Thursday, October 23, 2014

Meditación sobre el selfie por José María Lamet SJ


El selfie se ha puesto de moda. Se trata de disparar una autofoto, generalmente con la cámara delantera del móvil, para incluirse en paisaje de fondo y divulgarla por la red. Los selfies pueden resultar peligrosos si se realizan en situaciones comprometidas, como hemos comprobado en noticias recientes: un matrimonio polaco que se despeña por el cabo de Roca en Portugal, otra familia que cae al apoyarse en una balaustrada insegura en Sitges, gentes que sufren accidentes al hacerse el selfies conduciendo al subirse en un vagón de mercancías y en otras situaciones comprometidas.
La autofoto es una manifestación más del protagonismo mediático del que somos víctimas. Se trata a toda costa y nunca mejor dicho de “salir en la foto” y alcanzar popularidad sea entre los amigos de las redes sociales, sea en una grabación para youtube.

Lo que resulta preocupante es lo que hay detrás. Cuando los aficionados a la fotografía recorrimos cualquier parte del mundo con nuestra cámara acuestas, nuestra intención suele ser o bien documental –traernos a casa imágenes que hemos saboreado- o bien artística, la degustación del arte fotográfico, que no deja ser una interpretación de la realidad a través de la selección de un encuadre, un enfoque, una modificación del diafragma, la velocidad, etc. O bien otro te hace una foto solo o en grupo en un determinado entorno,

Aquí cambia la filosofía: YO soy el fotógrafo y YO soy el objeto de la fotografía. Es como un brote más de una sociedad narcisista que quiere convertir el YO en el eje del universo. Nada tiene de malo hacerse un selfie, como otra actividad lúdica más y como consecuencia de los avances tecnológicos y las mejoras introducidas en los teléfonos inteligentes. El buen autoretrato a veces ha sido un acto de humildad de grandes pintores y fotógrafos. Lo grave es lo que puede revelar sociológicamente: laobsesión por el protagonismo y la sacralización del yo, la necesidad de poner nuestro sello, en este caso nuestra cara en todo.

Todos los caminos auténticos de espiritualidad comienzan por una pérdida del yo, una renuncia a mí mismo, no para negarnos como personas, sino, por el contrario, para crecer al recuperar nuestra verdadera identidad en la totalidad. Cuando yo me pierdo, me encuentro, cuando mi yo disminuye, descubro que formo parte de algo mayor, que pertenezco a Dios. Es verdad que hay muchas maneras más sutiles de hacerse selfies: el de la vedette, el actor o el autor famoso, la bella mujer que quiere hacerse el centro de todo, el ejecutivo, magnate o incluso padre de familia que necesita la adoración y el reconocimiento continuo de sus semejantes, el blogero con más visitas… La renuncia a sí mismo de Jesús no es un ejercicio de masoquismo sino una manera más profunda de realización.

En fin esta pequeña meditación me ha sugerido la creciente moda del selfie. Cuando muera, no podré hacerme más selfies. Quedarán sí cada vez más viejas y pálidas fotos mías. Pero mi fe me dice que para entonces habré descubierto mi verdadero rostro no corruptible en el infinito rostro de Dios.

