Sunday, June 29, 2008

Nadie Te Ama Como Yo - Martin Valverde

La homilía de Betania: ¿SOMOS TESTIGOS AUTÉNTICOS DE JESUCRISTO?

Por José María Martín OSA


1.- Mártires, testigos, de Jesucristo. En esta solemnidad de San Pedro y San Pablo celebramos que la Iglesia actual tiene su origen en los apóstoles y guarda una identidad de vida y doctrina con las primeras comunidades cristianas. Pedro y San Pablo son apóstoles y “arquitectos” de las primera Iglesia. La tradición sostiene que ambos sufrieron martirio en Roma en algún momento del siglo I. Ambos combatieron bien su combate, como expresa Pablo en la II Carta a Timoteo. Sufrieron múltiples persecuciones, de las que el Señor les libró. Al final los dos sufrieron el martirio en la persecución de Nerón tras el incendio de Roma. Fueron testigos fieles de Jesucristo, confesaron su fe derramando su sangre por el Maestro. La lectura del Evangelio se centra en la figura de San Pedro, el portavoz de los apóstoles. Mateo presenta la famosa “confesión de San Pedro” y la respuesta de Jesús a tal confesión de fe. El suceso se sitúa en Cesarea de Filipo, región pagana en el antiguo territorio de Palestina, como una previsión de que la misión de Pedro y los apóstoles no se quedará limitada a su propio país. Deben estar dispuestos a alcanzar las regiones paganas y seguir al Maestro donde quiera llevarles.



2.- Jesús espera una respuesta que defina lo que estamos dispuestos a dar por El. ¿Quién dice la gente que soy yo?” Jesús comienza con una pregunta impersonal. ¿Qué impresión tienen los otros de mí? ¿Cómo me ven? A esto responden los discípulos: “Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, Jeremías o uno de los profetas.” Lo evidente es que la gente percibe a Jesús como un hombre santo, en línea con los profetas. En este momento crítico de la historia de la salvación judía, le ven como portavoz de Dios. “Y vosotros ¿Quién decís que soy yo?” Jesús no deja a los apóstoles sólo en un nivel superficial. Quiere una relación más personal: decidme “¿quién pensáis vosotros que soy yo?” Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.” Así respondió Pedro a aquel examen, hablando por sí mismo y por los demás apóstoles. Es una profesión de fe de más alcance que la expresada por la gente. Jesús no es un mero profeta; es mucho más. Es el Mesías largamente esperado, el Ungido de Dios, realmente el Hijo mismo de Dios. Conociéndole y permaneciendo con él, Pedro y los apóstoles poseen la auténtica presencia de Dios, aquella “luz atractiva” imposible de despreciar y de renunciar. Esta misma pregunta nos la hace Jesús a cada uno de nosotros: ¿Y tú, quién dices que soy yo? En otras palabras te está preguntando ¿para ti, quién soy yo? Debes pensar antes de responder, no se trata de contestar con palabras bonitas aprendidas del catecismo, se trata de responder con la vida. ¿En tu comportamiento en el trabajo, en casa, en la vida pública, tienes presente lo que Jesús espera de ti?



3.- Me da la impresión de que no estamos del todo convertidos a Jesucristo. Es más fácil cumplir unos preceptos, que en el fondo no alteran nuestra vida, que “mojarse” de verdad y dejar que el Evangelio empape nuestra vida y cuestione incluso nuestras seguridades. Es más fácil responder de memoria, como un loro, que Jesucristo es el Hijo de Dios, que plantearse en serio nuestra fe cristiana. Raramente somos capaces de renunciar a nuestro dinero o a nuestro tiempo para compartirlo con los necesitados. Nos hemos fabricado una religión a nuestra manera, por miedo a comprometernos de verdad. Muchas personas se escandalizan y se alejan de Dios al contemplarnos. ¿Seremos capaces de ser de verdad testigos -mártires- de Jesucristo, como lo fueron Pedro y Pablo.



4.- Replanteamiento de nuestro seguimiento de Jesucristo. Pedro, la piedra sobre la que Jesucristo edifica su Iglesia, selló con su sangre la fidelidad al Maestro. “Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia…” En reconocimiento de la respuesta de Simón Pedro, le da Jesús un nombre nuevo. Darle un nombre nuevo significa una nueva vocación y misión de Pedro. Participa ahora de la misión misma de Cristo, es decir Pedro se convierte en trabajador-compañero de Jesús para la reconstrucción del nuevo Israel, la nueva casa y familia de Dios. Jesucristo es realmente la piedra angular de este nuevo “edificio”. Comenzando desde Pedro, todos los apóstoles y sus seguidores están destinados a participar en esta vocación y misión de Cristo, su Maestro, reconocido por ellos como el Hijo de Dios vivo. La legitimidad de su función nace de este mandato dado a Pedro por Jesús. De aquí surge también la seguridad de que, mientras permanezcan fieles a este mandato, ningún poder, ni terreno ni sobrehumano, prevalecerá sobre ellos. Pablo fue capaz de reorientar su vida y dejarse seducir por ese Jesús al que persiguió anteriormente. Pedro y Pablo cuestionan nuestra vida mediocre y nos replantean nuestro seguimiento de Jesucristo. Ahora nadie va atentar contra nuestra vida, no seamos cobardes a la hora de demostrar nuestro amor a Jesús.

