Thursday, May 16, 2013

Solteronas o hermanas por Hugo Cáceres, Congregación de los Hermanos Cristianos,



 El mensaje dirigido por el papa Francisco a la Unión de Superioras Mayores en su reunión en Roma ha suscitado un notable interés en los medios de comunicación debido a una afirmación que se convirtió rápidamente en el título de muchas noticias: “¡Sean madres, no solteronas!”. Desafortunadamente los periodistas no han captado que la invocación del papa tiene su contexto en un discurso muy cariñoso y de aprecio a la vida religiosa femenina. El adjetivo solterona (definido escuetamente por la Real Academia: Entrada en años y que no se ha casado) alcanza en la mente del hablante español una serie de significados que van desde la mujer amargada que nunca disfrutó del lecho matrimonial ni la maternidad hasta la tía buena que teje bufandas y cría canarios. A nivel parroquial muchas solteronas tienen su lugar en los primeros reclinatorios del templo, arreglan las flores en los altares y visten santos (al menos en el Perú quedarse solterona tuvo un sinónimo en la expresión “se quedó para vestir santos”). Muchas de ellas son las incondicionales de la autoridad sacerdotal y celebran cumpleaños y aniversarios de ordenación como si fueran memorias obligadas. No estoy hablando aquí de aquellas mujeres solteras que son una verdadera fuerza apostólica en la vida parroquial por su contribución en los consejos pastorales, la toma de decisiones y sus habilidades sociales, a ellas no llamaríamos solteronas de sacristía sino más bien mujeres de Iglesia que no se casaron u optaron por no llevar una vida conyugal.
Ya que estoy involucrado en la predicación de retiros en los que la mayoría de las participantes son religiosas y varias veces ha pasado por mi mente hacer hincapié en que la vida consagrada fácilmente puede convertirse en una alianza de personas solteras aparentemente muy atareadas, me siento invitado a señalar diez diferencias entre lo que entiendo por solterona y mi percepción de la vida religiosa contemporánea auténtica; vale la aclaración de que todo lo que viene a continuación es perfectamente aplicable a los religiosos varones a quienes también se les puede exhortar “sean espiritualmente fecundos, no solterones”:
1. La solterona está enojada con la vida; determinada por la sociedad a encontrar realización solamente en la vida matrimonial, va por la vida censurando y condenando. La mujer consagrada acepta la realidad de la vida como es, es crítica de los valores pero disfruta de la vida y trabaja para el Reino.
2. La solterona no acepta los cambios porque prefiere un mundo pequeño conocido y seguro. La religiosa promueve los cambios necesarios, experimenta con las novedades que traen tiempos nuevos y está lista para pagar el precio de salir de las certezas de ayer.
3. La solterona nace de una frustración; la vocación religiosa nace de un encuentro con la persona de Jesús que arrasa cualquier otro proyecto.
4. El círculo de relaciones de la solterona es muy estrecho (la parroquia, sus mascotas, sus viejas amistades); las religiosas se desenvuelven en redes amplias de potencial espiritual, proyectos de transformación, grupos heterogéneos sin límites fijos.
5. Las solteronas son fuente de información de asuntos del pasado (recetas de la abuela, puntos de tejido, cómo era la Iglesia cuando todos llenábamos los templos); la religiosa contemporánea mira hacia el futuro, tiene visión para soñar con los ajustes que exige la historia, son fuente de información sobre los sueños del Reino.
6. Las solteronas cuidan al gato, tiestos de plantas o en el mejor de los casos de un sobrino; las religiosas están llamadas a cuidar de la creación, a tomar en serio la defensa de la vida y se ubican estratégicamente donde la vida padece disminución.
7. Las solteronas pueden convertirse en brujas, seres negativos que traman dañar al mundo que las irrita cada vez más; las consagradas pueden convertirse en místicas, profetisas y lideresas, acogen al mundo con un corazón amplio y generoso.
8. La religiosidad de las solteronas se apoya en sus imágenes controlables con oraciones escritas por otro y rituales establecidos; la espiritualidad de las religiosas debe ser individual con apertura a lo cósmico, un Dios siempre por descubrir.
9. Las solteronas son esclavas domesticadas de la vida parroquial, escuderas de los caballeros eclesiásticos dispuestas a sacrificarse en los flancos posteriores de su guerra contra el mundo; las religiosas son llamadas a un protagonismo propio, a imagen de santas como Teresa, Catalina o Edith, no necesitan varones que las inspiren o fortalezcan, conocen el límite de sus fuerzas pero no se someten al servilismo eclesial.
10. Las solteronas llevan las huellas de una vida sexual frustrada (la histeria, las manías, la autosatisfacción); las religiosas han hecho la paz con sus pulsiones sexuales y viven vidas gratificantes y satisfechas en una vida espiritual rica y un apostolado fecundo. 
HUGO CÁCERES, Congregación de los Hermanos Cristianos, hcaceresguinet@gmail.com
ROMA (ITALIA).

ECLESALIA

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