Saturday, April 21, 2018

Tres mujeres, primeros laicos consultores de Doctrina de la Fe


SE TRATA DE LAS ITALIANAS LINDA GHISONI Y MICHELINA TENACE, Y LA BELGA LAETITIA CALMEYN

La histórica decisión del Papa Francisco supone un camino sin retorno en la corresponsabilidad

(Jesús Bastante).- La presencia de mujeres y laicos en los órganos de decisión en la Iglesia avanza, lenta pero inexorablemente. Y este sábado hemos asistido a una decisión histórica, que marcará un antes y un después: el Papa Francisco ha nombrado a las tres primeras laicas consultoras de la todopoderosa Congregación para la Doctrina de la Fe.
La noticia, calificada de "histórica" por el mismísimo Osservatore Romano, se ha hecho pública en el Bolletino de este mediodía. Las elegidas son las italianas Linda Ghisoni y Michelina Tenace, y la belga Laetitia Calmeyn, que trabajarán codo con codo en el Ex Santo Oficio, ahora dirigido por el jesuita español Luis Ladaria, sj.


Linda Ghisoni (Piacenza, 1965), casada y madre de dos hijas, se graduó en filosofía y teología en la Universidad Eberhard Karls de Tübingen, recibió su doctorado en Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana, y se graudó como abogado del Tribunal de la Rota Romana y de práctica administrativa de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos; fue juez de instrucción en el Tribunal de Distrito de la nulidad de causas matrimoniales de la región del Lazio, a partir de noviembre 2017 es subsecretaria del dicasterio para los laicos, la familia y la vida (Sección de los fieles laicos).
Michelina Tenace (San Marco in Lamis, 1954) estudió filosofía en París, se especializó en literatura extranjera en la Universidad de La Sapienza es doctora en teología con una tesis sobre Vladimir Soloviev dirigida por Tomáš Špidlík en la Gregoriana, donde dirige el Departamento de Teología Fundamental.


Finalmente, Laetitia Calmeyn (Bruselas, 1975), es enfermera especializada en cuidados paliativos, estudió teología en Bruselas y desde entonces se ha doctorado en Teología en el Pontificio Instituto Juan Pablo II con una tesis sobre el filósofo y teólogo jesuita Albert Chapelle; virgen consagrada de la diócesis de París, enseña teología en el Collège des Bernardins de París.
Junto a ellos fueron designados como consultores del antiguo Santo Oficio el sacerdote italiano Sergio Paolo Bonanni,  y el claretiano español, Jesús Arroba Conde.
RD


JORGE COSTADOAT SJ. ¿Qué es el ORÁCULO CRISTOSÓFICO?







En esta entrevista Jorge Costadoat nos explica en qué consiste el "Oráculo Cristosófico#. "Es un método para leer algunos textos seleccionados del Nuevo Testamento y lo fundamental es que la entrada a la lectura del Nuevo testamento sea una entrada emocional. El ser humano tiene seis emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, aversión, ira, sorpresa. Eso están en todos los seres humanos y son bastante fundamentales y en cualquier momento se activan una de estas emociones. Pensé que estas emociones están en el Nuevo Testamento; entonces el Oraculo Cristosófico..." es parte de lo que nos dice Jorge Costadoat para luego explicarnos con un ejemplo como funciona con el libro y las cartas.

Nos indica las tres modalidades de uso, como por ejemplo, se puede usar como Ejercicios Espirituales, en un retiro de fin de semana; en una conversación con una persona y también se puede usar en una reunión de comunidad.
Este Oráculo Cristosófico es un trabajo familiar que empezó con una idea que tuvo Jorge de hacer una entrada distinta a la lectura del Evangelio, más lúdica y que durante su desarrollo fue integrando a familiares , por ejemplo una sobrina que es psicóloga y otra sobrina que desarrolló las cartas, para también pedirle ayuda a otro sobrino que va en sexto básico.
Explica, además, la teología que está de fondo en este juego.