21rs

Familia: ¿Qué quiere la Iglesia? por José María Castillo


¿Qué quiere resolver la Iglesia en lo que se refiere a los problemas que más preocupan ahora mismo a la familia? Como es lógico, lo primero que llama la atención - y resulta difícil de explicar - es que los problemas que ha tratado el Sínodo no son los que más interesan y preocupan a la gran mayoría de las familias del mundo. El angustioso problema de la vivienda, el problema de un jornal o un sueldo con el que llegar dignamente a fin de mes, el problema de la salud y de la seguridad social, el de la educación de los hijos. Por lo menos, estos asuntos tan graves y que tanto angustian a la gente no han estado - que sepamos - como problema centrales en el orden del día de ninguna de las comisiones o de las sesiones del Sínodo.
Esto da pie para pensar o quizá sospechar - al menos, en principio - que quienes han preparado y organizado los trabajos del Sínodo son personas que pueden dar la impresión de que viven más preocupadas por los dogmas católicos y la moral, que predica el clero, que por los sufrimientos y humillaciones que están soportando muchas más familias de las que imaginamos. No hay que ser ni un sabio ni un santo para darse cuenta de esto. Para hacerse lógicamente la pregunta que acabo de plantear. Y que nadie me diga que los asuntos, que acabo de apuntar, son problemas que tienen que ser resueltos por economistas y por políticos. Por supuesto, lo que he dicho es asunto que concierne directamente a la economía y a la política. Pero, ¿sólo a economistas y políticos? Y entonces, ¿el sufrimiento, la dignidad, la seguridad y los derechos de la gente, los derechos fundamentales de las familias, no nos tienen que interesar, ni por ellos podemos ni tenemos que hacer nada?
Esta es la primera gran cuestión que, a mi modesto entender, tendría que interesar sobre todo - y antes que ninguna otra cosa - a la Iglesia, especialmente a sus dirigentes. Lo digo con tiempo, cuando todavía tenemos un año por delante para llegar a las conclusiones finales del Sínodo.
Pero, viniendo ya a los problemas que el Sínodo ha tratado, mi pregunta es la siguiente: a la Jerarquía de la Iglesia, ¿qué es lo que más le interesa y le preocupa? ¿gente que “se quiere”? o ¿gente que “se somete”? Confieso que estas preguntas se me han ocurrido pensando y recordando lo que yo mismo estoy viendo en el mundo eclesiástico desde hace más de 60 años, es decir, desde que ando metido en ambientes clericales. Lo mismo en España que fuera de España, lo que yo he palpado, en los ambientes de Iglesia, es que los problemas de la economía y los asuntos sociales no suelen preocupar demasiado. Porque normalmente tales problemas (en las instituciones eclesiásticas) están resueltos. Mientras que los asuntos relacionados con la ortodoxia dogmática (sumisión a la Jerarquía) y con el sexo (observancia de la moral), no sólo suelen ser muy preocupantes, sino que con frecuencia resultan casi obsesivos o rozando la obsesión. La consecuencia, que se suele seguir de este estado de cosas, y que la gente nota mucho, está a la vista de todos: los obispos no suelen hablar (o se limitan a alusiones genéricas) sobre la corrupción política y sus consecuencias, mientras que esos mismos obispos suelen poner el grito en el cielo si lo que se plantea es el problema de los matrimonios entre personas homosexuales o, en general, cuestiones relacionadas con el sexo. De ahí, por poner un ejemplo, la diferencia de trato que reciben, en tantos confesionarios, los capitalistas y banqueros o los gays y lesbianas.
Todo esto nos lleva - me parece a mí - a una pregunta mucho más radical: ¿por qué las religiones afrontan de manera tan distinta los problemas relacionados con “la propiedad de los bienes” y los problemas que se refieren al “cariño entre las personas”? Desde el punto de vista de la sociología, uno de los especialistas más reconocidos en esta materia, Anthony Giddens, ha escrito: “La familia tradicional era, sobre todo, una unidad económica. La producción agrícola involucraba normalmente a todo el grupo familiar, mientras que entre las clases acomodadas y la aristocracia la transmisión de la propiedad era la base principal del matrimonio. En la Europa medieval el matrimonio no se contraía sobre la base del amor sexual, ni se consideraba como un espacio donde el amor debía florecer” (Un mundo desbocado, pg. 67-68).
En realidad, “la propiedad de los bienes” (y no “el cariño entre las personas”), como factor determinante de la familia tradicional, viene de más lejos y tiene su origen en otra fuente: el Derecho. Como es sabido, la familia era la unidad que interesaba al primer Derecho romano. Este Derecho no se ocupaba de lo que ocurría dentro de la familia. Las relaciones entre sus miembros eran un asunto privado, en el que la comunidad no intervenía. La familia estaba representada por su cabeza, el paterfamilias, en el que se concentraba toda la propiedad familiar. Y todos sus descendientes, en línea paterna estaban bajo su control. Cualquier hijo no dejaba de estar bajo su poder. Más aún, un hijo no dejaría de estar bajo el poder de su padre hasta que llegase a adulto e incluso, hasta que no muriese el padre, no podría tener propiedades por sí mismo. Consecuentemente toda la propiedad familiar se mantenía unida y los recursos de la familia, como un todo, se reforzaban (Peter G. Stein, El Derecho romano en la historia de Europa, pg. 7-8). Lo notable es que la Iglesia hizo plenamente suyo este Derecho. De forma que, por ejemplo, el concilio de Sevilla, del año 619, califica al Derecho romano como lex mundialis, es decir la ley por antonomasia a la que tendrían que someterse todos los pueblos (cf. E. Cortese, Le Grandi Linee della Storia Giuridica Medievale, pg. 48).
Pues bien, en este contexto de ideas y de leyes, resulta comprensible y lógico que la Iglesia, a medida que se fue acomodando a la cultura y al Derecho heredado del Imperio romano, en esa misma medida fue asumiendo e integrando en su vida y en su sistema organizativo lo que era común a las demás religiones. Me refiero a lo que, con razón, ha dicho uno de los más reconocidos especialistas en esta materia: “La religión es generalmente aceptada como un sistema de rangos, que implica dependencia, sumisión y subordinación a superiores invisibles” (Walter Burkert, La creación de lo sagrado, pg. 146). De ahí que las teologías y los rituales de las religiones, si en algo insisten y en algo son semejantes los unos a los otros, es precisamente en cuanto afecta a la “sumisión”. Y conste que, por lo que afecta concretamente a esta sumisión, los rituales que la crean, la fomentan y la mantienen, “no están limitados a una religión particular, sino que se encuentran en todo el planeta, y se puede demostrar que algunos de ellos son prehumanos” (o. c., pg. 156). La sumisión, desde las sociedades prehumanas, se expresa creando la impresión que uno produce al inclinarse, arrodillarse, tirarse al suelo, arrastrarse, en suma, todo lo que es “no agrandarse”. Y está demostrado que los rituales religiosos coinciden todos en esto (K. Lorenz, On Aggression, Nueva York, 1963, pg. 259-264; I. Eibl-Eibesfeldt, Liebe und Hass: Zur Naturgeschichte elementarer Verhaltensweisen, Munich, 1970, pg. 199 ss).
