Este es un espacio para alimentar y vitalizar la dimensión espiritual y humana de las personas comprometidas con la construcción de una sociedad más humana, justa y solidaria. Todos somos peregrinos. "sal de tu tierra, de tu casa y vete a la tierra que yo te mostraré; haré de tí una gran nación y te bendeciré." (Gén. 12, 1 ss)
Friday, April 19, 2019
Papa en el Vía Crucis: «veamos en la cruz de Jesús las cruces del mundo». Información, video e imágenes
“Con Cristo y con las mujeres en el camino de la cruz”, fue el título asignado por la Hermana Bonetti para las meditaciones de este Vía Crucis en el que estuvieron al centro las víctimas de la trata personas, los menores mercantilizados, las mujeres forzadas a prostituirse, los migrantes y los refugiados. "Ellos son los nuevos crucificados de nuestro tiempo, cuyo sufrimiento debe despertar las conciencias de todos nosotros".
Ciudad del Vaticano
El Viernes Santo 19 de abril, en torno a las 9 de la noche, el Papa Francisco presidió la celebración del Vía Crucis en el Coliseo de Roma.
Las profundas meditaciones de las XIV estaciones que recorrió Jesús desde el pretorio hasta al Monte Calvario, estuvieron a cargo de la religiosa Sor Eugenia Bonetti, italiana, misionera de la Consolata, y directora de la Asociación “Slaves no more”, que en español significa "no más esclavos" y que lucha para ayudar a las víctimas del tráfico de seres humanos.
Con Cristo y las mujeres en el camino de la cruz
“Con Cristo y con las mujeres en el camino de la cruz”, fue el título asignado por la Hermana Bonetti para estas meditaciones en las que estuvieron al centro las víctimas de la trata personas, los menores mercantilizados, las mujeres forzadas a prostituirse, los migrantes y los refugiados. "Ellos son los nuevos crucificados de nuestro tiempo, cuyo sufrimiento debe despertar las conciencias de todos nosotros", escribió la religiosa.
Un Vía Crucis en memoria de todos los pobres, los excluidos de la sociedad, "víctimas de nuestros cierres, poderes y legislaciones, ceguera y egoísmo, pero sobre todo de nuestros corazones endurecidos por la indiferencia", añadió sor Bonetti.
Jóvenes fallecidas en el Mediterráneo
Entre los conmemorados en esta noche en la que recordamos con dolor la muerte de Jesús, destacaron las 26 jóvenes nigerianas ahogadas en el Mediterráneo cuyos funerales se celebraron en Salerno, y su compatriota Favour, una bebé de 9 meses, que perdió a sus padres en el mar.
Oración del Papa
Al finalizar las estaciones, el Papa Francisco pronunció una oración final cuya transcripción compartimos a continuación:
«Señor Jesús, ayúdanos a ver en Tu Cruz todas las cruces del mundo: la cruz de la gente que tiene hambre de pan y de amor; la cruz de los solitarios y abandonados, incluso por sus propios hijos y parientes, la cruz de personas sedientas de justicia y paz, la cruz de la gente que no tiene el consuelo de la fe.
La cruz de los ancianos que se arrastran bajo el peso de los años y la soledad; la cruz de los migrantes que encuentran sus puertas cerradas a causa del miedo y los corazones blindados por cálculos políticos, la cruz de los pequeños, heridos en su inocencia y pureza, la cruz de la humanidad que vaga en la oscuridad de la incertidumbre y en la oscuridad de la cultura de lo provisorio, la cruz de las familias rota por la traición, por las seducciones del maligno o por la ligereza asesina y el egoísmo, la cruz de las personas consagradas que buscan incansablemente llevar tu luz al mundo y se sienten rechazadas, burladas y humilladas.
La cruz de las personas consagradas que, en el camino, han olvidado su primer amor; la cruz de tus hijos que, creyendo en ti y tratando de vivir según tu Palabra, se encuentran marginados y descartados incluso por sus familias y por sus compañeros, la cruz de nuestras debilidades, de nuestras hipocresías, de nuestras traiciones, de nuestros pecados y de nuestras muchas promesas rotas; la cruz de tu Iglesia que, fiel a tu Evangelio, lucha por llevar tu amor también entre los bautizados.
La cruz de la Iglesia, Tu esposa, que se siente continuamente atacada por dentro y por fuera; la cruz de nuestra casa común que se marchita seriamente ante nuestros ojos egoístas y está cegada por la codicia y el poder.
Señor Jesús, reaviva en nosotros la esperanza de la resurrección y de Tu victoria definitiva contra todo mal y toda muerte. ¡Amén!»
“Ahí tienes a tu madre” (Juan 19,27) por Silvia Somaré, ecj

Son las palabras que resuenan particularmente en Semana Santa, Jesús en la Cruz regalándonos la maternidad de María. Como todo parto, tiene dolor a la vez que fortaleza de parte de la mujer, es un momento en que aunque esté acompañada sufre la soledad de esa circunstancia porque, sólo ella siente el dolor y la valentía por esa vida que se presenta en su hijo; podría decirse también que se manifiesta el límite y la fragilidad humana desde ambas partes. Todo eso estuvo en la cruz y en el parto de María.
