Sunday, January 30, 2011

Comentario de la 1a. y 2a. lectura por José Enrique Galarreta sj

LECTURAS


SOFONÍAS 2, 3 y 3, 12-13

Buscad al Señor los humildes que cumplís sus mandamientos; buscad la justicia, buscad la moderación, quizás podáis ocultaros el día de la ira del Señor.

Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá iniquidades ni dirá mentiras ni se hallará en su boca una palabra embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.

Sofonías es un predicador de los tiempos del Rey Josías (640 - 609 aC.) contemporáneo de Jeremías. Predica en un momento muy difícil. Josías ha sido un rey piadoso, incansable restaurador del culto a Yahvé, exterminador de cultos idolátricos.

En su tiempo se produce el "hallazgo" del Libro de la Ley en el Templo: se promulga de nuevo ante el pueblo, que jura fidelidad a La Ley. Son los momentos en que surge en esplendor la Escuela Deuteronomista, que vuelve a escribir e interpretar toda la Historia de Israel...

Un rey así debe ser, a los ojos del pueblo, bendecido por Dios, y atraer las bendiciones del cielo para el pueblo. Pero Josías muere en una desafortunada batalla contra el faraón de Egipto, y la fe de Israel se resquebraja, la fidelidad a la Ley decae. Unas palabras del libro de Sofonías lo interpretan bien:

"Entonces registraré Jerusalén con linternas
para pedir cuentas a los aletargados con vinos generosos
a los que piensan:
"Dios no actúa, ni bien ni mal".

En este contexto, la predicación de Sofonías pretende que el pueblo vuelva al Señor. Su libro es una presentación del Día del Señor, el día del Juicio.

(De este libro están tomadas las palabras del "Dies Irae, dies illa", como amenaza del juicio del Señor para los que están dormidos en la vida)

Nuestro fragmento apunta si embargo otro tema importante: "El resto de Israel".

"El resto de Israel" es en primer lugar aquel pequeño resto del pueblo que vuelve de la cautividad y se dispone a reedificar el templo y volver a practicar la Alianza, esa minoría del pueblo que espera de corazón la venida del Mesías, lejos de planteamientos políticos y triunfales, y es fiel a la Alianza desde el corazón.

Este tema plantea una línea muy profunda, inquietante y actual. Hay un pueblo oficialmente sujeto de la Promesa y la Alianza, con su culto, su templo, sus sacerdotes...

Pero dentro de él hay un núcleo que forma el verdadero pueblo, aquel que no honra a Dios de boca y para su conveniencia, por costumbre o por raza, sino de corazón, entendiendo la Alianza como un compromiso con la misión que Dios le encomienda y la Promesa como la realización del plan de Dios para la salvación, no como el encumbramiento mundano de Israel.

Este pueblo está formado por "los pobres de Yahvé", que esperan la llegada del Enviado no desde el poder o la apariencia, no para triunfar sobre las naciones.

La pobreza significa simplemente que no son los importantes del pueblo, que no tienen poder ni influencia alguna, que no esperan triunfar de los demás gracias a Dios, y, en lo más profundo, que esperan de Yahvé la liberación interior, la salvación, porque se saben pobres, pecadores.


1 CORINTIOS 1, 26-31


Fijaos en vuestra asamblea; no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas. Todo lo contrario; lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios.

Aún más: ha escogido a la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, Santificación y redención.

Y así - como dice la Escritura - el que se gloríe, que se gloríe en el Señor.

Nuestra lectura continua de esta carta nos trae hoy un fragmento especialmente adecuado a las otras dos lecturas: "La Sabiduría".

La interpretación de este texto es bien sencilla: los de Jesús no andan buscando milagros, presencias extraordinarias y espectaculares de lo divino, ni profundidades de sabiduría destinadas a sabios, científicos o filósofos.

Los de Jesús participamos de la sabiduría de Jesús: saber vivir, saber quién es Dios y quiénes somos nosotros. Y ésta es "la sabiduría de la cruz", la que se resume brillantemente en el texto de "Las Bienaventuranzas".

Según la costumbre de la liturgia, se ha reducido el fragmento a un mínimo, pero es interesante que leamos este fragmento con algo más de amplitud, para captar plenamente su sentido: 1 Cor 1,18 a 2,16.


José Enrique Galarreta, S.J.
Fe Adulta

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