Saturday, February 17, 2018

TECHO CHILE. REVISANDO EL AÑO 2017 con JUAN CRISTÓBAL BEYTÍA SJ






Juan Cristóbal Beytía sj, Capellán de TECHO Chile ha cumplido ya cuatro años en esta organización, donde, además, de Capellán ha tenido que realizar la labor de Director Ejecutivo, varias veces, para TECHO Chile, TECHO Latinoaméica.


En esta conversación Juan Cristóbal recoge lo sucedido en el año 2017 y nos dice al inicio que "...destaco que temprano tuvieron incendios forestales en Chjile y eso nos significó una movilización muy importante de voluntarios a lo largo de todo el país y yo quisiera destacar eso porque TECHO ha estado en algunas ocasiones en conflicto con la autoridad de gobierno porque en estos temas de emergencia el TECHO tiene un ritmo que es muy ágil y a veces la autoridad se demora un poco más en tomar decisiones; tiene su sistema y sus mecanismos para llegar a decidir y eso no ha hecho chocar en el pesado pero lo que ha sido interesante y por eso quiero destacarlo, es que el trabajo que hemos ido haciendo durante estos cuatro años de gobierno de la Presidenta Bachelet ha sido de ir acercando posiciones, tratar de coordinarnos, poner siempre por delante el bien mayor del país y que si el país nos necesita poder como TECHO, aportar..."

Nos cuenta sobre otras actividades y otras temas a los que TECHO está interesado en participar.

Recalca que hoy TECHO es la institución que más información tiene sobre campamentos en Chile y a nivel latinoamericano es el que tienen más información sobre asentamientos informales

Junto con entregarnos algunas cifras nos habla de lo pendiente, de las razones porque la gente está volviendo a vivir en campamentos y lo que se viene para este año 2018

Friday, February 16, 2018

CHILE. DEJEN HACER SU TRABAJO AL ENVIADO DEL PAPA. por LUIS BADILLA

Juan Carlos Cruz: la acusación

Las insidiosas iniciativas del Nuncio Ivo Scapolo que condicionan la misión de Mons. Charles Scicluna

Cuando faltan pocos días para la llegada de Mons. Charles Scicluna, enviado del Papa Francisco a Chile “a propósito de algunas informaciones recientes con respecto al caso de S.E. Mons. Juan de la Cruz Barros Madrid, Obispo de Osorno” (comunicado vaticano), la prensa local informa que se han registrado algunas intervenciones de parte del Nuncio apostólico, Mons. Ivo Scapolo, diplomático vaticano residente en el país desde julio de 2011. Las iniciativas del Nuncio han sido interpretadas por muchos como actos insidiosos que pueden crear graves obstáculos para la misión del arzobispo maltés de La Valletta. Concretamente, los principales medios chilenos informaron en las últimas horas que el Nuncio Mons. Scapolo habría solicitado a las tres personas que acusan a Mons. Barros de haber ocultado los abusos del padre F. Karadima, y al movimiento de laicos de la diócesis de Osorno que se opone a la presencia del prelado nombrado por Francisco en enero de 2015, una declaración, por escrito y de manera sintética, anticipándole a él lo que dirán después al enviado del Pontífice.
Las reacciones frente a este requerimiento, bastante insólito y completamente fuera de lugar, no se hicieron esperar y fueron inmediatas y durísimas. El punto central de las respuestas ante el pedido del diplomático vaticano es, una vez más, el mismo Nuncio, quien nunca quiso recibir a los denunciantes de Mons. Barros, los laicos de Osorno, y ni siquiera contestó la carta que le enviaron numerosas personas involucradas de diversas maneras en el problema. Juan Carlos Claret, vocero de la Asociación laical de Osorno, declaró que no tiene completa confianza en la investigación vaticana pero desea colaborar plenamente con la esperanza de que Mons. Scicluna pueda llegar a la verdad sin interferencias. De todos modos, agregó Claret, si fuera necesario, a la Nunciatura solo le daremos detalles protocolares. Las cosas serias, de fondo, referidas al tema, solo serán comunicadas al enviado del Papa. Por lo tanto, termina diciendo Claret, el pedido del Nuncio Scapolo ha sido restituido al remitente.
Muy semejantes fueron las palabras de las víctimas, en particular de Juan Carlos Cruz, quien se reunirá con Mons. Scicluna el 17 de este mes en Nueva York. Cruz dijo que el pedido del Nuncio, una síntesis de lo que dirán al enviado papal, es inadmisible y se debería considerar como una alarma. “Hay que mantener la investigación independiente lejos de las garras de la Iglesia chilena”, declaró textualmente. Por último, Cruz dijo que se había puesto en comunicación directamente con Mons. Scicluna, quien ya le habría dicho que le enviara solamente a él cualquier documentación, vale decir, no al Nuncio Scapolo. El actual Nuncio es persona no grata desde hace años en muchos ambientes chilenos, entre ellos la opinión pública, las autoridades del gobierno, la clase política y numerosos obispos, algunos de los cuales en varias oportunidades solicitaron que el diplomático fuera reemplazado. Los análisis de estas semanas, además, consideran que Scapolo es uno de los directos responsables de las graves dificultades que el Papa Francisco debió afrontar durante su reciente viaje a Chile.
Entre tanto, en ambientes políticos y diplomáticos chilenos se comenta con perplejidad una insistencia del Nuncio – que debería ser cambiado próximamente – que parece insensata y riesgosa. Se trata de la firma de una especie de Acuerdo entre la Sede Apostólica y el Gobierno de Chile que debería abarcar diversas materias, algunas éticamente sensibles. Al Nuncio se le ha repetido también en estos días que es una propuesta inaceptable y que tampoco contaría con suficientes votos en el Congreso para ser aprobada.
Mons. Ivo Scapolo, diplomático vaticano del clero de la diócesis italiana de Padua, formado en la escuela de la “vieja guardia”, fue nombrado Nuncio en Chile por Benedicto XVI el 15 de julio de 2011. En el momento de recibir su nuevo destino era Nuncio en Rwanda. El 12 de mayo de 2002, el cardenal Angelo Sodano, actual Decano del Colegio Cardenalicio, consagró obispo a Ivo Scapolo en la catedral de Padua. Mons. Scapolo fue ordenado sacerdote el 4 de junio de 1978 y después de obtener el título de doctor en Derecho Canónico ingresó al servicio diplomático vaticano en mayo de 1984. Prestó servicios en la Secretaría de Estado y trabajó en las representaciones de Angola, Portugal y Estados Unidos. El 26 de marzo de 2002 fue nombrado Nuncio en Bolivia y posteriormente, en enero de 2008, en Rwanda. Por decisión de Benedicto XVI, el 15 de julio de 2011 reemplazó en Chile al Nuncio Giuseppe Pinto.
Tierras de América

Juan Carlos Claret: "No tenemos confianza en la imparcialidad de Scapolo"


El nuncio en Chile, Ivo Scapolo


EL PORTAVOZ DE LAICOS DE OSORNO DENUNCIA LA ACTITUD DEL NUNCIO EN CHILE

"Scicluna nos pidió que le enviemos la información a él y no al Nuncio"

Estamos invitados a colaborar en la investigación del arzobispo Scicluna y no de otros. Las decisiones del prelado maltés de entrevistarse con la mayor cantidad de personas, fijando él su agenda (...) marcan una diferencia sustantiva

(Juan Carlos Claret).- Era enero de 2012. La comunidad parroquial Santa Rosa de Lima de Osorno, Chile, se preparaba para una visita ilustre: el Nuncio Apostólico, Ivo Scapolo, iba a saludarnos, compartir con nosotros y conocer in situ el proceso de construcción de nuestro nuevo templo parroquial. ¿Qué tenía de particular?
Esta comunidad, por el impulso del misionero alemán Pedro Kliegel, se había propuesto materializar un templo que representara la maduración espiritual que durante décadas venían rumiando por iniciativa de mujeres sabias. Así, un templo circular cuyo centro exacto es el altar y donde todos los hermanos en la fe pueden verse los rostros, fue el diseño escogido.
Para poder concretarlo a pesar de la carestía de recursos económicos, la comunidad misma se dispuso a construirlo con sus propias manos. Un año estuvieron así, trabajando todos los días pero más intensamente los fines de semana. Este testimonio fue lo que motivó al obispo René Rebolledo a invitar a Scapolo. Poco parecía recordar su constante y tajante negativa en ayudarnos económicamente.
Así, con el Nuncio en Osorno, la comunidad fue testigo de una promesa: "Veré cómo los puedo ayudar", afirmó. Al tiempo después, Rebolledo era ascendido a la cuna de importantes arzobispos chilenos como es La Serena, y el entonces obispo castrense, Juan Barros Madrid, era nombrado quinto obispo de la ciudad de Osorno. Lo demás es historia conocida.


Luego de tres años de esa "ayuda", y ante la investigación que realizará en pocos días el Arzobispo Charles Scicluna, el mismo Nuncio Scapolo solicita que quienes aportemos antecedentes a la indagatoria en contra del obispo Barros, se lo entreguemos previamente a él pues quiere "ayudar" en ese proceso, sin señalar de dónde emana esa atribución.
Como comunidad de católicos que pedimos la renuncia del obispo acusado de encubrir los abusos del mayor pedófilo en la historia de la Iglesia Chilena, estamos disponibles y dispuestos para colaborar de buena fe en ese proceso investigativo, pues la situación en Osorno debe solucionarse para comenzar a sanar las heridas que hay entre hermanos y hermanas en la fe. Más aún, cuando es la única alternativa que va quedando, ya que las leyes en materia de abusos en Chile están al debe en muchos asuntos, entre ellos, al permitir la prescripción. Ante la gravedad de este escenario, ¿por qué no aceptamos el requerimiento de Scapolo?
Porque no tenemos confianza en la imparcialidad del Nuncio. Al poco tiempo que el obispo Barros tomara posesión de la diócesis de Osorno, en el mes de abril de 2015 en la reunión que sostuvo con los superiores mayores de las congregaciones religiosas de Conferre, fue categórico en señalarles a los reunidos que
i) no insistieran con el tema del obispo Barros pues son inventos de los políticos de izquierda, y
ii) que quien lo hiciera estaría en pecado grave.
 
