Sunday, May 11, 2008

CARTA ABIERTA AL SANTO ESPÍRITU DE DIOS

Por Ángel Gómez Escorial


Querido Espíritu Santo:

Reconozco tenerte una gran devoción, aunque, a veces, se me olvida rezarte. En los primeros tiempos de acercamiento a la fe pensé que tú eras el intelectual de la Trinidad. Yo venía de una realidad muy política, muy –para bien o para mal—intelectual e ideológica. Y comencé a vislumbrar a la Iglesia como eso, como una realidad política e ideológica. Por tanto, al conocer que eras tú quien lanzaba a los apóstoles a la calle a predicar con entusiasmo pues, nada, te metí en la “secretaria de organización” de la Trinidad. Bueno, en seguida, entendí que no era así.



Supuse también que eras quien trasmitía “gratis et amore” los conocimientos al ser humano. Y algún día te pedí alguna sabiduría infusa de uso práctico, como aquellos que piden a Dios Padre que les ayude con el número de la lotería que acaban de adquirir. Pero, asimismo, entendí que tampoco era así.


Comencé a entenderte mejor cuando supe que tú eras esa corriente intensa de amor infinito que comunicaba al Padre y al Hijo. Y que ese amor transcendía hacia el género humano. Y así en estos días cercanos a Pentecostés he querido entender que la promesa de Jesús al respecto de que tú lo ibas a enseñar todo, no era otra cosa que un cursillo amplio, profundo e infinito de amor divino. Y que, asimismo, todo lo que tenemos que saber es cosa de amor. A los grandes conocimientos se llega por amor. Así, por ejemplo, es una madre quien sabe más de su hijo, porque le ama mucho.



Quiero pedirte, lo he hecho muchas veces, por Betania. Hace muchos años un ilustre colaborador de esta página, don Jesús Martí Ballester dijo que él se había acercado a ella porque intuía la presencia y cercanía del Espíritu Santo. Y así ha tenido que ser porque, yo mismo ni tengo calidad ni sentido del esfuerzo para mantener esto desde hace doce años, semana a semana, y a veces estando más sólo que la una. Betania es tu obra, Santo Espíritu. Lo bueno es tuyo. Lo malo es mío.


Pero debes seguir apoyándome porque en estos últimos tiempos ando flojo y cansado. Con menos ganas y eso no puede ser. A lo mejor es que, al principio, le eché tanto entusiasmo, que ahora que es un poco menos extraño esos tiempos de pasión por escribir y salir. Protege también –e inspira—a todos los colaboradores de Betania y a todos y cada uno de los lectores.


Santo Espíritu gracias por tu cercanía. Gracias por tu constante apoyo. Gracias.


Betania

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