerusalén para ofrecerlo al Señor. Ojala que, como Ana y Simeón, también nosotros seamos capaces de reconocer, hoy y ahora, que el Señor es el Mesías, el esperado. Hagamos, de nuevo, profesión solemne y sencilla a la vez: Jesús es el Señor.


1.- Hoy se abren las puertas de nuestro templo, como se abrirán de nuevo en la noche más grande la Pascua, para que entre el Rey de la Gloria.

--Hoy, en gestos y hasta en efectos visuales, esto es un anticipo de esa Pascua.

 --Hoy, con cuarenta días, recibimos a un bebé de padres pobres nacido a la sombra de un mísero portal. En sábado santo, en vigilia festiva, pasaremos de la oscuridad a la luz con el Hombre Resucitado que, a los 33 años, posibilita que la humanidad entera se mude de la tiniebla a la salvación.

--Hoy, cuando los pastores han regresado a sus rebaños, dejan el lugar vacío para que –seamos nosotros- los que reconozcamos al Rey de Reyes, para que ofrezcamos y seamos capaces de intuir que, debajo de un pañal, se encuentra el Misterio, el Dios hecho Hombre. ¿Seremos capaces?

--Hoy, cuando los Magos están ya hablando en sus reinos de lo acontecido en Belén, dejan la huella de sus rodillas en la tierra para que, sean las nuestras, las que adoren a la realeza que es humana, al Dios que se entrega y se ofrece en las manos de María al igual que lo ofreció en la Noche Santa de la Navidad.

-Hoy, las manos de María, presentan gozosas a un Jesús infante. Mañana, en Viernes Santo, esas mismas manos se volverán hacia el pecho de esa Virgen envuelta en amargura.

-Hoy, las manos de María, ofrecen a Cristo y mañana, esas mismas manos de Madre, recibirán a Cristo a la sombra de la cruz.


2.- En este día de la Presentación, este templo en el que hemos sido todos convocados, se convierte en el escenario de la presentación del Mesías. Todo lo anunciado desde tiempos antiguos es intuido por aquellos que vivieron este evento mesiánico y por nosotros, que siglos después, seguimos amando, creyendo y esperando la vuelta definitiva de Cristo. ¿Lo esperamos? ¿Reconocemos en Él el futuro eterno de nuestras vidas? ¿Es para nosotros el Hijo de Dios o, tal vez, una imagen débil e infantil que quedó como puro sentimiento?


3.- Hoy, con María y José, también hemos acompañado a Jesús hasta este lugar sagrado. Ojala que, al igual que Jesús, también esta fiesta de su Presentación sirva para sacarnos del anonimato cristiano. A ser más comprometidos con la causa de Jesús. A no dejar que, las circunstancias que nos rodean, confundan la luz con la oscuridad, el pecado con la gracia, la vida con la muerte, el todo vale con unos mínimos de planteamiento ético y moral. Jesús, José y María fueron confundidos entra la multitud pero, entre esa muchedumbre, Jesús fue señalado como el que venía con nuevos aires, con bríos de salvación y para curar heridas. ¿Somos sal o insipidez? ¿Somos luz o catolicismo menguante? ¿Somos estrella de la fe o lámparas de mil horas y de mucho consumo?

La fe, como en la de María, también nos descubrirá momentos de incertidumbre. Horas e instantes en las que, el sufrimiento y la prueba, cribarán la verdad o la falsedad, la fortaleza o la debilidad del tronco de nuestras creencias.

Que el Señor, hoy presentado en el templo, nos ayude a ser luz ante el mundo pero sin olvidar que, esa luz, es Cristo. En Él, con Él y para Él también nosotros fuimos un día presentados en el templo de brazos de nuestros padres.


4.- QUE NO ME CANSE, SEÑOR, DE ESPERAR
Tu llegada y, con mi  esperanza renovada,
sepa aguardar e intuir tu  presencia salvadora.
Que nada ni nadie, Señor,
apaguen la lucidez de mi  pensamiento para Ti.
Que nada ni nadie, Señor,
adormezcan mis ilusiones por  descubrirte
mis sueños de permanecer  junto a Ti
mis ideales de vivir contigo  y en Tí.

