Sunday, July 23, 2017

José María Castillo: "En el fondo, corruptos somos todos"


"Unos, por acción; otros, por permisión, y casi todos, por omisión"


"Se ha generalizado el criterio según el cual, aquí el que 'no se aprovecha', es que es tonto"


Tenemos tanta corrupción porque tenemos unas instituciones sociales (derecho, economía, política, educación, religión...) que no están ni pensadas, ni preparadas, para remediar (y menos, evitar) un fenómeno como el que estamos sufriendo

(José María Castillo).- Si nos limitamos a explicar el significado lingüístico de estos términos, tropezamos en seguida con una dificultad inesperada: resulta casi imposible encontrar, en un diccionario, la definición adecuada que corresponda a las conductas y al hecho social de la "corrupción", tal como todo el mundo habla de ella.
Y tal como la estamos viviendo. Las ciencias sociales llegan, casi siempre, con retraso. Primero se producen los hechos. Luego, cuando esos hechos se analizan, se les encuentra la adecuada definición. Es lo que está sucediendo ahora.
En efecto, en las últimas décadas, se ha generalizado el fenómeno social de la corrupción, que preocupa, indigna e irrita cada día más y más a la mayoría de los ciudadanos. No es posible, como es lógico, analizar (aquí y a fondo) este asunto tan grave y de tan graves consecuencias. Sobre todo, si pensamos que se trata de un estado de cosas en el que entran en juego la política, la economía, el derecho, la moral, la religión, la educación y tantos otros factores, imposibles de analizar y desentrañar hasta el fondo.
Por eso, en esta breve reflexión, me limitaré a destacar un hecho que, según creo, es capital para que nos demos cuenta de lo que realmente está pasando. Me explico.
Por supuesto, que hay corrupción porque hay corruptos. Pero, con decir eso, nos quedamos a medio camino. Porque la corrupción no es solamente la suma de los corruptos, tal como se suele entender el calificativo de "corrupto". Tenemos tanta corrupción porque tenemos unas instituciones sociales (derecho, economía, política, educación, religión...) que no están ni pensadas, ni preparadas, para remediar (y menos, evitar) un fenómeno como el que estamos sufriendo.
Pero no sólo esto. Lo más grave, que está ocurriendo, es que nos quejamos de los gobernantes corruptos, pero el hecho es que la mayoría de los ciudadanos los siguen votando. Con lo que, sin darnos cuenta, lo que la mayoría estamos diciendo es: "siga Vd robando, que yo le seguiré votando". Lo cual quiere decir que, en el fondo, corruptos somos todos. Unos, por acción; otros, por permisión, y casi todos, por omisión.
Concluyo: desde el momento en que el propio interés y la propia ganancia es el valor dominante en la sociedad, se hace inevitable que se haya generalizado el criterio según el cual, aquí el que "no se aprovecha", es que es tonto. Así, ¿qué podemos esperar?

José María Castillo
Teología sin censura
RD

A ESO...



A eso de caer y volver a levantarte. De fracasar y volver a empezar...
Música: Bon Jovi-

El Papa denuncia la “violencia” en Jerusalén y hace un llamamiento “a la moderación y al diálogo”. Video y audio


Francisco pide "decisión y paciencia" para discernir el bien y el mal, y para salvar al pecador


No a "una Iglesia de 'puros', que pretende juzgar antes de tiempo quién está en el Reino de Dios y quién no"


(Jesús Bastante).-Los recientes sucesos en Jerusalén, que ya se han cobrado siete muertos y una creciente tensión en la explanada de las mezquitas preocupan, y mucho, al Papa, quien aprovechó el saludo posterior al Angelus para hacer "un sentido llamamiento a la moderación y el diálogo".
"Sigo con trepidación las graves tensiones y la violencia de los últimos días en Jerusalén", señaló Francisco, quien invitó a los presentes en la plaza de San Pedro "a unirse a mí en oración, para que el Señor inspire la reconciliación y la paz".
Antes, durante el rezo del Angelus, Bergoglio recordó la parábola del trigo y la cizaña que, apuntó, "ilustra el problema del mal en el mundo, y pone de manifiesto la paciencia de Dios".
"Cuánta paciencia tiene Dios. Cualquier de nosotros puede decirlo: cuánta paciencia ha tenido Dios conmigo", recordó Francisco, que indicó cómo, en la parábola, hay dos protagonistas opuestos. "De un lado, el patrón, que representa a Dios, esparce la simiente. Del otro, el enemigo, Satanás, esparce la hierba mala".
Así, como en la vida, "junto al grano crece también la cizaña". Ante esto, los siervos "quieren intervenir quitando la cizaña, pero el patrón está preocupado por salvar el grano, y se opone, diciendo que no suceda que, quitando la cizaña, podamos eliminar algún grano".