En la maravilla de la creación Dios nos crea con una madre, todos nacemos de una mujer a quien se llama madre y a la vez Él para humanizarse, quiso necesitar de una madre y se hizo hijo de ella y con la vivencia de un parto doloroso, nos la compartió para siempre. Esa maternidad heredada ya se prefiguró en la Anunciación y nueve meses después en Belén. Fueron ocasiones de alegría, de conmoción, de discernimiento y de entereza, también de zozobra.
Es bueno ver también que en ellos María acude en ayuda, crea comunidad, confía en Dios, se deja misericordear y desde su entrega humaniza el mundo. Y lo hace desde su gen de mujer que patentiza la acción generativa y protectora, sinónimo de maternidad más amplio que lo físico.
El Papa Francisco agradece a las mujeres que tratan de construir una sociedad más justa y acogedora. Esas mujeres no hacen otra cosa que dar vida a cada uno de los días, entre dolores y esperanzas consuelan y comparten la Buena Noticia. Van diciendo con su vida “aquí tienes una madre”. Creen en Cristo resucitado, se parecen a María.
Será cuestión de gustar de la maternidad silenciosa y tierna de María, será cuestión de ser madres para todos, aunque esto a veces nos cueste dolores de parto.
Silvia Somaré ecj
Vida Nueva
¿Qué hace Dios en una cruz? por José Antonio Pagola

Escena de ’33, El Musical
Según el relato evangélico, los que pasan ante Jesús crucificado sobre la colina del Gólgota se burlan de él y, riéndose de su impotencia, le dicen: “Si eres Hijo de Dios, bájate de la cruz”. Jesús no responde a la provocación. Su respuesta es un silencio cargado de misterio. Precisamente porque es Hijo de Dios permanecerá en la cruz hasta su muerte.
Las preguntas son inevitables: ¿cómo es posible creer en un Dios crucificado por los hombres? ¿Nos damos cuenta de lo que estamos diciendo? ¿Qué hace Dios en una cruz? ¿Cómo puede subsistir una religión fundada en una concepción tan absurda de Dios?
Un “Dios crucificado” constituye una revolución y un escándalo que nos obliga a cuestionar todas las ideas que los seres humanos nos hacemos de la divinidad. El Crucificado no tiene el rostro ni los rasgos que las religiones atribuyen al Ser supremo.
El “Dios crucificado” no es un ser omnipotente y majestuoso, inmutable y feliz, ajeno al sufrimiento de los seres humanos, sino un Dios omnipotente y humillad que sufre con nosotros el dolor, la angustia y hasta la misma muerte. Con la cruz, o termina nuestra fe en Dios o nos abrimos a una comprensión nueva y sorprendente de un Dios que, encarnado en nuestro sufrimiento, nos ama de manera increíble.
Ante el Crucificado empezamos a intuir que Dios, en su último misterio, es alguien que sufre con nosotros. Nuestra miseria le afecta. Nuestro sufrimiento le salpica. No existe un Dios cuya vida transcurre, por decirlo así, al margen de nuestras penas, lágrimas y desgracias. Él está en todos los Calvarios de nuestro mundo.
Este “Dios crucificado” no permite una fe frívola y egoísta en un Dios al servicio de nuestros caprichos y pretensiones. Este Dios nos pone mirando hacia el sufrimiento y el abandono de tantas víctimas de la injusticia y de las desgracias. Con este Dios nos encontramos cuando nos acercamos a cualquier crucificado.
Los cristianos seguimos dando toda clase de rodeos para no toparnos con el “Dios crucificado”. Hemos aprendido incluso a levantar nuestra mirada hacia la cruz del Señor, desviándola de los crucificados que están ante nuestros ojos. Sin embargo, la manera más auténtica de celebrar la pasión del Señor es reavivar nuestra compasión hacia los que sufren. Sin esto se diluye nuestra fe en el “Dios crucificado” y se abre la puerta a toda clase de manipulaciones.
De ‘El camino abierto por Jesús/Lucas’ (PPC Editorial)
José Antonio Pagola
Vida Nueva
Al pie de la cruz por Dani Cuesta sj

La Soledad al pie de la Cruz de la Parroquia de San Millán de Segovia (tallada por Aniceto Marinas en el año 1930) es una imagen que no deja indiferente a quien la contempla. Su secreto es que representa a la Virgen de tal modo que conecta con facilidad con nuestra sensibilidad y espiritualidad contemporánea. María aparece caracterizada como una mujer sencilla, fuerte y de fe. Está vestida con una túnica hebrea, de pie, apoyada en la cruz y alargando sus brazos hacia adelante, como queriendo abrazar de nuevo el cadáver de Jesús que ha sido arrancado de sus brazos momentos antes. La Soledad está desfallecida de dolor, así nos lo muestra su postura, su rostro y la única lágrima que cae por su rostro. Pero su pie avanzado hacia delante nos enseña que, pese a lo duro del momento, va a seguir caminando tras su hijo hasta la sepultura porque le ama como madre y porque cree como mujer de fe que éste no puede ser el final de la historia.
