¿Qué fue de los reyes, emperadores, políticos, escritores y artistas más famosos? Se esfumaron. Incluso sus grandes obras se desvanecerán por la ley de entropía. Siempre, como al terminar las fiestas y ruedas de prensa, se apagan los focos y cesan los flashes.Y ¿qué queda? Queda ese otro tú detrás de ti.
Puedes en cierto modo ser dueño de tu vida, pero al final nadie domina y acabas por ser dominado por algo superior.
Aceptar no es resignarse, ni dejar de luchar contra las injusticias. Es ponerse en hora por dentro con un universo mayor. Al conectarnos con “el dentro”, esa zona de silencio que hay entre dos respiraciones, desconectamos de la cháchara mental que nos hace tanto daño y se abre nuestra conciencia directamente, no por razonamientos.
Eso queremos decir más o menos cuando los cristianos decimos: “En vos confío”, o “Hágase tu voluntad”. Nuestro hacer despierta a una luz mayor.
Creas o no en algo trascendente, al final el universo entero vive de rodillas. Por eso aceptarse es estar enamorado.
Pedro Miguel lamet
El alegre cansancio
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