Sunday, December 15, 2013

Comentario al Evangelio por José María Vegas, cmf. No tenemos que seguir esperando


No tenemos que seguir esperando

El tercer domingo de Adviento es una llamada a la alegría por la proximidad de la Navidad: es el domingo “Gaudete”, “alegraos”. En Rusia, cuando empieza a apretar el frío, hacia mediados o finales de octubre, la gente suele decir “huele a nieve”. En este Domingo de Adviento “huele a Navidad”, ya casi se toca el nacimiento de Jesús. Y, como dice el refrán, lo mejor de la fiesta es la víspera, porque ya empezamos a sentir anticipadamente la alegría que ésta trae consigo. 
Con respecto al domingo anterior se produce una interesante inversión de perspectiva. Hace una semana mirábamos con Juan hacia el futuro, hacia el que “tiene que venir”, pero que todavía no ha aparecido. En este Domingo Jesús se para a mirar a Juan; el anunciado, que ya ha venido, homenajea al precursor. Mucho se ha especulado y escrito sobre las relaciones entre Jesús y Juan. ¿Fue Jesús un discípulo de Juan? ¿Estuvieron tal vez vinculados los dos al movimiento esenio? También puede ser que Juan no conociera previamente a ese “más grande” que él (cf. Jn 1, 31), y que Jesús se acercara al profeta del Jordán como un judío más entre los muchos que acudían a su llamada al bautismo de conversión. Lo que sí parece claro es que algunos discípulos de Juan se convirtieron en discípulos de Jesús (cf. Jn 1, 35-38), mientras que otros siguieron vinculados a este profeta todavía del Antiguo Testamento, pero que señala ya el camino del Nuevo, ante el que él tiene que ceder. 
Al final, pese a su popularidad y su fuerza, Juan es aplastado por los poderes del mal, ya que él no sólo anuncia la venida del Mesías, sino que denuncia todo aquello que se opone al Reino de Dios, como es la arbitrariedad del tiranuelo Herodes. Juan decrece, mientras el movimiento en torno a Jesús va en aumento. Así se cumple lo que Juan mismo había profetizado.
Pero he aquí que le asaltan dudas. Posiblemente, como a tantos otros judíos de su tiempo, el mesianismo de Jesús le choca, no corresponde con sus expectativas, con lo que él se había imaginado: un mesianismo de fuerza, de castigo de los pecadores, de derrocamiento de los poderes injustos… En la cárcel, impotente, envía un mensaje a Jesús. “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Una pregunta tremenda para el que había dicho “Este es el Cordero de Dios”. ¿Cómo se explica esto? ¿Es que acaso no conocía a Jesús? ¿No lo había ya reconocido? ¿No se habría equivocado, no habrían sido en vanos todos sus esfuerzos, incluido su sacrificio final que lo encierra en la cárcel y lo llevará a la muerte? 
Vemos que incluso los profetas, pese a su clarividencia, y puesto que son hombres de fe, tienen un proceso que no excluye las dudas. La pregunta es tremenda más por la segunda parte que por la primera. Seguir esperando… cuando creíamos que ya había venido “el que había de venir”, el objeto de nuestra espera, de nuestra esperanza. Tener que seguir esperando se antoja una terrible cuesta arriba cuando se había vislumbrado el fin de la larga espera. Si tenemos que esperar a otro, de nuevo se abre el horizonte incierto, el futuro sin fondo, el cansancio de un camino que parece no tener fin. 
Esta experiencia, que tal vez atormentaba a Juan más que la prisión y la amenaza de muerte, se repite de muchas formas en nuestra vida. En el estudio, el trabajo, el matrimonio, la vida cristiana. Empezamos llenos de alegría, de algo que es más que esperanza, pues tenemos la sensación de que, por fin, hemos encontrado aquello a lo que aspirábamos, el objeto de nuestros deseos, la persona que ha de colmar nuestra vida, la fe que nos ilumina… Y después… llega la rutina, las desilusiones, el tedio. No era esto lo que había imaginado y, desde luego, no era tal y como me lo había imaginado. ¿No me habré equivocado? ¿Era este mi camino o tendré que buscar otro? Parece que se nos nubla la mirada y lo que antes nos parecía claro y evidente se hace problemático y opaco. 
La respuesta de Jesús a la pregunta de Juan también nos vale a nosotros. Jesús hace de profeta para el profeta. De hecho su respuesta es una cita de los textos proféticos, sobre todo de Isaías, que anuncian la presencia del Reino de Dios: los ciegos ven, los cojos andan, la tristeza se convierte en alegría, la debilidad en fuerza, la cobardía en valentía. Juan tiene que entender bien la respuesta indirecta de Jesús, que no habla de sí, sino de lo que Dios está haciendo por medio de Él. Jesús invita a Juan a participar de esa alegría que él mismo ha anunciado. Aunque el estilo de Jesús no es exactamente lo que Juan había imaginado, la respuesta que recibe es un pleno espaldarazo de su ministerio: por un lado los oráculos proféticos se realizan en Jesús. Por el otro, ¿no había anunciado el mismo Juan a uno “más grande que yo”? Pues esta grandeza mayor se realiza, pero no en la línea de la fuerza, la amenaza de castigo o el miedo, sino en la de la misericordia, el perdón y la alegría. Puede ser que no fuera como él se imaginaba, pero es claro que las profecías se están cumpliendo en Jesús. Y es que Dios siempre es capaz de sorprendernos y supera con creces nuestra imaginación. 
Por otro lado, Jesús reconoce el gran papel que Juan ha realizado, al que tenía en un altísimo concepto. Podemos imaginarnos la sorpresa que la alabanza de Jesús a Juan tuvo que causar entre sus oyentes: si no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, significa que Juan es más grande que Abraham, que Moisés, que David. Todo el universo religioso judío, la ley y los profetas, se quedaban pequeños ante ese postrer profeta que, pese a la conmoción que produjo su aparición, no dejaba de ser a los ojos de sus contemporáneos un personaje marginal en el conjunto de la historia de Israel. La sorprendente alabanza de Jesús contiene, sin embargo, un profundo contenido cristológico y sólo desde él adquiere todo su sentido: la grandeza de Juan consiste en haber llevado hasta el final el largo camino que desde la antigua alianza conduce a la realización de las promesas. 
Pero con Juan termina un mundo y una historia que, en forma de promesa, apuntan a Cristo, con y en quien se inaugura la cercanía del Reino de Dios. Juan es, en la historia de la salvación, el último de los siervos fieles que han preparado el camino al Mesías y han hecho así posible la inauguración de una nueva alianza. 
El más pequeño en el reino de los cielos es más grande que Juan. Cualquiera de nosotros, sin tener la enorme estatura de Juan el Bautista, tiene la posibilidad de gozar de aquello que Juan y toda su tradición religiosa anunció sin llegar a disfrutar, tenemos acceso al que cumple las promesas: escuchamos su Palabra, nos sentamos con él a su mesa. Somos más grandes que Juan no por nuestra justicia, sino porque disfrutamos de la gracia de Dios, de la presencia del novio, de la cercanía del Hijo. 
Pero el verdadero “pequeño” del Reino de los Cielos y más grande que Juan es, en realidad, el mismo Jesús. Es el pequeño porque es el Hijo. Y es que la nueva alianza no está basada en la ley sino en la filiación. Y Él es del que Juan dijo que viene detrás de mí uno que es más grande que yo. 
Nosotros somos más grandes que Juan en cuanto estamos unidos a Cristo. Vivir en Él es el mejor homenaje que podemos hacerle a Juan (y todos nosotros hemos tenido un Juan el Bautista en nuestra vida). Porque nosotros somos los objetos de la profecía realizada con que Jesús confirma a Juan que él es el Mesías: somos los ciegos que ven, los cojos que andan, los sordos que oyen, los pobres a los que se anuncia la buena noticia. 
Sin embargo, siempre se puede objetar que, a pesar de los signos de la presencia del Reino de Dios, muchas cosas siguen igual. El cambio no es tan radical como para desterrar de una vez y para siempre el mal, la violencia, la injusticia y el sufrimiento (sigue habiendo ciegos, cojos, sordos y pobres). La realización no es tan espectacular como esperábamos, como nos hubiera gustado. Por ahí pueden surgir también las dudas, los interrogantes. La cuestión es que con Jesús ha comenzado una nueva historia, una nueva forma de relación con Dios, con los demás, con la naturaleza, con nosotros mismos. Pero esta posibilidad abierta es también cosa nuestra. Hemos recibido la gracia de la presencia entre nosotros del esperado de los tiempos, del Hijo de Dios, pero es tarea nuestra reconocerlo, acogerlo, confesarlo, caminar en su seguimiento. Esta realidad es como una semilla que ha sido depositada en nosotros y que tenemos que cuidar para que germine, crezca y dé fruto. Por eso es tan importante la paciencia, virtud estrechamente emparentada a la esperanza, y que se traduce además en la perseverancia. En este mundo de prisas e impaciencias, en que sabemos muy bien exigir (quejarnos unos de otros) y queremos adquirir productos listos para el consumo, Jesús (y Santiago, en la segunda lectura) nos exhortan a adoptar actitudes difíciles pero auténticas, que nos ponen en contacto con las raíces de la vida que crece en nosotros. 