Que no me queme, Señor,
por el fuego de la  desesperanza
por aquello que apaga el  fuego de mi amor
por aquello que me impide  presentarme
como Tú lo hiciste en el  templo:
tocado con la Gracia y el  dedo del Padre.
¡Nada, Señor, me lo impida!
Y, porque soy más pobre de  lo que aparento,
te ofrezco dos tórtolas de  mi pobreza
Porque, aun siendo rico como  a veces quisiera,
la vida me enseña que ante  Ti
la penuria es puerta grande  para conocerte.

Que no piense tanto, oh  Señor,
en cambiar el mundo cuanto  en que Tú
me cambies a mí, primero,  por fuera y por dentro
Que no crea, oh Señor,
que la luz divina la  necesita el mundo
y sí, antes que después, mi  corazón incierto y roto.

QUE  NO ME CANSE, SEÑOR, DE ESPERAR
Tu llegada y tu luz, tu  mensaje y tu poder
tu presencia y tu salvación
hasta aquel día en el que  cerrando los ojos
pueda proclamar a los cuatro  vientos:
¡SIEMPRE  HAS SIDO MI LUZ, SEÑOR!

Betania


Comentario al Evangelio por José María Maruri S.J. JESÚS, LA LUZ QUE PONE CADA COSA EN SU SITIO


JESÚS, LA LUZ QUE PONE CADA COSA EN SU SITIO

Por José María Maruri, SJ


1.- ¿Os imagináis lo que sería la primera noche de Adán? El Señor le ha presentado animales multicolores para que les ponga nombre, ha gozado de las flores y plantas plenas de colorido, de arroyos y ríos limpios y claros… y al atardecer empieza a faltarle la luz de los ojos y todo aquel mundo de maravilla se difumina y apaga en la oscuridad… ¿Sería todo un sueño?

Y tras unas horas de desconcierto y desesperanza las cosas empiezan a salir de nuevo de la tiniebla, empiezan a existir una vez más y Adán daría gracias al Sol que le devolvía su maravilloso Paraíso. Allí aprendió el hombre el contraste de la luz y las tinieblas


2.- Hoy es la fiesta de la Candelaria, la fiesta de la luz, de la Virgen que trae en sus brazos el Sol del mundo. El Señor que es luz para todo hombre que viene a este mundo, luz por la que fueron hechas todas las cosas y sin ella nada existe de lo que ha sido creado

Hoy llega al templo en brazos de María. No como Malaquías había profetizado con gloria y majestad, aterrorizando a los hombres, limpiando a los hombres, limpiando el mundo con fuego y lejía de batanero. Llega en la humildad del hijo de unos aldeanos, porque no viene como Rey de los Ejércitos, sino como uno de nosotros, hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne.

Él era la luz que pone cada cosa en su sitio, en su verdadera realidad y por eso las tinieblas no la recibieron. Muy al contrario, en su rechazo de la luz de la tiniebla se hace más negra y tenebrosa y en ese contraste la luz se ve cada más luz y la tiniebla cada vez más tiniebla. Por eso nos dice el anciano Simeón que ante esa luz nadie puede quedar indiferente. Será bandera discutida: o con la luz o contra la luz. Los corazones de todos los hombres y de todas las mujeres tienen que definirse ante Él: no hay lugar para los pasotas… el pasota ya está en contra.


3.- En este evangelio aparecen dos personajes entrañables: el viejo Simeón y la anciana Ana. Y nos hacen pensar en la larga sucesión de antepasados nuestros a través a través de los que la luz de Dios ha llegado hasta nosotros. Nuestros padres, los abuelos, los padres de los abuelos. O, tal vez, no por línea directa, sino por otras ramas de la familia por donde ha pasado la luz a nuestras manos la antorcha de la fe. La misma luz que la Virgen llevó a sus brazos al templo.

Esas personas que con el paso del tiempo quedar marginadas en la familia y la sociedad: ancianos como Simeón, ancianas como Ana, sin peso en la vida, llenos de achaques, tantas veces santurrones o beatos, pero que han sabido ver la luz de Dios en brazos de María. Sin ellos jamás seríamos nosotros cristianos. Con toda la paciencia que sus achaques y manías exijan de nosotros, jamás les pagaremos nuestra deuda con ellos, de ser luz, de no ser tinieblas.


