Sunday, March 02, 2014

No a la idolatría del dinero por José Antonio Pagola


EL Dinero, convertido en ídolo absoluto, es para Jesús el mayor enemigo de ese mundo más digno, justo y solidario que quiere Dios. Hace ya veinte siglos que el Profeta de Galilea denunció de manera rotunda que el culto al Dinero será siempre el mayor obstáculo que encontrará la Humanidad para progresar hacia una convivencia más humana.
La lógica de Jesús es aplastante: “No podéis servir a Dios y al Dinero”. Dios no puede reinar en el mundo y ser Padre de todos, sin reclamar justicia para los que son excluidos de una vida digna. Por eso, no pueden trabajar por ese mundo más humano querido por Dios los que, dominados por el ansia de acumular riqueza, promueven una economía que excluye a los más débiles y los abandona en el hambre y la miseria.
Es sorprendente lo que está sucediendo con el Papa Francisco. Mientras los medios de comunicación y las redes sociales que circulan por internet nos informan, con toda clase de detalles, de los gestos más pequeños de su personalidad admirable, se oculta de modo vergonzoso su grito más urgente a toda la Humanidad: “No a una economía de la exclusión y la iniquidad. Esa economía mata”.
Sin embargo, Francisco no necesita largas argumentaciones ni profundos análisis para exponer su pensamiento. Sabe resumir su indignación en palabras claras y expresivas que podrían abrir el informativo de cualquier telediario, o ser titular de la prensa en cualquier país. Solo algunos ejemplos.
“No puede ser que no sea noticia que muera de frío un anciano en situación de la calle y que sí lo sea la caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es iniquidad”.
Vivimos “en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”. Como consecuencia, “mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz”.
“La cultura del bienestar nos anestesia, y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esa vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un espectáculo que de ninguna manera nos altera”.
Como ha dicho él mismo: “este mensaje no es marxismo sino Evangelio puro”. Un mensaje que tiene que tener eco permanente en nuestras comunidades cristianas. Lo contrario podría ser signo de lo que dice el Papa: “Nos estamos volviendo incapaces de compadecernos de los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás”.
José Antonio Pagola
2 de marzo de 2014
8 Tiempo ordinario (A)
Mateo 6, 24-34
Buenas Noticias
RD

Sin precedentes - 8º Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A



El miedo es una emoción intensa,
habitualmente desagradable,
provocada por la percepción de un peligro,
real o imaginario, presente, futuro o pasado

Aparece cuando...

Encuentros con la Palabra por Hermann Rodríguez S.J. “Cada día tiene bastante con sus propios problemas”


Cuentan la historia de un hombre vivía en la orilla de un camino y vendía perros calientes. No tenía radio, ni televisión, ni leía los periódicos, pero hacía y vendía buenos perros calientes. Solo se preocupaba por la divulgación de su negocio y colocaba cartelones de propaganda por el camino; ofrecía su producto en voz alta y el pueblo le compraba. Las ventas fueron aumentando y, cada vez más; compraba el mejor pan y las mejores salchichas. También fue necesario comprar un carrito más grande para atender a la creciente clientela y el negocio prosperaba. Sus perros calientes eran los mejores de la región. Venciendo su situación económica pudo pagar una buena educación a su hijo, quien fue creciendo y fue a estudiar economía en la mejor Universidad del país.
Finalmente, su hijo ya graduado con honores, volvió a casa y notó que el papá continuaba con la misma vida de siempre y tuvo una seria conversación con el: “–Papá, ¿usted no escucha la radio? ¿Usted no ve la televisión? ¿Usted no lee los periódicos? Hay una gran crisis en el mundo y la situación de nuestro país es crítica. El que no se mueva, va a quebrar". Después de escuchar las consideraciones de su hijo estudiado, el padre pensó: “–Si mi hijo es economista, lee periódicos, ve televisión, entonces solo puede tener la razón...”. Con miedo de la crisis, el viejo buscó el pan más barato (más malo) y comenzó a comprar las salchichas más baratas (las peores); y para economizar dejó de hacer sus cartelones de propaganda. Abatido por la noticia de la crisis ya no ofrecía su producto en voz alta. Tomadas todas esas precauciones, las ventas comenzaron a caer y fueron cayendo y cayendo y llegaron a niveles insoportables, hasta que el negocio de perros calientes del viejo que antes generaba recursos hasta para que el hijo estudiara economía, quebró. Entonces el padre, muy triste, se dirigió a su hijo con estas palabras: "–Hijo, tenías razón, estamos en medio de una gran crisis" y le comentó orgullosamente a sus amigos: "Bendita la hora en que envié a mi hijo a estudiar economía; el me avisó de la crisis... Si no hubiera sido por él, quién sabe qué hubiera pasado”.
Hay gente que vive pre-ocupada por las cosas que tiene que resolver en el futuro… Por eso se llama pre-ocupación… Viven ocupados en lo que no ha pasado y descuidan lo que tienen delante de sus narices. A estas personas el Señor les dice hoy: “No se preocupen por lo que han de comer o beber para vivir, ni por la ropa que necesitan para el cuerpo. ¿No vale la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Miren las aves que vuelan por el aire: no siembran ni cosechan ni guardan la cosecha en graneros; sin embargo, el padre de ustedes que está en el cielo les da de comer. ¡Y ustedes valen más que las aves! En todo caso, por mucho que uno se preocupe, ¿cómo podrá prolongar su vida ni siquiera una hora?” Hay que vivir el presente y no vivir ocupados en lo que no ha llegado todavía.
Pero, desde luego, la propuesta de Jesús no es solamente no vivir por adelantado los problemas de mañana, sino en hacer lo que tenemos que hacer en el momento presente: “Por lo tanto, pongan toda su atención en el reino de los cielos y en hacer lo que es justo ante Dios, y recibirán también todas estas cosas. No se preocupen por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problemas”. Que Dios nos conceda la gracia de cumplir con las obligaciones que tenemos hoy y saber esperar en el Señor que nos dará lo necesario para mañana, de manera que no acabemos con el buen negocio que tenemos de venta de perros calientes, por miedo a la crisis que va a quebrar a todo el mundo…
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Encuentros con la Palabra
RD