Un mes después de sus palabras, el Papa Francisco nos trató de "tontos y zurdos" en un video en la Plaza de San Pedro.
Es conocida su preferencia por el obispo Barros. Es de público conocimiento sus estadías estivales en las tierras de la familia Madrid, particularmente de doña Marta, tía del obispo Juan Barros Madrid, en el sector rural de la comuna de Curacaví. Nos preocupa el conflicto de interés, más aún, cuando un cercano suyo, el empresario Eliodoro Matte, es férreo defensor de Fernando Karadima.
El Papa lo acusa a él de haber bloqueado la salida de Barros. En la carta filtrada por la Associated Press y que fue reconocida como auténtica por los obispos chilenos y por Francisco, se afirma de él haber bloqueado y complicado la salida acordada del obispo, un año antes que llegara a Osorno. O sea, todo lo que sufrimos, Barros incluido, pudo ser evitado. Cuando Ivo fue consultado por la prensa, declinó dar respuesta.
Nos pide ahora los antecedentes cuando hemos intentado ofrecérselos durante tres años. Han sido incesantes nuestros intentos de entablar diálogo con él y le hemos informado de todos los fallidos acercamientos que de buena fe hemos procurado con el obispo Barros. De las innumerables solicitudes, solo una tuvo respuesta y dijo "estando las cosas como están, no tomaremos en cuenta su solicitud". Ante eso, ¿cómo cambiarán las cosas sin voluntad de diálogo?
Finalmente, porque estamos invitados a colaborar en la investigación del arzobispo Scicluna y no de otros. Las decisiones del prelado maltés de entrevistarse con la mayor cantidad de personas, fijando él su agenda, informando que le enviemos la información a él y no al Nuncio, y que esté dispuesto a viajar pesquisando antecedentes, marcan una diferencia sustantiva con Scapolo.
Pero eso no significa que se confíe ciegamente, pues es importante que hayan garantías explícitas garantizadas, como transparencia, vale decir, acceso al acta y la fundamentación de las decisiones que se tomen respecto al caso Barros; la autonomía del investigador, o sea, que Scicluna tenga la libertad de poder disentir con afirmaciones públicas y categóricas del Papa Francisco, por ejemplo, que los testimonios sean calumnias; y que haya resguardo en que información delicada no llegue a manos de férreos defensores del investigado que ya han dado señales de querer tener previamente la documentación en sus manos. ¿Qué será de aquellas personas que de buena voluntad solicitaron audiencia con Scicluna y son compelidos a aceptar este requerimiento?
Con todo, ante el escenario de que la investigación se centre en la importante arista penal-canónica, donde la participación en delitos no es sancionable, y ante la otra arista del problema que es pastoral, eclesial y humana, aportaremos evidencias.
Mientras tanto, como sociedad debemos proponernos una revisión seria de la legislación nacional en materia de abusos y cuestionarnos por qué nuevamente es una investigación canónica en la que debemos confiar para que se haga justicia ante un caso que debió ser investigado desde un comienzo por la institucionalidad del Estado de Chile.
RD

90 cumpleaños de Don Pedro: una gran fiesta para un profeta con más vidas que un gato por Luis Miguel Modino



CELEBRACIÓN EN SÃO FÉLIX PARA UN REFERENTE DEL COMPROMISO CON EL REINO

Douglas Mansur: "Fue una misa de amigos, una celebración sencilla y muy emocionante"

Don Pedro siempre fue del pueblo, humano, sensible a las causas por las que dio su vida, las causas de los pobres, de los campesinos, de los negros, de los indígenas, las luchas por la tierra

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Son pocos los que llegan a los noventa, todavía más cuando tantas veces se ha puesto la vida en riesgo por defender a los que no cuentan, a los nadies que diría Galeano, cuando durante mucho tiempo se ha estado en el ojo del gatillo de los que mandan, de los que se creen dueños de todo, inclusive de la vida ajena, en definitiva, cuando se ha elegido vivir como profeta que quiere ser voz de los que nunca fueron escuchados, de los que siempre fueron despreciados.
La consecuencia de eso es que uno vive con la muerte en los talones, algo que nunca le importó a quien siempre dejó claro que sus causas valen mucho más que su vida. Cuentan que poco después de ser vilmente asesinado el Padre João Bosco Burnier, el 12 de octubre de 1976, Pedro Casaldáliga, con quien fue confundido y que estaba a su lado, dijo que quien debía haber muerto era él, a lo que una mujer respondió que él iba a vivir muchos años.
La profecía femenina se ha cumplido y este 16 de febrero muchos agradecen a Dios por los 90 años de quien dedicó su vida a la misión entre los más pobres en el Valle del Río Araguaia. Ha sido una fiesta bonita, llena de agradecimiento. Don Pedro, dentro de las limitaciones que su hermano Parkinson le impone, se encontraba bien, como nos decía alguien próximo al poeta del Araguaia, el artista plástico Tony Cálices, uno de los artífices de las últimas Romerías de los Mártires y dinamizador de la Hermandad de los Mártires de la Caminada.
La presencia de algunos de los que formaron parte del equipo de pastoral en los primeros años de la Prelatura, de aquellos que durante mucho tiempo trabajaron codo con codo con quien es considerado una referencia de compromiso con el Reino, ha sido motivo de felicidad para Don Pedro. Pero también estaban presentes muchos otros en espíritu de comunión, expresada en mensajes llegados de todos los rincones del planeta. Junto con ellos, quienes desde la gloria eterna también agradecen y se alegran con su testimonio de vida.

Por encima de todo, cabe destacar la presencia de los más pobres, de aquellos que han destacado la importancia del obispo para el desarrollo de la región. Algunos ya habían estado presentes en la misa de ordenación episcopal y todos recordaron que Don Pedro siempre fue del pueblo, humano, sensible a las causas por las que dio su vida, las causas de los pobres, de los campesinos, de los negros, de los indígenas, las luchas por la tierra, por la preservación del río, por tantas y tantas banderas que nunca dudó en empuñar. Ellos le siguen considerando su obispo, su voz, su gran defensor, a pesar de que las palabras broten con dificultad de un cuerpo dominado por el Parkinson.
En la celebración se han hecho presentes otros dos obispos Monseñor Adriano Ciocca, actual obispo de San Felix, y Monseñor Eugenio Rixen, obispo de la diócesis de Goiás, donde sucedió a Monseñor Tomás Balduino, uno de los grandes amigos y compañero de luchas de Don Pedro, con quien ayudó a fundar la Comisión Pastoral de la Tierra y el Consejo Indigenista. A decir verdad, pocos obispos para un momento en que la Iglesia de São Felix y de Brasil quieren agradecer la larga e intensa vida de un hombre singular y universal. También estaban algunos cofrades claretianos, entre ellos un representante del gobierno general.

Uno se pregunta, ¿qué es lo que estaría pasando por la mente de Don Pedro en un día como éste? ¿Los recuerdos de su infancia en su Balsareny natal? ¿Sus primeros años de claretiano en los que ya iba mostrando su compromiso con el Reino? ¿Las luchas que le han acompañado en sus cincuenta años en este rincón perdido del mundo? Han debido pasar muchos rostros, gente común, de esos que para muchos pasan desapercibidos, pero no para alguien que siempre ha tenido la capacidad de contemplar el mundo y a las personas con una alma poética.
Tanto la celebración como el momento en que se ha compartido el alimento, la vida, de un modo simple, ha tenido lugar allí donde Casaldáliga esbozó, junto con su equipo de pastoral, todo lo que fue haciendo de San Felix un ejemplo de la Iglesia nacida del Vaticano II, de Medellín. Fue en el Centro de Pastoral de la Prelatura, que hoy lleva el nombre de alguien que durante años fue una de sus más estrechas colaboradoras y a quienes todos conocían como la "Tía Irene", donde se fue diseñando y construyendo una Iglesia pobre y para los pobres.

Mercedes de Budallés Díaz, catalana de nacimiento como Don Pedro pero con el corazón en San Felix desde que llegó al Valle del Araguaia, Asesora Nacional de las Comunidades Eclesiales de Base en Brasil, destacaba que la celebración fue muy bien preparada y al mismo tiempo muy sencilla, idea repetida por uno de los actuales agentes de pastoral de la Prelatura, quien reconocía que fue un "momento de espiritualidad que ha traído una mística para poder continuar la caminada de la Prelatura en defensa de los pobres y oprimidos de nuestra región".
Junto con él han sido muchas las impresiones de algunos de los presentes, de hombres y mujeres que viven su fe en la Prelatura y siempre tuvieron a Don Pedro como referencia, gente que dice que ha sido una celebración "marcada por la emoción y de verdadero testimonio de todo lo que Don Pedro vivió desde que llegó a la región del Araguaia y que lucha por la justicia en favor de los pobres, de los oprimidos y siempre cargando consigo la esperanza, siguiendo los pasos de Jesús en el Evangelio".

