Sunday, November 19, 2017

Fco. “Los pobres son nuestro pasaporte al paraíso” misa de la primera Jornada Mundial de los Pobres. Video y audios


En la misa de la primera Jornada Mundial de los Pobres, Francisco advirtió sobre el «gran pecado de la indiferencia; es deber evangélico cuidar a los que sufren»; el Pontífice reza por la tripulación del submarino argentino “Ara de San Juan”

GIACOMO GALEAZZI
CIUDAD DEL VATICANO

«En el pobre, Jesús llama a la puerta de nuestro corazón y, sediento, nos pide amor»; «la omisión es también el mayor pecado contra los pobres —afirmó Francisco. Aquí adopta un nombre preciso: indiferencia». Y añadió: «todos somos mendigos de lo esencial, del amor de Dios, que nos da el sentido de la vida y una vida sin fin. Por eso hoy también tendemos la mano hacia Él para recibir sus dones», porque «para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da, y “el que acumula tesoro para sí” no se hace “rico para con Dios”». Y es por este motivo que «nadie puede considerarse inútil, ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás». En la homilía de la misa celebrada en ocasión de la primera Jornada Mundial de los Pobres, el Papa reflexionó sobre las Sagradas Escrituras para lanzar un llamado a los fieles que llegaron de todo el mundo a la Plaza San Pedro: «No busquemos lo superfluo para nosotros, sino el bien para los demás, y nada de lo que vale nos faltará. Amar al pobre significa luchar contra todas las pobrezas, espirituales y materiales». Y advirtió que «no hacer nada malo no es suficiente, porque Dios no es un revisor que busca billetes sin timbrar, es un Padre que sale a buscar hijos para confiarles sus bienes y sus proyectos». Y es triste «cuando el Padre del amor no recibe una respuesta de amor generosa de parte de sus hijos, que se limitan a respetar las reglas, a cumplir los mandamientos, como si fueran asalariados en la casa del Padre». En su meditación, el Papa advirtió sobre la tentación de considerarse ajenos al prójimo en dificultades pensando «No es algo que me concierne, no es mi problema, es culpa de la sociedad». Una actitud que consiste en «mirar a otro lado cuando el hermano pasa necesidad, es cambiar de canal cuando una cuestión seria nos molesta», y también «indignarse ante el mal, pero no hacer nada. Dios, sin embargo, no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien». Pero, precisó el Papa, «Dios no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien». Por ello se preguntó: «¿cómo podemos complacer al Señor de forma concreta?». «Cuando se quiere agradar a una persona querida, haciéndole un regalo, por ejemplo, es necesario antes de nada conocer sus gustos, para evitar que el don agrade más al que lo hace que al que lo recibe —afirmó. Cuando queremos ofrecer algo al Señor, encontramos sus gustos en el Evangelio». 


Entonces el Pontífice invocó al Señor, «que tiene compasión de nuestra pobreza y nos reviste de sus talentos», para que «nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta y el valor de amar, no con palabras sino con hechos». Después de la lectura del Evangelio, Jorge Mario Bergoglio subrayó que «tenemos la alegría de partir el pan de la Palabra, y dentro de poco de partir y recibir el Pan Eucarístico, que son alimento para el camino de la vida. Todos lo necesitamos, ninguno está excluido». Y es por ello que debemos «la mano hacia Él para recibir sus dones», exhortó. Precisamente los dones son el argumento de la parábola del Evangelio: nos dice que nosotros somos «destinatarios de los talentos de Dios, “cada cual según su capacidad”». Y, recomendó el Papa, «en primer lugar, debemos reconocer que tenemos talentos, somos “talentosos” a los ojos de Dios. Por eso nadie puede considerarse inútil, ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás. Hemos sido elegidos y bendecidos por Dios, que desea colmarnos de sus dones, mucho más de lo que un papá o una mamá quieren para sus hijos». Y Dios, «para el que ningún hijo puede ser descartado, confía a cada uno una misión». Según Jorge Mario Bergoglio, Dios, «como Padre amoroso y exigente que es, nos hace ser responsables». De hecho, «en la parábola vemos que cada siervo recibe unos talentos para que los multiplique». Pero «mientras los dos primeros realizan la misión, el tercero no hace fructificar los talentos; restituye sólo lo que había recibido». Y dice: «“Tuve miedo —dice—, y fui y escondí tu talento en la tierra; mira, aquí tienes lo que es tuyo”. Este siervo recibe como respuesta palabras duras: “Siervo malo y perezoso”».El Pontífice se preguntó qué es lo que no le ha gustado al Señor: «para decirlo con una palabra que tal vez ya no se usa mucho y, sin embargo, es muy actual, diría: la omisión. Lo que hizo mal fue no haber hecho el bien. Muchas veces nosotros estamos también convencidos de no haber hecho nada malo y así nos contentamos, presumiendo de ser buenos y justos». 


Pero de esta manera «corremos el riesgo de comportarnos como el siervo malvado: tampoco él hizo nada malo, no destruyó el talento, sino que lo guardó bien bajo tierra». Efectivamente, recordó el Papa, «el siervo malvado, a pesar del talento recibido del Señor, el cual ama compartir y multiplicar los dones, lo ha custodiado celosamente, se ha conformado con preservarlo. Pero quien se preocupa sólo de conservar, de mantener los tesoros del pasado, no es fiel a Dios. En cambio, la parábola dice que quien añade nuevos talentos, ese es verdaderamente “fiel”, porque tiene la misma mentalidad de Dios y no permanece inmóvil: arriesga por amor, se juega la vida por los demás, no acepta el dejarlo todo como está. Sólo una cosa deja de lado: su propio beneficio. Esta es la única omisión justa». 


