Tuesday, May 14, 2019

Hacia el Sínodo para la Amazonía. Entrevista al cardenal Cláudio Hummes por Antonio Spadaro S.J.



El 15 de octubre de 2017 el papa Francisco convocó a Roma una Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, indicando como principal objetivo «identificar nuevos caminos para la evangelización de esa porción del Pueblo de Dios, especialmente de los indígenas, a menudo olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno, también a causa de la crisis de la selva amazónica, pulmón de vital importancia para nuestro planeta».[1] El 8 de junio de 2018 se publicó el Documento Preparatorio.[2]
El Sínodo para la Amazonía es un gran proyecto eclesial que busca superar las fronteras y redefinir las líneas pastorales, adaptándolas a los tiempos contemporáneos. La Panamazonía es una región integrada por Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Surinam, Guyana y la Guayana Francesa. Dicha región es una fuente importante de oxígeno para toda la Tierra, puesto que allí se encuentra más de un tercio de las reservas forestales primarias del mundo. Es una de las mayores áreas de biodiversidad del planeta.
Participan en el Sínodo obispos elegidos por las diversas regiones del mundo, incluidos todos los obispos de la Región Amazónica. El papa ha nombrado relator general del Sínodo al cardenal brasileño Cláudio Hummes, franciscano, arzobispo emérito de San Pablo. Otra figura de gran relieve es el cardenal jesuita peruano Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo. Ellos son, respectivamente, presidente y vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM).
Esta red transnacional se generar una colaboración armoniosa entre los diversos componentes de la Iglesia: circunscripciones eclesiásticas, congregaciones religiosas, Cáritas, diversas asociaciones o fundaciones católicas y grupos de laicos. Entre sus objetivos principales está la defensa de la vida de las comunidades amazónicas amenazadas por la contaminación, por el cambio rápido y radical del ecosistema del cual dependen y por la falta de tutela de derechos humanos fundamentales.
El 31 de octubre de 2006 el cardenal Hummes fue nombrado por el papa Benedicto XVI prefecto de la Congregación para el Clero. En mayo de 2007 participó en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida como miembro designado por el papa. Hoy es presidente de la Comisión para la Amazonía de la Conferencia Episcopal del Brasil.
Considerando su experiencia y su actividad, hemos decidido mantener una conversación con él que pueda introducir en los trabajos del Sínodo y en su significado.[3]
Eminencia, nos acercamos al Sínodo para la Amazonía, un gran acontecimiento eclesial que pone en el centro de la reflexión un área específica y particular del mundo, aunque amplia y de increíble riqueza y complejidad. Justamente por eso hay quienes expresan una preocupación por el posible impacto que Sínodo para la Amazonía pueda tener en la unidad en la Iglesia, dada la particularidad de esta realidad territorial tan amplia, compleja y diversa ¿Cuál es su opinión al respecto?
Hoy se habla mucho de la unidad de la Iglesia. Esto es fundamental, importantísimo. Pero debe entenderse como una unidad que acoge la diversidad según el modelo de la Santísima Trinidad. Es decir, igualmente necesario es acentuar que la unidad no puede nunca destruir la diversidad. Precisamente, el Sínodo acentúa la diversidad dentro de esa gran unidad. La diversidad es la riqueza de la unidad, la preserva de ser una uniformidad y un justificativo para el control.
¿La diversidad es importante, entonces, para la Iglesia?
Hoy más que nunca la Iglesia se ha abierto a la diversidad. Los países latinoamericanos de la Panamazonía son hoy una expresión de la diversidad latinoamericana, que debe ser acogida sin temor y de manera muy abierta por la Iglesia de Europa y de todo el mundo. De hecho, yo quería acentuar eso porque el Sínodo para la Amazonía es un reconocimiento de nuestra peculiaridad. Yo lo digo de este modo: la Iglesia de América Latina puede traer nuevas luces para la Iglesia de Europa y del mundo, del mismo modo como la Iglesia de Europa debe darnos luces antiguas, muy importantes.
Inicialmente el cristianismo encontró un lugar de inculturación en la cultura europea, y fue un proceso muy exitoso, que dura hasta hoy. Pero no basta esa única inculturación. Dice el papa: una cultura sola no puede agotar la riqueza del Evangelio. La Iglesia no quiere dominar sobre las otras culturas, por más que respete esa inculturación inicial europea.
Debemos respetar la diversidad de las culturas. Eso va a enriquecer a la Iglesia, y no a amenazarla. La diversidad no amenaza la unidad de la Iglesia, sino que fortalece su verdadera unidad. Es muy importante no tener miedo de estas cosas. Así pues, si hablamos y conseguimos encontrar nuevos caminos para la Iglesia en la Amazonía, eso va a redundar en beneficio de toda la Iglesia, pero siempre a partir de la reflexión específica sobre la Amazonía.
Ustedes, que forman la Red Eclesial Panamazónica, han tenido un encuentro con el papa Francisco. ¿Qué nos puede decir sobre ese encuentro y sobre las novedades, los desafíos y las esperanzas que el santo padre deposita en el proceso sinodal?
El 25 de marzo pasado, el cardenal Barreto, Mauricio López —secretario ejecutivo de la REPAM— y yo nos encontramos con el papa. Le presentamos el estado en que se encuentra el proceso de preparación del Sínodo una vez concluida la fase de escucha y consulta de las Iglesias particulares de la Panamazonía y todo el trabajo que se ha realizado. En este proceso sinodal nuestra Red intentó «escuchar», no solamente «ver, juzgar y actuar». La escucha viene antes que nada. Para preparar un sínodo es preciso escuchar, no solamente organizar y hacer planes.
Entonces, ¿el sínodo se caracteriza por su capacidad de escucha y de superar la mentalidad de los «marcos» y de los «planes»?
 Para «ver» de verdad es preciso escuchar, no basta con hacer un análisis de qué es la Amazonía, o de quién es y qué hace la Iglesia en la Amazonía. Un sínodo no es una abstracción sinodal, una idea genérica. Para nosotros es preciso escuchar en primer lugar a los propios pueblos de la Amazonía. Hay que escuchar la realidad, escuchar los gritos. Eso ya enriqueció mucho nuestra metodología de ver, juzgar y actuar. Nuestro «ver» no era ya el de un analista que desde lejos examina situación. Nos pusimos a escuchar de verdad.
¿Y su diálogo con el papa?
Le preguntamos al papa si tenía alguna recomendación que hacernos. Él insistió mucho en no diluir el objetivo específico del Sínodo, en que no debe convertirse en la ocasión para hablar de todas las cosas, como antiguamente se decía en latín, con ironía: de omni re scibili et de quibusdam aliis. El Sínodo, dice el papa, no es para hablar de todas las cosas, de todos los desafíos o de todas las necesidades de la Iglesia en el mundo: no debemos perder el foco, dice el papa. Claro que todo el proceso tiene y tendrá también una repercusión universal, incluso planetaria, pero el Sínodo tiene un foco del cual es preciso no desistir para no permanecer en generalidades. El papa Francisco fue muy claro en este punto: no perder el foco, que es la Amazonía. «Nuevos caminos para la Iglesia», significa nuevos caminos para la Iglesia en la Amazonía y nuevos caminos para una ecología integral en la Amazonía. Este tema delimita el objetivo del Sínodo.
