Hoy, 4 de noviembre, la iglesia se viste de púrpura para conmemorar el nacimiento para el cielo de SAN CARLOS BORROMEO, en el aniversario de su santa muerte ocurrida en un día como ayer, 3 de noviembre de 1584 en Milán, Italia. Oriundo de Arona, Novara, Italia, en 1538, fue Arzobispo y Cardenal de Milán. En 1610 el Papa Pablo V lo declaró santo. Es patrono de los agentes pastorales y de los seminarios. Sus restos se veneran en la Catedral de Milán. Unidos pues, a la Iglesia de Italia, brindemos nuestro vivo aplauso a San Carlos Borromeo.
Meditación
QUERIDO SAN CARLOS: eres una de las figuras más notables de la Iglesia del concilio de Trento. Después de San Ambrosio, eres el segundo gran santo de Milán. Naces en 1538 en el seno de una ilustre familia de esta ciudad. A los catorce años empiezas tus estudios en la universidad de Pavía, obteniendo a los veintiuno el doctorado en "Utroque Iure" es decir en ambos derechos: civil y religioso. En 1559 llega al trono pontificio el cardenal Juan ngel Médici, tío tuyo, con el nombre de Pío Sexto, quien te nombra su secretario particular y cardenal diácono con solo 21 años. Muchos veían con preocupación que tan grandes responsabilidades estuvieran en manos de un hombre tan joven. A la muerte de tu amado hermano Federico, decides hacerte sacerdote. Pocos meses después el Papa te confiere la dignidad episcopal, nombrándote arzobispo y cardenal de Milán. Encuentras una diócesis en una situación caótica: las iglesias abandonadas y la gente en las más disparatadas doctrinas heréticas. Con voluntad incansable, empiezas a reconstruirla y organizas el seminario para formar nuevos sacerdotes. Pero personas envidiosas te ponen obstáculos, siendo víctima de varios atentados. No obstante todo, tú sigues adelante. Entre tus grandes éxitos está el haber logrado que el Concilio de Trento, interrumpido por 20 años, continuase y llegase a su fin. Compones también un catecismo, instrumento fundamental de evangelización. Llegas por fin a la meta de tus días agotado, destruido y golpeado por la enfermedad: "Señor, ya estoy llegando" fueron tus últimas palabras. Tenías sólo 46 años de edad. Fuiste un religioso sin sombra de duda.
Radio Vaticano
Imagen EWTN
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