¿Cómo traducir esto a nuestra vida cotidiana? Jesús cura nuestra ceguera y nos abre los ojos para el bien que, pese a todo, existe a nuestros alrededor, en lo que hacemos, en las personas con las que vivimos; cura nuestra sordera y abre nuestros oídos a las necesidades de los demás; sana nuestra cojera para que nos pongamos en camino. Hay mucho más bien de lo que a veces nos empeñamos en percibir, y muchas posibilidades inesperadas que, para crecer, necesitan la “lluvia temprana y tardía” de nuestra confianza, paciencia, perseverancia y fidelidad. Así pues, alegrémonos, y dichosos nosotros si no nos escandalizamos del Él.

Ciudad Redonda

LLEGARÁ UN NUEVO DÍA por Florentino Ulibarri



Llegará un día
en el que vivir no sea una pesada carga
sino una asombrosa experiencia de plenitud
para todas las personas,
sea cual sea su origen, color, país o religión;
un día en el que la libertad no sea un sueño
sino una alegre realidad para todas las personas;
en el que la igualdad no será puesta en entredicho
ni necesitará discriminación positiva,
sea cual sea la cultura, la condición social, el sexo
y la riqueza de las personas;
un día en el que la fraternidad
será la mejor carta de ciudadanía,
de dignidad y de respeto.

Llegará un día
en el que los derechos humanos
no necesitarán defensores ni leyes,
porque todos los llevaremos en nuestras entrañas;
un día en el que la justicia
florecerá en todos los campos y rincones
y podremos mirar en cualquier dirección;
un día en el que ya no habrá más pateras,
ni Lampedusas, ni campos de refugiados,
ni vallas, ni murallas, ni muertes anunciadas
en mares, desiertos y lugares lejanos a la patria;
un día en el que las fronteras desaparecerán
y los seres humanos podamos movernos en el mundo,
de acá para allá, como en nuestra propia casa.

Llegará un día
en el que podamos convivir,
movernos libremente,
dialogar,
respetarnos,
compartir,
criticarnos,
ayudarnos
enriquecernos,
cantar,
soñar,
trabajar.
elegir donde estar
y ser diferentes.

Llegará un día
en el que esta sociedad se sienta renacer
en todos los caminos, paredes y carteles,
en todas las revistas, periódicos, radios y televisiones;
en el que se rinda culto y se respete el amor,
porque eso significa que habrá echado raíces
en el corazón de cada uno de nosotros.

¡Pronto llegará ese día, Señor!
¡Ya hemos salido a verlo!

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

Comentario al Evangelio por José María Maruri S.J. TAMBIÉN A NOSOTROS NOS DECEPCIONA DIOS



TAMBIÉN A NOSOTROS NOS DECEPCIONA DIOS

Por José María Maruri, SJ

1.- ¡Dichoso quién no se siente defraudado por mí! ¿Sentía Juan la angustia por la decepción que se abría paso en su corazón? Motivos tenía Juan para sentirse decepcionado por Jesús. Juan sentía contento con disminuir con tal que Jesús creciera, pero las noticias que se filtraban a través de los gruesos muros de su prisión del Aqueronte eran que Jesús no tenía el menor deseo de crecer. Huía de los que le proclamaban Rey. Se decía siervo de los demás. Aconsejaba no ser como los Reyes y Señora de este mundo. Aquello, no era para creer. Era solo para disminuir.

* Juan había puesto en las manos de Jesús la hoz para la siega y Jesús hablaba de sementera. Le preocupaba la pequeña semilla que un día daría su fruto. La siega sería de otros.

* Juan le había profetizado con el bieldo con el bieldo en la mano separando el trigo y la paja. Y Jesús ni siquiera quería separar la cizaña del trigo. No quiere dividir a los hombres en buenos y malos. Come y vive con los etiquetados como pecadores. Se hacen discípulas suyas las públicas pecadoras.

