Este es un espacio para alimentar y vitalizar la dimensión espiritual y humana de las personas comprometidas con la construcción de una sociedad más humana, justa y solidaria. Todos somos peregrinos. "sal de tu tierra, de tu casa y vete a la tierra que yo te mostraré; haré de tí una gran nación y te bendeciré." (Gén. 12, 1 ss)
Monday, January 27, 2014
Sunday, January 26, 2014
Una accidentada "Caravana de la paz" del papa Francisco
En un gesto simbólico, dos niños que acompañaban al pontífice liberaron a dos palomas, que fueron atacadas inmediatamente por otras aves
UDAD DEL VATICANO.- Un gesto simbólico por la paz terminó en accidente hoy en el Vaticano. Dos palomas blancas que fueron liberadas por niños que estaban al lado del papa Francisco fueron atacadas por otras aves, en una imagen captada por fieles y fotógrafos presentes en la plaza San Pedro.
Ante la vista de miles de personas reunidas en la plaza de San Pedro, una gaviota y un cuervo negro grande se abalanzaron contra las palomas apenas fueron liberadas desde una ventana del Palacio Apostólico.
Una paloma perdió algunas plumas cuando logró soltarse de la gaviota. Sin embargo, el cuervo picoteó repetidamente a la otra paloma. Se desconoce la suerte final de las palomas que lograron escapar volando.
Las palomas fueron liberadas por un niño y una niña de Acción Católica de Roma, como es tradición en la Caravana de la Paz. Incluso Francisco los ayudó, en particular incitándolos a dirigirlas hacia lo bajo.
POR UCRANIA
Momentos antes, desde la ventana del Palacio Apostólico, Francisco había hecho un llamamiento a poner fin a la violencia en Ucrania, después de que al menos tres personas murieran durante los últimos enfrentamientos de una crisis que se prolonga dos meses.
La policía y manifestantes en Kiev se enfrentaron de nuevo hoy, después de las protestas contra el abrupto alejamiento del presidente Viktor Yanukovich de la Unión Europea en favor de Rusia, que dominó Ucrania en la era soviética.
"Estoy cerca de Ucrania en la oración, en particular de aquellos que han perdido sus vidas en los últimos días y de sus familias", dijo el pontífice durante el rezo del angelus dominical en la plaza de San Pedro.
"Espero que pueda llevarse a cabo un diálogo constructivo entre las instituciones y la sociedad civil, que se evite cualquier recurso de violencia y que el espíritu de paz y búsqueda del bien común estén en los corazones de todos", sostuvo.
MENSAJE A LA MAFIA
Además, Francisco el ensañamiento contra un niño de tres años, que fue asesinado y quemado dentro de un auto junto a otras dos personas, en un ajuste de cuentas entre miembros de la mafia calabresa, la Ndrangueta.
"Recemos con Cocò (Nicola, el nombre del niño), que seguro que ahora está en el cielo con Jesús, y por las personas que han hecho esto para que se arrepientan y se conviertan al Señor".
La desaparición de Nicola había sido denunciada por sus familiares, junto a la de su abuelo Giuseppe Iannicelli, de 52 años y con antecedentes penales por tráfico de droga, y la de la compañera sentimental de éste, Ibtissam Touss, marroquí de 27 años.
Un campesino encontró en un campo de Cassano allo Jonio, en Cosenza (Calabria) el coche donde fueron asesinados y después quemados los adultos y el niño, según la reconstrucción de los investigadores.
Agencias AP, EFE y Reuters
“¡NO COJÁIS ESOS TRENES…!” por KOLDO ALDAI AGIRRETXE
“¡No subáis a esos vagones, los soldados franceses son vuestros hermanos…!”, gritaba ahora hace cien años una heroica Roxa Luxemburgo. En las plazas, en las estaciones de tren alemanas se dejaba la garganta, se dejaba la vida. Pero subimos, subieron. En realidad hemos subido hasta ayer mismo a todos los vagones que nos llevaban a la guerra. Recién hacemos caso al llamado de la líder visionaria y de sus compañeros “espartacos” para evitar la conflagración fraticida.
Tras la fallida exhortación antimilitarista, vendrían los nueve millones de combatientes muertos, el hambre, la destrucción y las epidemias; gracias a Dios también los cuatro imperios menguados o desaparecidos. Ha tenido que pasar un siglo para saber que no deberemos volver a tomar esos trenes. Han corrido ya cien años, pero deberemos sujetar bien la memoria. El dolor multiplicado nos ha pisado hasta ayer los talones, el dolor masificado ha sido el detonador de una siempre cara comprensión colectiva. A la vuelta de siglos de confrontación tocaba abrazar ya una conciencia planetaria. Sólo se nos encendió la bombilla a punto de terminar de matarnos en esa guerra grande y en la que vino después.
Los aniversarios son una oportunidad para afinar el oído y tratar de atender a lo que nos susurra la historia. No podemos prescindir de tal cúmulo de sufrimiento y por ende de enseñanza. Sin ésta última no podremos construir el otro futuro. Se cumplen cien años de aquellos barros, de aquellas trincheras en las que se desangró la juventud europea. De aquella orgía de mutua destrucción que sacudió el viejo continente, emerge una Europa cada vez más unida. Nadie se burle de las urnas que se abrirán el próximo Mayo. Nadie dibuje tampoco Europas imposibles, estamos de camino. 1914 era ayer mismo.
Volvamos sobre la historia para no tener que repetir el trance acontecido; para no vernos en la obligación de cargar de nuevo las bayonetas, salir de la infecta guarida y correr a matar al “contario”, también hijo de una madre, también suprema creación de Dios. “Contrario”, “enemigo”… malditas palabras que permanecieron más tiempo de lo debido en nuestros vocabularios. Se graben en las retinas de los jóvenes aquellos escenarios de nunca jamás. Si sobreviene la amnesia, podemos atraer de nuevo a la catástrofe. Recordar aquellas trincheras para nunca más volverlas a cavar, para nunca más pelearnos contra el hermano, aunque hable otra lengua y vista otro uniforme. Recordar aquellos barros para nunca más hundirnos en ellos.
En el centenario de la primera Guerra Mundial, no sólo logaritmos y prospecciones de mercado, también memoria en las aulas. Hoy más que nunca humanidades en las institutos y universidades, para valorar el presente, para agradecer a quienes lo labraron en duros campos de tantas batallas. Bienvenidos los centenarios, si nos sirven para concluir que nada es gratuito y menos el ahora privilegiado; para tomar conciencia de la deuda nada desdeñable.