4.- En este continuado contraste entre luz y tinieblas ese mismo Jesús que se presenta hoy como luz de las gentes, dirá después , en su vida pública, una enigmática frase: “Mientras estoy en el mundo Yo soy la luz del mundo”. ¿Entonces, cuando Él nos falte caerá todo en aquella tiniebla de la primer anoche de Adán?

Él dejará de ser la luz visible del mundo porque nos dejará a nosotros. “Vosotros sois la luz del mundo”. Si todo el mundo cae en poder de las tinieblas, la responsabilidad será toda de nuestra…que debíamos lucir en la tiniebla y no lo hicimos.

Nosotros debemos de ser los ojos de Jesús que sonríen a los niños, muestran amor al joven, perdonan a la adultera, lloran con Marta y María, allí en Betania… Nosotros tenemos que pasar la antorcha de la Fe de mano, de generación en generación, nosotros tenemos que ser la luz del hogar que se pone en lo alto y no debajo del celemín.

La Virgen Santísima nos alcance la gracia de saber ser luz del mundo aun en la seguridad de que la tiniebla que se endureció contra Jesús se revolverá con fiereza contra nosotros. Seremos bandera discutida.

Betania

ORACIÓN DE ANA: AQUÍ ESTOY, SEÑOR por Florentino Ulibarri



Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo,
estremecida, aturdida, vigilante,
expectante... enamorada,
percibiendo cómo avivas en mi pobre corazón
los rescoldos del deseo de otros tiempos.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo,
sintiendo cómo despiertas, con un toque de nostalgia,
mi esperanza que se despereza y abre los ojos,
entre asustada y confiada,
deslumbrada por el agradecimiento.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu casa,
enfrentada a las paradojas de esperar lo inesperable,
de amar lo caduco y débil,
de confiar en quien se hace humilde,
de enriquecerse entregándose.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu casa,
con la mirada clavada en tus ojos que me miran
con el anhelo encendido y el deseo en ascuas,
luchando contra mis miedos,
queriendo entrar en tus estancias.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo y casa,
medio cautiva, medio avergonzada,
a veces pienso que enamorada,
queriendo despojarme de tanto peso, inercia y susto...
para entrar descalza en este espacio y tiempo de gracia.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo y casa,
intentando traspasar la niebla que nos separa,
rogándote que enjugues tú mis lágrimas,
queriendo responder a tu llamada con alegría
y salir de mí misma hacia el alba.

Aquí estoy, Señor,
orientando el cuerpo y el espíritu
hacia el lugar de la promesa que no veo,
aguardando lo que no siempre quiero,
lo que desconozco,
lo que, sin embargo, es mi mayor certeza y anhelo.

Aquí estoy, Señor,
¡Tú sabes cómo, mejor que nadie!
¡No te canses de venir!
¡No te canses de llegar!
¡No te canses de entrar
en nuestras vidas y en nuestras historias!

Yo continuaré aquí, confiando en tu promesa
y anunciando tu presencia.

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

LAS LECTURAS PARA EL DÍA DE HOY



PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

PRIMERA LECTURA
Malaquías: 3, 1-4
Entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan.Malaquías es el último profeta del Antiguo Testamento y el mensajero que él predicaba fue identificado por los judíos como Elías. Pero también es considerado como el Ángel del Señor, denominación misteriosa que también utilizó el Señor Jesús. El texto en definitiva es como una profecía mesiánica muy adecuada para la fiesta que hoy celebramos.