Francisco citó nuevamente el pasaje evangélico del día, en el que Jesús dice: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis». Y explicó: «estos hermanos más pequeños, sus predilectos, son el hambriento y el enfermo, el forastero y el encarcelado, el pobre y el abandonado, el que sufre sin ayuda y el necesitado descartado», en sus rostros «podemos imaginar impreso su rostro; sobre sus labios, incluso si están cerrados por el dolor, sus palabras: “Esto es mi cuerpo”». Por ello, «cuando vencemos la indiferencia y en el nombre de Jesús nos prodigamos por sus hermanos más pequeños, somos sus amigos buenos y fieles, con los que Él ama estar». Y «Dios lo aprecia mucho, aprecia la actitud que hemos escuchado en la primera Lectura, la de la “mujer fuerte” que “abre sus manos al necesitado y tiende sus brazos al pobre”». Esta es «la verdadera fortaleza: no los puños cerrados y los brazos cruzados, sino las manos laboriosas y tendidas hacia los pobres, hacia la carne herida del Señor». 


En los pobres «se manifiesta la presencia de Jesús, que siendo rico se hizo pobre». En ellos, pues, «en su debilidad, hay una “fuerza salvadora”. Y si a los ojos del mundo tienen poco valor, son ellos los que nos abren el camino hacia el cielo, son “nuestro pasaporte para el paraíso”». Y «para nosotros un deber evangélico cuidar de ellos, que son nuestra verdadera riqueza, y hacerlo no sólo dando pan, sino también partiendo con ellos el pan de la Palabra, pues son sus destinatarios más naturales. Amar al pobre significa luchar contra todas las pobrezas, espirituales y materiales». Francisco insistió en ello, porque «nos hará bien» recordarlo.  

De hecho, concluyó, «acercarnos a quien es más pobre que nosotros, tocará nuestra vida. Nos hará bien, nos recordará lo que verdaderamente cuenta: amar a Dios y al prójimo». Y esto es lo único que «dura para siempre, todo el resto pasa; por eso, lo que invertimos en amor es lo que permanece, el resto desaparece». Hoy, exhortó, «podemos preguntarnos: “¿Qué cuenta para mí en la vida? ¿En qué invierto? ¿En la riqueza que pasa, de la que el mundo nunca está satisfecho, o en la riqueza de Dios, que da la vida eterna?”. Esta es la elección que tenemos delante: vivir para tener en esta tierra o dar para ganar el cielo. Porque para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da». 


Al final de la Misa, el Papa recitó el Ángelus y rezó incluso «por la tripulación del submarino militar argentino con el que se ha perdido contacto». Además, insistió el Papa, «quiero hoy recordar de manera particular a las poblaciones que viven una dolorosa pobreza a causa de la guerra y de los conflictos. Por eso renuevo a la comunidad internacional un apremiante llamamiento a comprometer todo esfuerzo posible para favorecer la paz, en particular en Oriente Medio. Dirijo un pensamiento especial al querido pueblo libanés y rezo por la estabilidad del País, para que pueda continuar siendo un “mensaje” de respeto y convivencia para toda la Región y para el mundo entero». 


Dios, aseguró el Pontífice, nos estima enormemente, y esta conciencia «nos ayuda a ser personas responsables en cada una de nuestras acciones». Esto nos debe «infundir valor, mientras el miedo inmoviliza siempre y a menudo nos lleva a tomas decisiones equivocadas. El miedo desanima tomar decisiones, induce a refugiarse en soluciones seguras y garantizadas, y así no se acaba haciendo nada bueno». Y «para salir adelante en la vida y crecer en el camino de la vida, hay que tener confianza, no debemos pensar que Dios es un patrón malo, duro y severo que quiere castigarnos. Si dentro de nosotros existe esta imagen equivocada de Dios, entonces nuestra vida no podrá ser fecunda, porque viviremos con el miedo y esto no nos llevará a nada constructivo». 


Dios, subrayó Jorge Mario Bergoglio, «no es un patrón severo e intolerante, sino un padre lleno de amor y ternura, de bondad». Por ello, «podemos y debemos tener una inmensa confianza en Él. Jesús nos muestra la generosidad y la premura del Padre en muchos modos: con su palabra, con sus gestos, con su acogida hacia todos, especialmente hacia los pecadores, los pequeños y los pobres». De hecho, «sus advertencias indican su interés por que no desperdiciemos inútilmente nuestra vida». Y «la parábola de los talentos nos llama a una responsabilidad personal y a una fidelidad que se convierte también en la capacidad de volvernos a poner constantemente en camino por nuevas vías, sin enterrar el talento, es decir los dones que Dios nos ha encomendado, y de los que nos pedirá cuentas». Y después pidió que la Virgen Santa «interceda por nosotros, para que permanezcamos fieles a la voluntad de Dios haciendo que den frutos los talentos con los que nos ha dotado, así seremos iguales a los demás y, en el último día, seremos acogidos por el Señor, que nos invitará a participar de su alegría». 


Después de haber recitado la oración mariana, el Papa recordó que «hoy recurre también el Día mundial en recuerdo de las víctimas de accidentes de tráfico, instituida por la ONU. Aliento a las instituciones públicas en el compromiso de la prevención, y exhorto a los automovilistas a la prudencia y al respeto de las reglas, como primera forma de tutela de sí mismos y de los demás». 

