Saturday, September 01, 2018

La disculpa de un obispo por "tocar" a Ariana Grande en el funeral de Aretha Franklin

Ariana Grande y el obispo en el funeral de Aretha Franklin.

El obispo que ofició el funeral de Aretha Franklin se disculpó con Ariana Grande después de ser acusado de haberla manoseado en el escenario.
Durante las exequias, Grande cantó la canción (You Make Me Feel Like) A Natural Woman, de la "Reina del Soul" y al terminar, subió al podio desde el que el pastor Charles H. Ellis III dirigía la ceremonia, realizada el viernes en Detroit, Michigan.
Las imágenes del momento muestran a Ellis abrazando a la joven por encima de su cintura, apretando sus dedos alrededor de su pecho.
Muchos usuarios en redes sociales comentaron que el religioso había puesto su mano a una altura inapropiada en el cuerpo de la artista de 25 años y que ella parecía incómoda con el contacto.
I think every woman can look at Ariana Grande's face and body language and viscerally feel what she's feeling. The tension. The nervous laughter. Not wanting to make a scene or make him angry. Every woman knows this feeling.

But google her and everyone's talking about her dress.


"Creo que todas las mujeres pueden ver el rostro y el lenguaje corporal de Ariana Grande y sentir visceralmente lo que ella estuvo sintiendo. La tensión. La risa nerviosa. No querer hacer una escena o enojarlo (al obispo). Toda mujer conoce este sentimiento. Pero googléala y todo el mundo está hablando de su vestido", tuiteó Maggie Astor, reportera de The New York Times.

"Nunca sería mi intención tocar el pecho de ninguna mujer", dijo el religioso a medios estadounidenses, según la agencia AFP.
"Quizás sobrepasé el límite, tal vez fui demasiado amigable", señaló."Pero de nuevo, me disculpo".
El predicador dijo que había abrazado a todos los artistas, hombres o mujeres, durante la despedida de Franklin.
"A todos los que subieron les estreché la mano y los abracé. De eso se trata todo en la iglesia. Todo se trata de amor", aseguró Ellis.
El hashtag #RespectAriana se volvió tendencia a raíz de las imágenes y sus seguidores empezaron a publicar un tuit de la intérprete relacionado con el consentimiento de las mujeres.
"La elección de las mujeres ♡, nuestros cuerpos, nuestra ropa, nuestra música, nuestras personalidades..... sexy, coqueta, divertida, no es una invitación abierta", escribió la cantante en diciembre de 2016.
Mientras tanto, otros usuarios en redes sociales habían estado criticando a Grande por la altura del vestido que llevaba puesto en el servicio religioso.
Pero algunas personas dijeron que era misógino centrarse en la vestimenta de la artista en vez de la conducta del obispo.

¿Broma de mal gusto?

Su acercamiento físico con la cantante no fue lo único por lo que el pastor tuvo que excusarse.
Cuando la joven subió al podio, le hizo una broma sobre su nombre. "Cuando leí Ariana Grande en el programa, pensé que era algo nuevo en Taco Bell (cadena estadounidense de comida rápida)", le dijo.
Ariana Grande

A mucha gente le pareció gracioso el comentario, pero otros pensaron que había sido de mal gusto.
"Personal y sinceramente me disculpo con Ariana, sus admiradores y toda la comunidad hispana", dijo el obispo.
"Cuando estás dirigiendo un programa durante nueve horas, tratas de mantenerlo animado, tratas de hacer algunas bromas".
Newsbeat, de la BBC, trató de comunicarse con representantes de Ariana Grande, pero no recibió respuesta.
El funeral de Franklin, que murió el 16 de agosto a los 76 años, duró nueve horas.

La artista fue recordada como activista de los derechos civiles e ícono de la mujer negra.
BBC

Ariana Grande Performs "Natural Woman" at Aretha Franklin's Funeral


Ariana Grande performed a stirring rendition of Aretha Franklin's '(You Make Me Feel Like) A Natural Woman' in tribute to the Queen of Soul at her funeral in Detroit.