Se alejan aquellas cornetas y todas sus heridas, aquellas patrias y toda su servidumbre, aquellas trincheras y todos sus infiernos. Nunca más la guerra, menos aún de aquellas que no tuvieron ni principios, ni fronteras. Ceda aquella prehistoria del hombre contra el hombre. Que el dolor no haya sido en balde; que traiga para siempre su debida recompensa en forma de un continente unido, en forma de perenne paz y sentimiento de profunda fraternidad.
Declaración conjunta de los Episcopados de Chile y Perú, ante el próximo dictamen de la Corte Internacional de Justicia
CULTIVEMOS LA FRATERNIDAD, CAMINO PARA LA PAZ
Declaración conjunta de los Episcopados de Chile y Perú
1. Los pueblos de Chile y Perú conoceremos, el próximo lunes 27 del presente, el dictamen de la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya, respecto de la disputa jurídica sobre el límite marítimo.
2. Los obispos de ambos países queremos ofrecer una palabra común en este momento, animados y esperanzados por los innumerables aspectos que nos han unido a lo largo de la historia y que nos seguirán uniendo como pueblos y culturas, más allá de las delimitaciones territoriales y la jurisdicción de los Estados.
3. Los arraigados valores morales y las profundas tradiciones religiosas han unido siempre a nuestros países y han plasmado su identidad nacional. La fe ha sido y es el mejor lazo de integración y la más profunda motivación para trabajar por la paz.
4. En su mensaje para la jornada mundial de la Paz 2014, el papa Francisco nos ha recordado que el objetivo es la paz: “solo es posible alcanzarla realmente y gozar de ella, como mejor calidad de vida y como desarrollo más humano y sostenible, si se asume en la práctica, por parte de todos, una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común. Lo
cual implica no dejarse llevar por el afán de ganancia o por la sed de poder”.
5. Tras las declaraciones de las autoridades y distintos sectores en cada nación, confiamos en que se mantenga un clima de respeto y serenidad. Esperamos que la determinación de la Corte Internacional de Justicia de la Haya, sea asumida por ambas partes. Confiamos que la convivencia fraterna, tarea de todos y de siempre, sea fortalecida y consolidada entre nuestros
dos países.
6. Con una mirada esperanzadora, hagamos de este momento una gran oportunidad para reforzar y profundizar relaciones de cooperación sustentadas en la confianza recíproca. Avancemos en una decidida integración, como afirmamos en nuestra declaración conjunta del 21 de julio de 2013, “nuestras relaciones sólo podrán seguir ampliándose y mejorando en la realización de
nuestra identidad común”.
7. A las personas y comunidades católicas peruanas y chilenas, les invitamos a una especial oración por la paz y la fraternidad entre nuestros pueblos, por la intercesión de nuestra madre, la Santísima Virgen María, Reina de la Paz y los santos hermanos nuestros: Rosa de Lima, Teresa de los Andes, Martín de Porres y Alberto Hurtado.
Santiago de Chile y Lima, 24 de enero de 2014.
Por los Obispos de Chile Por los Obispos del Perú
+ Ricardo Ezzati Andrello + Salvador Piñeiro García - Calderón
Arzobispo de Santiago Arzobispo de Ayacucho
Presidente Presidente
Conferencia Episcopal de Chile Conferencia Episcopal del Perú
El empoderamiento de las mujeres por Isabel Gómez Acebo
En unas recientes declaraciones de un prelado español se acusaba al feminismo de la búsqueda del poder, una acusación que va en línea con la carta del 2004 de la Congregación de la Doctrina de la Fe sobre la colaboración del varón y la mujer en la Iglesia y en el mundo. El texto denunciaba las nuevas tendencias femeninas que contestaban “al abuso del poder con una estrategia de búsqueda del poder”. La carta no da soluciones para atajar ese mal y puede que tenga en mente poner la otra mejilla pero para cortar de raíz las injusticias del poder no hay otra fórmula que hacerse con el poder. El ejemplo de las democracias nórdicas demuestra que da buen resultado pues, en la medida que las mujeres han alcanzado los puestos de responsabilidad en la política, han fomentado las vacaciones por maternidad, las guarderías, la conciliación laboral… con la consecuencia de un aumento de la tasa de natalidad en esos países, hasta entonces, los abanderados de lo contrario.
Nuestra Iglesia, tan preocupada con los abortos (una lacra más que preocupante), debería de potenciar el acceso de las mujeres al poder como un camino, entre otros muchos, para facilitar que las nuevas madres se sientan con fuerzas y capacidad para serlo. No es fácil tener hijos en nuestra sociedad y más en tiempos de crisis. Reconozco que me cuesta encontrar el motivo de este rechazo eclesial.
Hay un mito menos conocido que el de Eva que habla de una primera mujer de Adán, Lilith. Habiendo sido creada de la tierra como su compañero se negó a vivir como subordinada y huyó del Paraíso. Entonces Adán descubrió su soledad y pidió a Dios que intercediera para que su compañera volviera a su lado, a lo que Lilith se negó ¡Ni siquiera Dios consiguió que renunciara a su libertad para ponerse a disposición del varón!
Como comprenderán los lectores tamaña osadía la hizo responsable de todos los males del mundo. Su figura se encarnó en la serpiente del Paraíso, tentó a Eva e incitó a Caín para matar a su hermano. Ante el fratricidio, un Adán horrorizado, rehusó tener más relaciones sexuales con Eva y derramó su semilla sobre la tierra, una ocasión que aprovechó Lilith para recogerla, y a lo largo de los siglos, crear con ella miles de demonios causantes de todos los horrores imaginables.
Tengo la impresión de que el feminismo, siempre tachado de radical, es la nueva Lilith culpable de la homosexualidad, del aborto, de los matrimonios homosexuales…lo que me recuerda la historia de aquel gitano que en la comisaría, acusado del robo de una gallina, confesó que había matado a Calvo Sotelo. Puede que el día menos pensado se nos acuse a las feministas de magnicidio por buscar nuestro empoderamiento (la nueva palabreja que define este intento de búsqueda del poder).
Eukleria
Algo nuevo y bueno por José Antonio Pagola
El primer escritor que recogió la actuación y el mensaje de Jesús lo resumió todo diciendo que Jesús proclamaba la “Buena Noticia de Dios”. Más tarde, los demás evangelistas emplean el mismo término griego (euanggelion) y expresan la misma convicción: en el Dios anunciado por Jesús las gentes encontraban algo “nuevo” y “bueno”. ¿Hay todavía en ese Evangelio algo que pueda ser leído, en medio de nuestra sociedad indiferente y descreída, como algo nuevo y bueno para el hombre y la mujer de nuestros días? ¿Algo que se pueda encontrar en el Dios anunciado por Jesús y que no proporciona fácilmente la ciencia, la técnica o el progreso? ¿Cómo es posible vivir la fe en Dios en nuestros días?