La Soledad al pie de la Cruz nos recuerda que María, la Madre de Dios y nuestra madre también, no fue una superhéroe o alguien que tuviera las cosas más fáciles que nosotros. Su imagen dolorida, pero también fuerte, conecta con aquellos momentos en los que la vida nos da golpes, más o menos fuertes, que hacen que todo en nuestro interior se tambalee y necesitemos buscar un punto de apoyo. Para María, este apoyo fue la Cruz donde había estado clavado su hijo, pero sobre todo fue su fe en el Dios del amor. Por eso, nosotros hoy podemos apoyarnos en su amor de Madre.
Por ello, al mirar a esta imagen de la Virgen, al rezarle y también al acompañarla en procesión por las calles, podemos aprender mucho de nuestra fe. Con ella descubrimos que la fe no nos ahorra los momentos dolorosos de la vida, aunque ayude a darles un sentido diferente. Que incluso en aquellos momentos más oscuros y amargos de la vida, Dios no nos abandona, aunque parezca que guarde silencio. Y sobre todo, María nos recuerda con su fe inquebrantable en su hijo, que nada podrá separarnos del amor de Dios, porque al final, el amor, es capaz de vencer incluso a la muerte.
Dani Cuesta sj
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Reflexión de Juan Cristóbal Beytía sj en el colegio San Ignacio El Bosque
Juan Cristóbal estuvo esta mañana en el colegio san Ignacio El Bosque en el Retiro abierto de Semana Santa entregando a primera hora, los "puntos para la oración".
...quisiera partir haciendo una confesión, yo llevo, no sé, cuatro o cinco años acompañándolos en este retiro y probablemente este sea el año que más me ha costado. Me ha costado porque creo que hay algo que compartimos los que estamos acá, que es como la sensación de que este asunto se enfrió o se está enfriando, una sensación de algo de lejanía, del mismo Dios. Ignacio de Loyola lo llamaría "desolación" y bueno estando en eso, preparar estos puntos de oración me costaron harto. quizás el momento en que nosotros estamos hoy día sea el momento más duro por el que hayamos pasado los cristianos, por lo menos los que estamos vivos, en Chile. No es la primera crisis que ha tenido la iglesia en la historia, pero de los que estamos vivos, probablemente es lo más dura y en la que estamos hoy día, siento yo, en un estado de confusión, no vemos demasiado claro...
Lo trasmitió la radio Duna y los invito a escucharlo aquí
El laberinto de la desolación por José María Rodríguez Olaizola sj

Hay momentos en que no puedes más. El mundo se te cae encima. Te faltan las palabras. O te sobran. La confianza se resquebraja. Tus planes no salen. O ni siquiera haces planes, porque se te han acabado los motivos. Hay momentos en que la fe tiene todo de duda y nada de certeza. Días de bruma. Quieres rendirte. Te preguntas dónde extraviaste el camino, dónde dejaste de ver las señales, por qué has acabado a oscuras.
Y no estoy hablando de una depresión (aunque la descripción pueda sonar parecida). No me refiero aquí a una enfermedad. Hablo de algo que está en el horizonte de cualquier vida en algunos momentos. Eso es la desolación. Esa sensación de fracaso, de soledad despoblada, de sequedad afectiva. Esa experiencia de no ver, no saber, no alcanzar. Hay quien lo vive con más drama y quien es capaz de lidiar con ello con más estoicismo, pero, ¿quién no ha sentido alguna vez que pierde pie y se ahoga? Los desencadenantes pueden ser múltiples: una relación afectiva que se tuerce; un fracaso laboral; la fe que de golpe se oscurece; el cansancio llevado al extremo; una experiencia de rechazo…
El laberinto de la desolación es de los más duros, porque cuando estás así, no ves salida. Pero te obsesionas con encontrarla. Y ahí hay una trampa, porque en ocasiones la salida está lejos. No puedes forzar los pasos ni buscar atajos atravesando los muros. Tienes que aceptar la búsqueda más lenta de un camino. Aprender a resistir, descubriendo que eres más fuerte de lo que piensas. He ahí la clave. Aceptar.
Dice Ignacio de Loyola en una de sus citas más conocidas, referidas a la vida interior, que «en tiempo de desolación, no hacer mudanza». Evidentemente, cuando estamos mal tenemos todo el derecho del mundo a intentar que las cosas mejoren. Es más, habrá ocasiones en que tengamos que hacer cambios. Pero la trampa es empezar a hacer los cambios antes de comprender lo que de verdad está pasando. Es empezar a poner parches para que el presente duela menos, pero sin afrontar de verdad las heridas. O renunciar a algo porque me doy cuenta de que ahora duele -cuando siempre supe que algunas veces el camino traería sus espinas, o su cruz-. Porque sí, a veces el camino no es cambiar las cosas -sino perseverar, sabiendo que el tiempo también tiene sus ritmos y sus vaivenes-.