Francisco habla a menudo de procesos nuevos, de caminar, de no detenerse a repetir el pasado, sino de adherir a la tradición que crece y que hace crecer sin tener que repetir siempre las mismas cosas. ¿Lo lograrán? ¿Es posible?
Ciertamente no estaremos en el Sínodo para repetir cosas que ya fueron dichas, no importa si son importantes, bonitas y desde una buena teología; no. Estaremos allí para procurar nuevos caminos. Necesitamos mucho nuevos caminos, no tener miedo a lo nuevo, no defendernos contra ello, no resistir a la novedad. Debemos cuidarnos de no traer lo antiguo como si fuese más importante que lo nuevo. Lo antiguo debe conjugarse con lo nuevo, la novedad debe reforzar y alentar el camino. Esta palabra del papa es muy fuerte: debemos caminar y no resistirnos a avanzar e ir hacia adelante.
Debemos confiar en el Espíritu que nos lleva hacia adelante, dice el papa. Desde el inicio de su pontificado él exhorta y alienta a la Iglesia a levantarse y no quedarse muy acomodada y demasiado segura de su teología, de su visión de las cosas, defendiéndose del mundo. El pasado no está petrificado, debe formar siempre parte de la historia, de una tradición que sigue hacia adelante. Cada generación debe seguir avanzando para contribuir a la riqueza de esa gran tradición. ¿Lo lograremos? Nos confiaremos al trabajo del Espíritu.
El pasado está marcado también por una herencia colonial…
Sin duda. Esa actitud colonialista ha sido una de las más importantes quejas de los pueblos indígenas hacia Iglesias pentecostales protestantes que están entrando ahora en el territorio.
El papa denuncia esa práctica neocolonialista y exhorta a la Iglesia para no reproducir tal espíritu y práctica en su misión evangelizadora. Es un llamamiento a no hacer de la Iglesia en la Amazonía una fuerza colonizadora, a no querer colonizar a los pueblos indígenas en su fe, su espiritualidad, su experiencia de Dios.
¿Cómo se sitúa, entonces, la Iglesia ante las poblaciones indígenas? ¿Cómo se debe entender la evangelización de estos pueblos?
La inculturación de la fe y el diálogo interreligioso son necesarios, porque es una verdad que también en los pueblos indígenas originarios Dios ha estado siempre presente en sus formas y expresiones propias y en su historia. Ellos tienen ya una experiencia propia de Dios, semejante a otros antiguos pueblos en el mundo, en especial a los pueblos del Antiguo Testamento. Todos han tenido una historia en la que estaba Dios, una bella experiencia de la divinidad, de la transcendencia y de una consecuente espiritualidad. La evangelización de los pueblos indígenas debe tener como objetivo suscitar una Iglesia indígena para las comunidades indígenas. En la medida en que los pueblos indígenas acogen a Jesucristo, deben poder expresar esa fe suya desde su cultura, identidad, historia y espiritualidad.
¿Qué resistencias está generando esta visión sobre la Iglesia indígena en los distintos espacios y en el camino hacia el Sínodo?
Está suscitando resistencias y también malos entendidos. Algunos se sienten de alguna forma amenazados, porque no se sienten considerados en sus proyectos y en sus ideologías. Diría, sobre todo, los proyectos de colonización de la Amazonía que continúan fuertemente con ese espíritu dominador y depredador: llegar para explotar y salir después con las maletas llenas, dejando atrás la degradación y la pobreza del pueblo local, que ahora está más pobre y con su territorio devastado y contaminado.
La industria, la agricultura y muchas otras formas de producción afirman cada vez más que su actividad es «sustentable». ¿Pero qué significa realmente «ser sustentable»? Significa que todo lo que extraemos de la tierra o devolvemos a la tierra como residuos no impide que la tierra se regenere y continúe siendo fértil y saludable.
Es muy importante reconocer esas resistencias sea en la Iglesia, sea fuera de ella, por ejemplo, en Gobiernos, empresas y en otras partes. Debemos reconocer cómo nos comportamos frente a estas resistencias, saber qué hacer.
¿Por qué esas resistencias? ¿Qué las produce?
Los intereses económicos y el paradigma tecnocrático repelen toda tentativa de cambio y están dispuestos a imponerse por la fuerza, violando derechos fundamentales de las poblaciones en el territorio y normas para la sustentabilidad y preservación de la Amazonía. Pero nosotros no debemos rendirnos. Será necesario indignarse. No una indignación violenta, pero sí firme y profética.
¿Será posible un diálogo, un encuentro?
No podemos caer en una especie de ingenuidad al pensar que todo el mundo está dispuesto a dialogar. No es verdad. Hay mucha gente que no está dispuesta a dialogar. Primero hay que indignarse, profetizar, pero, después, ciertamente hay que intentar negociar, llegar a un acuerdo, y así, tal vez, conseguir que la otra parte se disponga a dialogar. Jesús ya hablaba de negociar en tales situaciones (Lc 14, 28). La Iglesia en la Amazonía sabe que debe ser profética, no acomodada, porque la situación es por demás clamorosa y hay una situación de constante y persistente violación de derechos humanos y degradación de la casa común. Y, lo que es aún peor, tales crímenes generalmente quedan impunes.
La Iglesia debe ser profética. En América Latina hemos vivido mucho esto después del Concilio Vaticano II, de Medellín y de las otras grandes conferencias del episcopado latinoamericano. Ese profetismo ha crecido, pero también se ha ido aclarando.
¿Qué quiere decir ser profético?
No es solo gritar, denunciar y apuntar. El profetismo es mucho más. Quizás podríamos enriquecer este espíritu de denuncia y diálogo con un poco más de ternura. Pero, ¿cómo hacerlo? Ese profetismo debe continuar, pero es un profetismo que debe apuntar también hacia nuevos caminos, que iluminen, que ayuden al otro a aceptar un diálogo. Creo que en el encuentro de diálogo seremos capaces de escuchar, de entendernos, de estar dispuestos a recibir la luz del evangelio de Jesucristo
Hay quienes contraponen inculturación, o sea, la inmersión en la cultura, e interculturalidad, el diálogo entre las culturas: temas que están muy presentes en las expresiones de una Iglesia que busca el contacto con los indígenas de la Panamazonía ¿Cuál es su posición al respecto y cómo se puede incorporar esto en el proceso sinodal de manera creativa y constructiva?
Inculturación e interculturalidad no se contraponen. No debemos pensarlas como opuestas. Deben conjugarse. La inculturación es absolutamente necesaria, como también lo es la interculturalidad. Sobre todo porque tenemos muchas culturas en la Amazonía. La inculturación y la interculturalidad son muy importantes cuando vemos la cantidad de pueblos indígenas que hay en el mundo y en la Amazonía.
¿Y la cuestión del modo en que debe situarse la Iglesia hacia los indígenas?