Homilia de Betania: EL DIOS NUESTRO DE CADA DÍA

Por Gabriel González del Estal


1.- San Pedro y San Pablo tenían personalidades muy distintas, pero los dos fueron fieles seguidores del Maestro, desde el momento mismo en el que se convencieron de que Jesús era el verdadero Mesías, el que Dios había enviado al mundo para salvarnos. Los dos profesaron la misma fe, pero cada uno vivió su experiencia de fe en conformidad con su temperamento, con sus convicciones y con sus sentimientos más profundos. Pedro era más primitivo, más inculto, más titubeante en sus convicciones, pero fue siempre sincero, espontáneo, dispuesto a reconocer y a llorar sus errores en el momento mismo en el que los reconoció. Dios mismo le reveló que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios vivo. El Maestro le hizo piedra y fundamento de su Iglesia. Pablo era más culto, más seguro de sí mismo, más iluminado, más batallador. Dios mismo le reveló que Jesús era el verdadero Mesías, nuestro único Salvador. El Maestro, mediante revelación particular, le envió a predicar su evangelio a los gentiles, a anunciar la superioridad de la fe en Jesús sobre la Ley de Moisés y los profetas. Los dos, a pesar de sus grandes diferencias, son piedras vivas y fundamentales en la edificación de la Iglesia de Cristo. Pues bien, lo que quiero ahora decir es que cada uno de nosotros somos distintos y debemos vivir nuestra fe, una misma fe, de acuerdo con nuestro propio temperamento, con nuestras propias convicciones, con nuestra propia manera de sentir y de amar a Dios y al prójimo. La fe cristiana, evidentemente, es una y única, pero la vivencia y la expresión de esa fe será siempre personal e intransferible, aunque nuestra profesión de fe se haga dentro de una misma Iglesia y dentro de una misma comunidad cristiana. Dios es uno y único, pero cada uno de nosotros nos relacionamos con él de forma particular. En este sentido podemos decir que cada uno de nosotros tenemos nuestro propio Dios, el Dios nuestro de cada día, aunque todos somos hijos del mismo y único Dios. Lo importante es que no perdamos nunca la fe profunda y fundamental de Pedro y la fe católica y universal de Pablo. Y que seamos siempre religiosamente respetuosos con la fe de los demás.



2.- Pedro recapacitó y dijo: pues era verdad. No tenía Pedro muchos motivos para fiarse de Herodes, que acababa de mandar pasar a cuchillo a Santiago. Lo más probable era que con él hiciera lo mismo. Por eso, cuando le están quitando las cadenas y sale fuera de la cárcel, cree que está viendo visiones. Pero, en este momento, emerge de su conciencia su fe profunda en el Mesías salvador y se da cuenta, alborozado, de que ha sido él mismo, por medio de un ángel, el que le ha librado de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos. Es probable que muchos de nosotros en más de una ocasión nos hayamos visto perdidos y alguien, algún ángel del Señor, nos haya salvado. Es bueno reconocer la mano de Dios en nuestra vida, una mano poderosa que ha hecho posible lo que a nosotros nos parecía humanamente imposible. Seguro que cada uno de nosotros tiene su ángel de la guarda y hasta es posible que algunos tengamos más de uno.



3.- El Señor seguirá librándome de todo mal. Desde el momento mismo de su conversión Pablo fue un hombre sin miedos. Estaba seguro que Dios estaba con él y, teniendo a Dios a su lado, ¿quién le iba a hacer temblar? Es esta seguridad en la mano protectora de Dios la que le permite a Pablo asumir riesgos y dificultades sin miedos ni titubeos. Es asombrosa la serenidad y la valentía con la que Pablo, fiándose de Dios, se enfrenta en muchas ocasiones a dificultades que parecían insuperables. ¡Que gran lección para nosotros que con demasiada frecuencia vamos por la vida, vacilantes, con el alma llena de angustias y temores!



4.- Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Podemos olvidarnos ahora del texto y del contexto evangélico, y preguntarnos a nosotros mismos: ¿Quién es para mí, Jesús de Nazaret? Olvidémonos de lo que dice la gente y de respuestas que hemos aprendido más o menos rutinariamente. Entremos en el santuario de nuestra conciencia y a solas con nosotros mismos repitamos, sosegada y profundamente, la pregunta: ¿Quién es para mí Jesús de Nazaret, hasta qué punto mi fe en él condiciona y dirige toda mi conducta? Ojalá que de la respuesta, sincera, que demos, pueda decirse que no nos la ha revelado nadie de carne y hueso, sino el Padre que está en el cielo! Sería el mejor homenaje que, en esta fiesta, podríamos ofrecer a San Pedro y a San Pablo.

Yo soy de tiempo

La homilía de Batania: PEDRO PUSO LA FUERZA EN LO DÉBIL

Por José María Maruri, SJ


1.- Decenas de cardenales bajando por las escalerillas de los aviones en el aeropuerto romano de Fiumicino. Largas colas y maravillosos ropajes en la Capilla Sextina, miles de periodistas correteando por Roma, detrás de la mínima información de quién será el agraciado… Tanta multitud y boato que a penas hay cabida para el Espíritu Santo, que siempre, al fin, se mete por algún descuidado resquicio.


Todo ese revuelo armamos los cristianos para elegir un Papa. Y mucho pesan su virtud, sus estudios, sus puestos anteriores. Cuando Jesús elige Papa, el primero, bastan estas palabras del Evangelio: “Simón hijo de Jonás, tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia”. Dios, que es grande, no necesita del boato, al contrario se rodea de sencillez y naturalidad, porque todo lo grande es así: sencillo y sin complicaciones.


Y a pesar de que no hubo fumarola, ni que en Roma se dieron por enterados del nombramiento, ni en el círculo religioso de Jerusalén se dieron por enterados, aquella fue la primera elección papal.



2.- Y sin embargo, Pedro fue un buen Papa, de muy pocas letras y sin ningún doctorado, cuyas únicas encíclicas fueron dos breves cartas y, al parecer, tuvo un amanuense en San Marcos que en su Evangelio dejó la catequesis que San Pedro daba en Roma.


