
Hoy, 8 de mayo, la Iglesia conmemora el nacimiento para el cielo de la BEATA MARÍA CATALINA DE SAN AGUSTÍN Catalina Symon de Longprey, nombre de familia - quien muriera santamente en un día como hoy, del año 1688 en Québec, Canadá. Nacida en Saint Sauveur le Vicomte, en Francia , en el año 1632, fue religiosa Agustina Hospitalarias de la Misericordia. En el año 1989, el Papa Juan Pablo II le dio el honor de los altares declarándola Beata.Unidos, pues a la Iglesia de Francia y Canadá, brindemos nuestro devoto aplauso a la Beata María Catalina de San Agustín.
Meditación
QUERIDA MARÍA CATALINA: al recordar tu vida te encontramos a tierna edad, en tu hogar paterno, cuando fuiste iniciada en los ejercicios de la caridad. Tus padres recibían y atendían a pobres y enfermos. Esto te permitió entrar en contacto con los sacerdotes y religiosos que frecuentaban tu casa, y así, te abriste desde muy joven a la practica de la virtud. Tu familia mantenía una estrecha relación con San Juan Eudes, quien te influenció desde tu más tierna infancia. Niña precoz, te confiesas a los 4 años, comulgas a los 8 y a los 10 haces voto de castidad. Atraída por la vida religiosa, ingresas como postulante en Las Hospitalarias de Bayeux cuando tenías solo 12 años. Ya en el noviciado, concebiste el deseo de ir a Canadá, donde las Agustinas Hospitalarias de la Misericordia habían fundado un Hospital en Québec y pedían refuerzos. Todos se opusieron a tu objetivo, pero luego, todos se rindieron a sus razones: "vivir y morir en Canadá, si Dios te abría la puerta". Poco antes de partir, hiciste tu profesión religiosa. Allí, te convertiste en una gran ayuda para la comunidad: fuiste elegida administradora del monasterio y del hospital, y más tarde hospitalaria, es decir, directora del hospital, consejera y maestra de novicias. Sin embargo, a pesar de tu vida tan activa, estuviste casi siempre enferma, sin quejarte, sin dejar de ser fiel a la obediencia. Estabas siempre con una tranquilidad tan agradable y con una dulzura, que todos quedaban fascinados. Al verte, nadie sabía lo que ocurría en tu interior. Se dijeron de ti cosas extraordinarias: visiones, revelaciones, batallas constantes contra los demonios...Tu, "nunca saciada de penas", deseabas inmolarte siempre más por la salvación de las almas y por el bien espiritual de tu país de adopción. Y así, tu vida fue un duro martirio, con una fidelidad incansable a la voluntad de Dios.
Radio Vaticano
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