Vatican Insider

Santa Misa con ocasión de la Jornada Mundial de los Pobres




Primera Jornada mundial de los pobres. Misa con el Papa: “Todos somos mendigos de lo esencial, del amor de Dios”


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Homilía del Papa, escucharla aquí

Tenemos la alegría de partir el pan de la Palabra, y dentro de poco de partir y recibir el Pan Eucarístico, que son alimento para el camino de la vida. Todos lo necesitamos, ninguno está excluido, porque todos somos mendigos de lo esencial, del amor de Dios, que nos da el sentido de la vida y una vida sin fin. Por eso hoy también tendemos la mano hacia Él para recibir sus dones.
La parábola del Evangelio nos habla precisamente de dones. Nos dice que somos destinatarios de los talentos de Dios, «cada cual según su capacidad» (Mt 25,15). En primer lugar, debemos reconocer que tenemos talentos, somos «talentosos» a los ojos de Dios. Por eso nadie puede considerarse inútil, ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás. Hemos sido elegidos y bendecidos por Dios, que desea colmarnos de sus dones, mucho más de lo que un papá o una mamá quieren para sus hijos. Y Dios, para el que ningún hijo puede ser descartado, confía a cada uno una misión.
En efecto, como Padre amoroso y exigente que es, nos hace ser responsables. En la parábola vemos que cada siervo recibe unos talentos para que los multiplique. Pero, mientras los dos primeros realizan la misión, el tercero no hace fructificar los talentos; restituye sólo lo que había recibido: «Tuve miedo —dice—, y fui y escondí tu talento en la tierra; mira, aquí tienes lo que es tuyo» (v. 25). Este siervo recibe como respuesta palabras duras: «Siervo malo y perezoso» (v. 26). ¿Qué es lo que no le ha gustado al Señor de él? Para decirlo con una palabra que tal vez ya no se usa mucho y, sin embargo, es muy actual, diría: la omisión. Lo que hizo mal fue no haber hecho el bien. Muchas veces nosotros estamos también convencidos de no haber hecho nada malo y así nos contentamos, presumiendo de ser buenos y justos. Pero, de esa manera corremos el riesgo de comportarnos como el siervo malvado: tampoco él hizo nada malo, no destruyó el talento, sino que lo guardó bien bajo tierra. Pero no hacer nada malo no es suficiente, porque Dios no es un revisor que busca billetes sin timbrar, es un Padre que sale a buscar hijos para confiarles sus bienes y sus proyectos (cf. v. 14). Y es triste cuando el Padre del amor no recibe una respuesta de amor generosa de parte de sus hijos, que se limitan a respetar las reglas, a cumplir los mandamientos, como si fueran asalariados en la casa del Padre (cf. Lc 15,17).
El siervo malvado, a pesar del talento recibido del Señor, el cual ama compartir y multiplicar los dones, lo ha custodiado celosamente, se ha conformado con preservarlo. Pero quien se preocupa sólo de conservar, de mantener los tesoros del pasado, no es fiel a Dios. En cambio, la parábola dice que quien añade nuevos talentos, ese es verdaderamente «fiel» (vv. 21.23), porque tiene la misma mentalidad de Dios y no permanece inmóvil: arriesga por amor, se juega la vida por los demás, no acepta el dejarlo todo como está. Sólo una cosa deja de lado: su propio beneficio. Esta es la única omisión justa.
La omisión es también el mayor pecado contra los pobres. Aquí adopta un nombre preciso: indiferencia. Es decir: «No es algo que me concierne, no es mi problema, es culpa de la sociedad». Es mirar a otro lado cuando el hermano pasa necesidad, es cambiar de canal cuando una cuestión seria nos molesta, es también indignarse ante el mal, pero no hacer nada. Dios, sin embargo, no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien.
Entonces, ¿cómo podemos complacer al Señor de forma concreta? Cuando se quiere agradar a una persona querida, haciéndole un regalo, por ejemplo, es necesario antes de nada conocer sus gustos, para evitar que el don agrade más al que lo hace que al que lo recibe. Cuando queremos ofrecer algo al Señor, encontramos sus gustos en el Evangelio. Justo después del pasaje que hemos escuchado hoy, Él nos dice: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Estos hermanos más pequeños, sus predilectos, son el hambriento y el enfermo, el forastero y el encarcelado, el pobre y el abandonado, el que sufre sin ayuda y el necesitado descartado. Sobre sus rostros podemos imaginar impreso su rostro; sobre sus labios, incluso si están cerrados por el dolor, sus palabras: «Esto es mi cuerpo» (Mt 26,26). En el pobre, Jesús llama a la puerta de nuestro corazón y, sediento, nos pide amor. Cuando vencemos la indiferencia y en el nombre de Jesús nos prodigamos por sus hermanos más pequeños, somos sus amigos buenos y fieles, con los que él ama estar. Dios lo aprecia mucho, aprecia la actitud que hemos escuchado en la primera Lectura, la de la «mujer fuerte» que «abre sus manos al necesitado y tiende sus brazos al pobre» (Pr 31,10.20). Esta es la verdadera fortaleza: no los puños cerrados y los brazos cruzados, sino las manos laboriosas y tendidas hacia los pobres, hacia la carne herida del Señor.
Ahí, en los pobres, se manifiesta la presencia de Jesús, que siendo rico se hizo pobre (cf. 2 Co 8,9). Por eso en ellos, en su debilidad, hay una «fuerza salvadora». Y si a los ojos del mundo tienen poco valor, son ellos los que nos abren el camino hacia el cielo, son «nuestro pasaporte para el paraíso». Es para nosotros un deber evangélico cuidar de ellos, que son nuestra verdadera riqueza, y hacerlo no sólo dando pan, sino también partiendo con ellos el pan de la Palabra, pues son sus destinatarios más naturales. Amar al pobre significa luchar contra todas las pobrezas, espirituales y materiales.
Y nos hará bien acercarnos a quien es más pobre que nosotros, tocará nuestra vida. Nos hará bien, nos recordará lo que verdaderamente cuenta: amar a Dios y al prójimo. Sólo esto dura para siempre, todo el resto pasa; por eso, lo que invertimos en amor es lo que permanece, el resto desaparece. Hoy podemos preguntarnos: «¿Qué cuenta para mí en la vida? ¿En qué invierto? ¿En la riqueza que pasa, de la que el mundo nunca está satisfecho, o en la riqueza de Dios, que da la vida eterna?». Esta es la elección que tenemos delante: vivir para tener en esta tierra o dar para ganar el cielo. Porque para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da, y «el que acumula tesoro para sí» no se hace «rico para con Dios» (Lc 12,21). No busquemos lo superfluo para nosotros, sino el bien para los demás, y nada de lo que vale nos faltará. Que el Señor, que tiene compasión de nuestra pobreza y nos reviste de sus talentos, nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta y el valor de amar, no con palabras sino con hechos.
Raúl Cabrera - SPC

CON LAS CARTAS EN LA MANO por Javier Leoz


“Difícil, pero no imposible” Es una frase que, aun por repetida, no deja de ser iluminadora de una gran verdad: quien la sigue, la consigue. Imposible resulta alcanzar la montaña más alta del mundo (el Everest) si, de antemano, el montañero se esconde y se queda conforme en el collado más pequeño… al lado de la llanura.