Ahora bien, lo más sorprendente, en todo este asunto, es comparar estos supuestos básicos de la familia y de la religión con los relatos de los evangelios que, repetidas veces, se refieren tanto a la familia como a la religión. Sabemos, en efecto, que Jesús, lo mismo en lo que se refiere a la familia como en lo que respecta a la religión, asumió públicamente y sin ambigüedades una actitud sumamente crítica. Me explico.
Por lo que afecta a la religión, los evangelios nos informan de los enfrentamientos y conflictos constantes y crecientes que tuvo Jesús con los dirigentes religiosos y sus rituales. A esto se refieren los enfrentamientos con escribas y fariseos, con los sumos sacerdotes y senadores, incluso con el mismo Templo de Jerusalén. Hasta terminar siendo detenido por las autoridades religiosas, acabando en el juicio, la condena y la ejecución violenta en el tormento de los crucificados, los “lestaí” (Mc 15, 27; Mt 27, 38), es decir, no los simples ladrones, sino los rebeldes políticos, como explica F. Josefo (H. W. Kuhn: TRE vol. 19, 717). Jesús fue el hombre más profundamente religioso que podamos imaginar. Pero la religión de Jesús quedó desplazada del modelo establecido: su religión (como el Dios que representaba) no estuvo centrada en “lo sagrado”, sino en “lo humano”. Esto es capital para entender el Evangelio Y sin embargo, esto no es central para entender la Teología cristiana. Ni esto es tampoco el centro de la vida de la Iglesia.
Por lo que se refiere a la familia, es seguro que las relaciones de Jesús con su propia familia fueron tensas y complicadas: sus parientes lo tuvieron por loco (Mc 3, 21) y no creían en él, incluso lo despreciaban (Mc 6, 1-6; cf. Jn 7, 5). Por otra parte, lo primero que Jesús les exigía, a quienes pretendían seguirle, era abandonar la propia familia (Mt 8, 18-22; Lc 9, 57-62). Y cuando un día le dijeron que le buscaban su madre y sus hermanos, la respuesta de Jesús fue decir que su madre y sus hermanos son los que escuchan y cumplen lo que Dios quiere (Mc 3, 31-35; Mt 12, 46-50; Lc 8, 19-21). Pero Jesús, en lo que se refiere a las relaciones con la familia, llegó más lejos. Porque se atrevió a decir que él no había venido a traer paz, sino espadas, división y conflicto, precisamente entre los miembros de la propia familia (Mt 10, 34-42; Lc 12, 51-53; 14, 26-27). Es más, Jesús llegó a tocar en lo intocable de aquel modelo de familia: “No llaméis “padre” a nadie en la tierra” (Mt 23, 9). Una prohibición tan fuerte, en aquella cultura, que llegó a desmontar el eje mismo de aquel modelo de relaciones familiares. Los grandes, los importantes, no son los “padres” y “jerarcas”, sino los “niños”, los “pequeños”: el reinado de Dios es de los que se hacen como ellos (Mt 19, 14).
¿Qué quiere decir todo esto? ¿Dónde está el fondo del asunto? Las relaciones de parentesco no son libres, sino que nos son dadas e impuestas a cada ser humano que viene a este mundo. Por el contrario, las relaciones comunitarias y de amistad, dado que nacen de convicciones libres y de sentimientos que cada cual acepta libremente, son siempre relaciones que se basan en la libertad humana y se mantienen por la fuerza de la decisión libre. Lo más bello, lo más gratificante y lo más motivador de la relación de fe y confianza en el otro, y en Dios, es que siempre es posible porque es una relación libre. De tal manera que lo determinante, en este modelo de familia y de grupo, no es la sumisión, ni al “poder represivo”, ni al “poder seductor” (Byung-Chul Han), sino que lo decisivo es la fe y la confianza, en el encuentro (con el Otro, con los otros, con alguien en concreto) mediante la “relación pura” (A. Guiddens), que se basa en la comunicación emocional. La forma de comunicación en la que las recompensas derivadas de la misma son la base primordial para que tal comunicación pueda mantenerse y perdurar. Por esto precisamente la experiencia nos dice que donde hay cariño verdadero, por eso mismo hay libertad, mientras que donde hay religión (centrada en lo ritual y lo sagrado) hay sumisión.
Ahora bien, supuesto lo dicho en esta (ya demasiado prolongada) reflexión, vuelve la pregunta inicial: ¿Qué quiere la Iglesia con todo lo que ha removido a propósito de la familia?Por supuesto, el papa Francisco, al convocar y programar el Sínodo de la Familia, ha querido responder a problemas apremiantes que tienen planteados miles de familias en todo el mundo. Pero es de suponer que el papa Francisco, al convocar este Sínodo, exigiendo libertad para hablar de los problemas y transparencia para informar de lo que se ha hablado en las sesiones sinodales, lo que ha hecho ha sido poner en marcha, sin posible vuelta atrás, un proceso de apertura de la Iglesia a los problemas reales y concretos que, en este momento histórico, se nos plantean a todos.
Pero lo que ha ocurrido es que, no sólo se ha puesto en marcha este proceso, sino que, además de eso, el mundo se ha enterado de que en la Iglesia persiste muy vivo un sector importante de clérigos (de todos los rangos) y de laicos que identifican las creencias cristianas con posiciones inmovilistas e intolerantes que, además, desde el punto de vista de la más documentada, sana y ortodoxa teología, son posiciones indemostrables. Y, por tanto, posiciones que ocultan pretensiones inconfesables de poder y autoridad que se orientan más a mantener intacta la “sumisión” de los fieles que a fomentar la “libertad” que brota del cariño entre los seres humanos.
La situación es delicada. Hay que evitar, a toda costa, un nuevo cisma en la Iglesia. Pero no podemos estar incondicionalmente con quienes identifican el cristianismo con una religión centrada en la observancia de rituales sagrados, que produce obsesivamente sumisión a jerarquías ancladas en un pasado y en una cultura que ya no son ni nuestro tiempo, ni la cultura en que vivimos. Un cristianismo así, produce personas muy religiosas y un clero fiel a jerarquías eclesiásticas que se identifican más con los privilegios que le ofrece el poder político que con la libertad indispensable para lograr una sociedad más justa en la que todos los ciudadanos podamos vivir en justicia e igualdad de derechos. Si nuestro proyecto de vida quiere ser fiel a Jesús y a su Evangelio, no tenemos más camino que la apertura al futuro que entre todos tenemos que construir. Es más, si de verdad queremos a la Iglesia y ser fieles a la” memoria peligrosa” de Jesús, los cristianos tenemos, en el camino que nos está abriendo y trazando el papa Francisco, el itinerario cierto que nos lleva al fin que anhelamos.
José M. Castillo
Teología sin censura
RD

