Por José María Martín OSA
1.- El Rey- Pastor cuida de sus ovejas. El Profeta Ezequiel nos promete que en la Era Mesiánica el Hijo de David, el Mesías, será nuestro Rey-Pastor. Por culpa de sus jefes, Israel es un rebaño disperso. El Destierro de Babilonia es una calamidad que amenaza la misma supervivencia de Israel. Por eso va a intervenir Yahvé y va a realizar un plan de Redención y Salvación: «Porque así dice el Señor Yahvé: Aquí estoy Yo; Yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él .Y ante todo las rescata de todos los sitios adonde han sido desterradas y dispersadas; las reúne y congrega; las retorna al aprisco y a los pastos de Israel. Después del Destierro ya no se restauró la Monarquía; el Rey-Pastor será Yahvé. Y ahora, desechados y castigados los malos pastores que en vez de ocuparse de las ovejas, egoístas y avaros sólo buscaron las propias conveniencias, Yahvé mismo se hace Pastor de su pueblo: «Yo mismo apacentaré mis ovejas, Yo mismo las llevaré a reposar. Oráculo de Yahvé» .Esta maravilla de amor la realizará Dios enviando al Mesías. El Mesías, enviado de Dios, será el nuevo y eterno Rey-Pastor: «Yo suscitaré para ponérselo al frente un solo pastor que las apacentará, mi siervo David; él las apacentará y será su pastor. Yo, Yahvé, seré su Dios y mi siervo David será Rey en medio de ellos». Dios reinará en su pueblo, Dios apacentará su rebaño por medio del Mesías. Jesús, en la parábola del Buen Pastor, reivindica para Sí este título y esta función Mesiánica.
2.- Jesús es el Buen Pastor aclamado en el salmo. El evangelio Juan retomará esta bella imagen: « Yo soy el Buen Pastor...” Es el único Pastor de las ovejas: «Yo a mis ovejas les doy la vida eterna; y no perecerán jamás, ni las arrebatará nadie de mi mano. Mi Padre que me las dio es superior a todos; y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. El Padre y Yo somos una misma cosa» (Jn 10, 29-30). El recuerdo de David, que de pastor es elevado a Rey, permite a los Profetas dibujar esta hermosa estampa del Mesías hijo de David, Rey-Pastor. El salmo 22 pone de relieve la bondad, la misericordia y la protección del pastor que repara nuestras fuerzas y con el cual nada nos falta. En la Carta a los Corintios Jesús es ya Rey-Pastor entronizado. Lo es desde su Resurrección. La predicación, la fe y la redención se apoyan en ella. Con la Resurrección sube Cristo a ocupar su trono regio y quedan todas las cosas sometidas a su poderío.
3.- “Serán juzgadas todas las naciones”. La imagen del pastor aparece también en el Juicio Final, como aquél que separa las ovejas de las cabras. La parábola de este domingo de Cristo Rey habla del día final de la historia, de la sentencia definitiva de Dios sobre los seres humanos. En la mentalidad popular, el juicio final aparece adornado con multitud de leyendas y representaciones plásticas. La descripción que hace Jesús en el evangelio de este último día es trascendental para entender la novedad del mensaje evangélico. Según el texto de Mateo, los destinatarios del juicio son ``las naciones'' En el lenguaje de Mateo, las “naciones” se refieren a los pueblos no-creyentes, a diferencia del pueblo de Israel La escena del juicio de las naciones aparece tras una serie de exhortaciones y parábolas en las que Mateo alude a la actitud con la que los miembros de la comunidad mesiánica del Israel renovado han de esperar la segunda venida del Mesías.
Para nuestro tiempo serían otros los pueblos convocados Entre estos pueblos, como también aparece en el episodio, estarían además los ateos, los que no tienen fe en Dios, ni en la vida después de la muerte. A la hora del juicio final no importarán las diferencias de razas, naciones o ideas. No importará lo que se creyó o lo que se dejó de creer con la cabeza o con la boca, sino lo que se hizo o se dejó de hacer por los demás. Eso unificará a todos los seres humanos. A los de todos los tiempos. No habrá entonces ropajes de colores diferentes. Todos estarán desnudos ante Dios con un único equipaje: Sus obras de justicia.
4.- Dios no nos juzgará por lo que le hayamos hecho "a El". Nadie ama a Dios directamente ni ofende directamente a Dios. Le amamos y le ofendemos en nuestro hermano El hombre es el sacramento de Dios, la necesaria mediación y el único camino para llegar a él. Todos serán juzgados según su actitud hacia “los hermanos más pequeños” de Jesús. Seremos juzgados por el amor que hayamos tenido a los demás y por la capacidad que hayamos desarrollado de crear en el mundo condiciones fraternales de vida. El amor no es una idea abstracta, un buen sentimiento, una palabra cariñosa. Son obras concretas: Dar de comer, vestir, visitar en la cárcel... Y hacer todo eso no necesariamente "por amor de Dios". Basta con que se haga por "amor al ser humano". Si realmente es así, se está haciendo a plenitud y según la voluntad de Dios. Nadie será juzgado por su doctrina, por las ideas que tuvo sobre la religión, por los dogmas en los que creyó. Esas diferencias que existen hoy entre las distintas religiones y grupos no son fundamentales. Un diálogo profundo y serio nos haría ver ya ahora lo cerca que a veces podemos estar unos de otros, sin darnos cuenta. Nadie será juzgado tampoco por los actos de culto dirigidos a Dios: Oraciones, penitencias, promesas, novenas, jaculatorias, primeros viernes, escapularios, velas. Eso no contará al final.
5. - Sólo contarán los actos de servicio al prójimo, los actos de justicia con el hermano oprimido y necesitado de nuestra ayuda. Contará el dar de comer, el dar de beber, el dar vestido... Cosas tan simples y tan básicas, las elementales "obras de misericordia” salvarán al hombre. Jesús -y esto es esencial a su mensaje- considerará como hecho a él mismo -y por él a Dios mismo- lo que se haya hecho por el ser humano. Dar de comer no es dar un plato de comida, por más que a veces esto sea urgente y necesario. Dar de comer es posibilitar que los pueblos coman y para esto es necesaria no tanto la beneficencia, sino la transformación de las estructuras económicas que impiden que hoy todos puedan comer. Es difícil que la cumbre de Washington pueda solucionar el problema de la injusticia…..Si a Dios le encontramos en nuestro hermano, el lugar privilegiado para ese encuentro es el hermano empobrecido y despojado de su misma condición humana por la ambición de otros hombres. Al final de la historia, Jesús, el pobre, nos juzgará en nombre de todos los pobres. El sentido último de la historia pasa por ellos. Nuestro compromiso con ellos determinará nuestra salvación o nuestra condenación definitiva.
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