1. Y es que, el Señor, nos ha dado gran capacidad para salir de nosotros mismos. Para dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza. ¿Por qué nos asustan esos grandes picos donde, la fe, todavía no ha prendido con fuerza? ¿Por qué preferimos quedarnos al lado de los evangelizados y no salir al encuentro de los que aún no conocen la fuerza reveladora de Cristo?
Interrogantes que, junto a otros muchos, sólo esperan una respuesta: ¡Dios me ha dado mucho o poco y, por lo tanto, he de devolverle con creces tantas gracias que puso dentro de mí!

2.- Cobardía y miedo son dos grandes enemigos que intentan paralizar nuestra vida cristiana. Pero, la ausencia física del Señor, reclama nuestra responsabilidad. ¿Qué estamos dispuestos a hacer por El? ¿Qué talentos están produciendo nuestras familias cristianas que han sido regadas con el sacramento del Bautismo y que, constantemente, son beneficiadas con multitud de gracias sacramentales? ¿Respondemos con generosidad a tantos regalos por parte de Dios y de la Iglesia misma?

3.- Debemos y mucho a Dios. Pero, por las circunstancias en las que nos encontramos, creemos que todo se lo debemos al hombre, al progreso, a la sociedad, a los amigos, al golpe de suerte (o incluso al horóscopo que nos predecía nuestro futuro inmediato)…y olvidamos saldar cuentas, o decir “gracias”, a Aquel que ha confiado tanto en nosotros y ha puesto un inmenso capital divino en nuestras entrañas: Dios.

--Seamos agradecidos. Miremos un poco a nuestro foro interno. ¿Cuántas de los proyectos que hemos iniciado no se deben a la mano de Dios? ¿Cuántas cartas hemos tenido en la mano y, a la hora de jugar, lo hemos hecho pensando más en nosotros que en los demás, mirando más al mundo que pensando en Dios?

--Jugar en limpio. He ahí el dilema también de nuestra vida cristiana. En limpio y con las cartas que Dios nos ha dado. Porque no solamente hay que jugarse la vida por Dios (a veces con mínimos y otras con índices de heroicidad), también lo hemos de hacer nítidamente. Sabedores de que, al final, el Señor quiere recoger algo de aquello que nos confió. ¿Le daremos espinas y no frutos? ¿Tal vez sólo intereses y no parte de la fortuna que le corresponde? ¿Sólo justificaciones de nuestra debilidad y no valentía en nuestro actuar?

--No nos crucemos de brazos. No tengamos temor a que, en la bolsa de los valores del mundo, no se evalúen demasiado las acciones del Reino de los Cielos. Entre otras cosas, y por muchas razones, porque al final lo único que permanece y se mantiene en alza son las valías eternas; aquellas que no caducan, que trascienden todo, que lo superan todo y que se convierten en bonos de salvación.


4.- 

 ¡TENGO TANTO MIEDO, SEÑOR!

De invertir tiempo, ideas y sudor,
esfuerzo e ilusión, y como respuesta
encontrar sólo el vacío o la  incomprensión.
¿Por qué me has dado tanto, Jesús?
Con menos talentos divinos,
se vive la vida más fácilmente y  mejor
Con más comodidad y sin tantos  riesgos

¡TENGO  TANTO MIEDO, SEÑOR!

De no estar a la altura que Tú me  marcas
de no dar la talla en el campo de  batalla:
en la familia, o en el trabajo
en la enfermedad o en la salud
en la palabra o en la obra

¡TENGO  TANTO MIEDO, SEÑOR!

De gastar por el camino lo que Tú me  has dado
aquello que pienso que es mío y no  tuyo
De quemarme por brindarme y  ofrecerme
o cansarme de sembrar sin recoger  nada a cambio

¡TENGO  TANTO MIEDO, SEÑOR!

De que regreses y, tu fortuna, la  encuentres mal empleada
por mi falta de valentía o audacia
por mi cobardía o desinterés
por mi timidez o mi falta de  seguridad

¡CUÁNTO  MIEDO TENGO, SEÑOR!

De no invertir mi vida como, Tú en  la cruz, lo hiciste:
con silencio, grandeza y dolor
con perdón, humildad y sacrificio
con fe, esperanza o misericordia

¡CUÁNTO  MIEDO TENGO, SEÑOR!

De mirarme a mí mismo,
y viendo lo mucho que me has dado
creer que no merece la pena  arriesgarlo todo:
por Dios y por el hombre
por la Iglesia y por el mundo
por mis hermanos y por mí mismo

¡CUÁNTO  MIEDO TENGO, SEÑOR!

Que vengas…y me pilles con el pie  cambiado
lejos de tus caminos y, con mis  talentos,
sin haberlos utilizado a fondo.