Homilía Dominical por Lorenzo Amigo, marianista. O Dios o el Dinero



Desde el momento de su elección, el papa Francisco expresó su deseo de una Iglesia de los pobres y para los pobres. Algunos de los líderes de los países en desarrollo expresaron inmediatamente sus esperanzas de que el papa fuera una voz ante los poderosos de este mundo. Y lo ha sido en su reciente exhortación La alegría del evangelio. En ella ha dicho “no”, de manera rotunda, cuatro veces: “No a una economía de la exclusión”, “no a la nueva idolatría del dinero”, “no a un dinero que gobierna en lugar de servir, “no a la inequidad que genera violencia”.
El dinero se ha ido enseñoreando de la vida de las personas. Sin él no se puede hacer nada. También en tiempo de Jesús era necesario el dinero para poder vivir. Jesús se dio cuenta de cómo el dinero podía convertirse en un ídolo al que uno sacrifica todo lo demás. Por eso nos pone ante la alternativa: o Dios o el Dinero (Mt 6,24-34). Está claro que nadie ni nada debe ocupar el puesto de Dios y su señorío sobre  el hombre.
Aparentemente todo se vende y todo se puede comprar con dinero. Jesús, sin embargo, atrae nuestra atención hacia realidades tan evidentes que corren el riesgo de pasar desapercibidas, para que descubramos una lógica distinta.  Jesús nos invita a aprender de la naturaleza. Contemplándola, podemos descubrir el cuidado amorosoque Dios tiene de todas sus criaturas, hasta de las que parecen más insignificantes. Todas las criaturas están en las manos de Dios, y están en buenas manos. También nosotros. Con todo nuestro dinero no podemos garantizar nuestra vida. Tenemos que ponernos confiadamente en las manos de Dios y dejar que Él realice su obra en nosotros y con nosotros.
Jesús no invita a la pereza y a estar cruzado de brazos sino que nos anima a hacer nuestras tareas, pero sin agobios.  Hay sin duda que planificar en lo posible el futuro, pero ante todo hay que vivir en el hoy de Dios. También el mañana será en su momento este hoy. De esa manera centramos nuestras energías en lo que tenemos que hacer cada momento. Es lo que vemos en Jesús. Vive en el presente, intentando descubrir las llamadas del Reino en cada momento de su existencia. Responder a los desafíos presentes en cada momento es la mejor manera de abrirse al futuro de Dios.
Dios es una madre que se ocupa de sus hijos (Is 49,14-15). A veces podemos tener la impresión de que el mundo está dejado de la mano de Dios, pero sabemos que no es así. Simplemente Dios nos deja suficiente espacio para que nosotros podamos hacer nuestro juego y colaborar con su obra creadora. Él nos ha confiado esta tarea y ha hecho de nosotros sus administradores (1 Cor 4,1-5). Los Padres de la Iglesia insistían en que no somos los dueños de las cosas y del dinero sino simplemente los administradores  al servicio de los pobres. Es una gran responsabilidad la que nos ha sido confiada. 
El peligro hoy día es que las cosas se apoderen de nuestro corazón y no nos dejen ya ni espacio ni tiempo para ocuparnos de las personas. La verdadera riqueza es la de la amistad. Las técnicas actuales nos permiten aumentar el círculo de nuestras amistades y mantener nuestros contactos con ellas. Pero las relaciones virtuales no pueden suplir el contacto cálido de un abrazo y un apretón de manos. En cada eucaristía Jesús viene a nuestro encuentro de manera real. Que Él nos ayude a poner nuestra confianza en Dios y  no en nuestro dinero.
Lorenzo Amigo, Marianista

Meditación desde Buenafuente para el Domingo 8º del Tiempo Ordinario por Ángel Moreno



La ternura de Dios

“-¿Es qué puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré” (Is 19, 15).
“Descansa sólo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza” (Sal 61)
“Mi juez es el Señor” (1Cor 4, 4). 
“No estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?” (Mt 6, 25-26)
Recepción de la Palabra
En el texto evangélico se repite una expresión que contiene el mensaje principal de las lecturas que hoy nos propone la Liturgia: “No os agobiéis”. En otras traducciones se lee: “No andéis preocupados” o “No os inquietéis”, “No os afanéis, ni por el vestido, ni por la comida, ni por la vida.
Es muy fácil apelar a la Palabra de Dios para ofrecer un discurso providencialista, y quedar así excusados de la solidaridad. Es verdad que Dios nunca nos deja de amar. Y como prueba de esta verdad, el profeta pone el ejemplo de la madre gestante. Y aunque por un casual la madre se olvidara del hijo de sus entrañas, Él nunca se olvida de su criatura.
Es verdad que la Palabra afirma que para Dios valemos más que los pájaros, que la hierba y que los lirios, y que es mejor fiarse del Señor que de los jefes de este mundo; de ahí la expresión paulina: “El Señor es mi juez”, que sin duda es el mejor.
Sin embargo, en otro lugar de las Escrituras se puede leer que es incoherente con el mensaje revelado desear la bendición de Dios al hambriento y no darle de comer. Por el contrario, será bendecido aquel que parte su pan con el necesitado, viste al que está desnudo, y no se cierra a su propia carne.
La Providencia divina nos ha dejado la posibilidad de colaborar entrañablemente con su prodigalidad, de tal manera que seamos nosotros mismos las manos magnánimas que alarga Dios.
Es verdad que algunos, fiándose de Dios, lo han dejado todo y son testigos de la verdad del Evangelio, porque sienten cómo acontece cada día el regalo generoso de los que se convierten históricamente en mediadores de la Providencia. 