Esta es la realidad. "Jesús nos dice -apuntó el Papa- que en este mundo el bien y el mal están tan entrelazados que es imposible separarlos y hacer desaparecer todo el mal. Sólo Dios puede hacerlo, y lo hará en el Juicio Final".
Un razonamiento que nos lleva a un problema complejo, el de la libertad. "La libertad del cristiano, donde se lleva a cabo el difícil ejercicio del discernimiento entre el bien y el mal", confesó Francisco. "Se trata de tener fe en Dios y en su providencia para discernir entre la decisión y la paciencia".
"La decisión -señaló- es la de salvar el grano, con todas nuestras fuerzas, y tomando distancia del Maligno y sus seducciones". La paciencia, en cambio, "significa preferir una Iglesia que no teme mancharse las manos lavando el pan de sus hijos, más que una Iglesia de puros, que pretende juzgar antes de tiempo quién está en el Reino de Dios y quién no".
Y es que "el bien y el mal no se pueden identificar con territorios definidos, o determinados grupos humanos. Estos son los buenos, y estos los malos. La línea entre el bien y el mal está en el corazón de cada persona, de cada uno de nosotros. Somos todos pecadores", recordó el Papa.
"Quien no es pecador que alce la mano", preguntó a la concurrencia. "Ninguno. Somos todos pecadores. Jesús, con su muerte y resurrección, nos ha liberado de la esclavitud del pecado y nos da la gracia de caminar en una vida nueva. Con el bautismo y la confesión, porque siempre necesitamos ser perdonados de nuestros pecados".
"Buscar siempre el mal ajeno significa no querer reconocer el pecado que hay en nosotros", denunció Francisco, quien invitó a "encontrar un modo distinto de observar la realidad, encontrando el tiempo de Dios, que no es el nuestro". Y donde incluso, aunque se siembre la cizaña, "puede brotar un grano nuevo. Es la realidad de la conversión, es la perspectiva de la esperanza", concluyó.

Preocupación del Papa por la violencia desatada en Jerusalén


(RV).- Después de la oración mariana del Ángelus el Obispo de Romamanifestó la preocupación con la que sigue las graves tensiones y la violencia desatadas en estos días en Jerusalén. Por esta razón hizo un apremiante llamamiento a la moderación y al diálogo, a la vez que invitó a unirse a su oración, a fin de que el Señor inspire en todos propósitos de reconciliación y de paz.
“Queridos hermanos y hermanas: Sigo con preocupación las graves tensiones y la violencia de estos días en Jerusalén. Siento la necesidad de expresar un apremiante llamamiento a la moderación y al diálogo. Los invito a unirse a mí en la oración, a fin de que el Señor inspire en todos propósitos de reconciliación y de paz”. 
Por último, al saludar a los fieles y peregrinos procedentes de diversos países – familias, grupos parroquiales y asociaciones – el Santo Padre también dirigió su pensamiento y aliciente a los jóvenes participantes en la Obra “Hombre Mundo”, comprometidos en testimoniar la alegría del Evangelio en las periferias más necesitadas de los cinco continentes.
Y, como es costumbre, el Papa Francisco deseó a todos un feliz domingo, pidiendo, como suele hacer, que por favor no se olviden de rezar por él.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
Escuchar aquí


Aporte ecológico a la homilía del domingo por Alejandro Londoño Posada sj


La semana pasada meditamos la parábola del sembrador. Recordemos la forma como Jesús le habló a su gente con una bella parábola y los invitó a seguirle. Mateo continúa hoy en este capítulo 13, explicando por medio de otras parábolas de tipo ecológico, qué se entiende por el Reino de Dios. 

Hoy propone primero la parábola del trigo y de la cizaña. En ella insiste, en la forma especial, cómo en este caso el Reino de los Cielos, va a crecer aún en medio de la cizaña. 

En el proceso de Paz en nuestro país no ha faltado gente que esté sembrando cizaña y haciendo lo posible porque fracase. Otras personas están muy pesimistas, aunque no se oponen al proceso. Otras en cambio están aportando sus granos así sean pequeños, de levadura para que fermentar el ambiente. 

También, a propósito de la Venida del Papa a Colombia, hay personas que están sembrando cizaña: que el Papa viene sólo a favorecer al presidente por lo de la Paz. Por fortuna no ha faltado quien les conteste que ciertamente no viene a proponer que sigamos en guerra. Y también las ha invitado a leer la encíclica de la Casa Común, LAUDATO SI, donde el Papa rechaza lo que el gobierno ha llamado la “locomotora minera”, por los daños y estragos que está causando a las comunidades campesinas. 

Ya desde el primer capítulo afirma: “Las exportaciones de algunas materias primas para satisfacer los mercados del Norte industrializado ha producido daños locales, como la contaminación con mercurio en la minería del oro…”(nr. 51). 

Lo importante es que vivamos algo muy bello: el trigo, en este caso, la espiritualidad, la fraternidad, la misma Eucaristía… Aquí la pregunta es: ¿Cómo nos estamos preparando para vivir estos momentos de siembra? 

