Saturday, April 14, 2018

CHILE. ¿QUIÉN LE MINTIÓ AL PAPA? por Luis Badilla

Foto de grupo de la Conferencia episcopal

¿Quién debía transmitirle “información veraz y equilibrada” y no lo hizo? Una frase clave de la carta a los obispos chilenos


En la carta del Papa Francisco a los obispos chilenos, reunidos en su 115ª Asamblea Plenaria en la localidad de Punta de Tralca, cerca de la ciudad capital Santiago, dice: «En lo que me toca, reconozco y así quiero que lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada».
Esta es una de las claves para comprender la carta del Papa, para comprender toda la situación chilena de los últimos años y sobre todo del período – decisivo – comprendido entre el 2 de junio de 2017 hasta enero de 2018, vale decir, desde que Francisco recibió por primera vez una carta oficial del gobierno chileno de la señora M. Bachelet que lo invitaba al país y la Visita concreta entre el 18 y el 22 de enero pasado. Es un período breve pero intenso, cuando se decantan y quedan en claro los principales elementos y componentes de la declinación de la Iglesia chilena, gradual pero irrefrenable, que comenzó en la década del ’70 y continúa hasta la actualidad.
A partir de esa carta oficial del gobierno de Santiago comienza efectivamente la “preparación” del viaje y se empieza a completar el mapa actualizado de la Iglesia chilena, cuya situación era conocida desde hace años, sobre todo en el Vaticano. Pero ese mapa debía ser actualizado ante las nuevas circunstancias, el Papa en Chile, incorporando todos los análisis y consideraciones necesarias para que la peregrinación contara con raíces pastorales, religiosas, sociales, eclesiales y políticas sólidas, que permitieran asegurar el “éxito” pastoral, de imagen y de contenidos de la misma.
Al Papa, y a determinadas autoridades del Vaticano, le llegaron toneladas de información, y toneladas de información fueron solicitadas de manera específica. El mismo Pontífice mantuvo dos encuentros a puertas cerradas con el Episcopado chileno durante la visita ad Limina, el 20 y el 23 de febrero de 2017. Fueron en total 6 horas de encuentro, evento bastante insólito e inédito desde hace muchos años. Posteriormente, el 16 de enero Francisco volvió a estar con los obispos en Santiago de Chile, en la sacristía de la Catedral, y les dirigió un discurso no demasiado exigente, evitando tocar las grandes cuestiones que en esta nación han roto hace mucho tiempo la comunión eclesial.
Ahora, según la invitación que transmite la carta publicada ayer, probablemente la tercera semana de mayo habrá un cuarto encuentro del Pontífice con todos los obispos chilenos. Y este es otro hecho inédito, más aún, sorprendente: un Papa que se encuentra con todos los obispos de un Episcopado Nacional 4 veces en 15 meses.
A esta altura muchos se preguntan, sobre todo en Chile, a qué se refiere el Papa Francisco cuando dice: «he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada». Se puede suponer, por el contexto de la carta y por lo que se puede leer entre líneas, que esta “información no veraz ni equilibrada” corresponde a todo el caso Karadima y sus derivaciones, incluyendo los 4 obispos que salieron de la confraternidad del sacerdote procesado y condenado, especialmente Barros. Y seguramente también se refiere a la manera como fue relatado, ilustrado y tal vez documentado para el Papa, de manera poco seria y sincera, el impacto de toda esta historia en el clima de preparación de su Visita y posteriormente en el desarrollo de la Visita misma, muy poco acompañada por el aparato mediático de la Iglesia chilena y del mismo Vaticano (Secretaría de comunicación y Sala de prensa), totalmente impreparados para la delicadeza casi trágica del evento.
Entonces, quiénes son los responsables de lo que el Santo Padre describe como “falta de información veraz y equilibrada”.
Son varias personas, sobre todo en Chile pero no solo allí. Las que desde el principio resultan más evidentes son tres, y todas ellas de grueso calibre y relevancia. El primero es Mons. Ivo Scapolo, Nuncio apostólico en Chile desde 2011 y que ya unos años atrás declaraba ser abiertamente contrario a una Visita del Papa porque se hubiera considerado un apoyo al gobierno de la señora Bachelet que él definía, ante un diplomático chileno con el cual hablaba de esa posibilidad, como “una persona de izquierda, atea y abortista”.
Luego tendrá que dar muchas respuestas y aclarar diversas cuestiones de estos últimos 25 años el arzobispo emérito de Santiago, el cardenal Francisco Javier Errázuriz, de 84 años, el miembro más anciano del Consejo de 9 cardenales (C9), gran defensor del padre Fernando Karadima, al que definió como “santo”, y que siempre hizo todo lo posible, incluso durante la visita del Papa, para desacreditar a las víctimas del grupo Karadima.
Por último, el actual arzobispo de Santiago, el cardenal Ricardo Ezzati, persona muy subordinada al autoritarismo de su predecesor. Tendrá que dar numerosas respuestas a preguntas inevitables y aclarar muchas situaciones en las cuales su rol ha sido como mínimo sospechoso. Obviamente estos tres prelados no son los únicos responsables. Hay otros, pero ellos tres, a diferencia de todos los demás, fueron los informantes más cercanos y constantes del Papa desde el día mismo de su elección, hace cinco años. A ellos les corresponde la mayor parte de la responsabilidad en este caso.
A partir de aquí, si hay voluntad, habría que remontarse a fines de la década del ’70, cuando la Iglesia chilena, por influencias externas, empezó a cambiar de piel porque se la consideraba demasiado creativa, libre, dinámica e influyente en la región latinoamericana. Fueron los años en los cuales se decidió que era urgente la “normalización” de las iglesias particulares de América Latina, para adecuar su vida, su pastoral, a los intereses geopolíticos de la guerra fría que se desarrollaba en el corazón de Europa. Pero esa es otra cuestión.
Tierras de América

Felipe Berríos: "Los sacerdotes estamos cansados, con ganas de mandar todo a la mugre"


Felipe Berríos:

El sacerdote jesuita, Felipe Berríos, reflexionó en torno a la carta que envió el Papa Francisco tras estudiar en detalle el informe del arzobispo Charles Scicluna sobre casos de abuso sexual a menores perpetrados por la Iglesia Católica.
En conversación con ADN Hoy, enfatizó en la frase de Bergoglio donde acusa que "he sido malinformado" y subrayó que se trata de "una verdadera maquinaria de desinformación, porque no sólo es un hecho puntual".
Berríos aseguró que "pensé que la carta iba a decir que iban a sacar a tal obispo, pero me pareció mucho más profunda" y sostuvo que "tú puedes cambiar a Barros, pero sigue pendiente la pregunta de quién escogió a Barros y quién lo ha sostenido".
El sacerdote jesuita confesó que "a veces me embarga un sentimiento de desesperanza, de que a lo mejor es un poquito tarde, porque ya el descrédito es total. Los sacerdotes estamos cansados, con ganas de mandar todo a la mugre".
"Yo entré a cura a jugármela por el Evangelio y ser embajador del perdón de Dios, y me paso la mayor parte del tiempo dando explicaciones de opiniones desatinadas y abusos de curas, y uno lo primero que quisiera es aforrarle una patada", manifestó.
Berríos llamó a modificar dos "cambios radicales" porque "estamos siendo un poco hipócritas" y puntualizó que en nuestra legislación "todo abuso sexual a un menor de edad no puede prescribir a los 10 años, sino a los 30 y 40 años".
Además, precisó que "un delito sexual de abuso a un menor que esté prescrito, igual la justicia ordinaria debe investigarlo y dejar claro quién fue el abusador y qué daño hizo".
"Los curas no estamos hechos para estar investigando, menos investigándonos nosotros mismos, es ridículo. Yo no creo en ninguna de esas investigaciones que uno se hace a sí mismo", concluyó.