Finalmente informa la manera en que se puede adquirir este juego

Friday, April 20, 2018

Hablar con las máquinas por Isaac Seoane Pujol



Desde los tiempos más remotos, las personas hemos utilizado la tecnología para comunicarnos entre nosotros, ya fuera golpeando dos huesos huecos, encendiendo fogatas en atalayas o mediante señales de humo. Para cada época su tecnología. Y en esta época que nos toca en la actualidad, usamos tecnología, además de para comunicarnos entre nosotros, para poder hablar con las máquinas.
Que usamos máquinas todos los días en nuestro día a día es algo indiscutible. Desde una rampa o un tornillo hasta un ordenador o unsmartphone. Y si no, difícilmente podrían estar leyendo este texto. Y la forma de hablar con las máquinas lleva influyendo decisivamente en nuestra sociedad desde hace décadas. Saber programar el vídeo VHS para que grabase la película en el horario en el que decía el periódico que la echarían fue todo un cambio social y fuente de nuevas brechas intergeneracionales. Y décadas después, conocer los clics de ratón adecuados para enviar un tuit es algo que ha marcado cambios en todas las áreas sociales. Ahora toca aprender a hablar con nuestro asistente virtual favorito. Parece más fácil que lo de programar el video.
Cambios que fluyen como el agua más deprisa incluso que lo que somos capaces de adoptar. Pero que en muchas ocasiones han supuesto una barrera que aumentaba la consabida brecha digital, por el mero hecho de la dificultad que tiene el aprendizaje de la nueva forma de comunicación entre personas y máquinas. ¿Qué me dicen de acostumbrarse a darle órdenes a una máquina mediante un ratón? Y si son de los que tienen varias ruedecitas … Ha sido mucho más fácil aprender a usar un smartphone. Porque cada nueva tecnología intenta también simplificar la forma de comunicarse con ella.
Ahora estamos más que acostumbrados a ver a personas que en lugar de teclear sus mensajes, los envían grabados, para comodidad de unos o para molestia de aquellos que precisan conocer su contenido en algún lugar que requiera discreción. Y qué me dicen de quien en vez de grabar voz, directamente graba un vídeo. Como formas de comunicación entre personas parecen bastante novedosas, pero de rapidísima aceptación.
Pero, y ¿para hablar con las propias máquinas? La mayoría de nosotros sigue pulsando teclas, botones, ruedas de ratón o frotando superficies con los dedos. ¿No sería todo más fácil si pudiéramos hablarles a las máquinas de viva voz y en nuestro propio idioma? La respuesta es claramente afirmativa y seguro que muchos contestarán, que ya se puede.
Imaginen la típica situación de comida familiar, personas charlando sobre un tema tan inocuo sobre si el maletero de mi coche es más grande que el maletero del coche nuevo de otra persona de la mesa. Y alguien el la mesa le pregunta al móvil: ¿capacidad del maletero del balboa-XXX? y responde una voz femenina en el móvil: nosecuantos metros cúbicos. ¿Asombroso?
La cara de alucinados no fue debida a que el asistente virtual funcionase, cosa que cada vez estamos más acostumbrados a ver y oír, sino porque quien formuló la pregunta al móvil fue una de las personas más mayores de la mesa, nacida pocos años después que el primer ordenador, y varias generaciones antes que los nativos digitales de la mesa.
¿Se acabaron los interminables debates de sobremesa sobre cualquier tema si podemos mirar la Wikipedia, preguntarle al móvil, a Siri o al asistente virtual de moda?… pensarán algunos. Mientras otros igual se preguntan ¿habrá que invitar a Siri a un digestivo mientras charla con nosotros?
Porque estos asistentes, con mayor o menor inteligencia, con mayor o menor empatía, ya son capaces de mantener conversaciones autónomas complejas con mucha más naturalidad y están entrando con fuerza en el día a día de nuestra sociedad. En las empresas, en la educación, en los medios de comunicación. No nos extrañemos al ver a estudiantes conversando con un asistente virtual o con un chatbot en su formación, o si la información sobre los datos del tiempo en lugar de un meteorólogo nos la da un avatar autónomo, ni de que un operario de una industria hable con su edificio para consultar una documentación. Tampoco de ver a niños hablando con su mascota mecanizada o a una persona mayor cuya compañía es un peluche achuchable con el que conversar.
Lo hemos conseguido: podemos hablar con las máquinas de viva voz y en nuestro propio idioma. Y lo que es igual de bueno, las máquinas pueden hablar con nosotros. ¡Y en cualquier idioma! Al principio comenzaron siendo simples juegos. Juegos a los que se intentaba pervertir en cuanto algunos usuarios podían. Cosas inherentes a la humanidad. El mal, el bien, esas cosas. Cosas que las máquinas aún les cuesta un poco discernir. Cuestión de tiempo.
También empezaron siendo masivamente en inglés, pero la mayoría de los sistemas están siendo traducidos a todos los idiomas internacionales. Así que la barrera del idioma ya no es excusa.
Nuevos cambios, nuevas adaptaciones, nuevos aprendizajes. Ahora que ya habíamos cogido el truco al botón del móvil y a arrastrar el dedo por la pantalla.
Para la comunicación entre máquinas hemos aprendido a dominar la luz, para hablar con las máquinas va a ser la voz y otras formas de lenguaje humanas las acaben por dominar la situación, sin olvidarnos de los lenguajes gestuales y las expresiones corporales.
No sólo porque son formas más cómodas de comunicación para nosotros las personas, y la tecnología tiene que hacernos la vida más fácil, sino también por las implicaciones que tiene el hecho de que sean formas únicas de cada persona. La voz por ejemplo, es única y podría servir de identificador personal. Y hablar y gestualizar a la vez, cosas ambas que una máquina podría reconocer y procesar, puede cambiar el significado de las palabras dichas.
El truco está en que todo lo que hablamos, lo que nos movemos, cómo somos y qué queremos decirle a la máquina, se puede medir, y se puede transformar en datos. Y ahora que estamos en la era del big data y la computación masiva, en el campo de las medidas y los datos, ellas, las máquinas, son cada vez más rápidas y más precisas.
Al menos, la mayor parte de las veces.
De momento.
PD: Me gustaría reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí y hacia dónde vamos. Permítanme que con este inicie una serie de posts acerca de cómo la forma en la que nos comunicamos con las máquinas va a ser muy relevante en la sociedad del futuro cercano. A modo de culturilla general digital con un poco de historia de la tecnología. Y perdónenme por adelantado si de vez en cuando suelto algún “palabro” técnico, que intentaré explicarles, para así poder llamar a las cosas por su nombre. Nombres que como verán son cada vez más de uso común. El hilo conductor será la forma en la que hablamos con las máquinas, los lenguajes que usamos, y la importancia que tiene la voz, el lenguaje y las nuevas tecnologías en todo esto.
entreParéntesis

¿Rezar en el siglo XXI? por Isabel Corpas

¿Qué es rezar? ¿Por qué rezar, cuándo rezar y qué rezar? Sobre todo, ¿para qué rezar? También me pregunto si todavía hay gente que reza en este mundo donde aparentemente no hay lugar para Dios. No son preguntas teóricas o especulativas. Me las estoy haciendo de verdad, desde el fondo de mi corazón.
Comencé a plantearme estas preguntas cuando el avión tomó velocidad para emprender el vuelo y mis dos vecinos rezaron. Lo sé porque lo exteriorizaron dándose la bendición, y me fijé que otros pasajeros lo hicieron. Yo también lo hice, como siempre lo he hecho. Sin hacerme preguntas. Sencillamente, porque desde niña lo aprendí y no he tenido razones para abandonar la costumbre.
Digo rezar en lugar de orar porque me parece menos solemne, de más bajo perfil. Aunque supongo que es lo mismo. Y, a propósito, ¿cómo no recordar la definición del catecismo del padre Astete? A la pregunta ¿qué es orar?, respondía el catecismo: “Orar es elevar el corazón a Dios y pedirle mercedes”. Bueno, pedirle cualquier cosa. Porque hace rato que las mercedes dejaron de ser parte del vocabulario habitual.

Agradecimiento, perdón, alabanza…

Ahora bien, al padre Astete se le olvidó incluir otros tipos de oración que los especialistas distinguen: además de la oración de petición, las oraciones de agradecimiento, de perdón, de alabanza y de bendición. Parientas de la oración son la meditación y la contemplación con sus correspondientes verbos: meditar y contemplar.
Ahora bien, para mí, todo es rezar y, eso sí, cada quién tiene su propio modo. También cada circunstancia plantea una distinta manera de hacerlo. En todo caso, siguiendo al padre Astete y traduciéndolo a mis palabras, rezar es hablar con Dios, respondiendo así a mi primera pregunta.
Pero volviendo a las otras preguntas iniciales –¿por qué rezar, cuándo rezar y qué rezar?, ¿para qué rezar?, ¿quién reza?–, intentaré responderlas desde mi propia experiencia y mi propia circunstancia. Rezo porque creo y siento que vale la pena rezar, es decir, hablar con Dios, sentir su cercanía, comunicarse con él, abrir una ventana hacia la trascendencia para aprender a mirar la realidad con la mirada de Dios –que es la que Jesús nos mostró– y dejarse transformar por esa mirada, como se dejó transformar Zaqueo, ese hombre de corta estatura que decidió ser solidario y honesto cuando Jesús lo miró.