En el Evangelio de Jesús los creyentes nos encontramos con un Dios desde el que podemos sentir y vivir la vida como un regalo que tiene su origen en el misterio último de la realidad que es Amor. Para mí es bueno no sentirme solo y perdido en la existencia, ni en manos del destino o el azar. Tengo a Alguien a quien puedo agradecer la vida.
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que, a pesar de nuestras torpezas, nos da fuerza para defender nuestra libertad sin terminar esclavos de cualquier ídolo; para no vivir siempre a medias ni ser unos “vividores”; para ir aprendiendo formas nuevas y más humanas de trabajar y de disfrutar, de sufrir y de amar. Para mí es bueno poder contar con la fuerza de mi pequeña fe en ese Dios.
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que despierta nuestra responsabilidad para no desentendernos de los demás. No podremos hacer grandes cosas, pero sabemos que hemos de contribuir a una vida más digna y más dichosa para todos pensando sobre todo en los más necesitados e indefensos. Para mí es bueno creer en un Dios que me pregunta con frecuencia qué hago por mis hermanos.
En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que nos ayuda a entrever que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. Un día todo lo que aquí no ha podido ser, lo que ha quedado a medias, nuestros anhelos más grandes y nuestros deseos más íntimos alcanzarán en Dios su plenitud. A mi me hace bien vivir y esperar mi muerte con esta confianza.
Ciertamente, cada uno de nosotros tiene que decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Cada uno ha de escuchar su propia verdad. Para mí no es lo mismo creer en Dios que no creer. A mí me hace bien poder hacer mi recorrido por este mundo sintiéndome acogido, fortalecido, perdonado y salvado por el Dios revelado en Jesús.
José Antonio Pagola
26 de enero de 2014
3 Tiempo ordinario (A)
Mateo 4, 12-23
3 Tiempo ordinario (A)
Mateo 4, 12-23
Buenas Noticias
RD
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JESUITAS: Fernando Cardenal, el gran jesuita. El primero en la historia de la Compañía de Jesús en ser aceptado luego de ser expulsado
Fernando Cardenal arriba hoy a las ocho décadas. Consecuente, afable, cercano, cristiano, este jesuita fue el primero en la historia de la Compañía de Jesús en ser aceptado luego de ser expulsado. En esta entrevista recuerda sus épocas de chavalo travieso, de nadador, de fiestero.
Por Matilde Córdoba
Seis décadas atrás --y un poquito más-- en el Colegio Centro América de Granada, el nombre de Fernando Cardenal se asociaba a travesuras. Era un chavalo alto, de ojos verdes, de lentes con marco redondo, cejudo, cara alargada y fiestero, que en más de una ocasión le sacó canas a los curas. Cardenal, quien décadas más tarde se convirtió en el primer sacerdote en la historia de la Compañía de Jesús que fue reintegrado tras ser expulsado, era capaz de arrojar a un padre con todo y sotana a la piscina, y de hacer una bomba artesanal para explotarla en un escusado.
Desde una sala en la casa que comparte con los jesuitas de la UCA, el padre Cardenal, quien hoy cumple ocho décadas de vida, recuerda estas historias con una sonrisa en el rostro: “Yo era, más bien, muy travieso, alegre, fiestero y me expulsaron varias veces”.
Es de tarde en Managua y el padre, quien hace poco sufrió una caída y se quebró dos costillas, apartó dos horas para atendernos. La plática inicia sobre su labor en Fe y Alegría. “Este año va a ser difícil”, menciona. Se refiere a los problemas presupuestarios que aquejan a la organización dedicada a la educación. Luego saca una cifra que le sigue en sus sueños y en sus noches de insomnio: “El Gobierno español retiró el 77% de los fondos del presupuesto destinado para la cooperación internacional”.
Cardenal tiene toda una vida trabajando en pro de la educación. A finales de 1979 le fue encargada la difícil tarea de organizar la Cruzada Nacional de Alfabetización, en la que cien mil jóvenes enseñaron a leer y a escribir a medio millón de personas. El padre, un comprometido y cristiano de principio a fin, sigue empecinado en educar a los más pobres. Actualmente Fe y Alegría, que ha sufrido el recorte presupuestario español, tiene 22 escuelas y ha capacitado a maestros en 77 más.
Ha vuelto a sonreír
Justo ahorita, mientras habla sobre los problemas que aquejan a Fe y Alegría, al padre le duele la cabeza. Es ese dolor que siente permanentemente desde hace cuarenta años. “No le hago caso”, insiste él. Del uno al diez, siendo diez la mayor intensidad de dolor, él tiene siete, pero prefiere no prestarle atención. “Si le presto atención al dolor, no te pongo atención a vos”. Por eso es mejor cambiar de plática y recordar al Fernando Cardenal, el quinto del matrimonio, que le sacaba canas a los jesuitas del colegio Centro América.
El día que se levantó a las cuatro de la mañana para poner la bomba en uno de los pocos escusados que aún había en la escuela, pensó que todo iba a volar. No lo dice así, pero así es: ese día pensó que iba a llover caca. Pero resultó no ser tan ducho en eso de fabricar bombas, entonces solo voló el techo.
“Nunca había hecho una bomba, y lo único que logré es que salieran volando las tejas. Tenía las llaves del laboratorio de química y conocía la fórmula de la pólvora, entonces fabriqué la pólvora, conseguí una lata de leche clin, le metí la pólvora y con un alambre la apreté bien. Me levanté a las cuatro de la mañana, la puse en la letrina… estalló y solo logré que salieran volando las tejas. No sabía calcular”.
Travesuras
Pero esa no fue su única travesura. Otro día pasó por la piscina del Centro América y empujó a un cura con todo y sotana. “Casi se ahoga, la sotana no lo dejaba respirar. Me distraje por ahí para que no descubrieran que fui yo”. Tiempo después, junto con otros compañeros, desvió el agua que salía de la piscina hacia las aulas. El padre sonríe.
Hay que decir que no solo fue travieso. También fue bailador. “Yo bailaba, era enamorado. En ese tiempo se escuchaba la música de Agustín Lara, era todo muy romántico y mucho más bonito que los bailes de ahora, porque los de ahora parecen gimnasia. Le podías ir diciendo cosas bonitas a las muchachas. Cuando tenías confianza le ponías el cachete, “cheek to cheek”, le decíamos”.
A los 17 años, aún en su época de fiesta, en la que no faltó el licor, fue a un retiro en Las Palmeras. “Hicimos unos ejercicios espirituales de San Ignacio, eran ejercicios de silencio, y tuve unos días de felicidad tan grande como nunca los había tenido. Ni en las fiestas ni con el licor o con las muchachas había experimentado esa felicidad. Yo dije: quiero ser tan feliz como fui aquí”. Y se hizo cura.