* Juan ha prestado a Jesús un hacha para que corte de raíz los árboles podridos. Y Jesús dice que no quiere acabar de chascar la caña quebrada que ya se inclina casi sin vida al suelo.

* Juan, que se siente seguro del tiempo del Mesías, no sabe que pensar del modo con que el Mesías, Jesús, se presenta. Juan pregunta.

* Y Juan muere decapitado en la cárcel sin haber visto crecer a Jesús, pero confortado con sus palabras “dichoso el que no se decepciona de mi”.


2.- También a nosotros nos decepciona Dios.

-- Nos decepciona porque no castiga ante nuestros ojos a los que llamamos malos. Nos decepciona porque no participa en nuestra ira.

-- Nos decepciona cuando le pedimos un milagrito y no nos lo concede

-- Nos decepciona cuando vemos a los que llamamos buenos oprimidos por los malos. Nos decepciona porque no participa en nuestros resentimientos.

-- Nos decepciona cuando parece hacerse sordo a nuestras oraciones.

-- Cuantas veces sentimos ganas de enmendarle la plana, aunque no nos atrevamos a formularlo en palabras. Cuantas veces sentimos que Dios hubiera cometido menos errores si nos hubiera consultado a nosotros.

--Nos decepciona Dios porque nos hemos fabricado un Dios con nuestros mismos gustos, sentimientos, y aseveraciones. Y de esa manera Dios no sabe ser Dios, porque cuando nos hacemos un Dios demasiado semejante a nosotros, protector de nuestros gustos e intereses y amparador de nuestros colores políticos, hacemos de Dios una caricatura y fomentamos el ateísmo de los demás, que se avergüenzan de admitir, no un Dios verdadero, sino ese Dios que nosotros adoramos.

--Dios lleva muchos años opositando ante nuestro tribunal para conseguir una plaza de Dios... y no se la concedemos.


3.- “Mis planes no son vuestros planes, y mis caminos no son vuestros caminos”, nos dice el Dios verdadero.

--Vine a salvar al mundo y nací niño indefenso

--No nací en Roma sino en la desconocida Belén

-- Viví escondido 30 años en Nazaret, de donde nada bueno puede salir. Me gané el odio de los representantes del Dios verdadero y fui ejecutado como un malhechor.

“Mis caminos no son vuestros caminos

* Feliz el que no se decepciona de un dios distinto al que pensamos.

* Feliz el que apuesta por un dios que es amor

* Feliz el que a pesar de todo sigue confiando en un Dios Padre de todos que hace llover sobre justos y pecadores.

* Feliz el que no se decepciona de un Dios que ama a nuestros enemigos.

* Feliz el que con terror se lo juega todo a la carta de un Dios al que no entendemos.

Dejémosle a Dios ser Dios y no nos decepcionemos de lo que sea.

Betania

Comentario a la 1a. y 2a. lectura por José Enrique Galarreta S.J.


ISAÍAS 35, 1-6
El desierto y el yermo se regocijarán,
se alegrarán el páramo y la estepa,
florecerá como flor de narciso,
se alegrará con gozo y alegría.

Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes,
decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis.

Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite;
viene en persona, resarcirá y os salvará.

Se despegarán los ojos del ciego,
los oídos del sordo se abrirán,
saltará como un ciervo el cojo,
la lengua del mudo cantará.

Y volverán los rescatados del Señor,
vendrán a Sión con cánticos;
en cabeza, alegría perpetua;
siguiéndolos, gozo y alegría.

Pena y aflicción se alejarán.

Es un poema de ilusión y de esperanza, un acto de fe, en tiempos muy difíciles, cantando el final de los males, el triunfo final de los que sigan fieles al Señor.
Es uno de los temas preferidos de Israel: salir de la esclavitud para ir a la patria. Esta fue La Epopeya Fundacional de Israel, narrada en el Libro del Éxodo. Ahora el pueblo está pasando momentos desastrosos: sus enemigos le acosan por todas partes, va a ir al destierro de Babilonia, pero todo eso pasará, y volverá a la Tierra, a Jerusalén, y volverá a ser El Pueblo del Señor.
Se muestra la fe en la nueva liberación, por el poder del Señor. La liberación se viste con toda clase de imágenes de alegría, de salud. Son los signos de la presencia de Dios libertador: la fecundidad de la tierra, la curación de las enfermedades, la alegría del Pueblo.

SANTIAGO 5, 7-10
Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra mientras recibe la lluvia temprana y tardía.
Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el Juez está ya a la puerta.
Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia, a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.
Esta "carta" es un escrito probablemente tardío (finales del s.I).
Su atribución a Santiago es también oscura; hay por lo menos tres "Santiagos" en el NT: los dos apóstoles y el llamado "hermano del Señor", que es, probablemente, el jefe de los judío-cristianos de Jerusalén. La atribución de este escrito a alguno de ellos es imprecisa, aunque parece más razonable atribuirlo al tercero.
La carta es más bien un libro sapiencial, al estilo de los Libros de Sabiduría del AT., escrito desde la fe en Jesús.
El texto que leemos hoy recoge también la imagen de la cosecha: hay que tener paciencia, dentro de la certeza: esto es como los ciclos del clima: en invierno, parece que no hay vida, pero vendrá la primavera, vendrá el verano, habrá cosecha. Viene el Señor, aunque esta vida parece ocultarlo. Sed fuertes, aguantad en esperanza.

José Enrique Galarreta, S.J.
Fe Adulta

Lecturas para el día de hoy



III DOMINGO DE ADVIENTO

PRIMERA LECTURA
Isaías: 35, 1-6. 10
Dios mismo viene a salvarnos.
El fragmento de Isaías que vamos a escuchar hoy termina con siguiente frase: “Pena y aflicción se alejarán”. Y eso es la alegría. El profeta Isaías sigue presentándonos en estos domingos de Adviento su profecía sobre un mundo de paz en el que nadie luchará contra nadie, ni siquiera en la naturaleza. Y nos pide además que fortalezcamos a los débiles. Es un buen encargo para estos próximos y cercanos momentos de Navidad.
Esto dice el Señor: "Regocíjate, yermo sediento. Que se alegre el desierto y se cubra de flores, que florezca como un campo de lirios, que se alegre y dé gritos de júbilo, porque le será dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes. Digan a los de corazón apocado: ‘!Ánimo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos'. Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará.
Volverán a casa los rescatados por el Señor, vendrán a Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría; serán su escolta el gozo y la dicha, porque la pena y la aflicción habrán terminado".
Palabra de Dios


SALMO
Del salmo 145Con este salmo 145 se inicia la doxología –que significa alabanza—final del Salterio. Del 145 al 150 era el tercer “hallel”, oración diaria de los judíos. Utilizamos los últimos versículos de dicho salmo que contiene un buen ejemplo de la ternura y de amor de Dios a sus criaturas.
Ven, Señor, a salvarnos.
El Señor siempre es fiel a su palabra,
y es quien hace justicia al oprimido;
Él proporciona pan a los hambrientos
y libera al cautivo. R/.
Abre el Señor los ojos de los ciegos
y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo
y toma al forastero a su cuidado. R/.
A la viuda y al huérfano sustenta
y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente,
reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos. R/.

