Saturday, October 04, 2008

QUIEN POR FRAILE O POR HERMANO, TODO EL MUNDO ES FRANCISCANO


El 4 de octubre es San Francisco de Asís, el santo que no pasa de moda, el cristiano que más se ha parecido a Cristo.
La cita anual en el calendario litúrgico de la Iglesia en torno a la fiesta de San Francisco de Asís es una convocatoria siempre gozosa y festiva. Evocar y celebrar a Francisco es sumergirse en el manantial de la gracia de Dios, en las fuentes del verdadero y apasionado seguimiento de Jesucristo. Francisco de Asís siempre llega a la comunidad cristiana y a tantas y tantas otras personas como una bocanada de aire puro, fresco, fragante y renovador. Decir Francisco es decir Evangelio, evangelio sin glosa, evangelio vivo, vivido y transmitido. Es decir radicalidad, idealismo, fraternidad, pobreza, paz, humildad, minoridad, conversión, cruz, gracia. Es decir, Dios, “mi Dios y mi todo”. Es decir el Dios que es “todo Bien, sumo Bien, Dios vivo y verdadero”.
Con razón el pobrecillo de Asís –“il poverello”-, el “mínimo y dulce Francisco” –en hermosa y acertada frase del poeta Rubén Darío- ha sido considerado como el cristiano que más se ha parecido a Jesucristo y como el principal o, al menos, uno de los principales personajes de todo el segundo milenio de la era cristiana. Francisco es amado no solo por la gran familia franciscana y por los miembros de la Iglesia, sino por tantas otras personas, cristianas o no, creyentes o no creyentes.

Llegar al corazón de todos, de tantos

Y es que Francisco ha llegado y llega al corazón de pobres y de ricos, de intelectuales y de iletrados, de laicos y de consagrados, de sacerdotes y de vocacionados, de nobles y de plebeyos. Prueba de ello es la fecundidad casi inagotable de su carisma, traducido a Ordenes e Institutos consagrados y laicales masculinos y femeninos, a movimientos, patronazgos, asociaciones…
¿Cuántas personas integran la gran familia franciscana? Se habla de más de setecientos mil seglares afiliados formalmente a ella. Los religiosos son en torno a cincuenta mil entre menores, conventuales, capuchinos, franciscanos de la TOR, franciscanos de la Cruz Blanca, franciscanos de María… Todas estas Instituciones tienen, a su vez, rama femenina, bien poblada y frondosa. Asimismo, a partir del siglo XIX, al autorizarse la vida consagrada activa para las mujeres, surgieron numerosas Congregaciones de matriz franciscana, que sumaban muchos miles de consagradas. ¿Hasta un millón de católicos están jurídicamente relacionados con San Francisco? ¿Y cuántos más lo están –lo estamos- en el corazón?
San Francisco de Asís es patrono de los ecologistas, de los agentes forestales, de parroquias, de ciudades –como San Francisco, en USA, una de las principales metrópolis del país-, de los veterinarios, de los escultistas, de los pacifistas, de los belenistas… Como escribía el sacerdote y poeta catalán del siglo XIX -uno de los referentes de la literatura catalana- Jacinto Verdaguer, terciario franciscano, “quien por fraile quien por hermano, todo el mundo es franciscano”.
De todas las ramas franciscanas, han florecido en santidad 571 santos y beatos. Ninguna otra familia religiosa tiene tantos. Y algunos, como Santa Clara de Asís, San Pedro de Alcántara o San Pío de Pietrelcina, de un nivel tan elevado y tan próximo al mismo Francisco.