Sin fórmulas ni horarios

Puedo rezar en compañía y para eso voy a misa, o puedo rezar sola, sin ceñirme a un horario ni a fórmulas establecidas. Como también puedo rezar con palabras prestadas que la educación religiosa familiar puso en mis labios y en mi corazón –como el “ángel de la guarda” de mi infancia y el rosario– o las que la tradición eclesial me ofrece, tales como los salmos o la oración que Jesús nos enseñó. Y rezo para pedirle a Dios que transforme mi corazón –como se lo transformó a Zaqueo– para poder amar y saber amar: no le pido que cambie la realidad y por eso no pido milagros, sino que le pido que yo sea capaz de cambiar la realidad.
Le pido a Dios por mis hijos y mis hijas, por mis nietos y mis nietas: le pido todos los días que “no los desampare ni de noche ni de día” y, cuando rezo por ellos y por ellas, creo poder transmitirles la fortaleza y la entereza que necesitan para enfrentar la realidad de cada día, al mismo tiempo que los bendigo, que es lo mismo que desear para ellos y ellas el bien, con todo lo que implica en la práctica.
Finalmente, ¿quién reza en el siglo XXI? En el siglo XXI y en todos los tiempos rezan y rezamos quienes experimentamos la necesidad de contar con Dios, de buscar el sentido, de querer ser mejores personas, pero también desde la dificultad o la inseguridad, cuando sentimos que Dios es el único que nos puede ayudar. Por eso, hoy y siempre, yo rezo, tú rezas, él y ella rezan, nosotros rezamos de diferentes maneras y por diversos motivos.

Vida Nueva

II ENCUENTRO NACIONAL MUJERES IGLESIA: EL EVANGELIO QUE ANUNCIAMOS LAS MUJERES

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Queremos invitarlas a participar del II Encuentro Nacional Mujeres Iglesia. Este año volveremos a encontrarnos con compañeras de todos los rincones del país, para reflexionar, compartir y proyectar nuestros anhelos para la Iglesia desde nuestros ojos de mujer. Nos reuniremos el Sábado 21 de abril de 9 a 19 hrs, en Padre Miguel de Olivares 1370, Santiago Centro (Metro Moneda). Te sugerimos traer de almuerzo un sandwich, si quieres, puedes traer uno adicional para compartir, una libreta para tomar nota y lápiz. Puedes traer tu tazón y al igual que el primer encuentro tendremos algunos a precio costo, para evitar el uso de productos desechables y así contribuir al cuidado de nuestra casa común. Te pediremos una cuota de participación de $3.500 para costear gastos del encuentro, recuerda que esto es una sugerencia y si no puedes pagarla, no hay problema alguno, queremos evitar que esta sea una razón para restarte del encuentro. Si vienes de región y tienes complicaciones con costear tus pasajes y/o alojamiento, no dudes en escribirnos a mujer.iglesia.chile@gmail.com.


Mujeres Iglesia Chile

Caso Barros: tender las vergüenzas al sol

El obispo de Osorno, Juan Barros

Los chilenos tienen experiencia en terremotos; sorpresivos, algunos demoledores. Los 32 obispos, reunidos días atrás en Asamblea Plenaria en el balneario de Punta de Tralca, en el litoral frente a Santiago, vivieron una experiencia inesperada, un seísmo en toda regla. Al inicio del tercer día de trabajo, el obispo castrense y presidente de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh), Santiago Silva, leyó la carta recibida desde la Santa Sede, firmada por el papa Francisco y fechada el 8 de abril. Superada la sorpresa, una lectura más meditada les hizo ver su trascendencia, su gravedad y su dureza. De ahí en adelante, todo cambió.

El Papa realiza un llamado insospechado: además de instar a los obispos a que transmitan fielmente su confesión de haberse equivocado en sus apreciaciones en torno al caso Barros (el obispo de Osorno está acusado de haber encubierto al cura abusador Fernando Karadima), ruega al obispo Silva que “publique la presente con la mayor celeridad posible”. Se asegura así que sus palabras no quedarán en el sigilo episcopal.
Una vez que Bergoglio ha conocido el informe de 2.300 páginas de su enviado especial a Chile, el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, acompañado del oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Jordi Bertomeu, coherente con su estilo, ha decidido convocar a todos los obispos chilenos a la Santa Sede para discernir juntos las medidas que deberán ser adoptadas para reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia y la comunión eclesial.

“He incurrido en graves equivocaciones de valoración”

El Papa reconoce haber “incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”. De inmediato, pide perdón “a todos aquellos a los que ofendí”, en una actitud ejemplar, inédita. Deja atrás sus expresiones de “zurdos”, “tontos”, “calumnias”, usadas para referirse a quienes denunciaban a Juan Barros, obispo de Osorno.
Al difundir la carta, el obispo Silva manifestó su certeza de que las autoridades de la Conferencia Episcopal pusieron a disposición del Papa la información de que disponían. Informó, además, de que en respuesta a la llamada del Papa, todos los obispos irán a Roma en la tercera semana de mayo. A los pocos días comentó que “la tormenta nos llegó de un corazón traspasado de sinceridad y dolor, el del Papa. Él nos confesó su sufrimiento por el dolor de las víctimas de abusos de conciencia y abusos sexuales en Chile por parte de consagrados. Nos removió porque él, el Vicario de Cristo, pide perdón por haber incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción”.
En cuanto se conoció la carta, la Comunidad de Laicos y Laicas de Osorno hizo pública una declaración en la que agradecen al arzobispo Scicluna y al padre Bertomeu su trabajo, aprecian el cambio de mirada del Papa, valoran y aceptan su petición de perdón e indican que confían en que ese arrepentimiento se expresará en acciones concretas. Por el momento, ya se sabe que sus tres miembros principales, Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo, todos ellos víctimas de abusos sexuales por parte de Karadima, serán acogidos por el Pontífice en la Casa de Santa Marta, donde reside. Será este mes, antes de la cita del Papa con los obispos chilenos.