Betania

ENCUENTROS CON LA PALABRA por HERMANN RODRÍGUEZ SJ. “(...) a cada uno según su capacidad”


Hace unos días me llegó este mensaje por el correo electrónico: “Aquel día lo vi distinto. Tenía la mirada enfocada en lo distante. Casi ausente. Pienso ahora que tal vez presentía que ese era el último día de su vida. Me aproximé y le dije: – ¡Buen día, abuelo! Él extendió su silencio. Me senté junto a su sillón y luego de un misterioso instante, exclamó: – ¡Hoy es día de inventario, hijo! – ¿Inventario? – pregunté sorprendido. – Si... ¡El inventario de las cosas perdidas! – me contestó con cierta energía y no sé si con tristeza o alegría. Y prosiguió: – En el lugar de donde yo vengo las montañas quiebran el cielo como monstruosas presencias constantes. Siempre tuve deseos de escalar la más alta, nunca lo hice, no tuve tiempo ni la voluntad suficiente para sobreponerme a mi inercia. Recuerdo también a Mara, aquella chica que amé en silencio por cuatro años, hasta que un día se marchó del pueblo, sin yo saberlo. ¿Sabes algo? También estuve a punto de estudiar ingeniería, pero mis padres no pudieron pagarme los estudios. Además, el trabajo en la carpintería de mi padre no me permitía viajar. ¡Tantas cosas no concluidas, tantos amores no declarados, tantas oportunidades perdidas! Luego, su mirada se hundió aun más en el vacío y se humedecieron sus ojos. Y continuó: – En los treinta años que estuve casado con Rita, creo que sólo cuatro o cinco veces le dije: "Te amo". Luego de un breve silencio, regresó de su viaje mental y mirándome a los ojos me dijo: – Este es mi inventario de cosas perdidas, la revisión de mi vida. A mí ya no me sirve. A ti sí. Te lo dejo como regalo para que puedas hacer tu inventario a tiempo.
Y luego, con cierta alegría en el rostro, continuó con entusiasmo y casi divertido: – ¿Sabes qué he descubierto en estos días? – ¿Qué, abuelo? Aguardó unos segundos y no contestó. Sólo me interrogó nuevamente: –¿Cuál es el pecado más grave en la vida de un hombre? La pregunta me sorprendió y sólo atine a decir, con inseguridad: – No lo había pensado. Supongo que matar a otros seres humanos, odiar al prójimo y desearle mal. ¿Tener malos pensamientos, tal vez? Su cara reflejaba una negativa. Me miró intensamente, como marcando el momento y en tono grave y firme me señaló: – El pecado más grave en la vida de un ser humano es el pecado por omisión. Y lo más doloroso es descubrir las cosas perdidas sin tener tiempo para encontrarlas y recuperarlas.
Al día siguiente regresé temprano a casa, luego del entierro del abuelo, para realizar en forma urgente mi propio inventario de las cosas perdidas. El expresarnos nos deja muchas satisfacciones, así que no tengas miedo, y procura hacer lo que sabes que es bueno... antes de que sea demasiado tarde. Dile a ese ser: "Te amo, perdóname, me equivoqué”. Dile a Él: “Me arrepiento, Señor, por favor perdóname".
Muchas veces nos quedamos mirando a los que recibieron más, o a los que recibieron menos... Las monedas que hemos recibido, no son para guardarlas en un hoyo, sino para hacerlas producir, en la medida de nuestras capacidades. Carpe diem, decían los antiguos… Hay que aprovechar el día, cada día y hacer lo que tenemos que hacer.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Sacerdote jesuita, Profesor Asociado de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Encuentros con la Palabra
RD

Búsqueda creativa por José Antonio Pagola


A pesar de su aparente inocencia, la parábola de los talentos encierra una carga explosiva. Es sorprendente ver que el tercer criado es condenado sin haber cometido ninguna acción mala. Su único error consiste en no hacer nada: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro.
El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.
El gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa. Es significativo observar el lenguaje que se ha empleado entre los cristianos a lo largo de los años para ver en qué hemos centrado con frecuencia la atención: conservar el depósito de la fe; conservar la tradición; conservar las buenas costumbres; conservar la gracia; conservar la vocación...
Esta tentación de conservadurismo es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. Es fácil entonces invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa, asegurar la pertenencia a la Iglesia... Todo puede ser explicable, pero, ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el Evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?
Para los dirigentes religiosos y los responsables de las comunidades cristianas puede ser más cómodo "repetir" de manera monótona los caminos heredados del pasado, ignorando los interrogantes, las contradicciones y los planteamientos del hombre moderno, pero ¿de qué sirve todo ello si no somos capaces de transmitir luz y esperanza a los problemas y sufrimientos que sacuden a los hombres y mujeres de nuestros días?
Las actitudes que hemos de cuidar hoy en el interior de la Iglesia no se llaman "prudencia", "fidelidad al pasado", "resignación"... Llevan más bien otro nombre: "búsqueda creativa", "audacia", "capacidad de riesgo", "escucha del Espíritu", que todo lo hace nuevo.
Lo más grave puede ser que, lo mismo que el tercer criado de la parábola, también nosotros creamos que estamos respondiendo fielmente a Dios con nuestra actitud conservadora, cuando en realidad estamos defraudando sus expectativas. El principal quehacer de la Iglesia hoy no puede ser conservar el pasado, sino aprender a comunicar la Buena Noticia de Jesús en una sociedad sacudida por cambios socioculturales sin precedentes.
33 Tiempo ordinario - A
(Mateo 25,14-30)
19 de noviembre 2017

José Antonio Pagola
Buenas Noticias
RD

ORACIÓN DEL PAYASO por Florentino Ulibarri


Señor:
Soy un trasto, pero te quiero;
te quiero terriblemente, locamente,
que es la única manera que tengo yo de amar,
porque ¡sólo soy un payaso!

Ya hace años que salí de tus manos
lleno de talentos y dones,
equipado con todo lo necesario
para vivir y ser feliz
–tu amor, tu caja de caudales,
tus proyectos,
tus sorpresas y regalos de Padre–.
Pronto, quizá, llegue el día
en que vuelva a ti...

Aquí estoy, Señor.

Mi alforja está vacía,
mis pies sucios y heridos,
mis entrañas yermas,
mis ojos tristes,
mis flores mustias y descoloridas.
Sólo mi corazón está intacto...