¿Desacralizar el papado? por José Ignacio González Faus SJ



Puedo garantizar la anécdota porque me la contó su protagonista: un obispo (de cuyo nombre no debo acordarme) a quien Francisco, el actual obispo de Roma, le dijo literalmente en conversación privada: “reza por mí; la derecha eclesial me está despellejando. Me acusan de desacralizar el papado”.
Permítaseme preguntar si lo que está haciendo Francisco es desacralizar el papado o más bien cristianizarlo. Hace unos diez siglos, san Bernardo escribió una carta al papa Eugenio III y lo que le pedía en ella viene a ser otra “desacralización” del papado: que se parezca a Pedro y no a Constantino (o al sumo sacerdote judío), y que recuerde que Pedro no necesitó grandes palacios, ni mantos de armiño, ni lujosos medios de transporte para anunciar a Cristo. Por si fuera poco, el nada sospechoso Benedicto XVI declaró poco antes de su renuncia que esa carta de san Bernardo debería ser libro de cabecera para todos los papas.
Pedro fue muy apreciado en la iglesia primera, pero el libro de los Hechos de los Apóstoles no da ningún testimonio de que ello se debiera a una sacralización de su persona o de su ministerio: se le quería porque era perseguido y encarcelado, porque tenía intuiciones de líder sobre los nuevos caminos que había de emprender la iglesia primera, quizá también porque era humano y se le podían pedir cuentas cuando daba un paso que algunos timoratos no entendían (como entrar en casa de un pagano), o incluso se le podía reprender públicamente como hizo Pablo…
Algo parecido a lo que pedía san Bernardo es lo que intenta Francisco. Pero eso es cristianizar al papado. ¿O acaso habrá que acusar al mismo Jesucristo de “desacralizar” a Dios, por haberse vaciado de su rango divino y haber asumido figura de siervo (Fil, 2,6 ss)? Pues no: más bien hay que decir que un ministerio de Pedro sacralizado no hace más fácil la evangelización, ni más auténtica la fe de los católicos. Sólo sirve para que la curia romana se autosacralice a sí misma bajo la sombra del papa.
Tratando de comprender esa desviación cabría decir que brota de lo que suele presentarse como lo más característico, la gran virtud y el gran peligro de lo “católico”. Kat-hólico significa universal, pero no en sentido cuantitativo sino cualitativo: significa que ninguna dimensión natural queda fuera de lo cristiano (salvo el pecado que, por muy metido que lo tengamos, es lo más antinatural). Católico deriva del mismo vocablo griego (“holon”, en lugar de “pan”) de donde procede nuestra palabra holístico puesta hoy tan de moda, y que se refiere a una totalidad, pero en sentido distinto al que pueden evocar palabras como ”pan-germanismo” o pan-sexualismo.
Por eso se decía antaño que la diferencia entre catolicismo y protestantismo estaba sólo en una “y” (fe y razón, Dios y hombre, Gracia y libertad, vertical y horizontal…). Ésta sería la gran virtud de lo católico. Su gran peligro, de ahí derivado, es que puede contribuir a que nos perdamos en detalles ensombreciendo lo esencial cristiano y creyendo que comulgar en la boca (por ejemplo) es más santo y más piadoso que hacerlo en la mano. Al querer afirmarlo todo, se da el mismo valor a todo y se difumina la tremenda radicalidad cristiana.
La reforma de Lutero buscó en realidad una concentración en eso esencial cristiano, que luego algunos tacharon de reducción. Pero también se ha podido tildar a algunas personas y posturas católicas de ser “muy católicas pero muy poco cristianas”, terrible aviso que ya lanzó Fernando de los Ríos en 1933. Los shows multitudinarios del papa Wojtila con los gritos de “totus tuus” o “santo súbito” podrían ser tachados de muy católicos pero quizá poco cristianos. Y en fin: no sé si cabe decir que el protestantismo es como el canto gregoriano y el catolicismo como la polifonía barroca (y esto lo escribe un católico admirador del gregoriano).
Todos esos entornos de vestimentas especiales (y con sastres especiales), residencias regias, genuflexiones, apelativos de “santo padre”, viajes especiales… son en realidad muy secundarios. Cuando se los exagera y se los absolutiza contribuyen a crear una aureola idolátrica en torno al sucesor de aquel pescador de Galilea, llamado Pedro. Jesús no se sirvió de esas auras sagradas para anunciar la paternidad de Dios y el reinado de Dios. Y con el cristianismo se ha abolido la distinción entre lo sagrado y lo profano: porque, según Jesús, lo único sagrado es el ser humano, que está por encima de todos los “sábados” de la historia. De modo que, seguramente, el Maestro repetiría hoy a todo esos monseñores preocupados, sus palabras de antaño: “deja a los muertos que entierren a sus muertos, y ve a anunciar el reinado de la libertad de los hijos de Dios y la fraternidad de los hermanos en Cristo” (Lc 9,60).
Así pues: ¿que Francisco está desacralizando el papado? Demos gracias a Dios por ello, porque contribuirá a purificar la fe de los católicos facilitando además el acercamiento de otras iglesias cristianas. Porque, aunque sea cierto que a Dios sólo llegamos a través de mediaciones, eso no significa que debamos sacralizarlas.
José Ignacio González Faus
Miradas Cristianas
RD