La salida del laberinto de la desolación tiene muchos nombres: resistencia (en aquello de lo que estás convencido); paciencia (aprendiendo a ser dueños del tiempo); lucidez (para descifrar motivos y ver si hay que hacer cambios); y confianza: en uno mismo, más fuerte de lo que piensa; en los otros para compartir con ellos la carga; y en Dios, que hasta cuando calla está.
José María ROdríguez Olaizola sj
pastoralsj
Thursday, April 18, 2019
¿Cómo fue la última cena de Jesús con sus discípulos? por José Antonio Pagola

Jesús sabe que sus horas están contadas. Sin embargo, no piensa en ocultarse o huir. Lo que hace es organizar una cena especial de despedida con sus amigos y amigas más cercanos. Es un momento grave y delicado para él y para sus discípulos: lo quiere vivir en toda su hondura. Es una decisión pensada. Consciente de la inminencia de su muerte, necesita compartir con los suyos su confianza total en el Padre incluso en esta hora.
Los quiere preparar para un golpe tan duro; su ejecución no les tiene que hundir en la tristeza o la desesperación. Tienen que compartir juntos los interrogantes que se despiertan en todos ellos: ¿qué va a ser del reino de Dios sin Jesús? ¿Qué deben hacer sus seguidores? ¿Dónde van a alimentar en adelante su esperanza en la venida del reino de Dios?
Jesús se dispone a animar la cena contagiando a sus discípulos de su esperanza. Comienza la comida siguiendo la costumbre judía: se pone en pie, toma en sus manos el pan y pronuncia, en nombre de todos, una bendición a Dios, a la que todos responden diciendo “amén”. Luego rompe el pan y va distribuyendo un trozo a cada uno. Todos conocen aquel gesto. Probablemente se lo habían visto hacer a Jesús en más de una ocasión.
Entrega hasta el final
Saben lo que significa aquel rito de que preside la mesa: al obsequiarles con este trozo de pan, Jesús les hace llegar la bendición de Dios. ¡Cómo les impresionaba cuando se lo daba los pecadores, recaudadores y prostitutas! Al recibir aquel pan, todos se sentían unidos entre sí y con Dios. Pero aquella noche, Jesús añade unas palabras que le dan un contenido nuevo e insólito a su gesto. Mientras les distribuye el pan les va diciendo estas palabras: “Esto es mi cuerpo. Yo soy este pan. Vedme en estos trozos entregándome hasta el final, para haceros llegar la bendición del reino de Dios”. ¿Qué sintieron aquellos hombres y mujeres cuando escucharon por primera vez estas palabras de Jesús?
Les sorprende mucho más lo que hace al acabar la cena. Todos conocen el rito que se acostumbra. Hacia el final de la comida, el que presidía la mesa, permaneciendo sentado, cogía en su mano derecha una copa de vino, la mantenía a un palmo de altura sobre la mesa y pronunciaba sobre ella una oración de acción de gracias por la comida, a la que todos respondían “amén”. A continuación bebía de su copa, lo cual servía de señal a los demás para que cada uno bebiera de la suya.
La copa de la salvación
Sin embargo, aquella noche Jesús cambia el rito e invita a sus discípulos y discípulas a que todos beban de una única copa: ¡la suya! Todos comparten esa “copa de la salvación” bendecida por Jesús. En esa copa que se va pasando y ofreciendo por todos, Jesús ve algo “nuevo” y peculiar que quiere explicar: “Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Mi muerte abrirá un futuro nuevo para vosotros y para todos”. Jesús no piensa solo en sus discípulos más cercanos. En este momento decisivo y crucial, el horizonte de su mirada se hace universal: la nueva Alianza, el reino definitivo de Dios será para muchos, “para todos”.
Con estos gestos proféticos de la entrega del pan y del vino, compartidos por todos, Jesús convierte aquella cena de despedida en una gran acción sacramental, la más importante de su vida, la que mejor resume su servicio al reino de Dios, la que quiere dejar grabada para siempre en sus seguidores. Quiere que sigan vinculados a él y que aumenten su esperanza. Que lo recuerden siempre entregado a su servicio.
Seguirá siendo “el que sirve”, el que ha ofrecido su vida y su muerte por ellos, el servidor de todos. Ahí está ahora en medio de ellos en aquella cena y así quiere que lo recuerden siempre. El pan y la copa de vino les evocará antes que nada la fiesta final del reino de Dios; la entrega de ese pan a cada uno y la participación en la misma copa les traerá a la memoria la total entrega de Jesús.
