Wednesday, April 15, 2009

El Vía Lucis de ECCLESIA Digital - Primera estación

“Jesús, resucitando, conquista la vida verdadera” (Mt 28,1-6).

Por Juan Ramón Jiménez Simón, director de Pastoral del Sordo en Sevilla

“Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro“. ¿Quién allana para Dios el sendero que conduce a las fuentes del Resucitado?. Te preguntas: ¿Cómo llegar hasta ti, Señor?. El silencio puede suavizar el dolor de una pérdida tan sentida o la ausencia de una presencia tan querida. Tus lágrimas brotan tibias y te reconforta el alma porque, en verdad, ni tú te has ido ni el Resucitado te ha perdido. Estás más presente que nunca, Él te tiene más cerca que nunca. Porque estás, todavía si cabe, más adentro. Ya no estás en el mundo, ahora te sientes en Dios. Y lo mejor de todo, para siempre. Con la suavidad de quien no se impone sino que se ofrece generosa y amorosamente, has calado hasta lo más hondo en el corazón del Amor. Tú, en la oquedad del sepulcro, eres tan “grande” que sólo te encuentras a tus anchas “en lo pequeño”.


El simple movimiento de tus manos, desde la inocencia de un niño, es toda una danza sagrada que revoloteaba las sombras de la noche. Tu voz callada te reaviva en la escucha atenta de la Palabra (Lc. 24, 32). Sólo tu cuerpo, moviéndose al compás de la música del silencio de tu alma, baila al son de un Dios de vivos. Sólo tu semblante, reflejado en el lienzo de Aquel a quien muestras tus complacencias, se dibujan como soles emborrachados en el sepulcro. Sólo te bastan para entregarte de nuevo, incondicionalmente, al Resucitado.


Es Él quien te anima y te da fuerzas para atravesar los umbrales de la tensión y del miedo, del malestar y del dolor físico, del cansancio y de la desesperanza. “De pronto …. se produjo un gran terremoto”. Te adentras en un espacio y en un tiempo sin adornos ni luminarias. Solo una pequeña tea encendida. Te hiciste el encontradizo... Dios no necesita de ti inciensos, ni velas ni música. Solo se queda con tu perfume, tu luz y la más sublime de tus melodías. Él te abrió la puerta y te dejó pasar. Lo justo y necesario para poder encontrarse contigo a solas. Siempre se reconoció un enamorado de tu humanidad. Y te tienes que dejar seducir por el Amor. Y tu caminar va a trazar un sendero que Dios lo toma como propio. Si Dios se hace carne, cuerpo...... y habita en ti, ¿podrás hacer lo propio en Él?. Si, hacerte espíritu y habitar en el Señor. El Resucitado como fuente y culminación de tu humanidad. Y tu silencio anhelante como alfa y omega de toda acción transformadora.


“El Angel se dirigió a las mujeres y les dijo: “Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado”. Cada encuentro con el Resucitado supone una herida mortal para tus egos. ¡Qué regalo volver a Dios en el que nuestros egos descansan, reposan, duermen y mueren en paz!. No te dentegas en los callejones sin salida. No tendría sentido. Tan solo mira más allá. Llegarás a descubrir algo maravilloso: tu eres "Yo soy el que soy" (Ex. 3, 13). Dios en ti, y vos en Dios. Es la promesa de Jesús: "Que todos sean uno, como tú Padre en mi y yo en ti" (Jn. 17, 21).


¿Como resucitar en el Señor cuando pesadillas del pasado e imágenes del presente tambalean mi espíritu, provocándome miedo e incertidumbre?. No lo olvides, Dios se ocupa de lo que te preocupa. Incluso cuando sientas que todo está perdido, la tea del sepulcro brilla en y para ti. La Luz, en la sencillez de un ascua ardiente, ilumina tu noche.


"¡Oh Dios!, tú eres mi Dios". Él te llama por tu nombre (Jn. 10, 3). Tú le llamas y solo ES en ti. Resucitar es re-conciliar tu vida con el Señor. Es el asombro del perdón que disipa tus dudas y temores. Y devora tu amargura. Por que ...




Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti vivo,
mi alma está sedienta de ti ...

¡Cómo te contemplaba en el sepulcro
viendo tu silencio y tu luz!
... te alabará todo mi ser.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me llenaré siempre de ti,
y mi corazón te alabará eternamente.

En el sepulcro me acuerdo de ti
y junto ti descansa mi humanidad,
porque eres mi Dios,
y en tu luz canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
ahora y siempre.
(Adapatación Salmo 62)



Tu alma está, desde el primer momento en tensión esperanzada hacia Dios. Por ello tu presencia en el sepulcro es la expresión del abandono en el Señor. Aunque a veces te encuentres "como tierra reseca, agostada, sin agua, ..." (Salmo 62) contemplarás siempre -no te quepa la menor duda- al Resucitado. Y este misterio alienta tu esperanza: “ … no está aquí, ha resucitado, como lo habia dicho: “Venid, ved el lugar donde estaba”. Jesús, resucitando, hace de tu vida la Vida.


Juan Ramón Jiménez SimónDtor. del Dpto. de Pastoral del Sordo – Archidiócesis de Sevilla

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