¿Quiénes han desinformado al Papa?

¿Qué hizo que Francisco no acogiera las informaciones que le entregaron sacerdotes y obispos cercanos suyos? Juan Carlos Claret, vocero de la Comunidad de Laicos de Osorno, confiesa a Vida Nueva que en los directivos de la CECh “ha habido, no solo intención de tergiversar información, sino también de levantar información falsa. Eso es lo que hemos venido denunciando. No pueden decir ahora que no saben quiénes han desinformado al Papa. Ellos saben que participaron en esa campaña y saben que también hay otros responsables como Ivo Scapolo, el nuncio. Hay silencios que ahondaron mucho más la crisis”. Sin duda, algo no funcionó bien en la institución. Al indicar posibles responsables, no han quedado exentos los purpurados Francisco Javier Errázuriz, integrante del Consejo de Cardenales del Papa (el C-9), y el actual arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, quienes han recibido duras acusaciones.
Dos de los obispos formados en su día por Karadima ya han expresado su disposición a acatar lo que el Papa les diga. Todos, en conjunto, preparan lo que propondrán a Francisco, cuando se reúnan en mayo, como plan para recuperar la confianza de la gente, reconstruir la comunión eclesial y dar una orientación pastoral a la Iglesia chilena que le devuelva credibilidad.

Editorial Vida Nueva

Cuando el papa Pablo VI hizo llorar a Claudia Cardinale por Juan Arias

Claudia Cardinale y el papa Pablo VI.

El pasado domingo, la actriz Claudia Cardinale -nacida en Túnez, de padres sicilianos y que siempre se consideró italiana- celebró en Nápoles su 80 aniversario, sin haberse "hecho nunca una [cirugía] plástica”, comentó con humor. La actriz que se disputaban directores de cine como Federico Fellini o Luciano Visconte, participó en 150 filmes, algunos inmortales como Il Gatopardo,Il giorno de la civetta y Otto e mezzo y fue portada de 900 revistas de 25 países. En su biografía hay una anécdota relacionada con el Vaticano de la que fui testigo como periodista.
Era papa Pablo VI, un pontífice intelectual y amante del arte que había hecho colocar por primera vez obras de pintura moderna en los salones del Vaticano. Era también un teólogo progresista que llegó a ser investigado, siendo ya cardenal de Milán, por la Congregación de la Fe, la misma que condenó al silencio al teólogo brasileño de la liberación Leonardo Boff.
El papa Montini, que era un esteta, quiso encontrarse con un grupo de actrices italianas y las convocó una tarde a la Basílica de San Pedro. Era el 6 de mayo de 1967. En el grupo estaba Claudia Cardinale, con 31 años, en el auge de su belleza y de su fama como actriz. Era el año en que bullía en Francia la revolución sexual de los jóvenes que pedían “hacer el amor y no la guerra”, mientras en Italia, se respiraban aún aires conservadores influenciados, en buena parte, por el Vaticano. Hasta la minifalda escandalizaba entonces.
Aquella tarde del encuentro con el Papa, Claudia Cardinale, que era ya una inconformista, osó acudir a la cita papal, en la basílica de San Pedro, vestida de negro pero no de largo, con una falda corta, lo que escandalizó a algunos monseñores. Pablo VI recibió a las actrices que pasaron una a una a besar su anillo papal. Al acercarse Claudia Cardinale, Montini quiso detenerse para conversar con ella. Lo hizo en voz baja. Hablaron unos minutos que, en aquel momento y en el silencio de la basílica nos parecieron una eternidad. Al acabar, la actriz, en vez de quedarse con el grupo salió disparada de la Basílica mientras se enjugaba las lágrimas con el dorso de las manos.
Los periodistas que nos dimos cuenta salimos detrás de ella para intentar saber la causa de su emoción. ¿Le habría recriminado el Papa su minifalda? No quiso hablar y se fue derecha a su coche. Supimos más tarde el motivo de sus lágrimas. Claudia Cardinale había sufrido a los 17 años un estupro. Pensó en abortar y después prefirió tener a su hijo, “mi Patric”, como ella lo llamaba. Al acercarse al Papa, la actriz no pudo imaginar que pudiera conocer su historia. Pablo VI se la recordó y la animó a cuidar con amor redoblado de aquel hijo que entonces era ya un muchacho de 17 años.
No supimos con qué palabras ni qué más pudo decirle a la actriz el Papa que la emocionó tanto. Quizás para entenderlo sería necesario conocer la índole particular del papa Montini, al que el papa Juan XXIII señaló a la hora de morir como su preferido para sucederle. Temía que pudiera ser elegido para continuar con el Concilio Vaticano II, que él mismo había convocado como la gran revolución de la Iglesia, a algún conservador que lo hiciera abortar.
Al contrario que el papa Juan Pablo II, que fue un pontífice de masas, el papa Montini, que arrancó lágrimas a Claudia Cardinale, era un hombre de detalles, íntimo. Más que las multitudes le interesaba la vida concreta de las personas. Fue así, que antes de recibir a las actrices, quiso conocer detalles de sus vidas y debieron contarle la historia de Claudia Cardinale, víctima de un estupro cuando era una adolescente y que prefirió tener el hijo. Durante dos años la familia de la actriz la obligó a decir que su hijo era su hermano menor.
Aquel amor por lo personal de Pablo VI, lo pudimos constatar los periodistas que viajábamos con él en sus giras internacionales. En el avión, generalmente de noche, se acercaba a cada uno de nosotros y nos hablaba en voz baja. Una vez a un periodista italiano lo sorprendió con estas palabras: “Sé que usted es agnóstico, pero lo que importa en la vida es ser una buena persona”. En un viaje a África, al llegar a mi asiento me susurró al oído: “Quiero agradecerle que haya querido venir a este viaje pues sé que su madre está muy enferma”. Era verdad y no supe nunca como se había enterado. “Dígale a su madre que el Papa la bendice”. Y colocó en mis manos como recuerdo del viaje una corbata roja.
No sé si Claudia Cardinale se acuerda de aquel encuentro suyo de hace medio siglo con el papa Montini y lo que pudo suponer en su vida. Lo cierto es que hoy a sus 80 años, insiste en que ella quiso ser siempre una defensora de los derechos de la mujer. Desde 1999 es embajadora de honor en la ONU, para defender, dice, “a las mujeres que no tienen voz”.
De su cine que alimentó a millones de hombres y mujeres cuenta que recuerda sobre todo “el que hacía soñar”, y añade: “ahora se usan demasiados efectos especiales. Me gustaría que el cine potenciara más los efectos del alma”. Quizás no le falte razón.
El País

