La salesiana Sor Enrica Rossana es la persona que disfruta de un cargo más alto en la Curia sin ser un hombre. Desde hace cuatro años ocupa la subsecretaría de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, un puesto en el que fue nombrada por Juan Pablo II. Su elección confirmó el camino emprendido por el Papa Wojtyla en 1988, cuando con ocasión del año mariano escribió la carta apostólica «Mulieris Dignitatem», que ensalza la dignidad de la mujer. En una pasada entrevista con LA RAZÓN, Sor Enrica Rossana afirmaba que «las mujeres pueden aportar esa capacidad tan propia de [cuidar], de hacernos cargo de personas y cosas. Hay muchas maneras, en los múltiples contextos en los que vivimos, de desarrollar esta capacidad y hacerlo con simplicidad. No son nimiedades, son cosas que hacen más hermosa la vida».
Junto a Sor Enrica Rossana, quien asegura que intentará que otra mujer herede su cargo cuando se jubile, hay otras féminas en puestos importantes de la Curia como la canonista estadounidense Sharon Holland, que es la jefa de Oficina de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada. El mismo cargo ocupa la italiana Paola Fabrizi en el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Su principal labor consiste en impulsar el diálogo ecuménico. Maria Cristina Carlo-Stella también ha dedicado su carrera profesional al Vaticano, primero como jefa de oficia de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales y ahora como responsable de la Fábrica de San Pedro, que gestiona la basílica homónima.
La peruana Rocío Figueroa dirige la sección femenina del Pontificio Consejo de los Laicos. Profesora de teología y laica consagrada, Figueroa trabaja con las asociaciones y movimientos sociales para promover los derechos de la mujer. Maria Gargiolli es experta en psiquiatría del Tribunal de la Rota Romana, donde da su veredicto sobre las anulaciones matrimoniales en las causas que esgrimen motivos psicológicos.
Religión Digital
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