Primeras preguntas a uno mismo: un primer paso para luchar puede ser pensar más y hablar menos.
A un año vista de un marzo de 2004, tras miles de promesas y proyectos de un mundo más seguro, más pacífico y más solidario, me veo un poco descentrado.
Me pregunto: si ahora nos pasamos el día entero diseñando proyectos y debatiendo en grandes mesas redondas llenas de papeles para hacer un mundo más cordial, más humano, más amplio de mentes y cercano de corazones...
¿por qué cada día se hace más patente la división por todas partes?
Oriente y occidente, Norte y Sur, izquierda y derecha, incluso Cristianismo e Islam.
Eso ya lo conocíamos, pero empiezo a perderme entre las nuevas tendencias. Víctimas y víctimas, desfavorecidos y desfavorecidos, gente solidaria y gente solidaria, etc.
Me da por pensar que a lo mejor estamos tan pendientes de tener que ponermos en un lado o en otro, que al final no nos enteramos de dónde estamos.
Y mucho peor, se nos olvida lo que buscamos.
Y a menudo, lo que acabamos buscando es que el del otro lado esté lo más incómodo posible.
Y así me consuelo tratando de dar una expliación a lo que veo hoy cuando miro por la ventana.
En marzo de 2005.
Russell
Jesuitas de Castilla
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