Sunday, February 22, 2015

¿EVANGELIO, UTOPÍA REALIZABLE? por Vicente Martínez


La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor (Anatole France)
22 de febrero, domingo I de Cuaresma
Mt 5, 38-48
Amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen
Si uno te da una bofetada en la mejilla derecha, ofrécele también la otra... y te quedarás sin cara. No considero un código realista lo de  darle al agresor también el manto, acompañarle dos mil pasos o prestarle dinero, como propone Mateo. Más razonable y prudente me parece lo que se dice en los versículos siguientes: "Rezad por los que os persiguen". Y me parece incluso en demasía.
Jesús propone superar la levítica Ley del Talión y apremia a sus seguidores a instaurar el Amor Evangélico –"Ama a tu prójimo como a ti mismo"- como semilla para el cambio. Pero los lamentables hechos de violencia religiosa ocurridos este comienzo de año, evidencian que la invitación de Jesús sigue siendo veinte siglos después una utopía. Es razonable, entonces, el encabezamiento de ¿Evangelio, utopía relizable?
Leonardo Boff nos advierte que "Una sociedad no vive sin utopías, es decir, sin un sueño de dignidad, de respeto a la vida y de convivencia pacífica entre las personas y los pueblos". Todos los pueblos las han tenido en su historia. Los mallorquines, por ejemplo, salían por la noche a los acantilados para lanzar piedras con sus hondas y derribar la luna. Cartagineses y romanos reclutaron en la islas los mejores honderos para sus ejércitos.
Textos sumerios como la Epopeya de Gilgamesh, los mitos de Hesíodo y La República de Platón, etc. nos muestran fuerza de lo que en nuestros días escribió Paulo Coelho: "La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante".
Tomás Moro inauguró el género literario utópico, siendo el título de su obra principal el de Utopía. Una isla idílica cuyos habitantes habían logrado el Estado perfecto: convivencia pacífica, bienestar físico y moral, disfrute común de los bienes. Una especie de sueño de la Ciudad de Dios agustiniana.
Confieso que leyendo a estos autores me veía tan fuera de este mundo que, como el sueño de carácter premonitorio de Don Magnífico en La Cenerentola de Rossini, también a mi burro le salían plumas, echaba a volar y se sentaba sobre un campanario en el que repicaban las campanas. ¿Será el mundo todo un sueño?
Utopías religiosas han existido siempre. El Cristianismo y el Islam han tenido de siempre una visión utópica del paraíso: un jardín de delicias. El Nirvana del budismo se puede asemejar a una utopía.
En todo caso, quizás lo más gratificante de la vida sean los sueños. En la viñeta de un Feliz 2015, decía  Mafalda este Añonuevo: Les deseo un mundo mejor en el que se cumplan las utopías (...) aunque parezcan –y sean- imposibles.
Anatole France, Premio Nobel de Literatura escribió que "La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor". Esperemos que así lo siga siendo el Evangelio.

EL SUEÑO DE UN VELERO
Tengo un velero en el mar,anclado en mortal bajío.(Sueña el barco con zarpar)
La carta de navegar...sin costa, vientos ni río:¡Sólo el espacio estelar!
.................................
Quedó el velero en el mar...Y el Capitán, sin navío,no cesaba de soñar.
(EN HIERRO Y EN PALABRA, Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez
Fe adulta

Dime una Palabra por Luis Fernando Crespo SM. Desierto


22 de febrero
I domingo de cuaresma

Mc 1, 12-15 El espíritu empujó a Jesús al desierto

Soledad, silencio, renuncia, austeridad, compañía, el sonido del universo, plenitud, tu riqueza incomparable, Señor, en el desierto, despojado de todo, incluso de la propia tentación. En el desierto me seduces, en el desierto me pruebas, en el desierto me llevas al límite para que al asumir la propia limitación entre en tu horizonte sin fin. En el desierto, una vez más, me haces participar de tu misma suerte, mientras susurras en mi oído: se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios, conviértete y cree en el evangelio.

Luis Fernando Crespo SM
Dime una Palabra

El Domingo de las Tentaciones


El Espíritu Santo impulsó a Jesús de Nazaret a retirarse al desierto antes de iniciar su predicación. Allí fue tentado por el diablo. Él, como nosotros, sufrió el acoso del tentador y de sus mentiras. Jesús venció la tentación y nosotros, con su cercanía, también venceremos. El Primer Domingo de Cuaresma nos muestra las tentaciones que el Señor tuvo que soportar. Él como nosotros, soportó los engaños del Maligno.