Después toma el granito de mostaza y la levadura, para mostrarles cómo el Reino de Dios va creciendo desde ser una comunidad pequeña hasta volverse inmensa. Las primeras comunidades fueron viendo cómo esas pequeñitas iglesias de los apóstoles fueron creciendo y creciendo. 

Sería este el momento de invitar a muchas personas a luchar por la Casa Común, así ahora parezca ser sólo el granito y el empeño de unos pocos grupos que se están convirtiendo en levadura de la masa con el propósito de defenderla.

Alejandro Londoña Losada sj
Jesuitas de Colombia

SE PARECE A… por DOLORES L. GUZMÁN


Mt 13, 24-43
Las “cosas de Dios” nos parece que deben ser tan elevadas que cuando alguien las explica de manera asequible apenas nos las creemos y solemos “pedir una explicación”. Esto también les sucedió a los discípulos incluso con el Señor; por eso, cuando Jesús les hablaba en parábolas, le pedían que les aclarara lo que les había contado. La simplicidad cuesta mucho. Demasiado. Asociamos la complejidad a Dios, cuando es todo lo contrario. Por eso a los seguidores del Maestro les resultaba asombroso que no necesitaran ser doctos y “entendidos” en la materia para comprender un mínimo del estilo con el que el Señor había planteado su forma de implementar el Reino.
Que el mismo Jesús utilizara imágenes de la cotidianeidad para hacernos ver cómo es el reino de los cielos es maravilloso. Con ello quiere decir que la Creación es tan rica y significativa que tiene capacidad para remitir a lo divino; transmite así, que lo natural, lo común, encierra verdades hondas. Además, de este modo el mensaje resulta accesible a la mayoría; y entre todos, no solo podemos hacernos una idea, de verdad, de cómo está funcionando ya el Reino, sino saber dónde buscarlo y dónde mirar para encontrarlo.
Tres comparaciones propone el Señor en el evangelio de hoy:
En la primera identifica el Reino con su persona –se parece a un hombre que sembró buena semilla–. Y explica que la semilla son ya los ciudadanos de ese reino, es decir, los que viven con Él y en Él. Pero junto al trigo crece la cizaña. Una compañía nada agradable que a veces ahoga al mejor de los frutos. Una imagen de las mezclas tan potentes que se dan en la vida. Sin embargo, solo a Dios le corresponde recoger la cosecha y separarlos. Porque Él siempre estará atento para que no se pierda ningún tallo, ramita, u hojarasca, por pequeña que sea, que contenga algo aprovechable y salvable. Recolectar así es laborioso, pero se gana mucho (y sobre todo, ganamos todos).
En la segunda, el Reino es como un minúsculo grano de mostaza, de un tamaño parecido a la punta de un alfiler, que la persona siembra en su huerto. El Señor se hace semilla; y no entra en nuestra vida como un huracán, sino como una brisa suave; tampoco como una tormenta, sino como una suave lluvia. Apenas se percibe su presencia, pero va penetrando y haciendo su obra.
En la tercera, compara el Reino de los cielos con la levadura. Un ingrediente muy apreciado por los cocineros pues hace crecer de forma asombrosa la harina que utilizamos para elaborar, por ejemplo, lo bizcochos y el pan. Lo curioso es que con una medida casi ridícula es suficiente para que salgan unas raciones generosas. No hay proporción entre cada uno de los ingredientes. Con un poco de levadura bien repartida la masa “se crece”.
Tres parábolas que nos ayudan a grabarnos a fuego algunas ideas importantes: que el Reino no es otro que Jesús, su persona, pero que en esta vida está amenazado; que no nos corresponde a nosotros cosechar (siempre nos llevaríamos a alguien por delante); y que su apariencia es pequeña y penetra en la realidad de una forma apenas perceptible, en lo oculto, entremezclado con la realidad, y allí, dentro, queda activo y activado, creciendo a su ritmo de una manera misteriosa.