Radio ADN

El Papa acogerá en su propia casa a tres víctimas chilenas del cura Karadima


HABLARÁN CON FRANCISCO DEL HORROR DE LOS ABUSOS Y DEL ENCUBRIMIENTO

También se quejarán de los eclesiásticos que, durante décadas, los desacreditaron y difamaron

(José M. Vidal/Agencias).- Han sufrido un calvario, les han llamado de todo, han querido silenciar su voz. Ahora el Papa no sólo les va a escuchar, llorar con ellos y consolarlos, sino que va a recibir en su propia casa a Juan Carlos Cruz, Andrés Murillo y James Hamilton, las tres principales víctimas de Karadima y los tres principales acusadores del obispo Barros. Las víctimas entran en Casa Santa Marta y con llamadas a convivir con el Papa.
Se reunirán con Francisco, en Roma, a finales de abril, posiblemente el sábado, día 28, y el domingo, día 29. También podrán verse de nuevo con los dos enviados papales a Chile, monseñor Scicluna y el español, Jordi Bertomeu.
Juan Carlos Cruz, víctima de Karadima, uno de los sacerdotes depredadores más conocidos del país sudamericano, dijo que él y sus colegas aceptaron la invitación del pontífice de viajar a Roma, para que el papa pueda disculparse personalmente por haberlos desacreditado durante su reciente visita a Chile.
En una entrevista telefónica con AP, Cruz dijo que los tres hombres no permitirán que el Vaticano se apunte un éxito de relaciones públicas con la reunión. Indicó que hablará con Francisco acerca del horror del abuso sexual y el horror del encubrimiento que líderes eclesiásticos han cometido durante décadas, y cómo han desacreditado y difamado a las víctimas que los denunciaron.
El propio Francisco estaba en ese sendero "desafortunadamente" cuando acusó a las víctimas de "calumnia" por haber denunciado reiteradamente la conducta del obispo chileno Juan Barros, dijo Cruz. Pero agregó que el papa parece haber "abierto sus ojos a la realidad ... de miles de vidas que han sido crucificadas" por sacerdotes que violan y manosean a niños.
Francisco expresó su cambio radical de posición en una dramática carta a los obispos chilenos el miércoles en la que admitió que cometió "graves errores de juicio" en el caso de Barros, a quien Cruz y otras víctimas acusan de haber presenciado e ignorado los abusos en su contra.
Barros, protegido del sacerdote pederasta Fernando Karadima, ha negado esas acusaciones.
Francisco atribuyó sus errores a una falta de "información veraz y equilibrada", y dijo que quería disculparse en persona con las personas a quienes ofendió.
Cruz dijo que él y otras dos víctimas chilenas, Jimmy Hamilton y José Andrés Murillo, habían estado en conversaciones por algún tiempo para organizar la visita. Dijo que los tres se reunirán con Francisco individualmente y como grupo el fin de semana del 28 y 29 de abril y que el papa quería pasar un tiempo significativo con ellos.
Se reunirán además con el padre Jordi Bertomeu, el funcionario del Vaticano que junto con el arzobispo maltés Charles Scicluna preparó el informe de 2.300 páginas sobre Barros que hizo cambiar de parecer al papa.
RD

A finales de abril tres víctimas de Karadima se encuentran con el Papa


Cruz, Hamilton y Murillo serán recibidos a finales del mes en Santa Marta. La polémica con el cardenal Errázuriz 

A finales de este mes deberían llegar al Vaticano, probablemente el 28 o el 29 de abril, Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo, tres de las víctimas del poderoso párroco que abusaba de menores Fernando Karadima. La prensa chilena dio la noticia.   

El mismo Pontífice indicó su voluntad de encontrarse con algunas de las víctimas en la histórica carta a los obispos chilenos, dada a conocer el pasado miércoles 11 de abril de 2018, en la que Francisco admite haber cometido «graves equivocaciones» de valoración sobre los abusos cometidos por religiosos en Chile debido a que lo habían informado mal. Bergoglio, que recibió el informe de 2300 páginas redactado por su enviado especial, el arzobispo Charles Schiclina, ha podido finalmente darse cuenta de la situación real y por ello ha convocado al Vaticano a todo el episcopado chileno. 

Hamilton, Cruz y Murillo han criticado al cardenal Francisco Javier Errázuriz, arzobispo demérito de Santiago de Chile y miembro del “C9” de los cardenales consejeros del Papa. Errázuriz dijo hace dos días que no le había dado noticias falsas al Pontífice y aseguró que no era tarea suya informarlo. Errázuriz también agradeció a las víctimas por haber «roto el silencio». Según Cruz, el cardenal «trata de hacer creer que nos apoyó», pero, en opinión de las víctimas, «nunca lo ha hecho». Murillo, con un “tuit”, comentó de esta manera las declaraciones del arzobispo emérito de Santiago: «En lugar de asumir que fallaron, que traicionaron su rol y nuestra confianza, los obispos de Chile tratan de sacarse los balazos culpándose unos a otros. Triste espectáculo».  

En lugar de asumir que fallaron, que traicionaron su rol y nuestra confianza, los obispos de Chile tratan de sacarse los balazos culpándose unos a otros. Triste espectáculo

— José Andrés Murillo (@JosAndrsMurillo) 13 de abril de 2018Hamilton recordó la carta que Errázuriz envió un mes antes a diferentes presidentes de las Conferencias Episcopales latinoamericanas, en la que culpaba de algunos problemas durante la visita del Papa a Chile al «protagonismo» del obispo Juan Barros, uno de los pupilos de Karadima, y a las declaraciones de las víctimas sobre el tema de los abusos: «Este señor dice que no es el llamado a informar, pero leyendo carta que envió a los obispos de Latinoamérica parece que sí está llamado a desinformar». 