Betania

Saturday, February 14, 2015

Pablo Larraín: “La Iglesia no puede eliminar el deseo sexual”. La película "El Club", del chileno Pablo Larraín, se alzó con el Oso de Plata


La película "El Club", del chileno Pablo Larraín, se alzó con el Oso de Plata, Gran Premio del Jurado en la 65 edición de la Berlinale, con una cinta que aborda con elegancia temas polémicos y tenebrosos de la Iglesia.


La entrevista con el cineasta chileno, Pablo Larraín tuvo lugar poco antes de que se anunciara la decisión del Jurado Internacional de la Berlinale, que otorgó a "El Club" el Oso de Plata, Gran Premio del Jurado.
Larraín dijo sentirse muy impresionado por la recepción de su película "El Club", durante su estreno mundial en la Berlinale. Tras su exhibición a la prensa y la crítica especializada, la cinta fue recibida con una ovación y estaba entre las quinielas de los críticos para obtener los máximos galardones de la Berlinale.
"El Club", aborda con elegancia los temas más polémicos y tenebrosos de la Iglesia Católica. En entrevista con DW, Larraín se mostró convencido de la necesidad de una reforma profunda de esa institución en la que él creció. También habló sobre su manera de trabajar y reveló qué es lo que considera más importante a la hora de hacer una película.
Usted ha mencionado que en torno al tema de la película hay un recorte de periódico... ¿Nos podría contar más sobre cómo surgió la idea?
Básicamente se remonta a mis años en el colegio. Yo fui educado en colegios católicos. Y conocí a muchos curas, muchos de esos curas eran buenas personas. Curas respetables. Después conocí a curas que hoy en día están en la cárcel, o en procesos judiciales, y después me enteré de que hay curas que están desaparecidos, están perdidos. Y esa es la inquietud. ¿Dónde están esos curas? ¿Porqué desaparecieron? ¿Adónde los mandan? Y esas preguntas empezaron a surgir a partir de la investigación de la película. Por eso decimos que éste es “El Club”, el club de los curas perdidos. Nos dimos cuenta de que la iglesia tiene una manera sistemática de trabajar basada en el secretismo y en el silencio. Cuando estos curas tienen algún problema, en vez de llevarlo ante la justicia civil, los llevan a un lugar desconocido en donde purgarán sus pecados por siempre.
Aunque usted ha subrayado que no es una denuncia, su película es una crítica social a esta actitud de la Iglesia de esconderlo todo, incluso crímenes…
Es un comentario. Nosotros hacemos cine, no periodismo. No estamos acá para decirle a la gente lo que está bien y lo que está mal. Nosotros sólo trabajamos con materiales que nos parecen interesantes, que nos parecen poderosos. Con lugares humanos en donde hay peligro, en donde hay humanidad. Y por supuesto que aquí hay todos esos elementos. Entonces, es fascinante poder tomarlo, transformarlo y reutilizarlo en una película.
La Iglesia católica ha sido criticada por provocar daños en muchas sociedades de América Latina... ¿También en Chile?
En la medida en que no ha sido capaz de asumir sus propios errores, en que no ha sido capaz de castigar bien a quienes cometen atrocidades dentro de la Iglesia y en nombre de Dios, se ha transformado en una Iglesia alejada de la gente. Una Iglesia que no produce confianza y una iglesia que se supone que es el canon moral, pero que, cuando comete el pecado, no pide perdón. Por tanto se produce una distorsión muy profunda y creo que la película da cuenta de eso.
¿Así como en Alemania tuvo lugar la reforma de Lutero, usted considera que el actual Papa tendría que emprender profundas reformas en la Iglesia si quiere conservar a sus fieles?
Yo creo que el Papa tiene un gran desafío por delante, y por lo que veo, ya ha hecho cambios interesantes pero no son profundos ni estructurales. Si el Papa quiere realmente cambiar el destino de la Iglesia, debe hacer cambios muy profundos. Cualquier cosa que haga que sea tibia, que no sea realmente relevante, no tendrá ninguna significanción en el tiempo.