Me espanta mi pobreza
pero me consuela tu ternura.
Estoy ante ti como un cantarillo roto;
pero, con mi mismo barro,
puedes hacer otro a tu gusto...

Aquí estoy, Señor.

Señor:
¿Qué te diré cuando me pidas cuentas?
Te diré que mi vida, humanamente, ha sido un fallo;
que he perdido todo lo tuyo y lo mío,
y me he quedado sin blanca;
que no he tenido grandes proyectos,
que he vivido a ras de tierra,
que he volado muy bajo,
que estoy por dentro como mi traje,
cosido a trozos, arlequinado.

Señor:
Acepta la ofrenda de este atardecer...
Mi vida, como una flauta, está llena de agujeros...,
pero tómala en tus manos divinas.
Que tu música pase a través de mí
y llegue hasta mis hermanos los hombres;
que sea para ellos ritmo y melodía
que acompañe su caminar,
alegría sencilla de sus pasos cansados...

Aquí estoy, Señor.

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

LECTURAS PARA E DÍA DE HOY


Primera lectura

 El trabajo, la laboriosidad, la vida en familia siempre fueron muy apreciadas por los escritores del Antiguo Testamento. El ejemplo de mujer hacendosa que nos pone hoy el libro de los Proverbios refleja ese trabajo armónico en el hogar, que era –y es—la base de la vida familiar.

Lectura del libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31

Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará?
Vale mucho más que las perlas.
Su marido se fía de ella, y no le faltan riquezas.
Le trae ganancias y no pérdidas todos los días de su vida. 
Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos. 
Extiende la mano hacia el huso, y sostiene con la palma la rueca. 
Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre.
Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura,
la que teme al Señor merece alabanza.
Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.
Palabra de Dios

Salmo

Esta muy claro el significado y contenido de este salmo 127. Dios colma a sus criaturas –a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares— de bendiciones. Y las primeras de estas bendiciones son, sin duda, las familiares. La familia ha sido ese templo doméstico donde se adora a Dios. Es lo que nosotros hoy llamamos la Iglesia doméstica. Bella forma, este salmo 127 de orar a Dios desde el seno de la familia.


Sal 127, 1-2. 3. 4-5 R. Dichoso el que teme al Señor.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.
Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu Casa; 
tus hijos, como renuevos de olivo,
 alrededor de tu mesa. R.
Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión, 
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R.

Segunda lectura

San Pablo sigue narrando –como en domingos anteriores— los acontecimientos esperados al final de los tiempos. Y es la Carta a los Tesalonicenses un relato impresionante que gira en torno a la Segunda Venida del Señor. Son lecturas propias de este tiempo final que ya espera el Adviento.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 1-6

En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis, hermanos, que os escriba.
Sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar.
Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.
Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados.

Palabra de Dios



Evangelio del día

 La parábola que Jesús no explica hoy –nos la narra San Mateo— es también finalista y propia de los últimos días del tiempo ordinario. El premio por los resultados de los dones que hemos recibido del señor –por los talentos— forma parte de ese resultado postrero de servicio a los hermanos. Los réditos que el Señor quiere son obras para los hermanos. Jesús como el domingo anterior nos pide que estemos atentos y que trabajemos en paz, que nunca estaremos ociosos esperando acontecimientos.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
- «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
"Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." 
Su señor le dijo:
"Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
"Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos."
Su señor le dijo:
"Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: 
"Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo."
El señor le respondió:
"Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes. »

Palabra del Señor

UN REGALO DE SER DIOS por VICENTE MARTÍNEZ


–“Lo que urge aprender es que no somos dioses, que no podemos –ni debemos– someter la vida a nuestros caprichos, que no es el mundo quien debe ajustarse a nuestros deseos, sino nuestros deseos a las posibilidades que ofrece el mundo (Pablo D’Ors)
19 de noviembre, domingo XXXIII del TO
Mt 25,14-30
Como tenía miedo, enterré tu bolsa de oro; aquí tienes lo tuyo
Juan Ramón Jiménez percibió el regalo de los talentos de lo divino como un algo esencial, pero al tiempo evanescente; quizás como algo que está en nosotros bastante más claramente humano que divino. En su Poema Te deshojé como una rosa, lo cantó de esta manera del ser que amaba:
Te deshojé, como una rosa,
para verte tu alma,
y no la vi.

Mas todo en torno
-horizontes de tierras y de mares-,
todo, hasta el infinito,
se colmó de una esencia
inmensa y viva.
Cada persona ha recibido unas cualidades, unos dones, para servir a Dios y al prójimo. Lo que nos obliga a poner en juego cuanto uno es y tiene. No podemos enterrar el talento bajo tierra, dejándonos llevar por la vagancia, como apunta el Evangelio. La mujer hacendosa “que vale mucho más que los corales” (Libro de los Proverbios, capítulo 31) es un ejemplo de lo contrario: pone todo su esfuerzo y trabajo al servicio de la familia y de los necesitados.
El Papa Francisco, pisando tierra como siempre, en una ocasión dijo: “Nunca he visto un camión de mudanzas detrás de un cortejo fúnebre, nunca. Pero existe un tesoro que podemos llevar con nosotros, un tesoro que nadie puede robar, que no es lo que hemos ahorrado sino lo que hemos dado a los demás”.
Es la mejor manera de estar con Dios y con los hombres. El prolífico naturalista escocés John Muir (1838-1914) lo expresó con esta frase: “Todos los objetos de la Naturaleza son conductores de la divinidad, y solo al entrar en contacto con ellos… podemos llenarnos del Espíritu Santo”.
El sacerdote y escritor madrileño, Pablo D’Ors (1963), hace resaltar nuestra condición de ser humano y de la necesidad de cultivar nuestros talentos con visión realista de la vida. En su magnífica y breve obra Biografía del silencio, escribe: “Lo que urge aprender es que no somos dioses, que no podemos –ni debemos– someter la vida a nuestros caprichos, que no es el mundo quien debe ajustarse a nuestros deseos, sino nuestros deseos a las posibilidades que ofrece el mundo”. Sólo así nos libraremos del castigo recibido por el criado temeroso por haber enterrado su bolsa de oro: “Como tenía miedo, enterré tu bolsa de oro; aquí tienes lo tuyo”.
En uno de los poemas, De Canto a mí mismo, el poeta americano Walt Whitman (181-1892), canta cómo todos los seres de la naturaleza deben entonar a coro un himno de alabanza a la Naturaleza.