Efectivamente, las declaraciones del cardenal chileno, que parecía rechazar cualquier responsabilidad porque el Papa carecía de información adecuada, suenan a inconciencia. No es la actitud que pidió Francisco en su carta, con la que pidió a toda la Iglesia chilena que se pusiera en un «estado de oración». 

Por el contrario, el mensaje del papa fue acogido plenamente por los obispos de Chile, que, en un comunicado al final de su asamblea general, escribieron:  

«Acogemos con fe y obediencia filial» la carta de Francisco. «Junto al Papa, sentimos dolor y vergüenza porque, a pesar de las acciones realizadas estos años, no hemos logrado que las heridas de los abusos sanaran en los corazones de muchas víctimas y siguen siendo una ‘llaga’ abierta en el corazón de la Iglesia en Chile». 

«La carta del Papa –continúa el texto del episcopado chileno– la recibimos como una invitación a asumir con magnanimidad y humildad este desafío. Para iniciar este camino nos ponemos, como Iglesia, en estado de oración, escucha, discernimiento y disponibilidad para renovar la comunión eclesial. Queremos hacernos cargo de los errores que nos correspondan y corregirlos, de tal forma que la Iglesia sea, cada vez más, un ambiente sano y seguro para niños, niñas y jóvenes». 

Vatican Insider

Thursday, April 12, 2018

El Papa y los abusos en Chile: respuesta “penitencial”, no de “súper héroe” por Andrea Tornielli



La mirada evangélica de la carta de Francisco a los pastores chilenos después de la investigación de Scicluna

«Les aseguro mi oración y quiero compartir con ustedes la convicción de que las dificultades presentes son también una ocasión para restablecer la confianza en la Iglesia, confianza rota por nuestros errores y pecados y para sanar unas heridas que no dejan de sangrar en el conjunto de la sociedad chilena». La carta que el Papa Francisco envió al episcopado chileno después de haber revisado los resultados de la investigación que condujo monseñor Charles Sciclunaofrece una mirada evangélica sobre todo lo sucedido. 
  
Antes que nada, sorprende la admisión del Papa, que habla de sus «graves equivocaciones» al evaluar la situación, debido a la falta de información adecuada. Francisco no tiene miedo de afirmar que cayó en el error, porque la realidad se reveló distinta de la que le habían presentado. Y eso abre escenarios sobre los que habrá que reflexionar: ¿por qué no se le ofreció al Pontífice información veraz y completa? ¿Por qué las víctimas fueron desacreditadas como parte de un complot en contra de la Iglesia? ¿Por qué no fueron recibidas, escuchadas, acogidas? ¿Por qué se cometieron, además de los trágicos abusos sexuales, también abusos de poder? Al admitir que se había equivocado, Bergoglio da testimonio de que el cristiano, incluso el Papa, es aquel que sabe pedir perdón a Dios y a los hermanos, reconociendo sus errores. 
  
  
Pero también sorprenden otros pasajes de la carta, que parece impregnada de esa consciencia “penitencial” que caracterizó el enfoque de Benedicto XVI al afrontar el problema de los abusos. El Papa Ratzinger, desilusionando a varios de sus seguidores auto-proclamados “ratzingerianos”, propuso el rostro de una Iglesia que se humillaba pidiendo perdón y haciendo penitencia, porque el ataque más grave en contra de ella no provenía del exterior, de grupos anticlericales y anticatólicos, sino del pecado en su interior. Hoy, su sucesor, al hablar de «dolor» y «vergüenza», y pidiendo «perdón», recuerda a los obispos: «hoy les quiero hablar no de seguridades, sino de lo único que el Señor nos ofrece experimentar cada día: la alegría, la paz el perdón de nuestros pecados y la acción de Su gracia».  

Precisamente en Chile, durante el encuentro con los consagrados, el pasado 16 de enero, el Papa dijo: «No estamos aquí porque somos mejores que los demás. No somos súper héroes, que desde arriba, bajan a encontrarse con los “mortales”. Más bien hemos sido enviados con el conocimiento de ser hombres y mujeres perdonados. Y esta es la fuente de nuestra alegría […] Jesús no se presenta a sí mismo sin heridas […] Una Iglesia con heridas es capaz de entender las heridas del mundo de hoy y hacerlas suyas, soportarles, acompañarlas y tratar de sanarlas. Una iglesia con heridas no está en el centro, no se cree perfecta, pero pone en el centro al único que puede sanar las heridas y que se llama Jesucristo. La conciencia de tener heridas libera de convertirse en autorreferencial, de creerse superior». 
   
Es la misma mirada que se nota en toda la carta de ayer. El Papa no se presenta como el ángel exterminador ni como el inflexible aplicador de las “mejores prácticas” anti-pederastia, sino que se hace cargo del pecado y de la vergüenza, invitando, con su personal testimonio, a la Iglesia chilena a que haga finalmente lo mismo. Informaron mal a Francisco, pero se dejó “herir” por las 2300 páginas con los testimonios y los detalles que redactaron el arzobispo Charles Scicluna y su colaborador Jordi Bertomeu Farnós. De la misma manera en la que los dos prelados investigadores se sintieron apabullados «por el dolor de tantas víctimas de graves abusos de conciencia y de poder y, en particular, de los abusos sexuales cometidos por diversos consagrados», el Papa también lloró al leer esas páginas. Y la consciencia del mal que fue cometido y durante demasiado tiempo negado y ocultado hizo surgir una respuesta que no es la de quien se limpia las manos o de quien desde lo alto lanza saetas y castigos. Es la respuesta de quien comparte la herida en la carne de las víctimas y de toda la Iglesia y de la sociedad chilena, sintiéndola como propia. 
  
Muchos ya han dicho que es una respuesta insuficiente la invitación que ha hecho el Papa a todos los obispos de Chile para que vengan a Roma y se tomen las decisiones necesarias para actuar inmediatamente, a breve y a largo plazo. Muchos esperaban que rodara alguna cabeza inmediatamente, que la renuncia que presentó en dos ocasiones el obispo Juan Barros fuera aceptada, etc. Pero, analizando bien lo sucedido, con la invitación y la gravedad de las afirmaciones que la acompañan, Francisco ha hecho mucho más. Claro, se puede esperar que se tomen decisiones importantes, para que se reestablezca la comunión eclesial y para dar una señal de un cambio, además del reconocimiento de la pésima manera en la que se afrontó el problema. Pero la carta del Pontífice pide mucho más a la Iglesia chilena, misma que debería ponerse «en estado de oración». Y pide también mucho más en primer lugar a sus pastores, llamados a emprender un profundo proceso de discernimiento sobre lo sucedido. Discernimiento que, considerando la manera en la que se afrontó el problema y la falta de información veraz y equilibrada, nunca ha comenzado verdaderamente. 