Fue humilde, por necesidad, porque no podía alardear de mucho, el que había negado públicamente a Jesús por tres veces. Y fue humilde con Pablo, (a quien no le hubiera venido mal aprender un poco de humildad y, así, no hablar tanto de si mismo) que le reprendió por su condescendencia con los judaizantes


Con valentía, y tras la venida del Espíritu Santo, se enfrentó con la multitud judía y sus jefes, echándoles en cara que habían crucificado al enviado de Dios. Soportó la cárcel dos veces y fue azotado. Excomulgó al primer hereje de la Iglesia, Simón Mago. Y al fin derramó su sangre por ese Señor al que le había dicho: “Señor, tú sabes todas las cosas. Tú sabes que te amo”. Abrió las puertas de la Iglesia y reunió un sencillo Concilio en Jerusalén en que declaró que la Ley de Moisés estaba abrogada.


Como el Señor Jesús, que puso la fuerza del Reino en la pequeñez de la semilla de mostaza, o en el pequeño grano de trigo que muere en el surco, así Pedro puso la fuerza en lo débil e ignorante de este mundo. No olvidemos tampoco que era un Papa casado.



3.- Aquello de “sobre esta roca levantaré mi Iglesia” les debió sonar a todos aquellos israelitas a divinidad. Para el pueblo de Israel, Dios fue siempre la Roca en la que se sentí seguro contra todos sus enemigos, como un castillo levantado en lo alto de una escarpada roca, como la Peña de Francia (**), que se hace inexpugnable para todo enemigo.


Les debió sonar a que Jesús concedía a su Iglesia participar de la inmovilidad del mismo Dios. Y, realmente, si se ve un poco la Historia, todos los grandes enemigos de la Iglesia han pasado, unos, hace muchos siglos como Nerón, otros, hace decenas de años, como el comunismo ateo, están bajo la fosa del tiempo y la Iglesia sigue viva.


Y la explicación nos la da San Pablo que dice que Cristo es la cabeza y la Iglesia es su cuerpo. Nadie puede ya acabar con el Cuerpo del Hijo de Dios. Una vez pudieron, clavándole con una cruz. Este segundo Cuerpo de la Iglesia, unido a su Cabeza, el Hijo de Dios, nunca jamás será abatido por los enemigos humanos. Será Roca, como Dios es Roca inexpugnable, inconmovible, eternamente firme.


(**)La Peña de Francia es una montaña de 1.723 metros de altura, al sur de la provincia de Salamanca (España).


Betania

Lecturas del día de hoy

PRIMERA LECTURA

LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 12,1-11
En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo decapitar a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, mandó detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno: tenía intención de ejecutarlo en público, pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado a ellos con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.
De repente se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo:
--Date prisa, levántate.
Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias.» Obedeció y el ángel le dijo:
--Échate la capa y sígueme.
Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo:
-- Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.
Palabra de Dios


SALMO RESPONSORIAL

SALMO 33
R.- EL SEÑOR ME LIBRÓ DE TODAS MIS ANSIAS
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.-

Proclamad conmigo la grandeza del Señor
ensalcemos juntos su nombre
Yo consulté al Señor y me respondió
me libró de todas mis ansias. R.-

Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.-

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.-


SEGUNDA LECTURA

LECTURA DE LA SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A TIMOTEO 4, 6-8.17-18
Querido hermano:
Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. El me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. ¡A El la gloria por los siglos de los siglos, Amén!

Palabra de Dios


EVANGELIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 16,13-19
En aquel tiempo, llegó Jesús a la región de Cesárea de Felipe y preguntaba a sus discípulos:
--¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?
Ellos contestaron:
--Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. El les preguntó:
--Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?"
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
--Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió:
--¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo:
--Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Palabra del Señor

Contemplando el Evangelio de hoy


Texto del Evangelio (Mt 16,13-19):


En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».




«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo»


Hoy es un día consagrado por el martirio de los apóstoles san Pedro y san Pablo. «Pedro, primer predicador de la fe; Pablo, maestro esclarecido de la verdad» (Prefacio). Hoy es un día para agradecer la fe apostólica, que es también la nuestra, proclamada por estas dos columnas con su predicación. Es la fe que vence al mundo, porque cree y anuncia que Jesús es el Hijo de Dios: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). Las otras fiestas de los apóstoles san Pedro y san Pablo miran a otros aspectos, pero hoy contemplamos aquello que permite nombrarlos como «primeros predicadores del Evangelio» (Colecta): con su martirio confirmaron su testimonio.


Su fe, y la fuerza para el martirio, no les vino de su capacidad humana. No fue ningún hombre de carne y sangre quien enseñó a Pedro quién era Jesús, sino la revelación del Padre de los cielos (cf. Mt 16,17). Igualmente, el reconocimiento “de aquel que él perseguía” como Jesús el Señor fue claramente, para Saulo, obra de la gracia de Dios. En ambos casos, la libertad humana que pide el acto de fe se apoya en la acción del Espíritu.



La fe de los apóstoles es la fe de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Desde la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, «cada día, en la Iglesia, Pedro continúa diciendo: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo!’» (San León Magno). Desde entonces hasta nuestros días, una multitud de cristianos de todas las épocas, edades, culturas, y de cualquier otra cosa que pueda establecer diferencias entre los hombres, ha proclamado unánimemente la misma fe victoriosa.


Por el bautismo y la confirmación estamos puestos en el camino del testimonio, esto es, del martirio. Es necesario que estemos atentos al “laboratorio de la fe” que el Espíritu realiza en nosotros (Juan Pablo II), y que pidamos con humildad poder experimentar la alegría de la fe de la Iglesia.



Comentario: Mons. Pere Tena i Garriga, Obispo Auxiliar de Barcelona (España)

Carmelitas Descalzas de Antequera

San Pedro y San Pablo.08

El Domingo de Pedro y Pablo


Betania

PPE | Ni un paso atrás

Saturday, June 28, 2008

Abierto el Año Paulino - ¿Quién en San Pablo?


