Fue secretario ejecutivo y organizador de las Semanas Sociales
El ingeniero y político buscó en forma permanente la unidad y el bien común
Falleció Alfredo Pesce Gennaro a la edad de 100 años. Una figura entrañable para la Iglesia y la sociedad chilena. Un laico comprometido, que entregó su vida al anuncio del Evangelio, la búsqueda de la justicia social y el bien común.
Un recorrido pastoral que deja una huella profunda en la historia de la Iglesia contemporánea de Chile. Especialmente por sus aportes a la realización de las Semanas Sociales; evento del que fue secretario ejecutivo y organizador.
Hijo de inmigrantes italianos, Alfredo Pesce nació en Chile, en un hogar con una experiencia profunda de fe. Su padre murió de manera prematura en 1934, dejando para su vida un gran ejemplo como emprendedor y comerciante que migró desde Europa con valentía y sus propios recursos; porque tenía la ilusión de invertir y construir en el país.
Transformar la realidad
Pesce vivió una infancia atravesada por el duelo profundo que le produjo la partida
de su padre; en medio de esos momentos de tristeza, conoció al entonces
seminarista salesiano Raúl Silva Henríquez en el colegio El Patrocinio de
San José.
Un encuentro sencillo pero determinante con un religioso que posteriormente se
convertiría en cardenal y arzobispo de Santiago. En ese tiempo, Silva Henríquez
ofreció su consuelo al niño triste y de ese acompañamiento, se forjó una relación
de afecto y confianza que se extendería por varias décadas e incluso le llevaría
a ejercer su liderazgo en distintas fundaciones y obras de la Iglesia lideradas por
el purpurado.
Desde lo profesional, Alfredo Pesce será recordado como un hombre
polifacético que se formó como ingeniero, participó en política y como su
padre, trabajó para hacer empresa. En lo personal fue muy comprometido, de
hecho, no dudó en aportar sus propios recursos económicos para sacar adelante
la causa social y garantizar la impresión de materiales como afiches, programas
e invitaciones para ampliar la divulgación e impacto de las Semanas Sociales.
Pensar con libertad
Iniciativa que representa uno de los procesos más importantes en la aplicación de
la Doctrina Social de la Iglesia en el continente; si consideramos la realidad
social, cultural y política que estaba viviendo Chile.
De acuerdo con la investigación de Alejandro Cerda, actual director del
Departamento de Teología de la Universidad Católica del Norte, las semanas
sociales en Chile tienen sus primeros antecedentes en las décadas de 1920 y 1930,
además de las convocatorias eclesiales de los años 60 (1963, 1964 y 1966) que
alcanzaron un valor histórico excepcional que continuó en la década de 1970.
Un camino en el que resultó crucial el impulso del cardenal Raúl Silva Henríquez,
el acompañamiento espiritual del sacerdote Percival Cowley, responsable
de la parroquia Universitaria y la gestión ejecutiva ininterrumpida de Alfredo Pesce.
En ese tiempo las Semanas Sociales se convirtieron en una iniciativa pionera y con
un sello único gracias a la dirección de Alfredo Pesce.
Durante la dictadura de Pinochet, las Semanas Sociales son recordadas como
un oasis desde el punto de vista intelectual y ético. Los testigos hablan de un
espacio plural, de diálogo, crítica constructiva, formación y libertad para
pensar.
Semillero de compromiso juvenil
En las Semanas Sociales era posible debatir sobre los dolores del país desde la
Doctrina Social de la Iglesia. Un encuentro para laicos, profesionales y académicos,
donde se llegó a debatir sobre los efectos sociales del modelo económico de la
dictadura y los parámetros que regían la seguridad nacional del momento. Es decir,
el sistema de control y exterminio sistemático de todo aquel que pensara
diferente o representara una amenaza para el régimen.
En los años 80, la Semanas Sociales analizaron temas como la pobreza y la
necesidad de volver a la democracia. Jornadas que fueron escenarios de
formación ciudadana y pensamiento libre en una nación dominada.
En ese contexto, el testimonio de Alfredo Pesce se destacó por su coherencia,
entrega desinteresada y visión que deja una tarea pendiente y urgente para el
laicado chileno.
Concepto que busca reactivar el diálogo entre la Pastoral Social, la Doctrina
Social de la Iglesia y las necesidades del país, para motivar a las nuevas
generaciones a comprometerse en la construcción del bien común.
Con la llegada de los años 90, la apertura a la democracia y el surgimiento de
nuevos espacios de debate desde lo académico y político, se cerró el ciclo de las
Semanas Sociales en Chile. Sin embargo, la memoria de su impacto permanece
viva, como el legado de Alfredo Pesce.
Un laico que tuvo en la parroquia una base que lo sustentó y entusiasmó para crear
conciencia en otros sobre la importancia de pensar, debatir y analizar la
realidad, junto a jóvenes universitarios, dirigentes sindicales y académicos.
Esfuerzo que enriqueció el debate público en Chile y preparó la conciencia de
muchos para el regreso de la democracia.
Alfredo Pesce Gennaro murió, pero su memoria seguirá intacta y sobre todo ese
ideal que explica en el libro titulado Índice cronológico ilustrado de las
Semanas Sociales de Chile. Allí sostiene que adelantó su labor pensando “en
el anhelo de cómo resolver la contingencia sin violencia y la búsqueda
permanente de la unidad y el bien común”.
Paola Calderón
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