Este león con su cría aparece habitualmente en las entradas de los más celebres monumentos en China ¿no será una metáfora actual de lo que la gran China de los Juegos hace con sus hijos?
Por Por Ignacio Ramos Riera, sj
No sé vosotros pero yo aún estoy impactado por el acontecimiento de los Olímpicos en Beijing.Ron Anton, jesuita que lleva trabajando allí más de una década, afirmaba: «Olympics don´t have to do with sports but with history». ¿Por qué?
China, país de cultura profunda y tradiciones milenarias, sufrió hace más de 150 años el comienzo de una humillación nacional cuando fue obligada a firmar en su propia tierra el primero de los Desiguales Tratados (Nanjing, 1842), rendida ante el Imperio británico. Después de eso siguieron más de 70 años en que fue convertida en “nación toxicodependiente” (altísimos porcentajes de la población joven y trabajadora): un gran fumadero del opio que los ingleses le obligaban a comprar. Siguieron la invasión japonesa y otras desgracias, hasta que por fin, más de siglo y medio después China se ha vuelto a sentir con poder para resarcirse ante el mundo.
Los Juegos Olímpicos pues, para los chinos, más que un acontecimiento deportivo, han supuesto un grito al mundo: «Hemos vuelto».Fco.Xavier descubrió al final de su vida que China era ese corazón del Extremo oriente que él había deseado conquistar para Cristo.
Hoy, 500 años después, China ha recuperado con fuerza esa centralidad que nunca llegó a perder completamente. En todo el mundo, aunque en especial en el Sudeste asiático y buena parte del África, los chinos vienen jugando un papel de perfiles parecidos: pequeños comerciantes o grandes inversores en obras públicas que obligan cada vez más a la Aldea global a saberse conectada con –cuando no dependiente de- esta gran potencia que, además, sigue emergiendo. Pero ¿de qué vuelta estamos hablando?
Tiene algo del sabor añejo de siempre pero también de nuevos tonos secos y amargos…a) “Del sabor de siempre” porque los valores que vertebran las relaciones sociales siguen conectados con ideas tradicionales del Confucianismo (principalmente tres, parece): 1. Miàn zi: “rostro”. La importancia del “no perder rostro (o dar buena imagen) ante otros”.2. Guān xì: “relación”, que lleva a buscar la armonía en todo encuentro interpersonal, pacto, tratado, etc.3. La colectividad, como valor en contrapeso con el individuo.
Desde aquí puede entenderse algo de la asombrosa capacidad de sacrificio del pueblo chino (1.300 millones de personas censadas) para un proyecto realmente común como han sido los Juegos.b) “De gusto seco y amargo” porque cuando los objetivos de unas gentes y un país se acaban cifrando en el progreso económico, en algún momento se acaba teniendo sed: estando allí he visto leprosos errantes acogidos compasivamente por unas religiosas sometidas a enormes presiones y restricciones de parte del gobierno; niños contagiados con VIH rechazados por un pueblo entero y hasta por los propios padres transmisores; personas explotadas laboralmente lejos de un contexto rural en el que nacieron pero que aprendieron a considerar indigno…China ha vuelto sí, pero necesita urgentemente de otras aguas que purifiquen, no sólo un medio ambiente degradado, sino sobre todo un ambiente social muy necesitado de humanidad.
Jesuitas de Castilla
No comments:
Post a Comment