Bishop apologizes for how he touched Ariana Grande at Aretha Franklin funeral


Boicot al Papa por Cristina López Schlichting


Como una piedra en el zapato, una mota en el ojo, un grito al oído, así fueron los poderes públicos irlandeses con el Papa, cuyo viaje al país estorbaron por todos los medios a su alcance. Hubo detalles refinadamente malignos, como obligar a celebrar la misa del domingo a las tres de la tarde, en un país que se acuesta a las nueve. Una maratón para los fieles del norte y del sur del país.
Con la excusa de la seguridad policial se nos obligó a caminar más de una hora para encontrarnos con Francisco en el Phoenix Park, y lo mismo a la vuelta. En un recinto dos veces más grande que Hyde Park y capaz de albergar dos millones de personas se redujo por decreto a medio millón el número de entradas disponibles. Y hasta se amedrentó por TV a la gente con el fantasma de posibles contagios y epidemias: había expendedores de líquido antiséptico en las entradas al recinto. Lo nunca visto.
La cobertura mediática fue una de las mayores manipulaciones a las que he asistido. Tomas semi desiertas de los actos –cogidas cuando habían terminado–, entrevistas a personas iletradas y a menudo bobas, y pantalla partida para situar la misa del Fénix Park al mismo nivel de relevancia que una manifestación de protesta desarrollada el domingo contra la Iglesia y que concentró a 10.000 personas. La fecha del «affaire Viganó», que opacó la información de domingo y lunes pasados no fue casualidad. Fue la guinda de un pastel largamente cocinado.

La Razón

¡Qué suerte tienen los delincuentes católicos! por Berna González Harbour

El papa Francisco, esta semana junto a un grupo de Quintana Roo (México) en Roma.
El papa Francisco, esta semana junto a un grupo de Quintana Roo (México) en Roma. EFE

El confesor borra los pecadillos del historial personal. No quedan antecedentes penales tras rezar varias avemarías


Los católicos suelen sentir la tranquilidad de pertenecer a la única religión verdadera —creen, luego para ellos así es— e históricamente han tenido la ventaja de poder pecar siempre que luego visiten el confesionario para pasar la bayeta. Allí, el confesor les aguarda como un decidido Míster Proper dispuesto a trasladar el perdón divino que borra los pecadillos del historial personal. No quedan antecedentes penales tras rezar varias avemarías.
Con el tiempo los católicos empiezan a percibir también, sin embargo, algunas desventajas. Muy serias. La Iglesia católica mantiene un machismo institucional prefeudal, al excluir a la mujer de cualquier ámbito de la jerarquía y relegar su entrega a la carrera monjil. Ellas barren y limpian estupendamente durante los cónclaves de cardenales-hombres en Roma reunidos para elegir a sus Pontífices-hombres. Hasta en los peores momentos del absolutismo, donde las mujeres no tenían ni por asomo capacidad de elegir ni decidir gran cosa, hubo reinas en las coronas de Europa. Algunas, brillantes.
También para los hombres hay desventajas. El celibato es un voto obligatorio, tanto como la pobreza y la obediencia. Pero reconozcan que la ecuación es, si no perfecta, muy ventajosa: prometen sus votos a Dios y en lo posible cumplen, pero cualquier desvío del camino encuentra su perdón en el confesionario. La misericordia es un hallazgo.
La Conferencia Episcopal de Australia nos lo ha recordado esta semana: los confesores no pueden ser forzados a revelar delitos —delitos, sí— conocidos durante la confesión al considerar que eso “va contra la fe y la libertad religiosa”. La negativa desoye las instrucciones de la comisión gubernamental que investiga casos de pederastia y que ha averiguado que el 7% de los sacerdotes que trabajaban en Australia entre 1950 y 2010 están implicados en abusos sexuales. En algunos lugares la cifra ha llegado al 15%.
El derecho canónico, ciertamente, considera el secreto de confesión una cuestión inviolable so pena de excomunión. Teóricamente se trata de respetar el secreto del pecador, no del cura. Y las legislaciones civiles de países tradicionalmente católicos suelen conceder una dispensa a los religiosos para que puedan cumplir con su obligación canónica. Pero hay algo que deberían tener en cuenta: el derecho penal, y no el canónico, es el que rige las normas de las que nos hemos dotado para proteger a las víctimas de crímenes y perseguir a los delincuentes. Trabajar por esa protección debería concernirles.
La jerarquía católica no solo está desoyendo el clamor de una sociedad que ya no está dispuesta a callar y que exige justicia penal, y no divina, sino que además y sobre todo está perdiendo la batalla moral. Hoy defiende el secreto de confesión con la misma convicción con la que ha practicado el encubrimiento y traslado de sacerdotes involucrados en abusos. Los informes sobre pederastia en Irlanda, Boston, Pensilvania o Australia desbordan al Vaticano, que aún no ha sabido reaccionar.
Tienen suerte los delincuentes católicos que pueden confesar y quedar indemnes. No tanta sus víctimas.
El País