SEGUNDA LECTURA
Santiago: 5, 7-10
Manténganse firmes, porque el Señor está cerca.
El apóstol Santiago en su Carta nos dice que nos mantengamos firmes, porque el Señor está cerca. Firmes en nuestra fe y en nuestros propósitos de ser mejores que, sin duda, son los frutos del Adviento. El tiempo se acaba para olvidar nuestros malos momentos y disponernos a vivir los buenos.
Hermanos: Sean pacientes hasta la venida del Señor. Vean cómo el labrador, con la esperanza de los frutos preciosos de la tierra, aguarda pacientemente las lluvias tempraneras y las tardías. Aguarden también ustedes con paciencia y mantengan firme el ánimo, porque la venida del Señor está cerca. No murmuren, hermanos, los unos de los otros, para que el día del juicio no sean condenados. Miren que el juez ya está a la puerta. Tomen como ejemplo de paciencia en el sufrimiento a los profetas, los cuales hablaron en nombre del Señor.
Palabra de Dios


EVANGELIO
San Mateo: 11, 2-11
¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?
Es un evangelio difícil el de hoy, pero lleno de esperanza. Juan Bautista, preso por la maldad de Herodes, recibe noticias contradictorias sobre la actitud del Mesías. Tal vez, Juan esperaba –como otros muchos judíos—ese Mesías capaz de articular un triunfo político. Pero Jesús le responde que se contemple lo que hace como Mesías: los más despreciados de la sociedad, los enfermos, los inválidos recuperan la salud y, sobre todo, a los pobres se les predica la Buena Noticia.
En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos discípulos: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?"
Jesús les respondió: "Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí". Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: "¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo se lo aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él".
Palabra del Señor

El Domingo de la Alegría


Nos lo pide San Pablo, autor, a través de la carta a los Filipenses, de la monición de entrada de la misa de este III Domingo de Adviento: “Estad alegres, estad siempre alegres…”. Y en efecto, la cercanía de la Navidad, del Nacimiento de Jesús, nos hace vibrar de alegría. No nos dejemos confundir por aquellos que siempre tienen malos pronósticos y que tienen su esperanza perdida. Nosotros, no; en la espera de Jesús estamos alegres y con toda nuestra esperanza.