María Dolores López Guzmán
Fe Adulta

ACEPTA QUE HAY CIZAÑA EN TU CAMPO por Fray Marcos


Mt 13, 24-43
La parábola de la cizaña es una de las siete que Mt narra en el capítulo 13. Como decíamos el domingo pasado, se trata de un contexto artificial. Como todas las parábolas es un relato anodino e inofensivo por sí mismo, pero que, descubriendo la intención del que la relata, puede llevarnos a una reflexión muy seria sobre la manera que tenemos de catalogar a las personas como buenos y malos. Mal entendida, puede dar pábulo a un maniqueísmo nefasto, que tergiversa el mensaje de Jesús. Bien y mal se encuentran inextricablemente unidos en cada uno de nosotros.
Empecemos por notar que el sembrador siembra buena semilla. La cizaña tiene un origen distinto. Este lenguaje debemos explicarlo. Según aquella mentalidad, hay un enemigo del hombre empeñado en que no alcance su plenitud. Pero la hipótesis del maniqueísmo es innecesaria. Durante milenios el hombre trató de buscar una respuesta coherente al interrogante que plantea la existencia del mal. Hoy sabemos que no tiene que venir ningún maligno a sembrar mala semilla. La limitación que nos acompaña como criaturas, da razón suficiente para explicar los fallos de toda vida humana.
La vida arrastra tres mil ochocientos millones de años de evolución que ha ido siempre en la dirección de asegurar la supervivencia del individuo y de su especie. A ese objetivo estaba orientado cualquier otro logro. Al aparecer la especie humana, descubre que hay un objetivo más valioso que el de la simple supervivencia. Al intentar caminar hacia esa nueva plenitud de ser que se le abre en el horizonte, el hombre tropieza con esa enorme inercia que le empuja al objetivo puramente egoísta. En cuanto se relaja un poco, aparece la fuerza que le arrastra en la dirección equivocada.
El objetivo de subsistencia individual y el nuevo horizonte de unidad que se le abre al ser humano no son contradictorios. En el noventa por ciento deben coincidir. Pero esa pequeña proporción que les diferencia no es fácil de apreciar. Como en el caso de la cizaña y el trigo, solo cuando llega la hora de dar fruto queda patente lo que los distingue. Es inútil todo intento de dilucidar teóricamente lo que es bueno o lo que es malo. La mayoría de las veces el hombre solo descubre lo bueno o lo malo después de innumerables errores en su intento por acertar en su caminar hacia la meta.
En el ser humano, el bien biológico individualista sería siempre bueno mientras no vaya contra el bien de los demás. Todo el esfuerzo que haga el ser humano por vivir mejor de lo que vive en una época determinada, sería estupendo si toda mejora alcanzara a todos los hombres, y no se consiguiera el bien de unos pocos a costa del mal de muchos. En el mundo que nos ha tocado vivir, podemos descubrir esa contradicción. El hombre, buscando su plenitud como individuo, arruina su plenitud como ser humano.
El punto de inflexión en la lógica del relato lo encontramos en las palabras del dueño del campo. “dejadlos crecer juntos hasta la siega”. Lo lógico sería que se ordenara arrancar la cizaña en cuanto se descubriera en el sembrado, para que no disminuyera la cosecha. Pero resulta que, contra toda lógica, el amo ordena a los criados que no arranquen la cizaña, sino que la dejen crecer con el trigo. Este quiebro, es el que debe hacernos pensar. No es que el dueño del campo se haya vuelto loco, es que el que relata la parábola quiere hacernos ver que otra visión de la realidad es posible.
No les deja crecer juntos porque el señor se siente generoso y perdona la vida a los malos. La única razón que el dueño aduce es “que podríais arrancar también el trigo”; precisamente por la dificultad de distinguirlos a simple vista. La primera lectura nos advierte que Dios obra con moderación porque todo lo puede. Jesús da un paso más y nos dice que Dios no tiene nada que perdonar. Nuestra posibilidad de fallar no le inquieta, en cambio a nosotros nos desconcierta. Dios no puede premiar ni castigar “a posteriori”, porque se ha dado a cada uno antes de que lleguemos a la existencia.
La respuesta del amo está fuera de toda lógica. Esto es lo que debería hacernos pensar. El trigo y la cizaña tienen que convivir a pesar de que son plantas antagónicas y lo que produce una, será siempre a costa de la otra. La cizaña perjudica al trigo, pero la realidad es que son inseparables. Aplicado al ser humano, la cosa se complica hasta el infinito, porque en cada uno de nosotros coexisten juntos cizaña y trigo. Nunca conseguiremos eliminar del todo nuestra cizaña. Solo tomando conciencia de esto, superaremos el puritanismo y podremos aceptar al otro con su cizaña.
Esta mezcla inextricable no es un defecto de fabricación, como se ha hecho creer con mucha frecuencia; por el contrario, se trata de nuestra misma naturaleza. Dejaríamos de ser humanos si anularan nuestra posibilidad de fallar. No solo es absurdo el considerar a uno bueno y a otro malo, sino que el solo pensar que una persona se pueda considerar perfecta, es descabellado. Querer arrancar la cizaña es una tentación, que demuestra la falta de confianza en uno mismo.
También hoy Jesús, a petición de sus discípulos, explica la parábola. Una vez más, no se trata de una explicación de Jesús, sino de un añadido de la primera comunidad, que convirtió las parábolas en alegorías para poder utilizarla como instrumento moralizante. En la explicación que el evangelio da de esta parábola, se ve con toda claridad la diferencia entre parábola y alegoría. Podemos apreciar cómo se desvía el acento desde la necesidad de convivir con el diferente a la insistencia en que los malos serán quemados, con la intención de que el miedo a ser chamuscados nos haga mejores
Si a través de veinte siglos, la Iglesia hubiera hecho caso de esta parábola, ¡cuántos atropellos se hubieran evitado! Tanto en la doctrina como en moral, se ha perseguido al que discrepaba de la oficialidad, solo por el afán de conservar la pureza legal, que tanto preocupa a los dirigentes. Se ha excomulgado, se ha desterrado, se ha quemado en la hoguera a miles de cristianos que eran bellísimas personas, aunque no coincidieran en todo con los cánones oficiales. Es patético, que a algunos de los que han sido sacrificados sin piedad, después se les haya declarado santos.
Aún tenemos pendiente un cambio en nuestra actitud ante el diferente. Hemos sido educados en el exclusivismo. Se nos ha enseñado a despreciar al diferente. Jesús sabía muy bien lo que decía a un pueblo judío que se creía elegido y superior a todos los demás. A pesar de la claridad del mensaje, muy pronto olvidaron los cristianos las enseñanzas de Jesús y reprodujeron el exclusivismo judío. Una sola frase resume esta actitud totalmente antievangélica: “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Esta máxima (mínima) ha sido defendida todavía por el último Catecismo de la Iglesia Católica.
Meditación
Por mucho que nos empeñemos en impedirlo,
la cizaña y el trigo van a seguir creciendo juntos.
Si descubres los fallos en los que tropiezas cada día,
estarás en condiciones de aceptar a los demás con los suyos.
El objetivo del cristiano no es alcanzar la perfección,
sino aceptar al otro a pesar de sus fallos.