Chile: Carta abierta al Papa Francisco


El pasado 21 de octubre, en el GAM de Santiago, se conoció la misiva respaldada por más de cien personalidades del mundo de la Cultura, la Economía y de los Derechos Humanos 
Carta abierta al Papa Francisco
Ante hechos recientes que desconciertan al Pueblo de Dios en Chile
Querido Hno. Papa Francisco:
Junto con agradecer la esperanza que Ud. ha traído de vuelta a la Iglesia universal, un grupo de cristianos estimamos conveniente ejercer nuestra corresponsabilidad laical, y solicitar respetuosamente su atención a un hecho que ha conmocionado a la opinión pública de nuestro país: la acusación, desmentidos, aclaraciones y retractaciones de altos dignatarios de la Iglesia que han producido desconcierto, confusión y división en el Pueblo de Dios, derivado de una investigación canónica contra tres insignes sacerdotes.
La prensa ha informado de una investigación canónica, motivada por opiniones públicas personales que expresan: apoyo a reformas que se discuten en el Congreso Nacional; acogida a marginados por su condición sexual; comprensión a mujeres que sucumben dramáticamente abortando a un hijo en gestación; y acompañamiento en el discernimiento moral.
Sin inmiscuirnos en cuestiones canónicas, vemos que lo ocurrido no es un hecho aislado, sino el síntoma de una grave crisis que vive nuestra Iglesia chilena en general, y la Iglesia de Santiago en particular. Por eso, consideramos necesario compartir una mirada objetiva de la situación de nuestra Iglesia, ofreciendo de paso un testimonio de la vida sacerdotal de los hermanos cuestionados.
1. «Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio» EG48
Los sacerdotes involucrados – padres José Aldunate SJ, Mariano Puga y Felipe Berríos SJ – se han ganado el cariño y respeto de la mayoría de los chilenos. Ellos son el rostro comprometido y acogedor de una Iglesia cercana a los pobres y perseguidos. Ellos son referentes morales y personas creíbles por su coherencia evangélica, cautivando a multitud de niños, jóvenes y adultos, sin distinción de clase, credo ni ideología.
Es sabido que la voz de estos sacerdotes incomoda, entre ellos, a algunos obispos y a grupos vinculados a la Iglesia que ejercen poder.
2. «Deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los oídos» EG 31
La opinión pública ha sido testigo, con no poca perplejidad, de un pudoroso conflicto entre el arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati Andrello, y el nuncio apostólico, monseñor Ivo Scápolo. Mientras el cardenal desconoce responsabilidad y endosa culpas a la nunciatura, monseñor Scápolo actúa con prudencial sigilo.
Entre los antecedentes objetivos disponibles hay constancia de la investigación canónica, así como de la difusión de los hechos en una reunión del clero de Santiago presidida por el cardenal arzobispo.
Se instala así la duda, la intriga y la desconfianza, invadiendo el alma del Pueblo de Dios que, confundido, contempla el Cuerpo Místico de Cristo herido.
3. «La gloriosa libertad de los hijos de Dios.» Rm 8,22b
Con estos hechos se impone la censura a la libertad de opinión y se revela un rasgo de la Iglesia preconciliar, jerárquica y piramidal. Queda también en evidencia el indebido respeto por la conciencia ajena.
Como un hecho persistente, vemos en la Iglesia de Santiago un nocivo ambiente de desconfianza y de miedo que inhibe la libertad de los hijos de Dios, afectando particularmente al clero y a la vida religiosa. Ello, es consecuencia de un estilo de liderazgo autoritario de público conocimiento: “Hace un par de meses en reunión con sus vicarios del Arzobispado consultó: «¿Es verdad que me ven como alguien autoritario?» Los vicarios se miraron y negaron el hecho porque asumen que su estilo ejecutivo que imprime en su gestión es parte de su personalidad”. (Diario La Segunda, 22 de Agosto de 2014).
4. «¡El dinero debe servir y no gobernar!» EG 58
En la Iglesia chilena, vemos opacidad económica que afecta su imagen pública. Los fieles tenemos derecho a conocer con transparencia las fuentes de financiamiento y los gastos de nuestra Iglesia, así como la administración de su patrimonio y los vínculos comerciales con algunos grupos económicos. Nuestra Iglesia necesita liberarse del apego al poder del dinero, que inhibe la libertad evangélica de los pastores.
A modo de ejemplo, está la demanda judicial de una familia contra el Arzobispado de Santiago por 200 millones de dólares, por la supuesta apropiación indebida de parte de la propiedad de la filial de SOPROLE, Sociedad Procesadora de Leche del Sur S.A. (El Mostrador, 21 de noviembre de 2013).
5. «No a la mundanidad espiritual» EG 97
Vemos con preocupación que un emblemático edificio institucional, inaugurado en Diciembre de 2013 en el campus San Andrés de la Pontificia Universidad Católica de la Santísima Concepción, lleve el nombre de Monseñor Ricardo Ezzati Andrello y haya sido inaugurado por él mismo. (http://noticias.iglesia.cl/noticia.php?id=22992.
6. «Cada pueblo, en su devenir histórico, desarrolla su propia cultura con legítima autonomía» EG 115
Vemos que no se respeta la autonomía del Estado, como cuando el arzobispo de Santiago hacía lobby privado ante el gobierno del expresidente, Sebastián Piñera, para persuadir que el Estado de Chile no ratifique la Convención Interamericana Contra Todas las Formas de Discriminación e Intolerancia, adoptada por la 43ª Asamblea de la OEA. Eso dañó la imagen eclesial, exponiéndola a un severo escrutinio social y político. (The Clinic, 16 de Octubre de 2013).