¿Considera usted que la Iglesia está lista para eliminar uno de sus tópicos más polémicos, como es el celibato?
La Iglesia reinstauró el celibato hace algunos siglos atrás y eso es quizá uno de los errores históricos más poderosos que ha cometido la Iglesia. La idea de que el sexo es sólo un acto con un objetivo reproductivo es una aberración de la condición humana porque elimina el deseo y no se puede eliminar el deseo de nuestro cuerpo. O se organiza o se administra bien. Pero bloquearlo, intentar anularlo, si se deja el sexo como un acto reproductivo, es pedirle lo imposible a un cuerpo que tiene pasión, que tiene deseo, que necesita el sexo.
En la película no hay ninguna escena de sexo, salvo una, en la que el espectador no es testigo del disfrute carnal, sino que es una escena de sexo enfermizo. ¿Eso ha sido algo intencional?
Queríamos mostrar a la “víctima” en una aproximación sexual, un encuentro sexual fallido. Es una persona que ha sido abusada tantas veces que a la hora de enfrentar una relación sexual normal no puede y pasa lo que pasa en la película. Es tanta la distorsión de ese hombre que ha sido educado y abusado por sacerdotes que a la hora de tener una relación sexual normal sencillamente no puede y la película da cuenta de eso.
¿Cómo trabajó con los actores? Ha mencionado que no les dio el guión completo sino que les fue dando su parte cada día, con el objetivo de dotar los diálogos de cierta frescura...
Así fue como trabajé. Intentamos un método que no sabíamos si iba a funcionar o no, pero fue ese. No les conté verbalmente el argumento a los actores, más o menos de manera bastante ambigua, y luego íbamos leyendo las escenas durante el rodaje. Si la escena era corta, el mismo día, si era larga, la noche anterior. Lo que me permitió algo muy particular. Los actores, en primer lugar, son gente con mucho oficio. Enfrentaban la escena con una frescura muy particular. Este método nos permitió capturar eso. Aunque ninguno de los personajes sabía quien era el otro, ni sabían porqué estaban ahí, cuando estaban juntos parecía que llevaran 50 años juntos y eso lo capta la imagen. Hay que aprender a conocer las posibilidades del cine. No digo que ésta sea la única manera de hacer cine, por favor. Hay grandes actores que han hecho grandes papeles preparándolos por meses y hay muchos métodos posibles. Pero éste es uno de ellos y también funciona.
Se ven diálogos muy ingeniosos, con mucho sentido del humor, con los que los personajes se burlan de la Iglesia. Usted ya mencionó que se divirtieron al hacer la película. ¿Hasta que punto estos diálogos se improvisaron, fueron aportados por los actores?
Yo diría que hay un 80% escrito en el guión y un 20% que fue improvisado por los actores en el set.
Usted es uno de los cineastas chilenos que representa la vanguardia en el cine latinoamericano. ¿Qué consejo le daría a una persona que empieza a hacer cine, qué es lo importante para hacer una película?
Lo importante es tener el coraje de poner el imaginario y los deseos de uno en la pantalla. Si uno hace eso y lo transforma en algo personal, es posible que eso le afecte a otros y que funcione. Si se pone uno a pensar solamente en el otro, en el espectador, entonces la película podría carecer de autenticidad. Y es ahí en donde se produce el error. Es una mezcla, pero parte de uno. Es uno el que tiene algo que decir y hay que organizarlo, pero hay que tener la fuerza y la voluntad de decir eso que a uno le pasa: ¿Cuál es tu deseo, tu motivación? ¿Qué te conmueve a ti? Y cuando lo haces, te das cuenta de que no eres tan raro y de que eso mismo puede conmover a otros.
DW

