Tuesday, April 14, 2009

Buenas noticias


Acabo de celebrar, junto con tantos cristianos, eso que llamamos la Pascua, y que tiene un nombre propio: Jesús, el resucitado, que nos comunica también su nueva vida. Un muerto que resucita, un condenado injustamente que es rehabilitado, un “hombre para los demás” cuya existencia es puesta como modelo de vida, uno que pierde la vida para recuperarla con creces, un abandonado que se convierte en hermano mayor de la humanidad. Como último responsable de todo esto, un Dios que se com-padece de nuestra pobre humanidad, y se moja las manos y el corazón para que vivamos con esperanza cierta. ¿Verdad que tenemos muchas cosas buenas que comunicar a tantos compatriotas nuestros que las desconocen?

Al considerar este mensaje de Pascua, se me va el pensamiento hacia lo que oigo a menudo. La Iglesia en nuestro país, se dice, es una Iglesia del “no”, de la condena, de no aportar nada que anime a vivir en esta España nuestra, tan necesitada, por otra parte, de impulsos de vida. Cuando se dice “Iglesia” se piensa, sobre todo, en la jerarquía. ¿Qué sucede para que un mensaje tan estimulante como el de la Pascua apenas llegue a tantos vecinos nuestros, creyentes o no? Se me ocurren algunas reflexiones que resumo.

Lo primero: tengamos cuidado con caricaturizar y/o mutilar la voz de nuestros obispos, que no se reduce a lo que suena en los medios de comunicación de mayor difusión. Por otra parte, la Iglesia no habla sólo a través de la jerarquía. El mensaje tan positivo de la Pascua lo encontramos en la vida de tantas personas y comunidades que lo encarnan en este país nuestro, desde la catequesis hasta el compromiso social, desde la liturgia hasta la lucha por la justicia, desde la oración hasta la preocupación por los demás.

Así y todo, unos y otros, jerarquía y gente de a pie, deberíamos ser más claros a la hora de promocionar tantos valores positivos que encierra la fe cristiana, incluso si tomamos a éste, simplemente, como una aportación para vivir con más altura humana, con una moral más alta. El mensaje de Pascua es algo que podemos ofrecer a todos nuestros conciudadanos como aportación para asuntos tan necesitados como son la educación, la economía, la cultura, la justicia, la familia, el ocio…

Por último: también hay ocasiones en que la buena noticia pascual debe revestirse de un “no”. Hay que decir no a lo que no es vida, a lo que deshumaniza, a lo que nos adormece, a lo superficial, a lo que es opio para el pueblo. Y de esto hay mucho entre nosotros. Oponerse a todo eso, dando razones y con ánimo constructivo, es, también, una buena noticia.
Abril 14th, 2009
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