7. «El mensaje que anunciamos siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces … podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador» EG 117
Vemos falta de prudencia pastoral cuando el arzobispo de Santiago ha protagonizado una persistente y reñida confrontación pública en la discusión de la Reforma Educacional, donde la Iglesia aparece defendiendo privilegios y mecanismos de segregación que no son compartidos por todo el Pueblo de Dios. Muchos ven en ello la defensa de privilegios, más que servicio al Bien Común.
En los denominados temas valóricos, la falta de serenidad y un estilo confrontacional impiden que la riqueza magisterial de la Iglesia ilumine el diálogo social, consiguiendo tensionar la vida cívica del país. (El Mercurio, 19 de Enero; 22 de Mayo y 27 de Julio de 2014).
8. «La homilía es la piedra de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor con su pueblo» EG 135
Vemos cómo se deteriora la autoridad del arzobispo de Santiago. Prueba de ello es que al convocar a un "Gran Propósito Nacional", en la homilía del Te Deum realizado en el templo catedral de la Iglesia de Santiago el 18 de Septiembre de 2014, no tuvo respuesta pública. Ante el silencio, insistió publicando una carta en El Mercurio del 28 de Septiembre, la que nuevamente no encontró acogida.
9. «La Iglesia católica es una institución creíble ante la opinión pública» EG 65
Vemos con tristeza una pérdida de credibilidad de nuestra Iglesia, ratificada en una persistente caída de este atributo en encuestas de opinión serias. Nos duele que sólo un 30% de los chilenos concedan credibilidad a la Iglesia Católica. Ello singifica que la mitad de los católicos no confían en su propia Iglesia. (Encuesta CEP, Julio de 2014).
10.       «La dulce y confortadora alegría de evangelizar» EG 9
Nuestra Iglesia chilena sufre y su imagen es desacreditada; mientras el Pueblo de Dios resiente la crisis y parece “como ovejas sin pastor” (Mt 9, 36b). Mucho bien hace nuestra Iglesia, pero su tarea esencial se ve dificultada porque, sin credibilidad, no es posible anunciar la confortadora Alegría del Evangelio.
Querido papa Francisco, para encontrar cauces de solución, y por el bien superior de nuestra Iglesia,queremos solicitar respetuosa y responsablemente, que tenga a bien considerar la venida de una Visita Apostólica al Arzobispado de Santiago, para evaluar objetivamente la delicada situación descrita.
En este atrevimiento de escribirle una carta abierta, nos mueve un entrañable amor a nuestra Iglesia, y nos ha convencido aquello que “Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: « ¡Dadles vosotros de comer! » (Mc 6,37)” EG 49.
Con afecto filial, lleno de esperanza, y con el compromiso de nuestra perseverante oración por Ud. y por el bien nuestra Iglesia, le saludan afectuosamente:
1.     Marta Cruz Coke
2.     Andrés Aylwin A.
3.     Moy de Thoá  
4.     Marcial Edwards
5.     Mónica Echeverría
6.     Esteban Tomic
7.     Pía Matta
8.     Héctor Valdés
9.     Carmen Gloria Aguayo
10. Vicente Sota B.
11. Isabel Margarita Morel
12. Luis Matte
13. Teresa Turpoud
14. Ricardo French Davies
15. Carmen Gloria Aguayo
16. Gustavo  Varela
17. Fabiola Letelier del Solar
18. María Olivia Monckeberg
19. Humberto Gianinni
20. Ana María Bussi
21. Ramón Huidobro
22. Florencia Velasco
23. Claudio Di Girolamo
24. Estela Ortíz
25. Alfredo Jadresic
26. Matilde Chonchol
27. José Bengoa
28. Mercedes Bulnes
29. Roberto Celedón
30. Carmen Paz Allende
31. Manuel Jacques
32. Teresa Valdés
33. Héctor Noguera
34. Naschla Aburman
35. Armando Uribe A.
36. Luz Pacheco
37. Juan Guillermo Espinosa
38. Angélica Prats 
39. Andrés Wood
40. María Teresa Pozzoli
41. Fernando Villagrán
42. Bárbara Larraín
43. Pedro Gastón Pascal
44. Isabel Vergara
45. Jacques Chonchol
46. Laura Albornoz
47. Dr. Patricio Bustos
48. Isabel Aldunate
49. Nelson Caucoto
50. Joaquín Velasco
51. Carmen Barros
52. Eduardo San Martín
53. Graciela Bórquez
54. Eduardo Palma
55. Sara Campos
56. Ricardo Halabí
57. Margarita Iglesias
58. Harry Dauvern
59. Kena Lorenzini
60. Fernán Díaz
61. Gloria Lazo
62. Bady Salas
63. Giselle Munizaga
64. Jorge Andrés Richards
65. Verónica Salas
66. Manuel Ossa
67. Dra. Fanny Pollarolo
68. Dr. Arturo Jirón
69. Viviana Díaz
70. Marcel Young
71. Anita González
72. Pedro Ruz C.
73. Ana María Allende
74. Andrea Brandes
75. Felipe Portales
76. Cecilia Olmos
77. Roberto Garretón M.
78. María Jesús Martínez
79. Jaime Escobar
80. Verónica Vergara
81. Juan Carlos Navarrete
82. Ana María Aarón
83. Juan Subercaseaux A.
84. Alfredo Barahona
85. Raúl Rosales
86. Luis Meneses C.
87. Luis Sebastián Cano
88. Juan Pablo Canessa
89. Marco Antonio Velásquez
90. Eduardo Cruz Coke
91. Hernán Montealegre
92. Cristián Palma A.
93. Alejandro Medina
94. Celso Rocha Morales
95. Bosco Parra
96. Rebeca Ortega Gamboa
97. Viviana Martínez-Conde Ugarte
98. Javier Manosalva Iturriaga
99. Angélica Proaño Calderón
100.    Claudia Rozas González
101.    Jorge Alvarez Eugenin
102.    Hernán Valdés Sánchez
103.    Manuel Gutiérrez González
104.    Sandra Martínez-Conde Ugarte
105.    Jacqueline Escobar Fernández
106.    Jasmina Awad Cerda
107.    Pedro Contardo V.
108.    María Eugenia Cifuentes
109.    Felicia Concha Blanchard
110.    Lilia Santos Soto-Moreno
111.    Hilda Sotomayor Monsalves
112.    Rodrigo Aravena
113.   Juana Aguilera Jaramillo
114.   Osvaldo Aravena S.
115.   Rafael Venegas C.
116.  Alejandro Jara S.
117.  Juan Ricardo Fernández
118.  Marcia Quinteros D.
 Reflexión y Liberación
Santiago de Chile, 21 de octubre de 2014