El abrazo de los dos Papas, contra la rebelión de los 'halcones' cardenalicios


Hay feeling entre Francisco y Benedicto. A pesar de ser tan distintos en las formas y en el estilo, les une la misma fe y la experiencia compartida de la carga casi insoportable del papado. Tan pesada que obligó a renunciar al Papa Ratzinger. Tan pesada que al propio Papa Bergoglio le está costando Dios y ayuda reformar la Curia y renovar la Iglesia.
Dios se supone que siempre está dispuesto a echar una mano a su "vicario" en la tierra. Y el Papa emérito, con su mera presencia en San Pedro, para asistir a la creación de los nuevos cardenales, escenifica su apoyo total al Papa reinante.
Consciente de ello, lo primero que hizo Francisco, antes de iniciar la ceremonia de creación de nuevos cardenales, fue dejar el báculo en manos de su maestro de ceremonias,acercarse al Papa emérito y fundirse con él en un cálido y largo abrazo, seguido de un apretón de manos reiterado.
No es la primera vez que el Papa anciano y sabio brinda su sostén físico y espiritual a Francisco. Pero esta vez su presencia al lado de Bergoglio es más necesaria que nunca y, por ende, más significativa.
Cuando las críticas contra Francisco arrecian y ya no se esconden. Cuando un cardenal como el norteamericano Raymond Burke declara que está dispuesto a "resistir" al Papa, si sigue con sus reformas, la presencia del Papa Ratzinger es todo un espaldarazo a su sucesor. Sin decir una palabra, Benedicto proclama un axioma eclesial: "Nada sin Pedro". Y Pedro hoy es Francisco.
Cuando la oposición a la reforma en marcha de la Curia es más feroz que nunca, porque desmonta cordadas, destroza lobbys y trunca el carrerismo y las apetencias de poder de un gran número de eclesiásticos curiales, Francisco necesita a su lado la sombra protectora de Benedicto. Porque el Papa emérito sufrió en sus propias carnes las dentelladas de un aparato vaticano al que, en varias ocasiones, trató de "manada de lobos" y amonestó con esta durísima frase de San Pablo: "Si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente".
Un abrazo público que sella un pacto implícito: Francisco está terminando la limpieza de la Curia y Benedicto le presta toda su ayuda moral, para que sea capaz de llevar a buen término lo que él ni siquiera pudo comenzar. Quiere dejar claro a los ojos del mundo y, sobre todo, de la propia Iglesia que la primavera de Francisco es justa y necesaria.
Un guiño de Benedicto especialmente dirigido al ala conservadora del colegio cardenalicio, liderada por Raymond Burke y Gerhard L. Müller, el prefecto de Doctrina de la Fe, y a la que se están sumando cada vez más purpurados. Son todos del sector conservador y ya no se ocultan para decir que no comulgan con la forma de ser, de gobernar y de hablar del Papa.
La campaña abierta contra Francisco está llegando ya al punto de no retorno. Y es que el núcleo duro de este sector se está planteando ya no sólo la pública disidencia, sino la desobediencia. Que un cardenal desobedezca al Papa es un pecado, porque atenta contra el juramento de fidelidad al sucesor de Pedro "hasta derramar la sangre" por él, que realizan antes de recibir el capelo. Por mucho que la rebelión cardenalicia se trate de justificar diciendo que ni el Papa está por encima de la ley canónica.
La verdad de los disidentes la acaba de retratar el cardenal de Washington, Donald Wüerl: "El hilo común que unifica a todos los disidentes es que están en contra del Papa, porque el Papa no está de acuerdo con ellos y no sigue sus posiciones". Son los papistas con condiciones.
Francisco, sumamente consciente de esta rebelión conservadora cardenalicia, se está apresurando a formar "equipo", es decir añadir al colegio cardenalicio eclesiásticos moderados, procedentes de las periferias y que comulgan, por pensamiento y vida, con su objetivo prioritario: convertir a la Iglesia-aduana en Iglesia-hospital-de-campaña.
El Papa hace equipo
Por eso, entre los 20 nuevos cardenales, sólo hay uno curial. Se trata de quitar poder a la Curia de todas las formas posibles. Y todos los demás son cardenales de las periferias. De esos que ni se les pasaba por la cabeza que pudiesen ser elegidos para el colegio más exclusivo del mundo. Los dos españoles, son ejemplos paradigmáticos.
Ya de salida por su edad, a Ricardo Blázquez le costó dejar Bilbao y convertirse en arzobispo en la era dominada por el entonces todopoderoso cardenal Rouco Varela. Y eso que Don Ricardo nunca fue un obispo montaraz ni doctrinalmente inseguro. Eso sí, siempre entendió su ministerio en clave de servicio y no de poder. Por eso, sus compañeros lo eligieron presidente del episcopado, para frenar el excesivo poder del entonces cardenal de Madrid, y lo han vuelto a elegir ahora. Y, desde Roma, ya en tiempos de Benedicto se reconoció su templanza y su equilibrio, premiándolo con el tranquilo arzobispado de Valladolid. Un sede periférica a nivel cardenalicio.
El otro cardenal español, nacido en Navarra pero nacionalizado panameño desde hace más de 40 años, es Justo Lacunza. El religioso agustino recoleto es obispo de una pequeña diócesis de periferia de un país periférico como Panamá. Pero, desde siempre, fue un prelado nada principesco, entregado a su pueblo y, sobre todo, a los más pobres.
En esta misma línea de prelados-servidores se inscriben todos los demás nombramientos. Obispos sencillos y humildes de países de la periferia, como Cabo Verde o las islas Tonga, entre otros. Todos van en la misma línea del Papa y se han subido a su carro reformador con ilusión y esperanza.
Son, por ahora, 20 nuevos cardenales, que, sumados a los "franciscanos" ya existentes, conforman una mayoría cualificada del colegio cardenalicio. Y pronto serán más. Francisco sabe que su pontificado será breve, por razones de edad y de presión psicológica a la que está siendo sometido por querer cambiar las cosas eclesiales en profundidad. Se especula con que podría renunciar al cumplir los 80 años, es decir dentro de dos, y retirarse a Buenos Aires.
Pero lo haría con la reforma encauzada. Porque la Iglesia no da bandazos y, una vez iniciada una tendencia (en este caso, hacia una mayor radicalidad evangélica) suele continuar ese camino durante algún tiempo.
Para apuntalar el timón eclesial en la dirección iniciada, Francisco pretende aumentar el número de los miembros del colegio cardenalicio, pasando de los 120 actuales a 140. Con ese cambio, por ahora en estudio, el Papa podría nombrar el año próximo otros 20 cardenales de su cuerda, que, con los 20 de hoy, más los que lo eligieron Papa para que hiciese precisamente lo que está haciendo, conformarían una amplia mayoría en el colegio cardenalicio y en la Curia. Y las reformas no correrían peligro de involución. Y la rebelión de los "halcones" se quedaría en agua de borrajas. Porque nadie puede parar la primavera en primavera. Sobre todo, si es obra del Espíritu Santo.
José Manuel Vidal
RD