Tenemos que distinguir entre Iglesia «indigenista» e Iglesia «indígena». Nosotros, sobre todo a partir de las grandes conferencias del episcopado latinoamericano, hemos buscado ser una Iglesia indigenista, que considera a los indígenas como objeto de pastoral, pero no todavía como protagonistas de la propia experiencia de fe. Pero esto no basta. Ahora sabemos que debemos dar un paso más: debemos promover una Iglesia indígena.
Por lo que me ha parecido entender, el Consejo Indigenista Misionero (CIMI) brasileño está haciendo un buen trabajo.
El CIMI es, sin duda, un ejemplo muy fuerte al respecto. Ha hecho y continúa haciendo un trabajo extraordinario sobre ese aspecto, y hace una contribución muy consistente: nos trae datos, nos presenta hechos, publica acontecimientos de violencia que han ocurrido, con números, con estadísticas. Los datos no se pueden negar, se pueden interpretar mal o bien, pero no se pueden negar. Los datos sobre la injusticia, sobre las violaciones de los derechos humanos, sobre los asesinatos, sobre la criminalización de los defensores de los derechos, esos datos están ahí, y el CIMI está siempre atento a ello, y por eso también incomoda a algunos Gobiernos y a todos los que tienen otros intereses.
En este caso, la expresión de esa Iglesia Indigenista incomoda, pero para nosotros, como Iglesia, es muy importante tener datos para presentar y para mostrar por qué estamos indignados. El CIMI en Brasil nos ha ayudado mucho a ser una Iglesia indigenista, que defiende los derechos de los indígenas; y no solo de los indígenas, sino de todos los pueblos, sobre todo en las regiones misioneras.
Nos sentimos llamados a ser una iglesia que defiende los derechos humanos, que defiende los derechos indígenas, los de los ribereños y los de otros. Esto es una Iglesia indigenista.
¿Cuál es el paso que hay que dar hacia una Iglesia indígena?
Ahora sabemos que debemos dar un paso más: debemos promover una Iglesia Indígena para los pueblos indígenas, ayudar a que nazca y crezca una Iglesia Indígena. Las comunidades indígenas que, de una o de otra forma, escuchan el anuncio del evangelio y que acogen ese Evangelio, que acogen a Jesucristo, deben estar en condiciones de que, a través de un proceso oportuno, su fe se encarne y se inculture en su realidad cultural. Entonces, desde dentro de su cultura, identidad, historia y espiritualidad puede nacer una Iglesia indígena con sus propios pastores y ministros ordenados, siempre unida en total comunión con la Iglesia católica universal, pero inculturada en las culturas indígenas.
De hecho, en la historia de los pueblos indígenas ya hay muchas huellas de Dios. Como decía antes, Dios ha estado siempre presente en su historia. ¿Cómo extraer desde su propia identidad, desde su historia, desde su cultura esos signos claros de la presencia de Dios? Estos pueblos milenarios vienen desde otra raíz que no es la europea, desde otra vertiente histórica, como los africanos, los pueblos de la India, los chinos. Entonces, dentro de su historia, de su identidad, de su espiritualidad, desde su relación con la trascendencia, debemos generar una Iglesia con rostro indígena.
El tema de una Iglesia indígena es muy importante para la Panamazonía, pero, ¿qué tipo de ministerio es necesario para esta realidad? ¿Qué perfil de sacerdotes, misioneros, etc., es necesario en esta realidad, en estas culturas tan particulares que usted ha descrito?
Muchas veces existe la preocupación de trasplantar los modelos de los sacerdotes europeos a los eventuales sacerdotes indígenas. Pero alguien alertaba, con razón, de que hay demasiada preocupación y prioridad acerca del perfil del ministro ordenado más que de la comunidad que debe recibir al ministro. Al contrario, la comunidad no es para su ministro, sino el ministro para su comunidad. El ministro debe ser adecuado a las necesidades de la comunidad.
Es esta necesidad de la comunidad la que debe movernos a pensar, tal vez, en ministerios diferenciados, porque la comunidad allí necesita una presencia adecuada. No queramos defender una especie de figura histórica de cómo debe ser un ministro, sin posibles variaciones, de modo que las comunidades deban aceptarlo así tal cual porque nosotros lo enviamos así.
Sí, los ministros son enviados, pero tenemos que saber enviar de tal forma de respetar la comunidad concreta, que tiene necesidades propias y específicas. También los ministerios deben pensarse a partir de la comunidad, de su cultura, de su historia, y de sus necesidades. Todo eso significa la apertura.
Esta Iglesia indígena no se hace por decreto. El Sínodo tiene que abrir el camino para que eso sea posible y se pueda provocar un proceso que tenga suficiente libertad y que reconozca la dignidad que tiene todo cristiano y todo hijo de Dios. Esa es la grandeza de este Sínodo. El papa sabe cuán histórico puede ser este Sínodo para toda la Iglesia. Pero debemos caminar en esa dirección y cuidarnos de no reproducir una cosa que ya existe.
En la encíclica «Laudato si’» el papa señala claramente que la situación de crisis planetaria actual es innegable e incorpora esto en el tema propio del Sínodo mediante el llamamiento a una «ecología integral». ¿Cómo caminar eclesialmente ante esta situación de grave crisis ecológica?
La ecología integral es algo estupendamente nuevo que el papa nos ha traído. Interpela a fondo los modelos actuales de desarrollo y de producción que, a su vez, apelan a las luces racionales, científicas y tecnológicas de la época moderna que fundamentan el paradigma tecnocrático y no están dispuestas a acoger las consecuencias de una ecología integral. El paradigma tecnocrático y de dominación vence, se impone, y hace lo que quiere.
En efecto, este esquema o este paradigma tecnocrático viene de la modernidad. Es resultado de lo que se llama la «revolución copernicana» de la filosofía moderna: ya no se trata del objeto pensado y analizado, como en la filosofía clásica, sino del sujeto pensante, de la subjetividad. Ese fue un gran avance; fue, de hecho, la gran riqueza de la modernidad.
Pero los grandes intereses en juego han transformado esta conquista en algo distinto. La han transformado en subjetivismo, individualismo y, después, en liberalismo, que, junto con la revolución copernicana de la filosofía, pudo contar con el nacimiento de la ciencia moderna exacta y su aplicación a la técnica. De ahí ha resultado un enorme progreso tecnológico, cada vez más sofisticado, que ha puesto en manos del hombre un extraordinario poder de intervención en la naturaleza para producir cada vez más bienes, a cualquier costo, sea de la naturaleza, sea de las personas o de las comunidades humanas. Esta tecnología cada vez más sofisticada es utilizada para explotar el planeta, es aplicada como si nosotros viniésemos de fuera y como si el planeta fuera algo que nos hemos encontrado por el camino y podemos explotar, degradar y depredar sin escrúpulos. La tecnología da al hombre actual esa posibilidad de acumular cada vez más bienes materiales. Los pueblos indígenas, al contrario, no acumulan bienes, sino relaciones sociales, relaciones con las personas y con el todo: no acumulan bienes materiales. Los pueblos indígenas nos enseñan que son mucho más importantes las relaciones humanas, las relaciones comunitarias.
Este paradigma tecnocrático del que usted habla se cierne como una gran amenaza para nuestro planeta…