"Un momento festivo, de mucha gratitud por tener todavía a Pedro entre nosotros, a pesar de la debilidad de su salud", reconocía una mujer presente. Para los presentes es importante "ver a la gente feliz por el encuentro y reencuentro para festejar los noventa años de Pedro, ayudando a hacer memoria y mirar hacia adelante con esperanza". La fiesta ha sido una muestra de "una comunidad unida y en comunión a ejemplo de las primeras comunidades, lo que muestra el gran número de personas presentes para rezar con Pedro y celebrar este momento", afirmando que "Pedro es ejemplo de persona que se entregó en los brazos de Jesús y se convirtió en ejemplo de fidelidad a la propuesta de Dios presentado por Jesús".
En ese sentido, Douglas Mansur, uno de los fotógrafos más destacados del país, comprometido con las causas sociales, resaltaba que "fue una misa de amigos, una celebración sencilla y muy emocionante", destacando que "allí estaba la presencia de Dios, la presencia de la solidaridad, de varios pueblos indígenas, campesinos, movimientos, gente de todas las comunidades de la Prelatura, de otros estados y países, representando a todo aquel que cree en la utopía, como siempre Pedro creyó"
¡Felicidades Don Pedro, por noventa años de poesía, de profecía, de rebeldía, de construir el Reino!
RD

Claves para seguir el Caso Barros



PAPA FRANCISCO EN SANTA MARTA: “¿Cómo tratamos a las domésticas? ¿Cómo personas o animales?”



En su misa matutina de Santa Marta, el Papa Francisco reflexiona sobre el ayuna cuaresmal y sobre la importancia de la coherencia cristiana, incluso

ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

“Pienso en tantas domésticas que ganan el pan con su trabajo: humilladas, despreciadas”. En su misa matutina en la capilla de la casa vaticana de Santa Marta, el Papa reflexionó sobre la coherencia cristiana. Partió de la práctica del ayuno cuaresmal y pidió hacerlo no para hacerse ver, sino con coherencia. Para ilustrar su pensamiento habló del trato que muchos fieles católicos reservan a sus empleados. Y los invitó a reflexionar: “¿Los tratamos como personas o animales?”.  

“Jamás puedo olvidar una vez que fui a casa de un amigo desde niños. Vi a la madre dar una cachetada a la doméstica”, contó en la homilía, asegurando que aún tiene grabada esa imagen, incluso a sus 81 años.  

Afirmó que alguno puede justificarse asegurando que nunca da cachetazos, pero llamó a pensar cómo se trata a estas empleadas. “¿Le pagas lo justo, le das vacaciones, es una persona o un animal que te ayuda en tu casa? Sólo piensen en esto. En nuestras casas, en nuestras instituciones existen. ¿Cómo me comporto yo con la doméstica que tengo en casa?”, preguntó. 

Según reporta el sitio web Vatican News, más adelante contó que una vez, hablando con un señor culto que explotaba a las domésticas, le hizo entender que se trata de un pecado grave porque son “como nosotros, imagen de Dios”, mientras él sostenía que eran “gente inferior”. 

Recordó que durante la Cuaresma, el periodo de 40 días previos a la celebración de la Pascua católica, los fieles están invitados a hacer ayuno y pidió realizar esta práctica “con coherencia”, para no caer en la “penitencia incoherente”.  

Señaló que quien no puede hacer un ayuno total, “ese que hace sentir el hambre hasta los huesos”, puede hacer un “ayuno humilde, pero verdadero”. Según el Papa existe la tendencia de cuidar siempre los propios negocios, el dinero, mientras el ayuno es “un poco despojarse”. Además llamó a evitar el desprecio a los otros que se encuentran en dificultad señalándolos como “pobrecitos” porque no tienen nada para comer y están obligados a ayudar. “Y tu encima los desprecias”, constató. 

El pontífice invitó a no vanagloriarse del ayuno diciendo: “nosotros ayunamos, somos católicos, practicamos; yo pertenezco a esa a asociación, nosotros ayunamos siempre, hacemos penitencia”. Al contrario, pidió “ayunar con coherencia”, porque de otra manera se termina haciéndolo “como dice el señor con ruido, para que todos lo vean y digan: pero qué persona justa, qué hombre justo, que mujer justa”. “Esto es un maquillaje, es maquillar la virtud”, amonestó.  

Instó a sonreír, para no hacer ver a los demás que se hace penitencia, porque se ayuna “para ayudar a los demás” y también para humillarse, por eso se debe pensar en los propios pecados, avergonzándose.  

Más adelante precisó que, el ayuno querido por Dios es “dividir el pan con el hambriento, introducir en casa a los miserables, sin techo, el vestir a los desnudos, sin descuidar a tus parientes”. “Hoy se discute si damos una cama o no a los que vienen a pedirlo. ¿Mi ayuno llega para ayudar a los demás? Si no llega, es falso, es incoherente y te lleva en el camino de la doble vida. Hago como si fuese cristiano”, dijo.  

Entonces, siguió, es necesario invocar humildemente la gracia de la coherencia. “Si no puedo hacer una cosa, no la hago. Pero no hacerla incoherentemente, hacer solamente aquello que puedo hacer, pero con coherencia cristiana”, insistió.  

Vatican Insider

Pedro Casaldáliga: 90 años de vida, 50 del ‘obispo del pueblo’ por Tom C. Avendaño

Pedro Casaldàliga
Pedro Casaldàliga 

Tan mitificado por su lucha por los pobres brasileños como preso del "hermano Parkinson", el español más admirado del mundo católico vive recluido en Mato Grosso


La última vez que Pedro Casaldáliga, el obispo del pueblo según sus numerosos partidarios y el obispo rojo para sus enemigos acérrimos, apareció ante una multitud pocos contaban con verlo. Era julio de 2016 y no estaba claro que esta vez el religioso claretiano, de 88 años fuese a participar en la Romería de los Mártires, un acontecimiento quinquenal que él había creado en 1986, cuando era obispo de esta región selvática del Mato Grosso brasileño. La Romería se celebra a 268 kilómetros de São Felix de Araguaia, el municipio donde él vive, y no se sabía si aguantaría las incomodidades de tanto viaje. Pero había aceptado a regañadientes venir en avioneta, y no en autobús, como hasta entonces acostumbraba a viajar por el país (para ir, según sus palabras, “a la altura del pueblo”), así que ahí estaba este catalán, discretamente dispuesto a ver la ceremonia de inauguración. Bañado en aplausos y flashes de móviles, el residente español más célebre de Brasil no dijo ni palabra. En parte, cabe imaginar, porque no había venido a dar una homilía; en parte por los estragos que ha ido causando en sus capacidades motoras lo que el llama “el hermano Parkinson”. Viéndolo, frágil, callado, postrado a su silla de ruedas, cualquier cosa que hubiera dicho hubiera sonado a despedida.

Desde entonces, el mundo ha sabido poco de él, como él del mundo. “La política local, la estatal, o la nacional, ya no las sigue mucho”, admite por teléfono el padre Ivo, uno de los cuatro agustinianos que se organizan para atender las 24 horas del día al obispo emérito en su casa de São Felix do Araguaia. Le mantienen en forma con la rutina: cuidados físicos por la mañana y lectura de correos -electrónicos o tradicionales- por las tardes. “No contesta todos los mensajes, porque ya le cuesta mucho trabajo hablar, pero la gente ya se los manda, llenos de cariño, sin esperar una respuesta. Son casi como un obsequio”, añade Ivo.

Así, medio custodiado y medio mitificado, cumple años esta semana uno de los nombres españoles más admirados del mundo católico. En su casa de siempre en São Felix do Araguaia, un municipio de poco más de 10.500 habitantes al que solo se llega tras 16 horas de carretera de tierra desde el aeropuerto más cercano, el de Cuiabá, capital del Estado de Mato Grosso. Aquí se encuentra a este sacerdote de Montjuïc desde que llegó a Brasil como misionero en 1968, huyendo de una España congelada por el franquismo. En 1971 fue nombrado primer obispo de la diócesis y él convirtió su casa, pequeña, rural y pobre, en la sede.

"No poseer, no llevar, no pedir, no callar y, de paso, no matar"

Fue en estas cuatro paredes donde Casaldáliga empezó a dar muestras de su espectacular adhesión a las enseñanzas del Evangelio, sobre todo la de identificarse con los más desfavorecidos. Y en este lado del Brasil selvático, los más desfavorecidos son cientos de miles de campesinos sin tierra, pobres, analfabetos y oprimidos por caciques y políticos. Así que él daba misa para los vecinos en el huerto de su casa, entre las gallinas, y por las noches, dejaba su puerta principal abierta por si alguien sin hogar necesitaba usar el catre que siempre estaba disponible. Iba en vaqueros y sandalias y tenía dos mudas de cada prenda. Cuando tenía que reunirse con el Episcopado en Brasilia, iba en autobús, en un viaje de tres días, porque era el medio de transporte de su gente. Su lema era innegociable: “No poseer nada, no llevar nada, no pedir nada, no callar nada y, de paso, no matar nada”.
Pedro Casaldàliga
Pedro Casaldàliga 
Años después recordaría cómo al principio, en su diócesis “faltaba todo: en sanidad, educación, administración y justicia; faltaba, sobre todo, en el pueblo la conciencia de los propios derechos y el coraje y la posibilidad de reclamar”. Decidió que ese era el camino a seguir. Construyó escuelas, dispensarios y se puso de lado de los campesinos sin tierra. Fue acusado repetidas veces de interesarse demasiado por los problemas “materiales” de los pobres. Él contestaba que no concebía “la dicotomía entre evangelización y promoción humana”.
Estas ideas progresistas le ganaron un seguimiento de culto en las calles y un odio incontenible en varias instituciones. Se posicionó a favor de los indígenas del Amazonas, que para los interesados en enriquecerse eran los más fáciles de echar de cada territorio: se alió con los xavantes de Marãiwatsédé, los tapirapés y los carajás, y esto le enfrentó a los latifundistas y a las multinacionales y la dictadura militar. Vio cómo sicarios mataban a sus compañeros -la conclusión habitual a los conflictos en esta zona-, y él mismo tuvo que vivir escondido un mes de 2012 por amenazas de muerte. Rechazó tener escolta: “La aceptaré cuando se la ofrezcan también a todos los campesinos de mi diócesis amenazados de muerte como yo”, dijo.