Una vida al servicio
“Por vosotros”: estas palabras resumen bien lo que ha sido su vida al servicio de los pobres, los enfermos, los pecadores, los despreciados, las oprimidias, todos los necesitados… Estas palabras expresan lo que va a ser ahora su muerte: se ha “desvivido” por ofrecer a todos, en nombre de Dios, acogida, curación, esperanza y perdón. Ahora entrega su vida hasta la muerte ofreciendo a todos la salvación del Padre.
Así fue la despedida de Jesús, que quedó grabada para siempre en las comunidades cristianas. Sus seguidores no quedarán huérfanos: la comunión con él no quedará rota por su muerte; se mantendrá hasta que un día beban todos juntos la copa de “vino nuevo” en el reino de Dios. No sentirán el vacío de su ausencia: repitiendo aquella cena podrán alimentarse de su recuerdo y su presencia.
Él estará con los suyos sosteniendo su esperanza; ellos prolongarán y reproducirán su servicio al reino de Dios hasta el reencuentro final. De manera germinal, Jesús está diseñando en su despedida las líneas maestras de su movimiento de seguidores: una comunidad alimentada por él mismo y dedicada totalmente a abrir caminos al reino de Dios, en una actitud de servicio humilde y fraterno, con la esperanza puesta en el reencuentro de la fiesta final.
Dar ejemplo
¿Hace además Jesús un nuevo signo invitando a sus discípulos al servicio fraterno? El Evangelio de Juan dice que, en un momento determinado de la cena, se levantó de la mesa y “se puso a lavar los pies de los discípulos”. Según el relato, lo hizo para dar ejemplo a todos y hacerles saber que sus seguidores deberían vivir en actitud de servicio mutuo: “Lavándoos los pies unos a otros”.
La escena es probablemente una creación del evangelista, pero recoge de manera admirable el pensamiento de Jesús. El gesto es insólito. En una sociedad donde está tan perfectamente determinado el rol de las personas y los grupos, es impensable que el comensal de una comida festiva, y menos aún el que preside la mesa, se ponga a realizar esta tarea humilde reservada a siervos y esclavos.
Según el relato, Jesús deja su puesto y, como un esclavo, comienza a lavar los pies a los discípulos. Difícilmente se puede trazar una imagen más expresiva de lo que ha sido su vida, y de lo que quiere dejar grabado para siempre en sus seguidores. Lo ha repetido muchas veces: “El que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, sea esclavo de todos”. Jesús lo expresa ahora plásticamente en esta escena: limpiando los pies a sus discípulos está actuando como siervo y esclavo de todos. Dentro de unas horas morirá crucificado, un castigo reservado sobre todo a esclavos.
José Antonio Pagola
De ‘Jesús. Aproximación histórica’ (PPC Editorial)
Vida Nueva
Arte, cultura y el alma de un pueblo por Álvaro Lobo sj

Ayer contemplamos atónitos cómo ardía Notre Dame de París. Como si el corazón de la Ciudad de la Luz se parase de pronto. Símbolo de la tradición, el arte y la cultura europea. Un icono que gracias al cine y a la literatura ha impregnado la historia de millones de vidas con imágenes y bonitos recuerdos. Testigo de guerras, papas, reyes y revoluciones. Una obra de arte capaz de emocionar por su belleza –pero de esas que parece que tienen vida propia– y cuyas piedras han sido admiradas por pueblos y generaciones durante siglos.
Detrás de la perfecta simetría, las gárgolas o la luminosidad del gótico más puro hay algo más que no se puede ver a simple vista: el alma de un pueblo. Es el nexo entre personas. Es la construcción de algo grande. Por y para todos. Da igual la época, la condición social o incluso la ideología: todos la hicieron suya. Es el fruto de tanta gente que un día apostó por un proyecto grandioso que hablase de Dios en una época donde era complicado llegar a viejo y que el tiempo trató de enriquecer hasta hoy.
Las catedrales destacan no solo por su altura, también por su localización en el corazón de cada ciudad. Nos recuerdan que el origen de nuestras culturas pasa en parte por el deseo de construir el Reino de Dios. Quizás desde estos cimientos se puede comenzar a reconstruir. El ingenio, la creatividad y el esfuerzo al servicio de los demás. Una casa de todos. Recuperar el espíritu de un proyecto que apunta hacia algo más. Los edificios y las obras de arte son expresión de lo que las personas llevamos dentro. Ojalá esto sirva para hacer que el pueblo de París, de Francia y, por qué no, todos los cristianos respondamos a la llamada de trabajar juntos para construir nuevas catedrales en el siglo XXI, sean o no de piedra. Esperemos que el alma de París vuelva a latir de nuevo.
Álvaro Lobo sj
pastoralsj
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Thursday, April 11, 2019
Conversando con Jorge Muñoz sj, Vicario de la Pastoral Social Caritas
Al cumplir nueve meses como Vicario de la Pastoral Social Caritas del Arzobispado de Santiago, conversamos con Jorge Muñoz sj para conocer como han sido estos primeros meses a cargo de la Vicaria. Al respecto nos habla que en ese momentos están trabajando en la nueva planificación estratégica de los próximos tres años; nos habla de sus sueños, basados en lo que ha aprendido y visto en los que trabajan en la Vicaria, con su acentuación.