En el sínodo y después, puerta giratoria para los homosexuales por Sandro Magister


Primero admitidos con todos los honores, luego expulsados. Así ha parecido en el transcurso de la discusión. Pero qué sucedió realmente. Martin Rhonheimer analiza los detalles del tema 


ROMA, 22 de octubre de 2014 – La homosexualidad ha sido uno de los temas más controvertidos en el reciente sínodo extraordinario sobre la familia, como prueba la diferencia abismal entre el parágrafo dedicado a ella en la "Relatio" final y los tres parágrafos de la anterior "Relatio", elaborada en la mitad de la discusión.

"Relatio" final:

"55. Algunas familias viven la experiencia de tener en su interior personas con orientaciones homosexuales. Al respecto nos hemos interrogado sobre qué atención pastoral es oportuna frente a esta situación, refiriéndonos a lo que enseña la Iglesia: 'No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia'. Sin embargo, los hombres y las mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto y delicadeza. 'Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta' (Congregación para la Doctrina de la Fe, “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales”, n. 4)".

"Relatio post disceptationem":

"50. Las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana: ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades? A menudo desean encontrar una Iglesia que sea casa acogedora para ellos. ¿Nuestras comunidades están en grado de serlo, aceptando y evaluando su orientación sexual, sin comprometer la doctrina católica sobre la familia y el matrimonio?

"51. La cuestión homosexual nos interpela a una reflexión seria sobre cómo elaborar caminos realísticos de crecimiento afectivo y de madurez humana y evangélica integrando la dimensión sexual: por lo tanto se presenta como un importante desafío educativo. La Iglesia, por otra parte, afirma que las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser equiparadas al matrimonio entre un hombre y una mujer. Tampoco es aceptable que se quieran ejercitar presiones sobre la actitud de los pastores o que organismos internacionales condicionen ayudas financieras a la introducción de normas inspiradas a la ideología gender.

"52. Sin negar las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales, se toma en consideración que hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas. Además, la Iglesia tiene atención especial hacia los niños que viven con parejas del mismo sexo, reiterando que en primer lugar se deben poner siempre las exigencias y derechos de los pequeños".

Primero por el cardenal relator Péter Erdö y luego por el presidente delegado Raymundo Damasceno Assis, fue señalado como autor de estos tres parágrafos el secretario especial del sínodo Bruno Forte, a quien el papa Francisco quiso en este rol.

Pero también es indicativa la prehistoria de estos parágrafos. Dos de los tres padres sinodales que en el aula habían planteado el argumento – ellos solos sobre casi doscientos presentes – han apoyado efectivamente sus argumentaciones sobre afirmaciones del papa Jorge Mario Bergoglio.

El arzobispo de Kuching, John Ha Tiong Hock, presidente de la Conferencia Episcopal de Malasia, Singapur y Brunei, se remitió al pasaje de la entrevista de Francisco en "La Civiltà Cattolica", en la cual el Papa pide a la Iglesia que madure y reformule sus propios juicios sobre la comprensión que el hombre de hoy tiene de sí mismo – también en materia de homosexualidad, ha especificado el arzobispo – con la misma disposición al cambio que había mostrado en el pasado, al mutar radicalmente sus propios juicios sobre la esclavitud:

> Papa Francisco. Entrevista exclusiva

Esta entrevista había sido recogida y publicada en setiembre del 2013 por el director de "La Civiltà Cattolica", el jesuita Antonio Spadaro, quien también transcribió y publicó en la misma revista, en enero del 2014, una entrevista llevada a cabo en el anterior mes del noviembre entre el Papa y los superiores generales de las órdenes religiosas:



> "Svegliate il mondo!"


Y es de esta segunda entrevista que el padre Spadaro – nombrado personalmente por Francisco miembro del sínodo – retomó en el aula las palabras textuales del Papa respecto a una niña adoptada por dos mujeres lesbianas, para solicitarle a la Iglesia una renovada y obligada "escucha y discernimiento" de situaciones de este tipo.

El padre Spadaro, desobedeciendo las órdenes de la secretaría general del sínodo, luego hizo pública su intervención en el aula:

> Intervento di p. Antonio Spadaro S.I.


La "Relatio post disceptationem", en los tres parágrafos dedicados a la homosexualidad, retomó y desarrolló ulteriormente lo dicho en el aula por el arzobispo malasio, por el padre Spadaro y por el cardenal Christoph Schönborn, el tercero que intervino sobre el tema.

Pero la posterior discusión en el sínodo hizo pedazos los tres parágrafos y de ellos no confluyó prácticamente nada en la "Relatio" final, que sobre la homosexualidad se limita a remitir a lo que ya está dicho por el Catecismo de la Iglesia Católica y por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Luego de dos semanas de acalorada discusión en el sínodo, pareció que la discusión ha retornado al punto de partida.

¿Pero cuál es este punto de partida, más allá de las magras indicaciones de la "Relatio"? Es decir, ¿cuál es la lectura que el magisterio y la teología moral católica, en sus sedes oficiales, ofrecen de la cuestión de la homosexualidad?

Desde el punto de vista teológico y filosófico, una nítida fotografía de la visión clásica en la materia, sobre las huellas trazadas por santo Tomás de Aquino. El autor es Martin Rhonheimer, suizo, sacerdote del Opus Dei, profesor de Ética y Filosofía Política en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en Roma.


SOBRE EL CARÁCTER NO RAZONABLE DE LOS ACTOS HOMOSEXUALES

por Martin Rhonheimer



Quiero profundizar aquí la idea central de la “verdad de la sexualidad”, es decir, la idea que la sexualidad humana posee su verdad propia que, sin desvalorizar la bondad intrínseca como vivencia afectiva y sensual, la trasciende y la integra en el conjunto de la dimensión espiritual de la persona humana. […]

La verdad de la sexualidad es el matrimonio. Es la unión entre personas en las que la inclinación es vivida como elección preferencial – "dilectio" – y en la que se convierte en amor, donación mutua, comunión indisoluble, abierta a la transmisión de la vida y amistad en vistas de una comunidad de vida que perdura hasta la muerte. Así, en este contraste preciso – el contexto de la castidad matrimonial que incluye el bien de la persona y se trasciende hacia el bien de la especie humana – es que la vivencia sexual, también en sus dimensiones afectivas, impulsivas y sensuales se presenta también como auténtico “bonum rationis”, como algo intrínsecamente razonable y bueno para la razón. […]

Los actos sexuales – a saber, la cópula carnal – y la vivencia sexual, en cuanto actos razonables, son entonces necesariamente y por su propia naturaleza expresión de un amor en el contexto de la transmisión de la vida.

Por el contrario, una actividad sexual que excluya por principio tal contexto, tanto en modo intencionalmente buscado (como en el caso de la anticoncepción referida a actos heterosexuales) como en modo “estructuralmente” dado (tal es el caso de los actos homosexuales) no es un bien para la razón, precisamente como sexualidad y como vivencia sexual. Se pone a nivel de un mero bien de los sentidos, de una afectividad truncada, estructuralmente reducida al nivel sensual, instintivo e impulsivo.