Tengo para mí que debo fiarme de la Providencia, a la vez que debo ser generoso con los demás. Yo puedo elegir para mí el camino de las Bienaventuranzas, pero para los demás debo elegir el camino de las obras de misericordia.
Ciudad Redonda

Comentario al Evangelio por José María Vegas, cmf. El afán de cada día


El afán de cada día

El evangelio bien entendido no es un ideal (religioso, moral, filosófico) alejado de las preocupaciones más menudas de la vida cotidiana. No nos ofrece sólo una “cosmovisión” de sentido, o como dicen algunos, que gustan de palabras solemnes, un “horizonte transcendental”, que en poco o en nada toca los asuntos más pedestres que nos ocupan cada día. Decimos, el evangelio “bien entendido”, pero para entender bien el evangelio hay que estar a la escucha, prestar oídos, acudir al magisterio del maestro del Evangelio, Jesús de Nazaret.
Jesús nos habla hoy de la sabiduría de la vida. En el marco del ideal representado por las bienaventuranzas, y sobre el fondo de la reinterpretación de los mandamientos (los grandes temas de la vida humana), Jesús toca hoy temas cercanos, los que nos preocupan cotidianamente y los que nos ocupan de manera habitual, como el alimento y el vestido.
Lo que nos dice Jesús a este respecto puede producirnos, de entrada, una cierta desazón. Porque lo primero que entendemos de sus palabras es que no debemos preocuparnos de estas necesidades que, por un lado, son elementales pero que, además, no están garantizadas. ¿Cómo no preocuparnos de ellas? ¿Nos exhorta realmente Jesús a despreocuparnos de estas cosas tan necesarias para la vida? Si atendemos al contexto de las palabras y, sobre todo, de las acciones de Jesús, no es posible concluir tal cosa. Él mismo se ocupa de alimentar a los hambrientos, de los que siente lástima (cf. Mt 14, 13-21; 15, 32). No dice “yo ya he alimentado su espíritu, para el alimento del cuerpo, que se busquen ellos la vida”, como parecen sugerirle los discípulos, cuando le instaban a que los despidiera para se fueran a buscar comida; al contrario, les dice a sus discípulos: “dadles vosotros de comer”. Cuando, en un gran despliegue de imaginación, nos presenta el grandioso cuadro del juicio final (cf. Mt 25, 31-46), nos recuerda que el objeto de ese juicio será el haber atendido a aquellos que padecen necesidad precisamente en estas cosas más elementales: bebida, comida, vestido, alojamiento, enfermedad. ¿En qué quedamos entonces? ¿Hay que preocuparse de estas cosas o no, como parece aconsejarnos hoy?
Estas necesidades son primarias, básicas, pero no pueden ser las únicas, ni siquiera las más importantes. Sin embargo, su carácter primario las convierte en las más urgentes: si no les prestamos atención, todas las demás, incluso las más sublimes, quedan también en el aire. Ahora bien, esta misma urgencia puede producir en nosotros una preocupación obsesiva que las eleva al rango de bien supremo al que debe supeditarse todo, y que nos ciega para otros bienes de hecho más elevados.
Jesús nos da una sencilla indicación que resuelve este posible conflicto sin menoscabo de ninguno de sus extremos: la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. Es decir, nos alimentamos para vivir, pero no debemos vivir sólo para alimentarnos. Y del mismo modo que el alimento ha de estar al servicio de la vida, y no al revés, así debe el vestido servir al cuerpo y no, por el contrario, hacer del cuerpo la mera percha del vestido, de las apariencias externas. Estas últimas tienen también su importancia, su valor, pero es un valor subordinado al cuerpo, que no debe convertirse en un esclavo del vestido, de la figura, la moda, el aparentar, etc. Así pues, hemos de preocuparnos de esas necesidades en su justa medida, pero  no deben ocupar nuestro corazón hasta el punto de esclavizarlo, convirtiéndolas en “el señor” que manda en nuestra vida y cegándonos para lo más importante. 
Y, ¿qué es lo más importante? Las palabras de Jesús nos lo dicen con bastante claridad. Si la vida y el cuerpo importan más que el alimento y el vestido, que están al servicio de aquellos, significa que nosotros mismos somos más importantes y valiosos que los medios que nos procuran sustento y calor. Nosotros, cuerpo y alma, tenemos que ser dueños de nuestras necesidades y no esclavos de las mismas. Esta importancia que descubrimos en nosotros mismos, no es una llamada ni al orgullo ni al egoísmo; al contrario, somos egoístas cuando nos hacemos esclavos de las necesidades materiales; mientras que, cuando las atendemos pero dominándolas y sometiéndolas a nuestra dignidad personal, somos capaces de descubrir que esa importancia y valor que descubrimos en nosotros mismos es la que adorna también a los demás, depositarios de idéntica dignidad humana. Y, así, somos capaces de abrirnos a sus necesidades, las de los que pasan hambre y sed, los que están desnudos, enfermos o solos. Es en esta clave en la que hay que leer la recomendación de Jesús de “buscar sobre todo el Reino de Dios y su justicia”; no dice que lo busquemos de manera exclusiva, sino sobre todo,sin renunciar a las preocupaciones cotidianas (esto es una exigencia de elemental responsabilidad); “sobre todo” alude a una jerarquía de nuestras búsquedas y preocupaciones. Y es que el Reino de Dios incluye “su justicia”; y la justicia es un concepto que abarca necesariamente los bienes materiales, que, de hecho, Jesús parece asegurarnos si atendemossobre todo a las exigencias superiores del Reino de Dios y su justicia: en tal caso, todo lo demás se nos da por añadidura.
Buscar ante todo el Reino de Dios significa elevar nuestra mirada a “los bienes de allá arriba” (cf. Col 3, 1-4), y descubrir que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rm 14, 17). Cuando hacemos así, aprendemos no a despreciar, sino a apreciar en su justa medida los “bienes de acá abajo”. Y esa justa medida (la de la justicia del Reino de Dios) nos los descubre no sólo como fruto de esfuerzo y conquista, sino también como dones que recibimos agradecidos. Los bienes de la tierra que remedian nuestra hambre y cubren nuestra desnudez son, como dice la oración del ofertorio, “fruto de la tierra y del trabajo del hombre”, que recibimos de la generosidad del Señor, Dios del universo, y a los que también contribuimos responsablemente. Descubrimos que hay una providencia divina que se preocupa de sus criaturas, que alimenta a los pájaros y viste con esplendor a los lirios del campo; y que se preocupa mucho más de las criaturas que más valen ante sus ojos. El Padre celestial no desconoce ni desatiende nuestras necesidades; al contrario, como una madre por el hijo de sus entrañas, y más que ella, así se acuerda de nosotros.
Pero, podemos preguntarnos de nuevo, ¿en qué se revela esa preocupación, cuando es un hecho que tantos hombres y mujeres del mundo padecen necesidad? Esa preocupación se revela en Jesucristo que nos comunica la sabiduría de la vida, la que nos permite satisfacer nuestras necesidades y las de los demás. Si la búsqueda obsesiva de bienes materiales (dinero, comida, vestido…) se enseñorea de nosotros y nos esclaviza, esto nos aleja también de los demás, pues cuando esos bienes necesarios se convierten en los únicos o los más altos, se produce inmediatamente un ansia insaciable, nunca estamos satisfechos, todo nos parece poco, y los otros se convierten en objeto de comparación y envidia, surge la rivalidad y la competencia, pues lo que tiene otro no puedo tenerlo yo. Pero si, a diferencia de “los gentiles”, siervos de Mammón, el dios dinero, nos hacemos servidores del Dios autor de los bienes del cielo y de la tierra, entonces nos convertimos en dueños de nosotros mismos, capaces de apreciar con agradecimiento y alegría lo que tenemos, aunque sea poco, lo que cubre nuestras necesidades básicas; y al hacernos servidores de Dios y dueños de nosotros mismos, como ya hemos dicho, nos convertimos también en servidores libres de los que padecen necesidad. Los bienes materiales adquieren una importancia y un valor nuevos: no sólo no son objeto de codicia, competencia y conflicto, sino ocasión para ayudar, compartir y encontrarse con los otros. Esta es la justicia del Reino de Dios.