Sí, y es así porque este paradigma no acepta una ecología integral, no acepta que somos hijos de esta tierra. Se vive como si el ser humano hubiera venido aquí y hubiese encontrado un tesoro para explotar de todas las formas posibles. No: nosotros somos hijos de esta tierra, y el daño que hacemos a la tierra termina perjudicándonos a nosotros mismos.
La Biblia dice que Dios formó al hombre del barro de la tierra…
Y esto nos indica que nacemos de la tierra. Por eso ella es la madre tierra, somos hijos de la tierra, nacemos aquí, no venimos de fuera. Nuestro cuerpo está hecho de las cosas de la tierra. Dios insufló el espíritu en ese cuerpo que viene de la tierra, el espíritu de la vida. Nosotros venimos de la tierra, somos, por tanto, hermanos de todas las criaturas. Y el papa dice también que los hombres, teniendo inteligencia y libre albedrío, tenemos un deber muy especial de cuidar la tierra, porque Dios nos dio inteligencia y la capacidad de amar, de cuidar, de administrar bien esta tierra que nos da el sustento. Pero no podemos obtener ese sustento a costa de los otros seres creados y de los demás hermanos y hermanas. Todo está interconectado.
¿Tiene fundamento teológico la ecología integral? ¿Hay una visión teológica que usted haya madurado?
El papa Francisco ha hablado sobre eso. Lo más importante de la ecología integral, dice el papa, es que también Dios se relacionó definitivamente en Jesucristo con esta tierra. Puesto que Dios está interrelacionado, todo está interconectado. Dios mismo se vinculó a través de la encarnación de Jesucristo, y Jesucristo es el punto culminante hacia donde todos caminamos. Hay textos espléndidos donde se dice que todas las criaturas caminan, porque las otras criaturas no fueron hechas para nosotros. Su fin último no somos nosotros. Su fin último es trascendente, es Dios. Claro que nosotros también necesitamos a las criaturas para sustentarnos, pero su vocación es trascendente y nosotros debemos alabar al Señor en su nombre y conducirlas hacia Dios. Pues, un día, todas ellas, de una forma misteriosa, dentro de la lógica de la resurrección, estarán participando en el reino definitivo. Dios no destruirá su creación, sino que la trasformará pascualmente.
Por tanto, Jesucristo resucitado es la cumbre hacia la cual todo camina y es el modelo que da una primera revelación de cómo será ese camino por el que estamos caminando. La humanidad no anda en círculos, como sin norte, sin sentido. Debemos caminar. Hay un futuro real. Jesucristo resucitado es el gran punto trascendente hacia el que caminamos. Entonces, la ecología integral es todo eso junto.
Por eso yo digo a menudo que es necesario reescribir la cristología, porque san Pablo ya habla de este punto culminante en un camino que avanza. Teilhard de Chardin ya habló de esto en sus estudios sobre la evolución. Toda la teología y la cristología, y hasta la teología de los sacramentos, deberán ser de alguna forma reescritas desde esa gran luz de que «todo está interconectado», interrelacionado.
Hay una canción brasileña que dice: «Tudo está interligado, como se fóssemos um, tudo está interligado nesta casa comum» («Todo está interconectado, como si fuésemos una sola cosa. Todo está interconectado en esta casa común»). Dios también esta interrelacionado, definitivamente, con nuestra casa común. Creo que la ecología integral es un concepto que ilumina todo el trabajo que tenemos que hacer en la Amazonía para estar unidos en el camino del Sínodo.
La Red Eclesial Panamazónica, la REPAM, forma parte del proceso de preparación al Sínodo. ¿De dónde nace?
La Red nació de la idea de la V Conferencia del episcopado latinoamericano en Aparecida, en la que participó nuestro querido papa Benedicto XVI. En esa época él hizo una contribución muy grande desde el comienzo, con una apertura que nos sorprendió a todos: la gran apertura de Benedicto XVI frente a un mundo que no era el suyo. Él pertenecía a un mundo europeo, pero se abría al diálogo junto a nosotros, al pueblo, al territorio, a la América Latina.
¿Qué sucedió en Aparecida? Como bien sabemos, Bergoglio también estuvo allí…
Sí, también participó el cardenal Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires.[4] En ese contexto se habló sobre la necesidad de crear un plan pastoral conjunto para la Amazonía, y el papa Francisco afirma que fue allí donde él mismo despertó para el desafío de la Amazonía. Antes, como arzobispo de Buenos Aires, la Amazonía era para él algo muy distante. Como un mundo de fantasía. Pero él dice que por la insistencia de los obispos brasileños en Aparecida sobre las cuestiones de la Amazonía se despertó en él ese interés. Fue allí donde comprendió que era algo importante. Él dice que a partir de ahí comenzó de hecho a despertar para todo lo que era la Amazonía. Allí, como dije, se habló de la necesidad de un plan de pastoral conjunto de América Latina para toda la Amazonía. Era una cosa un poco fuera de lo común, porque las conferencias episcopales son nacionales, y la Amazonía no es una nación, sino una región transnacional, son nueve países.
¿Cómo han creado ustedes una relación eficaz?
Primero, las conferencias episcopales nacionales que tienen territorio amazónico incluyeron su respectiva parte de la Amazonía en el plan pastoral nacional. Ahora, después de Aparecida y, sobre todo, después del anuncio del Sínodo para la Amazonía, hay que pensar en un plan específico para toda la Panamazonía. No obstante, eso no quita a las conferencias episcopales nacionales su responsabilidad por su parte del territorio amazónico. Esto crea una nueva situación, una especie de nuevo sujeto eclesial, y es necesario poder entenderlo y acogerlo poco a poco. El papa habla de una descentralización, y toda descentralización es un poco dolorosa, porque se afecta un poco el poder y el prestigio del centro, pero debemos saber entenderlo, saber caminar juntos en este rumbo.
La REPAM viene exactamente para hacer un servicio que comienza a crear una red entre todas esas realidades de los nueve países amazónicos, una red que no debe pensarse como una entidad más con proyectos propios, sino como un servicio para articular a todas las entidades, comunidades, misioneros, agentes eclesiales en el territorio, personas e iniciativas de defensa y preservación de la Amazonía, para que todos entren en esa red y no se sientan aislados, ahí en la selva. Es un servicio que dependerá siempre de los obispos locales, de los misioneros locales, que necesitan sentirse invitados a formar parte de esta red.
¿Y el papa? ¿Cuándo le habló del Sínodo?
Ya en 2015 el papa comenzó a decirme: «Estoy pensando en hacer una reunión con todos los obispos de la Amazonía. Aún no sé qué tipo de reunión, qué tipo de asamblea, pensaba que hasta podía ser un sínodo». Me dijo: recemos juntos por eso, y empezó a hablar con obispos, con las conferencias episcopales de los países amazónicos, sobre cómo hacer esta asamblea, y así fue creciendo y madurando dentro de él la idea del Sínodo, hasta que finalmente fue convocado en 2017. Hemos trabajado mucho por el Sínodo, y seguiremos trabajando para ese servicio que es tan importante para el futuro. El Sínodo sirve para encontrar y trazar nuevos caminos para la Iglesia.