No somos niños por Max Echevarría Burgos sj



Hace ya un tiempo que he comenzado a participar como “oyente” de las reuniones de personas en rehabilitación de drogas o NA (Narcóticos anónimos). Cierto día, estando en uno de estos encuentros, me sorprendió mucho ver a una muchacha joven, de unos quince años, que al parecer acompañaba a su padre; el cual, justo ese día, ¡se encontraba celebrando un año sin consumir drogas!
Llegaba el momento de compartir testimonios de los allí presentes, en gratitud por la vida de este compañero. Un silencio nos abrazaba entre miradas cómplices… Cuando de pronto, la joven rompe el silencio con fuerza y gracia: “Papá: ¡Fui testigo de cómo a tus 40 años, lograste despertar; y, acrecentaste mis sueños!”
Espontáneamente brotaron lágrimas de emoción, y el silencio volvía a abrazarnos con aún más fuerza. Las palabras fueron un eco que interpelaban a todos: “lograste despertar; y acrecentaste mis sueños”. 

¿Qué hace despertar a un hombre en esta condición?¿Qué mueve una decisión tan radical? ¿Cómo se suscitan en nuestras vidas esos saltos tan vitales?

Este padre en algún momento de su historia tuvo que haberse experimentado “desarmado”. Bajó sus brazos y se dejó envolver por un amor que no venía de Él mismo. Dejó de pensar en su bienestar y se abrió a la vida que lo rodeaba. En algún momento los sueños de su hija, lo sacudieron. Lo liberaron de sus esquemas, y, desecho de estos, pudo despertar; recibir su abrazo que era el deseo de verlo en libertad.
Generalmente nuestras eternas adolescencias (como las de este hombre), se deben a nuestra falta de “debilidad”.De reconocer que lo que sueño y vivo, no es un proyecto que me va a satisfacer a mí toda la vida. Es dejarse abrazar por personas, situaciones, conflictos que nos interpelan día a día… Y en ese abrazo, abrazarlas. Jesús, sintió el abrazo de su pueblo; en la vida de su madre, leprosos, pecadores, publicanos, viudas, prostitutas… Por ello fue capaz de hacerse uno con su gente para acrecentar sus sueños. Tal como lo que ocasionó la decisión de este padre con su hija.
No somos niños eternamente. Somos hombres y mujeres invitados a abrirnos a un amor maduro, que por medio de nuestras acciones y decisiones, busca amar con radicalidad a una humanidad que espera nuestro abrazo.
Nunca es tarde para bajar los brazos y dejarse abrazar por la vida. Sea a los 20, 28, 40, 50 años… Es un desafío enorme. ¿Qué personas en la vida quieren hacerme sentir su abrazo? ¿A través de qué situaciones me experimento amado? ¿A qué me invitan estas personas y momentos?
pastoralsj

Iniciando el contacto con música: Coro del Instituto de Música de la UAH. "He shall feed his flock"



El coro del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado se presentó el 5 de abril de 2018, en el Templo de la Iglesia San Ignacio de Loyola, con la obra El Mesías de Georg Friedrich Haendel. Les comparto "He shall feed his flock" basada en Isaías 40, 11 y Mateo 11, 28-29. Camila Guggiana es la Soprano y Pamela Zavala, Alto. La dirección del coro está a cargo de Jessica Quezada

Wednesday, April 18, 2018

Un tal Viernes por Pedro Pablo Achondo ss.cc.



La cruz nos sigue hablando, a creyentes y no creyentes. Es de esos símbolos que no deja a nadie impávido, ya sea para rechazarla, escupirla, adorarla o encontrar en ella un signo de contradicción, un icono asombroso de lo que el hombre es capaz cuando sobrepone su egoísmo antes que el amor. En tiempos de egoísmos y de estructuras vanidosas sigue siendo útil mirarla. Para algunos la cruz es una luz, para muchos quizás algo del pasado, algo molesto, algo que no vale la pena poseer. 

Habiendo vivido una vez más el Viernes de la tristeza nos detenemos a pensar en los crucificados de hoy; pues como todo signo elocuente nos invita a pensar, a mirar al mundo desde allí. Y con ello a los traspasados de hoy, a los que seguimos rechazando y despreciando. Hablar de cruces es hablar de los pobres, de los marginados, de los miles de haitianos, y tantos otros, que llegan a Chile escapando de la miseria propia. 

El Viernes Santo viene a constituirse en un “entre tiempo”, en una detención que interrumpe nuestras dinámicas del progreso, de carreras y ese crecimiento sin rumbo claro para mirarlos a ellos, para nombrarlos. ¿Acaso no es tiempo ya de nombrarlos? ¿De llamarlos por el nombre que nosotros mismos les hemos puesto? Inservibles, desechos, molestias, malvenidos, extraños, presos, ignorantes… 

En ese universo de seres humanos hay muchos que cansados siguen sacando las fuerzas de su propia sobrevivencia de Aquel otro despreciado de hace más de dos milenios. No son pocos para los cuales sus vidas son un largo viernes. Cristianos o no, el Viernes nos recuerda que no todo está bien. Que estructuras ancoradas en Iglesias y Estados, en Gobiernos y Escuelas, en familias y empresas, en Ministerios y sistemas financieros siguen y siguen perpetuando el horror de miles. Mientras unos mueven miles de millones de pesos, otros machetean por un plato de comida. Festines versus mendicantes vagabundean por nuestras megapolis. 

Chile no se queda atrás y si no nos damos espacios y tiempos de detención, pequeñas –pero importantísimas- interrupciones para revisarnos; para restituir relaciones malsanas, para sanar nuestros propios lenguajes y burocracias de perdición, nuestras vidas caen en el sinsentido, caen en ese espiral de una vida indigna que es empujada por acciones y acciones sin amor, sin cariño, sin tolerancia ni misericordia, sin preocupación por el otro que sufre. 