Esto dice el Señor: "He aquí que yo envío a mi mensajero. Él preparará el camino delante de mí. De improviso entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien ustedes desean. Miren: Ya va entrando, dice el Señor de los ejércitos. ¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será como fuego de fundición, como la lejía de los lavanderos. Se sentará como un fundidor que refina la plata; como a la plata y al oro, refinará a los hijos de Leví y así podrán ellos ofrecer, como es debido, las ofrendas al Señor. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos". 
Palabra de Dios

SALMO
Del salmo 23El salmo 23 (24) está compuesto, probablemente antes del exilio y fue acompañamiento de la ceremonia del viaje y entrada del Arca de la Alianza desde Silo hasta el templo de Salomón recién construido y consagrado. Glosa la total soberanía de Dios sobre sus criaturas.
R/. El Señor es el rey de la gloria.
¡Puertas, ábranse de par en par;
agrándense, portones eternos,
porque va a entrar el rey de la gloria! R/.
Y ¿quién es el rey de la gloria?
Es el Señor, fuerte y poderoso,
el Señor, poderoso en la batalla. R/.
¡Puertas, ábranse de par en par;
agrándense, portones eternos,
porque va a entrar el rey de la gloria! R/.
Y ¿quién es el rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos,
es el rey de la gloria. R/.

SEGUNDA LECTURA
Hebreos: 2, 14-18
Tenía que asemejarse en todo a sus hermanos.Estamos ante un muy importante párrafo de la Carta a los Hebreos en el que se compara el Señor Jesús –en su divinidad, en su humanidad—con sus hermanos de esta Tierra nuestra. Y en todo tenía que parecerse a ellos para que la Redención fuese justa y eficaz.
Hermanos: Todos los hijos de una familia tienen la misma sangre; por eso, Jesús quiso ser de nuestra misma sangre, para destruir con su muerte al diablo, que mediante la muerte, dominaba a los hombres, y para liberar a aquellos que, por temor a la muerte, vivían como esclavos toda su vida.
Pues como bien saben, Jesús no vino a ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham; por eso tuvo que hacerse semejante a sus hermanos en todo, a fin de llegar a ser sumo sacerdote, misericordioso con ellos y fiel en las relaciones que median entre Dios y los hombres, y expiar así los pecados del pueblo. Como El mismo fue probado por medio del sufrimiento, puede ahora ayudar a los que están sometidos a la prueba. 
Palabra de Dios

EVANGELIO
San Lucas: 2, 22-40
Mis ojos han visto al Salvador.El Evangelio de Lucas narra magistralmente la presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén. Y aunque hemos oído y leído muchas veces este fragmento siempre emociona. Escuchemos con atención.
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo: "Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel".
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Asen Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con Él.
Palabra del Señor

UNA MISA COMO DIOS MANDA



Cerca y difícil de asir está el dios" (F. Hölderlin, Patmos)
2 de febrero, IV domingo del TO: La Presentación.