El evangelio de Jesús, como vemos, nos concede una verdadera sabiduría para la vida cotidiana, un criterio para juzgar y apreciar todos los bienes, nos da un auténtico “orden del corazón” (un ordo amoris, como decía San Agustín) que nos hace libres (señores) y, además, nos enseña a disfrutar de la vida, del cada día que ella nos regala, es verdad que con sus agobios y afanes, pero que, en virtud de la confiada apertura a la providencia del Padre (y Madre, nos recuerda Isaías), no nos ahogan, pues se limitan a ser el afán de cada día. Es decir, Jesús nos enseña a dosificar las necesidades y también los afanes, sin por ello renunciar a los grandes ideales que deben llenar nuestro corazón (el Reino de Dios y su justicia). Y es que si somos servidores de Dios y de los hermanos (administradores de los misterios de Dios, nos recuerda Pablo), el día a día de nuestra vida es el banco de pruebas de nuestra fidelidad: el lugar en el que, en el trato con los asuntos (agobios y afanes) cotidianos, vamos encarnando el Reino de Dios, el ideal evangélico.
Ciudad Redonda

Comentario al Evangelio por JAVIER LEOZ. MIRANDO AL CIELO... PERO SIN PASARSE



MIRANDO AL CIELO... PERO SIN PASARSE

Por Javier Leoz

Con este octavo domingo, del tiempo ordinario, daremos paso –el próximo miércoles de ceniza- a unas semanas que nos prepararán a la Santa Pascua. Un periodo, la cuaresma, que nos vendrá bien –siempre viene bien- para alejarnos de los agobios, para hacernos fuertes ante los problemas y sobre todo para ir con Jesús hacia esos días en los que celebraremos los Misterios más grandes de nuestra fe. ¿Estamos dispuestos?

1. Nos encontramos en un momento histórico traspasado por muchos y variados contrastes. Y, además, con contrastes en todos los sentidos: vida y muerte, pobreza y riqueza, alegría y tristeza, salud y enfermedad, bienestar y precariedad. Y por qué no decirlo: mientras que en algunas personas se ha cebado la crisis espiritual (tal vez por una fe poco cimentada o formada) asistimos a un fenómeno nuevo: el interés por lo religioso. Aunque sea leve…pero la fe, y hasta la misma Iglesia, no deja indiferentes a muchas personas. La coyuntura de la crisis económica ha incentivado las entrañas de muchas personas a una apertura o preguntas por lo divino. La sociedad, que nos ha empujado a vivir por encima de nuestras posibilidades, ha dado mil razones a otras personas a mostrarse reticente, y hasta pesimista, sobre el futuro que nos aguarda.

 ¿Un mundo sin Dios? ¿Una sociedad sin valores eternos? Un mundo sin Dios no será un mundo de recorrido corto.


2. Ser cristianos no es vivir con caras tristes y menos, recuperando la lectura evangélica de este día, agobiados por lo que nos atenaza. Tampoco, por supuesto, asentarnos en un necio optimismo sino en un sensato realismo: sabemos cómo estamos y sabemos hacia dónde no queremos ir. Por ello mismo ante un pensamiento único, ante los dictados que nos impone un mundo que presume de tolerancia pero que margina al que no dice lo que él dice o lo que él piensa, los cristianos, tendremos que recuperar esa faceta de ser diferentes, de nadar contracorriente e incluso, por qué no, de resultar incómodos en aquellas situaciones donde se vende gato por liebre.

 El hecho de que creamos firmemente de que Dios dirige todos los hilos de nuestra existencia no nos exime de denunciar e incomodarnos cuando, el diosecillo de turno, quiere quedarse con toda madeja para manejar a su antojo el presente y el futuro de nuestra vida social, económica, cultural o religiosa. Que somos importantes, mucho más, que las flores y los pájaros, es cierto. Pero también es cierto que, las aves, ante el peligro saben lanzarse al alto universo y las flores no dejan de desplegar su aroma característico. Siente bien o siente mal.

--Error, de órdago a lo grande, sería leer el evangelio de este día y dejar que sea Dios quien siembre, riegue y coseche.

--Peligroso para el futuro de nuestra fe sería igualmente confiar tanto en la fuerza de lo alto que, ello, nos llevase a plegarnos de brazos.

--¿Confianza en Dios? ¡A ciegas! ¿Absentismo apostólico? ¡Ni por asomo! En el camino intermedio está la solución: confiar en Dios significa colocar en sus manos nuestros afanes, nuestras vidas, ideas, proyectos e ilusiones. Eso sí….no como espectadores y sí como asalariados de algo que merece la pena: el Reino de Dios.


3.- AYÚDAME, SEÑOR

A ocuparme, razonablemente
 en aquello que sea para tu  gloria
 para el beneficio de los  míos y de mí mismo
 A disfrutar el presente, sin  estar tan pendiente
 de lo que pueda ocurrir  mañana.
 A, mirar hacia el futuro,
 aportando las semillas que  siembro hoy en el camino.