HOMILÍA COMPLETA


Santidad y delegados fraternos

Señores cardenales,

venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,


Queridos hermanos y hermanas



Estamos reunidos ante la tumba de san Pablo, quien nació, hace dos mil años, en Tarso de Cilicia, en la actual Turquía. ¿Quien era este Pablo? En el templo de Jerusalén, frente a la multitud agitada que quería matarlo, el se presenta a sì mismo con estas palabras: «Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Dios…. Al final de su camino dirá de sí: “yo he sido constituido heraldo y apóstol, maestro de los gentiles en la fe y en la verdad. Maestro de los gentiles, apóstol y pregonero de Jesucristo, así él se caracteriza a sí mismo en una mirada retrospectiva del recorrido de su vida. Pero con ello, la mirada no va sólo hacia el pasado. “Maestro de los gentiles- esta palabra se abre hacia el futuro, hacia todos los pueblos y todas las generaciones. Pablo no es para nosotros una figura del pasado, que recordamos con veneración. Él es también nuestro maestro, apóstol y anunciador de Jesucristo también para nosotros.




Por lo tanto, estamos reunidos no para reflexionar sobre una historia pasada, irrevocablemente superada. Pablo quiere hablar con nosotros, hoy. Por esto he querido convocar este especial “Año paulino”: para escucharlo y tomar ahora de èl, como nuestro maestro, en la fe y la verdad, en la cual están radicadas las razones de la unidad entre los discípulos de Cristo. En esta perspectiva he querido encender, para este bimilenario del nacimiento del Apóstol, una especial “Llama paulina”, que permanecerá encendida durante todo el año, en un especial bracero colocado en el pórtico de la basílica. Para solemnizar esta recurrencia he inaugurado también la llamada “Puerta Paulina”, a través de la cual he entrado en la basílica acompañado por el patriarca de Constantinopla, el cardenal Arcipreste y por otras autoridades religiosas.




Es para mi motivo de una íntima alegría que la apertura del Año paulino asuma un particular carácter ecuménico por la presencia de numerosos delegados y representantes de otras iglesias y Comunidades eclesiales, que acojo con el corazón abierto. Saludo en primer lugar a Su santidad el patriarca Bartolomé I y a los miembros de la delegación que los acompaña, así como al nutrido grupo de laicos de varias partes del mundo que han venido a Roma para vivir con Él y con todos nosotros estos momentos de oración y de reflexión. Saludo a los Delegados Fraternos de las Iglesias que tienen un vínculo particular con el apóstol Pablo- Jerusalén, Antioquia, Chipre, Grecia- y que forman el ambiente geográfico de la vida del Apóstol antes de su llegada a Roma. Saludo cordialmente a los Hermanos de las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales de Oriente y de Occidente, junto a todos ustedes he querido tomar parte de este solemne inicio del Año dedicado al Apóstol de los gentiles.




Estamos, entonces, reunidos para interrogarnos sobre el gran Apóstol de los gentiles. Nos preguntamos, no solo: ¿Quién era Pablo? Nos preguntamos sobretodo: ¿Quién es Pablo?, ¿Qué me dice? En esta hora, del inicio del Año paulino que estamos inaugurando, quisiera elegir de del rico testimonio del Nuevo testamento tres textos, en los cuales aparece su fisonomía interior, lo específico de su carácter. En la Carta a los Gálatas, él nos ha donado una profesión de fe muy personal, en la cual abre su corazón frente a los lectores de todos los tiempos y revela cual es el resorte más íntimo de su vida “Vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Todo aquello que hace Pablo, parte de este centro. Su fe es la experiencia del ser amado por Jesucristo de manera totalmente personal; es la conciencia del hecho que Cristo ha enfrentado la muerte no por algo anónimo, sino por amor a él- a Pablo- y que, como resucitado, lo ama todavía, que Cristo se ha donado por él. Su fe es el ser alcanzado por el amor de Jesucristo, un amor que lo perturba hasta lo más íntimo y lo transforma. Su fe no es una teoría, una opinión sobre Dios o sobre el mundo. Su fe es el impacto del amor de Dios sobre su corazón. Y así, esta misma fe es amor por Jesucristo.




Por muchos, Pablo es presentado como un hombre combativo que sabe manejar la espada de la palabra. De hecho, sobre su camino de apóstol no faltaron las disputas. No buscó una armonía superficial. En su primera carta, aquella dirigida a los tesalonicenses, el mismo dice: “tuvimos la valentía de predicaros el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas….Nunca nos presentamos, bien lo sabéis, con palabras aduladoras, ni con pretextos de codicia..”. La verdad era para él demasiado grande para estar dispuesto a sacrificarla en vista de un éxito exterior. La verdad que había experimentado en el encuentro con el Resucitado ameritaba para él la lucha, la persecución, el sufrimiento. Pero lo que lo motivaba en lo más profundo, era el ser amado por Jesucristo y el deseo de transmitir a otros este amor. Pablo era alguien capaz de amar, y todo su obrar y sufrir se explica a partir de este centro. Los conceptos fundados en su anuncio se comprenden únicamente en base a esto. Tomemos solamente una de sus palabras claves: la libertad. La experiencia del ser amado hasta el final por Cristo le había abierto los ojos sobre la verdad y sobre el camino de la existencia humana –esa experiencia abrazaba todo. Pablo era libre como hombre amado por Dios que, en virtud de Dios, estaba en capacidad de amar junto con Él. Este amor es ahora la “ley” de su vida y justamente así es la libertad de su vida. Él habla y actúa movido por la responsabilidad del amor, el es libre, y dado que es uno que ama, el vive totalmente en la responsabilidad de este amor y no toma la libertad como pretexto para el albedrío y el egoísmo. En el mismo espíritu Agustín ha formulado la frase luego famosa: ama y has lo que quieras. Quien ama a Cristo como lo ha amado pablo, puede verdaderamente hacer lo que quiere, porque su amor está unido a la voluntad de Cristo, y por ende, a la voluntad de Dios; porque su voluntad está anclada en la verdad y porque su voluntad no es más que simplemente su voluntad, arbitrio de su yo autónomo, sino que está integrada a la libertad de Dios y de ella recibe el camino que recorrer.