Fray Marcos
Fe Adulta

Encuentros con la Palabra por Hermann Rodríguez sj “... pueden arrancar también el trigo”


Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, Arzobispo emérito de Medellín, recordando el documento de Puebla, a propósito del conflicto que hemos vivido en nuestro país y del cual vamos saliendo poco a poco, decía en una entrevista: “la línea divisoria entre el bien y el mal pasa por el corazón de cada uno. No podemos decir: ustedes son los malos, nosotros los buenos”. Muy fácilmente, en medio de los conflictos humanos, tomamos posición y señalamos a los demás como los malos, sintiéndonos nosotros libres de toda culpa y como voceros de los ‘buenos’. Esto no sólo pasa en el ámbito sociopolítico, sino también en las relaciones cotidianas, corriendo el peligro de pensar que los problemas se solucionan desapareciendo al que piensa diferente. Desde luego, esta es una falacia de la que despertamos tan pronto eliminamos al primer ‘contrario’, porque más nos demoramos en hacerlo, que en surgir uno nuevo, mejorado.
La contradicción está sembrada en el corazón de nuestra propia existencia. Heráclito (ca. 540-480 a.C.), filósofo griego solía decir: “Pólemos, la guerra, es el padre de todas las cosas”. Y también afirmaba: “El camino de subida y de bajada es uno solo y el mismo”, queriendo recoger la percepción que él tenía de la realidad, en la cual están siempre presente los contrarios... Nuestra vida no es muy distinta. También en nosotros viven enfrentados el bien y el mal, y querer negarlo o eliminar totalmente la raíz de lo negativo, es muy arriesgado, porque se puede dañar también lo bueno.
Esto es, precisamente, lo que señala Jesús en la parábola del trigo y la cizaña. Dentro de cada uno de nosotros habitan fuerzas contrarias y vivimos, permanentemente, movidos por lo que san Ignacio de Loyola llama, el Buen Espíritu y el enemigo de natura humana. Por eso es muy importante discernir constantemente las mociones (los movimientos) interiores, que pueden manifestarse como pensamientos, sentimientos o sensaciones que tenemos frente a los acontecimientos cotidianos de nuestra vida.
Podríamos decir que el Reino de los cielos se parece a una madre de familia que le sirve a sus tres hijos un suculento plato de bocachico (pescado de los ríos de Colombia que tiene la característica de tener muchas espinas) para el almuerzo. El primer hijo opta por escarbar un poco el pescado y comerse sólo lo pulpito por miedo a las espinas. El segundo hijo, se come el pescado sin mucho cuidado y se atraganta con las espinas hasta que le tienen que dar un pedazo de yuca o de papa para que no se ahogue. Y el tercero, pacientemente, va masticando con cuidado cada bocado y va sacando a un lado las espinas, hasta que termina de comerse el delicioso bocachico que su mamá le ofreció.
En nuestra vida podemos tener una de estas tres actitudes. O esquivar siempre los obstáculos por miedo a las espinas; o comernos todo sin darnos cuenta de lo que nos puede hacer daño; o, finalmente, saborearla y degustar toda su riqueza, seleccionando bien cada bocado, para quedarnos con lo bueno, con lo nutritivo, con lo que nos alimenta, sin despreciar nada de lo que Dios nos brinda con amor, pero sin tragarnos el veneno y la cizaña que no se pueden eliminar completamente de nuestra vida.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Sacerdote jesuita, Profesor Asociado de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Encuentros con la Palabra
RD

Oración: SEMBRAR por Florentino Ulibarri


Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque el terreno
no sea el mejor
y tenga piedras,
zarzas,
calveros,
lugares yermos,
pisados caminos
y aves en el cielo al acecho.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque no sea dueño
del tiempo,
de las lluvias,
de las heladas,
de los vientos,
de las sequías,
ni de los calores
que secan el terreno.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque no distinga
la semilla,
ni entienda
los procesos
de germinación,
ni los milagros encerrados
en la simiente
que lanza a la tierra.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque solo esparza
en la tierra y en los corazones
semillas pequeñas,
semillas sin prestancia,
semillas de mostaza,
pues sabe que el Señor
del campo y de la semilla
confía en él y en su tarea.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque no sea suya la semilla,
ni el terreno,
ni sea dueño del tiempo,
ni sepa de climas;
aunque la experiencia le diga
que hay cosechas que fracasan
a pesar del cuidado
y de cántaros de gracia.