“El Espíritu Santo tiene dos alas y a la Iglesia le gusta más recortarle la izquierda”

El Vaticano le convocó en 1988 para que diese explicaciones por tanta cercanía a la teología de la liberación y para que visitase al Papa Juan Pablo II, como debería haber hecho una vez cada cinco años según el Código de Derecho Canónico. Se plantó en camisa, sin anillo y con un collar indio al cuello. Aclaró al Pontífice: “Estoy dispuesto a dar mi vida por [San] Pedro [fundador de la Iglesia Católica], pero por el Vaticano es otra cosa”. Al salir de la reunión, ofreció un resumen a la prensa: “Me escuchó y no me echó un rapapolvos. Podría haberlo hecho, como nosotros podemos echárselo a él”. Y matizó: “El Espíritu Santo tiene dos alas y a la Iglesia le gusta más recortarle la izquierda”.
La mano de Casaldàliga sobre un misal
La mano de Casaldàliga sobre un misal
En 2003, Casaldáliga cumplió 75 años, edad a partir de la cual se puede jubilar un obispo. El Vaticano le relevó de inmediato. “Si el obispo que me suceda desea seguir nuestro trabajo de entrega a los más pobres podría quedarme con él como sacerdote; de lo contrario buscaré otro lugar donde poder acabar mis días al lado de los más olvidados”, insistió entonces. Si las prisas se debían a que fue fácil encontrarle reemplazo, no dieron ninguna indicación de ello. No volvieron a manifestarse hasta enero de 2005, cuando anunciaron que ya tenían reemplazo y que Casaldáliga debía abandonar la diócesis. Él se negó y se quedó trabajando, con su reemplazo y luego con el siguiente.
Pedro Casaldáliga cumple 90 años en la casa de siempre y en el municipio de siempre pero lo demás no es lo de siempre. Araguaia se ha convertido, entre escándalos políticos, en una de las principales plantaciones de soja del Mato Grosso: es decir, las tierras de los indígenas y los campesinos están en manos de las grandes multinacionales agrícolas y de sus productos químicos. Quizá no se pueda hacer nada contra eso. Casaldáliga ha perdido esa batalla. Pero cuando uno ha entregado su vida entera a la lucha, ganar o perder es lo secundario.
EL PAÍS

El Papa confiesa que cada viernes se reúne con víctimas de abusos sexuales por Jesús Bastante


El Papa Francisco, con los jesuitas peruanos


LOS CASOS DE PEDERASTIA "SON LA DESOLACIÓN MÁS GRANDE QUE LA IGLESIA ESTÁ SUFRIENDO"

"¿Los blogs que me llaman hereje? Sé quiénes son, pero no los leo, por mi salud mental"

Cualquier caso de pederastia "es una gran humillación para la Iglesia", pues "muestra no sólo nuestra fragilidad, sino también, digámoslo claramente, nuestro nivel de hipocresí
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(Jesús Bastante).- Los casos de pederastia "son la desolación más grande que la Iglesia está sufriendo". El Papa Francisco se sinceró con los jesuitas de Chile y Perú durante su último viaje, en sendos encuentros (16 y 19 de enero), cuyo contenido publica íntegramente La Civilta Cattolica. En los mismos, Bergoglio confiesa que cada viernes se reúne con víctimas de abusos sexuales.
"A veces se sabe, y otras veces no", apunta el Papa sobre estas reuniones, donde escucha, consuela y llora con las víctimas. "Es horrible. Hay que escuchar lo que prueba un abusado o abusada (...) Su proceso es durísimo, Se quedan destrozados, destrozados", recalca Francisco.
Para el Papa, cualquier caso de pederastia "es una gran humillación para la Iglesia", pues "muestra no sólo nuestra fragilidad, sino también, digámoslo claramente, nuestro nivel de hipocresía".
"Es curioso que el fenómeno de los abusos ha tocado algunas de nuestras congregaciones nuevas y prosperas. Allí los abusos están siempre vinculados al poder", añadió Francisco, quien recordó un momento de vergüenza que sintió cuando, siendo arzobispo de Buenos Aires, se acercó a la plaza de Mayo mientras se recordaba a los desaparecidos.
"Cuando iba a cruzar la calle, estaba un matrimonio con un nene de dos años y medio o tres años, más o menos. El chico corre por delante y el papá le dice: «Vení, vení, vení... Cuidado con los pedófilos!». ¡La vergüenza que pasé! No se dieron cuenta de que yo era el arzobispo, era un cura y... ¡qué vergüenza!", recordó el Pontífice.

En su diálogo con los jesuitas peruanos, el Papa es especialmente duro con aquellos que dicen "como recurso consuelo" que, mirando las estadísticas puede haber más pedófilos en la familia o la escuela que en la Iglesia. "La porcentual de los pedófilos que son sacerdotes no llega al 2 %, es el 1,6 %. No es para tanto.... ¡Pero es terrible aunque fuese solo uno de estos hermanos nuestros! Porque Dios lo ungió para santificar a los chicos y a los grandes y él, en vez de santificarlos, los destruyó. Es horrible. Hay que escuchar lo que siente un abusado o una abusada".
En este punto, el Papa denunció que "el abuso ha afectado a algunas congregaciones nuevas, exitosas", y que, en estos casos, "es siempre el fruto de una mentalidad ligada al poder que debe ser sanada en sus raíces malignas". "Y agrego que son tres niveles de abuso que van juntos: abuso de autoridad -con lo que significa mezclar los fueros interno y externo-, abuso sexual y enredos económicos", lamentó.
"Siempre está la plata de por medio: el diablo entra por el bolsillo. Ignacio pone el primer escalón de las tentaciones del demonio en la riqueza... Después vienen la vanidad y la soberbia, pero el primero es la riqueza. En las congregaciones nuevas que han caído en este problema de los abusos, a menudo los tres niveles se dan juntos", reflexionó el Pontífice.
En la conversación, el Papa también desveló que conoce aquellos blogs que "me acusan de hereje", pero que no los lee "por mi salud mental". "Sé quienes son, conozco los grupos, pero no los leo, simplemente por mi salud mental. Si hay algo serio, me informan para que lo sepa. Es un disgusto, pero hay que seguir adelante", constata.
Según resume Spadaro, Francisco también reflexonó sobre las grandes alegrías y dolores de su pontificado, apuntando que, desde el momento en que se dio cuenta que iba a ser elegido Papa, sintió mucha paz. Una paz que no se le ha ido hasta la actualidad y que siente como un regalo puro. También expresó que "no se puede hablar de resistencias durante su pontificado", sino de "reacciones que nacen de malentendidos y que le enseñan a examinar mejor el significado de las disputas".
Al tiempo, añade Spadaro, Bergoglio "habló de la importancia de acercar la Iglesia a la gente, de crear vínculos cercanos a las personas y del peligro de la mundanidad, el peor mal que le puede suceder a la Iglesia, así como de la importancia de aprender a descubrir los engaños del mundo".

Éste es el diálogo íntegro, transcrito por Antonio Spadaro, sj:

El martes 16 de enero de 2018, al final del primer día pleno de su viaje apostólico a Chile y Perú, el papa Francisco tuvo un encuentro con 90 jesuitas chilenos en el Centro Hurtado de Santiago sobre las 19.00 hs. Al llegar al lugar pudo ver la reproducción de la camioneta verde, marca Ford, con la que san Alberto llevaba ayuda a los pobres de la ciudad: un verdadero símbolo de pasión apostólica. El Papa fue acompañado por el Provincial, P. Cristian del Campo, a la capilla en la que se conservan los restos del jesuita san Alberto Hurtado.[1] Inaugurado en 1995, el santuario custodia la tumba del santo, un sarcófago en piedra que contiene terrones originarios de cada región de Chile que simbolizan el abrazo de todos los fieles del país.
El P. Provincial saludó al Papa en nombre de todos los jesuitas -entre los cuales se hacían notar muchos jóvenes- y le preguntó cómo se encontraba en Chile y cómo había percibido la acogida en el país. El encuentro se hizo inmediatamente muy familiar y cálido. El P. Del Campo le presentó al Papa a los pp. Carlos y José Aldunate, dos hermanos de 101 y 100 años, respectivamente.
Sigue el texto de la conversación transcrito y aprobado en esta forma para su publicación por el mismo Pontífice.
Antonio Spadaro S.J.
Francisco comenzó con estas palabras:
¡Me alegra ver al padre Carlos! Fue mi director espiritual en el año 1960 durante mi juniorado. José era el maestro de novicios en aquella época, después lo hicieron provincial... Carlos era bedel y era... el rey del sentido común. Aconsejaba espiritualmente con mucho sentido común. Una vez, me acuerdo que fui a verlo porque estaba con mucha rabia contra una persona. Quería decirle cuatro frescas, decirle esto no va, vos sos esto y esto... Él me dijo: «Tranquilo... No conviene romper armas de entrada. Busque otros caminos...». Ese consejo no lo olvidé nunca y le agradezco ahora por esto. Sí. En Chile me sentí bien enseguida. Llegué ayer. Durante el día de hoy he sido muy bien recibido. He visto muchos gestos de gran afecto. Ahora, pregunten lo que quieran.
Se adelanta un jesuita: «Quisiera preguntarle cuáles han sido las grandes alegrías y los grandes dolores que ha tenido Ud. durante su pontificado».
Ha sido un tiempo tranquilo este del pontificado. Desde el momento en que en el Cónclave me di cuenta de lo que se venía -una cosa de golpe, sorpresiva para mí-, sentí mucha paz. Y esa paz no me dejó hasta el día de hoy. Es un don del Señor que le agradezco. Y de verdad espero que no me lo saque. Es una paz que siento como regalo puro, un regalo puro. Las cosas que no me quitan la paz, pero sí me dan pena, son los chismes. A mí los chismes me duelen, me ponen triste. Sucede a menudo en los mundos cerrados. Cuando esto se da en un contexto de sacerdotes o religiosos me viene preguntar a las personas: ¿pero cómo es posible? Vos que dejaste todo, decidiste no tener al lado a una mujer, no te casaste, no tuviste hijos, ¿querés terminar como un solterón chismoso? ¡Qué vida triste, Dios mío!