En la búsqueda de la fisonomía interior de San Pablo, quisiera, en segundo lugar, recordar la palabra que Cristo resucitado le dirige sobre el camino de damasco. Antes el Señor le pregunta: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?» El respondió: «¿Quién eres, Señor?» Y le es dada la respuesta: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues”.Persiguiendo a la Iglesia, Pablo persigue al mismo Jesús. “Tu me persigues”. Jesús se identifica con la Iglesia en un solo sujeto. En esta exclamación del resucitado, que transformó la vida de Saúl, en el fondo está contenida toda la doctrina sobre la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Cristo no se ha retirado en el Cielo, dejando sobre la tierra una secuela de seguidores que llevan adelante su causa. La Iglesia no es una asociación que quiere promover una cierta causa. En ella no se trata de una causa. En ella se trata de la persona de Jesucristo, que también como Resucitado permaneció “carne”. Él tiene carne y huesos”, lo afirma en Lucas el Resucitado frente a los discípulos que lo habían considerado un fantasma. Èl tiene un cuerpo. Está personalmente presente en la Iglesia, “Cabeza y Cuerpo” forman un único sujeto, diría Agustín. “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?, escribe pablo a los Corintios. Y agrega: como según el Libro del Génesis, el hombre y la mujer se hacen una sola carne, así Cristo con los suyos se hace un sólo espíritu, un único sujeto en el mundo nuevo de la resurrección. En todo esto, se visualiza el misterio eucarístico, en el cual Cristo dona continuamente su Cuerpo y hace de nosotros su Cuerpo: “el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan”. Con estas palabras se dirige a nosotros, en este momento, no sólo Pablo, mas el Señor mismo: ¿Cómo habéis podido lacerar mi Cuerpo? Frente al rostro de Cristo, esta palabra se convierte al mismo tiempo en una petición urgente: Vuelve a juntarnos de todas las divisiones. Haz que hoy se haga nuevamente realidad: Hay un sólo pan, por lo tanto, nosotros, a pesar de ser mucho, somos un sólo cuerpo. Para pablo la palabra Iglesia como Cuerpo de Cristo no es un parangón cualquiera. Va mucho más allá de un parangón. “¿Por qué me persigues?. Continuamente Cristo nos atrae hacia su Cuerpo, edifica su Cuerpo a partir del centro eucarístico, que para Pablo es el centro de la existencia cristiana, en virtud del cual todos, como también cada individuo puede de manera totalmente personal experimentar: Él me ha amado y ha se ha dado por mí.




Quisiera concluir con una palabra tardía de San Pablo, una exhortación a Timoteo desde la prisión, frente a la muerte. “Soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio” dice el Apóstol a su discípulo. Esta palabra, que está al final de los caminos recorridos por el apóstol como un testamento, nos lleva hacia atrás, al comienzo de su misión. Mientras, después del su encuentro con el resucitado, pablo se encontraba ciego en su habitación en Damasco, Anania recibió el encargo de ir donde el perseguidor temido e imponerle las manos, para que recuperara la vista. A la objeción de Anania que este Saúl era un perseguidor peligroso de los cristianos, le es dada la respuesta: Este hombre debe llevar mi nombre ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre”. El encargo del anuncio y la llamada al sufrimiento por Cristo van inseparablemente juntas. La Llamada a ser el maestro de las gentes es al mismo tiempo e intrínsecamente una llamada al sufrimiento en la comunión con Cristo, que nos ha redimido mediante su Pasión. En un mundo en el que la mentira es potente, la verdad se paga con el sufrimiento. Quien quiere esquivar el sufrimiento, tenerlo alejado de sí, tiene alejada la vida misma y su grandeza; no puede ser servidor de la verdad y así servidor de la de. No hay amor sin sufrimiento, sin el sufrimiento de la renuncia de sí mismos, de la transformación y purificación del yo por la verdadera libertad. Allí donde no hay nada que valga que por ello se sufra, también la misma vida pierde su valor. La eucaristía –el centro de nuestro ser cristianos- se funda en el sacrificio de Jesús por nosotros, ha nacido del sufrimiento del amor que en la Cruz encontró su culmen. Nosotros vivimos de este amor que dona. Eso nos da la valentía y la fuerza de sufrir con Cristo y por él, de este modo, sabiendo que justamente así nuestra vida se hace grande, madura y verdadera. A la luz de todas las cartas de san Pablo vemos como en su camino de maestro de las gentes se ha cumplido la profecía de ananay en la ora de la llamada: “Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre”. Su sufrimiento lo hace creíble como maestro de verdad, que no busca su propio provecho, la propia gloria, el placer personal, mas se empeña pro Aquel que nos ha amado y nos se ha dado a sí mismo por todos nosotros




En esta hora en la que agradecemos al Señor, porque ha llamado a Pablo, haciéndolo luz de las gentes y maestro de todos nosotros, oramos: Danos también hoy el testimonio de la resurrección, tocado por tu amor y capaces de llevar la luz del Evangelio en nuestro tiempo. San Pablo ora por nosotros. Amen.

Citas divertidas

(Platón y un ornitorrinco entran en un bar… Thomas Cathcart y Daniel Klein, Planeta, Barcelona 2008)


115. Una abuela judía está viendo cómo su nieto juega en la orilla de la playa cuando se acerca una ola enorme y se lo traga el mar. Entonces ruega:

- Por favor, Dios mío. Te lo ruego, ¡devuélveme a mi nieto!

Una ola enorme se levanta, se acerca, se llega a sus pies y le devuelve el nieto a la playa, intacto. Ella mira al cielo y dice:

- ¡Gracias, Señor! ¡Pero le falta el gorrito que llevaba puesto!