Vatican Insider

El obispo Infanti propone al Senado abordar la crisis medioambiental



El prelado chileno apuesta por realizar seminarios de Ecología Integral y sobre Laudato si’ para profundizar los graves temas que afectan a toda la sociedad

Conocido por su permanente lucha en defensa del agua y del medioambiente, el obispo vicario apostólico de Aysén, Luis Infanti, vuelve a destacar por su protagonismo en un tema altamente sensible: la crisis medioambiental. Ya en septiembre de 2008 hizo pública su Carta Pastoral ‘Danos hoy el agua de cada día’ haciendo una fuerte denuncia del peligro de privatización de este elemento vital para la vida humana. “Sin petróleo podemos vivir, sin agua, no”, dijo a Vida Nueva hace un año, en una entrevista en que postuló la necesidad de un cambio del actual sistema cultural y económico.
En esa misma ocasión expresó que “da la impresión que vivimos una esquizofrenia mediática, donde ‘bailamos’ al ritmo de los temas que plantean los medios de comunicación, que en su mayoría responden a intereses de la estructura de poder. Y coincidentemente, las pocas voces proféticas son silenciadas por esos grandes e influyentes medios. En nuestra Iglesia chilena, si bien manifestamos gran adhesión y fidelidad al Papa, en la práctica, silenciamos sus planteamientos y ejemplos de ser una Iglesia pobre con los pobres”.

Un tema central

Insistiendo en su afán de contribuir a la difusión de la encíclica del papa Francisco generando cambios que ayuden a una mejor relación con el medioambiente, Infanti llegó ahora a entrevistarse con el presidente del Senado chileno, Carlos Montes, acompañado de Lorenzo Figueroa, director de Cáritas Chile. Allí expuso la necesidad de generar espacios de debate y reflexión, en varias ciudades del país, que aborden la profunda y múltiple crisis medioambiental, realizando seminarios con amplia participación. “El objetivo es incluir los grandes temas que nos afectan como país, explicó, para ser analizados por expertos, líderes comunitarios, académicos y autoridades en diversos seminarios a lo largo de Chile”.
Por su parte, el senador Montes acogió muy bien la iniciativa: “Este es un tema central que nos convoca a todos, dijo, estamos con un problema serio generado por el modelo de crecimiento que estamos desarrollando, el que no contempla el cuidado del medioambiente y el bien común”.
El director de Cáritas Chile complementó señalando que “el desafío de la sostenibilidad socioambiental es un tema transversal que requiere movilizar tanto a las instituciones del Estado como de la sociedad civil y construir miradas y caminos conjuntos de acción”.
El obispo de Aysén, agradeció la acogida recibida por parte del presidente del Senado para la realización de estos seminarios, los cuales se espera concretar próximamente en puntos emblemáticos del país.

Vida Nueva

Los obispos chilenos plantearán al Papa un "plan de renovación" que podría incluir la expulsión de Barros


SANTIAGO SILVA: "TIENE QUE HABER UNA SOLUCIÓN DRÁSTICA, FUERTE E INTENSA"

Felipe Berríos, sj.: "Una de las personas que hizo retroceder a la Iglesia Católica fue Juan Pablo II"


(J. B./Agencias).- Los obispos chilenos acudirán a su encuentro con el Papa en Roma planteando un "plan de renovación" que podría incluir la expulsión de los obispos involucrados en los casos de pederastia, entre ellos Juan Barros. Así lo confirmó el presidente de la CECh, Santiago Silva, quien añadió que "es posible que el Papa le pida a algunos obispos que dejen su diócesis".
"Tiene que haber una solución drástica, fuerte e intensa, eso sin lugar a dudas. Aquí no se trata solo de un matiz de superficie, aquí se trata de meterse en el núcleo de la dificultad, de la crisis, de solucionarla", añadió.
Tras leer el informe, que recoge 64 testimonios, Francisco pidió "la colaboración y asistencia" del clero chileno "en el discernimiento de las medidas que a corto, medio y largo plazo deberán ser adoptadas para restablecer la comunión eclesial".
En este sentido, monseñor Silva aseguró que el pontífice "recibe un cúmulo de información de diferentes niveles", pero resaltó que la Conferencia Episcopal de Chile "oportunamente dijo lo que tenía que decir"
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Por su parte, el jesuita Felipe Berríos reaccionó a la carta papal, subrayando que la misiva "se recibe con mucha esperanza y también con cierta desazón, porque confirma muchas intuiciones que uno tenía que aquí algo no funcionaba (...) Espero que de aquí al tiempo a que viajen los obispos (al Vaticano) no siga esta máquina de desinformación que hay en la Iglesia Católica".
Berríos sostuvo que en la Iglesia "creo que hay una mafia", ya que "no se nos olvide que el Papa Benedicto renunció porque no se la pudo con esto, y eso es lo que tengo temor, que esta máquina siga funcionando con secretismos, influencias por debajo, cosas desinformadas (...)".
Sobre el origen de los abusos sexuales, Berríos aseguró que en la Iglesia existe una "verticalidad", "secretismos" y "miedos" que a su juicio se deben "desmantelar". En este sentido, el jesuita apuntó directamente al fallecido Papa Juan Pablo II, a quien acusó de evitar el proceso modernizador que vivía la Iglesia en la década de los '60.
"Una de las personas que frenó esto, que hizo retroceder a la Iglesia Católica fue el Papa Juan Pablo II. Más que él, porque se dedicó a los viajes, fue el secretario de Estado, Angelo Sodano, una persona nefasta en esto que empezaron a nombrar a puros obispos repetidores de lo que se decía en Roma y que implementaron estos secretismos y uno lo ve en Chile con el cardenal Medina (...)", sostuvo el jesuita.
"No basta aquí con sacar a personas (...) hay que ver qué hay detrás que produce esto. Porque el sistema de investigación dentro de la Iglesia es largo, secreto y nosotros los curas estamos cansados de esto", sostuvo, añadiendo que queda con la sensación de que el Papa "llega tarde" a este problema.
"Yo no entré a cura para estar todo el tiempo tratando de investigar o defender que se han mandado y delitos (...) Dan ganas de decir ‘no más'". Berríos fue consultado por si el celibato era el origen de los abusos que cometían sacerdotes, a lo que aseveró que "aquí se mezclan varias cosas. A mí no me gustaría identificar el celibato como la única causa de los abusos sexuales".
En ese sentido, manifestó que "uno de los grandes pecados de la Iglesia Católica es haber apartado a la mujer de la jerarquía. Eso ha sido un error tremendo", y agregó que "cuando uno ve que entra esta procesión de obispos, curas, y uno ve puros hombres dice: "aquí hay algo raro" "esto no es bueno"".
"El celibato no siempre fue obligatorio ... así como se impuso en la Iglesia, se podría sacar. El celibato si está puesto como una obligación puede ser perjudicial", concluyó.
RD

Wednesday, April 11, 2018

El Papa habló: ¿habrá temblor o terremoto en el episcopado chileno? por Jorge Costadoat sj



Se pronunció el Papa: “… he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”. Continúa la carta enviada ayer por Francisco a los obispos chilenos: “Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí…”. El Papa acierta en el tono y en el fondo. Pero, sobre todo, abre la esperanza de una solución a la crisis del episcopado chileno y de una recuperación de la confianza en él de parte de los católicos y de los chilenos en general. Aun así, todo lo ocurrido, que por cierto aun no acaba, deja planteados problemas sin resolver que afectan a la iglesia en todas partes del mundo y que, en lo inmediato, a la iglesia chilena le han costado demasiado caro.