El clamor de la historia y de la humanidad

Otro ejemplo de este clamor de la historia y del presente lo podemos encontrar en la riqueza y vitalidad de la iconografía franciscana. ¿Quién no ha oído hablar de la Tau, del cordón franciscano, del sayal, de los estigmas o del Cristo de San Damián?
Pero mayor clamor aún lo encontramos en la repercusión y huella de Francisco en la historia de la cultura. Giotto, Velázquez, Murillo, Zurbarán lo pintaron con primor y, en estela de estos grandísimos de la pintura, José Segrelles y hasta el mismo Joan Miró plasmaron a Francisco en sus creaciones. Al menos media docena de películas de gran metraje se han hecho sobre él: desde “Il poverello d´Assisi”, ya en 1911, en los mismos albores del cine, hasta “Francesco”, de Liliana Cavani, en 1989, o la película que más ha influido en el fervor popular por Francisco “Hermano sol, hermana luna” de Franco Zeffirelli, en 1972, o “Francisco, juglar de Dios”, de Roberto Rosellini, en 1959.
Hasta el extinto grupo musical “Mecano” le dedicó hace dos décadas una hermosa canción, “Hermano sol, hermana luna”. Hasta el dramaturgo agnóstico y a veces irreverente Darío Fo, italiano como Francisco y premio Nobel de literatura, hizo y representó una bella obra teatral sobre él. Las páginas de los musicales de las tres últimas décadas contienen asimismo memorables escenificaciones y recreaciones como la juvenil obra “Forza, venite gente”, con admirables canciones como “Luna”, "Laudato sia, mi Signore”, cuajadas de belleza y de contenidos e invitaciones pastorales.
Literatos tan extraordinarios como Dante, Todi, Tasso, Chesterston, Rubén Darío, Valle Inclán, Julien Green, Kazantzakis, escribieron espléndidas páginas de la mejor literatura en memoria y honor del “Poverello”. El mismo Miguel Cervantes, que fue terciario franciscano, pudo inspirarse en él para reflejar alguno de los rasgos de su inmoral Don Quijote de la Mancha. Hasta José Saramago y Alvaro Pombo lo han hecho. Diríase que todos ellos y tantos otros han querido rendir un homenaje al autor del “Cántico a las criaturas” y de “Las florecillas”. Diríase que, desde sus situaciones personales de creencia o de increencia, se han acercado reverencialmente, respetuosamente, admirativamente, a este creyente, a este cristiano por antonomasia, sobre quien han escrito también extraordinarias biografías autores religiosos tan relevantes como Ignacio Larrañaga, Eloi Leclerq, Carlo Carreto…


Pero, ¿cuál es el secreto de Francisco?

Sí, todo esto es verdad. Pero ¿cómo es posible? ¿Cuál es la razón, la clave, el misterio de Francisco? ¿Cómo es posible que ocho siglos después siga de moda, vivo, fresco, atrayente, interpelador? ¿Cuál es su secreto? La respuesta es sencilla: su condición de enamorado y apasionado de Jesucristo, su Dios y su todo. Francisco no es una "marca" de moda, una referencia sólo humanamente atractiva. Sí, lo es, pero lo es desde su radicalidad en la imitación de Jesucristo pobre y crucificado. Lo es desde su itinerario de permanente conversión, desde su búsqueda de la santidad, desde su seguimiento fiel y fecundo del Evangelio "sin glosa". Cercano ya al final de su vida, Francisco recibió en el monte Alverna los estigmas de la cruz. Pero antes, mucho antes, el corazón y el alma de Francisco habían sido ya "heridos" y transfigurados por las llagas del Señor.
La historia de Francisco es la historia de la gracia y de la conversión. Es la historia de la respuesta fiel, generosa y abnegada de quien se siente irresistiblemente atraído por Jesús. Es la historia de un hombre para los demás, que y porque fue un hombre para Dios y de Dios, sin Quien el mundo y el hombre pierden su fundamento y su dirección de marcha. Francisco es testimonio elocuente y grandioso de que Dios es, de que Dios existe, de que Dios es amor, de que no podemos vivir sin este amor, sin este Dios. Francisco es anhelo y realización, desde este Dios del Amor, de las aspiraciones más profundas y más nobles del corazón del hombre. Francisco expresa y ejemplariza además las dos tendencias y tensiones del creyente en busca del equilibrio y de la propia vocación: la ascética y la mística, la misión y la contemplación, la oración y la caridad.
Y lo demás -que en su vida fue tanto y tan grande- a él se le dio y a nosotros se nos dará y vendrá por añadidura: la paz, la fraternidad, la pobreza, la humildad, la caridad, el respeto y la promoción de la naturaleza. Y todo porque Francisco descubrió, siguió, amó y transmitió al Cristo total: al Amor Encarnado. al Amor Crucificado y al Amor Resucitado.




Cronología esencial de San Francisco de Asís


1182: Nace en Asís. Sus padres se llamaban Pietro Bernardote y Madonna Pica. Pudo tener también un hermano, llamado Angelo. El nombre originario de Francisco es Giovanni. Su infancia y juventud primeras discurren según los gustos de la época. Recibe una buena educación, sensible, cristiana al uso y con tintes franceses por influencia de su madre.

1202: Francisco es hecho prisionero en la batalla de Ponte San Giovanni, en el mes de noviembre. Pudo estar cautivo un año. Francisco es joven de éxito mundano, con gran capacidad de liderazgo.