Lc 2, 22-40
"Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, según tu palabra, dejas libre y en paz a tu siervo, porque mis ojos han visto a tu salvador"
La escena de la Presentación, en la que el anciano Simeón se siente libre y en paz "porque sus ojos han visto a Jesús", me invita a reflexionar sobre el significado y trascendencia de la celebración litúrgica dominical.
Todo suele estar dispuesto en el templo para que la feligresíaasista a la celebración. En el presbítero y el presbiterio –una copia del Concilio de Trento del Tiziano- tonos dominantes deensimismidad y exceso autorreferencial. Una provocación a la permanencia del si mismo por el ejecutante de turno, y oídos sordos a la necesidad de "testigos de la resurrección de Jesús". El Papa lo concibe de bien distinta manera: "no 'administradores', pues 'es necesario siempre pensar en los fieles".
El ceremonial, trazado con tiralíneas de bodegón –naturaleza muerta- ahoga cualquier intento de originalidad en el pensar de otro modo. Y así, resulta embarazoso experimentar la verdad sugerida por Mahler en esta sentencia: "Lo mejor de la música es lo que se encuentra detrás de las notas". ¿Será porque detrás de ellas no hay sino celestial vacío?
Tampoco resulta fácil encontrar satisfactoria respuesta a lo que Victor Frankl consideraba acuciante necesidad de las modernas sociedades de consumo y bienestar: la necesidad del sentido. Seguramente dicho ceremonial ignoraba las palabras del ilustre psiquiatra de Auschwitz, que bien podrían aplicarse a aquella notable asamblea de misa asistida: "las personas tienen medios para vivir, pero carecen de un sentido por el que vivir". Laotsé lo había interiorizado anteriormente con un proverbio clásico: ¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir.
El libreto de la celebración podría ser el mismo en otro templo –y los hay- pero el sonar de la música, es de muy diferente tesitura. Hay música detrás de las notas y se alienta a que cada uno la traduzca a su manera, que haya ensoñación y originalidad en su eco interior. Todos viven lo mismo, pero en distinta clave. Aunque en unión –en comunión- porque sus ojos, como los de Simeón, están viendo a Jesús presente en y entre ellos.
En este caso, todo en el templo en una invitación a con-celebrar y compartir. "La paz está con vosotros", dejada caer en un amplio gesto sobre la asamblea, abre paso a toda una comitiva de sugerencias para pensar, sentir y actuar. Ausencia de formulismos previamente cocinados, y presencia de ritos encarnados en hombres y mujeres "en todo semejante a sus hermanos" (Heb 2,17).
La Consagración solo es Memoria. 'Jesús Presentado en el Templo' no está vivo en las especies del pan y del vino sino en el cuerpo y sangre de cada uno de los que le rememoran en ella. Y con tal fuerza que podría llevarles a exclamar con Pablo en Gal 2, 20, "y ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí". Lo importante no es la fórmula consagratoria, lo es el gesto generoso del Partir y Repartir" y sus consecuencias.
Los sobrios indumentos litúrgicos del celebrante –la habitual vestimenta, lejana de los clásicos atuendos- me revelan que quien oficia es uno más en el aforo. Similitud que, derribando doctrinales cortafuegos, hace marea más allá de los muros de cada persona y de la iglesia, "semper gaudentes", siempre alegres, como aconseja Pablo a los corintios (2Cor 6,10) y Francisco en la Evagelii Gaudium.
"Cerca y difícil de asir está el dios" como cantó Hölderlin. Cerca y fácil sobre todo para quienes, liberados de toda incontinencia dogmática de verdades, normas y ritos, le buscan y encuentran en sí mismos. En el propio corazón y en el corazón de todos los seres.

SI DIOS ESTÁ EN LA MEZQUITA

Si Dios está en la mezquita,
¿a quién pertenece el mundo?
Si Rama, ¡oh peregrino!, está en la imagen que tú adoras, ¿qué ocurre allí donde no hay imágenes?
Hari está en Oriente, Alá en Occidente.
Mírate el corazón,
y allí encontrarás a la vez a Karim y a Rama.
Todos los hombres y todas las mujeres del mundo
son sus formas vivientes.

Kabir es el hijo de Alá y de Rama.
Él es mi Maestro; Él es mi mentor espiritual.

Kabir

Vicente Martínez
Fe Adulta

Saturday, February 01, 2014

VIGENCIA DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN[1]


“Él liberará al pobre que grita

y al miserable que no encuentra ayuda;

tendrá piedad del débil y del pobre

y salvará la vida de los que padecen oprobio,

la rescatará de la violencia y la opresión”

(Salmo 72)

Todos los colectivos, partidos, organizaciones políticas, gremiales y de base y movimientos que en Colombia trabajan por una democracia revolucionaria, es decir, equitativa, justa, pacífica, incluyente y plural, amorosa con la casa común, solidaria, de manso reparto y de buen vivir tienen que ser radicalmente abiertos a las diversidades, dados a la palabra, a los acuerdos y a la negociación. A ese debate sin pausa pertenece un tema que es por sí mismo de vocación desestabilizadora y subversiva, la Teología de la Liberación. Esta reflexión de origen cristiano es relativamente reciente y ha sobrevivido a poderosos y persistentes enemigos. Se inició con la radical “opción preferencial por los pobres y por su proyecto histórico” asumido por los obispos latinoamericanos reunidos en su asamblea general en Medellín, en 1968; se presentó formalmente en Lima en 1971 con el libro del sacerdote Gustavo Gutiérrez “Teología de la liberación. Perspectivas”. Sólo siete años después empezó a ser fuertemente vapuleada por dos centros de poder que se unieron con ese propósito, El Vaticano y la Casa Blanca.