Quien siembra
vive la esperanza,
sueña en parábolas,
lanza buenas nuevas,
goza la temporada
y anhela la cosecha;
pero, a veces, las preocupaciones
le hacen pasar las noches en claro,
y nada se soluciona
hasta que se duerme en tu regazo.

¡Saldré a sembrar
para continuar tu tarea
y para que nos cuentes historias
que florezcan en gracia!

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

LECTURAS PARA EL DÍA DE HOY


Primera lectura

La primera lectura, del Libro de la Sabiduría, nos muestra ese Dios grande, poderoso, soberano, que se acerca al hombre desde el perdón, la indulgencia y el amor. Cercano siempre a nuestras necesidades y al que acudimos a pedir ayuda. La verdad es que somos especialistas en pedir y además queremos rapidez y eficacia al conseguirlo. Hemos olvidado que orar también es alabar, bendecir, adorar, dar gracias, pedir perdón, ofrecer, contemplar... Pero claro ¡tenemos tanto que pedir!
Lectura del libro de la Sabiduría (12,13.16-19):

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

Palabra de Dios

SalmoEl Salmo 85 está confeccionado con bellísimos fragmentos de otros salmos. El salmista expresa por el acoso de sus enemigos, pero la súplica a Dios del pobre y del humilde es escuchada por el Señor. Este himno útil y muy querido por los judíos contemporáneos de Jesús es, asimismo, muy indicado para nosotros, hoy, pues tambien sufrimos las burlas de nuestros adversarios.

Sal 85,5-6.9-10.15-16a

R/. Tú, Señor, eres bueno y clemente

Tú, Señor, eres bueno y clemente, 
rico en misericordia, con los que te invocan. 
Señor, escucha mi oración, 
atiende la voz de mi súplica. R/.

Todos los pueblos vendrán 
a postrarse en tu presencia, Señor; 
bendecirán tu nombre: 
«Grande eres tú, y haces maravillas; 
tú eres el único Dios.» R/. 

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, 
lento a la cólera, rico en piedad y leal, 
mírame, ten compasión de mí. R/.

Segunda lecturaNos va a sorprender la observación que san Pablo hace en la Carta a los Romanos, que es la segunda lectura de hoy: "no sabemos pedir lo que nos conviene". Queremos poner a Dios las condiciones para que Él simplemente las firme Además queremos que se obedezcan nuestras sugerencias, que el Espíritu entre en nuestro juego en lugar de entrar nosotros en su acción imprevisible.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,26-27):

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios

Evangelio En el Evangelio San Mateo se muestra la parábola de Jesús donde nos dice que en nuestro campo habitan juntos el bien y el mal, el trigo y la cizaña. No podemos situarnos fuera del mal como si nosotros no fuéramos responsables de su difusión en el mundo, como si los malos fueran los otros. Cuántas veces el trigo y la cizaña aparecen en campos insospechados, de gente que nosotros no tomaríamos en consideración, ni como buenos, ni como malos. No os toca a vosotros quitar la cizaña, dice el Evangelio, y es verdad. Pero sí nos toca condenar el mal, llamar al pecado por su nombre, no quedarnos mirando resignadamente. El cristiano no encuentra el mal fuera de su campo sino dentro de él. Cristo nos lo dijo: hay muchas zonas sin curar dentro del Reino, en la Iglesia, en nuestro corazón. Hoy seria un gran día si tuviéramos la honradez de reconocerlo y tomárnoslo en serio.


Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,24-43):

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero."»
Les propuso esta otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»
Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.»
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré los secretos desde la fundación del mundo.»
Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.» 
Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará sus ángeles y arrancarán de su reino a todos los corruptos y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su padre. El que tenga oídos, que oiga.»