CANTO DE AMOR

Creo que una brizna de hierba
no es menos que el camino
que recorren las estrellas.
Y que la hormiga es perfecta.
Y que también lo son
el grano de arena y el huevo del zorzal.
Y que la rana es una obra maestra,
digna de las más altas.
Y que la zarzamora podría
adornar los salones del cielo.
Y que la menor articulación de mi mano
puede humillar a todas las máquinas.
Y que una vaca, paciendo con la cabeza baja,
supera a todas las estatuas.
Y que un ratón, es un milagro capaz
de asombrar a millones de incrédulos.
Este es un canto de amor y respeto
a la más grande de todas las maravillas,
que es la vida humana.
Y yo también lo creo.

Vicente Martínez
Fe Adulta

Dime una Palabra por Luis Fernando Crespo SM. Mujer fuerte


19 de noviembre
XXXIII Domingo
Pro 31,10-13.19-20.30-31 Una mujer fuerte, ¿quién la hallará?
A millares, mujeres fuertes, que saca adelante sus familias, que progresan con microcréditos, que renuncian a sí mismas por sus hijos, que en la nada mantienen viva la esperanza de salir adelante en las guerras, en las hambrunas, en el exilio, refugiadas, mujeres que mantienen viva la iglesia desde la catequesis, el voluntariado, el servicio a los más desfavorecidos, mujeres médicos, juezas, maestras, mujeres que dan la vida al mundo y que siguen tan discriminadas, tantas veces en la misma iglesia que sostienen. Por ellas te pido, Señor. Gracias a ellas somos.
Luis Fernando Crespo SM
Dime una Palabra

El Domingo de los Talentos



La parábola de los Talentos, que nos narra Mateo, es impresionante. Al Señor no le gusta el conservadurismo, ni la gente reservona, quiere que todos ganemos mucho más de lo que se nos ha dado para que podamos ayudar a los hermanos. Este relato tiene mucho de final y de finalista. Estamos llegando al Adviento, solo nos falta un domingo para ello: el próximo. Cambiaremos de Año Litúrgico, del Ciclo A al B… Nos abrimos a un tiempo nuevo y de conversión enmarcado en la próxima llegada de nuestro Dios, como Niño a Belén.

Betania

Thursday, November 16, 2017

JESUITAS: CUENTAN QUE ELLACURÍA SE SUBIÓ A LA CRUZ por JOSÉ MARÍA SEGURA

Cuentan que Ellacuría se subió a la cruz

Cuentan que estaba en Barcelona. Que había ido a dar una serie de conferencias y a recoger un premio de la Fundación Comín otorgado a la UCA. Que llegaron noticias de que la situación en El Salvador era extremadamente delicada. Que incluso su provincial le insistió para que no volviera…
Cuentan que Ellacuría volvió al Salvador consciente del riesgo que corría… pero le apremiaba el principio misericordia y la necesidad de tratar de seguir mediando por la paz.
Cuentan que Ellacuría negoció y se reunió con el gobierno y los “guerrilleros”, con pandilleros, con obispos, filósofos y con quien hizo falta para tratar de mediar por la paz.
Cuentan que eso le costó la vida.
Cuentan que Ellacuría se subió a la cruz.
Y no es de extrañar. No desentona con la vida entregada de un hombre de Dios que soñó y abogó por la Civilización de la Pobreza, ese mundo, esa cultura, en la que las sociedades pauperizadas por el norte opulento tomarían las riendas y serían el centro de las políticas y los programas de “desarrollo”. No chirría que un pastor que fue amigo, y consejero al tiempo que aconsejado por San Romero de América, a quien acompañó en su desvivirse por su pueblo, terminara, él también, haciendo carne las palabras de Monseñor. No es raro que fuera eliminado por “el poder de este mundo” quien criticó la ideologización: la generación de discursos ideológicos que se ponían al servicio del poder y quien advirtió de los mecanismos que las instituciones utilizan para perpetuarse a sí mismas.
Es propio de un mártir de la misericordia el asumir sobre sí la violencia que tanto y tan lúcidamente criticó, tanto por parte del estado como por parte de “la revolución”. Es consecuencia de una vidahistorizada de quien animó a la propia iglesia a ejercer la sospecha de la historización: ¿qué estructuras y razonamientos están inevitablemente condicionados por las circunstancias históricas, y son por tanto revisables? Que los poderosos lo vieran como enemigo y lo ajusticiaran.
Ellacuría inevitablemente chocó con el poder establecido, al que cuestionó por mantener al pueblo sencillo oprimido. Proclamó la necesidad de una liberación integral de las personas, que incluía la liberación de la pobreza y del pecado. Proclamó a tiempo y a destiempo que hay que bajar a los crucificados de las cruces, que en el pueblo salvadoreño, que en los pobres de la tierra, Cristo seguía siendo crucificado. Denunció que esta situación no era casual, que había instituciones y poderes de este mundo que se lucraban con esta situación y las llamó estructuras de pecado. Como profeta, hablo de las ideologías de muerte, las del dios dinero, del poder, del prestigio, a la que se sacrifican las vidas de los pobres de Yahvé.
Sin duda como profeta, apóstol y pastor de la misericordia política, la que se toma en serio el evangelio, la que brota del principio misericordia, la que lleva a movilizar todos los recursos intelectuales y pastorales por el bien de los crucificados de la historia, la que sabe que la utopía del Reino o es encarnada o es espejismo vacío, vio venir y asumió su destino de profeta. Su inteligencia sintiente, que hizo de los pequeños del Padre el “locus” no solo de su teología y filosofía sino de su vida, acabaría haciéndose cargo y encargándose de la realidad crucificada de su pueblo hasta hacerse uno con ella, hasta dejarse atrapar por ese “más de la realidad” que no podía ser otra que la de Cristo crucificado.
Quien en “Por qué muere Jesús y por qué le matan” escribió: “La lucha por el reino de Dios suponía necesariamente una lucha a favor del hombre injustamente oprimido; esta lucha debía llevar necesariamente al enfrentamiento con los responsables de la opresión. Por eso murió”. Quien, año tras año, había pedido en los Ejercicios Espirituales “ser puesto con el Hijo”, vio cómo Dios Padre le hizo ser hijo con el Hijo al modo del Hijo. Así decía el mismo Ellacuría en el citado escrito: “La conmemoración de la muerte de Jesús hasta que vuelva no se realiza adecuadamente en una celebración cultural y mistérica ni en una vivencia interior de la fe, sino que ha de ser la celebración creyente de una vida que sigue los pasos de quien fue muerto violentamente por quienes no aceptan los caminos de Dios, tal como han sido revelados en Jesús”. Así, siendo fiel a la llamada del Padre a ser otro Cristo, Ellacuría se subió a la cruz.
Cuentan que Ellacuría volvió de Barcelona al Salvador llevado por una pasión: el Reino. Cuentan que volvió al Salvador y fue llevado por el Padre #ReinoAdentro.
José María Segura
Cristianisme i Justicia