Un jesuita de la Provincia argentino-uruguaya pregunta: «¿Qué resistencias has encontrado durante tu pontificado y cómo las has vivido y discernido?»
Nunca, frente a la dificultad nunca digo que es una «resistencia». Eso sería faltar al deber de discernir. Es fácil decir «es resistencia» y no darse cuenta de que en esa disputa puede haber aunque sea un poquito así de verdad. Y yo me hago ayudar con eso. A menudo pregunto a una persona: «¿qué piensa de esto?». Esto me ayuda también a relativizar muchas cosas que, a primera vista parecen resistencia, pero que en realidad son una reacción que nace de un malentendido, del hecho de que algunas cosas hay que repetirlas, explicarlas mejor... Puede ser un defecto mío el hecho de que a veces doy por sentadas algunas cosas o pego un salto lógico sin explicar bien el proceso porque estoy convencido de que el otro entendió al vuelo el razonamiento que hago. Me doy cuenta que si vuelvo atrás y explico mejor entonces ahí el otro dice: «Ah, sí, está bien...»
O sea, me ayuda mucho examinar bien el significado de las disputas.
Ahora, cuando me doy cuenta de que hay verdadera resistencia, la sufro. Algunos me dicen que es normal que haya resistencias cuando alguno quiere hacer cambios. El famoso «siempre se hizo así» reina en todas partes: «Si siempre se hizo así, para qué vamos a cambiar? Si las cosas son así, si siempre se hizo así para qué hacerlas de manera diversa?». Esta es una tentación grande que todos hemos vivido. Por ejemplo, todos las vivimos en el posconcilio. Las resistencias después del Concilio Vaticano II, que todavía están presentes, y llevan a relativizar el Concilio, aguar el Concilio. Y me me duele más todavía cuando alguno se enrola en una campaña de resistencia. Lamentablemente veo esto también. Vos me preguntaste por las resistencias, y no puedo negar que están. Las veo y las conozco.
Después están las resistencias doctrinales, que ustedes las conocen mejor que yo. Por salud mental yo no leo los sitios de internet de esta así llamada «resistencia». Sé quiénes son, conozco los grupos, pero no los leo, simplemente por salud mental. Si hay algo muy serio, me lo avisan para que yo sepa. Ustedes los conocen... Es una pena, pero creo que hay que seguir adelante. Los historiadores dicen que para que un concilio arraigue hace falta un siglo. Estamos a mitad de camino.
A veces uno se pregunta: pero este hombre, esta mujer, ¿leyó el Concilio? Y hay gente que no leyó el Concilio. Y si lo leyó, no lo entendió. ¡Cincuenta años después! Nosotros estudiamos filosofía antes del Concilio, pero tuvimos la ventaja de estudiar teología después. Vivimos el cambio de perspectiva, y ya estaban los documentos conciliares.
Cuando percibo resistencias, trato de dialogar, cuando el diálogo es posible, pero algunas resistencias vienen de personas que creen poseer la vera doctrina y te acusan de hereje. Cuando en estas personas, por lo que dicen o escriben, no encuentro bondad espiritual, yo simplemente rezo por ellos. Siento pena, pero no me detengo en este sentimiento por salud mental.
Sigue la pregunta de un novicio: «Muchos están de acuerdo en identificar la Iglesia con los obispos y los sacerdotes, y son muy críticos con algunos de ellos por cómo viven la pobreza, por la restricción a la participación de las mujeres y el espacio limitado que se da a las minorías... Frente a esta opinión ¿qué nos propone para acercar a la iglesia jerárquica, de la cual somos parte, a la gente común y corriente?»
Lo que yo pienso respecto de la relación entre obispo y pueblo de Dios, se la acabo de decir a los obispos. Así que lo que pienso yo acerca de los obispos está en ese discurso, muy breve, ya que tuvimos dos encuentros largos el año pasado en la visita ad límina. El daño más grande que pueda sufrir hoy en día Iglesia en América Latina es el clericalismo, es decir no caer en la cuenta de que la Iglesia es todo el santo pueblo fiel de Dios, que es infalible in credendo, todos juntos. Hablo de América Latina porque es lo que conozco mejor. Hace un tiempo escribí una carta a la Pontificia Comisión para América Latina, y hoy volví sobre el tema. Hay que caer en la cuenta de que la gracia de la misionariedad tiene que ver con el bautismo, no con el orden sagrado ni con los votos religiosos.
Consuela ver que hay muchos sacerdotes, religiosos, religiosas, que se juegan enteros con la opción conciliar de ponerse al servicio del pueblo de Dios. Y eso hay que tenerlo en cuenta. Pero en algunos todavía están vigentes comportamientos de tipo principesco. Se debe dar al pueblo de Dios el lugar que le corresponde.
Y podemos pensar lo mismo respecto del tema de la mujer. Tuve una experiencia particular como obispo de una diócesis: había que tratar cierto tema, y se hacía una consulta -por supuesto solo entre curas y obispos- y habíamos hecho una reflexión que nos llevaba a una serie de puntos sobre los que había que tomar una decisión. La misma cosa, tratada en una reunión conjunta de hombres y mujeres, llevó a conclusiones mucho más ricas, mucho más viables, mucho más fecundas. Es una simple experiencia que me viene ahora a la mente y que me hace reflexionar. La mujer debe dar a la Iglesia toda aquella riqueza que von Balthasar llamaba «la dimensión mariana». Sin esta dimensión la Iglesia queda renga o tiene que usar muletas y entonces camina mal. Creo que en esto hay mucho que andar. Y repito, como les dije hoy a los obispos: «desprincipiar», estar cercanos a la gente...

El padre Juan Díaz toma la palabra y el Papa lo reconoce....
¡Juanito!
Después de un saludo afectuoso el P. Díaz prosigue: «Francisco, en varias ocasiones y en Evangelii gaudium, nos ha puesto en guardia frente al peligro de la mundanidad. ¿En qué aspectos de nuestra vida como jesuitas debiéramos estar más atentos para no caer en esta tentación de la mundanidad?»
A mí la alarma sobre la mundanidad me la despertó el último capítulo de las Meditaciones sobre la Iglesia, de Henri de Lubac. Él cita ahí al benedictino dom Ascar Vonier, que habla de la mundanidad como del peor mal que le puede suceder a la Iglesia. Eso me despertó el deseo de comprender que es la mundanidad. Claro que san Ignacio habla de ella en los Ejercicios, en el tercer ejercicio de la primera semana, allí donde pide descubrir los engaños del mundo. El tema de la mundanidad está en nuestra espiritualidad jesuítica. Las tres gracias que pedimos en esa meditación son el arrepentimiento de los pecados, es decir el dolor de los pecados, la vergüenza y el conocimiento del mundo, del demonio y de sus cosas. Por tanto, en nuestra espiritualidad la mundanidad entra como algo a tener en cuenta y a considerar como una tentación.
Sería superficial afirmar que la mundanidad es llevar una vida demasiado relajada y frívola. Estas son solamente consecuencias. Mundanidad es usar los criterios del mundo y seguir los criterios del mundo y elegir según los criterios del mundo. Significa hacer discernimiento y preferir los criterios del mundo. Por tanto, lo que nos tenemos que preguntar es cuáles son estos criterios del mundo... Y eso es lo que san Ignacio hace pedir en ese tercer ejercicio. Y nos hace hacer las tres peticiones: al Padre, al Señor y a la Virgen. ¡Que nos ayuden a descubrir esos criterios! Cada uno, por tanto, tiene que ir buscando qué cosa es mundana en su propia vida. No basta una respuesta simple y en general. ¿En qué soy mundano yo? Esta es la verdadera pregunta. Por ejemplo, no sé, un profesor de teología se puede hacer mundano si anda a la pesca de la última cosa que se dice para estar siempre en la moda: esto es mundano. Pero los ejemplos pueden ser miles. Y hay que pedir al Señor no ser engañados tratando de discernir cuál es nuestra propia mundanidad.
Sigue otra pregunta: «Santo Padre, usted ha sido un hombre de reformas. ¿En qué reformas, aparte de la de la curia y de la Iglesia, nosotros como jesuitas, podemos apoyarle mejor?»
Creo que una de las cosas que la Iglesia más necesita hoy, y esto está muy claro en las perspectivas y en los objetivos pastorales de Amoris Laetitia, es el discernimiento. Nosotros estamos acostumbrados al «se puede o no se puede». La moral usada en Amoris laetitia es la más clásica moral tomista, la del santo Tomás, no del tomismo decadente como ese con el que algunos han estudiado. También yo recibí en mi formación esta manera de pensar «se puede o no se puede, hasta aquí se puede, hasta aquí no se puede». No sé si vos te acordás (y aquí el Papa mira a uno de los presentes) de aquel jesuita colombiano que nos vino a dar moral al Colegio Máximo, cuando tocó hablar del sexto mandamiento: uno se atrevió a hacer la pregunta: «los novios pueden besarse?». ¡Si podían besarse! ¿Comprenden? Y él dijo: «Sí, sí, si. ¡No hay problema! Basta que pongan un pañuelo en el medio». Esta es una forma mentis de hacer teología en general. Una forma mentis basada en el límite. Y seguimos arrastrando las consecuencias.
Si ustedes dan una ojeada al panorama de las reacciones que suscitó Amoris Laetitia, van a ver que las críticas más fuertes contra la Exhortación son sobre el capítulo octavo: un divorciado ¿«puede o no puede tomar la comunión?». Y Amoris Laetitia, en cambio, va por otro lado totalmente distinto, no entra en estas distinciones y pone el problema del discernimiento. Que ya estaba en base en la moral tomista clásica, grande, verdadera. Entonces el aporte que querría de la Compañía es el de ayudar a la Iglesia a crecer en el discernimiento. Hoy la iglesia necesita crecer en discernimiento. Y a nosotros el Señor nos ha dado esta gracia de familia de discernir. No sé si ustedes sabrán, pero hay una cosa que ya dije en otras reuniones como esta con jesuitas: al fin del generalato de Ledóchowski, la obra culmen de la espiritualidad de la Compañía fue el Epítome. Allí estaba regulado todo lo que tenías que hacer, en una mescolanza enorme entre Fórmula del Instituto, Constituciones y reglas. Estaban incluso las reglas del cocinero. Y estaba todo mezclado, sin jerarquización. Ledóchowski era muy amigo del abad general de los benedictinos y, una vez que fue a visitarlo, le llevó aquel escrito. Poco tiempo después, el abad se comunicó con él y le dijo: «Padre General, con esto usted mató la Compañía de Jesús». Y tenía razón, porque el Epítome quitaba cualquier capacidad de discernimiento.
Después viene la guerra. El padre Jansens, tuvo que guiar la Compañía en la posguerra, y lo hizo bien, como podía, porque no era fácil. Y después vino la gracia del generalato de Arrupe. Pedro Arrupe con el Centro Ignaciano de Espiritualidad, la revista Christus y el impulso dado a los Ejercicios Espirituales, renovó esta gracia de familia que es el discernimiento. Superó el Epítome y volvió a las lecciones de los padres, a Fabro, a Ignacio. En esto hay que reconocer el rol de la vida de la revista Christus en aquel tiempo. Y después, también el rol del padre Luis González con su centro de espiritualidad: recorrió toda la Compañía dando ejercicios espirituales. Iban abriendo puertas, refrescando este aspecto que hoy día vemos que ha crecido mucho en la Compañía. Lo que yo te diría, recordando esta historia de familia, es que hubo un momento en que habíamos perdido -o no sé si lo habíamos perdido, pero digamos que no se usaba mucho- el sentido del discernimiento. Hoy día, dénselo -¡démoslo!- a la Iglesia, que lo necesita tanto.