Palabra del Señor

DEJADLOS CRECER JUNTOS por VICENTE MARTÍNEZ


La tolerancia es la mejor religión (Víctor Hugo)
23 julio. Domingo XVI del TO
Mt 13, 24-43
Dejad que crezcan juntos hasta la siega
En la película Lo and Behold (2017) del director alemán Werner Herzog se dice que “Cada molécula tiene su propio sonido. Y estos sonidos están diseñados específicamente para que cuando la molécula está bien formada, se creen armonías. Si algo no encaja, formará una disonancia. De hecho es difícil lograr una disonancia”. Las diferencias se van diluyendo con el tiempo y, al final, nos percatamos de que en toda la existencia hay una armonía.
La primera lectura y el Evangelio de hoy con la parábola de la cizaña, son una llamada de atención sobre la tentación en que caemos con frecuencia de meternos a jueces de los demás, excluyéndolos del reino de los cielos. La pregunta es obvia, excepto para quienes piensan que se les ha dado todo poder sobre la tierra: ¿Quién soy yo para juzgarlos?
En sus novelas, Jesús Sánchez Adalid (1962, jurista y teólogo, manifiesta una penetrante reflexión acerca de las relaciones humanas, la libertad individual, el amor, el poder y la búsqueda de la verdad; lo que le ha convertido en un símbolo de encuentro y armonía entre los pueblos, religiones y razas. En Y de repente Teresa (Ediciones B, S. A. 2014) analiza el inhumano proceder de la Inquisición en pleno siglo XVI. De uno de sus más ilustres personajes, Don Rodrigo de Castro (1523-1600) dice que es “un implacable, ambicioso y cauto, que se ha consagrado concienzudamente a realizar pesquisas sobre aquellas mujeres que tienen éxtasis, visiones, y misteriosas revelaciones, por si fueran “alumbradas”; es decir, adeptas a secta mística que tanto preocupa el Santo Oficio, por ser considerada herética y relacionada con el protestantismo”.
Concha Redondo, mística y teóloga, nacida en Madrid en 1931, en su obra poética Mis experiencias (Séneca Editorial 2014). Una mujer de la que se dice que el Espíritu le posibilita la comunicación inmediata y directa con la Divinidad que todos atesoramos, incluso los que crecen a nuestro lado diferentes. Uno de sus poemas, Vida, se cierra con estos versos:
“Despertar …Madurar…Nacer cada día…Nacer cada día más humano”.
Mensaje de tolerancia plenamente evangélico –“Dejad que crezcan juntos…” (Mt 13, 30)- como así mismo lo propone Pedro Olalde en una de sus obras: “En el campo del mundo, en nosotros, Jesús siembra buena semilla para que germine y de fruto abundante. Quiere que seamos personas felices, desarrolladas y creadoras de vida para otros”.
De Ismael, hijo de Abraham y su esclava Agar, se dice en Gn 16, 12: “Será un potro salvaje: él contra todos y todos contra él; vivirá separado de sus hermanos”. Aplicado a Jesús, tendríamos que decir todo lo contrario de “separado”. Con frecuencia olvidamos lo que la historia de la vida nos cuenta. La endogamia empobrece, y el mestizaje todo lo enriquece.
En El Canto del pájaro Anthony de Mello, nos cuenta la bella y tolerante historia, en la que aprendió a hacerse amigo de los de “dientes de león” que, como una plaga, habían invadido su jardín.
Ya, otro poeta y novelista, Víctor Hugo, había dicho que “La tolerancia es la mejor religión.

 DIENTES DE LEÓN
Un hombre que sentía orgulloso del césped de su jardín, se encontró un buen día con que en dicho césped crecía una gran cantidad de “dientes de león”. Y aunque trató por todos los medios de librarse de ellos, no pudo impedir que se convirtieran en una auténtica plaga.
Al fin escribió al Ministerio de Agricultura, refiriendo todos los intentos que había hecho, y concluía la carta preguntando:
-“¿Qué puedo hacer?”.- Al poco tiempo llegó la respuesta:-“Le sugerimos que aprenda a amarlos”.
También yo tenía un césped del que estaba muy orgulloso, y también sufrí una plaga de “dientes de león” que traté de combatir con todos los medios a mi alcance.  De modo que el aprender a amarlos no fue nada fácil. Comencé por hablarles todos los días cordial y amistosamente. Pero ellos sólo respondían con su hosco silencio. Aún le dolía la batalla que había librado contra ellos. Probablemente recelaban de mis motivos.
Pero no tuve que aguardar mucho tiempo a que volviesen a sonreír y a recuperar su sosiego. Incluso respondían ya a lo que yo les decía. Pronto fuimos amigos.
Por supuesto que mi césped quedó arruinado, pero ¡qué delicioso se hizo mi jardín…!
Anthony de Mello

Vicente Martínez
Fe Adulta

Dime una Palabra por Luis Fernando Crespo SM. Debilidad


23 de julio
Domingo XVI

Rm 8, 26-27 El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad
Y en nuestra debilidad tu Espíritu, Dios que te hiciste débil para fortalecernos, nos hace fuertes. Entonces nuestros corazones frágiles se transfiguran por el deseo de ti, de tu actuación en nuestras vidas, de tu presencia ardiente. Sé tú, Señor, roca mía, refugio mío, fortaleza mía. Dios mío, confío en ti.
Luis Fernando Crespo SM
Dime una Palabra