Viganò riza el rizo: ahora se desmiente a sí mismo por Jesús Bastante


Admite que las 'sanciones' de Ratzinger a McCarrick eran "personales y secretas", y que él no las hizo cumplir

ADMITE QUE LAS 'SANCIONES' DE RATZINGER A MCCARRICK ERAN "PERSONALES Y SECRETAS", Y QUE ÉL NO LAS HIZO CUMPLIR

"Burke, Viganò, Müller, etc..., y sus terminales mediático-políticas, conseguirán que este Papado salga mucho más reforzado"
Si las sanciones eran privadas y solo las conocían Benedicto
(por ser quien las impuso), McCarrick (el sancionado) y
Viganò (como representante papal en EE.UU.), ¿por qué Viganò
no las hizo cumplir?

(Jesús Bastante).- El ex nuncio en EE.UU. y filtrador profesional, Carlo
Maria Viganò
, está en paradero desconocido. Después de soltar la 'bomba',
perfectamente calculada y sincronizada con algunos de los tentáculos
ideológicos y mediáticos de la cultura de la 'fake news', Viganò se ha largado.
Dice que tiene miedo. Tal vez está comenzando a medir las consecuencias
de su burdo ataque al Papa Francisco. Y, desde su refugio, y ya utilizado
como huida hacia adelante, comienza a matizar y a desmentirse a sí
 mismo
.
Una vez que ha quedado más que demostrado, con un mero ejercicio
de hemeroteca, que McCarrick jamás actuó como si Benedicto
XVI lo hubiera sancionado,
 y que el propio Viganò concelebró con él,
lo abrazó y dijo que le quería mucho, Viganò dice ahora que claro, que
las sanciones de Ratzinger eran privadas, y que nadie podía conocerlas,
que el Papa emérito no quiso hacerlas públicas porque McCarrick estaba
jubilado y porque, en definitiva, no iba a obedecer.
En una entrevista con LifeSiteNews, una de las terminales de la extensión
de la mentira, Viganò apunta que las sanciones contra el ya ex cardenal
(porque resulta que, oh, el encubridor Bergoglio, lo ha sancionado quitándole
la púrpura, y ordenándole la absoluta retirada de toda vida pública. Y, lo
que resulta más increíble para el entendimiento de los ultras. ¡ha
hecho que se cumpla!) eran "personales y secretas".
Ver video mostrado por Cindy Wooden, aquí
Abp Carlo Maria Vigano at a gala honoring then-Cardinal McCarrick in May 2012, six months after the archbishop now says he was given instructions about Pope Benedict's supposed sanctioning of McCarrick.

Tal y como apunta Andrea Tornielli, "McCarrick no obedeció a estas presuntas
 'sanciones' del Papa Ratzinger, las cuales, al ser secretar, fueron
comunicadas por el representante del Pontífice verbalmente al implicado.
Y el implicado, es decir McCarrick, no solo no debía informar a nadie sobre
estas presuntas restricciones, sino, efectivamente no les prestó atención.
Solo hizo caso en relación con su residencia, pero siguió manteniendo el
perfil público que tenía antes".
¿De quién era la responsabilidad de hacer cumplir esas supuestas
sanciones?
 Del mismo que ahora matiza y asume que "no estaba
en la posición de imponerlas, especialmente porque estas medidas
dadas a McCarrick habían sido comunicadas en privado, puesto que había
sido la decisión del Papa Benedicto".
Uno se pregunta: si las sanciones eran privadas y solo las conocían
Benedicto (por ser quien las impuso), McCarrick (el sancionado)
y Viganò (como representante papal en EE.UU.), ¿por qué Viganò no las
hizo cumplir? ¿Pidió Viganó audiencia a Ratzinger para comunicarle
que no se estaba cumpliendo su voluntad? ¿Por qué permitió que
McCarrick se viera y se abrazara en público, en Roma, con el Papa 
que supuestamente lo había sancionado a no viajar, no celebrar
en público, no dar conferencias? ¿Por qué él mismo dijo en público, en
2012, que McCarrick era "tan amado por tantos"? Y, sobre todo, ¿por
qué ataca al único que sí sancionó públicamente al purpurado, con
la mayor condena para un cardenal?
La respuesta es simple, y evidente: porque Viganò miente, y sabe que
miente
. Un ejemplo más de que las intenciones de Bergoglio respecto al
cambio en la Curia, y especialmente su denuncia del clericalismo, son
más urgentes que nunca. Y que los Burke, Viganò, Müller, etc..., y sus
terminales mediático-políticas, sin quererlo, conseguirán que este Papado
salga mucho más reforzado.
RD