Francisco, a los cardenales: "Que el Pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad". Videos. Ceremonia completa

"Tampoco las dignidades eclesiásticas estamos inmunes a la tentación de la envidia y el orgullo"


Ricardo Blázquez y otros 19 prelados recibieron la birreta cardenalicia de manos del Papa


(Jesús Bastante).- Reforma en continuidad. Nada se rompe. El Papa emérito, Benedicto XVI, revestido de blanco, aguardaba en primera fila, junto al colegio cardenalicio, la entrada de su sucesor, Francisco, cuyo primer gesto antes de alcanzar el baldaquino de Bernini fue dirigirse hacia Ratzinger yestrecharle entre sus brazos.
Por segunda vez, el Papa nombraba cardenales. Por segunda vez, Benedicto XVI estaba allí, acompañándole, en una de sus escasas presencia públicas, y siempre a petición de Bergoglio.
En nombre de los nuevos cardenales,Dominique Mamberti, arrancó la ceremonia, repitiendo el juramento, y recordando a monseñor Pimiento, que por razones de salud ha pedido recibir la birreta en Colombia. "El Señor ha querido renovar aquella elección que en un momento hicimos cada uno de nosotros. La púrpura misma nos recuerda ante todo que el Señor nos pide compartir su amor por todos los hombres", señaló el neocardenal.
En su breve alocución posterior a la lectura de la Carta de San Pablo, Francisco señaló que "la curia cardenalicia no es una distinción honorífica. El propio término 'cardenal', que remite a la palabra 'cardo', no es algo que nos haga pensar en una condecoración, sino en un punto de apoyo, un eje esencial para la comunidad".
Francisco señaló los nuevos cardenales la importancia de la caridad. "En la Iglesia, toda presidencia proviene de la caridad, tiene que ejercitarse en la caridad y tiene como fin la caridad". En primer lugar, desde Roma, y después en toda iglesia particular.
"San Pablo nos dice que la caridad es magnánima y benevolente. Cuanto más crece la caridad, tanto más hay que ensanchar el corazón", indicó Francisco, quien apuntó que "la magnanimidad es, en cierto sentido, sinónimo de catolicidad: es saber amar sin límites, pero al mismo tiempo con fidelidad a las situaciones particulares y con gestos concretos.Amar lo que es grande, sin descuidar lo que es pequeño; amar las cosas pequeñas en el horizonte de las grandes"
"Saber amar con gestos de bondad: la benevolencia es la intención firme y constante d querer el bien siempre y para todos, incluso para los que no nos aman", reclamó Francisco, quien recordó que la caridad «no tiene envidia; no presume; no se engríe».
"Esto es realmente un milagro de la caridad, porque los seres humanos -todos, y en todas las etapas de la vida- tendemos a la envidia y al orgullo a causa de nuestra naturaleza herida por el pecado. Tampoco las dignidades eclesiásticas están inmunes a esta tentación".
Al tiempo, llamó a no buscar "el propio interés", y a no irritarse. "Al pastor que vive en contracto con la gente no le faltan ocasiones para enfadarse", subrayó, invitando a los nuevos cardenales a evitar "el peligro de reaccionar impulsivamente, de hacer cosas que no están bien, y nos libera del peligro mortal de la ira acumulada, que te hace llevar cuentas del mal recibido. Esto no es aceptable en un hombre de Iglesia"
"Se puede entender un enfado momentáneo, no es así con el rencor. Que Dios nos proteja y nos libre del rencor", remachó Bergoglio, quien prosiguiendo con la carta de Pablo señaló que "la caridad no se alegra de la injusticia sino que goza de la verdad". "El que está llamado al servicio del Gobierno en la Iglesia debe tener un fuerte sentido de la justicia, de modo que no acepte ninguna injusticia, ni siquiera la que pudiera ser ventajosa para él o para la Iglesia".
"Que el Pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad", reclamó el Papa a los nuevos cardenales, insistiendo en la necesidad de ser "personas capaces de perdonar siempre, de dar siempre confianza, capaces de infundir siempre esperanza, porque estamos llenos de esperanza en Dios, y saben soportar con paciencia toda situación, todo hermano y hermana en unión con Jesús, que llevó con amor el peso de nuestros pecados".