[1] Francisco, Ángelus del domingo 15 de octubre de 2017, disponible en http://w2.vatican.va/content/francesco/es/angelus/2017/documents/papa-francesco_angelus_20171015.html.
[2] El texto del Documento Preparatorio, junto a otros materiales relativos al sínodo, están disponibles en http://www.sinodoamazonico.va/content/sinodoamazonico/es.html.
[3] Sobre el Sínodo para la Amazonía véase A. Peraza, «La Amazonía y los derechos humanos», en La Civiltà Cattolica Iberoamericana III, 2019, n. 26, pp. 86-99.
[4] Cf. D. Fares, «A 10 anni da Aparecida. Alle fonti del pontificato di Francesco», en La Civiltà Cattolica 2017, n. II, pp. 338-352.
CPAL

Dime una Palabra por Luis Fernando Crespo SM.tu alegría


14 de mayo
San Matías

Jn 15, 9-17 Os he hablado esto para que mi alegría esté en vosotros
Me alegro en ti. Gozo en ti. Desbordo tu hermosura por los poros de mi piel. Elegido, bendecido, amado, peno en tu plenitud. Permanezco en tu amor. Soy tu amigo, tu amado.
Luis fernando Crespo SM
Dime una Palabra

La encrucijada de la pedofilia en la Iglesia católica. Documental polaco "No se lo digas a nadie"





"No se lo digas a nadie", es un documental del realizador polaco Tomasz Sekielski, sobre la pedofilia de la Iglesia Católica en Polonia. Ha tenido más de 5 millones de reproducciones en las primeras 32 horas de difusión en el canal YouTube. Este impactante documental, que se estrenó el pasado sábado, presenta los testimonios de las víctimas de los sacerdotes pedófilos.
"Tengo la impresión de que tanto los perpetradores, como la jerarquía de la iglesia tiene una total falta de empatía con las víctimas. Las declaraciones no van más allá de los lemas típicos como 'tenemos a las víctimas en nuestros corazones' o "estamos con ellos", pero nada más, no sucede nada en absoluto", subraya Tomasz Sekielski.
La película desafía a la jerarquía episcopal por la falta de sanciones en los casos de pedofilia. Y plantea el silencio del papa Juan Pablo II duran te su pontificado. Bajo el título "No se lo digas a nadie" parte de la película se grabó con una cámara oculta. Varios sacerdotes, ahora ancianos, piden perdón e incluso ofrecen dinero a sus víctimas.
"Hay evidencias de que esos sacerdotes no estaban bien. No me cabe en la cabeza, pero es cierto. Estoy sorprendido y es una lástima que haya tan malos confesores y maestros de la fe", deplora el expresidente polaco Lech Walesa.
A dos semanas de las eleciones europeas, la película podría representar un golpe al partido conservador Ley y Justicia, en el poder desde 2015, que reivindica su identidad católica y su alianza con el episcopado. Los escándalos de pedofilia afectan a muchos países. El papa Francisco obligó el pasado jueves a informar sobre cualquier sospecha de agresión sexual a la jerarquía de la Iglesia

NO SE LO DIGAS A NADIE | Película documental completa de Tomasz Sekielski | 


“No se lo digas a nadie”: el nuevo documental sobre abuso sexual que sacude a la Iglesia

Narra las experiencias de varias víctimas que sufrieron ataques por parte de miembros del clero en Polonia. 

El documental "No se lo digas a nadie" conmueve a la Iglesia católica de Polonia (captura YouTube).

Un nuevo documental sobre los casos de menores víctimas de agresión sexual por parte de religiosos católicos ha provocado una ola de reacciones en Polonia, con más de tres millones de visitas en Internet durante las primeras horas siguientes a su publicación.