Nos habla también de la situación actual de la Iglesia Católica en Chile, del Administrador Apostólico del Arzobispado de Santiago, Celestino Aós O.F.M., quien "está invitado a trabajar y dando pasos que nos ayuden a salir de este caos, de este ambiente de desolación en que estamos sumidos"
Finalmente nos da a conocer algunos gestos de esperanza que ha observado en el actuar de Celestino Aós O.F.M.
El Papa intenta llegar a los jóvenes por Jorge Oesterheld, sacerdote
Con su reconocida sabiduría, su hábil manejo de la ironía y su perspicacia periodística, el maestro Antonio Pelayo comenzó la crónica que escribió para Vida Nueva sobre la presentación de la exhortación ‘Christus vivit’ pidiendo perdón: “pido perdón anticipadamente si comienzo esta crónica con un comentario que algunos pueden considerar –y tal vez tengan razón– intrascendente o banal sobre la exhortación apostólica postsinodal 'CHRISTUS VIVIT’, dirigida a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios”. De inmediato señaló que el documento “consta de nueve capítulos, divididos en 299 párrafos (186 páginas en su versión española)”.
A partir de esos datos el reconocido periodista se pregunta cuántos jóvenes van a leer un documento de esas características para luego preguntarse también cómo no se ha previsto otra modalidad de presentación más accesible al público juvenil.
Antonio Pelayo podría haber agregado que a jóvenes acostumbrados a leer 140 caracteres en Twitter el documento les ofrece 221.580 caracteres, de un solo golpe y sin anestesia. Cualquier persona que está al tanto del lugar que ocupan las redes sociales en la vida de los más jóvenes, sabe muy bien que un documento de esas características está condenado a ser completamente ignorado.
Ya nadie puede desconocer que los jóvenes se informan a través de los teléfonos y que la dinámica propia de las publicaciones en internet exige un tipo de comunicación que requiere una gran capacidad de síntesis y la utilización de otros recursos además de la tradicional presentación a través de un documento escrito.
Quizás teniendo en cuenta esa necesidad de síntesis, en la presentación que se ofreció en la Sala de Prensa Vaticana se intentó acotar la extensión del documento. Al decir de Antonio Pelayo “la síntesis ofrecida se desparrama a lo largo de once densas páginas” y duró una hora y media la intervención de los cinco ponentes que la ofrecieron. En cualquier caso, una extensión inabarcable para el público al que iba dirigida la exhortación apostólica.
Quizás no pueda discutirse que la necesidad de expresar la compleja temática juvenil exige un documento extenso y profundo. Puede argumentarse también que el texto no está dirigido solo a los jóvenes. Pero lo que está en cuestión es la ausencia de otros formatos que faciliten el acceso a las reflexiones papales. Se podrían haber utilizado breves videos o presentaciones adecuadas, en el formato y la estética, a los jóvenes a quienes se dirigía el mensaje. Una consulta a los expertos en estas cuestiones hubiera permitido aprovechar de otra manera la riqueza de la exhortación del Papa y haberla hecho accesible al público específico al que se dirigía.
Muchas síntesis generan confusión
El tema de lograr formatos más comprensibles y amigables adquiere una dimensión muy delicada si se tiene en cuenta que, al no hacerse una síntesis adecuada desde quienes tienen la responsabilidad de difundir el documento papal, esa tarea queda a cargo de otras personas. De hecho casi todos los medios de comunicación eclesiales se vieron en la obligación de hacer sus propias síntesis para que sus lectores o audiencias pudieran acceder al contenido del magisterio papal.
Inevitablemente esos análisis que intentaron un resumen de lo más destacado del documento reflejaron el pensamiento de quienes los realizaron, y así algunos subrayaron unos aspectos de la enseñanza pontificia y otros acentuaron otros. En definitiva, lo que llegó a los jóvenes interesados en conocer el resultado del trabajo sinodal estuvo mediado por las líneas editoriales de los diferentes medios (o por las ideas, la idoneidad o la ideología del periodista de turno) y de esa manera se los privó de acceder directamente y sin filtros conceptuales a las palabras de Francisco. También fue inevitable que los grandes medios de comunicación ignoraran por completo la exhortación papal.
Ahora solo queda confiar en la responsabilidad y capacidad de aquellos comunicadores que asuman el compromiso de llevar fielmente a los jóvenes la extraordinaria riqueza del magisterio del Papa.
Vida Nueva
Dime una Palabra por Luis Fernando Crespo SM. hijos de reyes

11 de abril
Jueves V
Jueves V
Gn 17,3-9 Reyes nacerán de ti
Porque me has hecho de estirpe real, a tu imagen y semejanza, hijo en el hijo amado, entra fecunda por el don de tu amor.