"Queridos hermanos, todo esto no viene de nosotros, sino de Dios. Dios es amor y lleva a cabo todo esto si somos dóciles a la acción de su Santo Espíritu. Por tanto, así es como tenemos que ser: incardinados y dóciles. Cuanto más incardinados estamos en la Iglesia que está en Roma, más dóciles tenemos que ser al Espíritu, para que la caridad pueda dar forma y sentido a todo lo que somos y hacemos", concluyó Francisco.
Texto completo de la alocución del Papa:

Queridos hermanos cardenales
El cardenalato ciertamente es una dignidad, pero no una distinción honorífica. Ya el mismo nombre de «cardenal», que remite a la palabra latina «cardo - quicio», nos lleva a pensar, no en algo accesorio o decorativo, como una condecoración, sino en un perno, un punto de apoyo y un eje esencial para la vida de la comunidad. Sois «quicios» y estáis incardinados en la Iglesia de Roma, que «preside toda la comunidad de la caridad» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. Lumen gentium, 13; cf. Ign. Ant., Ad Rom., Prólogo).
En la Iglesia, toda presidencia proviene de la caridad, se desarrolla en la caridad y tiene como fin la caridad. La Iglesia que está en Roma tiene también en esto un papel ejemplar: al igual que ella preside en la caridad, toda Iglesia particular, en su ámbito, está llamada a presidir en la caridad.
Por eso creo que el «himno a la caridad», de la primera carta de san Pablo a los Corintios, puede servir de pauta para esta celebración y para vuestro ministerio, especialmente para los que desde este momento entran a formar parte del Colegio Cardenalicio. Será bueno que todos, yo en primer lugar y vosotros conmigo, nos dejemos guiar por las palabras inspiradas del apóstol Pablo, en particular aquellas con las que describe las características de la caridad. Que María nuestra Madre nos ayude en esta escucha. Ella dio al mundo a Aquel que es «el camino más excelente» (cf. 1 Co 12,31): Jesús, caridad encarnada; que nos ayude a acoger esta Palabra y a seguir siempre este camino. Que nos ayude con su actitud humilde y tierna de madre, porque la caridad, don de Dios, crece donde hay humildad y ternura.
En primer lugar, san Pablo nos dice que la caridad es «magnánima» y «benevolente». Cuanto más crece la responsabilidad en el servicio de la Iglesia, tanto más hay que ensanchar el corazón, dilatarlo según la medida del Corazón de Cristo. La magnanimidad es, en cierto sentido, sinónimo de catolicidad: es saber amar sin límites, pero al mismo tiempo con fidelidad a las situaciones particulares y con gestos concretos. Amar lo que es grande, sin descuidar lo que es pequeño; amar las cosas pequeñas en el horizonte de las grandes, porque «non coerceri a maximo, contineri tamen a minimo divinum est». Saber amar con gestos de bondad. La benevolencia es la intención firme y constante de querer el bien, siempre y para todos, incluso para los que no nos aman.
A continuación, el apóstol dice que la caridad «no tiene envidia; no presume; no se engríe». Esto es realmente un milagro de la caridad, porque los seres humanos -todos, y en todas las etapas de la vida- tendemos a la envidia y al orgullo a causa de nuestra naturaleza herida por el pecado. Tampoco las dignidades eclesiásticas están inmunes a esta tentación. Pero precisamente por eso, queridos hermanos, puede resaltar todavía más en nosotros la fuerza divina de la caridad, que transforma el corazón, de modo que ya no eres tú el que vive, sino que Cristo vive en ti. Y Jesús es todo amor.