"No se lo digas a nadie" es el título de esta polémica película documental de los hermanos Sekielski, donde se narra la experiencia de varias víctimas de abusos sexuales protagonizados por curas.
Entre las víctimas se recoge el testimonio de un hombre que recuerda cómo sufrió abusos a los 12 años por parte del sacerdote Franciszek Cybula, quien fue confesor del ex presidente polaco y líder histórico de Solidaridad, Lech Walesa.

Reacciones dispares

Las reacciones de la iglesia Católica han oscilado entre los que han pedido disculpas "por los errores cometidos", como el cardenal primado de Polonia, Wojciech Polak, hasta quienes han evitado pronunciarse "por no haber visto el documental", como el arzobispo de Gdansk, Slawoj Glod.
"Estoy hondamente conmovido por lo que vi en el film de Sekielski. Pido disculpas por cada uno de los errores cometidos por los miembros de la iglesia", declaró Polak, mientras que el presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, arzobispo Stanisław Gądecki, le agradeció al director por el film, y afirmó que, al menos en su experiencia, "las situaciones presentadas en el documental son consistentes con lo aprendido en numerosas conversaciones con las víctimas".
"Estoy convencido que este film va a contribuir reforzar el protocolo para la protección de niños y jóvenes dentro de la Iglesia católica", completó Gądecki.
Por su parte, el arzobispo de Cracovia, Marek Jedraszewski, calificó la película como una forma de "hacer política miserable en base a mentiras".
Mientras, Lech Walesa aseguró este lunes desconocer los hechos sobre Cybula narrados en el documental y lamentó  haber tenido "malos confesores"; a la vez, le pidió a la jerarquía católica que actúe con decisión para abordar el problema de los abusos sexuales en el seno de la Iglesia.
El líder del partido gobernante en Polonia, la fuerza conservadora-nacionalista Ley y Justicia, Jaroslaw Kaczynski, también ha reaccionado a este documental y aseguró que su formación prepara cambios en el código penal para endurecer las penas por abuso sexual a menores.

"Previsiblemente las penas aumentarán hasta los 30 años de prisión", adelantó Kaczynski, quien lanzaba este anuncio en plena campaña electoral (las elecciones europeas tendrán lugar el próximo 26 de mayo).
Actualmente, el abuso sexual a menores de 15 años se castiga en Polonia con hasta 12 años de prisión.
El pasado octubre, otra controvertida película, "Kler" ("Clero"), abordó sin complejos los temas del abuso infantil, las relaciones de pareja, la corrupción, la codicia y el alcoholismo en el seno de la Iglesia católica polaca, hasta convertirse en el film con más espectadores en Polonia en lo que va de siglo.
Fuente: EFE