Reflexionando sobre la lectura del día de hoy por Espacio Sagrado


La Presencia de Dios

Dios está conmigo, pero es más: Dios está dentro de mí.
Hago una pausa y siento su Presencia, que me da la Vida, en mi cuerpo, en mi mente, en mi corazón,
en este momento ... ahora ...



La Libertad

Tu muerte en la Cruz me ha hecho libre.
Puedo vivir alegre y libremente
sin temor a la muerte.
Tu misericordia no tiene límites.


La Conciencia

¿Dónde encuentro, en mi vida, los espacios para la esperanza, el entusiasmo y el crecimiento? Al mirar hacia atrás en los últimos meses, yo podría ser capaz de ver cuales ocasiones y actividades me aportaron esos frutos. Si las encuentro, me propongo entregarles el tiempo y el espacio que necesiten, de aquí en adelante.

¿Qué es la revisión de consciencia?

Si es verdad que Dios actúa en cada detalle de nuestras vidas, ¿cómo comenzamos a reconocer su actuar, y nuestras reacciones?
Al final del día, especialmente antes de dormir, nuestra mente, sin un esfuerzo consciente de parte nuestra, tiende a recordar algunos de los eventos del día, en forma tan vívida, que si el día ha sido lleno de sucesos, podemos tener dificultades para dormir. Podemos encontrarnos repitiendo una discusión, o pensando cómo debíamos haber contestado bien una pregunta, y así sucesivamente.
La Revisión de Consciencia se basa en esta tendencia natural de la mente. Nos puede ayudar a ser más alertas a la Presencia de Dios y su accionar en nuestras vidas, y a preocuparnos más en darnos cuenta cuando estamos cooperando con la Gracias de Dios, y cuando la estamos rechazando. 

La Palabra de Dios


Lucas 17:20-25
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el Reino de Dios, Jesús les contestó: "El Reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciará que está aquí o está allí; porque mirad, el Reino de Dios está dentro de vosotros". Dijo a sus discípulos: "Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho, y ser reprobado por esta generación".



Escuchando La Palabra


Lee este texto lentamente, varias veces, y percibe si alguna palabra, o frase, se destaca de las demás, y quédate con ella por el tiempo que quieras, antes de seguir leyendo.
Este ejercicio es como probar un dulce. No trates de analizar la frase, tal como no se debe mascar un dulce para que dure más, o que tampoco examinarías en qué consiste el dulce antes de probarlo.
A menudo una frase atraerá la atención de nuestro subconsciente, antes de nuestra mente consciente se dé cuenta de la razón de esa atracción. Por eso es bueno quedar meditando esa frase lo más posible, sin tratar de analizarla.
Pueden aparecer muchas distracciones en mi mente; pero algunos pensamientos, lejos de ser distracciones, pueden convertirse en la sustancia de mi oración. Es como si la frase de la Escritura fuera una linterna, que ilumina la corriente de mis pensamientos, memorias, reflexiones, sueños, esperanzas, ambiciones y temores, y mi oración llega a ser una mezcla de la Palabra y de mis pensamientos y sensaciones profundas.

Reflexiones sobre la lectura de hoy

  • El Reino de Dios está a nuestro alcance. Solo Dios puede inspirarme, y ayudarme a alcanzarlo un poco más lejos, para permitir que el Reino de Dios llegue un poco más tarde, pero más en plenitud.
  • El Reino de Dios está más allá de la visión de muchos; le pido a Dios me bendiga para que yo pueda ver como el espíritu de Dios ya está en acción en el mundo alrededor mío. Yo podré revisar nuevamente donde es que yo me siento más desafiada/o con la esperanza de ver cómo Dios pudiera estar trabajando por el bien.

Conversación


Sin olvidar que sigo en la Presencia de Dios, imagino a Jesús mismo, de pie o sentado a mi lado. Le digo todo lo que está en mi mente, y en mi corazón, tal como se le habla al mejor amigo.

Conclusión


Gloria al Padre,
Gloria al Hijo,
Gloria al Espiritu Santo,
como era en el principio,
es ahora, y siempre será,
por los siglos de los siglos
Amen

De Espacio Sagrado