Vamos por orden. ¿Quiénes informaron mal al Papa como para haber nombrado y mantenido en el cargo al obispo Juan Barros? ¿Quién no le hizo saber con fuerza y claridad que la situación de los abusos sexuales y de conciencia del clero en Chile, especialmente los ocurridos en el círculo del P. Fernando Karadima, han estremecido al país? Por la información que tenemos, no han sido Monseñor Ezzati ni Monseñor Silva, últimos presidentes de la conferencia, ni la conferencia misma, ni muchos obispos más. ¿Quiénes fueron entonces? Talvez fue Monseñor Francisco Javier Errázuriz.  No lo sabemos. Pero él ha debido informar correctamente al Papa y Francisco ha debido escucharle con más atención que a otros, porque lo conoce bien y es uno de los nueve consejeros más estrechos que tiene. ¿Ha sido el nuncio, Monseñor Scapolo, quien lo informó deficientemente? Hemos de suponer que el Papa también ha debido confiar en él. Del nuncio ha dependido en gran medida el nombramiento de Barros. En eso consiste su cargo. Si al Nuncio lo pasaron a llevar en el nombramiento de Barros, ¿quién lo hizo? ¿Por qué Scapolo aceptó que lo hicieran?

El Papa espera juntarse nuevamente con los obispos chilenos en Roma y suponemos que, en esta ocasión, se solucionarán los problemas que hayan de solucionarse. Es casi evidente que el obispo Barros tendrá que dejar el cargo. Pero, ¿solo él? ¿Qué información le llegó a Francisco en el informe de Scicluna que pudiera servir al episcopado para zafarse de la situación penosa en que se encuentra? La salida de Barros, a estas alturas, es una solución de poca monta. El problema del episcopado chileno es antiguo y mucho mayor. Si no lo fuera, Barros no sería obispo de Osorno.

A mi entender la incomunicación en la iglesia es el problema número uno. Esta incomunicación tiene diversos planos. En el plano más profundo, existe una distancia gigante de mentalidad entre las autoridades y la inmensa mayoría de los católicos. Los católicos, entre ellos muchos sacerdotes, no nos sentimos culturalmente representados por los obispos. Entendemos el Evangelio en registros culturales diferentes. El tema emblemático es la situación de la mujer. Una comprensión razonable del Evangelio hoy, daría a ella el lugar de dignidad que la actual doctrina y la organización clerical le desconocen. Son muchos otros los asuntos pendientes. No me puedo alargar.

En lo inmediato, la incomunicación entre el Papa y los católicos se ha expresado a propósito del nombramiento de un obispo, pero atañe por parejo al nombramiento de todos los obispos. ¿Por qué estos nombramientos dependen principalmente del nuncio? ¿Por qué los hace en última instancia el Papa?

Creo que llega la hora en que las iglesias locales tengan una palabra decisiva en la elección de sus autoridades. Los laicos también tendrían que tener más de un voto. Y, por cierto, derecho a veto, como lo han ejercido los osorninos. No puede ser que los obispados “se consigan” en la corte vaticana tras años de escalamientos, paleteadas y cocktailes en las embajadas. ¿Cuánto han influido en los nombramientos de obispos las famosas cartas del temible Cardenal Medina?

El problema es todavía mayor. Llega la hora de que las iglesias regionales dejen de depender tanto de la iglesia de Roma. El Papa tiene por misión unir a las iglesias y representar la unidad de la Iglesia de Cristo. Pero constituye un exceso intolerable –además de perjudicial- que pretenda gobernarlas a todas. El modelo de la monarquía absoluta adoptado por Iglesia católica los años de Carlos III y Luis XIV no da para más. A los católicos nos falta democracia y, bajo algunos aspectos, respeto a los derechos humanos dentro de la misma iglesia. Falta rendición de cuentas (accountability). ¿Quién le responde al pueblo de Dios? Los católicos viven desinformados. Todo se resuelve a sus espaldas y en secreto.

Los católicos de Osorno nos llevan la delantera. Queda mucho por andar.

Jorge Costadoat sj

Papa convoca a obispos chilenos a Roma por Roberto Urbina. Reacciones a la carta del Papa



Les pide colaboración y asistencia en el discernimiento de las medidas que debe tomar frente a la crisis de la iglesia en Chile.

“Quiero compartir con ustedes la convicción de que las dificultades presentes son también una ocasión para restablecer la confianza en la Iglesia, confianza rota por nuestros errores y pecados y para sanar unas heridas que no dejan de sangrar en el conjunto de la sociedad chilena”, expresa Francisco al inicio de su carta de 6 páginas, fechada el domingo 8 de abril, que dirige a todos los obispos chilenos reunidos en asamblea plenaria durante esta semana. 
Por expresa indicación del Papa, la carta fue hecha pública hoy ante los medios de comunicación por el obispo castrense y presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Santiago Silva, y el secretario general, Fernando Ramos.
En la carta, el Papa agradece la gestión de sus enviados especiales quienes “reconocieron ante mi haberse sentido abrumados por el dolor de tantas víctimas de graves abusos de conciencia y de poder y, en particular, de los abusos sexuales cometidos por diversos consagrados de vuestro país contra menores de edad, aquellos a los que se les negó a destiempo e incluso les robaron la inocencia”, confiesa el Papa. 
También agradece a las víctimas y a todos quienes concurrieron a dar los 64 testimonios recibidos por el arzobispo Charles Scicluna y su asistente Jordi Bertomeu.  

Dolor y vergüenza

El Papa destaca “el clima de confidencialidad alcanzado durante la visita”, evitando caer en un “circo mediático”. “Quiero agradecer a las diferentes organizaciones y medios de comunicación su profesionalidad al tratar este caso tan delicado, respetando el derecho de los ciudadanos a la información y la buena fama de los declarantes”, destaca Francisco en su reconocimiento.
Confiesa el Papa que tras la lectura del informe “creo poder afirmar que todos los testimonios recogidos hablan en modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza”. 
Para discernir las medidas que deberán ser adoptadas “para restablecer la comunión eclesial en Chile, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia”, pide la ayuda de los obispos chilenos y les convoca a Roma para dialogar sobre este tema. Para ello, pide al obispo secretario general le indique la posibilidad de fecha.
Una íntima y profunda confesión expresa Francisco hacia el final de su carta al reconocer haber incurrido “en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”. Al hacer este reconocimiento pide a los obispos que lo transmitan fielmente. Agrega: “pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo también personalmente en las próximas semanas, en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas”.