Viganò: Benedicto no quiso sanciones públicas porque McCarrick ya estaba jubilado por ANDREA TORNIELLI


El entonces nuncio apostólico en Washington con el cardenal McCarrick (2 de mayo de 2012)

Nueva entrevista del ex nuncio desde su refugio secreto, esta vez con Lifesitenews: «Yo no podía imponer las decisiones del Papa»

A cinco días de la publicación del “comunicado” con el que el ex nuncio Carlo Maria Viganò ha pedido la renuncia del Papa Francisco por presuntos encubrimientos del cardenal Theodore McCarrick, molestador serial de seminaristas y jóvenes sacerdotes, una nueva entrevista de su autor hace que crezcan las dudas sobre todo el caso. 
  
Pierden consistencia las presuntas sanciones que el Papa Ratzinger habría impuesto al cardenal, sobre las cuales Viganò insiste con énfasis en su texto,pero que no obtuvieron ningún efecto, puesto que el “sancionado” McCarrick siguió viajando (incluso al Vaticano), dictando conferencias, presidiendo celebraciones. 
   
Viganò escribió en el comunicado publicado en línea al unísono, el pasado domingo 26 de agosto, por la red mediática italo-estadounidense ultraconservadora: «Supe con certeza, mediante el Card. Giovanni Battista Re, entonces Prefecto de la Congregación para los Obispos, que el valiente y merecedor “Statement” de Richard Sipe había tenido el resultado esperado. El Papa Benedicto impuso al Card. McCarrick sanciones semejantes a las que ahora le ha infligido el Papa Francisco: el cardenal debía dejar el seminario en el que vivía, se le prohibía que celebrara en público, que participara en reuniones públicas, que dictara conferencias, que viajara, con la obligación de dedicarse a una vida de oración y de penitencia». 
  
En realidad, las sanciones no eran para tanto. Las de Benedicto XVI, según el mismo Viganò, eran personales y secretas. Nadie tenía que estar al tanto. Las del Papa Francisco, por el contrario, fueron inmediatamente divulgadas, para que todos supieran que el anciano cardenal había sido sancionado después de que surgiera una denuncia por pederastia en su contra.  
  
¿Cuándo tomó esa decisión personal el Papa Ratzinger? Probablemente a finales de 2008 o a principios de 2009, fecha en la que McCarrick efectivamente dejó el seminario Redemptoris Mater de Washington para irse a vivir a una parroquia de la capital. Recordemos que en ese momento no solo han llegado al Vaticano indicaciones y denuncias, sino que dos diócesis han pagado indemnizaciones a ex sacerdotes que sufrieron los abusos de McCarrick cuando eran seminaristas. 
  
Como se ha abundantemente documentado en los últimos días, McCarrick no obedeció a estas presuntas “sanciones” del Papa Ratzinger, las cuales, al ser secretar, fueron comunicadas por el representante del Pontífice verbalmente al implicado. Y el implicado, es decir McCarrick, no solo no debía informar a nadie sobre estas presuntas restricciones, sino, efectivamente no les prestó atención. Solo hizo caso en relación con su residencia, pero siguió manteniendo el perfil público que tenía antes. 
  
Los videos, las fotografías, los artículos y los comunicados que han ido surgiendo en los últimos días demuestran la total libertad que tenía McCarrick, quien, en tres ocasiones, pudo reunirse con el mismo Benedicto XVI en el Vaticano, concelebrar en San Pedro, ordenar a diáconos al lado del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, William Levada, y recibir el afecto y las felicitaciones del mismo Viganò durante una cena de gala en Manhattan en mayo de 2012, en pleno Pontificado ratzingeriano. 
  
El ex nuncio, ante todo este material documental, y ante las preguntas que han ido surgiendo, consideró oportuno intervenir nuevamente para aclarar los puntos oscuros de su “comunicado”, con el que tratando de pedir la renuncia del actual Pontífice acaba involucrando a sus dos predecesores. Lo ha hecho para explicar que tenía las manos atadas: no era él quien tenía la responsabilidad de hacer que se respetaran estas sanciones, porque eran secretas. Viganò concedió una breve entrevista a LifeSiteNews, sitio ultraconservador estadounidense, reconociendo que McCarrick «no obedeció» a las sanciones. Y añadió que, debido a la naturaleza de estas mismas sanciones del Pontífice, él, como nuncio, no tenía ninguna autoridad para reforzarlas y hacer que fueran respetadas. 
  