Un tal Viernes murió un tal Jesús en un madero. En el abandono más extraño, en una soledad inesperada. Hasta los defensores acérrimos del laicicismo no deberían pasar de largo sin preguntarse al menos ¿Cómo fue eso posible? ¿Qué nos pasa como sociedad que seguimos levantando cruces estériles en hombros ajenos? Más allá de cualquier devoción y espiritualidad, las cosas no andan bien para miles de seres humanos. De lejos y de cerca. Vale la pena, una vez más, detenernos ante el Traspasado, mirar nuestras vidas y caminar con sentido, hacia horizontes (hoy tan desdibujados) que nos unan como pueblo, como comunidad de personas que desean una vida buena, digna y feliz. 

La cruz se eleva en medio de nuestro país como un rehue sin hojas, como un madero desnudo que nos recuerda nuestros acomodos infecundos y la necesidad de decirnos: las cosas no tienen por qué ser así. Que podamos seguir caminando juntos en la pluralidad y diversidad inmensa que somos hacia un Chile mejor, más bello, más creativo y más humano. Sin tantos Viernes.

Pedro Pablo Achondo ss.cc:
Reflxiones itinerantes
ss.cc. Chile

ORDEN DEL DÍA PARA UNA CUMBRE por Luis Badilla

Obispos de Chile con el Papa

Los obispos de Chile se encontrarán con el Papa a mediados de mayo por cuarta vez en 15 meses. Comunión eclesial y conversión

En 2016, cuando todavía faltaban unos meses para que el arzobispo de Santiago Cardenal Ricardo Ezzati cumpliera 75 años, un nutrido grupo de laicos – todos ellos personas destacadas, reconocidas y prestigiosas, preocupadas por la sucesión episcopal en la capital del país en un momento de grave crisis en toda la Iglesia chilena – escribió una larga carta al Papa Francisco. En ella se expresaban muchos juicios sobre el estado de postración, cansancio y desaliento de la comunidad eclesial en Chile. Más aún, los firmantes decían abiertamente que ésta había quedado prácticamente reducida a la inexistencia, porque desde hacía años se encontraba a merced de la mediocridad, la vanidad, las luchas internas y la inercia. No es casual que el Papa Francisco, en su carta a los obispos de Chile del 8 de abril, observe textualmente: «les escribo a ustedes, reunidos en la 115ª asamblea plenaria, para solicitar humildemente Vuestra colaboración y asistencia en el discernimiento de las medidas que a corto, medio y largo plazo deberán ser adoptadas para restablecer la comunión eclesial en Chile, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia».
El Papa traza para la próxima reunión – la cuarta con todo el Episcopado chileno en 15 meses (2 en febrero de 2017, una en enero pasado y la cuarta dentro de pocas semanas) – un itinerario preciso: discernimiento. Para recorrer ese camino, delicado y difícil, pide a los obispos en ejercicio su colaboración y ayuda. Francisco considera que la situación exige adoptar medidas (a breve, mediano y largo plazo) que permitan restablecer la comunión eclesial en el país y, en la medida de lo posible, reparar el escándalo del que se ha hecho responsable la Iglesia local y restablecer la justicia. Son palabras y pensamientos del Papa. En este proyecto el Santo Padre, pese a que la situación es muy difícil, deja entrever un cierto optimismo cuando dice a sus hermanos en el episcopado: «Les aseguro mi oración y quiero compartir con ustedes la convicción de que las dificultades presentes son también una ocasión para restablecer la confianza en la Iglesia, confianza rota por nuestros errores y pecados, y para sanar unas heridas que no dejan de sangrar en el conjunto de la sociedad chilena».
Por las reflexiones que hace el Papa resulta muy claro que para afrontar la crisis-decadencia de la Iglesia chilena hay un solo punto de partida y un solo punto de llegada: la comunión eclesial. Solo la restauración de esta comunión (koinonía) puede expresar el núcleo profundo del Misterio de la Iglesia, como enseña el Vaticano II. Misterio que en Chile, a los ojos, al corazón y a la conciencia de por lo menos la mitad del país, se presenta deslucido, desnaturalizado e incluso desagradable. Es importante destacar que no se trata de un rechazo de Cristo o de su Iglesia santa, ¡no! En todo caso el rechazo está orientado a esa parte de la Iglesia, la jerarquía, que con poquísimas excepciones parece atrincherada desde hace muchos años en sus seguridades autorreferenciales y desconfianzas paranoicas, usando muchas veces como pretexto una presunta y grave insidia de la “secularización galopante” o más sencillamente de una “proliferación de la indiferencia religiosa”. En pocas palabras, la misma excusa de siempre: los culpables son los demás, los que están fuera, los que nos atacan y nos acorralan… Pero estos pastores ¿han hecho alguna autocrítica en los últimos años? ¿Se han planteado preguntas y, sobre todo, han escuchado lo que dice el pueblo laico? En Chile, el “defender la propia posición” y el “ocupar espacios” de parte de un buen número de miembros de la jerarquía, actitudes orientadas hacia el poder y la riqueza, han terminado alejando progresivamente a estos pastores de la vida cotidiana de los fieles y de los chilenos en general.
La impresión que termina dando es la de una Iglesia de bandos, de equipos, de jugarretas y de conflictos, de las vanidades personales más banales y vulgares; por una serie de ambiciones personales y “de casta” se ha ofuscado, si no borrado, un pasado prestigioso, cuando el Episcopado chileno tuvo un rol importante tanto antes como durante los difíciles años de la dictadura de Pinochet. Esta Iglesia, la de los derechos humanos, la de los pobres, la de las periferias, la de los laicos comprometidos masivamente, la de Medellín, Puebla y Aparecida, una Iglesia creativa, valiente, sin trabas ni conveniencias… ha sido desarticulada y sepultada por la única realidad que parecía verdadera: los obispos, no pastores sino jerarcas y hombres de poder, fama y prestigio.
Hace tiempo que en Chile se ha perdido el sentido último de una Iglesia constituida por Cristo como una “comunión de vida, de caridad y de verdad” (Lumen gentium, 9b). Eso se refleja también en el colegio episcopal de manera real y auténtica, prescindiendo de las palabras de circunstancia y de formal buena educación que hemos escuchado reiteradamente en los últimos tiempos. En el contexto de esta realidad, triste y preocupante, se deben leer las reflexiones conclusivas del Papa Francisco en su carta a los prelados chilenos: «Permaneced en mí (Jn 15,4): estas palabras del Señor resuenan una y otra vez en estos días. Hablan de relaciones personales, de comunión, de fraternidad que atrae y convoca. Unidos a Cristo como los sarmientos a la vid, los invito a injertar en vuestra oración de los próximos días una magnanimidad que nos prepare para el mencionado encuentro y que luego permita traducir en hechos concretos lo que habremos reflexionado. Quizás incluso también sería oportuno poner a la Iglesia de Chile en estado de oración. Ahora más que nunca no podemos volver a caer en la tentación de la verborrea o de quedarnos en los “universales”. Estos días, miremos a Cristo. Miremos su vida y sus gestos, especialmente cuando se muestra compasivo y misericordioso con los que han errado. Amemos en la verdad, pidamos la sabiduría del corazón y dejémonos convertir». Los que en Chile, y también en el Vaticano, han alentado, sostenido y gobernado durante años este tipo de iglesia estaban convencidos de que habían logrado “domesticarla”. Pero en realidad solo la han destruido y devastado. Pero hoy, después de la visita del Santo Padre y los posteriores acontecimientos, las cosas han cambiado: los fieles (y también parte de la jerarquía misma) piden en voz bien alta un severo y honesto examen de conciencia. En Chile hay demasiados obispos que, en vez de poner sus personas al servicio de la Iglesia, han puesto a la Iglesia al servicio de sus intereses personales y de los bandos con los que están relacionados desde hace años. Estos hombres hoy necesitan conversión. No bastan medidas específicas para cuestiones determinadas y concretas. Son urgentes y necesarias, pero no son suficientes. En Chile, los responsables de la comunidad eclesial deben transitar, con humildad y honestidad, un camino penitencial y de radical conversión, antes de cualquier otra cosa.
Tierras de América