Además, la caridad «no es mal educada ni egoísta». Estos dos rasgos revelan que quien vive en la caridad está des-centrado de sí mismo. El que está auto-centrado carece de respeto, y muchas veces ni siquiera lo advierte, porque el «respeto» es la capacidad de tener en cuenta al otro, su dignidad, su condición, sus necesidades. El que está auto-centrado busca inevitablemente su propio interés, y cree que esto es normal, casi un deber. Este «interés» puede estar cubierto de nobles apariencias, pero en el fondo se trata siempre de «interés personal». En cambio, la caridad te des-centra y te pone en el verdadero centro, que es sólo Cristo. Entonces sí, serás una persona respetuosa y preocupada por el bien de los demás.
La caridad, dice Pablo, «no se irrita; no lleva cuentas del mal». Al pastor que vive en contacto con la gente no le faltan ocasiones para enojarse. Y tal vez entre nosotros, hermanos sacerdotes, que tenemos menos disculpa, el peligro de enojarnos sea mayor. También de esto es la caridad, y sólo ella, la que nos libra. Nos libra del peligro de reaccionar impulsivamente, de decir y hacer cosas que no están bien; y sobre todo nos libra del peligro mortal de la ira acumulada, «alimentada» dentro de ti, que te hace llevar cuentas del mal recibido. No. Esto no es aceptable en un hombre de Iglesia. Aunque es posible entender un enfado momentáneo que pasa rápido, no así el rencor. Que Dios nos proteja y libre de ello.
La caridad, añade el Apóstol, «no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad». El que está llamado al servicio de gobierno en la Iglesia debe tener un fuerte sentido de la justicia, de modo que no acepte ninguna injusticia, ni siquiera la que podría ser beneficiosa para él o para la Iglesia. Al mismo tiempo, «goza con la verdad»: ¡Qué hermosa es esta expresión! El hombre de Dios es aquel que está fascinado por la verdad y la encuentra plenamente en la Palabra y en la Carne de Jesucristo. Él es la fuente inagotable de nuestra alegría. Que el Pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad.
Por último, la caridad «disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites». Aquí hay, en cuatro palabras, todo un programa de vida espiritual y pastoral. El amor de Cristo, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nos permite vivir así, ser así: personas capaces de perdonar siempre; de dar siempre confianza, porque estamos llenos de fe en Dios; capaces de infundir siempre esperanza, porque estamos llenos de esperanza en Dios; personas que saben soportar con paciencia toda situación y a todo hermano y hermana, en unión con Jesús, que llevó con amor el peso de todos nuestros pecados.
Queridos hermanos, todo esto no viene de nosotros, sino de Dios. Dios es amor y lleva a cabo todo esto si somos dóciles a la acción de su Santo Espíritu. Por tanto, así es como tenemos que ser: incardinados y dóciles. Cuanto más incardinados estamos en la Iglesia que está en Roma, más dóciles tenemos que ser al Espíritu, para que la caridad pueda dar forma y sentido a todo lo que somos y hacemos. Incardinados en la Iglesia que preside en la caridad, dóciles al Espíritu Santo que derrama en nuestros corazones el amor de Dios (cf. Rm 5,5). Que así sea.

Francisco a los nuevos cardenales: No es una condecoración, sois puntos de apoyo



De nuevo la ceremonia de nombramiento de nuevos cardenales estuvo marcada al comienzo por la llegada de Benedicto XVI.

El Papa emérito se sentó junto al resto de cardenales, y tal y como sucedió hace un año, el Papa detuvo la procesión para saludarle.

A continuación, el futuro cardenal Dominique Mamberti, saludó a Francisco en nombre de todos los nuevos cardenales presentes, 19. Faltaba uno, el colombiano José de Jesús Pimiento Rodríguez, de 95 años, arzobispo emérito de Manizales.