«No estaba en la posición de imponerlas», dijo Viganò, «especialmente porque estas medidas dadas a McCarrick» habían sido comunicadas «en privado», puesto que «había sido la decisión del Papa Benedicto». Viganò también afirmó que las sanciones tal vez eran privadas «porque McCarrick ya estaba jubilado, o tal vez porque Benedicto pensaba que estaba listo para obedecerlas». Pero McCarrick «claramente no obedeció», indica Viganò, confirmando lo que es evidente para todo el mundo. 
  
Es interesante detenerse en la explicación que ofrece ahora el ex nuncio: el Papa Ratzinger probablemente no quería humillar en público al cardenal molestador (hasta ese momento, hay que recordarlo, no se sabía que también fuera un pederasta), porque ya estaba jubilado. Ya no desempeñaba su ministerio de arzobispo de Washington y poco más de un año después, con los ochenta años, habría dejado de tener el derecho para participar en la elección durante un Cónclave con los demás cardenales electores. 
  
Mucho menos lógica parece la segunda hipótesis que propone Viganò: el Papa Ratzinger estaba convencido de que McCarrick habría obedecido. Es lícito preguntarse: si McCarrick había dejado claro que ignoraba las sanciones (¿o recomendaciones?) secretas del Papa, que él mismo recordó en vano al cardenal, ¿por qué Viganò no le pidió al mismo Benedicto que interviniera? ¿Tal vez transformando esas indicaciones secretas que nunca fueron seguidas en sanciones públicas, que habrían informado a toda la Iglesia los graves problemas morales, los abusos y los crímenes cometidos por el importante purpurado estadounidense? 
  
Para justificar todas las veces en las que McCarrick se mostró en público o cuando pudo acercarse a Benedicto XVI en compañía de otros obispos estadounidenses que estaban llevando a cabo su visita “ad limina” (en enero de 2012) Viganò explica: «¿Se imagina usted al Papa Benedicto, con su carácter manso, diciendo: “¿Y usted qué hace aquí?”, enfrente de los demás obispos?». Efectivamente, sanción secreta significa que nadie más la conoce. Entonces, ¿por qué Benedicto no pidió noticias al nuncio apostólico y no envió a sus colaboradores para que insistieran en las sanciones? Pocos meses después, en abril de 2012, McCarrick estuvo nuevamente con el Papa en el Vaticano, en audiencia con la Papal Foundation. s, en abril de 2012, McCarrick estuvo nuevamente con el Papa en el Vaticano, en audiencia con la Papal Foundation. Y tampoco sucedió nada después de esta audiencia. Es decir, estas sanciones en contra del cardenal, si efectivamente existen, debían ser más bien recomendaciones bastante blandas. O por lo menos así fueron interpretadas.  
  
La entrevista de Viganò representa, objetivamente, un elemento más que revela las intenciones de la operación que se consumó en los últimos días: la petición de la renuncia del Papa. Es decir, el primero que adoptó sanciones públicas contra McCarrick, haciendo que se respeten y quitándole la púrpura (cosa que hace casi un siglo no sucedía en la Iglesia). 

Vatican Insider


La historia de la bomba contra el Papa se va haciendo más surrealista por momentos por John L. Allen Jr.



Si hay algo que cualquiera que cubra el Vaticano debe saber a estas alturas es que nunca se puede decir que una historia no se puede volver más surrealista porque, créanme, siempre puede. El martes, el veterano periodista vaticano Edward Pentin, quien publicó la historia sobre la carta-bomba del arzobispo Carlo Maria Viganò acusando al Papa de encubrir las acusaciones de abusos contra el excardenal Theodore McCarrick y pidiéndole que renunciara, añadió un giro nuevo a la narración.
Según Pentin, “Viganò se ha escondido y teme por su vida después de la publicación de su testimonio”. Supongamos que esto es cierto. Será el resultado, o bien del estrés unido a una imaginación desbordante, o que Viganò tiene razones reales para temer por su vida. En cualquier caso, es otra vuelta de tuerca en lo que ya de por sí es un guión sorprendente.
Aparte de esto, hay dos capítulos más de la historia en las últimas 48 horas. Primero, algunos obispos americanos (y uno de Kazajistán) han comentado sobre las acusaciones de Viganò y en algunos casos, el tono ha sido increíblemente contundente. El obispo Robert McElroy, de San Diego, ha dicho: “En la selección de obispos atacados, en sus claros esfuerzos por saldar cuentas personales, en su omisión de cualquier referencia a su propia participación personal en el encubrimiento de los abusos sexuales, y más profundamente, en su odio hacia el papa Francisco y todas sus enseñanzas, el arzobispo Viganò subordina de manera clara la búsqueda de la verdad al sectarismo, la división y la distorsión”.