Obispo Infanti: “Nos estamos encerrando al interior de la Iglesia”

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La autoridad eclesiástica de Aysén tuvo una buena acogida a la carta enviada por Francisco a la Conferencia Episcopal durante la semana pasada. En ese sentido, comentó que esto no solo se trata de la situación de Osorno, sino que de otros temas como el de la jerarquía católica. "Falta espíritu profético, indudablemente", señaló.

Del 14 al 17 de mayo: tres días estarán la totalidad de los obispos de Chile reunidos con el Papa en el Vaticano, luego de que Francisco I conociera las conclusiones del informe realizado por el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, respecto del supuesto encubrimiento de Juan Barros –actual obispo de Osorno– en los abusos sexuales cometidos por Fernando Karadima.
Esto último fue ampliamente visibilizado por las víctimas del ex párroco durante la visita a suelo nacional del líder de la Iglesia Católica. Lo venían denunciando desde hace varios años atrás, y el Sumo Pontífice desacreditó aquella versión hasta la semana pasada, cuando envió una carta leída en medio de una reunión de la Conferencia Episcopal, en la que pidió perdón y dijo que su juicio había sido resultado por “falta de información veraz”.
La reacción por parte de las altas autoridades eclesiásticas en Chile ha sido diversa. Mientras algunos han descartado  ser emisores de estos datos manipulados, otros han mantenido la cautela.
Luis Infanti, obispo de Aysén, comentó en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile que la carta del Papa fue recibida “con mucho agrado”, pues “responde plenamente a lo que esperábamos”.
Para él, esto no se trata únicamente de la situación de Osorno, sino que de abordar un contexto nuevo al que se debe “saber responder, lo que como Conferencia Episcopal nos ha costado hacer y nos sigue costando”. Por eso mismo, el obispo indicó que esta cita en Roma con Jorge Bergoglio es un “toque de campana” para “no cerrarse a las interrogantes de hoy”.
“A nivel de jerarquía quizás nos estamos encerrando al interior de la Iglesia, o en torres de marfil. No creo que sea el caso de todos, siempre es complicado generalizar. Pero que falta ese espíritu profético, indudablemente. Nos lo recordó el Papa hace un año atrás. Nos llamó a ser una Iglesia profética”, enunció.
Este comentario de Luis Infanti vino a partir de las declaraciones que realizó la semana pasada el teólogo Antonio Bentué en este mismo medio respecto de las autoridades eclesiásticas, cuando afirmó que se necesitaban obispos como los que había en la época de la dictadura, “que vivan como vive el pueblo, no como señores feudales”, en referencia al estilo que llevan particularmente los cuestionados sacerdotes provenientes de El Bosque (Tomislav Koljatic, Horacio Valenzuela y Juan Barros).
Según el obispo de Aysén, Francisco I también les ha entregado un mensaje respecto del tipo de Iglesia Católica que deberían estar construyendo.
“Nos dice que nos metamos donde las papas queman, donde hoy día el mundo requiere una respuesta creíble, confiable, certera y entusiasta. Eso es lo que llama el Papa como una Iglesia en salida”, señaló.
Asimismo, Luis Infanti habló sobre la visita que realizara, a comienzos de este año, Jorge Bergoglio a Chile, la que fue calificada a nivel internacional como una de las peores giras desde el inicio de su pontificado. En ese sentido, explicó que la organización “fue más de un evento artístico, de algún cantante famoso o un partido de fútbol peligroso” y que, en definitiva, “hubo situaciones que sobrepasaron la posibilidad de un encuentro fraterno y la participación de muchos”.
En todo caso, se mostró esperanzado en la capacidad de convocatoria que sigue teniendo la Iglesia Católica. “Yo creo que la Iglesia sigue manteniendo en Chile la credibilidad a pesar de este momento muy crítico. Creo que la gente que tiene una experiencia de fe, de comunidad cristiana, sigue con la credibilidad. Sabemos muy bien que no podemos decir que somos tan perfectos”, expresó.
Por último, planteó que a nivel mundial las creencias religiosas han sido reemplazadas por “esta religión del consumismo que no cree en una trascendencia, sino que cree en el poder de llenarnos de cosas para suplir al vacío que tenemos”.
Radio Universidad de Chile

El Papa engañado por Marco Antonio Velásquez


"Francisco actúa de determinada manera hace tres años, y ahora lo hace de una forma completamente distinta"