AYÚDAME,  SEÑOR
 A sentir tu mirada en  aquello que veo
 A palpar tus manos en mis  pequeñas obras de cada día
 A escuchar tu Palabra en las  mías,
 pobres, torpes y  atropelladas

AYÚDAME,  SEÑOR
 A vivir comprometido pero  sin ansiedad
 A caminar ligero, pero sin  prisas
 A trabajar con empeño, pero  sin nervios
 A soñar con un futuro mejor
 sin olvidar que puedo  superar el presente

AYÚDAME,  SEÑOR
 A confiar en tu mano  providente
 A no tener miedo al mañana  que me aguarda
 Contigo, Señor, me basta.
 Amén


Betania

Comentario al Evangelio de hoy por JOSÉ MARÍA MARURI S.J. LOS LIRIOS DEL CAMPO



1.- Desde la madrugada… los trenes de cercanías de bote en bote. Los autobuses y Metros tempraneros rebosando gente. Todas las entradas de Madrid colapsadas por autobuses y coches. En medio de esa barahúnda de personas que cada día salen a su trabajo a ganar el pan con el sudor de su frente este evangelio de hoy nos suena al menos a poesía lírica dándose de cachetes con l prosa de la vida.

¿Quiere decir Jesús que deberíamos cruzarnos de brazos y que Dios nos traería los zapatos del niño y la cesta de la compra del mercado? A Dios rogando y con el mazo dando, ¿no?... Y hay otro dicho que, tal vez, sea italiano que dice: “Dios provee de alimento a los pájaros, pero no les reparte el alimento a domicilio”. También los pajarillos salen a buscar comida y en invierno lo pasan mal.


2.- No es la inactividad lo que el Señor nos aconseja. Él no busca agobiarnos. Lo hemos oído tres veces: “no os agobiéis”. Si después de hacer todo lo posible, aun el día de hoy o el futuro no nos preocupan. En ese momento, demos paso a la Providencia de Dios. No nos empeñemos nosotros en ser nuestra propia providencia, dejemos a Dios hacer algo.

Y sobre todo que no queramos asegurar tanto nuestro futuro (que no sabemos si no lo tenemos) que vivamos más para las cuentas corrientes que para Dios. Que queramos estar seguros que ya no necesitamos a Dios.

Y mucho menos quiere el Señor, que Dios quede relegado a ser un ornamento de nuestra riqueza, un cuadro artístico en el mejor salón de nuestra casa, un amuleto protector de nuestras cuentas corrientes, de los bonos del Estado, de las joyas o de las obras de arte.


3.- ¿Sabéis quién nos podría si este evangelio es pura poesía o refleja una realidad? Pues los que no teorizan sobre la divina providencia. Los que a fuerza de palparla y verla ya no creen en la Providencia, por eso porque la palpan. Los que ya no interpretan sus intervenciones como milagros o favores, sino como la cosa más natural del mundo, como es el salir del sol cada mañana.

Esas instituciones como el Cottolengo, como la del Sagrado Corazón de Bilbao, como las monjas de la Madre Teresa, como las Hijas de la Caridad… 
Algunas de ellas están obligadas a dar todo lo que las sobre, no pueden tener capital que asegure su subsistencia, algunas tienen prohibido pedir, porque les parece ofender a Dios, Padre Providente…

Y cuentan y no acaban, como el día que a la hora de comer en lugar de reunirlos a todos en el comedor hubo que llevarlos a la capilla porque no había que comer… y un timbrazo las sacó de allí y una furgoneta estaba fuera, llena de comida de un restaurant. O el niño que quiso un plátano, y no lo había y le dijeron se lo pidiera al Niño Dios, y llegaron tantos plátanos como niños había, ni uno menos, ni uno más.

Todo historietas piadosas que nosotros oímos con benevolente sonrisa, porque eso de milagritos… Lo malo es que ellas tampoco lo llaman milagros, porque tan milagro es que Dios haga llover o salir el sol, que haga llegar una furgoneta a tiempo. Para estas personas que se han jugado todo a una carta, la de Dios, este evangelio no es poesía es sencilla realidad.


3.- Sabéis quienes hemos convertido este evangelio en pura poesía: los que hemos olvidado que cada uno de nosotros somos las manos visibles de Dios en este mundo. Lo que nuestras manos hacen por los demás Dios lo hace.
Somos nosotros los que damos de comer al pajarillo o nos maravillamos ante el lirio del campo, cuando volvemos la espalda al que nos necesita un pajarillo querido de Dios muere en su nido. Cuando nuestra mano se cierra ante la mano extendida con súplica un lirio del campo se agosta y pierde su hermosura.

Porque tú y yo somos las manos visibles de Dios que debió alimentar al pajarillo y vestir al lirio.

Betania

LECTURAS PARA EL DÍA DE HOY



VIII DOMINGO ORDINARIO.

PRIMERA LECTURA
Isaías: 49, 14-15
Yo nunca me olvidaré de ti.Es brevísimo el texto del Profeta Isaías que vamos a escuchar a continuación. Contiene poco más de un par de líneas del capítulo 49 de su libro. Pero son más que suficientes. Nos dice que Dios no nos olvidará nunca y concuerdan, dentro del lenguaje del amor, con el Evangelio de hoy.
"Sión había dicho: 'El Señor me ha abandonado, el Señor me tiene en el olvido'. ¿Puede acaso una madre olvidarse de su creatura hasta dejar de enternecerse por el hijo de sus entrañas? Aunque hubiera una madre que se olvidara, yo nunca me olvidaré de ti", dice el Señor todopoderoso. 
Palabra de Dios

SALMO
Del salmo 61El Salmo 61 nos muestra como el salmista ha construido una plegaria de uso personal. Y expresa que Dios es la esperanza del pobre, aunque el mundo lo desprecie y lo humille. Descubre, además, que la zozobra y la angustia serán fácilmente vencidas por aquel que en Dios confía. La llegada del Dios Salvador marcará el inicio de nuestra felicidad.
R/. Sólo en Dios he puesto mi confianza.
Sólo en Dios he puesto mi confianza,
porque de Él vendrá el bien que espero.
Él es mi refugio y mi defensa,
ya nada me inquietará. R/.
Sólo Dios es mi esperanza,
mi confianza es el Señor:
es mi baluarte y firmeza,
es mi Dios y salvador. R/.
De Dios viene mi salvación y mi gloria;
Él es mi roca firme y mi refugio.
Confía siempre en El, pueblo mío,
y desahoga tu corazón en su presencia. R/.