Su tesis del colegio consistió en probar que “la existencia de la felicidad profunda era una prueba de que existía Dios”.
En la misma línea
“Desde 1952, año en que comencé el noviciado, la orientación de mi vida ha estado fundamentalmente en la misma línea: siempre los otros”, dice en el primer tomo de sus memorias, titulado “Sacerdote en la Revolución”. En Medellín, durante la última etapa del proceso para ser cura, empezó a preocuparse por la salvación integral de las personas. Él lo dice así en sus memorias: “Desde mis experiencias en el barrio Pablo VI de Medellín, fui teniendo una comprensión más profunda de que el peligro en que tantas personas pueden perder su vida en el infierno, ya ha comenzado a cumplirse para muchos con un infierno aquí en la tierra, como es la miseria que millones de latinoamericanos han estado padeciendo”.
Entregado a la lucha contra la dinastía somocista, fue expulsado de la Compañía de Jesús en 1984, debido a que era funcionario de Gobierno. El entonces líder general de los jesuitas, Peter-Hans Kolvenbach, le dijo que debía escoger entre seguir siendo cura o continuar siendo funcionario de Gobierno. “Tenía que escoger entre mis dos grandes amores: mi amor a la vocación jesuítica o mi amor por los pobres, que en ese momento, le dije, se concretaba en mi trabajo en la Revolución Popular Sandinista”.
“Era una o la otra. Yo decía: las dos. Entonces, decidieron que me iban a expulsar. Cuando él me dice que me va a expulsar, yo le pido un favor: permítame seguir viviendo en la comunidad de los jesuitas, aunque ya no lo sea. Él me dijo: usted es coherente… Y allí me quedé, no una semana ni un mes, sino 12 años”.
En 1996 fue reintegrado, siendo su caso el primero en la Compañía de Jesús. “He vuelto a leer su expediente y encontré una auténtica objeción de conciencia”, le dijeron entonces. Hizo otra vez un año de noviciado y los votos.
Decidido
Últimamente el padre se ha sentido más enfermo que de costumbre. Se ayuda de un bastón, sufre de insomnios y de otras enfermedades del estómago.
“Yo tuve que tomar una decisión: o estoy en la enfermería o trabajo esté como esté. Decidí tirarme a la lucha sin hacer caso a mis dolores y a mis enfermedades. Decidí no tomar como excusa mis enfermedades para quedarme en la cama”.
En septiembre abrió su perfil en Facebook. Horas después le llovieron las solicitudes de amistad (1,660), pero eran tantos los comentarios que le llegaban a esa red social y son tantos los correos que recibe, que no se da abasto. “Imposible, no puedo, y además la computadora me eleva la intensidad del dolor de cabeza”.
El padre tiene una frase que repite cuatro veces para que la escriba correctamente: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. La frase se convertirá en acción por enésima vez cuando acabe esta entrevista.
El Nuevo Diario, Managua, Nicaragua
Encuentros con la Palabra por Hermann Rodríguez S.J. “Síganme y yo los haré pescadores de hombres”
Al enterarse de que Juan el Bautista había sido encarcelado, Jesús se dirigió a Galilea, pero no se quedó a vivir en Nazaret, donde se había criado, sino que se fue a la ciudad de Cafarnaúm, a orillas del lago, en la región de las tribus de Zabulón y Neftalí. “Desde entonces, Jesús comenzó a proclamar: ‘Vuélvanse a Dios, porque el reino de Dios está cerca”. Fue allí en esta pequeña población de pescadores, donde Jesús comenzó a formar una pequeña comunidad que viviera ya la realidad del reino que él anunciaba. El evangelio que nos propone hoy la liturgia nos habla del llamamiento que recibieron los primeros cuatro discípulos. Eran pescadores que pasaban su tiempo ocupados en las labores propias de su profesión. Simón Pedro, Andrés, Santiago y Juan dejaron las redes, sus familias y todo lo que tenían, para seguir al Señor.
Hace algunos meses me pidieron algunas orientaciones para formar una comunidad cristiana. Les sugerí que las reuniones deberían tener estos cuatro momentos:
1. Un momento para compartir la VIDA: Momento para compartir la vida de cada uno en algún aspecto. Esto se puede hacer con base en una pregunta que puede estar orientada de muchas maneras. También podría organizarse algún tipo de dinámica que ayude a conocerse más, a conversar sobre lo que les llama la atención, lo que les gusta, lo que vive cada uno, etc. Algunas preguntas que se me ocurren en este momento, una para cada reunión, podrían ser las siguientes: ¿Qué buscamos cuando venimos a construir una comunidad cristiana? ¿Cuál es mi historia de vida? ¿Qué etapas ha tenido mi vida, mi relación con Dios, mi desarrollo profesional, etc.? ¿Qué es lo que más nos ha impresionado en nuestro vida familiar en este último tiempo? ¿Qué es lo que más nos ha impresionado a nivel social y político en este último tiempo? ¿Qué es lo que más nos ha impresionado con respecto a nuestra actividad laboral en este último tiempo? ¿Cuáles son mis sueños para el futuro, a nivel familiar, grupal, laboral, social, político? Esto es una pequeña muestra. La idea es generar un momento de compartir sobre la VIDA, que sería el elemento inicial de cualquier comunicación y construcción comunitaria.
2. Un momento para escucha la PALABRA DE DIOS: Podrían ir leyendo en cada reunión, una parte del libro de los Hechos de los Apóstoles; en él, san Lucas, cuenta cómo fue que los primeros cristianos hicieron para construir una comunidad fraterna alrededor de la fe en Jesús. No conozco otro método más apropiado para aprender a construir una comunidad cristiana. Podrían comenzar por leer juntos una pequeña introducción al libro de los Hechos de los Apóstoles. Esta introducción se puede encontrar al comienzo del libro y suele ser escrita por un especialista que habla de la manera como se escribió el libro, su autor, su organización interna, etc. Debe ser pequeña y no muy complicada. Las ediciones corrientes de la Biblia traen una pequeña introducción. Las biblias de estudio tienen introducciones más complejas y largas. Puede escogerse mejor una pequeña para no hacer aburrido el rato. Luego pueden ir leyendo, en cada reunión, un capítulo o una pequeña parte y comentarla entre todos. ¿Qué nos enseña? ¿Cómo ilumina este texto lo que hemos compartido sobre nuestras vidas? ¿A qué nos invita este texto? etc.
3. Un momento para CELEBRAR LA FE EN COMUNIDAD. Este momento sería un momento de oración, de pedir por nuestras necesidades, de dar gracias, etc. Se puede tomar una oración que uno conozca y repetirla juntos. Se puede invitar a que cada uno ore en voz alta o se puede dirigir un momento de oración personal. Si alguna vez los puede acompañar un sacerdote, podrían tener la celebración de la eucaristía. Pero lo fundamental es tener un momento de oración compartida, que puede hacerse de muchas maneras...