(Marco A. Velásquez).- La carta que el Papa envió a los obispos chilenos, conocida por la opinión pública, ciertamente ha provocado impacto, temores y expectativas. En su contenido, el más revelador es su pedido de perdón y reconocimiento que ha "incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación por falta de información veraz y equilibrada".
Aquello despierta interés mediático y da motivos para lucubrar en hipótesis y especular en el sombrío mundo de las deslealtades, dejando en evidencia esa otra herida dolorosa de la Iglesia, donde divisiones y rivalidades internas contradicen su identidad más profunda, el espíritu evangélico. Paralelamente, se activan expectativas y oportunidades que subyacen a esa otra desviación cristiana, el carrerismo jerárquico. Es en este contexto que se anticipa un verdadero terremoto y tsunami para la Iglesia chilena; mientras la imagen del Papa se engrandece.
Curiosamente, lo que se dice en público difiere de lo que se escucha en privado. Mientras unos celebran con triunfalismo la severa reacción pontificia, otros manifiestan abatimiento ante lo que parecen estertores de una institucionalidad vencida por sus propias debilidades y contradicciones.
En este contexto, la imagen de un Papa engañado resulta compleja de asimilar, especialmente porque entre las grandes virtudes de Francisco están su extraordinaria capacidad de conducción política. Al respecto es oportuno recordar una denuncia impactante del mismo Papa, que en octubre de 2013 expresaba contra la curia, decía entonces "la corte es la lepra del papado".
Es evidente que el Papa es consciente de los peligros de la consejería de sus cortesanos, ámbito donde se trama el engaño que lo induce a tan "graves equivocaciones de valoración y percepción".

Sin embargo, es cierto que, así como Francisco tuvo "falta de información veraz y equilibrada", tuvo también nutrida información auténtica y oportuna. Sí, porque hubo obispos y religiosos chilenos, algunos de ellos amigos muy cercanos, que viajaron expresamente para informar debidamente al Papa. Incluso hubo un obispo bueno que no fue recibido.
En esto Francisco experimenta en su propia carne, esa otra desviación histórica de la Iglesia, que heredan los Papas por el hecho de conducir una institución que hizo del espiritu cristiano un poder religioso, que progresivamente se fue asimilando a un poder político.
En consecuencia, en la consciencia del Papa confluyen distintas valoraciones y percepciones a la hora de tomar decisiones, donde no pocas entran en conflicto con el mismo Evangelio. En tal sentido, surgen consideraciones morales, políticas, institucionales, cuestiones estratégicas y, por supuesto, de justicia. Es ahí donde los hechos que subyacen a sus decisiones se interpretan en el amplio espectro que abarca la brecha existente entre la verdad y la mentira. En última instancia, la valoración de los hechos y su ponderación son de estricta responsabilidad personal del Papa, así como él lo expresa en su carta al pedir perdón.
En los hechos que subyacen a la carta pontificia, Francisco actúa de determinada manera hace tres años, y ahora lo hace de una forma completamente distinta. Ello porque las decisiones generan consecuencias, cuyos efectos obligan a revisar lo resuelto. En esto, lo evidente es que la defensa institucional conque se blindó a Barros produjo efectos devastadores que afectaron a un país entero.
Entonces, la decisión original de defender la institucionalidad, fue vencida por nuevos hechos que fueron visibilizados universalmente gracias al movimiento de los Laicos de Osorno. En tal sentido, cabe preguntarse si, ¿acaso la salida a esta escandalosa historia hubiese tenido la misma suerte sin la presión internacional que conguió ese movimiento?
Todo indica que Francisco siguió el patrón de actuación de Bergoglio como obispo y cardenal, y no como Papa de la Iglesia universal. Ello porqueminimizó los efectos de la organización de una comunidad cristiana, fenómeno inédito en la historia de la Iglesia.
Entonces, Francisco es víctima, no de sus malos consejeros y cortesanos, sino de una herencia histórica que lo deja expuesto inevitablemente en el terreno de las contradicciones evangélicas. Es ahí, donde Francisco queda prisionero de esa carga atávica ancestral impuesta, que es la Iglesia poder, aquella que primero se volvió contra Jesucristo, convirtiéndolo en víctima inocente de sus maquinaciones.
No hay que olvidar lo revivido hace pocos días, aquel lejado Viernes Santo, donde el poder religioso consiguió sentenciar a muerte a Jesucristo a manos del poder político. Esa simbiosis entre la religión y la política no termina con aquel juicio espurio de la historia, sino que se renueva de múltiples formas y con nuevos matices en una institución que ha logrado conjugar ambas funciones.
Hoy como nunca, en la consciencia de Francisco, el reformador de la Iglesia, debe resonar con fuerza aquella auténtica profecía de Lord Anton: "El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". Ello porque Francisco, y no Bergoglio, hereda esa peligrosa concentración de un poder religioso sin contrapeso, detentando en una sola persona los poderes de gobierno, de juez y y legislativo. En esto las imperfectas democracias del mundo, incluso las viejas monarquías, han aprendido a descentralizar dichas poderosas facultades. Tal vez, sea ésta la principal reforma que Francisco deba emprender con prioridad en la Iglesia.
RD

Conversando con Juan Carlos Claret, de Laicos de Osorno



Nos encontramos con Juan Carlos Claret, de los Laicos de Osorno, quien se encontraba por Santiago ya que está trabajando en su tesis de grado para que el próximo año pueda dar su examen y recibir el título de abogado. Aprovechamos la oportunidad de conversar sobre los últimos acontecimientos en la Iglesia y sobre todo lo referente a la carta enviada por el Papa a los obispos chilenos y les comparto parte de esa conversación.

Sobre la carta del papa Francisco a los obispos chilenos la califica de una noticia incompleta, indicando  si tiene elementos que son bastante valorables como por ejemplo la petición de perdón “que es un perdón que valoramos en la organización y que, personalmente, valoro mucho pero también hay que reconocer que frente a ese arrepentimiento es importante que hayan actos coherentes con tal actitud porque si no el perdón se transforma en una palabra vacía…”

Manifiesta, además, que no es una carta dirigida a los osorninos, ni una carta a las victimas de Karadima, es un mensaje dirigido a los obispos, tirándoles las orejas, para después hacerlo público para que se conozca y, además, se autoimpone el Papa un objetivo concreto que es que la sociedad chilena vuelva a confiar en la Iglesia chilena y esa es una meta bastante ambiciosa…”

Se conversa sobre lo aprendido en estos tres últimos años, la necesidad de restablecer las confianzas y las dificultades presentes para ello, como de lo que se podría hacer a mediano y largo plazo en la iglesia