Sunday, May 05, 2019

Mujer, laica, profeta y mística por Mar Paz López Santos

conchita20cabrera

Al conocer la noticia de la beatificación de Conchita Cabrera, me alegré mucho y pensé que me uniría a la celebración escribiendo sobre algo sobre ella.
Luego me entraron las dudas y surgieron las preguntas: ¿Qué puedo escribir sobre esta persona que conozco tan poco? ¿Qué decir de una mujer que nació y vivió en un tiempo y una sociedad tan diferente, a nivel religioso, social, cultural, al que yo he vivido y en ello sigo?
De forma muy sencilla puedo compartir mi experiencia personal, lo que me llegó de Conchita a través de otros, acercándome a una espiritualidad de la que bebí durante bastantes años.
En 1984 nos cambiamos de casa, en otro barrio de Madrid. Fuimos recorriendo las parroquias más cercanas a nuestro nuevo domicilio, pero no sentíamos sintonía. Unos amigos nos hablaron de una parroquia que quedaba cerca aunque había que ir en coche. Un domingo nos acercamos con nuestros tres niños, bastante pequeños, a la misa de doce. Sin preguntar. Fallo. En esta parroquia (1) la misa empezaba a las… ¡doce menos cuarto! Curioso.
Hubo algo que ya nos introdujo en un “estar” al que quieres volver. La iglesia es preciosa y su estructura en forma de enorme tienda de campaña circular, te adentra en la liturgia con aires de acogida, de abrazo… “la tienda del encuentro”. Pero la homilía del sacerdote (2), que celebraba me impactó. Nos impactó. Tenía un reconocible acento mexicano.
No recuerdo las lecturas, no sé de qué trataba el evangelio pero salí diciendo por dentro: “A mí esto nunca me lo habían contado así”. Volvimos con nuestros tres niños al domingo siguiente, y al otro y otro más. Empezamos a avisar a nuestros amigos cercanos del nuestro descubrimiento, y se fueron uniendo un domingo, otro y otros más… La misa de doce menos cuarto se convirtió en algo a lo que nadie quería faltar.
No era solamente el carisma de un sacerdote a la hora de comunicar, era algo más. Cuando pude asistí a otras misas, a la tarde, en días de diario, fiestas, etc. y siempre notabas un no sé qué, no te ibas de vacío. La liturgia sencilla, alegre, orante, acogedora… y la palabra Amor, de Dios, de los hermanos, a los hermanos, etc. era el lenguaje común a todas las celebraciones.
¿Quiénes son?, le pregunté un día a alguien que vi moviéndose por la iglesia como si fuera de casa. Me contó que eran Misioneros del Espíritu Santo (nunca había oído hablar de esa orden), que fue fundada por una mujer mexicana, a principios del siglo XX, que era laica, casada y madre de nueve hijos. ¡En serio, qué interesante!… es lo que pude añadir junto a mi cara de sorpresa.
Las carreras del domingo a la mañana para llegar con nuestros tres hijos a la misa de “doce menos cuarto” las recordamos con mucho humor. Y nos fuimos adentrando en la vida de la parroquia. Vinieron los tiempos de catequesis, comuniones, grupos de pastoral juvenil para nuestros hijos; mi grupo de oración, Navidades, Semanas Santas, convivencias, ejercicios, etc.
Mientras en el fondo, en lo interior, iba reconociendo esa lluvia fina de una espiritualidad que va calando; al tiempo que descubría el sendero que Dios me ponía delante para que, si quería, fuera dando pasos hacia delante en mi vida espiritual y de fe.
En algún momento pedí me recomendaran algún libro sobre la fundadora la orden, que coloquialmente llamaban Conchita, y me lo compré (3).
Y ahora sigo hablando directamente a Conchita:
¿Sabes qué pasó, Conchita? Que le di vueltas al libro, pase hojas, volví a pasarlas, me detuve cuando dices:
“Crecí como la hierba de los campos, al natural, y qué poco entendí, ¡Dios mío” tus gracias y tus favores, la predilección tan singular con que siempre has cubierto mi pobre alma… Siempre he tenido la inclinación a escribir. (…) En esa hacienda todas las noches a la oración, al oscurecer, sentía que mi alma se remontaba de la tierra buscando con anhelo a Dios; era una hora favorita en la que embargaba a mi alma algo, siempre aquel algo que yo no entendía pero que me elevaba de la tierra haciéndome buscar el cielo!…” (4).
Pero no era mi momento, el lenguaje y la forma de expresar tu profunda espiritualidad me resultaban  complejos. Creo que ha sido un acierto que respetaran tus palabras sin intentar “traducirlas”, es decir, europeizarlas o adecuarlas a los modos de estos tiempos.
“El total de los escritos presentados en Roma para el proceso de beatificación de Conchita Cabrera de Armida es casi de 65.000 páginas. Estos millares de páginas escritas con su propia mano, en medio de las tareas y cuidados de la vida de familia, sin descuidar la atención de sus nueve hijos, a los que amamantó, cuidó e instruyó, nos muestras una prodigiosa actividad como escritora”. (5)
Se necesitarían varias vidas para poder adentrarse en tu patrimonio escrito. Pero lo que sí sé es que dejaste el mensaje de Dios en tu persona para que quien se acerque a ti, ya sea por escrito o a través de quienes sean fieles al carisma que transmitiste, lo hagan llegar con docilidad y transparencia. Seguro será un gran tesoro para la vida de mucha gente.
Naciste el 8 de diciembre de 1862, en San Luis Potosí (México), en una familia con posibles, recibiste educación en casa, y a los 21 años (1884) te casaste con Francisco Hermida y vas teniendo hijos (siete chicos y dos chicas), al mismo tiempo que la misión para la que has sido llamada por Dios va dando a luz las primera ramas  de las Obras de la Cruz:
  • 1895  Apostolado de la Cruz. Para laicos, sacerdotes religiosos, religiosas y obispos.
  • 1897 Las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús. Religiosas contemplativas.
En 1901 muere tu marido, tienes que hacerte cargo de la hacienda y seguir atendiendo a tu familia. Pero tu vida interior de mística “en medio del mundo, sin ser del mundo” según decías, sigue avanzando y crecen más ramas en las Obras de la Cruz.
  • 1909  Alianza de Amor. Para laicos.
  • 1912  Fraternidad de Cristo Sacerdote. Asociación de sacerdotes tanto seculares como religiosos.
  • 1914  Misioneros del Espíritu Santo, sacerdotes religiosos.
Viendo esta relación de fechas, no puedo olvidar que en el 1910 se inició la Revolución Mexicana y que el proceso de fundación tuvo que ser vivido desde lo oculto, ya que había persecuciones.  
¿Cómo una mujer pudo llegar a esto? Dios te pide y tú aceptas. Es el Fiat de María, que se repita a través de la historia de la humanidad que lleva dentro, aún sin reconocerlo tantas veces, el germen de la redención… de Jesús con nosotros.
¿Cómo una laica de tu tiempo se adelantó a un tiempo futuro? Dejaste bien claro que la santidad es cosa de todos. No sólo de sacerdotes y religiosos. Los laicos y laicas llamados desde el bautismo a la santidad. Todavía quedaba bastante tiempo para que el Concilio Vaticano II hablara con claridad sobre este tema en la Constitución Lumen Gentium. Sí, creo que fuiste profeta en tu tiempo para los tiempos venideros.
Desde niña tuviste mirada contemplativa. Vivías la vida con esa sana y también costosa tensión de que lo divino y lo humano van de la mano. Fuiste una gran mística y dejaste tu testimonio como herencia para quienes siguen el carisma de la Obras de la Cruz, para la Iglesia y para la humanidad.
El evangelio del día que escribo (Mt 11, 25-30), en la segunda semana de Pascua, no ha podido ser más oportuno y motivador: “Gracias, Padre, Señor del cielo y la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien”.
Esa eres tú, Concha, te dejaste hacer, aceptando sin reservas el apapacho (6) de Dios (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
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  1. Parroquia de N.S. de Guadalupe (Madrid)
  2. Sergio Delmar Junco, misionero del Espíritu Santo
  3. “DIARIO ESPIRITUAL DE UNA MADRE DE FAMILIA-Concepción Cabrera de Armida” (m.m.Philipon, Editorial Desclée de Brouwer, 1987)
  4. Íbid., pág. 31
  5. “ECO DE MIS AMORES-Selección de textos de Concepción Cabrera de Armida”, CIDEC, México 2010, pág. 33
  6. “Apapacho” es como se dice en México “Abrazo”.
Mari Paz López Santos
Eclesalia