Todos los obispos irán a Roma

Luego de dar a conocer esta carta a periodistas, el obispo presidente, Santiago Silva, informó que el Episcopado comparte el dolor del Papa Francisco: “No hemos hecho todo lo suficiente”, afirmó. “Nuestro compromiso es que esto no se vuelva a repetir”, agregó.
En relación a la alusión hecha por el Santo Padre a la “falta de información veraz y equilibrada”, Mons. Silva señaló su certeza de que las autoridades de la Conferencia Episcopal pusieron a disposición del Papa la información que disponían en su momento. Informó, además, que en respuesta a la convocación del Papa, todos los obispos asistirán al encuentro convocado por él, en Roma, la tercera semana de mayo.
Conocida esta carta del papa, el movimiento de laicos y laicas de Osorno emitió una declaración en la que agradecen la misión del arzobispo Scicluna y su asistente y “aprecian el cambio de mirada que el Papa está mostrando en su misiva. Valoramos su petición de perdón y la aceptamos. Confiamos que ese arrepentimiento se expresará en acciones concretas”, expresan. Más adelante agregan: “valoramos su voluntad de restablecer confianzas. Esa es precisamente la tarea que nos debe convocar a todos los creyentes en Chile” para lo cual piden “medidas idóneas y suficientes que se hagan cargo efectivamente del problema”.
Un párrafo especial lo dedican al Nuncio Apostólico en Chile, Ivo Scapolo: “desde 2015 venimos denunciando la labor de desinformación que el Nuncio Apostólico, varios obispos y no pocos laicos cercanos a ellos, han realizado de manera sistemática”, indican. Y agregan que “el Papa también tiene que responder por qué las opiniones de ellos fueron tan gravitantes reconociendo que, al mismo tiempo, otros obispos, sacerdotes, laicos y amigos de él le entregaron información verídica que él decidió desechar”.
La declaración de la Comunidad de laicos y laicas de Osorno reconoce como un avance significativo la ampliación del tema, desde sólo el abuso sexual, hacia el abuso de poder y la manipulación de conciencia.
Concluyen con un llamado a todo el laicado “a iniciar un camino de diálogo en esta crisis y a quienes tienen miedo a superarlo. Como laicos y laicas de Osorno, seguiremos trabajando por el Reino de Dios en el sentir con la Iglesia siguiendo la enseñanza del maestro en humanidad, Jesucristo resucitado”.
 Vida Nueva

José María Castillo: "¿Somos pelagianos sin saberlo?" por José María Castillo


"EL PAPA ATRAE A TANTA GENTE PORQUE TIENE PODER SEDUCTOR"

"La Iglesia ha ido cambiando en muchas cosas. Pero casi siempre con retraso"

(José María Castillo).- El papa Francisco, en su reciente Exhortación Apostólica "Gaudete et Exultate", nos hace caer en la cuenta de que, quizá sin ser conscientes de lo que nos ocurre a muchos cristianos, en realidad estamos viviendo nuestro cristianismo a costa de recuperar y dar nueva vida a errores (y herejías), que fueron rechazados por la Iglesia, hace siglos. Pero resulta que ahora, aquellos errores de antaño se están rehabilitando, como si fueran las soluciones que necesitamos.
Por eso el Papa nos habla ahora del "pelagianismo actual". Cualquier cristiano, medianamente cultivado, sabe muy bien que el pelagianismo es una herejía, que difundió el monje Pelagio, en el s. V. En pocas palabras, lo que enseñaba Pelagio es que no existe el pecado original y negaba la necesidad de la gracia de Dios. Porque el monje Pelagio entendía que la voluntad humana tiene un poder y una autonomía que le basta. De ahí que los pelagianos relativizaban o incluso negaban la necesidad de recibir sacramentos o de observar prácticas religiosas. Justamente lo que ahora piensa y hace mucha gente. Son los que no rezan ni van a misa. Porque ellos están persuadidos de que tienen voluntad y libertad para ser ciudadanos ejemplares. Otra cosa es que lo sean. Porque escandalosos y corruptos, los tenemos en abundancia.
Frente a estas ideas, el papa Francisco insiste, con toda razón, en que los pelagianos (antiguos y modernos) "en el fondo solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a los demás". Con lo que, a mi modo de ver, los que piensan y viven así, cumplen al pie de la letra lo que dice el Papa. Ellos son los que tienen "la idea de que todo se puede con la voluntad humana". Esto es lo que piensan y dicen. Pero ¿lo hacen?
Sabemos de sobra que la Iglesia ha ido cambiando en muchas cosas. Pero casi siempre con retraso. Y porque no ha tenido más remedio que cambiar. Por ejemplo, no hace mucho, el conocido historiador Frederic Lenoir nos recordaba que la Inquisición se abolió en el siglo XVIII, pero ¿por qué? ¿Acaso porque la institución tomó conciencia de su abominable comportamiento y decidió enmendarse? No. Simplemente porque ya no tenía los medios que necesitaba su voluntad de dominación. Porque la separación de la Iglesia y el Estado privó a la Iglesia del "brazo secular" en el que se apoyaba para quitarles la vida a los herejes ("El Cristo filósofo", Madrid, Ariel, 29).
Pues algo parecido es lo que está ocurriendo ahora con esto del "pelagianismo actual". Me explico. Mucha gente no ha pensado lo que sabiamente ha dicho Peter Sloterdijk: "sin una crítica de la verticalidad no podemos avanzar". El "sistema vertical" ya no se sostiene. ¿Por qué? Mucha gente no ha caído en la cuenta del cambio seguramente más profundo que estamos viviendo. Un hecho que está cambiado la vida de la gente y que consiste en que el "poder opresor" está siendo sustituido por el "poder seductor" (Byung-Chul Han). Cuando yo veo la cantidad de gente que, por todas partes y a todas horas, va enganchada a la pantallita del móvil, y a eso le hacen más caso que a cualquier amenaza, me digo a mí mismo: ¡Esto es más serio y más determinante de lo que imaginamos!
La religión fue determinante mientras el poder opresor (el pecado, la culpa, el infierno...) tuvo la fuerza suficiente para influir en la vida de los creyentes. Ese poder y esa fuerza se han debilitado y cada día interesan menos y pueden menos. ¿Qué queda en pie? El poder seductor de lo que nos impresiona y nos atrae.
¿Por qué el papa Francisco atrae a tanta gente que ni tiene creencias religiosas? Por una razón muy sencilla. Porque tiene poder seductor. Es verdad que este papa tiene enemigos, sobre todo en los ambientes clericales y tradicionales. Por la sencilla razón de que esos ambientes han vivido, en gran medida, del poder opresor (de Dios, del obispo, del párroco, del pecado y del infierno). En la medida en que los "clericales" y "tradicionales" se quedan sin "poder opresor", en esa misma medida se ven desarmados y tienen la impresión de que se hunden.
Por el contrario, si leemos y releemos las páginas de los evangelios, lo que allí se palpa es que Jesús tuvo un "poder seductor" irresistible. Lo más claro, en este sentido, es el poder que, en el Evangelio, tiene el "seguimiento" de Jesús. Basta una palabra, "sígueme". Eso es todo. Ni un programa de vida, ni un motivo, ni un ideal. Nada (D. Bonhoeffer). Y sabemos que, por la fuerza de esa palabra, la gente dejaba sus casas, sus familias, se olvidaba de comer, perdía toda seguridad.... La fuerza de la seducción era irresistible. Como insoportable fue, para los Sumos Sacerdotes y "hombres de la religión", el poder seductor de Jesús. Hasta que decidieron matarlo (Jn 11, 47-53).
¿Pelagianismo actual? Como exactamente concluye Francisco, mientras "en cada hermano, especialmente en el más pequeño, frágil, indefenso y necesitado veamos presente la imagen misma de Dios", y les tratemos en consecuencia, el futuro estará cada día más despejado. Una religión así, tiene y tendrá un poder irresistible.
José María Castillo
Teología sin censura
RD

