Sunday, April 15, 2012

Homilía por José María Maruri, SJ: SU PAZ QUEDARÁ

SU PAZ QUEDARÁ

Por José María Maruri, S.J.

1. - El Salmo 85 nos dice: “el mensaje de Dios a su pueblo es la paz. Su justicia caminará delante de Él, pero su paz quedará impresa en las huellas de sus pies”. Y huella de los pies de Dios, su Padre, es Jesús; y también Jesús Pasa por este mundo dejando huellas de paz:

**es un cántico de paz el que anuncia el nacimiento de Jesús. “Paz a los hombres que ama el Señor”

**y un “vete en paz” sella la curación de la hemorroisa.

**y el perdón de la pecadora que lava los pies de Jesús con sus lágrimas queda corroborado con otro “Vete en Paz.

**y envía Jesús a sus discípulos a sembrar de huellas de paz sus andanzas apostólicas diciendo “la Paz en este casa”.

**y “bienaventurados los pacíficos, los hacedores de paz”, queda como uno de los ocho puntos del ideario del Señor.

**el consuelo de Jesús a sus discípulos en su triste despedida “Mi paz os dejo, mi paz os doy”.

**y en las últimas huellas, ya gloriosas, de su paso por el mundo el mismo domingo de Resurrección Jesús deja su paz a los discípulos.

**Y les hace participantes de su misión de mensajero de paz: “Como el Padre me envió yo es envío”, “la paz a vosotros”, “a quien perdonéis sus pecados les serán perdonados.”

2. - Desde ese momento, las huellas que tenemos ir dejando en este mundo los seguidores de Jesús son huellas de paz.

Pero esta paz cristiana no es:

--la quietud sombría de una verde charca

--ni la pesantez sin vida del Mar Muerto

--ni la soledad de cementerio plasmada en aquel “Qué solos se quedan los muertos.

Esa paz cristiana a la que aludo es:

--la paz fructífera de los trigales mecidos por el viento

--la paz de los cielos poblados de estrellas reventonas de energía.

--de los arroyos que siembran de flores sus orillas.

--de los lirios vestidos con mayor gloria de Salomón.

--es la paz doliente y gloriosa del grano de trigo que muere y resucita en miles de espigas.

3.- No hay paz en las huellas...

--del que rechaza la mano del que le pide.

--del que conculca el derecho del otro.

--del que maquina el mal de su hermano.

--del arrogante que se cree con todos los derechos.

--del que vive en ebullición del rencor, el odio o el sexo.

4.- Es la paz de quien es más feliz dando que recibiendo, de quien tiene siempre tendida la mano para dar el perdón, de quien se aleja del confesionario sabiéndose perdonado, del que sabe que su fe no es vana por que Cristo ha resucitado.

Es la paz del niño que se abraza cariñoso al cuello del padre.

Betania

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