El domingo del Trigo y de la Cizaña




Es el gran misterio de la existencia humana: la coexistencia del bien y del mal. Y que se narra y explica prodigiosamente por Jesús de Nazaret es la parábola de Mateo llamada precisamente así: “Del Trigo y de la Cizaña”. Su significado nos marca, por un lado, la breve frontera, en nuestras vidas, entre el bien y el mal. Y el esfuerzo necesario para mantenerse junto al Bien siempre. Jesús explica que la siega de la cizaña –del Mal— se demora para que haya tiempo para convertirse. Dios demuestra mucha paciencia y, por supuesto, una infinita misericordia. No lo olvidemos nunca

Betania

Saturday, July 22, 2017

Historias de Finanzas Solidarias: La Madre Jacin por Laly Serrano


Laly Serrano
Presidenta de FIDES Banca Ética – Extremadura
A Jacin, sus amigos migrantes la llaman Madre. Ella era cocinera en un centro de CEAR y ellos iban a visitarla a la cocina. Les ayudaba con el papeleo, los acompañaba al médico, les aconsejaba, les sonreía, los escuchaba. Y ellos la llamaban madre.
Después el centro de CEAR cerró por aquello de los recortes y Jacin tuvo que buscar otro trabajo. Comenzó a cuidar ancianos, limpiar casas, cuidar enfermos. Sus recursos eran limitados, pero siguió ayudando a sus amigos, interesándose por ellos, abriéndoles su casa, guardándoles las maletas, buscándoles redes de apoyo. Fue así como dio con nosotros y, un buen día, nos presentó a Seku.
Seku era de Camerún y necesitaba una pequeña ayuda de 250 euros pagar una cuota de autónomo atrasada. Decía que, sin no la pagaba, podían expulsarlo en cualquier momento y eso le aterrorizaba más que cualquier otra cosa.
Seku había llegado en patera hacía 10 años y vagabundeaba por España y a veces por Europa, yendo donde le decían que había trabajo. Cuando lo conocimos, había venido a ver a su madre Jacin desde Valencia. Allí recogía naranjas con un grupo de migrantes. No recuerdo la miseria que les pagaban, pero sí recuerdo que para contratarles les pedían tener al día su cuota de autónomo, así el empresario se evitaba problemas. Además, el capataz de la plantación les exigía un porcentaje de las ganancias del día.
Seku hablaba mal español, muy despacio, sonriendo todo el tiempo. Tratamos de explicarle que nuestra asociación era de finanzas solidarias, que tenía que devolvernos la microayuda para poder ayudar a otros, sin intereses y sin gastos, pero tenía que devolverla.
Confieso que me sentí mal. Pedirle que nos devolviera aquellos 250 euros me parecía obsceno viéndole allí sentado, en nuestro confortable despacho, con su sonrisa y su fragilidad extrema. No podíamos decirle que no hacía falta que la devolviera, porque una parte importante de nuestra misión es CONFIAR en los que otros no confían, hacerles saber que SÍ CONFIAMOS en ellos, devolverles así un poco de esperanza en el futuro.
Firmamos su convenio y al mes siguiente Seku comenzó a impagar sus pequeñas cuotas. No nos extrañó. Nosotros lo habíamos conocido, Jacin nos había contado sus dificultades. Entre todos sus problemas, no creíamos que el devolver nuestra ayuda fuera una prioridad. Era un riesgo asumido, aunque nos quedaba un poco la sensación de fracaso, pequeño en este caso, porque éramos conscientes de que el riesgo era elevado desde el principio. Pero Jacin seguía creyendo, me llamaba de vez en cuando para decirme que Seku acabaría pagando, que necesitaba algo más de tiempo, que sentía haberme metido en este lío. Yo le quitaba importancia para que no se preocupase, y le contestaba que la creía, aunque ya habíamos dado la ayuda por perdida.
Al cabo de medio año volvió a llamarnos Jacin. Seku se había ido a trabajar a Alemania en contra de su consejo. Nos contó que allí las condiciones son aún más duras, alguna vez habían llegado a encarcelarle y él temblaba sólo al recordarlo, pero había más trabajo. De las primeras cosas que hizo Seku desde Alemania fue mandarle a Jacin 250 euros para devolver la ayuda de FIDES. Nos la devolvió íntegra, antes del tiempo pactado.
Seku y Jacin nos dieron una inmensa lección, de amistad, de confianza, de integridad, de valentía, de alegría incluso. Así que quien diga que nuestras ayudas no son rentables, es que no sabe ver más allá de los euros. Una pena que sea una ceguera tan corriente, con lo sencillo que es ver en esta historia que 250 euros a tipo cero nos reportaron más que ciento por uno, más que millones por uno incluso.
Entre otras ganancias, la madre Jacin nos tejió para siempre a su red y nos sigue presentando nuevos amigos de vez en cuando, buenas gentes a las que poder ayudar y de las que poder aprender, historias de amistad, superación y esperanza que quizá podamos contar más adelante.
entreParéntesis