La última pregunta es de un teólogo de la provincia de Perú: «Una pregunta sobre la colaboración: ¿qué ayuda le está dando la Compañía durante su pontificado? ¿De qué manera se ha dado la colaboración? ¿Cómo ha sido su relación con la Compañía?».
¡Desde el segundo día después de mi elección! Adolfo Nicolás vino a mi pieza en Santa Marta... Ahí empezó la colaboración. Él vino a saludarme, yo todavía estaba en la piecita que me tocó durante el Conclave, en Santa Marta, no en la que tengo ahora, y allí charlamos ahí un rato... Y los generales, los dos, Adolfo y ahora Arturo, los dos apostaron fuerte a esto. Creo que sobre este punto... está el padre Spadaro aquí...
Spadaro: Aquí estoy
Está en la popular... Creo que él fue testigo desde el primer momento de esta relación con la Compañía. La disponibilidad es total. Y además con inteligencia, como por ejemplo sobre la doctrina de la fe: realmente mucho apoyo. Pero nadie puede acusar de «jesuitismo» al pontificado actual. Lo digo y creo que soy sincero al decirlo. Se trata de una colaboración eclesial, dentro del espíritu eclesial. Es un sentir con la Iglesia y en la Iglesia en el respeto del carisma de la Compañía. Los documentos de la última Congregación General no necesitaron aprobación pontificia. Yo no lo consideré necesario porque la Compañía es adulta. Y si mete la pata... ya vendrá la queja y después se verá. Creo que esta es la manera de colaborar.
Bueno les agradezco tanto... y quiero decirles aún una cosa importantísima, una recomendación: ¡la cuenta de conciencia! Para los jesuitas es una joya, una gracia de familia... Por favor: ¡no la dejen!
El encuentro privado se abrió naturalmente en la explanada del santuario donde estaba presente un grupo de personas que se benefician con los programas de solidaridad de la iglesia, representantes de trabajadores, estudiantes, ancianos, personas en situación de calle y migrantes. En su saludo, el capellán general del Hogar de Cristo, el jesuita P. Pablo Walker, dijo: «Querido papa Francisco, la mesa está lista y te damos una calurosa bienvenida. Años atrás te habíamos invitado a beber con nosotros y hoy ha llegado el día». Recordando que «comer es un milagro», el capellán pidió al Papa que bendijera las «sopaipillas» preparadas por la señora Sonia Castro y por su hija Isabel Reinal. El Papa pronunció la oración de bendición: «El Señor bendiga estos alimentos que estamos compartiendo, que han sido hechos por ustedes mismos, bendice las manos que los han preparado, las manos que los distribuyen y las manos que los reciben. Que el Señor bendiga los corazones de todos nosotros y que esta compartida nos enseñe a compartir el camino, a compartir la vida y, un día, a compartir el paraíso. Amén». Después de haber recibido como regalo una Biblia del Pueblo de Dios y haber ofrecido al santuario un cuadro de Jesús Misericordioso pintado por Terezia Sedlakova, todos los participantes rezaron el Padre Nuestro. Luego el Pontífice impartió su bendición.
***

Al fin de su primer día en Perú, el 19 de enero de 2018, después de la visita de cortesía al presidente Pablo Kuczynski, el Papa se dirigió a la iglesia de San Pedro, dirigida por los padres jesuitas. La iglesia fue edificada a partir del siglo XVI por la Compañía de Jesús y es considerada como uno de los más importantes complejos religiosos del centro histórico de Lima. Es también el Santuario Nacional del Sagrado Corazón de Jesús. La planta evoca a la de la Iglesia del Gesù en Roma. La fachada es de estilo neoclásico y tiene tres puertas de acceso. Imponentes los campanarios neoclásicos. El interior está ricamente decorado en estilo barroco y bien iluminado por la luz del sol. Sobre las tres naves se asoman diez capillas. San Pedro es considerada una de las iglesias más bellas del Perú.
Francisco fue recibido por el Provincial, P. Juan Carlos Morante, y por el Superior local, P. José Enrique Rodríguez, en la entrada de la Capilla de la Penitenciaría. Atravesando la nave izquierda de la Iglesia, el Papa llegó a la sacristía, donde estaban reunidos alrededor de cien jesuitas. El padre Morante agradeció a Francisco por su visita y habló del compromiso de la Compañía en la evangelización de los pueblos originarios y en la educación citando a los padres Alonso de Barzana (1528-1598), Francisco del Castillo (1615-1673), Antonio Ruiz de Montoya (1585-1652), y otros. Habló de las nuevas perspectivas a partir del Concilio Vaticano II y de los nuevos desafíos: la opción preferencial por los pobres, los ejercicios espirituales, la colaboración con los laicos y los nuevos desafíos apostólicos que exigen un nuevo discernimiento apostólico. Luego tomó la palabra el Papa. El texto de la conversación aquí transcrita ha sido aprobado en esta forma por el Pontífice para su publicación.
Francisco saludó a los presentes de esta manera:
Buenas tardes... Gracias. Vamos a empezar a conversar para no perder tiempo. Tienen preparadas algunas preguntas... Con toda libertad...