Luis Fernando Cordero SM
Dime una Palabra
Dime una Palabra
Saturday, March 23, 2019
Aceptan Renuncia Arzobispo de Santiago y nombran a Celestino Aós Braco como Administrador Apostólico sede vacante de Santiago
Biografía:
Nació el 6 de abril de 1945 en Artaiz, Navarra (España).
Cursó la enseñanza básica y media en la Escuela Nacional mixta de Artaiz.
El 16 de agosto de 1955 ingresó como aspirante en la Orden de los Frailes Menores Capuchinos en su tierra natal.
Entre 1960 y 1963 realizó los estudios filosóficos en Zaragoza.
El 14 de agosto de 1963 ingresó al Noviciado de Sanguesa, realizando el 15 de agosto de 1964 la Primera Profesión religiosa.
Entre 1964 y 1968 completó los estudios teológicos en Pamplona.
El 16 de septiembre de 1967 en Pamplona hizo su Profesión Perpetua.
El 30 de marzo de 1968 ha sido ordenado sacerdote por S.E. Mons. Ignacio Larrañaga, O.F.M.Cap.
Después de la ordenación sacerdotal fue educador y profesor en Lecaroz y vicario en Tudela (Navarra).
Entre 1972 y 1980 frecuentó varios cursos a nivel académico, primero en la Universidad de Zaragoza y después en la Universidad de Barcelona, donde obtuvo la Licenciatura en Psicología.
Entre 1980 y 1981 frecuentó la Pontificia Universidad Católica de Chile, gracias a una beca internacional de investigación en psicología.
Regresado a España, fue Profesor en Pamplona y, posteriormente, Vicario cooperador en Zaragoza.
En 1983 fue destinado a la Provincia de Chile, siendo nombrado Vicario parroquial en la Parroquia de Longaví (diócesis de Linares), confiada a los Padres Capuchinos.
En 1985 fue elegido Superior de la comunidad capuchina de Los Ángeles (Diócesis de Santa María de los Ángeles).
En 1995 fue nombrado Párroco de la Parroquia San Miguel en Viña del Mar (Diócesis de Valparaíso), siendo además Superior de la Comunidad de la Orden de la Frailes Menores Capuchinos en la localidad de Recreo, siempre en Viña del Mar.
Durante sus años de ministerio en la Diócesis de Valparaíso ejerció el cargo de Vicario Episcopal para los Institutos Femeninos de Vida Consagrada y fue Miembro del Consejo Episcopal.
Desde el año 2008 es Vicario parroquial en la Parroquia San Francisco de Asís en la ciudad de Los Ángeles (Diócesis de Santa María de los Ángeles).
Entre otros cargos que ha desempeñado figuran:
- Tesorero de la Asociación Chilena de Derecho canónico.
- Miembro de varios Tribunales Eclesiásticos chilenos, en primer lugar en el Tribunal de Valparaíso, donde colaboró como Promotor de Justicia; posteriormente trabajó en el Tribunal Interdiocesano de Concepción, donde actuó como psicólogo y sucesivamente como Juez, cargo que todavía desempeña.
- Miembro de Tribunales Especiales creados para estudiar: el milagro de la canonización de San Alberto Hurtado; la beatificación del Beato Tomás Reggio, Arzobispo de Génova y Fundador de la Congregación de Hijas de Santa Marta; el proceso histórico y proceso de presunto milagro de la "Beatita Benavides".
El 25 de julio de 2014 ha sido nombrado Obispo de la diócesis de Copiapó.
Fue ordenado obispo por mons. Ivo Scapolo, Nuncio apostólico, el 18 de octubre de 2014, fecha en la que tomó posesión de la diócesis de Copiapó.
El 16 de agosto de 1955 ingresó como aspirante en la Orden de los Frailes Menores Capuchinos en su tierra natal.
Entre 1960 y 1963 realizó los estudios filosóficos en Zaragoza.
El 14 de agosto de 1963 ingresó al Noviciado de Sanguesa, realizando el 15 de agosto de 1964 la Primera Profesión religiosa.
Entre 1964 y 1968 completó los estudios teológicos en Pamplona.
El 16 de septiembre de 1967 en Pamplona hizo su Profesión Perpetua.
El 30 de marzo de 1968 ha sido ordenado sacerdote por S.E. Mons. Ignacio Larrañaga, O.F.M.Cap.
Después de la ordenación sacerdotal fue educador y profesor en Lecaroz y vicario en Tudela (Navarra).
Entre 1972 y 1980 frecuentó varios cursos a nivel académico, primero en la Universidad de Zaragoza y después en la Universidad de Barcelona, donde obtuvo la Licenciatura en Psicología.
Entre 1980 y 1981 frecuentó la Pontificia Universidad Católica de Chile, gracias a una beca internacional de investigación en psicología.
Regresado a España, fue Profesor en Pamplona y, posteriormente, Vicario cooperador en Zaragoza.
En 1983 fue destinado a la Provincia de Chile, siendo nombrado Vicario parroquial en la Parroquia de Longaví (diócesis de Linares), confiada a los Padres Capuchinos.