Romero y Pablo VI serán canonizados juntos en Roma el 21 de octubre


LA CEREMONIA, PRESIDIDA POR EL PAPA, COINCIDIRÁ CON EL SÍNODO DE LOS OBISPOS

El Vaticano todavía no ha confirmado oficialmente la fecha ni el lugar

(José M. Vidal).- La canonización de Monseñor Romero será en Roma el domingo, 21 de octubre. Primero lo divulgaron los comités Oscar Romero y, ahora, una fuente todavía más cercana al Papa, el cardenal Maradiaga. A su paso por Madrid, para participar en la 47 Semana de la vida consagrada, el purpurado hondureño confirmó que "la canonización de Romero será el día 21 de octubre, en Roma, coincidiendo con el Sínodo de los Obispos".
El prelado salvadoreño será canonizado, pues, nada menos que con el Papa Pablo VI y, quizás, con algunos otros santos o santas, todavía sin especificar. Lo que sí parece confirmado es que, con este gesto de la canonización conjunta del arzobispo Romero y del Papa Montini, el Papa Francisco ha querido resaltar y unir en la misma ceremonia a dos 'abanderados' del Concilio Vaticano II.
Es una forma indirecta y clara de decir a la Iglesia que no hay marcha atrás en la aplicación a tumba abierta del Concilio y que, por lo tanto, tampoco habrá retroceso en la implementación de las reformas del Papa de la primavera. Una reformas que no tienen más hoja de ruta que el Vaticano II.
Se estuvo especulando, durante mucho tiempo, sobre el lugar más adecuado para elevar a los altares al Santo de América. Con dos posturas enfrentadas. Unos pretendían que se realizase en su patria, El Salvador, aprovechando el viaje del Papa a Panamá, para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud. De esta forma, El Salvador recibiría la visita de Francisco, esperada como un bálsamo de esperanza y de apertura de horizontes, para un país sumido en el caos de la violencia de las maras.
De hecho, el cardenal Rosa Chávez, amigo del beato Romero, pide a los salvadoreños que entiendan la canonización como acto de reconciliación para El Salvador, pese se ser éste un año electoral y a pesar de la polarización que afecta al país. Rosa Chávez viene insistiendo en que la santificación de Romero debe servir como un momento propicio para el reencuentro de sociedad salvadoreña.
Tanto es así que en el país centroamericano comenzó a circular una campaña, liderada por María López Vigil, para pedirle al Papa que canonice a Romero en Roma. Entre otras cosas, porque se teme que pudiese ser la escusa de un mayor estallido de violencia. Y tampoco quieren que la figura del arzobispo asesinado sea instrumentalizado y 'domesticado' por la derecha ultraconservadora, tanto política como religiosa.
Otros, por su parte, optaban porque la canonización se celebrase en Roma, para universalizar, más aún si cabe, la figura del beato salvadoreño, que ya es San Romero de América, pero, desde el Vaticano, puede convertirse en Sam Romero del mundo y alcanzar una talla de icono mundial de la solidaridad y del martirio.
La suerte está echada, a falta de la comunicación oficial vaticana. Además de las razones coyunturales y re resonancia mundial, parece que lo que definitivamente inclinó el fiel de la balanza a favor de Roma fue el interés del propio Papa Francisco, que quiere elevar personalmente a los altares a su 'papa preferido' y al arzobispo que tanto admira.
Cuentan en Roma que lo único que le duele al Papa es que, al canonizar a Romero en Roma, los pobres, sus amados pobres salvadoreños no podrán asistir a la ceremonia y no se descarta que el Vaticano pudiese ayudar, directa o indirectamente, a familias pobres salvadoreñas, para que puedan asistir al evento.
RD

Francisco pide perdón a las víctimas de Barros: "He incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción"


CONVOCA A LOS OBISPOS DE CHILE A ROMA "PARA REPARAR EN LO POSIBLE EL ESCÁNDALO Y RESTABLECER LA JUSTICIA"

El Papa manifiesta "dolor y vergüenza" e invita a Hamilton, Cruz y Murillo para resarcilos personalmente

(Jesús Bastante).- "He incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada. Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí". De forma directa, Francisco pidió perdón a las víctimas de Karadima y Barros, convocando a los obispos chilenos a Roma "para reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia" ante un escándalo que ha provodado en Bergoglio "dolor y vergüenza".
Estas son las claves de la carta de Francisco ha enviado a los obispos de país tras conocer los resultados de la investigación llevada a cabo por Charles J. Scicluna y Jordi Bertomeu, para analizar los abusos a menores en la Iglesia del país. Un duro trabajo, de más de 2.300 folios, tras los cuales Francisco admite que la confianza en la Iglesia del país está "rota por nuestros errrores y pecados".
Tras mostrar su agradecimiento a los investigadores "por su ingente labor de escucha serena y empática de los 64 testimonios que recogieron recientemente tanto en Nueva York como en Santiago de Chile", el Papa confiesa cómo tanto Scicluna como Bertomeu "reconocieron ante mí haberse sentido abrumados por el dolor de tantas víctimas de graves abusos de conciencia y de poder y, en particular, de los abusos sexuales cometidos por diversos consagrados de vuestro País contra menores de edad, aquellos a los que se les negó a destiempo e incluso les robaron la inocencia".