SEGUNDA LECTURA
1 corintios: 4, 1-5
El Señor pondrá al descubierto las intenciones del corazón.Terminamos hoy los domingos en que hemos leído fragmentos de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios. El Apóstol nos dice algo fundamental: que nosotros, como él, hemos conocido la salvación única y total que nos ofrece el Señor Jesús. Y que hemos de transmitir ese conocimiento a los demás para entregarles una sabiduría salvadora que sólo pertenece a Nuestro Señor Jesucristo.
Hermanos: Procuren que todos nos consideren como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.
Ahora bien, lo que se busca en un administrador es que sea fiel. Por eso, lo que menos me preocupa es que me juzguen ustedes o un tribunal humano; pues ni siquiera yo me juzgo a mí mismo. Es cierto que mi conciencia no me reprocha nada, pero no por eso he sido declarado inocente. El Señor es quien habrá de juzgarme. Por lo tanto, no juzguen antes de tiempo; esperen a que venga el Señor. Entonces Él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas, pondrá al descubierto las intenciones del corazón y dará a cada uno la alabanza que merezca. 
Palabra de Dios

EVANGELIO
San Mateo: 6, 24-34
No se preocupen por el día de mañana.El fragmento del capítulo sexto del evangelista Mateo, que vamos a escuchar, es uno de los más bellos de toda la Escritura. Jesús de Nazaret nos enseña a poner toda nuestra confianza en Dios como hacen los lirios salvajes, o los pájaros del campo. Dios les da vestido y comida para subsistir. Nos da, pues, una receta infalible para destruir la angustia: solo pensar en el día de hoy porque, evidentemente, “cada día tiene su afán”.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no le hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.
Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?
¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?
No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas". 
Palabra del Señor

CARPE DIEM por Vicente Martínez



"Dirige tu mirada al interior y encontrarás mil regiones de ti mismo aún por descubrir. Recórrelas y serás experto en cosmografía doméstica" (Thoreau)
2 de marzo, domingo VIII de TO
Mt 6, 24-34
-"Fijaos en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni recogen en graneros y, sin embargo, vuestro Padre del cielo las alimenta".-"Así pues, no os preocupéis del mañana, que el mañana se preocupará de sí. A cada día le basta su problema".
Lo escribió el poeta romano Horacio (Odas, I, 11) cuando se percató de que la vida es breve y fugitiva, y que no debía en consecuencia malgastarla: "Carpe diem, "aprovecha el momento". Fue leyenda y memoria con Tempus fugit en las esferas de los relojes. El griego Seikilos los cantó en un breve poema acerca de la fugacidad de la vida, dedicado a su esposa Euterpe: "Mientras vivas alégrate,/ que nada te perturbe,/ la vida es demasiado corta,/ y el tiempo pasa la factura".
Las horas se desmoronan como castillos de naipes en nuestros relojes y los días huyen de los calendarios, aceleradas por el estruendo de nuestras prisas. Diderot lo pensaba en términos solidarios de fraternité revolucionaria: El hombre más feliz es aquel que hace la felicidad de una mayor cantidad de gente".
Viktor Sklovski, formalista ruso, describió en Cine y Lenguaje el riesgo de una sociedad ensimismada diseñando una historia cerrada y mezquina: "Volamos a través del mundo como los personajes de Julio Verne 'a través del espacio cósmico en el vientre de un rayo'. Mas nuestro rayo no tiene ventanas".
Pero el aquí y ahora horaciano no es solo un limbo terrestre donde se sueña la realidad, sino donde se la vive. Vivir el momento presente a tope, conscientes de la resposabilidad personal que en él está implicada. Sin esperarlo todo de una divina Providencia que puede llevarnos a la manipulación camuflada de la confianza. El "Dios proveerá", "lo que Dios quiera", puede convertirse en la sonada desvergüenza de Pilatos lavándonos las manos de todos los problemas.
Esta invitación a confiar del Texto Bíblico, no nos excusa de la obligación de estar diariamente en el tajo del sembrar, cosechar y recoger en graneros. El agosto que el Padre quiere ver en su Reino, demanda algo más que el "buscad"; la añadidura es responsabilidad nuestra. Sin ella, ni las aves del campo se alimentarán, ni los lirios silvestres se podrán vestir con más fasto que Salomón.
"Pero si las religiones se creen demasiado importantes y se colocan entre Dios y el hombre, obscurecen el transfondo divino y producen un eclipse de Dios" (W. Jäger, Sabiduría Eterna). Fraguadas en materiales sólidos, dogmáticos, fundamentalistas, son como geodas que hay que romper –transcender- para disfrutar de la verdad y la belleza que contienen en su interior.
No es el Carpe diem del brindis de Alfredo y Violeta en La Traviata. Ni el de los dos monjes mendicantes Misaíl y Varlaam, de Borís Godunov, que beben y entonan una chispeante canción porque"todo da igual mientras haya vino"El "Aquí y Ahora" de la mística budista y la cristiana tiene carácter de eternidad. Es el momento en el que quien lo vive se siente inundado del Yo no te olvidaré de Isaías 49, 15, y acogido por el "sólo en Dios está el descanso, alma mía" del Salmo 61, 1.
Jesús utiliza unas poéticas imágenes de la naturaleza –Dios es poesía y realidad al mismo tiempo- para que no nos sintamos agobiados por las cosas materiales: las aves del campo, los lirios silvestres. No agobiados, pero sí apremiados por el despertar espiritual que, para Hans Küng "no es ya una opción sino una necesidad, si queremos que la humanidad y el planeta sobrevivan".
Un encuentro –o reencuentro- como sugiere el Papa en la Evangelii Gaudium, en el que somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad, que nos lleva más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero, y que es manantial de la acción evangelizadora. El hombre es consciente de que dispone de una vida que ha de vivir con plenitud y felicidad compartidas.