RECONOCER A JESÚS por Vicente Martínez

reconocer jesus

La vida no es fácil, pero hay un motor llamado corazón, un seguro llamado fe, y un conductor llamado Dios.
5 de mayo. Domingo III de Pascua
Jn 21, 1-9
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: «¡Es el Señor!». Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Jacques Leclercq señala en El problema de la fe: “La conversión es un encuentro con Cristo; encuentro personal con la persona viva de Cristo, es una auténtica experiencia vital. Si Cristo es lo que dice ser, no hay más remedio que seguirle, y no hay cosa alguna fuera de ésta, que pueda interesarnos. Así, pues, la fe cristiana es un contacto de hombre a hombre, de creyente a Salvador. Se presenta como un estado de confianza en una persona determinada”.
A lo que José A. Pagola añade que “Para los cristianos, es vital reconocer y confesar cada vez con más hondura el misterio de Jesús el Cristo. Si ignora a Cristo, la Iglesia vive ignorándose a sí misma. Si no le conoce, no puede conocer lo más esencial y decisivo de su tarea y misión. Pero para conocer y confesar a Jesucristo, no basta llenar nuestra boca con títulos cristológicos admirables. Es necesario seguirlo de cerca y colaborar con él día a día. Esta es la principal tarea que debemos promover en los grupos y comunidades cristianas”.
Los textos de la Biblia son muy sugerentes al respecto. Citaremos algunos de los más significativos:
“Por tanto, digo: El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!” (Lamentaciones 3, 24)
“Si alguien reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios” (1 Juan 4, 15)
“Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Respondió Natanael y le dijo: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo. En esta escritura podemos ver como Natanael reconoce a Jesús al decirle “tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel” (Juan 1, 48-51).
“Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que, estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan” (Lucas, 24, 29-35).
Esta escritura es un fragmento del pasaje “El camino a Emaús” que nos narra el capítulo 24 del evangelio según San Lucas, para poder entender esta escritura veremos el contexto de estos acontecimientos. Necesitamos que el Señor abra nuestros ojos (sentidos espirituales) para poder reconocerle, así como estos discípulos, que pasaron de la tristeza y la desesperanza a tener una pasión por Jesús. Esto lo demuestran los discípulos al decir “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” Lo interesante es que cuando reconocen a Jesús se levantan y vuelven a reunirse con el grupo.
Pedro, que tenía una fe profunda en Jesús, se arroja al agua sin dudarlo. Una manera de seguirle muy propia de este apóstol profundamente testarudo.
Rabindranath Tagore cantó el episodio de este modo en el poema:
CAMINO DE EMAÚS
Soy como un jirón de una nube de otoño, que vaga inútilmente por el cielo.
¡Sol mío, glorioso eternamente; aún tu rayo no me ha evaporado, aún no me has hecho uno con tu luz! y paso mis meses y mis años alejado de ti.
Si éste es tu deseo y tu diversión, ten mi vanidad veleidosa, píntala de colores, dórala de oro, échala sobre el caprichoso viento, tiéndela en cambiadas maravillas.
Y cuando te guste dejar tu juego, con la noche, me derretiré, me desvaneceré en la oscuridad; o quizás, en una sonrisa de la mañana blanca, en una frescura de pureza transparente.

Me has hecho conocer a amigos que no conocía, me has hecho sentar en casas que no eran la mía. me has llevado cerca del lejano y convertido al extraño en un hermano.
Cuando uno te conoce ninguno es extranjero, ninguna puerta está cerrada.
Escucha mi oración: que nunca pierda la caricia del uno en el juego de los muchos.

Vicente Martínez
Fe Adulta

Dentro de tus ojos por Nano Crespo


Yo soy Aquel a quien amo y el que amo es yo. Si me ves, le ves y si le ves, nos contemplamos los dos.
Ibn Mansur Al Hallaj, Yo soy Dios
Nano Crespo
Nova bella

DIME UNA PALABRA por Luis Fernando Crespo SM. En el amor


5 de mayo
III domingo de pascua
Jn 21, 1-19 ¿me amas?

Tú sabes que te quiero, señor, tu sabes que te quiero, tú sabes que todo mi ser te ama por tu mismo amor.
Luis Fernando Crespo SM
Dime una Palabra

EL OLOR DE DIOS


El olor representa lo sutil, lo que no se nota, pero está presente, lo que pasa desapercibido pero deja huella. El buen olor es capaz de cambiar nuestros estado de ánimo, de evocar recuerdos, de tocar nuestros corazón.
Dios actúa de manera semejante, sin que se note, actuando en lo pequeño y escondido, en lo que pasa desapercibido. El paso de Dios por nuestra vida deja un rastro importante, aunque a veces no caigamos en la cuenta, aunque a veces no sepamos reconocerle.

Espiritualidad Ignaciana 

Wednesday, May 01, 2019

Día de los Trabajadores



Una de las características de la espiritualidad ignaciana es la posibilidad de buscar y hallar a Dios en todas las cosas. Los Ejercicios Espirituales son la herramienta que san Ignacio regaló a la Iglesia para encontrar a Dios en todos los aspectos de nuestra vida. Porque para Él, todo lo nuestro, por insignificante que sea, es tremendamente importante y valioso…hasta nuestra propia ocupación y empleo: nuestro trabajo.
Precisamente hoy, 1º de mayo, celebramos el Día Internacional de los trabajadores. Para muchas personas ir cada día a su trabajo supone un regalo. Para otros muchos, su puesto de trabajo es un lugar áspero, seco. Quizás debido al mal ambiente entre compañeros, a condiciones laborales injustas, al bajo sueldo, etc.

Precisamente hoy la pregunta podría ser ¿Es mi trabajo un lugar para buscar y hallar a Dios? ¿Tengo presente a Jesús en mi horario laboral? Dios se encarna en personas concretas y en situaciones determinadas. Surge la oportunidad –el regalo- de ver a Jesús en mis compañeros, de buscar su voluntad en todo tipo de situaciones –sobre todo, en las más injustas-. Es más, podemos ser testimonio de la misericordia de Dios durante nuestra jornada laboral. No de manera ruidosa ni llamando la atención. Sino fijándonos como lo hizo Jesús: con suavidad, con calma, pero con firmeza.

Ojalá que nuestro trabajo sea un lugar de encuentro con Dios. Un lugar donde podamos dar testimonio de Jesús.

Espiritualidad Ignaciana

ORACIÓN: Ven, Señor


¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? ¡Ahora!
Ven pronto, ven, que el mundo gira a ciegas
ignorando el amor que lo sustenta.
Ven pronto, ven, Señor, que hoy entre hermanos
se tienden trampas y se esconden lazos.
Ven, que la libertad está entre rejas
del miedo que unos a otros se profesan.
Ven, ven, no dejes ahora de escucharnos
cuando tanto camino está cerrado
¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? ¡Ahora!
¿No has de ser la alegría de los pobres,
de los que en ti su confianza ponen?
¿No has de ser para el triste y afligido
consuelo en su pesar, luz en su grito?
¿Quién pondrá paz en nuestros corazones
si tu ternura y compasión se esconden?
¿Quién colmará este hambre de infinito
si a colmarlo no vienes por ti mismo?
¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? Ahora.
Adaptación del salmo 70 (Rezandovoy)
pastoralsj

Dime una Palabra por Luis Fernando Crespo SM. Bueno



1 de mayo
san José obrero

Gn 1, 26-2,3 Y vio Dios todo lo que había hecho y era bueno
La bondad, la belleza, la verdad, la unidad de tu creación, la artesanía de tu amor, la ternura infinita con que trabajas por el bien de la humanidad, con que haces salvación. Dios mío, creador y señor de mi vida, tuyo soy. Bendice mis trabajos para darte a conocer y proclamar tus maravillas a todos los pueblos.
Luis Fernando Crespo SM
Dime una Palabra

Iniciando el contacto con un proverbio chino


Fe Adulta