Obispos a favor y en contra

Mientras, el obispo Robert Morlino, de Madison, Wisconsin dice: “Los criterios para unas alegaciones creíbles están más que cumplidos y hay una investigación en curso de acuerdo con los procedimientos canónicos adecuados… Debo confesar mi decepción cuando, en sus comentarios a la vuelta de Dublín, el Santo Padre escogió la línea de ‘sin comentarios’ al hablar de las conclusiones que se podían sacar de las alegaciones de Viganò. Además, el Papa dijo que dichas conclusiones deberían dejarse a la “madurez profesional” de los periodistas. En  EE UU, y en cualquier sitio, de hecho, pocas cosas son más cuestionables que la madurez profesional de los periodistas”.
En general, el marcador por ahora está en cuatro obispos que hablan en defensa del Papa (Cupich, de Chicago, Tobin, de Newark, Wuerl, de Washington –los tres cardenales–, y McElroy), frente a seis que apoyan a Viganò (Konderla, de Tulsa, Olmsted, de Phoenix, Strickland, de Tyler, Chaput, de Filadelfia, Schneider, de Kazastán, y Morlino). Para hacer el cuadro completo, aquellos cuyas declaraciones se decantaban a favor del Papa, también respondían a las alegaciones en su contra que aparecían en la carta de Viganò.  
El cardenal Daniel DiNardo, de Galveston-Houston, en nombre del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal de EE UU, publicó una cuidadosa declaración que pedía una investigación pero que no tomaba parte. El arzobispo Vigneron, de Detroit, hizo unas declaraciones que parecían deliberadamente neutrales. También hace pocas horas, algunos de los consejeros en la sombre de Viganò han salido a la luz. Tim Busch, abogado católico americano y figura relevante en varios círculos de Iglesia, ha confirmado que había hablado con Viganò antes de hacerlo público. El veterano escritor vaticano Marco Tossati comentó que pasó tres horas con Viganò afinando la declaración, y otro periodista italiano, Aldo Maria Valli, dijo que habló con Viganò en una cena.

¿Es un ataque político?

Lo que es fácilmente visible es que la reacción de los obispos, por lo menos hasta ahora, se desarrolla en las líneas ideológicas previsibles: cuanto más liberal un obispo, menos creerá a Viganò y viceversa. Y lo mismo con la gente que aconsejó a Viganò y los medios que publicaron su documento por primera vez. Todos tienen unos credenciales fuertemente conservadores y ninguno son expertos reconocidos o adalides de las reformas en lo que a abusos sexuales se refiere. Todo esto echa leña al fuego para aquellos que sugieren que este es un ataque político.
Los supervivientes de los abusos claramente tienen dudas. Peter Isely, por ejemplo, que fundó el grupo ‘Terminar con el abuso del clero’ dijo lo siguiente: “Esta es una lucha interna entre facciones de la Curia que están explotando la crisis de los abusos y a sus víctimas como efecto palanca en la lucha de poder en la Iglesia. La crisis de los abusos sexuales no es si este u otro obispo es liberar o conservador. Es proteger a los menores, es la rendición de cuentas por parte de los obispos y la justicia para las víctimas”. Nada de esto, por supuesto, significa que la acusación central de Viganò no sea realmente seria, o que no merezca una investigación transparente y fiable.
Finalmente, aquí una predicción en medio de una situación fluida y muy poco predecible: pase lo que pase, la respuesta del papa sobre Viganò en el viaje papal, probablemente no será suficiente a largo plazo. Aunque el Papa escogió la opción de “sin comentarios”, realmente dijo más que suficiente para sugerir que no encontraba el documento creíble. No obstante, no se metió en el meollo del asunto que es lo que él sabía y cuándo lo supo.
Seamos claros: se acusa a un Papa de estar personalmente involucrado en un encubrimiento de abusos sexuales, y le acusa un alto empleado vaticano que estaba en posición de conocerlo. Si alguien piensa que los medios de comunicación a nivel mundial no van a perseguir esa historia con la máxima agresividad –aún a sabiendas que derribar a un Papa será infinitamente más impactante que lo que hizo el Boston Globe en 2003 derribando al cardenal Bernard Law, ganando un premio Pulitzer e inspirando una película en el proceso– están delirando. En algún momento, la presión para rendir cuentas se hará insoportable. Desde el punto de vista del Vaticano, por tanto, aprovecharán bien el tiempo si se preparan para ello.