Betania

Saturday, December 14, 2013

El papa en una encrucijada con las mujeres


Voy a traducir un artículo de Joan Chittister que ha aparecido en el National Catholic Reporter pues creo tiene interés. Dice así
            “El filósofo jesuita del siglo XX, Pierre Teilhard de Chardin escribió que “la única tarea que merece nuestros esfuerzos es la construcción del futuro”. Mi preocupación actual es la manera de construir un nuevo futuro para las mujeres alrededor del mundo a través de la catolicidad de la Iglesia.
            En el siglo VI el filósofo Boecio nos recordó que cada época que muere es el nacimiento de una nueva y Woody Allen quince siglos más tarde  comentó que “no tengo miedo de morir. Sólo quiero estar presente cuando ocurra”. Ambos mensajes son claros: el primero supone que la continuidad tiene su fin y el segundo que es necesario afrontar los problemas de un futuro pues llega con nosotros o sin nosotros y  aunque no nos guste. Y lo digo porque estamos en una encrucijada en este momento en el que la historia ha descubierto a las mujeres.
Varones y mujeres inteligentes comprenden que el feminismo no trata de mujeres, ni es feminismo vs machismo, ni que las mujeres quieran actuar como los varones. El feminismo trata de que todos los seres humanos puedan convertirse en adultos activos, que puedan actuar en todos los niveles de la sociedad, participar en la toma de decisiones que afecten a sus vidas, ser financieramente independientes, estén seguros en la calle y en sus hogares, que tengan voz en las cortes y los cuerpos constitucionales del mundo, en suma, que tengan los mismos derechos civiles todos los seres humanos.
Trata de que se hagan visibles las agendas, las intuiciones y la sabiduría de la mitad de la raza humana. Trata de asumir sus ideas y planes con seriedad. ¡ No! Me corrijo: es reconocer la teología de la creación con seriedad. Es, en otras palabras, la proclamación de la emancipación de las mujeres  en este siglo y, dado que ya modeló la idea Jesucristo hace 2000 años, no se puede decir que estamos empujando las cosas con prisa.
El papa Francisco es sensible a esta materia, ha pedido que se lance un estudio sobre las mujeres, y el simple hecho de que son palabras que nos llegan de Roma es un terremoto tan fuerte, como la creencia de que Roma va hacer algo serio el respecto.
Tres temas en particular nos darán la medida de la autenticidad, moralidad, y la respuesta de la Iglesia a las mujeres. Son la maternidad, los agentes humanos y la pobreza que marcarán la forma que se nos mirará en los años próximos. Sorprende que el papel de la mujer en la Iglesia y la sociedad no esté en ninguna de las 39 cuestiones que el Vaticano ha remitido a los obispos en octubre para conocer ampliamente a las familias ¿Considera importante el papel y los derechos de las mujeres dentro de la familia el documento?
Por otro lado la declaración sobre las mujeres que hizo el papa en la reunión con la sección femenina del laicado en Roma se concentró sobre todo en la maternidad, una labor que ocupa a lo sumo 20 años de la vida de una mujer. Hoy la mayoría de las mujeres modernas viven entre 35 y 40 años después que su último hijo haya abandonado el hogar. A partir de ese momento ¿Cuál es su papel? ¿Es la maternidad su único valor, su única definición? ¿Qué hacen las mujeres con sus talentos, sus intuiciones, sus dones que se nos ha dicho son para el bien del mundo?
¿No pierde mucho el mundo sin esa experiencia, inteligencia y sabiduría? ¿si de las mujeres no se espera que contribuyan a su formación? Sin la colaboración femenina, la humanidad mira solo por un ojo, escucha con un oído y piensa con la mitad del cerebro humano. El hecho de leer los periódicos muestra esta carencia. ¿Por qué una mujer es definida por la maternidad, aunque no sea madre, mientras que un varón se define por su trabajo, su genio, su liderazgo, su heroísmo?
El papa en su famosa entrevista en el periódico jesuita la Civilta Catholica,  que se conoció en el mundo entero, dijo: “tenemos que trabajar más para desarrollar una teología profunda de la mujer. Solo haciendo este trabajo podremos reflejar mejor su función en el seno de la Iglesia. La idea es buena pero ¿quién hará el estudio? Los mismos varones clericales y patriarcales que lo han estado haciendo desde hace 2000 años cuando los Padres de la Iglesia dijeron que “las mujeres teníamos la misma maldad que dragones y serpientes” entre otras cosas. O cuando Santo Tomás de Aquino definió nuestra concepción como la de “varones fallados”. Mientras que los teólogos medievales declararon que nuestra naturaleza era de por si subordinada, y secundaria en el orden de la creación, además de ser más emotivas que racionales.Incluso hoy un documento vaticano dice que “hay formas de feminismo que son hostiles a la Iglesia lo que nos debe preocupar” pero nunca se pronuncia contra un chauvinismo masculino o sobre las estructuras patriarcales pues no parece que le preocupan.
La Iglesia nunca trata a las mujeres como adultos independientes y menos aún como discípulos bautizados de Cristo. Y eso a pesar de siglos de diaconisas, de mujeres santas y de cientos de mujeres religiosas que construyeron la mayor parte de los servicios sociales de la Iglesia.
¿Sobre qué antropología teológica y científica construirán unas ideas que sean válidas para hoy? ¿Qué escritoras, investigadoras, filósofas, científicas, teólogas, canonistas, varones y mujeres, harán este estudio teológico? ¿Será una vez más “los varones hacen esto y las mujeres esto otro”, una antropología dual que ve a las mujeres centradas en el cuidado y a los varones en la construcción del mundo, una antropología que niega nuestra común humanidad, nuestra unión básica? Y eso a pesar de nuestras Dorothy Day, Raissa Maritain, Rosemary Haugthons que fueron líderes nacionales y teólogas. Si fuera así ¿qué podemos hacer para salvar al mundo de esta división?
El hecho es que la religión, todas las religiones, se han utilizado para justificar la opresión, la subordinación, la invisibilidad de las mujeres siglo, tras siglo. La religión, desde Jesús, tiene un historial del que arrepentirse en lo que concierne a las mujeres, el catolicismo y el cristianismo entre ellas. El resultado de este pasado “religioso” como podemos llamarlo y que ha publicado el Fondo de las Naciones Unidas para las mujeres es que dos tercios de los analfabetos, de los hambrientos y de los pobres entre los más pobres son mujeres. Aquí y ahora. Y no parece un accidente sino una decisión de alguien que ha considerado que las mujeres necesitan menos, merecen menos y valen menos que los varones. Y todo esto en nombre de Dios aunque Dios sea el único feminista de la sala.
El papa Francisco se ha ganado el corazón del mundo por su humildad, sencillez y pastoral, por mostrar el rostro de la compasión de la Iglesia, por ser  un hombre de los pobres como Jesús. Pero no se puede decir que se está con los pobres  y  con Jesús y no hacer nada, nada, nada por la igualdad de las mujeres. Arreglar el clasismo no resuelve los problemas del sexismo. Por eso cuando la LCWR se dedica, como han hecho en el pasado, a que las mujeres hagan lo que quiere el evangelio y que es bueno para la Iglesia,  se dice que es “feminismo radical” y se las investiga por herejía.
La plena humanidad de las mujeres, una antropología humana y los esfuerzos por erradicar la pobreza están entre los temas que medirán a este papado y a la Iglesia, en la medida que se avanza desde una época que muere a la nueva que llega. De no moverse, cuando llegue la muerte estaremos todos presentes en su defunción.
En 1998 Juan Pablo II instruyó a los obispos de Michigan y Ohio en sus visitas ad liminadiciendo: “El genio de las mujeres se debe convertir en una fuerza vital para la Iglesia del próximo milenio, como sucedió en las primeras comunidades de los discípulos de Cristo”. Pero la verdad es que las mujeres continúan preguntándose: si no sucede ahora, 15 años después de esta declaración ¿Cuándo?”
Isabel Gómez Acebo
Cajón de Ilusiones
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Ratzinger, Bergoglio y Martini, tríada del cambio



JUAN RUBIO, director de Vida Nueva | Cada vez resuena con más fuerza; incluso ahora corre un texto, con fuentes fidedignas, que iba a ser publicado en marzo. Desde el corazón de los Palacios Apostólicos se aconsejó “prudencia y tiempo. No olvidemos que aún vive el papa emérito”, dijo una alta instancia vaticana al leer los folios, escritos en italiano, español y alemán. Y lo que vienen a decir es que el cardenal Bergoglio era el candidato de Ratzinger en el último cónclave. 

El arzobispo de Buenos Aires, antes de salir del aeropuerto Ezeiza, echó en la maleta un par de zapatos nuevos, cosa que nunca hacía. Las sandalias del pescador iban preparadas. La sucesión apostólica no se construye bobaliconamente.

Lo comentábamos recientemente unos amigos. Francisco consulta, mucho y a muchos, pero su principal consejero es su vecino, el papa Ratzinger. Y circulan ya por ahí varios documentos fiables que temen ser publicados.

En el fondo de las galeradas del libro al que aludimos, se cuenta la última entrevista del cardenal Martini con Benedicto XVI. El exarzobispo de Milán, nombrado por Juan Pablo II responsable de la diócesis más grande del mundo, quiso despedirse del papa. Su enfermedad avanzaba rauda. Era marzo de 2012 y el Vaticano vivía momentos convulsos.

La reforma de la Iglesia y su urgencia latían en aquel fraternal diálogo. El propio Martini lo dijo en agosto, antes de su muerte. Poco después, en febrero, Ratzinger le contestaba con la renuncia. Decía no tener fuerzas, “ni físicas ni espirituales”, para llevar a cabo esa reforma.