La primera pregunta: «Los jesuitas del Perú, desde siempre, especialmente en este tiempo estamos comprometidos, con los temas de la reconciliación y la justicia. Ahora parece que las fuerzas política han alcanzado imprevistamente un acuerdo, y la reconciliación aparece como un llamado a todos. Se nos propone una reconciliación sin que haya habido un proceso. Mi pregunta es: ¿con qué actitud vivir, qué elementos tomar en cuenta cuando queremos una reconciliación? Sentimos que la palabra "reconciliación" está manipulada, y sentimos que se propone una justicia que no ha sido bien elaborado. ¿Usted qué piensa?».
Gracias. La palabra «reconciliación» no solo está manipulada: está quemada. Hoy día -no solo acá sino también en otros países de América Latina- se ha depotenciado la palabra reconciliación. Cuando san Pablo describe la reconciliación de todos nosotros con Dios, en Cristo, pretende usar una palabra fuerte. Hoy, en cambio, «reconciliación» se ha convertido en una palabra de cartón. La depotenciaron. La depotenciaron no solo en su contenido religioso sino en su contenido humano, ese que se comparte cuando uno se mira a los ojos. Hoy se negocia debajo de la mesa.
Yo diría que no hay que jugar al circo, pero tampoco patear en contra. Hay que decir a los que la usan depotenciada: úsenla ustedes, nosotros no vamos a usar una palabra que hoy está quemada. Pero hay que seguir trabajando procurando reconciliar gente. Desde abajo, desde los costados, con una buena palabra, con una visita, con un curso que ayude a comprender, con el arma de la oración, que es la que nos va a dar la fuerza y va a hacer milagros, pero sobre todo con el arma humana de la persuasión, que es humilde. La persuasión actúa así: con humildad.
Yo propongo esto: ir al encuentro del adversario, ponerse frente al otro si se da la oportunidad... ¡La persuasión! Sobre la reconciliación que hoy día se plantea -no quiero tocar a fondo y en detalle el problema peruano porque no lo conozco, pero me fío de tus palabras, y dado que, como te decía, este fenómeno se da también en otros países de América Latina-, puedo decirte que no se trata de una verdadera reconciliación, profunda, sino de un negociado. Y está bien: el arte de la conducción política supone también la capacidad de negociar. El problema está en qué se negocia cuando se negocia. Si entre el montón de cosas que llevás a negociar están tus intereses personales, entonces ya está... No podemos hablar ni siquiera de un negociado. Es otra cosa...
Entonces, en lugar de hablar de reconciliación es mejor hablar de «esperanza». Busquen una palabra que no sea un caballito de batalla mezquino, usado sin su pleno significado. Quiero repetirlo, no conozco en detalle la situación del Perú, me fío de tus palabras, pero es un fenómeno de varios países de América Latina, por eso puedo hablar así.
Sigue esta pregunta: «Santo Padre, nuestra Provincia ha ido disminuyendo en número, hay gente que está creciendo en edad, hay jóvenes que van asumiendo nuevas responsabilidades... Llevamos todavía muchas instituciones. La situación no es la más fácil... ¿Cómo nos animaría Usted? ¿Cómo nos invitaría a seguir fortaleciendo nuestra vocación de seguir a Jesús, de vivir en la Compañía de Jesús en medio de estas circunstancias que a veces puede parecer que nos desaniman? ¿Cómo hacer para no amargarnos, para no resentirnos, sino para tratar de vivir estas cosas con alegría? ¿Qué decir a aquellos que van creciendo en años y van viendo que los que vienen detrás son menos, que podrán seguir llevando con las mismas fuerzas lo anterior? ¿Qué decir a los más jóvenes que han encontrado situaciones de dificultad a su alrededor?».
Vos dijiste que tenemos bastantes «instituciones». Me atrevo a corregirte la palabra: tenemos bastantes «obras». Y hay que distinguir entre obras e instituciones. El aspecto institucional es esencial en la Compañía. Pero no todas las obras son instituciones. Quizás lo fueron, pero el tiempo hizo que dejaran de ser instituciones. Hay que discernir entre lo que es hoy día institución «que convoca, que te da fuerza, que promete, que es profética-y lo que es una obra, que sí, fue institución en un momento, pero que ahora parece que dejó de serlo. Y ahí hacer lo de siempre: un discernimiento pastoral y comunitario.
El padre Arrupe insistía en esto. Hay que hacer la selección de obras con este criterio: que sean instituciones, en el sentido ignaciano de la palabra, es decir que convoquen personas, que den respuesta a las exigencias de hoy. Y esto requiere que la comunidad se ponga en estado de discernimiento. Y ese quizás sea el reto que ustedes tienen...
Considerando esta disminución de jóvenes y de fuerzas se podría entrar en desolación institucional. No, eso no se lo pueden permitir. La Compañía pasó un momento de desolación institucional durante el generalato del padre Ricci, que terminó preso en el Castillo Sant'Angelo.[2] Las cartas que escribió el padre Ricci a la Compañía en ese tiempo son una maravilla de criterios de discernimiento, de criterios de acción para no dejarse chupar por la desolación institucional. La desolación te tira abajo, es una frazada mojada que te tiran encima y a ver cómo salís, y te lleva a la amargura, a la desilusión... Es el discurso postriunfalista de Emaús: «nosotros esperábamos...» que decimos también nosotros, por ejemplo, cuando usamos expresiones como «la gloriosa Compañía era otra cosa», «la caballería ligera de la Iglesia... ahora en cambio...». Y otras cosas como estas.
El Espíritu de desolación marca profundamente. Les aconsejo que lean las cartas del padre Ricci. Más tarde el padre Roothan[3] atravezó otro período de desolación de la Compañía con motivo de la masonería, pero no tan fuerte como la de Ricci, que terminó en la supresión. Hubo algunos otros períodos así en la historia de la Compañía.
Por otro lado, hay que buscar a los padres, a los padres de la institucionalización de la Compañía: por supuesto Ignacio, Fabro. Aquí podemos hablar del padre Barzana.[4] A mí Barzana me sedujo: cuando estuvo en Santiago del Estero, en Argentina, manejaba doce lenguas indígenas. Lo llamaban el Francisco Javier de las Indias Occidentales. Y ese hombre, ahí, en el desierto, sembró la fe, fundó la fe. Dicen que era de origen hebreo y que su apellido era Bar Shana. Hace bien mirar a esos hombres que fueron capaces de institucionalizar, y que no se dejaron desolar. Yo me pregunto si Javier, ante el fracaso de mirar China y no poder entrar, estaba desolado. No, yo imagino que Javier se dirige al Señor diciendo: «Vos no lo querés, entonces chau, está bien así». Optó por seguir el camino que se le proponía, ¡y en aquel caso era la muerte!... ¡pero está bien!
La desolación: no debemos dejar que entre en juego. Al contrario, debemos buscar a los jesuitas consolados. No sé, no quiero dar un consejo, pero... busquen siempre la consolación. Búsquenla siempre. Como piedra de toque del estado espiritual de ustedes.