DOMINIQUE MAMBERTI
Prefecto, Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica
"Ha pedido recibir la birreta en Colombia, no pudiendo venir por la avanzada edad”.

Por su parte, Francisco se dirigió a todo el colegio cardenalicio para recordar que su cargo no es un honor sino una responsabilidad.

FRANCISCO
"No es algo accesorio o decorativo como una condecoración, sino un perno, un punto de apoyo y de movimiento que es esencial para la vida de la comunidad”.

Señaló que cuanta mayor es la responsabilidad de una persona en la Iglesia, tanto más se debe agrandar su corazón.

FRANCISCO
"Querer el bien siempre y para todos. También para los que no nos aman. El respeto es la capacidad de tener en cuenta al otro, su dignidad”.

Dijo que no faltarán ocasiones para enfadarse pero que un hombre de Iglesia debe, sobre todo, ser magnánimo, justo y misericordioso.

FRANCISCO
"De modo que cualquier injusticia le resulte inaceptable, también la que pudiera ser ventajosa para él o para la Iglesia”.

Después llegó el momento culminante de la ceremonia: la imposición de las birretas, que fue especialmente emotiva con los nuevos cardenales de Amércia Latina como el arzobispo emérito de Tucumán, Argentina, el arzobispo de Morelia, de México o el de Montevideo, en Uruguay.

También fueron creados cardenales dos españoles: el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, y el obispo de David, en Panamá, José Luis Lacunza.

A la ceremonia acudieron representantes de todos los países con nuevos purpurados. Entre ellos estaba el presidente de Panamá, Juan Carlos Varela y la reina de Tonga, una isla al sur del Océano Pacífico.   


Los nuevos cardenales reciben la birreta púrpura de manos del Papa



 (-SÓLO VÍDEO-) Uno a uno, los nuevos cardenales fueron recibiendo la bendición del Papa Francisco. Siguiendo la tradición, el Papa les impuso la birreta púrpura, el anillo y les entregó un documento en el que se les asigna una Iglesia de Roma. 

Entre los quince nuevos cardenales electores hay sólo un miembro de la Curia, el francés Dominique Mamberti, presidente del Tribunal de la Signatura. 

También, entre los nuevos purpurados se encuentran el arzobispo de David, Panamá, José Luis Lacunza o el de México, Alberto Suárez Inda. 

El nuevo cardenal de Tonga es el más joven de todos. Tiene 53 años. Soane Patita Paini Mafi se ha convertido en el primer cardenal de esta isla de la Polinesia Francesa.


El Papa crea cardenal a Luis Héctor Villalba arzobipo emérito de Tucumán, Argentina



(-SÓLO VÍDEO-) El nuevo cardenal argentino, Luis Héctor Villalba, recibió la birreta púrpura en manos del Papa. 

El nuevo purpurado tiene 80 años y es arzobispo emérito de Tucumán. 


El Papa hace cardenal a Alberto Suárez Inda, de México



(-SÓLO VÍDEO-) Alberto Suárez Inda searrodilló ante el Papa para recibir la birreta cardenalicia.
El nuevo cardenal tiene 76años y es arzobispo de Michoacán desde hace 20 años.  


José Luis Lacunza ya es el primer cardenal de la historia de Panamá



(-SÓLO VÍDEO-) El Papa impuso la birreta púrpura a José Luis Lacunza, obispo de David.  

El nuevo cardenal de 70 años nació en España, pero ha pasado la mayor parte de su vida en Panamá. Es es el primer cardenal agustino recoleto y el primero de su país.


El español Ricardo Blázquez recibe la birreta cardenalicia



(-SÓLO VÍDEO-) El Papa impuso la birreta púrpura y el anillo cardenalicio al nuevo cardenal español, Ricardo Blázquez. 

El arzobispo de Valladolid es presidente de la Conferencia Episcopal Española y tiene 72 años.  Con este nombramiento suman 12 cardenales españoles en el Colegio cardenalicio. 



El Papa impone la birreta cardenalicia a Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo





(-SÓLO VÍDEO-) El Papa impuso la birreta cardenalicia a Daniel Sturla arzobispo de Montevideo, Uruguay. 

El nuevo cardenal tiene 55 años y es el segundo más joven del colegio cardenalicio, después del nuevo cardenal de Tonga y el segundo en la historia de Uruguay.