La vieja amistad volvió en los últimos momentos. Martini fue uno de los pocos consultados y advertidos sobre la renuncia. Serenidad, oración y recuerdos. Y apareció el nombre de Bergoglio, el hombre en quien Martini había puesto su confianza en el cónclave de 2005, aquel en el que solo podía ser elegido Ratzinger. La retirada de los dos cardenales jesuitas facilitó la elección del amigo y colaborador de Wojtyla. No podía ser otro. 

Ahora, los folios que corren por muchos despachos vaticanos hablan alto y claro: Martini fue el “gran elector” de Bergoglio. Como el Cid, ganó la batalla desde la tumba. La renovación de la Iglesia, que Ratzinger simbolizó eligiendo el nombre del santo de Nursia, iba ahora a llevarse a cabo con otro nombre, el santo de Asís. Todo corrió con la musitada voz con la que suelen correr en la Iglesia estas cosas. 

No hay por qué alarmarse. También en esas cosas anda el Espíritu Santo de por medio. Pasarán unos años y conoceremos esos detalles. Martini, con su voz profética, supo callar lo insignificante, pero supo gritar, desde la debilidad de su cuerpo, la necesidad de una reforma a fondo. Recordaba el impacto que le produjo la Introducción al Cristianismo, de Ratzinger. A este le impresionaba –y así se lo dijo– su testimonio de estudio y oración en su retiro de Jerusalén. Tres hombres para una nueva era. 

La Iglesia siempre reformándose.

Vida Nueva

La Policía detiene al arzobispo de Delhi y carga con palos y agua a presión contra monjas y curas

A la izquierda, de marrón con palos, la policía -a la derecha, de blanco con cruces, curas católicos

¿Cuándo fue la última vez que un arzobispo católico, con otros obispos católicos y clérigos protestantes y hasta 300 líderes cristianos fueron encarcelados y golpeados con palos y cañones de agua por parte de la Policía de un país democrático? 

Esto es lo que sucedió este miércoles 11 de diciembre en Delhi, India (la mayor democracia del mundo), cuando la Policía arremetió con palos -lo que allí se llama "lathi-charge"- contra una manifestación pacífica a favor de los derechos de los dalit y otras minorías étnicas y religiosas, convocada con toda solemnidad por una amplia alianza ecuménica, con la Conferencia Episcopal India incluida, y con la presencia en cabecera del arzobispo de Delhi, Anil Couto, otros obispos católicos indios, obispos protestantes, líderes evangélicos, numerosos curas, monjas y pastores, y también clero musulmán... 

La Policía también usó potentes cañones de agua sucia a presión contra los manifestantes

Han empezado a circular ya fotos de agentes con palos que tienen religiosas a sus pies y sacerdotes de blanco con cruces bajo los chorros de agua. 
La Policía metió en furgones y autobuses a los líderes de la manifestación y los declaró detenidos, arrestando al arzobispo de Delhi, Anil Couto [sobre estas líneas], los obispos protestantes Alwan Masih (anglicano) y Roger Gaikwad, el líder evangélico Vijayesh Lal y el católico John Dayal, Secretario General del “All India Christian Council, entre otros líderes cristianos... Hay fuentes que añaden que han sido detenidos otros obispos, aunque sin especificar más. 

La violencia de la carga y los arrestos fueron confirmados y condenados por el portavoz de la Conferencia Episcopal de la India, el padre Joseph Chinnayyan. 

Según las agencias católicas como Fides y AsiaNews, los manifestantes llegaron a la zona de Jantar Mantar y se dirigían pacíficamente hacia el Parlamento de la India a pedir ser recibidos por los parlamentarios, reunidos en asamblea, cuando la Policía cargó contra ellos con violencia. 



La marcha pedía la derogación del Decreto Presidencial de 1950 que legaliza la discriminación contra cristianos y musulmanes de origen dalit. 

En la India hay unos 24 millones de dalit, de los que unos 17 millones son cristianos de distintas iglesias.

Las minorías religiosas en la India consideran esta medida “totalmente inconstitucional”, “pero los gobiernos que se han sucedido han hecho oídos sordos”, denunció en varias ocasiones el arzobispo Couto. 

El All India Christian Council (que reúne a católicos y protestantes en temas comunes) declara en una nota estar “conmocionado y consternado por el arresto provocativo de los obispos y de otros líderes”. El Consejo recuerda otro precedente de hace años: el 2 de noviembre de 1997 algunos obispos fueron arrestados por defender a los dalits, incluido el entonces arzobispo de Delhi, el ya difunto Alan de Lastic.

Por su parte, la Policía ha declarado -contra la evidencia fotográfica- que no usó la violencia y que actuó porque los manifestantes "habían bloqueado partes de Ashoka Road llevando a una situación de tráfico caótico". Los detenidos fueron llevados a la comisaría de Parliament Street y liberados al cabo de unas horas. 

Al parecer, según el blog NewsGrabla carga policial con palos tuvo lugar en un primer momento, dispersando a los manifestantes, pero enseguida estos volvieron, consacerdotes vestidos de blanco al frente, que se arrodillaron en medio de la calle con cruces en sus manos: fue entonces cuando se usaron los cañones de agua sucia a presión, pero ellos se mantuvieron firmes bajo el agua. 

En otras escenas, religiosas católicas (con experiencia legal en la asistencia a dalits y minorías perseguidas) se encararon con los policías regañándoles por la violencia empleada. 

El activista y portavoz católico dalit Franklin Caesar declaró que al final "el Primer Ministro ha aceptado recibirnos mañana [viernes 13 de dicembre], así que dejamos la comisaría"

"La Iglesia Católica en la India está profundamente triste por la detención de nuestros representantes del clero, que sólo pedían justicia y la igualdad para nuestros dalit cristianos y musulmanes", denunció el cardenal Oswald Gracias, de Mumbai. "El uso de la violencia contra los sacerdotes y religiosos es una vergüenza para la India. Nunca podrá desarrollarse una sociedad cuando parte de ella es objeto de discriminación a causa de su religión.