En 1985 fue elegido Superior de la comunidad capuchina de Los Ángeles (Diócesis de Santa María de los Ángeles).
En 1995 fue nombrado Párroco de la Parroquia San Miguel en Viña del Mar (Diócesis de Valparaíso), siendo además Superior de la Comunidad de la Orden de la Frailes Menores Capuchinos en la localidad de Recreo, siempre en Viña del Mar.
Durante sus años de ministerio en la Diócesis de Valparaíso ejerció el cargo de Vicario Episcopal para los Institutos Femeninos de Vida Consagrada y fue Miembro del Consejo Episcopal.
Desde el año 2008 es Vicario parroquial en la Parroquia San Francisco de Asís en la ciudad de Los Ángeles (Diócesis de Santa María de los Ángeles).
Entre otros cargos que ha desempeñado figuran:
- Tesorero de la Asociación Chilena de Derecho canónico.
- Miembro de varios Tribunales Eclesiásticos chilenos, en primer lugar en el Tribunal de Valparaíso, donde colaboró como Promotor de Justicia; posteriormente trabajó en el Tribunal Interdiocesano de Concepción, donde actuó como psicólogo y sucesivamente como Juez, cargo que todavía desempeña.
- Miembro de Tribunales Especiales creados para estudiar: el milagro de la canonización de San Alberto Hurtado; la beatificación del Beato Tomás Reggio, Arzobispo de Génova y Fundador de la Congregación de Hijas de Santa Marta; el proceso histórico y proceso de presunto milagro de la "Beatita Benavides".
El 25 de julio de 2014 ha sido nombrado Obispo de la diócesis de Copiapó.
Fue ordenado obispo por mons. Ivo Scapolo, Nuncio apostólico, el 18 de octubre de 2014, fecha en la que tomó posesión de la diócesis de Copiapó.
Iglesia.cl
Rinunce e nomine, 23.03.2019
Rinuncia dell’Arcivescovo di Santiago de Chile (Cile) e nomina dell’Amministratore Apostolico “sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis”
Il Santo Padre Francesco ha accettato la rinuncia al governo pastorale dell’arcidiocesi di Santiago de Chile (Cile), presentata dall’Em.mo Card. Ricardo Ezzati Andrello, S.D.B.
Il Papa ha nominato Amministratore Apostolico “sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis” dell’arcidiocesi di Santiago de Chile (Cile) S.E. Mons. Celestino Aós Braco, O.F.M. Cap., finora Vescovo di Copiapó (Cile).
S.E. Mons. Celestino Aós Braco, O.F.M. Cap.
S.E. Mons. Celestino Aós Braco, O.F.M. Cap., è nato ad Artaiz, arcidiocesi di Pamplona (Spagna), il 6 aprile 1945. Ha compiuto gli studi filosofici a Zaragoza e quelli teologici a Pamplona. Ha ottenuto la Licenza in Psicologia presso l’Università di Barcelona (Spagna). Ha emesso la professione temporale religiosa come Francescano Cappuccino il 15 agosto 1964 a Sangüesa e la professione perpetua il 16 settembre 1967 a Pamplona. È stato ordinato sacerdote a Pamplona il 30 marzo 1968.
Come sacerdote ha svolto successivamente i seguenti incarichi: in Spagna è stato Professore a Lecaroz – Navarra, Vicario a Tudela, Professore a Pamplona e Vicario a Zaragoza. Inviato nel 1983 nel Cile è stato Vicario Parrocchiale della Parrocchia di Longavi, Superiore della Comunità a Los Ángeles, Parroco della Parrocchia di San Miguel a Viña del Mar, Superiore della comunità di Recreo, Vicario Episcopale per la Vita Consacrata della diocesi di Valparaiso, e, dal 2008, Vicario Parrocchiale della Parrocchia di San Francisco de Asís a Los Ángeles, diocesi di Santa María de Los Ángeles.
S.E. Mons. Aós Braco è stato inoltre Economo provinciale dei Cappuccini in Cile, Promotore di Giustizia del Tribunale ecclesiastico di Valparaiso, Giudice del Tribunale dell’arcidiocesi di Concepción e Tesoriere dell’Associazione cilena di diritto canonico.
Nominato Vescovo di Copiapó il 25 luglio 2014, ha ricevuto l’ordinazione episcopale il 18 ottobre successivo.
Thursday, March 07, 2019
Dime una Palabra por Luis Fernando Crespo SM. Vida y bien

7 de marzo
Jueves después de ceniza
Dt 30, 15-20 Pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal
Tú eres mi vida y mi bien. Mi amor. Muéveme a elegirte. Sin reservas. Elijo en ti la vida, tu vida, para vivir amándote, escuchando tu voz, adhiriéndome a ti, mi propia piel, mi aliento, mi respiración, mi latido, pues tú eres Dios.
Luis Fernando Crespo SM
Dime una Palabra
Monday, March 04, 2019
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