Como Javier en las puertas de China, miren siempre adelante... ¡Dios sabe! Pero que la sonrisa del corazón no se embarre. No sé, no se me ocurre darte recetas. Hace falta el discernimiento de los ministerios y de lo institucional en un clima de consolación. Lean, por tanto, las cartas del padre Lorenzo Ricci. Es una maravilla cómo quiso siempre elegir la consolación en el momento de mayor desolación que haya tenido la Compañía, cuando sabía que las cortes europeas estaban por dar el golpe de gracia a la Compañía.
Quisiera que nos pudiera decir unas palabras sobre un tema que nos genera mucha desolación en la Iglesia y en especial entre los religiosos y en el clero: es el tema de los abusos sexuales. Estamos muy marcados por estos escándalos. ¿Qué nos puede decir al respecto? Una palabra de aliento.
Ayer hablé de esto a los sacerdotes, religiosos y religiosas chilenos en la catedral de Santiago. Es la desolación más grande que está pasando la Iglesia.
Y esto nos lleva a pasar vergüenza, pero hay que recordar que la vergüenza es también una gracia muy ignaciana, algo que San Ignacio nos hace pedir en los tres coloquios de la primera semana. Así que tomémoslo como gracia y avergonzémonos profundamente. Debemos amar una Iglesia con llagas. Muchas llagas...
Te cuento un hecho. El 24 de marzo en Argentina es la memoria del golpe de estado militar, de la dictadura, de los desaparecidos... Y todos los 24 de marzo la Plaza de Mayo se llena recordando eso. En uno de estos 24 de marzo salí del Arzobispado y fui a confesar a las monjas carmelitas. Cuando volvía tomé el subterráneo y bajé no en Plaza de Mayo sino seis cuadras antes. Estaba llena la plaza... y caminé esas cuadras para entrar por el costado. Cuando iba a cruzar la calle, estaba un matrimonio con un nene de dos años y medio o tres años, más o menos. El chico corre por delante y el papá le dice: «Vení, vení, vení... Cuidado con los pedófilos!». ¡La vergüenza que pasé! No se dieron cuenta de que yo era el arzobispo, era un cura y... ¡qué vergüenza!
A veces se dicen cosas como «recurso consuelo» y alguno llega a decir: «Bueno, mirá las estadísticas... el... no sé... 70 % de los pedófilos son del entorno familiar, vecinal. Después en los clubes, en los natatorios. La porcentual de los pedófilos que son sacerdotes no llega al 2 %, es el 1,6 %. No es para tanto...». ¡Pero es terrible aunque fuese solo uno de estos hermanos nuestros! Porque Dios lo ungió para santificar a los chicos y a los grandes y él, en vez de santificarlos, los destruyó. Es horrible. Hay que escuchar lo que siente un abusado o una abusada. Los viernes, a veces se sabe y a veces no se sabe, me encuentro habitualmente con algunos de ellos. En Chile tuve un encuentro. Como su proceso es tan duro, quedan destrozados. Quedan destrozados.
Para la Iglesia es una gran humillación. Muestra no solamente nuestra fragilidad, sino también -digámoslo claramente- nuestro nivel de hipocresía.
Sobre los casos de corrupción en el sentido del abuso más de tipo institucional, es singular el hecho de que haya varias congregaciones, relativamente nuevas, cuyos fundadores cayeron en estos abusos. Son públicos los casos. El papa Benedicto tuvo que suprimir una congregación de varones numerosa. El fundador había sembrado estas costumbres. Era una congregación que tenía también su rama femenina y también la fundadora había sembrado estas costumbres. Él abusaba de religiosos jóvenes e inmaduros. Benedicto comenzó el proceso de la rama femenina. A mí me tocó suprimirla. Ustedes acá tienen muchos casos dolorosos. Pero lo curioso es que el abuso ha afectado a algunas congregaciones nuevas, exitosas.
El abuso en estas congregaciones es siempre el fruto de una mentalidad ligada al poder que debe ser sanada en sus raíces malignas. Y agrego que son tres niveles de abuso que van juntos: abuso de autoridad -con lo que significa mezclar los fueros interno y externo-, abuso sexual y enredos económicos.
Siempre está la plata de por medio: el diablo entra por el bolsillo. Ignacio pone el primer escalón de las tentaciones del demonio en la riqueza... Después vienen la vanidad y la soberbia, pero el primero es la riqueza. En las congregaciones nuevas que han caído en este problema de los abusos, a menudo los tres niveles se dan juntos.
Perdonando la falta de humildad, te sugeriría leer lo que dije a los chilenos, que está más pensado y más rumiado que lo que me puede salir ahora espontáneamente.
«Ayúdenos en este proceso de discernimiento, que es de la Compañía universal. El padre Sosa nos llama a pensar por dónde tiene que ir la Compañía en estos tiempos, considerando nuestras debilidades y fortalezas. Usted tiene una visión universal, nos conoce bien, sabe lo que podríamos aportar a la iglesia universal. Nos podría ayudar diciendo, por ejemplo, cómo usted va viendo que el Espíritu mueve a la iglesia ahora hacia el futuro, hacia el porvenir. Por dónde tendríamos que seguir las sendas del Espíritu, como jesuitas, allí donde estemos -y no solo en la provincia del Perú-, para seguir en su servicio. Algunas líneas que podrían convertirse en parte de nuestro programa...»
Gracias. Te respondo con una sola palabra. Parecerá que no digo nada y en cambio digo todo. Y esta palabra es «Concilio». Tomen el Concilio Vaticano II. Relean la Lumen Gentium. Ayer con los obispos chilenos -o anteayer, ya no sé qué día es hoy- los exhortaba a la desclericalización. Si hay una cosa muy clara es la conciencia del santo pueblo fiel de Dios, infalible in credendo, como nos enseña el Concilio. El pueblo de Dios es quien lleva adelante la Iglesia. La gracia de la misionariedad y del anuncio de Jesucristo nos lo da el bautismo. De allí podemos ir adelante.
No hay que olvidar que la evangelización la hace la Iglesia como pueblo de Dios. El Señor quiere una Iglesia evangelizadora, lo veo claro. Es lo que me salió decir del corazón y con sencillez, en los pocos minutos que hablé en las congregaciones generales previas al cónclave. Una iglesia que va afuera, una iglesia que sale a anunciar a Jesucristo. Después o en el mismo momento en que lo adora y se llena de Él. Uso siempre un ejemplo ligado al Apocalipsis donde leemos: «Estoy a la puerta y llamo. Si alguno me abre voy a entrar». El Señor está afuera y quiere entrar. A veces, sin embargo, el Señor está adentro ¡y golpea para que lo dejemos salir! A nosotros, el Señor nos está pidiendo que seamos Iglesia afuera, Iglesia en salida. Iglesia afuera. Iglesia hospital de campo... ¡Ah, las heridas del pueblo de Dios! A veces el pueblo de Dios está herido por una catequesis rígida, moralista, del «se puede o no se puede», o por una falta de testimonio. ¡Una Iglesia pobre y para los pobres! Los pobres no son una fórmula teórica del partido comunista. Los pobres son el centro del Evangelio. ¡Son el centro del Evangelio! No podemos predicar el Evangelio sin los pobres. Entonces te digo: es en esta línea que siento que el Espíritu nos está llevando. Y las resistencias para no hacerlo son fuertes. Pero debo decir también que para mí el hecho de que nazcan resistencias es un buen signo. Es el signo de que se va por buen camino, de que ese es el camino. Si no fuera así, el demonio no se molestaría en hacer resistencia.
Te diría que estos son los criterios: la pobreza, la misionariedad, la conciencia de pueblo fiel de Dios...
En América Latina en particular deberían preguntarse: «Pero, ¿dónde es que nuestro pueblo ha sido creativo?». Con algunas desviaciones, sí, pero ha sido creativo en la piedad popular. ¿Y por qué nuestro pueblo fue capaz de ser tan creativo en la piedad popular? Porque no le interesaba a los curas y entonces dejaban que hiciera... Y el pueblo iba adelante...
Y después, sí, lo que la Iglesia hoy pide a la Compañía -esto ya lo dije en todos lados, y Spadaro que publica esas cosas ya está cansado de escribirlo-, es enseñar con humildad a discernir. Sí, esto se lo pido oficialmente como Pontífice. En general, sobre todo, nosotros que pertenecemos a la vida religiosa, sacerdotes, obispos, a veces demostramos poca capacidad de discernimiento, no sabemos hacerlo, porque fuimos educados en otra teología quizás más formalista. Nos detenemos en el «se puede o no se puede», como les decía también a los jesuitas chilenos a propósito de las resistencias a Amoris Laetitia. Algunos reducen todo el resultado de dos Sínodos, todo el trabajo hecho, al «se puede o no se puede». Ayúdennos pues a discernir. Claro, no puede enseñar a discernir quien no sabe discernir. Y para discernir uno debe entrar en Ejercicios, hace falta examinarse. Hace falta comenzar siempre por uno mismo.
El encuentro concluye así. El rector de la iglesia le explica al Papa el significado de la silla que le prepararon. Dice que en 1992 hubo un atentado de Sendero Luminoso[5] y que una parte de la iglesia quedó dañada. En la restauración se reforzaron las paredes y se extrajo un arquitrave de madera de 1672, con el cual se hizo la silla tallada en el estilo barroco de Lima para esta visita. El Papa agradece sonriendo y bromea: «Estoy sentado en 1672. Jugaré este número a la lotería!». Al final el Provincial agradece al Papa antes de pedir una foto de grupo. El Papa responde al agradecimiento con estas palabras:
Les agradezco mucho. ¡Recen por mí! Les comparto una gracia muy grande. Desde el momento en que me di cuenta de que iba a ser elegido Papa sentí mucha paz y no se me fue hasta el día de hoy. ¡Pidan para que el Señor me la mantenga!
Al final del encuentro el Papa regaló a los jesuitas una cruz de plata realizada en 1981 por el orfebre italiano Antonio Vedele, que en su interior representa las estaciones del Vía Crucis. Las estaciones no son catorce sino quince, porque el artista ha querido incluir en el centro de los brazos la representación de la Resurrección de Cristo. Vedele es el orfebre que diseñó la cruz pectoral del Papa Francisco, que luego, en 1998, fue realizada en plata por su discípulo Giuseppe Albrizzi, autor también del Pastoral usado por el entonces Cardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio.
Por último el Papa posó para una foto de grupo. Luego atravesó la iglesia de San Pedro y antes de salir por la puerta principal se detuvo ante la tumba del Venerable padre Francisco de Castillo, apóstol de Lima.

Notas
[1] San Alberto Hurtado (1901-1952) fue un hombre profundamente espiritual, infatigable en su trabajo con los jóvenes y obreros, y versatil escritor. Gran parte de su formación como jesuita la recibió en Europa, consiguiendo en Lovaina el doctorado en psicología y pedagogía. A su regreso a Chile en enero de 1936, se dedicó a los jóvenes como profesor de Religión y director espiritual del Colegio de Santiago. Al mismo tiempo enseñaba Pedagogía en la Universidad Católica. Muy ligado a los ejercicios espirituales, fundó una casa de ejercicios, promoviendo cursos que suscitaron muchas vocaciones para toda la iglesia. En 1940 su primer libro titulado ¿Es Chile un país católico? hizo un análisis sociológico de la Iglesia en Chile que provocó una tormenta de reacciones sacudiendo la conciencia de los católicos chilenos. Trabajando en la capital lo conmovió la situación de las personas sin hogar y habló de ello en un retiro. Así nació la obra por la cual es más conocido: el Hogar de Cristo, una casa donde los pobres pueden encontrar comida y acogida y nuevas posibilidades de vida. Además, los más jóvenes reciben allí formación básica y aprenden un oficio. Fundó también la Asociación sindical chilena para formar líderes en este campo. Murió a los 51 años y fue beatificado por Juan Pablo II el 14 de octubre de 1994 y canonizado por Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005.
[2] Superior General padre Lorenzo Ricci (1703-1775), ejerció este rol en un momento delicado de la historia de la Compañía de Jesús, a causa de las tensiones con los gobiernos europeos. Durante su gobierno, la orden fue expulsada primero de algunos países como Portugal, Francia y España. Con Clemente XIV, la Compañía fue suprimida y, mientras los jesuitas fueron integrados al clero diocesano y religioso, el padre Ricci fue encarcelado en el Castillo Sant'Angelo. Allí vivió hasta su muerte, dos años después, solo y víctima de humillaciones de todo tipo, sosteniendo hasta el último momento que la Compañía no había dado motivo para ser suprimida.
[3] Joannes Philippe Roothaan (Amsterdam, 23 de noviembre 1783 o 1785-Roma, 8 de mayo de 1853) fue un jesuita holandés, Prepósito General de la orden (el segundo después de la restauración) del 9 de julio de 1829 hasta su muerte. Su trabajo como Prepósito general fue muy fructífero para la orden recientemente restaurada. Su primera atención fue preservar y reforzar el espíritu de la Compañía. A este fin dedicó nueve de sus once cartas generales. Incrementó el trabajo en las misiones. La Orden redobló el número de sus miembros, llegando a 5000 profesos. La Compañía tuvo que sufrir, sin embargo, también la expulsión de muchos países, especialmente durante el año de la Revolución, en 1848.
[4] P. Alonso de Barzana (Cuenca, 1530 - Cuzco, 1597), fue enviado a la misión de Juli, sobre la rivera del Lago Titicaca, hoy al sud-este de Perú. Permaneció en la zona central de la actual Bolivia durante once años, hasta que fue enviado a Tucumán. Continuó su trabajo misionero entre los indígenas del valle Calchaquí y luego en el Gran Chaco hasta 1593. Prosiguió su tabajo entre las numerosas tribus de aquella región y también en la del Paraguay hasta 1589. Conocía muchas lenguas indígenas y escribió gramáticas, vocabularios y catecismos en muchas de estas lenguas.
[5] El «Partido Comunista del Perú sobre el sendero luminoso de Mariátegui» es una organización guerrillera peruana de inspiración maoísta fundada entre 1969 y 1970 por Abimael Guzmán, como consecuencia de una división del Partido Comunista del Perú - Bandera Roja (PCP-BR). Sendero Luminoso se propone subvertir el sistema político peruano e instaurar el socialismo a través de la lucha armada.

RD