Vida Nueva

¿Por qué seguir? por José María Rodriguez Olaizola, sj



Estos días he escuchado a distintas personas, en distintos contextos, decir que ellos con esta Iglesia no quieren saber nada, que se dan de baja (existencialmente), que si creen, será a su modo y por su cuenta, pero, ya defraudados con la institución, no quieren seguir. Y la verdad, cuando vas sumando zarandeos, comprendes esos abandonos. La tragedia y el crimen de los abusos y su ocultamiento en nombre de no se sabe qué demencial prudencia. La presencia, en las redes, de verdaderos portadores de odio cuyas palabras y actitudes destilan algo que, ciertamente, no es evangelio. La incapacidad de muchos para el diálogo, demonizando a quien intenta dar pasos distintos –que se lo digan a James Martin, convertido en dardo de ataques personales furibundos–. La dificultad para pasar de las buenas intenciones y palabras a transformaciones en estructuras y formas de hacer las cosas. Y ahora, las intrigas y golpes de mano mediáticos en las más altas instancias, que, bajo capa de bien, muestran guerras por el poder y conflictos de egos que uno –ingenuamente– imaginaba más propios del Renacimiento que de esta época.
Y sí, uno se pregunta, ¿por qué seguir? ¿Y por qué animar a otros a seguir? Y aquí van algunas respuestas, sin duda incompletas y subjetivas, pero que ayudan.
Uno, porque la Iglesia es mayor que todo esto. Y aunque haya que hacer un enorme esfuerzo en este momento, es importante no perder de vista una visión mayor, en la que se incluyen tantos hombres y mujeres que viven e intentan vivir el evangelio con pasión, coherencia y justicia. Muchos de ellos jamás llenarán cabeceras ni darán titulares. Pero son millones, siguen a Jesucristo y trabajan por su Reino, y en muchos lugares del mundo, en muchos márgenes, en muchas vidas, son buena noticia. Y son Iglesia.
Dos, porque se puede elegir intentar cambiar las cosas desde dentro. Empujando, con otros muchos. Es verdad que en esta era de la inmediatez, aceptar el ritmo mucho más lento de la Iglesia requiere buenas dosis de paciencia y esperanza. Pero, si no se oyen, desde dentro, voces proféticas (pero no airadas y despectivas), entonces dejaremos que la Iglesia se convierta tan solo en un reducto de intransigentes de todo cuño.
Porque la Iglesia es plural. Siempre lo ha sido. Y hay en su seno tensiones entre distintos acentos, distintas sensibilidades y miradas. El problema de nuestra época es que no se sabe vivir con las tensiones. Se acentúa el desprecio, el odio, y el que piensa distinto se convierte en enemigo. Pero no debería ser así.
Porque la virtud y el pecado están desde el origen enraizados en la humanidad que forma parte de esta comunidad. La comunidad que Jesús reunió a su alrededor ya era un grupo tan lleno de fragilidades como de valores. Eso no es una justificación para aceptar cualquier cosa que ocurra, sino una constatación para comprender que por el bien hay que pelear, sin ingenuidad.
Y dicho esto, sin duda, duele esta Iglesia. Abochorna mucho de lo ocurrido. No bastan lamentos ni caras de circunstancias. Hace falta más, luz, verdad, y justicia.
pastoralsj

¿Por qué no se defiende el Papa? por Cameron Doody


SU BIÓGRAFO, AUSTEN IVEREIGH, RECUPERA UN TEXTO PERTINENTE DE BERGOGLIO DE 1990

Antonio Spadaro, sj: "Francisco sabe que pronto o tarde la verdad saldrá a la superficie"


"En la raíz de todo ataque feroz está la necesidad de la gente de descargar su propia culpabilidad y limitaciones", observa Bergoglio en 'Silencio y palabra'