CUEVA DE NOCHE
Míralo. Aquí besándote, lo digo.
Míralo. En esta cueva oscura, mira, mira
mi beso, mi oscuridad final que cubre en noche
definitiva
tu luminosa aurora
que en negro
rompe, y como sol dentro de mí me anuncia
otra verdad. Que tú, profunda, ignoras.
Desde tu ser mi claridad me llega toda
de ti, mi aurora funeral que en noche se abre.
Tú, mi nocturnidad que, luz, me ciegas
Vicente Aleixandre

Vicente Martínez
Fe Adulta

Jesús y los lirios del campo


No hay belleza mayor que la de un plantón de lirios salvajes. No se dan mucho pero cuando aparecen trascienden en color, olor, imagen… Es una gran obra de Dios. La belleza de la creación nos aproxima grandemente a Dios. Y Jesús de Nazaret lo enseña o muestra con amor y maestría. Y mientras Dios nos ofrece amor y belleza, parece que el género humano siembra, más que nada, desamor, odio y fealdad. No es una visión pesimista. Es bastante real por eso hemos de pensar más en los lirios del campo que, por ejemplo, en el dinero…

Betania

Saturday, March 01, 2014

DECLARACIÓN PÚBLICA DE DENUNCIANTES DEL SACERDOTE JESUITA EUGENIO VALENZUELA: Cuando se trata de abusos sexuales es necesario hablar con la verdad


“Ante el comunicado que la Compañía de Jesús hiciera el 24 de Enero de 2014 donde informa a la opinión pública sobre denuncias efectuadas contra el sacerdote jesuita Eugenio Valenzuela, queremos hacer algunas precisiones, pues somos nosotros algunos de los que han acusado al sacerdote Valenzuela por abuso sexual.

Lo que nos mueve a escribir estas palabras es la indignación por lo que hemos vivido y porque tenemos la convicción de que sólo compartiendo nuestras experiencias, podremos colaborar en algo a que estas situaciones no se repitan más. Esperamos con esto aportar a la discusión sobre los abusos, su prevención y reparación de los que ya han sido víctima.

Algunos de los denunciantes conocimos a Valenzuela cuando, en plena adolescencia y con 17 años, estábamos en un momento de mucha vulnerabilidad y otros pensábamos seriamente la posibilidad de ser sacerdotes: nuestras circunstancias personales nos expusieron completamente. Al comienzo los abusos, para algunos, fueron situaciones incómodas y ambiguas que nos desconcertaron, abrazos largos sintiendo todo el cuerpo y sus genitales, sentarnos en su falda, caricias. Para otros las demostraciones sexuales fueron casi inmediatas, largos besos en la boca –en ocasiones después de una confesión-, tocaciones sobre o bajo la ropa y acostados en la cama.

Todo lo anterior  junto a la dependencia que generaba su excesiva presencia en nuestras vidas son cosas que no pudimos detener ni aquilatar adecuadamente en ese momento. Sólo con el correr del tiempo y al conocer el testimonio de otras personas que sufrieron abusos, pudimos reconocer con claridad lo que habíamos vivido y develar el engaño que se había consolidado en nosotros. Hoy, al mirar nuestra historia, no podemos sino desear que no existan otros que sean transgredidos en sus límites físicos, sexuales y psicológicos traicionando la confianza depositada en quien se supone te ofrece apoyo y ayuda.

Si bien la declaración pública que hizo la Compañía de Jesús es un primer paso en el reconocimiento de ciertos hechos, y que agradecemos, no basta con decir las cosas de manera genérica y abstracta. Cuando se trata de abusos sexuales es necesario hablar con la verdad, con todo lo dolorosa y vergonzosa que ésta pueda ser. Sólo así se puede aspirar a reparar lo que se ha roto: la dignidad, una parte de la historia propia, la confianza en los otros. Evitar hablar con la verdad es continuar con el silencio que sólo protege la máscara con que el abusador puede seguir ejerciendo su poder en otros.

Ha sido doloroso comprobar en el camino el poco tino y empatía de algunas personas frente a lo que significa un abuso, especialmente de algunos jesuitas. Ciertos hechos que denunciamos son considerados como normales, no le asignan la gravedad que merece y explican nuestra denuncia por otros motivos. Peor es cuando invitan a cambiar nuestra declaración o simplemente dan malos tratos gratuitos. Se ha echado de menos lo que es fundamental en estos casos: la preocupación central por las víctimas.

También es cierto que algunos hemos encontrado acogida para escuchar nuestros testimonios y que a partir de Octubre de 2013, cuando Eugenio Valenzuela dejó de ser Provincial de los jesuitas y se inició una nueva investigación previa, se actuó con celeridad y la mejor disposición. Pero habían pasado 2 años desde las primeras denuncias, tiempo en el que no se tomó ninguna acción sino que se le confirmó en su posición de Provincial. La conclusión de la última investigación fue que no había delito canónico sino sólo “conductas imprudentes”. No somos los primeros que han denunciado hechos similares frente a una institución donde a veces las respuestas se alinean más con la defensa corporativa -que poco aporta al reconocimiento de la verdad- que con la defensa de los ofendidos.

Tomar la decisión de denunciar tampoco ha sido sencillo, pero en este recorrido las casualidades nos han hecho encontrarnos unos denunciantes con otros y compartir lo que vivimos, permitiendo confirmar nuestras experiencias. De la misma forma esperamos que nuestras palabras animen a otros a colaborar al esclarecimiento de la verdad y, si han sido afectados, puedan con su testimonio recobrar parte de lo que les fue arrebatado.

Agradecemos a quienes nos han precedido en instalar estos temas en la discusión pública, facilitando reconocer nuestra propia experiencia (familiares de Patricio Vela y denunciantes del caso Karadima). Agradecemos igualmente a la Fundación para la Confianza el facilitarnos publicar esta declaración resguardando nuestra intimidad”.

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Ignacio Muñoz Concha
Jose M. Prieto del Rio
D.A.B.

Fundación para la confianza

Eduardo Robles Gil: “El padre Maciel era un modelo. Le creímos a él y no a las víctimas”


El nuevo director de los Legionarios de Cristo intenta dejar atrás los abusos de su fundador