4. Un momento para COMPARTIR fraternalmente. Este momento sería para compartir un trozo de ponqué y una gaseosa. Durante este último momento se puede tener también un rato de esparcimiento sano, organizar algún juego, alguna dinámica, un momento para departir informalmente un rato.
Algunas sugerencias adicionales:
1. Cada momento de la reunión lo puede preparar una persona o una pareja distinta cada vez; con esto se promueve la participación de todos y se invita a la creatividad.
2. Cada momento debe ser como una minifalda... Lo suficientemente corto para llamar la atención, pero lo suficientemente largo para cubrir el tema fundamental... No deberían ser momentos muy largos; una buena medida podría ser media hora cada momento; a lo mejor el momento de oración puede ser más breve y el del compartir la Palabra un poco más largo... Pero la reunión no debería pasar de dos horas.
3. Es muy importante ser muy puntuales para empezar y para terminar, de manera que la gente sepa bien cómo se va a manejar el tiempo. Si la gente se quiere quedar un rato más después de terminar, lo puede hacer, pero dar por terminada la reunión en un momento dado.
4. Sería bueno tener durante toda la reunión una velita o un cirio encendido en medio de la comunidad, representando a Cristo resucitado. Y también tener una Biblia colocada en un lugar especial, también como símbolo de la presencia del Señor en medio de la comunidad. A esto se pueden añadir flores, algún otro símbolo, dependiendo del tema que vayan a tratar, etc.
Seguramente, en el proceso, irán saliendo tareas y misiones, porque no hay ninguna comunidad que se reúna alrededor de la memoria de Jesús, que no se sienta, en un momento dado, lanzada a cumplir una misión en medio de la Iglesia y del mundo; por eso, habrá que estar atento para orientar y dirigir esa misión de modo que sea sencilla, realizable, práctica y no complicada, ideal, abstracta...
Hoy, la Iglesia también se tiene que formar a partir de pequeñas comunidades en las que se pueda compartir la vida de cada uno de sus miembros. Sólo así podremos decir que el reino de Dios ya está cerca.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Encuentros con la Palabra
RD
RD
Homilía Dominical por Lorenzo Amigo, marianista. El Reino de Dios está cerca
El Reino de Dios está cerca
Desde la elección del papa Francisco, muchos creyentes y no creyentes han vuelto a mirar hacia la Iglesia como portadora de una Buena Noticia, del evangelio. Hemos visto de nuevo que es posible vivir la alegría del evangelio, tal como hace en sus pequeños gestos y palabras Francisco. Confiemos que su ejemplo vaya prendiendo en todos los creyentes de manera que podamos ser testigos creíbles del Reino de Dios.
El Reino supone una transformación de la realidad, un paso de las tinieblas a la luz: “el pueblo que caminaba en las tinieblas vio una luz grande” (Is 8,23-9,3). Son precisamente los que viven en la tiniebla de la opresión y de la miseria los que experimentarán la luz del Reino. El Reino se hace presente en Jesús, en su persona, en sus palabras y en sus acciones. La persona de Jesús encarna el Reino. Dios se nos comunica en Cristo Jesús y comparte con nosotros su intimidad personal trinitaria. Esa vida es el Reino, vida que se hace presente ya ahora en la historia de los hombres que se convierten y cambian de vida.
El Reino se hace presente en la predicación de Jesús. Sus palabras son como un grande exorcismo que echa afuera los poderes que usurpan la soberanía de Dios. Sus palabras infunden una esperanza nueva en el corazón de los hombres. El evangelio es buena noticia de la cercanía y del amor de Dios. Son palabras de consuelo que curan los corazones afligidos que suspiran porque Dios haga justicia en el mundo. Las palabras de Jesús hablan de una nueva oportunidad para el pecador. Es posible rehacer la vida y empezar de nuevo en amistad con Dios.
El Reino se hace presente en las obras de Jesús que muestran la transformación individual y social que trae el reino. Los diversos tipos de curaciones son el signo de que Dios actúa a favor de la felicidad del hombre. Dios no reina para sus propios intereses sino que busca el bien de sus hijos.
El Reino se hace presente en la comunidad de los discípulos (Mt 4,12-23). La venida del Reino cambió la vida de Jesús y cambió la vida de los discípulos, que inauguraron un nuevo estilo de vida en familia basada no en los lazos de la sangre sino precisamente en el seguimiento de Jesús. Esa comunidad está al servicio del Reino, es una parábola que muestra cómo el Reino se hace presente entre los hombres y derriba las fronteras sociales y religiosas que tantas veces separan a los hombres.
La Iglesia primitiva fue una iglesia de pescadores, de personas que vivían a la intemperie y tenían que salir cada día a evangelizar a los hombres para atraerlos hacia el Reino. De esa acción evangelizadora dependía su supervivencia y su extensión en un mundo que ansiaba la salvación, pero encontraba con dificultad el camino que lleva hacia ella. Los discípulos quedan asociados a su misión de enseñar, proclamar el Evangelio y curar las enfermedades y dolencias del pueblo. Jesús fundó una Iglesia, que es a la vez una realidad divina y humana, demasiado humana. Ese elemento humano con el que Dios quiso contar para salvar al hombre presentará sus fallos desde el comienzo (1 Cor 1,10-13.17) en forma de bandos y divisiones. Pidamos al Señor en la eucaristía que seamos testigos de su Reino saliendo al encuentro de nuestros hermanos los hombres.
El P. Lorenzo Amigo es sacerdote marianista. Ha sido Rector del Seminario Marianista y profesor de Biblia en el Instituto Regina Mundi de Roma. Actualmente vive en Zaragoza como responsable de Vida Religiosa de los Marianistas. Celebra los domingos en la Parroquia Marianista de Santa Cruz en Zaragoza.
Meditación desde Buenafuente para III Domingo del Tiempo Ordinario por Angel Moreno
Las fronteras
“En otro tiempo el Señor humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí; ahora ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles. (Is 9, 1)
Os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. (1Co 1, 10)
Os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. (1Co 1, 10)
“Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».” (Mt 4, 12-15).
Recepción de la Palabra
En Jesús se cumplen las profecías. San Mateo tiene especial interés en mostrar a la comunidad judía la coincidencia entre la identidad y la misión de Jesús y lo que habían anunciado desde antiguo las Sagradas Escrituras.
En los textos que nos propone la Liturgia para este domingo coinciden exactamente el pasaje de Isaías y el Evangelio. De esta concurrencia se deriva la comprensión de la misión universal del Mesías.