Tras una lectura de las actas, afirma Bergoglio, "creo poder afirmar que todos los testimonios recogidos en ellas hablan en modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza".
Por ello, reclama a los obispos chilenos "colaboración y asistencia en el discernimiento de las medidas que a corto, medio y largo plazo deberán ser adoptadas para restablecer la comunión eclesial en Chile, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia".
"Pienso convocarlos a Roma para dialogar sobre las conclusiones de la mencionada visita y mis conclusiones". Un encuentro que será "fraternal, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, con el solo objetivo de hacer resplandecer la verdad en nuestras vidas", y quer pretende sea cuanto antes.
"En lo que me toca, reconozco y así quiero que lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada. Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo personalmente, en las próximas semanas, en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas", apunta Francisco. Algunas fuentes aseguran que el Papa ya ha invitado a Hamilton, Cruz y Murillo al Vaticano para pedirles perdón pública y directamente.
"Quizás incluso también sería oportuno poner a la Iglesia de Chile en estado de oración", apunta el Papa, quien pide que "no podemos volver a caer en la tentación de la verborrea o de quedarnos en los 'universales'".

Éste es el texto de la carta:

A los Señores Obispos de Chile.
Queridos hermanos en el episcopado:
La recepción durante la semana pasada de los últimos documentos que completan el informe que me entregaron mis dos enviados especiales a Chile el 20 de marzo de 2018, con un total de más de 2.300 folios, me mueve a escribirles esta carta. Les aseguro mi oración y quiero compartir con Ustedes la convicción de que las dificultades presentes son también una ocasión para restablecer la confianza en la Iglesia, confianza rota por nuestros errores y pecados y para sanar unas heridas que no dejan de sangrar en el conjunto de la sociedad chilena.
Sin la fe y sin la oración, la fraternidad es imposible. Por ello, en este 2º domingo de Pascua, en el día de la misericordia, les ofrezco esta reflexión con el deseo de que cada uno de Ustedes me acompañe en el itinerario interior que estoy recorriendo en las últimas semanas, a fin de que sea el Espíritu quien nos guíe con su don y no nuestros intereses o, peor aún, nuestro orgullo herido.A veces cuando tales males nos arrugan el alma y nos arrojan al mundo flojos, asustados y abroquelados en nuestros cómodos "palacios de invierno", el amor de Dios sale a nuestro encuentro y purifica nuestras intenciones para amar como hombres libres, maduros y críticos. Cuando los medios de comunicación nos avergüenzan presentando una Iglesia casi siempre en novilunio, privada de la luz del Sol de justicia (S. Ambrosio, Hexameron IV, 8, 32) y tenemos la tentación de dudar de la victoria pascual del Resucitado, creo que como Santo Tomás no debemos temer la duda (Jn 20, 25), sino temer la pretensión de querer ver sin fiarnos del testimonio de aquellos que escucharon de los labios del Señor la promesa más hermosa (Mt 28, 20).
Hoy les quiero hablar no de seguridades, sino de lo único que el Señor nos ofrece experimentar cada día: la alegría, la paz el perdón de nuestros pecados y la acción de Su gracia.
Al respecto, quiero manifestar mi gratitud a S.E. Mons. Charles Scicluna, Arzobispo de Malta, y al Rev. Jordi Bertomeu Farnós, oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por su ingente labor de escucha serena y empática de los 64 testimonios que recogieron recientemente tanto en Nueva York como en Santiago de Chile. Les envié a escuchar desde el corazón y con humildad. Posteriormente, cuando me entregaron el informe y, en particular, su valoración jurídica y pastoral de la información recogida, reconocieron ante mí haberse sentido abrumados por el dolor de tantas víctimas de graves abusos de conciencia y de poder y, en particular, de los abusos sexuales cometidos por diversos consagrados de vuestro País contra menores de edad, aquellos a los que se les negó a destiempo e incluso les robaron la inocencia.
El mismo más sentido y cordial agradecimiento lo debemos expresar como pastores a los que con honestidad, valentía y sentido de Iglesia solicitaron un encuentro con mis enviados y les mostraron las heridas de su alma. Mons. Scicluna y el Rev. Bertomeu me han referido cómo algunos obispos, sacerdotes, diáconos, laicos y laicas de Santiago y Osorno acudieron a la parroquia Holy Name de Nueva York o a la sede de Sotero Sanz, en Providencia, con una madurez, respeto y amabilidad que sobrecogían.
Por otra parte, los días posteriores a dicha misión especial han sido testigos de otro hecho meritorio que deberíamos tener bien presente para otras ocasiones, pues no solo se ha mantenido el clima de confidencialidad alcanzado durante la Visita, sino que en ningún momento se ha cedido a la tentación de convertir esta delicada misión en un circo mediático. Al respecto, quiero agradecer a las diferentes organizaciones y medios de comunicación su profesionalidad al tratar este caso tan delicado, respetando el derecho de los ciudadanos a la información y la buena fama de los declarantes.
Ahora, tras una lectura pausada de las actas de dicha "misión especial", creo poder afirmar que todos los testimonios recogidos en ellas hablan en modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza.
Teniendo en cuenta todo esto les escribo a Ustedes, reunidos en la 115ª asamblea plenaria, para solicitar humildemente Vuestra colaboración y asistencia en el discernimiento de las medidas que a corto, medio y largo plazo deberán ser adoptadas para restablecer la comunión eclesial en Chile, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia.
Pienso convocarlos a Roma para dialogar sobre las conclusiones de la mencionada visita y mis conclusiones. He pensado en dicho encuentro como en un momento fraternal, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, con el solo objetivo de hacer resplandecer la verdad en nuestras vidas. Sobre la fecha encomiendo al Secretario de la Conferencia Episcopal hacerme llegar las posibilidades.
En lo que me toca, reconozco y así quiero que lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada. Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo personalmente, en las próximas semanas, en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas.
Permaneced en mí (Jn 15,4): estas palabras del Señor resuenan una y otra vez en estos días. Hablan de relaciones personales, de comunión, de fraternidad que atrae y convoca. Unidos a Cristo como los sarmientos a la vid, los invito a injertar en vuestra oración de los próximos días una magnanimidad que nos prepare para el mencionado encuentro y que luego permita traducir en hechos concretos lo que habremos reflexionado. Quizás incluso también sería oportuno poner a la Iglesia de Chile en estado de oración. Ahora más que nunca no podemos volver a caer en la tentación de la verborrea o de quedarnos en los "universales". Estos días, miremos a Cristo. Miremos su vida y sus gestos, especialmente cuando se muestra compasivo y misericordioso con los que han errado. Amemos en la verdad, pidamos la sabiduría del corazón y dejémonos convertir.
A la espera de Vuestras noticias y rogando a S.E. Mons. Santiago Silva Retamales, Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, que publique la presente con la mayor celeridad posible, les imparto mi bendición y les pido por favor que no dejen de rezar por mí.
Vaticano, 8 de abril de 2018
FRANCISCO
 



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El Papa pide perdón y reconoce haberse equivocado sobre los abusos sexuales en Chile