Después de tres años bajo vigilancia del Vaticano, los Legionarios de Cristo acaban de recibir la autorización del papa Francisco para seguir adelante a pesar de los escándalos de abusos a menores, poligamia y drogadicción protagonizados por su fundador, el padre Marcial Maciel (1920-2008). Otro mexicano, el sacerdote Eduardo Robles Gil (1952), es el nuevo director general.
Pregunta. Tras quedar demostrada la doble vida de Maciel, ¿no restan más a la Iglesia, debido a su mala imagen, de lo que aportan?
Respuesta. Nunca nos lo hemos planteado así. Sí es verdad que hay personas de la Iglesia y personas de fuera que piensan que deberíamos desaparecer, pero a nuestro juicio no tiene sentido. Y el papa Benedicto XVI, cuando leyó los informes de los visitadores, dijo que somos una comunidad esencialmente sana que tiene que renovarse y mejorar. Pero es verdad que estábamos a punto de desaparecer, porque había voces que se planteaban esa pregunta en los términos en que usted la hace. Pero, por ejemplo, en México hay 50.000 alumnos que están en colegios de pago y 15.000 que no pagan cuyas familias siguen confiando en nosotros...
P. Me llama la atención que no hayan perdido la confianza.
R. Hay personas que ya no confían en nosotros. Sí las hay. Pero sobre todo hay personas que no nos conocen y que no optan por nosotros. Si antes tuvimos un prestigio muy grande, hoy tenemos un prestigio menor y eso sin duda afecta.
P. Entonces, insisto, ¿no hubiese sido mejor disolverse?
R. No, definitivamente no. ¿Para qué cambiar de nombre si no cambiamos nosotros? Yo sigo siendo el mismo. Si tienen confianza en mí como director del colegio, pues van a seguir en el colegio. La Legión seguimos siendo las mismas personas que tenemos que aprender a ver las cosas con humildad, reconociendo que nos hemos equivocado.
P. ¿No cree que han pecado de soberbia?
R. Sí. Pero piense que teníamos mucho prestigio. Había por tanto un cierto orgullo institucional de creer que estábamos haciendo bien las cosas. Ahora hemos aceptado las recomendaciones de la Iglesia. Antes hubiésemos dicho: bueno... Ahora hemos aceptado que la Iglesia nos supervise.
P. El papa Francisco hizo una clara diferenciación entre pecado y delito. Ustedes han reconocido los pecados de Maciel, ¿pero han cumplido como ciudadanos denunciando a algún legionario?
R. Sí. Hay que distinguir. Lo que haya hecho el padre Maciel en su vida son sus actos y son sus pecados. Pero hoy existe un compromiso en toda la Iglesia de que, ante un delito contra menores, tenemos la obligación de hacer una triple denuncia. Si algún legionario sabe de otro legionario tiene que denunciarlo al superior, y el superior ante las autoridades civiles y el Vaticano. Y también tiene que hablar con la persona acusada. Porque hay que tener en cuenta que ser acusado no quiere decir ser culpable. Hay pecados que son pecados simplemente y otras cosas que son delitos. Y todos los delitos con menores se deben denunciar.
P. ¿Y lo han hecho?
R. Lo hemos hecho.
P. ¿Y hay constancia de que lo hayan hecho?
R. Sí, claro que hay constancia, lo que pasa es que una cosa es denunciarlo y otra cosa publicarlo. En diciembre publicamos una carta en la que anunciamos que había habido denuncias contra 35 sacerdotes.
P. ¿Por qué tardaron tanto tiempo en admitir lo que estaba sucediendo?
R. Como dijo Benedicto XVI en su carta a los irlandeses: “Tardamos en creer”. Sí había noticias, pero no fueron creídas. La razón es que un sacerdote es normalmente una persona de prestigio y para nosotros el padre Maciel tenía mucho prestigio, era un modelo. También tenía prestigio en el Vaticano y mucho prestigio social y eclesiástico. Entonces, cuando salen las acusaciones y él dice que no eran ciertas le creímos a él y no creímos a los acusadores. Además, como el Vaticano no les había escuchado, optaron por una forma que en esa época no era bien vista en los círculos eclesiásticos que fue salir en la televisión, hacer una denuncia en el periódico. Y en ese momento esa forma escandalosa de hacer las cosas les restó credibilidad.
P. Pero pasaron muchos años.
R. Sí, muchos años. Hasta 2005 el fiscal especial de este tipo de casos no fue a México. Habló con las víctimas y, el 19 de mayo de 2006, se comunicó que el padre Maciel enfrentaba acusaciones gravísimas, que por motivo de su edad y de su enfermedad —ya tenía inicios de demencia senil— ya no iba a ser sometido a un juicio, pero que tenía que retirarse a una vida de penitencia. El Vaticano está convencido de la veracidad y ahí fue un verdadero balde de agua fría. Muchos empezamos a dudar, pero cuando vas en vuelo hay una inercia que no es fácil de frenar. Había quien decía abiertamente: el Vaticano se ha equivocado, qué mala onda. Hasta 2008 no empezamos a preguntar entre nosotros. Y entonces aparece algún legionario que dice, pues sí, yo soy víctima. Y sale otro legionario y dice yo soy víctima. Y alguna persona que siempre la hemos considerado amiga, que nunca ha salido en el periódico y nunca va a salir en el periódico, pero dice: es verdad. Entonces nos vemos en la obligación moral de comunicar a la congregación que todo lo que siempre habíamos negado es verdad.
P. ¿No hay cómplices todavía en la congregación?
R. Una cosa es encubrir y otra cosa es cubrir. Tú eres mi amigo y yo sé que hiciste algo malo y no te denuncio. Y otra cosa es que yo haga todo lo necesario para que nadie te cache [en mexicano, te descubra]. A mí me consta que ni el padre Álvaro, ni el padre Luis Garza ni el padre Evaristo Sada, que era el secretario general de la congregación, supieron nada hasta 2006. Tal vez algún secretario particular hubiera sabido algo. Pero no creo que nadie supiera todo. Y tal vez alguien pudo saber que tenía una hija, pero no lo dijo. O si sabían que tomaba muchos analgésicos y no solo analgésicos porque requerían de una receta médica [se drogaba con dolantina], pues no dijeron. El informe de los visitadores, que es de 2010, dice: “Los que supieron algo pensaron que no debían decirlo por el bien que se estaba haciendo”. De hecho, hoy, a posteriori, sabemos que eso no fue lo más correcto, pero también sabemos con mucha claridad que el haberlo sabido también ha hecho daño. Ha hecho daño a los Legionarios, y ha hecho escándalo en la Iglesia hasta el punto de que usted me ha preguntado si no es más el daño que hacemos que el bien que hacemos...
P. Pero de aquí se puede inferir que casi se arrepiente de que se haya sabido...
R. No, no me arrepiento. En la Iglesia ya estamos convencidos de que tenemos que denunciar. Pero tiene que tener en cuenta que algún amigo mío que antes era legionario ahora no lo es, o un súbdito que iba a ser un buen sacerdote ya no sigue el camino del sacerdocio. Eso me da pena. Hay cosas que hay que hacer pero tienen una repercusión indeseable.
P. Creo que esta mañana ha visto al Papa.
R. Sí.
P. ¿Le ha dicho algo?
R. Me ha dicho: “Yo te apoyo. Sigue adelante”.
El País