
Juan 17:1-3
Dicho esto, Jesús elevó los ojos al cielo y exclamó: "Padre, ha llegado la hora: ¡glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria a ti! Tú le diste poder sobre todos los mortales, y quieres que comunique la vida eterna a todos aquellos que le encomendaste. Y ésta es la vida eterna: conocerte a ti, único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesús, el Cristo."
Dicho esto, Jesús elevó los ojos al cielo y exclamó: "Padre, ha llegado la hora: ¡glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria a ti! Tú le diste poder sobre todos los mortales, y quieres que comunique la vida eterna a todos aquellos que le encomendaste. Y ésta es la vida eterna: conocerte a ti, único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesús, el Cristo."
¿Qué me estás diciendo, Señor?
Reflexiones sobre la lectura de hoy
La vida eterna no es sólo para el futuro: es un regalo que comenzamos hoy a recibir, a través de nuestra Fe.
Estar en contacto con Jesús es estar en contacto con una vida eterna plena.
Algo se nos da que durará para siempre - la misteriosa vida de Dios.
Contactamos esa vida en nuestra oración.
Es como el agua viva, como una nueva mirada.
Somos iluminados por la Luz de la Palabra.
Espacio Sagrado
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