religiónenlibertad

¿Por qué defendería un católico el matrimonio homosexual? por Sebastián Infante


No he venido a abolir la ley, sino a darle cumplimiento. Mt 5, 17
Pregunta para nada simple de formular. Me dio por elegir el verbo “defender” entre muchos otros que indican actitudes -en apariencia- similares, tales como “promover”, “estar a favor”, “aprobar”, etc. Elegí “defender” porque esto implica muchas más cosas que sólo estar a favor de una postura, ya que también significa tomar posición frente a la contraria, y, a la vez, ser propositivo. Defender algo significa asumir que eso está siendo atacado, como creo que pasa con el matrimonio homosexual, y supone querer dialogar con ese ataque, tratando de comprender, pero, además, de movilizar… de remover.
Creo que el matrimonio entre homosexuales merece ser defendido desde dentro de la Iglesia Católica porque es un tema que nos devuelve a la pregunta por lo humano, lo realmente humano. Y lo digo de esta forma porque lo “realmente” humano no es algo que haya permanecido inmodificable y estático a lo largo de los milenios, sino que se ha ido transformando; su definición varía de época en época y de cultura en cultura. El catolicismo, sin embargo, muchas veces ha apostado por naturalizar lo humano, estancarlo en una definición más o menos conveniente hecha hace quizás cuántos siglos, y no tomar en cuenta todos los cambios que han ocurrido desde entonces. Y el estancamiento llega a tal nivel, que la heterosexualidad se ha convertido en la única respuesta a la condición sexual humana. Se ha dejado de mirar lo humano desde una perspectiva amplia, y nos hemos dedicado a defender “cierto” estilo de vida. No nos confundamos; yo no creo que la Iglesia está errada en la búsqueda de los valores fundamentales del ser humano. Mi defensa del matrimonio homosexual es absolutamente valórica, pero no porque haya que renegar de los valores tradicionales de la Iglesia. Creo firmemente que, a fin de reivindicar la homosexualidad, es necesario llevar los valores de la vida, la familia y el amor a su extremo.
En primer lugar, el amor, es el más importante de los valores cristianos. Sin embargo, la Moral Católica ha insistido en la separación de este amor de otras actitudes o sentimientos, tales como el placer sexual. No es que el amor necesariamente excluya el placer sexual, pero hay muchas formas de obtención de ese placer que no se consideran amorosas. Con todo, pareciera que una relación fundada en la entrega total y desprejuiciada al otro, pudiendo o no contener sentimientos eróticos, sería amor en el sentido cristiano. Y seriamente dudo que este sentimiento de entrega sea exclusivo de algunas personas; más bien, creo que nos acerca bastante a la pregunta por lo humano en toda su amplitud.
En segundo lugar, la familia. Algunos condenan el matrimonio homosexual por no poder convertirse en aquello que se entiende por familia cristiana. Sin embargo, la fórmula que los novios se leen el uno al otro al momento de contraer matrimonio dice: “Yo, (nombre), me entrego a ti, (nombre) como tu esposo/a, y prometo serte fiel, amarte y respetarte todos los días de mi vida”. No se incluye la descendencia, salvo un voto que manda a “aceptar los hijos que Dios envíe”. Es decir, no se obliga a crear descendencia porque, claro, no todas las parejas pueden tener hijos, lo cual no impide que formen familia: tampoco es obligatorio adoptar, ya que tampoco se garantiza el poder hacerlo. Si yo, como católico, asumiera que la condición de ser familia es la viabilidad biológica para procrear, entonces bien puedo terminar ahora de escribir esta columna y largarme. Pero, en cambio, si -como pareciera ser-, la base de la familia cristiana es la entrega total, la fidelidad, el amor y el respeto, no creo estar descubriendo América al afirmar que creo que todo ser humano, más allá de su condición sexual o de género, es capaz de amar, respetar y ser fiel; es decir, es capaz de darse en matrimonio y crear una familia.
Por último, y no menos importante, el valor de la vida. Hoy por hoy, la Iglesia promueve y clama por la defensa de la vida. ¿En qué consiste esta defensa? Tal vez, en no poner obstáculos a la generación y dignificación de la vida humana, sino que promoverlas. El matrimonio homosexual, en ese sentido, no es un obstáculo para la generación de vida (a menos que pensemos, simplonamente, que de prohibirse esta unión los homosexuales se van a dedicar a procrear). Por otro lado, un vínculo de amor fuerte y una familia fundada en el respeto y la entrega mutua, ofrece una posibilidad para dignificar la vida de una forma muy hermosa e ideal, pero que muchas veces no encontramos en las familias “bien constituidas” o “tradicionales”, como se les llama algunas veces. Creo que la fuerza de una familia para ser vida, dar vida y hacerla hermosa, no depende (nunca ha dependido) de la orientación sexual o el género de los cónyuges.
Llegados a este punto, no resta más que un homenaje a la discusión archiconocida entre “unión civil” y “matrimonio”. En términos legales, si bien se aleja del tema original de la columna, creo que se debiera aplicar el principio de igualdad ante la ley, y no hacernos los tontos con la infinita fuente de discriminación que ofrece la creación de una figura legal “muy parecida” al matrimonio pero no igual. Y en términos legales esta discusión no existe, no se trata de una figura legal sino de un sacramento, cuya definición comienza por “signo sensible y eficaz de la gracia”. Creo que algo mínimo que puedo pedir (y defender) como católico es que una pareja homosexual puede invocar la gracia de Dios sobre su proyecto de vida y constituirse sacramentalmente. Cualquier otra cosa sería poner obstáculos a la acción de Dios.
“El Amor es la manera de cumplir la ley” dijo San Pablo (Rom 13, 10). Siendo un ignorante en las teorías de leyes, creo que hay dos maneras de entender la ley: las leyes restringen espacios de acción a las personas, limitando los modos de ser en sociedad; o bien, amplían su campo de acción, permitiendo más formas de ser en sociedad. Creo que la ley de Dios es aquella ley que busca ampliar los horizontes de lo humano, de su forma de ser, de su existencia y sus búsquedas. Volviendo a la pregunta original, pienso que un católico defendería el matrimonio homosexual porque hacerlo supone defender la ley a la medida del Amor y no el amor a la medida de la Ley. Porque creo que el amor no se agota simplemente en una orientación sexual en particular, no se agota en la legislación sobre tal o cual estilo de vida, y definitivamente no se agota en el modo en que se administran los Sacramentos hoy por hoy, ni a quiénes se los administra.
Ser católico supone, por fuerza, creer que Jesús “nos amó hasta el extremo” (Jn 13, 1); quizás, rindiéndonos al misterio, no nos queda más que admitir que no conocemos los límites del amor, que esos límites no los pondremos nosotros ni las leyes. No tenemos noticia de que a algunos se les haya quitado la posibilidad de amar, y a donde llegue el amor de Dios llega su ley. Creer que los homosexuales no pueden consagrarse en matrimonio supone excluirlos de la ley de Dios, supone negarles el amor de Dios y, honestamente, no creo que tengamos ese poder.

