El Santo Padre señaló que el encuentro con los jóvenes en Darlinghurst fue “un momento de alegría y gran esperanza, un signo de que Cristo puede levantarnos de las situaciones más difíciles, restableciendo nuestra dignidad y permitiéndonos mirar adelante hacia un futuro mejor. El encuentro con los responsables ecuménicos e interreligiosos -continuó- se ha caracterizado por un espíritu de auténtica fraternidad y por un deseo profundo de mayor colaboración en el compromiso de edificar un mundo más justo y pacífico”.
“Sin duda, los puntos culminantes de mi visita han sido los encuentros de Barangaroo y de la Cruz del Sur. Aquellas experiencias de oración, nuestra jubilosa celebración de la Eucaristía, han sido un testimonio elocuente de la obra vivificante del Espíritu Santo, presente y activo en el corazón de nuestros jóvenes. La Jornada Mundial de la Juventud nos ha mostrado -concluyó- que la Iglesia puede alegrarse de los jóvenes de hoy y llenarse de esperanza por el mundo del mañana”(VIS, 21 jul. 08).
CPAL
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