(Cameron Doody).- De entre todos los comentarios sobre el silencio del Papa Francisco ante las acusaciones del arzobispo Viganò, quizás ninguno llega a la verdad del por qué Bergoglio no se defiende en estos momentos más que el de su biógrafo, Austen Ivereigh. Ivereigh da en el blanco por la simple razón de que deja hablar al propio Francisco, recordando un texto suyo escrito en 1990, 'Silencio y palabra'.
En este texto, como explica Ivereigh, Bergoglio medita sobre el silencio de Cristo en su Pasión. No el silencio de la complicidad, ni de la inacción, sino el silencio del Hombre de Dolores en su auto-vaciamiento, en su humildad frente a la hostilidad de sus acusadores.
"Este tipo de silencio supone una elección deliberada de no responder con una autodefensa intelectual o razonada, la cual en el contexto de confusión, de reproches y contra-reproches y medias verdades, no hace más que alimentar el ciclo de acusaciones y contra-acusaciones histéricas", explica Ivereigh, quien califica este silencio de Cristo de "estrategia espiritual" no solo para "dejar espacio para que Dios actúe", sino también para "forzar a los espíritus detrás del ataque a revelarse".
Pero mejor dejar a Bergoglio que se exprese en sus propias palabras. "En la raíz de todo ataque feroz está la necesidad de la gente de descargar su propia culpabilidad y limitaciones", observa en 'Silencio y palabra'. Una verdad como un templo que perfectamente podría aplicarse a la situación en la que se encuentra actualmente. Y continúa:
En momentos de oscuridad y gran tribulación, cuando los nudos y enredos no pueden desenmarañarse y enderezarse, ni tampoco clarificarse las cosas, entonces tenemos que callarnos. La mansedumbre del silencio nos mostrará aún más débiles, con lo que será el diablo quien, fortalecido, salga a la luz y nos muestre sus verdaderas intenciones, ya no disfrazado de ángel sino desenmascarado.


Ivereigh, con el Papa

Sobre todo, el diablo quiere dividir: nosotros y ellos, amigos y enemigos, los "buenos" y los "malos". Pero lo que es más importante para Francisco, tal y como lo explica Ivereigh, es que Dios quiere unir, y que Cristo nos dejó el mandato de que unamos también.

Vean, entonces, la posible lógica de la estrategia del Papa. Quizás Francisco quiera unir y asumir, en sus propias carnes, toda la vileza de la crisis de abusos, y dejar que toda la ira se dirija a él. Convertirse así en un chivo expiatorio, enviado al desierto de la infamia y la traición para pagar el precio de los pecados de otros. Para que el horror de las agresiones a menores acabe de una vez por todas. No lo dice Ivereigh, ni Bergoglio: aventuro aquí mi propia tesis. Y no puedo evitar de pensar en el versículo del profeta Isaías: "Sobre él descargó el castigo que nos sana, y con sus cicatrices nos hemos sanado".
RD

La batalla por la libertad por José María Rodriguez Olaizola, sj



Hay quien piensa que eres más libre de joven, cuando tienes menos preocupaciones, menos responsabilidades. Cuando aún disfrutas del equilibrio entre el niño que ya no lo es, y va ganando autonomía, y el adulto que aún no ha llegado, por lo que te puedes refugiar en que aún estás decidiendo, eligiendo, creciendo y formándote.

Después empiezan a llegar las decisiones concretas. Los compromisos, que a veces tocará vivir como alianza y otras veces como atadura. El tiempo empieza a estrecharse, y los años, que antes te parecían eternos, vuelan. Quizás en ese momento pasas por un tiempo en el que añoras, y hasta envidias, cuando la ves en otros, esa otra libertad liviana y despreocupada.

Pero la verdadera libertad está aún adelante. Se va conquistando a lo largo de la vida. Es ir aceptando y venciendo en las luchas que toca afrontar: con Dios, contigo mismo, con los otros. Es aprender a bailar con las limitaciones (propias y ajenas), sin drama ni indiferencia. Es ir despojando de capas innecesarias la vida. Aprendiendo a ver la belleza sin quedar cegado por brillos efímeros. Es valorar lo que tienes, con la perspectiva de un mundo donde tantas necesidades hay. Y aprender a compartirlo. Es encontrar tu misión. Y volcarte en ella. Quizás, hasta la última hora, nunca seremos enteramente libres. Pero estamos en camino.

pastoralsj