Jesús, al trasladarse de Nazaret a Cafarnaúm, lugar de comunicaciones, frontera del norte con los territorios de Tiro y de Sidón, y frontera del este con las ciudades de la Decápolis, opta por evangelizar a todos los pueblos.
Hemos cantado en Navidad el himno que el anciano Simeón entonó al tomar en sus brazos al Niño Jesús: “Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. Hoy, la antífona canta: “El Señor es mi luz y mi salvación”. El camino que hemos emprendido no carece de guía, ni de horizonte. Avanzaremos quizá con dificultad por causa de acontecimientos adversos, pero de la mano de quien se ha presentado como Luz, cabe confiar siempre en que no nos perderemos.
Una de las mayores dificultades en el camino espiritual es la relación interpersonal, especialmente con los que se convive cada día. No podremos plantear nuestra identidad cristiana, abierta a la universalidad, si no tenemos paz y concordia con los de casa. San Pablo nos lo solicita: “Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir”.
Dos mensajes se desprenden de las lecturas de este domingo: El Evangelio es para todos, y hay que vivirlo con los más próximos. A veces somos muy compresivos con los de lejos, y duros con los de cerca; muy universales en las ideas, y muy atávicos en nuestros comportamientos.
Dos mensajes se desprenden de las lecturas de este domingo: El Evangelio es para todos, y hay que vivirlo con los más próximos. A veces somos muy compresivos con los de lejos, y duros con los de cerca; muy universales en las ideas, y muy atávicos en nuestros comportamientos.
Ángel Moreno
Ciudad Redonda
Comentario al Evangelio por José María Vegas, cmf. Jesús pasa, la luz brilla
Jesús pasa, la luz brilla
Al comienzo del ministerio público de Jesús el evangelista Mateo nos vuelve a recordar la profecía de Isaías que resonó en la noche de Navidad: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande”. La luz de la Navidad, reconocida y testimoniada por el profeta Juan, empieza a brillar con luz propia. Mateo nos indica que se cierra un ciclo, el de Juan (“cuando arrestaron a Juan…”), y empieza un tiempo nuevo. También para Jesús, que deja el pueblo en el que están sus raíces y marcha a la ciudad. Como no es posible esconder la luz ni ponerle un límite, Jesús comienza su ministerio en una encrucijada de caminos: la luz procede de Israel (“predicaba en las sinagogas”), pero se dirige realmente a todos (“camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles”). El tiempo nuevo, si bien enlaza con el anterior (cumple las profecías, se inaugura con el bautismo de Juan, recoge el núcleo del mensaje de éste), exige actitudes nuevas: para reconocer la presencia cercana de Dios es preciso romper con el pecado; o, tal vez, más exactamente, porque se ha acercado a nosotros el Reino de Dios, es posible romper con el pecado, pues se ha hecho presente el perdón y la fuente de la vida.
Una de las consecuencias principales del pecado es la división y la enemistad entre los hombres. Basta recordar la discusión y el cruce de acusaciones entre Adán y Eva tras el primer pecado. Si se ha hecho presente el Reino de Dios es posible establecer relaciones nuevas: Jesús y su predicación atraen a las gentes, aunque realmente es él el que va llamando y reuniendo. Su llamada no es anónima, no es un reclutamiento genérico, sino que es personal, dirigida a hombres concretos de carne y hueso, con nombres y apellidos: Simón y Andrés hijos de Juan, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo (el apellido en la antigüedad era el patronímico); con domicilio, profesión; en circunstancias determinadas: echando el copo, reparando las redes… Pero es también una llamada radical: la llamada al seguimiento implica la disposición a dejar la seguridad de la profesión, de la casa paterna, incluso del propio nombre, como en el caso de Simón, llamado Pedro. Y es una llamada a ponerse en camino, y entablar relaciones mediadas por el mismo Jesús: seguir al maestro significa caminar junto a aquellos que también han sido llamados. La llamada a hacerse discípulos no significa entrar en una relación de dependencia que nos libera de toda responsabilidad: al contrario, Jesús nos llama a hacernos responsables no sólo de nuestros seres más cercanos, sino de todos los hombres: “seréis pescadores de hombres”. Es interesante que Jesús, al tiempo que nos llama a una forma nueva de vida, respeta nuestra identidad, nuestro modo de ser, nuestras capacidades: seguiréis siendo pescadores (y aquí cada cual tiene que aplicarse lo que más le convenga, y no sólo la profesión), pero de un modo nuevo, superior: pescadores de hombres.
Es llamativa la prontitud con que los primeros llamados responden a la invitación del Maestro. Es posible que ya lo hubieran escuchado y encontrado alguna vez (por ejemplo, en torno al Bautista, si tenemos en cuenta el Evangelio de Juan), pero eso no quita el que la llamada radical encuentre una respuesta generosa y rápida. Los nuevos tiempos del Reino de Dios no pueden esperar, es preciso tomar una decisión inmediata, pues la salvación se ha hecho ya presente. Jesús pasa, no hay que dejarlo pasar de largo.
Al reunir en torno a sí a sus discípulos, Jesús nos indica aspectos importantes de su ministerio, de su enseñanza, de su poder benéfico y curativo: no los ejerce en la soledad, sino en comunidad. Jesús ha venido para iluminar, para sanar, pero también para establecer un diálogo, para reunir.
Es bueno que al comienzo del tiempo ordinario, cuando nos aprestamos a seguir a Jesús por los caminos Galilea y acompañarlo hasta Jerusalén, renovemos la experiencia del primer encuentro, cuando tuvimos que asumir de manera más consciente y madura la fe. Es bueno y necesario porque el paso del tiempo va gravando esa experiencia primera y genuina con rutina, costumbre, cansancio, frustraciones y desilusiones, también, quien sabe, con olvidos o abandonos. Es preciso volver a sentir la frescura de la palabra de Jesús que nos llama por el nombre, y rememorar y rehacer la respuesta generosa que tal vez alguna vez realizamos y que después se ha ido amortiguando. Volver a Galilea, junto al lago, allí donde dejamos la barca y las redes, y sentir que merecía la pena asumir riesgos por seguir al Maestro de Nazaret. O, tal vez, estamos todavía demasiado enredados y hemos de hacer este encuentro por primera vez. Para algunos puede ser la experiencia de un estreno, para otros, la de una renovación y una profundización. Pero el hecho es que Jesús sigue pasando a nuestro lado, iluminándonos y llamándonos por el nombre.
Es necesario (¡lo necesitamos nosotros!) que Jesús nos interpele, que nos dejemos interpelar por él, que pronuncie nuestro nombre, o que nos dé uno nuevo, que nos llame al arrepentimiento (pues no somos ni mucho menos perfectos), que amplíe nuestros horizontes y nos desinstale. La desinstalación puede ser muy variada, no todos tienen que dejarlo todo en sentido literal (aunque algunos sí que son llamados a ello), pero todos somos llamados a la libertad (a desenredarnos), a la responsabilidad por nuestros hermanos, al seguimiento.
