
Llega el Espíritu y la Iglesia inicia su misión. Y siempre es así y lo será. Todos los días son –o debían de ser—Pentecostés, ese momento en el que la Iglesia de Cristo se pone en marcha. Decir, asimismo, que hemos pasado juntos muchos días desde que celebramos un ya lejano miércoles de Ceniza y que pasamos por la Cuaresma, el Triduo Pascual, la Pascua, la Ascensión. Iniciamos, mañana mismo, el Tiempo Ordinario e, igualmente, permaneceremos juntos hasta que se atisbe el Adviento.
Betania
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