1205: Cuando se disponía a realizar un viaje a la Apulia para batallar –esta época del Medievo italiano era muy dada a las guerras entre ciudades, comarcas o regiones y clanes familiares-, en la noche, en Spoleto, escucha una voz que le invita a regresar a Asís. Comienza su proceso de conversión. Son los años de San Damián: “Francisco, ve y repara mi casa”.

1208: Culmina el proceso de conversión. El Señor le da hermanos.

1209: Francisco viaja en la primavera a Roma para conseguir del Papa Inocencio III la aprobación de su Orden o Fraternidad con la primera regla de la misma. El Papa así lo hace verbalmente, después de reconocer en él a una persona que, en sus sueños, había sostenido su templo que se derrumbaba. Francisco regresa, acompañado de sus primeros hermanos, a Asís y se establecen en Rivotorto, primero, y, después en Subasio y finalmente en la Porciúncula.

1212-1215: Francisco quiere viajar a Siria con afanes evangelizadores. Pudo viajar también a Santiago de Compostela. Mientras tanto crece vertiginosamente su Orden, llamada ya de los Hermanos o Frailes Menores. En 1212 nace la Segunda Orden Franciscana, las Clarisas, de manos de Clara de Asís, la compañera ideal de Francisco, y destinada a mujeres que quisieran vivir dentro de la vida monacal el espíritu franciscano.

1216: El Papa Honorio III promueve la indulgencia plenaria a favor de todo aquel que visite la Iglesia de Santa María de los Angeles o La Porciúncula, donde vivía Francisco.

1217-1219: La Orden de los Hermanos Menores sigue creciendo, se establecen las primeras provincias y surgen las primeras disensiones a propósito de la pobreza radical impulsada por Francisco. Mientras tanto, Francisco decide viajar a Tierra Santa, que está bajo el poder musulmán. En 1219 Francisco se encuentra con el sultán de Egipto al-Malik al-Kamil. Desde entonces es ininterrumpida la presencia franciscana en Tierra Santa.

1221: Continúan las disensiones entre los Hermanos Menores. Incluso se elige a un nuevo ministro general en la persona de Elías Bombarone y se redacta una nueva regla no bulada. En este mismo año nace la Tercera Orden Franciscana, destinada a los seglares que desearan adherirse al carisma y espíritu franciscano. Ya dijimos que la Segunda Orden es la de Santa Clara de Asís.

1223: El Papa Honorio III aprueba el 29 de noviembre la regla franciscana definitiva, que ha sido redactada por Francisco, en medio de grandes turbaciones, desolaciones y penitencias, en Fontecolombo, en el valle del Rieti, junto a Roma. Un mes después, en Greccio, también en el valle rietano, Francisco escenifica en la noche de la Navidad el primer Belén del que se tiene noticia.

1224: Francisco asiste en junio a su último capítulo de la Orden. Después marcha al Monte Alverna, a unos 160 kilómetros al norte de Asís, en la región de Azzo. Se hace construir una cabaña y vive en soledad, en penitencia y en éxtasis. Probablemente el 14 de septiembre –fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz- recibe los estigmas de Jesucristo Crucificado.

1224-1226: La salud de Francisco empieza a quebrarse gravemente. Aparte de los sufrimientos que le ocasionaban los estigmas, pierde la vista y los ayunos y penitencias merman su cuerpo. Viaja desde el Monte Alverno o La Alverna a La Porciúncula. Pasa el verano de 1225 en San Damián, donde compone el Cántico de las Criaturas. Visita Rieti y Fontecolombo, donde fue intervenido quirúrgicamente por un médico. No mejorando de sus dolencias, fue atendido en Siena, sin éxito, por otro facultativo. Pide regresar a La Porciúncula.

1226: De acuerdo con sus deseos es trasladado a La Porciúncula. Se le habilita una cabaña al lado de la capilla. Allí fallece en la tarde del 3 de octubre. Al día siguiente tiene lugar su entierro: el cortejo fúnebre se encaminó hacia San Damián y después a San Giorgio, donde fue sepultado.

1228: El Papa Gregorio IX –el antiguo cardenal Hugolino, amigo de Francisco y protector de la Orden- lo proclama santo en Asís el día 16 de julio de este mismo año. Sus restos mortales –sus reliquias- son trasladadas a la basílica que comienza a erigirse en Asís en su honor.
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JESÚS DE LAS HERAS MUELA - DIRECTOR DE ECCLESIA

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