De la página de Carlos Vallés SJ

Al anochecer...

El fuego arde
mas no puede moverse.

El viento puede hacerlo,
pero no arde.
Hasta que el fuego
no se une con el viento
no puede dar ni un paso.

¿Saben los hombres
que ocurre igual
con el conocimientoy la acción?

(Devara Dasimayya. Poeta y filósofo hindú del siglo X)

[Tomado de: Antología de la poesía devocional de la India. Selección y traducción de Jesús Aguado. Indica Books. Varanasi (India), 1998]
Red Ignaciana de Cadiz

Tony Melendez

Para reflexionar.
Sobre todo cuando están con el ánimo por el suelo
Un abrazo para Tony y ustedes
Roberto y Ruth

Retornamos

Estuvimos, por razones familiares, fuera de Santiago, así retomamos la actividad del blog.
Esperamos que nos hayan echado de menos
Que el Señor los acompañe y los cuide
Un abrazo
Roberto y Ruth

Friday, June 27, 2008

Quédate con nosotros, señor...



Oración por la paz


Señor, nuestro tierra es sólo un astro pequeño

perdido en la inmensidad del Universo.

Tarea nuestra es hacer de ella un planeta

donde no vivamos atormentados

por las guerras,

torturados por el hambre y el terror

o desgarrados y divididos por ideologías,

raza o color.

Danos acierto y valor para poner

desde hoy manos a la obra

con el fin de que nuestros hijos

y los hijos de nuestros hijos

puedan un día llamarse con orgullo"hombres"


Naciones Unidas

Al anochecer, los invitamos a tener un encuentro con el Señor de la Vida


Mateo 8:1-4
En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". Extendió la mano y lo tocó diciendo: "Quiero, queda limpio!" Y en seguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: "No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés".
¿Qué me estás diciendo, Señor?
Reflexiones sobre la lectura de hoy

La acogida de Jesús al enfermo de lepra fué totalmente opuesta a la actitud social de ese tiempo. El leproso era un desterrado, contagioso y evitado. Que alguien se acercara a él era muy poco común. Por temor, nadie tocaba a un leproso.
En muchas de las reuniones de Jesús se destacaba el hecho que nadie era rechazado, y todos eran bienvenidos a su casa, a su mesa, a su presencia.
Por eso es que podemos orar en cualquier momento, "entregándonos al misterio de ser amados y sanados".
Espacio Sagrado

Notas sobre la "Nota" acerca del libro de Pagola

Una vez conocida la Nota de clarificación sobre el libro de José Antonio Pagola, Jesús. Aproximación histórica (PPC, Madrid 2007, 544 pp.), emitida por la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, y publicada con la autorización de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española en su CCIX reunión (Madrid, 18 de junio de 2008), no añadiré nada que signifique desafecto o disenso. Me limito a leerla con todo respeto e interés.


Es evidente que la Nota de que hablamos es “muy dura”, porque atribuye a la obra de Pagola tres graves deficiencias metodológicas y hasta seis deficiencias doctrinales de primer orden.
No voy a resumir unas y otras porque están en la Nota con perfecta claridad y cualquiera con mediana formación cristiana puede entenderlas.


Creo, es cierto, que sin pretenderlo seguramente, la Nota tiene varios juicios de intenciones, y creo que debieron ser evitados. Por ejemplo, Pagola adoptaría el análisis de la lucha de clases al describir el entorno “social” de Jesús, y “el objetivo de esta descripción es situar la actividad de Jesús y su predicación del Reino en un horizonte preferentemente terreno”. Parece más lógico probar que esa descripción en absoluto es “históricamente real y preferente”, y, en todo caso, decir que como resultado de esa opción se deriva una visión peculiar de la actividad de Jesús, pero no decir, que hay una intención. Creo yo.


Otro ejemplo en este sentido, de juicio de intenciones, es la idea reiterada de que se podría decir que, para el Autor, la desconfianza frente al dato de los evangelios es una condición para proceder con rigor en la investigación histórica. No me parece que Pagola diga esto, y menos con este sentido, y por eso mismo concluirlo está fuera de lugar.


Mucho más fuerte y en el límite entre la valoración objetiva sobre algo, acertada o no, pero objetiva, y el juicio de intenciones, es esta afirmación demoledora sobre el libro, que estaría empeñado “en reconstruir una historia, (la de Jesús), a partir de un uso arbitrario de los evangelios, que resulta incompatible con la fe”. Lo de arbitrario en castellano es como mínimo digno de valoración profunda antes de decirlo. La propia Comisión siente vértigo, cuando añade que “si el “Jesús histórico” que muestra el Autor es incompatible con el Jesús de la Iglesia, es… porque la “historia” que se propone es una historia falseada, aunque ésa, ciertamente, no sea su intención”.


Y por fin, en la conclusión de la Nota, uno esperaría encontrarse algo así como una interpelación que, dicho lo que hay que decir, acoge, invita, abraza; pero no, es el texto de Hebreos 13, 8-9 el que se elige, a cuya exégesis remito, y donde “todos” entendemos que se habla de doctrinas y observancias opuestas al mensaje de Jesús, lo cual, y para concluir, no es lo que yo esperaría de una Comisión Episcopal, ni el libro de Pagola se merece. Está claro que no han querido componendas emotivas al final.


Y luego está lo referido al fondo del libro, las deficiencias metodológicas y doctrinales que la Nota dice ver y describe. Cuando yo estudié estas materias teológicas me enseñaron que la Doctrina de la Iglesia al respecto, salvo detalles menores, era la que Nota mantiene. Después como lector cercano a ellas y en ellas, me confirmé que así era. Pero también me enseñaron y he aprendido que la investigación exegético-teológica, en todas sus expresiones, tiene toda la necesaria libertad para profundizar y aclarar más y más el conocimiento de Jesucristo para la fe de la Iglesia, y para hacerlo con formas lingüísticas más próximas a las nuevas condiciones culturales, y, en el caso de la teología, siempre en la fe de la Iglesia. De ahí la posibilidad de ser corregido en ella y por ella.