A la pregunta por la validez y vigencia de esa reflexión hay que responderle afirmativamente y sin vacilaciones con apoyo en cinco razones fundantes o tesis sobre su validez histórica:

1. Por su fuente primaria que es la biblia. El Antiguo Testamento se teje con cuatro hilos preciosos y claros, a) la experiencia mosaica que se construye alrededor y a partir de una liberación histórica de la esclavitud y la opresión del pueblo en Egipto y la búsqueda de una nueva tierra de libertad; b) la monarquía de David que se declara instrumento de Yahveh en defensa de los pobres; c) el movimiento profético capaz de hacer lectura crítica de las estructuras de poder que producen opresión, de levantar la voz de denuncia del pecado social y de proponer un ordenamiento del mundo de Israel en justicia, derecho y libertad; y d) la literatura sapiencial que no es otra cosa que el grito histórico de los pobres convertido en escuela de pensamiento.

El Nuevo Testamento, inaugurado con el ministerio y el anuncio de Jesús de Nazaret, gira, por su parte, sobre tres goznes: a) la opción Fontal y explícita de Jesús por los pobres y su liberación; b) el testimonio del apóstol Juan que presenta a los pobres y marginados como predilectos del Reino anunciado por Jesús; c) la predicación de Pablo que anuncia que en Cristo, Dios se hace solidario con una humanidad intrínsecamente pobre.

2. Por sus praxis inspiradoras. Cuando la Teología de la Liberación asume las comunidades eclesiales de base como ambiente natural de su maduración teórica y de sus implicaciones políticas, recoge la práctica de las comunidades cristianas de los tres siglos siguientes al Jesús histórico. Esas comunidades que se fueron abriendo y multiplicando, desde la Palestina de Jesús y por toda la cuenca del Mar Mediterráneo hasta la Roma imperial, tenían como sello propio la celebración de la eucaristía que, a su vez, tenía cuatro marcas-momentos esenciales: a) Una memoria de la acción y de la palabra de Jesús; b) un comer sororal-fraternal sin clases y en equidad como prefiguración de la sociedad igualitaria que querían; c) una plegaria por la fortaleza en medio de las amenazas; d) un fortalecimiento de acciones subversivas para deslegitimar el poder imperial.

3. Por la persistencia de las causas que la originaron. Persiste un poder imperial que, a la manera del romano en su momento, trata a los países de la región como dependientes sumisos de sus políticas de mercado, de acumulación en pocas manos, de saqueo del suelo y del subsuelo, de tratados dispares de comercio, de cierre de fronteras y levantamiento de nuevos muros de exclusión, de gobiernos títeres que son obsecuentes en el cumplimiento de sus mandatos. Por otro lado y de la mano del imperio, crecimiento de la fuerza y la brutalidad, el poderío militar y el aferramiento al poder de burguesías nacionales que niegan los derechos fundamentales de la mayoría, que son dueñas absolutas de la ley y de sus interpretaciones y de las riquezas nacionales. Los aparatos burgueses de poder permanecen intocados y los caminos de acceso popular a la conducción de sus vidas y de su historia siguen tan cerrados como en esa segunda mitad del siglo veinte que vio nacer, como una esperanza histórica y política, la Teología de la Liberación.

4. Por su eficacia salvadora. La reflexión, la praxis y los compromisos políticos que desató la Teología de la Liberación a lo largo y ancho de toda América Latina dieron señales y resultados locales, regionales y nacionales de históricas liberaciones. Hoy podemos recordar el significado de las comunidades eclesiales de base en el primer triunfo revolucionario del Movimiento Sandinista para la liberación nacional en Nicaragua y en las luchas casi hasta la victoria del Frente Farabundo Martí para la liberación nacional en El Salvador; hay que recordar, así mismo, la forma como esa reflexión y esa praxis inspiraron partidos, movimientos, alianzas, redes, organizaciones y coordinadoras nacionales de los sectores de izquierdas formales y populares, movimientos de economías solidarias y de resistencias locales y la ampliación de redes nacionales e internacionales en orden a la liberación de los pueblos.