Al acudir a la llamada de Jesús, nos encontramos con los otros llamados, nos encontramos con la Iglesia. Este es, para muchos, el principal obstáculo. Pero es justo ahí en donde nos encontramos con Jesús y le seguimos. El ministerio de Jesús, ya lo hemos dicho, no se realiza en la soledad, sino junto con otros, que no elegimos nosotros, sino el mismo Cristo. El Reino de Dios y los nuevos tiempos que Jesús inaugura son tiempos de convocatoria, conversión, encuentro y comunidad, no de dispersión y ruptura. Vemos en el pasaje evangélico cómo Jesús es el eje en torno al cual se reúnen los discípulos. Aunque, para evitar toda tentación de romanticismo idealista, nos encontramos con el contrapunto de la Carta a los Corintios. Jesús reúne, pero nosotros, no convertidos del todo, nos encargamos de dividir, de separar, de organizar partidos… En Corinto y en tiempos de Pablo se dividían los fieles en nombre de Apolo, de Pablo, de Pedro, hasta de Cristo (siempre los hay más encumbrados). Caigamos en la cuenta de que apelaban a la autoridad de quienes la tenían realmente. Pero lo hacían no en el espíritu del Evangelio, ya que el fruto era la división. Esta enfermedad nos sigue afligiendo, porque seguimos enfermos del mismo virus. Hoy hay que poner otros nombres, a veces abstractos (progresistas, conservadores…), a veces más concretos y también, como en Corinto, dotados de indudable autoridad (formas y corrientes de espiritualidad, movimientos, carismas). Pero si esto nos distancia y divide, en vez de abrirnos los ojos para la aceptación mutua y el aprecio de la riqueza de la diversidad (no olvidemos que Jesús no destruye nuestra identidad natural –Simón, pescadores–, sino que la transforma elevándola –Pedro, pescadores de hombres–) es que estamos falseando el verdadero espíritu del Evangelio y desoyendo, en consecuencia, la llamada de Jesús. Sin embargo, no hemos de escandalizarnos demasiado de esto: estamos en camino, somos imperfectos, pero la llamada de Jesús es también una tarea que se confía a nuestra responsabilidad y por la que debemos empeñarnos. La unidad, más que un punto de partida, es el fruto de la conversión. Como Pablo llama a la conversión de todos al único Cristo en el que hemos sino bautizados, así también hoy es necesario que en la Iglesia, desde cualquier posición, carisma o forma de espiritualidad, sepamos convertirnos al único Cristo, en quien encuentran sentido y plenitud todos los carismas y todas las vocaciones. Y esto es posible no por un mero acto de nuestra voluntad, ni por una suerte de consenso de mínimos, sino porque todos y cada uno nos ponemos a la escucha del que nos llama por el nombre una y otra vez, para que, dejando las redes y las seguridades, nos pongamos en camino, tras él y junto con nuestros hermanos. Es justamente él, caminando con nosotros y en medio de nosotros, la luz que brilla en las tinieblas y que nosotros, con nuestras banderías, no debemos ocultar.
Al acudir a la llamada de Jesús, nos encontramos con los otros llamados, nos encontramos con la Iglesia. Este es, para muchos, el principal obstáculo. Pero es justo ahí en donde nos encontramos con Jesús y le seguimos. El ministerio de Jesús, ya lo hemos dicho, no se realiza en la soledad, sino junto con otros, que no elegimos nosotros, sino el mismo Cristo. El Reino de Dios y los nuevos tiempos que Jesús inaugura son tiempos de convocatoria, conversión, encuentro y comunidad, no de dispersión y ruptura. Vemos en el pasaje evangélico cómo Jesús es el eje en torno al cual se reúnen los discípulos. Aunque, para evitar toda tentación de romanticismo idealista, nos encontramos con el contrapunto de la Carta a los Corintios. Jesús reúne, pero nosotros, no convertidos del todo, nos encargamos de dividir, de separar, de organizar partidos… En Corinto y en tiempos de Pablo se dividían los fieles en nombre de Apolo, de Pablo, de Pedro, hasta de Cristo (siempre los hay más encumbrados). Caigamos en la cuenta de que apelaban a la autoridad de quienes la tenían realmente. Pero lo hacían no en el espíritu del Evangelio, ya que el fruto era la división. Esta enfermedad nos sigue afligiendo, porque seguimos enfermos del mismo virus. Hoy hay que poner otros nombres, a veces abstractos (progresistas, conservadores…), a veces más concretos y también, como en Corinto, dotados de indudable autoridad (formas y corrientes de espiritualidad, movimientos, carismas). Pero si esto nos distancia y divide, en vez de abrirnos los ojos para la aceptación mutua y el aprecio de la riqueza de la diversidad (no olvidemos que Jesús no destruye nuestra identidad natural –Simón, pescadores–, sino que la transforma elevándola –Pedro, pescadores de hombres–) es que estamos falseando el verdadero espíritu del Evangelio y desoyendo, en consecuencia, la llamada de Jesús. Sin embargo, no hemos de escandalizarnos demasiado de esto: estamos en camino, somos imperfectos, pero la llamada de Jesús es también una tarea que se confía a nuestra responsabilidad y por la que debemos empeñarnos. La unidad, más que un punto de partida, es el fruto de la conversión. Como Pablo llama a la conversión de todos al único Cristo en el que hemos sino bautizados, así también hoy es necesario que en la Iglesia, desde cualquier posición, carisma o forma de espiritualidad, sepamos convertirnos al único Cristo, en quien encuentran sentido y plenitud todos los carismas y todas las vocaciones. Y esto es posible no por un mero acto de nuestra voluntad, ni por una suerte de consenso de mínimos, sino porque todos y cada uno nos ponemos a la escucha del que nos llama por el nombre una y otra vez, para que, dejando las redes y las seguridades, nos pongamos en camino, tras él y junto con nuestros hermanos. Es justamente él, caminando con nosotros y en medio de nosotros, la luz que brilla en las tinieblas y que nosotros, con nuestras banderías, no debemos ocultar.
Ciudad Redonda
Comentario al Evangelio por José María Maruri S.J. LA MIRADA DE JESÚS
LA MIRADA DE JESÚS
Por José María Maruri, SJ
1.- Sabéis seguramente el chiste que cuenta un cura bilbaíno (y que nadie se dé por ofendido… que yo llevo genes del bocho… (**) que para ponderar la gran humildad del Hijo de Dios decía: “¡tan humilde fue, que pudiendo nacer en Bilbao, nació en Belén!”