Bien, supuesto que la obra de Pagola merece a juicio de la Nota todas las advertencias metodológicas y doctrinales que se desgranan, es de agradecer este servicio a la fe de los creyente, pero también es cierto que al haber entrado en varias cuestiones disputadas, y siendo cierto que se pueden formular de más maneras que una, habrán de oírse voces que argumenten sobre si esos fallos metodológicos son así de claros, o si no hay una carga de intenciones y temores exagerados en la Comisión que concluye así: “dos presupuestos que condicionan negativamente la obra; la ruptura entre la investigación histórica de Jesús y la fe en Él, y la interpretación de la Sagrada Escritura al margen de la Tradición viva de la Iglesia” . ¿Es así de claro?


Y abundando en el argumento, añade, “desde el punto de vista metodológico, tres son las deficiencias principales de la obra: a) la ruptura que, de hecho, se establece entre la fe y la historia; b) la desconfianza respecto a la historicidad de los evangelios; y, c) la lectura de la historia de Jesús desde unos presupuestos que acaban tergiversándola”. Es evidente, la palabra es también de los expertos, que esto puede ser objeto de discernimiento y de reconocimiento mayor o menor como ajustado al texto. A mí me parece una observación desmedida con el texto, pero me someto a mejor criterio.


Y en cuanto a “las deficiencias doctrinales pueden resumirse en seis: a) presentación reduccionista de Jesús como un mero profeta; b) negación de su conciencia filial divina; c) negación del sentido redentor dado por Jesús a su muerte; d) oscurecimiento de la realidad del pecado y del sentido del perdón; e) negación de la intención de Jesús de fundar la Iglesia como comunidad jerárquica; y, f) confusión sobre el carácter histórico, real y trascendente de la resurrección de Jesús”.


Y la razón, añadida a las dichas, “el Autor se sirve en esta obra de investigaciones que mayoritariamente se encuentran fuera de la Tradición, tanto por sus presupuestos metodológicos (asumidos acríticamente), como por sus conclusiones. Los resultados a los que llega son la derivación lógica de su punto de partida”.


Digo lo mismo; esto puede ser objeto de discernimiento y de reconocimiento mayor o menor como ajustado al texto de Pagola. No que la Nota se equivoque al decir cuál es la doctrina eclesial segura en cada supuesto, sino que no es tan fácil decir con esa rotundidad del libro de Pagola que la ignora, y menos aun decir que en teología no haya más modos que uno para se fieles “a la imagen de Jesús que presentan los evangelios, y que ha sido custodiada y transmitida con fidelidad por la Iglesia desde la época apostólica hasta nuestros días”.


A mí me parece una observación desmedida y llena de prevención hacia la literalidad del texto que tenemos delante, pero me someto a mejor criterio.


Ésta sería mi aportación al acoger la Nota. Escucho otras voces. Gracias.


J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete
sacerdote de la Diócesis de Vitoria, en la que he nacido y vivido casi siempre. Desde los años setenta me vengo interesando por la dimensión social de todas las experiencias humanas, intentando comprenderlas desde cerca, si es posible desde dentro, para valorarlas y cambiarlas según las exigencias de nuestra dignidad. Me licencié en Derecho Civil, primero, para seguir después estudios de Teología, y doctorarme en 1987.


Del blog "La Mirada Samaritana"
El periodista digital

Monseñores, si no lo digo reviento.


Que tristeza encontrarse en tierra de trincheras cuando amas la paz. Pero eso es lo que favorecen algunos comunicados desde Añastro, ese rincón donde los monseñores oran previo a debatir asuntos tan mundanos como evangélicos. Triste el día de hoy, anunciado con anterioridad y demorado una semana larga. La notificación al libro Jesús de José Antonio Pagola ha sido contundente sin lugar a dudas. La primera edición del libro no tiene el visto bueno de la Iglesia. Me sobran las suposiciones de contubernios, envidias, ajustes de cuentas. Lo único que me consuela es que la condena siempre deja una puerta abierta a la rectificación.
Ahora vendrán los apoyos incondicionales y los anatemas sin piedad. Miren por donde a mí los comentarios de Pagola a la palabra de cada domingo, me han sabido siempre a gloria. Así que mucho me temo que tengo algo de hereje aunque yo no lo sepa discernir. Pero espero estar junto a José Antonio Pagola a lo que mande la Iglesia. Pensaba que teníamos el mismo Dios y que creíamos en el mismo Evangelio, parece ser que no. Su Jesús, dicen que no es el Jesús del Magisterio.

Pero en todo este asunto hay algo que me asusta, que el imperio del dios Mamón esté por encima de la fe de los fieles. Que los apoyos sean manifestación velada de sutiles maniobras comerciales. Y que los anatemas obedezcan a venganzas personales muy alejadas de la fe y que nada tienen que ver con el libro en cuestión.