Tal reducción sensual del amor y de la afectividad es también lógicamente posible en el caso de los actos heterosexuales, también más allá del caso de la anticoncepción, y en el matrimonio. Pero en el caso de la homosexualidad esa reducción no es solamente intencional y voluntariamente buscada, sino “estructural”, dada por el hecho mismo que se trata de personas del mismo sexo, que por motivos biológicos y por su misma naturaleza no pueden ser procreativos.

La causa última de este tipo de reducción está en el hecho que se trata – sobre la base de las elecciones conscientes y libres – de una sexualidad sin obligación o sin “misión”, de una inclinación sensual que no se trasciende hacia un bien humano inteligible por encima de la sola vivencia sensual. La experiencia – también la de los homosexuales practicantes, muchas veces tan dolorosa – lo confirma. […]

En el caso de la homosexualidad, la separación entre sexualidad y procreación es entonces estructural. Por eso se trata también de actos estructuralmente no razonables y, en consecuencia, moralmente no justificables por su misma naturaleza. Son lo que tradicionalmente los moralistas llaman un pecado "contra naturam", aunque en el horizonte de una afectividad orientada hacia la satisfacción del impulso sensual esos actos pueden parecer razonables y justificables y, al menos por un cierto tiempo, pueden ser subjetivamente vividos como tales.

La amplia cultura hodierna de separación entre sexualidad y procreación torna cada vez más difícil la comprensión de la intrínseca no-razonabilidad de los actos homosexuales. Esta cultura, favorita a nivel global por el fácil acceso a los medios anticonceptivos y ahora convertida en algo normal, es el carácter distintivo de esa “revolución sexual” que es también una verdadera y auténtica revolución cultural. Una de las consecuencias de esta revolución es que el matrimonio es cada vez menos entendido como proyecto de vida y más concretamente como proyecto con una trascendencia social, vale decir, capaz de unir a dos personas que miran al futuro y que tienen como objetivo común el de constituir una familia que persista en el tiempo.

En este sentido, las uniones homosexuales no pueden definirse como familias, aun cuando en su seno se encuentren niños adoptados o “hechos” mediante modalidades de tecnología reproductiva. Esas “familias” formadas por parejas del mismo sexo no son más que una imitación de lo que es la verdadera familia: un proyecto realizado por dos personas mediante su amor, su don recíproco en la totalidad de su ser corpóreo y espiritual. Las “familias” de parejas homosexuales no podrán realizar jamás este proyecto, ya que el amor que está a la base de estas uniones – a saber, los actos sexuales que pretenden ser actos de amor esponsal – es estructural y necesariamente infecundo, dada su propia naturaleza.

Por cierto, es diferente el caso de una pareja heterosexual que por razones que son independientes de la voluntad de ambos partner no puede tener hijos y por esta razón adopta uno o más niños. En este caso, en efecto, su unión es por su propia naturaleza – vale decir, estructuralmente – de tipo generativo. Por esta razón es que cambia también la estructura intencional y el carácter moral del acto de adopción: éste adquiere el valor de una realización alternativa de algo para lo cual la unión conyugal está predispuesta por naturaleza, y solamente impedida por "accidens". La no-fecundidad es entonces "praeter intentionem" y no entra en la valoración moral. Así el acto de adopción puede participar en la estructura de fecundidad intrínseca del amor matrimonial.

No se puede decir lo mismo en el caso de una pareja formada por personas del mismo sexo. En este caso, la infecundidad es estructural y es asumida intencionalmente a través de la libre decisión de formar justamente este tipo de unión. Aquí no existe ningún nexo entre el amor matrimonial y la adopción, ya que el primero (el amor matrimonial que incluye la apertura a la dimensión procreativa) está totalmente ausente. Por eso el acto de adopción en una unión homosexual es pura imitación – un acto falso – de aquello para lo cual el matrimonio está predispuesto por su propia naturaleza.

Una última observación: todo juicio sobre la homosexualidad, su intrínseca no razonabilidad e inmoralidad, se refiere obviamente sólo y únicamente a los actos sexuales entre personas del mismo sexo. Pero no se trata de un juicio sobre la mera disposición a tales actos que, aunque se la considere no razonable, no tiene carácter de error moral, en la medida en que esa disposición no es apoyada.

Y mucho menos se trata de un juicio sobre las personas con tendencias homosexuales, sobre su dignidad y su valor moral, el cual puede ser puesto en discusión solamente por la práctica de actos homosexuales y por la elección de un respectivo estilo de vida, libremente elegido como bien, porque constituiría una elección moralmente equivocada y por eso mala, capaz de alejar del verdadero bien humano.

Por el contrario, un homosexual que se abstenga de la práctica de actos homosexuales puede vivir la virtud de la castidad y todas las otras virtudes, llegando también al más elevado nivel de santidad.



El texto íntegro de la "Relatio" final:

> Relatio Synodi


y el de la "Relatio" producida en la mitad de la discusión:

> Relatio post disceptationem

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En una entrevista concedida a Elisabetta Piqué y publicada en el diario argentino "La Nación" el 21 de octubre, el arzobispo Víctor Manuel Fernández, rector de la Universidad Católica de Buenos Aires, presente en el sínodo por voluntad del papa Francisco de quien es amigo y confidente, y encargado de escribir el mensaje y la "Relatio" final, respondió así a una pregunta sobre el parágrafo que hace referencia a la homosexualidad:

"El hecho de que ese breve párrafo no haya logrado los dos tercios no se explica por un voto negativo de sectores muy conservadores, sino también por un voto negativo de algunos obispos más sensibles al tema que no quedaron conformes con lo poco que se dijo. […] Quizá nos habría faltado decir, al menos, con el papa Francisco: '¿Quiénes somos nosotros para juzgar a los gays?'".

El texto íntegro de la entrevista:

> "El Papa espera más apertura de los obispos"

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Traducción en español de José Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.


Chiesa
RD