Fuera de bromas, el que Él que se presentaba como Mesías, ni naciese en Jerusalén, ni hiciese de Jerusalén el centro de su predicación, sino que “la cosa”, como decía San Pedro, comenzara en Galilea, fuera del territorio judío; y que de los doce apóstoles once fueran galileos y sólo el traidor fuera judío, pues todo esto si no era motivo de escándalo en la primitiva Iglesia, sí sería causa de gran extrañeza. Y por eso es que Mateo se saca de la manga el texto de Isaías donde la Galilea de los gentiles aparece iluminada por luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Y tal vez tenía que empezar allí porque matando a Juan el Bautista ya la Judea hostil mostraba la mala acogida que iba a tener Jesús.
2.- Cuando Mateo escribe su evangelio (y allá discutan los sabios cuando fue) la Iglesia incipiente apenas tenía forma, una indefinida estructuración jerárquica, nada de leyes eclesiásticas, ningún catecismo, un credo reducido a la mínima expresión, el que nos cita San Pablo: “Dios Padre que envía a su Hijo para morir por nosotros y resucitando darnos la esperanza de nuestra resurrección”. Y sacramentos prácticamente reducidos a dos: bautismo y eucaristía.
Por eso cuando algún culto griego o romano preguntase a uno de esos incultos pescadores de los apóstoles. “Qué es ser cristiano”, ¿qué podría responder? Nosotros tiraríamos de biblioteca, y no digo ya del Catecismo de la Iglesia Católica, sino montones de libros que podríamos amontonar ante los ojos atónitos del preguntante y aun así no se si le convenceríamos.
3.- Aquellos ignorantes apóstoles con gran sencillez recordarían aquella mirada de Jesús con la que miró a Pedro y a Andrés, a Santiago y a Juan, y en lo hondo de su corazón resonaría aquella llamada impulsora de sus vidas: “Seguidme”.
--Para ellos ese había sido ser cristianos, ser mirados por Cristo y llamados a seguirle.
--También miró Jesús a Mateo (y tal vez por eso escribe esta historia) y oyó un dinámico “sígueme”.
--También miró con cariño al joven rico y también le dijo, ve, vende, da, ven y sígueme… Y fue el joven, el que apegado a sus riquezas, frustró la mirada de Jesús.
--Subido en el árbol Zaqueo recibió la mirada de Jesús que se invitaba a su casa y aquel día entro la luz de la salvación en la casa del usurero.
--Los ojos de Jesús buscaron entre la multitud a la hemorroisa para que su curación no fuera producto de una mágica energía salida de Él, sino un don de su corazón que mira por su hija.
--Y sería Pedro el que recordaría dos miradas de Jesús, esta de hoy y aquella de la madrugada del viernes santo, cuando al cantar el gallo el Señor se volvió y le miró… y Pedro lloró amargamente.
Eso es ser cristiano, lo fue y lo será siempre, ser mirados por Cristo y llamados por Él.
4.- Necesitamos ser mirados por dentro, esa mirada interior del Señor es la que iluminando lo que de Él podamos saber por nuestros estudios si su mirada no ilumina nuestro corazón seguiremos almacenando datos de Él sin conocerle. Por eso no somos de Pablo, no somos de Apolo, no somos de San Ignacio de Loyola, no somos de Santo Domingo, no somos de San Josemaría Escrivá. Somos de Cristo, el único que dio su vida por cada uno de nosotros y el único que nos miró y nos llamó.
(** Bocho es una forma familiar y “castiza” de llamar a Bilbao por los nacidos allí)
Betania
ORACIÓN: DISCÍPULO EN PRÁCTICAS por Florentino Ulibarri
Si me llamas,
te seguiré sin dudar
aunque el camino sea desconocido y duro.
Si me hablas,
callaré y creeré en Ti
aunque tu voz destroce mis planes y sueños.
Si quieres podarme,
me dejaré podar
aunque mi savia se desparrame en tierra sin nombre.
Si me acrisolas al fuego,
me dejaré purificar
aunque pulverices mis deseos y posesiones.
Si me invitas,
entraré en tu casa y en tu corazón
aunque sea pobre y mendigo.
Si me quieres contigo,
iré a donde quieras,
aunque no me gusten leyes y obediencias.
Y si me miras con amor,
intentaré acoger tus anhelos
aunque los mimbres de mi ser no sirvan para ello.
Florentino Ulibarri
Fe adulta
Fe adulta
Comentario a la 1a. y 2a. lectura por José Enrique Galarreta S.J.
ISAÍAS 9, 1-4
En otro tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Neftalí: ahora ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande.
Habitaban tierra de sombras y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo.
Se gozan en tu presencia como gozan al segar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor y el yugo de su carga,
el bastón de su hombro,
los quebrantaste como el día de Madián.
Habitaban tierra de sombras y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo.
Se gozan en tu presencia como gozan al segar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor y el yugo de su carga,
el bastón de su hombro,
los quebrantaste como el día de Madián.
El texto se trae a este domingo por la alusión a Galilea. Se trata por tanto de una "profecía ex eventu". Nadie sabe si Isaías profetiza que el Mesías será Galileo, pero, visto que Jesús lo es, se atribuye carácter profético al texto de Isaías.
El texto de Isaías está lamentablemente mutilado; lo que leemos es como la introducción de un texto cuya cumbre es: "Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado ...", en el que Isaías anuncia el nacimiento de un príncipe (Ezequías), en el que están puestas las esperanzas del Pueblo. La Iglesia ha interpretado proféticamente este texto aplicándolo a Jesús, el Galileo de Nazaret.
Jesús de Nazaret, Jesús el Galileo, es un escándalo ya desde el principio precisamente por ser galileo. De Galilea, la Galilea de los gentiles, tierra mal vista, tenida por semi-pagana, a los ojos de Jerusalén, que es el centro ortodoxo por excelencia, no puede salir nada bueno. El bien, la Ley, la ortodoxia y todo lo demás han de venir de Judea, de Jerusalén.
(El nacimiento de Jesús en Belén y su posterior residencia en Nazaret muestra bien claramente la incomodidad que experimentaban los judíos ortodoxos para aceptar a Jesús Galileo).
1 CORINTIOS 1, 10-13 y 17
Hermanos: os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir. Hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre vosotros.
Y por eso os hablo así, porque andáis divididos diciendo: "Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo". ¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo? No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Ya conocemos que Corinto era la ciudad cosmopolita por excelencia, gran metrópolis comercial, rica, cruce de culturas. Evangelizar Corinto era sin duda para Pablo anunciar el Evangelio a todos los pueblos.
La comunidad cristiana de Corinto tuvo muy fuertes problemas, especialmente de graves disensiones entre sus miembros. Este es el primer problema que toca Pablo en su carta.
José Enrique Galarreta, S.J.
Fe Adulta
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