Por si algo nos faltaba tenemos un obispo que ha dado el Nihil obstat, a una segunda edición rectificada. Añadiendo más carne a la danza de la confusión. ¿Cómo queda la editorial PPC y los claretianos con sus ediciones a la espera de ser lanzadas al mercado?. Y cómo quedan las librerías de San Pablo que según nos informan siguen exponiendo ejemplares de la primera edición. Por último, ¿qué hacemos con todos esos fieles que aman al Jesús de Pagola, que lo sienten su Jesús?.
De esta saco una conclusión clara, dejar de leer libros religiosos. Ni siquiera podré adquirir con tranquilidad el comentario de José Antonio Pagola a la Palabra que prometían lanzar los claretianos. Porque si su Jesús está equivocado, cómo fiarme ahora de sus comentarios a la Palabra diaria. A todo esto, la duda razonable nos hace acordarnos de tantos teólogos que sufrieron en sus carnes los reproches de la Doctrina de la Fe, para pasar luego a engrosar el catálogo de lecturas obligadas en los seminarios y escuelas de teología.
Mal, muy mal, monseñores. Yo a Pagola no le echo la culpa de lo que es una interpretación del Jesús histórico. Porque el error puede estar también en la buena fe de quien lo propaga. Pero en cambio, les reprocho que jueguen con los fieles. Su notificación no es sólo una condena, es un bofetón para un teólogo que tiene el respaldo de miles de lectores y el visto bueno de decenas de otros teólogos. Y ahora vendrán diciéndonos que también ellos están equivocados. Pues mucho han tardado en mover su maquinaria, qué han hecho estos últimos años.
Algo se cuece en Añastro, nos dejaban entrever José Manuel Vidal y Jesús Bastante, algo que era ajeno al libro de Pagola. Pero tal cúmulo de errores en un libro, exige más diligencia por parte de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe. Han dejado la obra por los suelos. ¿Y ahora qué hacemos con el libro bendecido por monseñor Ureña?. Después de esto es como para pensar seriamente en quienes se dedican a difundir doctrina que no es buena. Yo desde luego me planto, pero con dolor de corazón. No me ha gustado nada este asunto, que para colmo se cierra en falso porque el tema parece que va a seguir en manos de esa maquinaria de la Iglesia que se mueve como un elefante.
Carmen Bellver
Del Blog "Diálogo sin fronteras"
El Periodista Digital

La nota sobre el libro de Pagola


Recién llegado, y antes de salir pitando hacia la Nunciatura, creo que debo cumplir con la promesa planteada en el post anterior -el de la pda-, y dar mi opinión sobre la ¿oportuna? nota de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal ante el libro de José Antonio Pagola. Adelanto que la mía no es una opinión desde el punto de vista teológico o doctrinal, primero porque no soy teólogo y segundo porque la Nota ya hace demasiada teología. Y uno se pregunta cuántos cristianos la leerán en su integridad, y cuántos han comprado -y seguirán comprando- el libro de Pagola. Quiénes se sentirán reconfortados y quiénes no.


En primer lugar, sobre el propio título del libro, que habla de una "aproximación histórica", convendría que quien quiera haya escrito la nota tuviera en cuenta que los Evangelios no acotan la vida de Jesús. En ellos, evidentemente, está la verdad sobre la vida del hijo de Dios, que murió y fue crucificado. Pero no toda. La infancia de Jesús prácticamente se desconoce, por poner un ejemplo, y el portal de Belén, el buey y la mula, por ejemplo, no aparecen en ellos, y no creo que nadie en la Iglesia se haya planteado su erradicación de nuestras Navidades. Que la vida de Jesús debe situarse en un contexto y en un lugar, me parece algo mínimamente exigible para una obra que pretenda tener una mínima repercusión. Y ello no debiera causar escándalo alguno. La sempiterna cuestión de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio.



En segundo lugar: lo que ha conseguido Pagola es un bien para la Iglesia. En una época de descristianización, que 50.000 personas hayan comprado ese libro -y no es un volumen para dejar que coja el polvo en la librería, sino para leerlo- nos debería hacer pensar que la figura de Jesús sigue despertando interés, y pasión, en muchos de nosotros. Con su mensaje liberador, que rompe ataduras y ofrece libertad. Todo lo contrario de lo que destila, me lo van a permitir, esa nota.



En tercer lugar: sobre la "oportunidad" de la citada nota. Se aprueba publicarla una vez se conoce que el obispo Uriarte ha dado el "nihil obstat" a la segunda versión del libro, que el propio Pagola se ofreció a modificar después de varios encuentros con teólogos de reputado prestigio y algún cardenal. De hecho, una de las frases más simpáticas de la nota es la que afirma: "La revisión del libro que el Autor ha aceptado emprender no excluye la clarificación sobre las razones que la han hecho necesaria". Si las razones que la han hecho necesaria, como se infiere de la propia frase, se incluyen en la revisión del libro que el Autor ha emprendido, ¿no hace la propia nota innecesaria per se? Pues el objetivo para el que fue escrita se cumplió antes de que viera la luz. Y, siguiendo el Derecho Canónico, ahora mismo la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe no es nadie para enmendarle la plana a un obispo. Tendría que ser Roma, no Añastro. En este sentido, tiene razón Luis F. Pérez en su blog cuando sostiene que esto es el comienzo del caso Uriarte. Pero, o las razones que se aportan ya se han solucionado, y entonces no tiene razón de ser la nota, o la nota debiera haber esperado a estudiar la segunda versión antes de ver la luz. O, como creo: el problema no es el libro de Pagola, sino Pagola y Uriarte. Ninguno de los dos son santos de mi devoción, pero tampoco lo es el obispo de Tenerife, y esta semana le he defendido cuando he considerado que ha hecho algo bien. A cada cual lo suyo.


Y en cuarto lugar: la nota se hace pública con su secretario general y su jefe de prensa en Oviedo. Una nota aclaratoria que no se explica a los fieles ni a los medios de comunicación, a los que presupone un alto conocimiento teológico. Si quien haya escrito la nota cree que los fieles pueden entenderla sin mediación o explicación alguna, ¿no creen ustedes que entenderían, sin necesidad de ser aleccionados, las supuestas faltas graves del libro de Pagola? Una parábola, cuando menos, hilarante. En lo que sí estoy de acuerdo es en que todo este asunto está provocando "confusión entre los fieles". Aunque no termino de entender si por el libro de Pagola o por el carrusel de "oportunidades" que concluyen, por el momento, con esta Nota.



Jesús Bastante

Del blog "El barón rampante"

El periodista Digital