*Sebastián Infante. Estudiante de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Territorio Abierto

REFUGIADOS: Malawi: imagínate como un refugiado



IMAGINA 


¡Sólo imagínate a ti mismo en esta situación! 
Imagínate entre el martillo y el yunque, 
Nadando en el barro y el polvo; con los pies en las puertas del abismo. 
Imagina que un día una bomba cae en tu palacio 
Y provoca un baño de sangre a tu alrededor; 
Imagina que un día el parque donde jugabas se convierte en un cementerio; 
Donde la taberna se transforma en un espacio de desolación y lágrimas. 
Imagina que la dulce música que acariciaba tu alma desaparece 
Y, en su lugar, suena el ruido de botas y el restallar de los Kalashnikovs. 
¿Aceptarías quedarte y morir o elegirías huir para seguir vivo? 
Imagina que una mañana llega a tu puerta un pelotón de ejecución, 
Te golpean sin piedad indiferentes a tu madre, a tu padre a toda tu familia. 
Imagina que, amenazado de muerte, 
Te obligan a mantener relaciones sexuales con tu propia madre; 
Que tus ojos ven como alguien horrible desflora a tu hermana de nueve años 
Acariciándola con una bayoneta. 
Imagina que un día ves gente desalmada violando a una mujer encinta de nueve meses. 
¿Aceptarías quedarte y ver como esas mismas personas quedan impunes y heredan el poder? 
¿O te irías a cualquier lugar donde liberarte para siempre del trauma con un nuevo espíritu? 
Imagina que un día eres víctima de conflictos tribales y una mañana queman viva a toda tu familia; Imagina que debido a las creencias religiosas o por afinidadespolíticas, guillotinan y decapitan a la gente. 
¿Aceptarías esperar tu turno o correrías para salvar tu vida? 
Imagina que un día por tus opiniones, por un poema o una canción denunciando la desigualdad y las fechorías de un régimen corrupto 
El gobierno te persigue por tus denuncias 
Corriendo el riesgo de desaparecer en la selva sin dejar rastro 
O de ser encarcelado y luego liberado con veneno en el cuerpo. 
¿Aceptarías sin rechistar esto y esperar la muerte o huirías hasta que el régimen cambie y puedas volver a casa, a un país digno de orgullo? 
Imagina que, de repente, cambia la situación, te roban todo lo que tienes y te conviertes en un mendigo. 
Si les pasó a otros, puede pasarte a ti también. 
Los que hoy están de luto, ¡ayer reían como tú! 
Los que hoy mendigan ¡ayer eran ricos como tú! 
Los que hoy mueren de hambre ¡ayer tiraban comida como tú! 
Los que hoy duermen en la calle, ¡ayer tenían un confortable hogar como tú! 
Pero a esa cima donde se encontraban, el relámpago de la maldad humana llegó y los enterró en los márgenes de la sociedad! 
¡Sólo imagínate a ti mismo en una situación así! 

Trésor Nzengu 

Dzaleka, 3 de diciembre de 2013 – Las hermosas y aterradoras imágenes del poema "Imagina", de Trésor Nzengu Mpauni, electrizaron un recital vespertino en el campamento de refugiados Dzaleka. El poema, en un primer momento sereno, cobra impulso con tanta emoción e intensidad convirtiéndose al final en un recordatorio no sólo de su lucha, sino de la de muchos refugiados.

Este poema es un mensaje: Trésor invita a todas las personas a ponerse en la piel de un refugiado.

El poema, dijo, le vino a la cabeza tras reflexionar sobre una conversación que mantuvo con un malauí en Lilongwe, quien se dirigió a Trésor como 'Maburundi', un término utilizado para referirse a los refugiados considerados burundeses en Dzaleka. Trésor decidió escribir "Imagina" para explicar por qué las personas de toda África se convierten en refugiados, y para cambiar la percepción que otros tienen de ellos.

"Escribo y actúo para que las cosas cambien, para cambiar la forma en que los locales ven a los refugiados", dijo Trésor, un graduado del curso de Artes Escénicas de Jesuit Commons: Educación Superior en los márgenes (JC:HEM).

Después de graduarse, se puso en contacto con la Sociedad de Poesía de Lilongwe, que le brindó la oportunidad de recitar poesía en francés e inglés en la Ciudad de las Estrellas, uno de los eventos culturales más importantes de la capital de Malawi.

"Yo estaba encantado de actuar en la Ciudad de las Estrellas, me sentía muy vivo; en el escenario me sentía como si estuviera en casa", dijo.

Al ponerle tanta energía y entusiasmo, cautivó a su audiencia mientras recitaba sus líneas. Sus manos, sus pies, su cuerpo entero, forman parte de su actuación, es difícil distraerse viendo a Trésor.

Para Trésor, el objetivo de la poesía es inspirar el cambio, sobre todo en lo que respecta a alterar las percepciones que los refugiados tienen de sí mismos.

"La poesía tiene el poder de decir a otros refugiados que serlo no es, per se, una barrera. Podemos llegar a ser famosos, se puede tener éxito en cualquier cosa que hagamos; pueden vernos".

Trésor llegó a Dzaleka desde la República Democrática del Congo huyendo de los conflictos y las continuas amenazas a su vida. Dejó su vida como cantante de rap y periodista después de escribir un poema que criticaba al gobierno. Empezaron a llegarle amenazas de muerte y sus colegas periodistas comenzaron a desaparecer.

Cuando llegó al campamento de refugiados en 2008 - después de viajar 2.000 kilómetros - su título universitario, sus credenciales de prensa y los logros de su vida apenas tenían valor. Tuvo que empezar de nuevo.

Trésor dejó de escribir poesía cuando llegó a Malawi, porque pensaba que nadie le escucharía.

"Dejé de escribir y de hacer cualquier cosa artística porque no había motivación. Nadie vendría a mis actuaciones. Estaba muy deprimido, muy traumatizado", cuenta.

Explica que esos son los momentos en que se dirige a Dios; a veces la fe puede ser lo único que aporta certeza a una situación de incertidumbre.

"La cosa más grande que me hace sentir vivo en el campamento es mi fe. Es como una antorcha, que me ilumina dondequiera que vaya".

Ya sea actuando en inglés o francés, Trésor cree que Dios permite que su público sienta el mensaje de sus poemas. Él siente que la poesía amplifica su voz, así como la de sus compañeros refugiados. Trata de escribir poemas que reflejen lo que los refugiados tienen que decir.

"A veces la gente viene y me dice: 'usted ha cambiado nuestra forma de pensar'. Eso me hace feliz", dijo.

Patrick Keaveny, adjunto de comunicación del JRS África del Sur
JRS