5. Por los excluidos aún no llamados a la mesa común de la liberación. Aunque la Teología de la Liberación ha significado palabra y acciones esperanzadoras que han convidado a la mayoría de los excluidos históricos, todavía tiene que abrirse más, rompiendo los esquemas patriarcales y las normalizaciones monoteístas, monógamas, ortodoxas y heterosexuales de Occidente, para abrazar a otros excluidos que aún no se atreve a nombrar con valentía y radicalidad. Menciono algunos que tienen una fuerza simbólica: a) las y los excluidos por su diversidad sexual y de género, b) los no creyentes, c) las y los agentes de pastoral excomulgados o negados por las iglesias formales, d) las mujeres excluidas por los poderes curiales por su ordenación presbiteral y/o episcopal. Como ancho y generoso es el “Reino de Dios”, categoría esencial de la Teología de la Liberación, ancha, abundante y generosa para con todas y todos tiene que ser la mesa de esa teología que nace entre empobrecidos y se hace en bien de todas las libertades humanas.

Ancízar Cadavid Restrepo
La Estrella, Antioquia (Colombia)
Iglesia de a pie

EN CLAVE DE DIOS: Instrumento en sus manos


De entre todos los instrumentos musicales no hay ninguno que se pueda comparar al violín: sus curvas elegantes, su fino mástil culminado en la bella voluta y sus cuatro cuerdas de las que brotan inigualables melodías cuando se desliza sobre ellas el arco. Pero por más que lo intente, el violín por sí solo no conseguirá sacar ni una sola nota. Se retorcerá y luchará toda la noche pero de sus cuerdas no saldrá un solo sonido. Y es que el violín parece haber olvidado que es un instrumento, el más bello de todos ellos pero instrumento al fin y al cabo.
 
Todo violín necesita de las manos del artista, ese músico que lo conoce a la perfección, que lo quiere y lo cuida con esmero. En sus manos el violín es capaz de interpretar las más bellas sinfonías que se han escrito en la historia de la música pero sin él no es más que otro trozo de madera. Si el violín se empeña, y hay violines muy tercos, acabará por desafinarse, o incluso puede que rompa alguna de sus cuerdas, pero jamás conseguirá por sí solo sacar un sonido de entre sus cuerdas.
 
En algunas ocasiones al violín le toca ser solista y de pronto todos los focos recaen sobre él, otras aparece en cuarteto y entonces debe aprender a acompasarse con el chelo y la viola, pero la mayoría de las veces se encuentra en medio de una orquesta, pasando más desadvertido pero disfrutando también de la variedad de instrumentos que la componen y de la aportación imprescindible de cada uno de ellos. Lo que nunca se ha visto y nunca se verá es a un violín sin su músico.
 
No luches, no te desafines, deja que sea el artista el que haga vibrar tus cuerdas, conviértete en instrumento en sus manos.

Angel Benítez-Donoso SJ
pastoralsj

Esrá pasando: La paloma, la gaviota y el cuervo



El domingo pasado en la plaza de San Pedro el Papa Francisco soltó una paloma blanca tras hacer un llamamiento a favor de la paz. El gesto, seguramente repetido cada año, no ha pasado desapercibido porque en seguida un cuervo y una gaviota atacaron a la paloma en una escena que bien parece una metáfora de la realidad. Y es que la paz, que tanto cuesta ir logrando, es bien débil y frágil.

Cada año, en torno al 30 de enero, aniversario de la muerte de Gandhi, se celebra la semana de la paz. Tristemente, este año, hay que unir Sudán del Sur y la República Centroafricana a los lugares donde la paz se está quebrando y donde miles de inocentes ven peligrar sus vidas. Pues tras años de esfuerzos, equilibrios y negociaciones, la ambición de unos pocos, y los intereses de países ajenos, han hecho que vuelva el terror. Y no hay que irse tan lejos. Cada uno, en nuestros entornos domésticos, laborales, eclesiales o políticos vivimos tensiones que van pueden crecer y cristalizar en una violencia más o menos sutil.

La memoria de Gandhi, como la de Luther King, Ellen Johnson, Malala, Jesús de Nazaret y otras muchas personas que han entregado sus vidas a luchar por la paz, nos recuerda que en esa fragilidad es donde somos más fuertes, y que aunque sea débil y atacada por cuervos y gaviotas, tenemos que seguir trabajando para que en nuestro mundo reine una paz en la que podamos dar lo mejor de nosotros mismos.

Javier Montes sj
pastoralsj